Mostrando entradas con la etiqueta g. Terrorismo: Legalización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta g. Terrorismo: Legalización. Mostrar todas las entradas

9/3/21

Da la sensación de que el alto el fuego definitivo anunciado por ETA hace casi una década se ha tomado como una amnistía al deber moral de volver la vista atrás con rigor histórico y ético. Eso no conlleva ánimo de revancha, solo voluntad democrática

 "(...) Albert Camus llevó al teatro el microcosmos del terrorismo en los últimos compases del régimen zarista y su debate interno sobre las líneas rojas. “Y si el pueblo entero, por el que luchas, se niega a que maten a sus hijos, ¿habrá que castigarlo a él también?”, pregunta un personaje a otro, el más frío y radical, que responde: “Si es necesario sí, hasta que comprenda”. 

ETA cruzó todas las líneas rojas y no hizo comprender ni mucho menos. Ahora a sus exmiembros —y a quienes los justificaron— les queda completar el camino de regreso al otro lado. Se trata de ir hasta el fondo de las palabras y de las ideas para reconstruirlas. Es algo más que acatar unas reglas de juego para participar en elecciones y ocupar cargos públicos. A las personas se las juzga por sus acciones, recordaba Tolstói, y se descuida que la palabra también es acción: el discurso de una persona es un espejo de sí misma. (...)

Una manera de reconocer y dignificar a las víctimas del terrorismo habría sido el fortalecimiento cualitativo de la democracia, aposentándola en “la imaginación, la generosidad, la transacción y el consenso”, como defendía Ernest Lluch. Saco esto a colación tras haber visto dos series documentales sobre ETA y haber revivido mi infancia y juventud con el telón de fondo de los años de plomo. 

Es doloroso, pero necesario, recordar que hubo un tiempo en el que no eran una anomalía los casquillos en la acera y las mantas sobre cadáveres, las cartas de extorsión que ponían en un dilema perverso a gente trabajadora, nombres escritos en dianas, féretros de inocentes a veces poco arropados, columnas de humo sobre coches en llamas, edificios reventados donde vivían familias o se iba a hacer la compra. Y ojos que se bajaban o miraban a otra parte, todo envuelto en silencio, toneladas de silencio que impregnaban el alma como una fina lluvia tóxica. 

Cada acto criminal tuvo un primer radio de acción devastador en el círculo de la víctima, para luego propagarse por las calles y la intimidad de las demás casas, inoculando el temor y la división. No solo se aniquilaron personas y se rompieron vínculos: también se arrebató todo lo que este país pudo haber sido sin violencia después de la dictadura. He oído la voz de familiares y víctimas que no conocía, he vuelto a ver las caras de quienes tuvieron coraje para movilizarse y he rememorado las manos pintadas de blanco, millones de ellas, que exigían “¡basta ya!”.

Una encuesta difundida antes del estreno de El desafío: ETA indica que entre los jóvenes hay un enorme desconocimiento de lo que ocurrió. En un capítulo de ETA, el final del silencio, se le pregunta a un grupo de universitarios si saben quién fue Miguel Ángel Blanco. La respuesta de la mayoría es el silencio. Da la sensación de que el alto el fuego definitivo anunciado hace casi una década se ha tomado como una amnistía al deber moral de volver la vista atrás con rigor histórico y ético. Eso no conlleva ánimo de revancha, solo voluntad democrática. 

Lo contrario significa pasar página en falso, no distinguir lo blanco de lo negro, olvidar que el presente es la encrucijada entre el pasado y el futuro. ¿Sabemos hoy en qué punto estamos? ¿Hemos elegido el camino fácil, que consiste en sostener juicios categóricos con énfasis sentimentales, en romper la comunicación con enunciados reiterativos o en aferrarse a una opinión para librarse de todo razonamiento posterior (como alertaba Karl Jaspers)? ¿O hemos emprendido la vía difícil y necesaria, la que penetra en el fondo de la verdad y no pone trabas a la pregunta siguiente?"           (Marta Rebón, El País, 29/11/20)

3/3/16

La libertad no se la tengo que agradecer a Otegi... ni creo que tenga nada que agradecerle por haber jodido la vida de miles familias vascas y de fuera de Euskadi

"Siendo director de eldiarionorte.es, hace dos años y medio, Iker Armentia me llamó y me dijo que iba a escribir su siempre brillante columna de opinión de los jueves sobre lo injusto de la permanencia de Otegi en la cárcel.  (...)

 Me avisó porque somos amigos y sabe que el tema me escalda. Pero, sin leer nada de lo escrito -está él para confirmarlo-, le dije lo que acabo de escribir: eres libre. Podía escribir lo que quisiera porque nadie nos iba a mandar un paquete bomba a la redacción de Vitoria ni le iban a adosar un explosivo en su coche cuando acompañase a su hija recién nacida al colegio.

 Esa libertad nos la ganamos los periodistas vascos a fuerza de entierros, a fuerza de escoltas, de lágrimas y de ser muy inconscientes. Me da pudor ponerlo en primera persona del plural, porque yo apenas hice nada fuera de lo normal, pero sí muchos de mis compañeros. 

Me acuerdo especialmente de Pedro, amigo y socio en mil aventuras. También de Santos. De Aitor, de Alberto, de Isabel, de Gorka… Todos periodistas, todos compañeros. Y esa libertad que defendieron y ganaron no se la tengo que agradecer a Otegi. 

Siendo periodista, durante muchos años, Patricia -mi pareja por aquel entonces- se levantaba sobresaltada por la noche porque ella, que trabajaba en una televisión privada, tenía que ir a cubrir un atentado. Cada vez que sonaba aquel maldito Nokia por la noche sabíamos que había una familia rota. 

Sabíamos que Euskadi se había desgarrado de nuevo. A veces llegaba antes que el juez o la jueza de guardia y se encontraba el cadáver en el suelo, cubierto con una manta. Y una familia desgarrada llorando, abrazados entre ellos, abrazados a unos policías que contenían el dolor y se convertían en hombro anónimo e improvisado para unos seres a quienes les habían arrebatado un fragmento de su vida, la vida entera de su ser querido. 

Conseguimos parar esas lágrimas, aunque nunca se secarán nuestros ojos, pero no se lo tengo que agradecer a Otegi.

Siendo todavía muy joven, cuando ETA mató a Fernando Buesa y Jorge Díez en Vitoria, sentí un escalofrío colectivo en mi ciudad. Días antes de ser cobardemente asesinado, Fernando Buesa -amigo de muchos amigos míos como Juan Carlos, Patxi, Antonio, Maite, Óscar, Rubén, Yolanda…- lanzó un discurso por la libertad en el Parlamento vasco. 

Aquel día decidí que había que hacer algo ante el lamentable espectáculo de ver como la Euskadi democrática ‘condenaba’ el atentado en dos manifestaciones. Una organizada por el lehendakari Ibarretxe, en la que -además de gritos de condena- se coreababa: Ibarretxe aurrera! La otra, encabezada por la familia de Fernando Buesa y Jorge Díez, que lloraba a sus seres queridos. 

Aquel día me uní a Gesto por la paz. No aporté mucho, pero conocí a gente imprescindible: Fabian, Txema, Javi, Isabel, Imanol… Cuando salíamos con la pancarta a reclamar en silencio el final de todas las violencias, enfrente de nosotros se ponía parte de la izquierda abertzale a contramanifestarse. Y nos hacían fotos y burlas. 

Ahora, cuando Gesto por la paz ha plegado sus pancartas -nunca ensalzaremos lo suficiente lo que significaron e hicieron-, no siento que deba agradecer nada a Otegi por haberlo conseguido.

Siendo un niño, como miles de niños vascos, vi el horror en la cara de mi padre y de mi madre por algo que jamás he contado en público y apenas en privado. Y así seguirá. En aquella época, Otegi militaba en ETA y hoy no creo que tenga nada que agradecerle por haber jodido la vida de miles familias vascas y de fuera de Euskadi.  (...)

2/3/16

Pablo... si Nelson Mandela levantara la cabeza, le arrancaba a Otegi el pin

"(...) Yo estoy de acuerdo con Iglesias en que ETA tiene una explicación política y no entiendo que eso se ponga en duda. Todo movimiento terrorista la tiene, incluido el Estado Islámico, que no estaría donde está de no ser por la concatenación de desastres políticos que ha sacudido a esa desgraciada región. 

Pero entramos en el reino de la estupidez si olvidamos que nuestro Estado, como máximo, habrá podido ser tan represor con el pueblo vasco como ETA, y eso contando los GAL. Diré que hasta llegaríamos a ponernos de acuerdo en que la ETA del Franquismo tuvo cierto sentido trágico, pero no habrá modo de que alguien como yo, nacido en 1985, admita que lo de Miguel Ángel Blanco o la bomba de la T4 es algo que se puede relativizar.

Pero ahora vayamos al plato fuerte del menú del día de este psiquiátrico que llamamos España: la comparación entre Arnaldo Otegi y Nelson Mandela, con la que están galanteando ya algunos plumillas de izquierdas, de proverbial tolerancia hacia las enfermedades mentales ajenas. A ver si puedo condensar en palabras una sutil diferencia entre los dos por respeto histórico hacia los negros, que no son vascos pero también tienen su corazoncito.

Nelson Mandela vivía en un estado represor, algo de lo que pueden presumir los abertzales tanto como quieran siempre que admitan que ser un negro en el África del Apartheid era ligeramente más incómodo que ser vasco a partir de la Transición. 

Los negros de Sudáfrica morían a paletadas por una cuestión de piel, que diría Floriano, mientras que los vascos tienen que esforzarse mucho para demostrar que son una raza aparte. Mandela, aunque fundó la guerrilla MK, vivió entre rejas por pedir pacíficamente que los negros tuvieran derechos básicos como el voto o la vida, mientras que los etarras usaban las armas para exigir que los vascos tuvieran un estado propio.


Todos los negros de Sudáfrica estaban a favor de Nelson Mandela, algo que no creo que vayan a decir todos los vascos sobre Arnaldo Otegi. El legado de Mandela ha sido la unión de todos los demócratas del mundo alrededor de la igualdad racial, mientras que el de ETA ha sido, dejando los asesinatos aparte, la división del pueblo vasco. 

¿Podemos decir, pasado el tiempo, que ETA y sus organizaciones políticas han sido un motor para el desarrollo democrático de Euskadi? Yo diría que no y, al contrario, creo que fueron otros vascos muy civilizados quienes lograron imponerse al ruido de las bombas para que la identidad de su pueblo fuera recogida en las bases del nuevo estado. Fueron ellos, los vascos demócratas, quienes consiguieron unas ventajas fiscales que hoy son la envidia de los estelados y hasta de los madrileños. 

Lo mejor de la libertad de expresión es que permite a cada cual retratarse. La de Arnaldo Otegi ha sido amenazada muchas veces, por ejemplo cuando homenajeaba a asesinos demostrados. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó al Estado por haber condenado injustamente a Otegi cuando este llamó asesino al rey Juan Carlos I.

 Ha sido, de todas sus condenas, la única que un político español tiene derecho a tachar de injusta. ¿Se refería a eso Pablo Iglesias? El problema es que Otegi no estaba en prisión por ese motivo, sino por otro delito sobre el que ningún tribunal mundial se ha pronunciado en contra.

 ¿Podemos, aún así, argumentar que el Otegi de los últimos años ha sido tratado con excesiva dureza por el sistema judicial español? Es posible pero, entre abrir un debate sano y depurar la imagen de un señor con una lista de delitos espeluznante, hay una diferencia tan poco sutil como entre la resistencia pacífica de Nelson Mandela y la justificación del terrorismo político en la España de la Transición."                       (Juan Soto Ivars, El Confidenicial, 01/03/16)

10/3/15

A los familiares de etarras

"NAGORE LÓPEZ de Luzuriaga, sobrina de dos terroristas de ETA, dijo en una radio pública vasca que sus tíos, dos terroristas de ETA, dos grandísimas personas, según ella, nunca buscaron el beneficio personal sino el colectivo, al margen de que cada uno pueda entender o no ciertos tipos de lucha (según este familiar, sus tíos son personas muy respetables, somos nosotros los que no entendemos ese tipo de lucha).  (...)

Pues no, señora mía, yo no entiendo, que alguien de la misma calaña que su tío, se atraviese España de punta a punta para pegarle un tiro al teniente alcalde de la ciudad de Sevilla y otro a su mujer, dejando huérfanos a tres niños de corta edad. Mira por donde ese hombre era mi hermano, Alberto Jiménez-Becerril y su mujer, mi cuñada, Ascensión García.  (...)

 Y es precisamente esa ausencia de responsabilidad por parte no solo de los terroristas sino de sus familiares la que hace imposible el diálogo. Si los familiares no fuesen parte del entramado de ETA,sino tuviesen los mismos fines que los presos de ETA, ayudarían, influyendo en sus hijos, padres o hermanos, para que se arrepintieran, colaborarán con la Justicia esclareciendo los más de 300 crímenes aun sin resolver y entregarán las armas.

Pero ellos comparten ideología y como hemos visto claro en las palabras de Nagore, la sobrina de los etarras, que acabo de citar, comparten también método, al que ella llama, lucha a secas y ETA suele denominar, lucha armada. Ese colectivo que ustedes representan es la voz de ETA, que precisamente no se alza para pedir perdón sino para reafirmar que la trayectoria de terror ha sido la correcta.

 ¿Cómo no se avergüenzan de venir aquí a hablar de Derechos Humanos sin condenar las matanzas de ETA, que ha sembrado durante décadas de muertos y heridos, un país democrático como España, obligando a exiliarse por miedo a la extorsión, al secuestro y al asesinato a miles de ciudadanos que no compartían las ideas totalitarias de la organización terrorista ETA?

Por tanto, si ustedes señores, que representan los intereses de los terroristas, no quieren hacer tantos kilómetros, convenzan a los suyos, para que empiecen a reconocer el daño causado y luego ya veremos. Quizás yo pueda ayudarles un poco. «Mientras se quejan de que tienen que estar varias horas en la carretera para poder ver a sus familiares, podrían pensar en lo que mi madre daría por poder atravesar el mundo entero para volver a abrazar a su hijo.

 Por desgracia aún no existen carreteras que la lleven al cielo, les juro que si existieran mi madre ya la habría recorrido», no se trata de venganza, ni de ojo por ojo, se trata de ponerse en la piel de las víctimas, algo que ni los asesinos de ETA, ni sus familiares han hecho jamás.

 Todo lo contrario; si matas a un muchacho como mi hermano, a su mujer y dejas a tres niños huérfanos, eres recibido por familiares y vecinos como un héroe. Pones un coche bomba en una casa cuartel y matas a niños inocentes y brindan por ti en el pueblo donde naciste y se manifiestan para que salgas de la cárcel. (...)

Y hasta que ustedes, que no son culpables de los asesinatos cometidos por sus familiares y amigos etarras, pero sí lo son de no horrorizarse ante ellos y de no influir para que se arrepientan y entreguen las armas, renieguen de ETA, no están en condiciones de exigir nada y menos de denunciar con mentiras en el Parlamento Europeo o donde quiera que sea, al Estado español.

 Suena a broma pesada escuchar de sus bocas que en España se violan los Derechos Humanos, cuando los únicos que han violado el más sagrado de los Derechos, el de la vida, han sido sus hijos, padres, madres, hermanas, hermanos, con sus balas y bombas.

En su tejado está la pelota, la próxima vez que tengan la suerte de poder visitar a los suyos en la cárcel, conversen con ellos con la verdad, la razón y la piedad por delante. A ver si hay suerte y la próxima visita que hagan a este Parlamento sea para recocer la culpa, pedir perdón y comunicarnos que ETA ha entregado las armas y está colaborando con la Justicia."            (EL MUNDO 05/03/15,  TERESA JIMÉNEZ-BECERRIL, en Fundación para la Libertad)

8/12/14

La reconciliación entre asesino etarra y víctima exige del primero que pida perdón y de la víctima que esté dispuesta (no está obligada, obviamente) a aceptar su demanda de perdón

"¿Cómo abordar en Euskadi, la situación que se ha generado tras tanto horror y dolor, desde la existencia de ETA particularmente, en los últimos cuarenta años? ¿Cómo abordar la memoria justa, la memoria obligada de lo sucedido, para no caer ni en el olvido ni en la repetitiva rememoración paralizante del dolor padecido? (...)

Esta preocupación, este tema, me ha llevado a escribir un libro: “Tras la losa de ETA. Por una sociedad vasca justa y reconciliada” (Ed. PPC-SM, 2014, 312 páginas), ya en librerías (15 €) o en ebook a mitad de precio

(...) La violencia de ETA, el terrorismo de ETA, no es la consecuencia inevitable del conflicto vasco, sino la constatación, por parte de ETA y quienes la apoyan, de que no lograrían sus objetivos por medios pacíficos y democráticos. Su violencia es originaria y consecuencia de ser un movimiento totalitario de signo nacional-revolucionario, el MLNV. No estamos ante una violencia secundaria.
 
- La violencia de ETA no es la única violencia injusta que hemos padecido en el País Vasco, los últimos 40 años: el GAL, el Batallón Vasco Español, sin olvidar las innumerables torturas y malos tratos de algunos miembros de Fuerzas de Seguridad. 

Pero la violencia de ETA es la más grave, la más prologada, la que más víctimas mortales ha causado. La violencia de ETA no es subsumible, diluible, en el magma de la violencia existente en el País Vasco. Tiene su originalidad propia. (...)

Hay diferentes etapas y niveles en el “vivir con”: la coexistencia, la convivencia incompleta con zonas de sombra (no se habla del pasado, del tema de la violencia), la convivencia plena (asumiendo cada uno su historia personal).

 No otra cosa es el ejercicio o la apuesta de la reconciliación, poniendo en común diferentes historias y relatos del pasado, para compartir el dolor de los otros, sin recrearse ni retenerse en ese dolor, y así dar paso a la convivencia plena y auténtica. (...)

Hay una memoria individual, como tal intransferible, una memoria colectiva que muchas veces corresponde a la memoria de una parte de la población y, por último, la memoria histórica, la que construyen con el tiempo los historiadores, aunque rara vez llegan a un mismo relato. 

Por eso en Euskadi es imposible pensar en un único relato, pero sí en un relato compartido, en el sentido de que hemos sido capaces de escuchar el relato de los que piensan de forma diferente a la mía, a la de los “míos”.
 
-Hay que buscar la memoria justa, el deber de memoria por la deuda contraída con los que más han sufrido, particularmente las víctimas de violencia injustas. Hay que superar tanto la “memoria impedida”, la memoria que nos impide ver lo que hemos mal hecho o han mal hecho los “míos” tratando de ocultárnosla en la recámara de nuestra memoria para que no salga a flote, como la “memoria manipulada”, la memoria con la que se pretende construir una identidad, por lo que magnificaremos lo que los “nuestros” han hecho de positivo y ocultaremos lo negativo.

- Para algunos la reconciliación es imposible; para otros es cosa de personas individuales; algunos la consideran una infidelidad a las víctimas que se pierden en el olvido; muchos piensan que es un sinsentido en el caso vasco donde nunca ha habido dos bandos sino uno que ha agredido y el otro que se ha defendido. Algunas víctimas sienten la reconciliación como una imposición humillante y que equivale a impunidad.

- En mi libro tras razonar sobre esas cuestiones, sostengo que la reconciliación (término del que no hago un cassus belli, sino una etapa para llegar a la convivencia plena, asumiendo el pasado) exige aceptar la totalidad de los hechos violentos, aunque no todos tienen la misma significación y gravedad; no solamente reconocer el daño injusto causado sino la afirmación de que nunca más se volverá a utilizar la violencia terrorista o la injusta violencia antiterrorista. 

La reconciliación exige una promesa de futuro. No se puede asesinar ni torturar en nombre de una idea. La reconciliación exige, como condición “sine qua non”, la superación de la dialéctica “nosotros” y los “otros”. La reconciliación supone reconocer, reparar y ayudar a las víctimas. La reconciliación presupone una justicia justa. En fin, la reconciliación entre victimario y víctima exige del primero que pida perdón y de la víctima que esté dispuesta (no está obligada, obviamente) a aceptar su demanda de perdón

Para lograr la reconciliación a nivel social, hay que tener presente y superar el riesgo de la intolerancia. Me limito a dos citas:

-  Antony Beevor. (“El País” 26/06/ 2006) “Después de que Franco muriese en 1975, el mundo entero admiró el paso de España a una monarquía constitucional y a la democracia. Pero el proceso requirió que se llegase a lo que después se llamaría el pacto de olvido. Ningún general o torturador fue sometido a juicio. Ninguna comisión de la verdad analizó el pasado de España. (…..) 

Lo que España necesita ahora es un pacto de recuerdo, no de olvido, pero debe enfocar la memoria de un modo que evite los fantasmas propagandísticos del pasado que se alimentan a sí mismos; que reconozca libremente las peligrosas consecuencias de negarse a transigir. 

Los españoles tienen muchas y grandes virtudes, especialmente la generosidad, la imaginación, el sentido del humor, el valor, el orgullo y la determinación. Pero no suelen distinguirse por intentar comprender el punto de vista del adversario. Es un vicio infravalorado. La tragedia de la Guerra Civil es sin duda el recordatorio más fuerte del peligro de despreciarlo”.

- Más cercano en el tiempo. Javier Cercas (“El País” Babelia 15/11/14). “Yo creo que, desde hace siglos, el mayor problema de este país (piensa en Catalunya y en España) es la intolerancia: nuestra incapacidad para mantener un diálogo civilizado sobre las cosas para aceptar la discrepancia….la catástrofe de nuestro país (consiste en que) si tu no piensas lo mismo que yo, cojo un garrote y te lo parto en la cabeza”

Hago mías las palabras de Beevor y de Cercas y las aplico, “mutatis mutandis” a Euskadi. Mi libro es un esfuerzo para, en Euskadi, superar la intolerancia y propugnar la escucha del adversario. Sin menoscabo de la justicia, simplemente justa. Por supuesto."        (Javier Elzo , Ssociólogos, 01/12/2014) 

24/6/14

Pablo... España negoció con ETA, Inglaterra con el IRA, y El Salvador con la 'mara' Salvatrucha, por incapacidad para acabar con sus atentados

"El político revelación de esta temporada, Pablo Iglesias Turrión, líder de Podemos, se estrenó ayer en una intervención pública opinando sobre el terrorismo de ETA en la que hacía unas valoraciones bastante simples.

 En respuesta a una pregunta dijo que si tenía ocasión de hablar de ETA en el Parlamento Europeo diría «que ha producido un enorme dolor pero también diría que tiene explicaciones políticas».

Es posible que más de un compañero de la eurocámara le respondiera diciendo ¿y qué que tenga explicaciones políticas? Los parlamentarios italianos podrían contarle que también su terrorismo, tanto el de extrema derecha de Ordine Nouvo como el de extrema izquierda de las Brigadas Rojas, tenía explicaciones políticas.

Los noruegos podrían hablarle durante horas de la inspiración política de Anders Breivik, el terrorista responsable de la matanza de 77 personas; los franceses también podrían darle una charla sobre el antisemitismo que llevó a un compatriota a ametrallar recientemente un museo judío en Bruselas.

 Todos los terrorismos que en el mundo han sido han invocado «explicaciones políticas» y ETA no iba a ser una excepción. Eso no reduce la responsabilidad de los terroristas en sus crímenes, ni añade nada a la explicación del fenómeno. Es sólo una obviedad.

Lo importante no es la motivación política que se esconda detrás del crimen, sino las consecuencias que se quieran sacar de ella. Iglesias Turrión atribuyó a esa condición política de ETA el hecho de que los gobiernos de España hubieran tratado de negociar con la banda terrorista.

Ahí se equivoca radicalmente. Si fueron a hablar con ETA no era por su condición de grupo político, sino por la de terrorista, ya que lo que buscaban era que acabaran con sus crímenes.

El mejor ejemplo de los motivos que llevan a un gobierno a una negociación con asesinos se puede ver en El Salvador. En marzo de 2002, el Gobierno presidido entonces por Mauricio Funes, candidato del FMLN, la antigua guerrilla, comenzó una negociación con los dos principales grupos de delincuentes del país, la Mara Salvatrucha y la Barrio 18, una negociación que condujo a una tregua de los mareros y a una reducción radical del número de asesinatos.

 Hasta Pablo Iglesias Turrión tendrá que reconocer que aquella negociación, amparada luego por organismos de Naciones Unidas, no se debía a motivación política alguna de las maras, sino a la incapacidad del Estado para frenar sus delitos.

 En el país centroamericano lo tenían muy claro. El diario digital Elfaro.net, que reveló la existencia de las negociaciones y que ha seguido detalladamente todo el proceso, publicó el 4 de febrero de 2003 un artículo titulado «lecciones de las negociaciones con pandillas en América y España».

La pandilla de España a la que se referían, era, lógicamente, ETA: «La historia demuestra que numerosos Estados han negociado con organizaciones que recurren a la violencia en aras de que éstas dejen de poner en peligro a la sociedad», señalaban justo antes de mencionar los episodios negociadores del gobierno español con ETA o los británicos con el IRA.

La inspiración política de la pandilla es lo de menos, lo que determina si hay negociación o no es la capacidad del Estado para controlar al grupo terrorista. Y en España se ha logrado controlarlo con los recursos del Estado."              (EL CORREO 24/06/14,
FLORENCIO DOMÍNGUEZ, en Fundación para la Libertad)

15/4/14

La continuidad del terrorismo en Irlanda del Norte cuestiona la legitimación de ETA

"Hace unos días la policía norirlandesa desactivó una bomba lapa junto a una comisaría. Horas antes, una patrulla de la policía fue atacada con un artefacto explosivo. En noviembre un oficial norirlandés descubrió otra bomba lapa debajo de su coche cuando se disponía a llevar a su hija al colegio.  (...)

En primer lugar, la continuidad del terrorismo en Irlanda del Norte cuestiona una de las premisas del británico con la que ya justificó la legitimación de ETA que la declaración de Aiete supuso: no es el terrorismo de ETA la «última confrontación armada de Europa», como engañosamente subraya Powell. 

En segundo lugar, la pervivencia del terrorismo de los grupos escindidos del IRA evidencia que el proceso que Powell presenta como modélico no lo es en absoluto. Ello no le inhibe a la hora de vender sin base alguna sus fórmulas para el País Vasco como una garantía para evitar escisiones en ETA. 

Precisamente la metodología propugnada por Powell en Irlanda del Norte es la responsable de que el desarme del IRA fuera enormemente limitado e incapaz de generar la confianza entre las víctimas que perseguía una verdadera entrega de armas.

 En cambio, la escenificación de un falso desarme se convirtió en una oportunidad propagandística que el brazo político del IRA, el Sinn Fein, rentabilizó. El propio Martin McGuinness llegó a reconocer la falta de transparencia que impidió que los gestos del IRA fueran convincentes.  (...)

En esa línea el IRA recurrió a la complicidad de un religioso protestante y otro católico para concluir sus cuatro actos a través de los cuales dijo haber puesto armas fuera de uso. Con esa hábil escenificación el IRA logró distorsionar su imagen real: la de un grupo terrorista que se negó a desarmarse realmente y a esclarecer asesinatos cometidos con armas que jamás fueron sometidas a análisis forenses. 

Este es un escenario atractivo para ETA, pues la pomposamente denominada Comisión Internacional Independiente para el Decomiso dejó claro que deseaba ahorrarle al IRA una imagen de «derrota» o «culpa».  (...)

La farsa del desarme adquirió credibilidad en no pocos círculos internacionales gracias al aval de los gobiernos británico e irlandés. En esa espiral de concesiones que tanto legitimó a los representantes políticos del IRA fortaleciéndoles electoralmente, el grupo terrorista obtuvo además la promesa de que los activistas con causas pendientes en busca y captura podrían regresar a sus hogares con total impunidad. (...)

Esa es la lógica que Powell desea aplicar en España y para la que cuenta con el apoyo del Gobierno vasco, interesado en evitar una derrota de la ideología nacionalista sobre la que descansa el terrorismo etarra.   (...)

Ese modelo no ha logrado que la violencia en Irlanda del Norte desaparezca, pero sí algo que ya se vislumbra en Euskadi: una considerable impunidad política, moral e histórica de quienes justifican el terrorismo."             (EL CORREO 10/04/14, ROGELIO ALONSO, en Fundación para la Libertad)

10/3/14

Un etarra pide perdón

"Después de pasar veinte años en la cárcel por asesinar a tres personas en Santander, en febrero de 1992, Iñaki Rekarte fue expulsado de la banda ETA por renegar de la violencia.

 Este exetarra se entrevistó en prisión con la viuda de una víctima del terrorismo y le pidió perdón. En aquella conversación, cuenta ahora Rekarte, aprendió la inmensa bondad de una mujer que no tenía odio. Él no se cree capaz de tener una actitud semejante.

Después de pasar veinte años en la cárcel, Rekarte llega a la conclusión de que si haces el mal, la vida te lo devuelve. Ahora no quiere saber nada de la banda terrorista en la que asesinó y que le acabó expulsando. Una prueba más del carácter mafioso de esa secta, en la que se entra de uno en uno pero de la que, hasta hace poco, solo se podía salir en manada.

Dice Rekarte, en una entrevista en la Ser, que la banda, «a ritmo de caracol», acabará disolviéndose y entregando las armas, porque no tienen otra y les falta la cobertura política que en su día tuvieron.

Es relevante el testimonio de un etarra que, como tantos de su generación, entró de joven en la banda, asesinó porque esa era su forma de vida, pasó años en la cárcel y esta reclusión le sirvió para llegar a conclusiones respecto de sus crímenes que le alejó de esa forma de estar en la vida que consiste en arrebatársela al prójimo.

Rekarte pide perdón a las víctimas y se reúne con una mujer a cuyo marido asesinó la banda terrorista ETA. Pero este gesto no puede diluir lo más importante: ha habido una organización terrorista que ha asesinado de manera planificada, sistemática, sostenida en el tiempo, para conseguir unos determinados objetivos. Hay unas víctimas que son la consecuencia del terror creado por una banda para lograr sus fines totalitarios.

Este es el problema. Una organización que se constituye sobre el asesinato y el miedo para lograr el poder e instaurar su dictadura. Unas víctimas que no lo han sido porque sí, que han muerto porque una banda ha decidido asesinarlas de manera calculada. Aquí no ha habido un problema privado entre el que mataba y el asesinado, aquí ha habido víctimas del terrorismo porque una organización totalitaria las ha asesinado para conseguir sus fines.

Bien, la banda terrorista ETA ha sido derrotada por la democracia española. Mientras esa derrota se iba fraguando, ha habido etarras –unos pocos, demasiados pocos–, que han sentido la necesidad vital de pedir perdón a sus víctimas.

 Ha habido víctimas, pocas, que han concedido ese perdón. Ese ejercicio puede ser necesario para el que deja el terror y aceptado por el que lo ha sufrido, pero no puede tapar el problema estructural de una banda que asesinó para ganar y que ha sido derrotada."              (JOSÉ MARÍA CALLEJA, EL CORREO 07/03/14, en Fundación para la Libertad)

9/3/14

Boicoteo a un expreso de la ‘vía Nanclares’

 Iñaki Recarte, en una imagen de noviembre de 2013. / l. rico

"A Iñaki Recarte ya le habían avisado de que su vuelta a la libertad plena no iba a ser un camino de rosas, y creía estar preparado para ello. Este exrecluso de ETA, acogido a la vía Nanclares, que ha renegado de su pasado terrorista y ha pedido perdón públicamente a todas sus víctimas, tiene que hacer ahora frente al “rechazo del entorno de la izquierda abertzale”.

El pasado fin de semana organizó una comida con bertsolaris(improvisadores de poesía cantada) en el bar que regenta en Santesteban (Navarra), pero tuvo que cancelarla dos días antes porque los invitados, Amets Arzallus y Jon Maia, le comunicaron que no querían actuar en el bar de un “arrepentido”, de alguien que “ha salido de su mundo”.

Es la primera bofetada que Recarte ha recibido de quienes antes le consideraban un héroe y ahora le tachan de “traidor”. Le apena que “en los tiempos que corren”, cuando lo que hacen falta son “pasos para pacificar y entendernos entre todos”, aún pervivan este tipo de gestos en un sector de la sociedad vasca. “¿Qué me pueden criticar a mí? ¿Qué he dejado eso, que he pedido perdón? ¿Me van a acusar a mí de tomar una decisión personal y rehacer mi vida”, se lamenta tras quedarse “plantado” por los dos bertsolaris.

Recarte estaba “muy ilusionado” con la fiesta que había organizado en su bar Ekaitza el día 22 de febrero. A través de un conocido, había conseguido que Amets Arzallus, el último vencedor de la final del Campeonato de Euskadi de Bertsolaris, celebrada en diciembre pasado, accediera a cantar en su local en compañía de Jon Maia, elegido por el campeón como pareja de actuación. Tenía vendidos algo más de 50 menús: alubias, chuleta y la sesión de bertsos a 35 euros por comensal.

 “Todo iba normal hasta dos días antes. Este conocido recibió la llamada de Arzallus y le dijo que se enteró de quién soy y que le han presionado”, explica Recarte: “También le comentó que por él vendría, pero como le dijeron que yo soy un arrepentido, habían decidido que no iban a venir por lo que represento y porque soy alguien que ha salido de su entorno”.

Estas “razones ideológicas” le obligaron a Recarte a suspender la comida, para la que contaba con el permiso del Ayuntamiento de este pequeño municipio del norte de Navarra regido por Miguel San Miguel, de Eusko Alkartasuna (formación que en el País Vasco participa en la coalición Bildu), a quien Recarte tiene como “un tío majo” que le ha apoyado “siempre”. “Es posible que Arzallus —natural de Hendaya— no supiera adónde venía, aunque a mí todo el mundo me conoce en Irún y Hendaya. Ahora, estoy seguro de que Maia sí sabe quién soy”.

Con 18 años ya militaba en ETA como integrante del comando Mugarri y fue condenado a 203 años de cárcel por su participación en la colocación de un coche bomba en 1992 contra una patrulla de la Policía Nacional en Santander que se saldó con tres muertos y 21 heridos. Estando en prisión, rompió con la disciplina de la banda terrorista y se acogió a la denominada vía Nanclares. 

Fue expulsado del colectivo de presos terroristas por condenar la lucha armada de ETA y reconciliarse con las víctimas. Hace tres años comenzó a gozar de beneficios penitenciarios —solo iba a dormir a la prisión de Martutene— hasta que en noviembre pasado consiguió la libertad definitiva al aplicársele la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo que tumbó la aplicación de la doctrina Parot.

Recarte ha rehecho su vida junto a su esposa y sus dos hijos en Santesteban, un municipio de 1.600 habitantes a 50 kilómetros de Pamplona. Allí se gana la vida con el bar Ekaitza, que le va “de lujo”. De vez en cuando organiza actividades para “dinamizar el pueblo”, como el concierto que ofreció el cantante vascofrancés Erramun Martikorena. Su última iniciativa fue la frustrada bertsocomida con Arzallus y Maia. 

El primero es la gran figura de la literatura oral vasca y no se había etiquetado políticamente, como sucede con la gran mayoría de los bertsolaris. Maia, en cambio, ha sido colocado por Bildu como asesor de la oficina de la capital cultural europea San Sebastián 2016.

“Yo pensaba que alguien que gana el Campeonato de Bertsolaris tiene un poco de sentido común y es una persona abierta, pero no debe ser así. En realidad, ¿a mí qué me tiene que reprochar?, se pregunta Recarte: “¿Esta es la paz que queremos conseguir? ¿Siempre vamos a vivir con enemigos? Es ridículo”.

Arzallus y Maia habían aceptado actuar en Santesteban a cambio de 350 euros cada uno “por estar dos horas y comer gratis. No venían a hacerme un favor a mí”, explica Recarte. “Lo extraño es que esto ocurra en los tiempos que corren, cuando es el momento de pacificar. ¿Cómo pretende la izquierda abertzale que salgan los presos? Tendrán que aceptar la reconciliación, pedir perdón, hacer algo por tantos años abriendo heridas tan grandes”, añade.

A Recarte le ha sucedido algo parecido al ostracismo que tuvo que sufrir el cantante Imanol Larzabal, ya fallecido, quien también militó en ETA siendo muy joven y que, muchos años después, estuvo en el punto de mira de la banda y fue considerado un traidor por participar en 1988 en un recital en homenaje a Yoyes.

Pese a todo, Recarte reconoce que el pueblo de Santesteban “se ha volcado” con él: “Aquí no cae bien ese mundo desde que ETA hizo explotar la discoteca Bordatxo”, un atentado cometido en 2005. “En este pueblo la mayoría no son de su línea. Es una zona muy euskaldun, pero no radical. 

Hay un dato curioso: no hay ningún preso de ETA”, afirma el exrecluso. “Cuando hace dos años andaba con la idea de abrir el bar, me amenazaron con hacerme boicot. Me generaron dudas, pero decidí tirar para adelante. Esos no vienen, pero tengo mucha clientela”, recalca."             (El País, 01/03/2014)

13/2/14

A todos los que de mil maneras han padecido la persecución totalitaria de estos aldeanos embrutecidos alrededor del crimen y de la sangre.

"Shalom, Fernando: hoy hace dieciocho años fuiste asesinado por ETA en San Sebastián. Te acecharon desde un portal, salieron a la acera tras tu paso y te dispararon a su manera: por la espalda.

Días después hicieron pintadas en la casa familiar, escupieron a tu viuda por la calle y a tus tres hijos nos pusieron escolta policial. Algunos llaman a eso conflicto, y los más pretenciosos hablan de conflicto irresuelto, o algo así de hueco. No fuiste el primero ni el último: muchos fueron asesinados antes, y muchos después.

 Dispongo de pocas líneas, y sólo puedo mencionar a los heridos, a los amenazados, a los extorsionados, a los silenciados, a los que hubieron de marcharse y a todos los que de mil maneras han padecido la persecución totalitaria de estos aldeanos embrutecidos alrededor del crimen y de la sangre.

 Más de uno querrá partirme la cara por escribir así en San Sebastián, ahora que la mugre política y la manoseada corrección imponen el idioma de la paz, la convivencia, la normalización, la reconciliación, e incluso las pomposas sensibilidades; como si los pistoleros tuvieran alguna.

Trampas del lenguaje de cartón-piedra, empleado con fingida solemnidad por los que desviaban su mirada ante los cadáveres; los que nunca tuvieron que mirar a sus espaldas o los bajos de su coche, ni callar, ni bajar la voz, ni buscar compañías discretas a las que confiar sus opiniones.

Nunca nadie les ofendió, ni lo temieron, e incluso de algún crimen tuvieron noticia en la sidrería o al volver de la playa. En su indolencia sugieren que las víctimas del terrorismo somos un obstáculo para eso que llaman paz: paz por aquí, paz por allá, paz a todas horas, paz hasta en la sopa, paz vestida de fiesta con procesos, ponencias y foros. Ponen la guinda unos telepredicadores que suelen visitarnos desde lugares remotos, con amplias sonrisas y mayores bolsillos.

Para qué querrán tanta paz, me pregunto, si los muertos os limitabais a aguardar el turno de vuestro asesinato, ordenadamente y sin protestar; cada uno a su tiempo, cada uno en su lugar.

Los tuyos seguimos como hace dieciocho años: ni olvidamos ni perdonamos. Expresión de un pasado que no añoramos, que lanzamos al futuro para que la memoria permita siempre identificar y señalar a los criminales. Y desde la acera en que fuiste derribado, frente a los profetas de una paz de neón."          (RUBÉN MÚGICA, EL CORREO 06/02/14, en Fundación para la Libertad)

6/2/14

Y eso es lo que ocurre a diario en Euskadi: la escena tiene tanto de sexo como esta paz de democracia

"(...) Repasemos groso modo la secuencia, en fin: unos tipos que llevan 40 años poniendo bombas, matando por centenas a inocentes, acosando al que no piensa como ellos y extorsionando al respetable deja de matar, probablemente porque cada vez le era más difícil y, en ese instante, ocurre lo siguiente: sus partidos de referencia (por lo general vasos comunicantes reconocidos) son legalizados, los vascos les votan en masa sin ningún pudor, los partidos que ponían los muertos son castigados y, finalmente, hasta los propios terroristas empiezan a ser excarcelados, pese a tener condenas por miles de años, en cumplimiento de un fallo del Tribunal ¡de Derechos Humanos! (...)

Es la falta de tacto, comprensión y determinación política para entender la diferencia entre ganar una batalla y lograr una victoria lo que hace especialmente trágico el panorama, lo que humilla a las víctimas, lo que extiende la sensación de agravio y lo que hace prosperar liderazgos periodísticos o mediáticos  tan sutiles como un bocadillo de judías pintas con oreja de cerdo: la adopción de un éxito parcial como un triunfo total y la concesión absoluta de todos los privilegios legales que sólo tendrían sentido de haberse sumado al cese de las armas su entrega, la desaparición de sus siglas, la petición de perdón y la condena colectiva de la sociedad vasca; obliga a las víctimas y a quienes las quieren a clamar por la justicia (...)

Todo lo que se ha hecho, desde legalizar Sortu hasta acatar Estrasburgo, es jurídicamente irreprochable. Pero también lo hubiera sido lo contrario: mantener en cuarentena a Batasuna (en media Europa del Este el comunismo de raíz estallinista estuvo prohibido y aún en Alemania es delito proclamarse nazi), suscribir desde Estrasburgo la visión del Constitucional, del Supremo y de la Abogacía del Estado y mantener en prisión a terroristas con 24 cadáveres a sus espaldas hubiese sido igual de legal y sin duda más decente; que ya está bien que los paladines del Tribunal europeo den por supuesto que sus detractores no tenemos los mismos argumentos jurídicos que ellos, al menos la misma buena intención y, creo yo, un poco más de corazón al menos en esto. (...)

Al día siguiente del fallo de Estrasburgo, los amigos de los etarras se abrazaban felices en la portada del Gara. Y las familias de los muertos lloraban en el resto de periódicos. Ese contraste ya es suficiente para detectar el inmenso problema de fondo y la necesidad de de recalcar, las veces que sea menester, que por mucho que queramos la paz, no la queremos a cualquier precio. La resistencia de las víctimas no es una vendetta, sino un recordatorio de que no es lo mismo conseguir que te perdonen la vida que garantizar que no puedan quitártela. (...)

Y eso es lo que ocurre a diario en Euskadi: la escena tiene tanto de sexo como esta paz de democracia."                  (ANTONIO NARANJO, 05/02/14, en Fundación para la Libertad)

14/1/14

De paz por presos, a paz por nada. ETA se rinde sin lograr uno solo de los objetivos por los que empezó a asesinar

"Hubo un tiempo, primeros noventa, en el que los presos de ETA reivindicaban su derecho a cumplir íntegras sus condenas. Un tiempo de grasiento dominio de lo colectivo, en el que las soluciones individuales eran traición. Un tiempo de calor de establo, cuando creían aún en la victoria, y los presos de la banda soñaban con una amnistía triunfal y para todos a la vez.

Los abogados de la banda decían a los presos que se negaran a acogerse a las vías individuales de redención de penas, que les hubieran puesto en la calle sin agotar la condena. El miedo que ETA sembraba en toda España a base de asesinatos, también paralizaba a los presos disidentes, que no se atrevían a salir del rebaño por temor a que la banda les asesinara —como le ocurrió a Yoyes— o por miedo a sufrir rechazo social al volver al pueblo, unidad de medida de pureza revolucionaria.

Si en los años noventa un miembro de la banda hubiera dicho que los presos de ETA tenían que reconocer el daño causado, asumir la ley penitenciaria de un Estado calificado por ellos como opresor, romper el colectivo de presos y recorrer una vía individual pequeño-burguesa para acogerse a los beneficios penitenciarios y salir a la calle, los mismos que hoy han reconocido todo lo anterior, le hubieran asesinado.

La historia de la banda terrorista ETA es la historia de una organización que se ha pasado la vida matando y llegando tarde. Matando también a los miembros de la propia banda (asesinato de Pertur) que llegaron con antelación a las conclusiones en las que hoy están los que han hecho durante años del asesinato una forma de vida.

Kepa Pikabea —24 asesinatos, dos secuestros, 30 años de cárcel en su currículum, expulsado de la banda—, reconoce que la estrategia de asesinar ha sido "inhumana y cruel" y que "hemos cometido muchos actos contra la dignidad humana". (La luz al final del túnel, documental de Eterio Ortega). Al final, cuarenta años de crímenes, secuestros, extorsiones, siembra de odio y miedo, no han servido para nada, decimos cada vez más.

Es duro el balance político y el balance personal. Después de asesinar a diez, quince, veinte personas, después de pasar más de media vida en la cárcel, se llega a la conclusión de que todo eso no ha servido para nada, de que Euskadi podría estar en el mismo nivel político que tiene hoy sin haber apilado casi mil cadáveres.

La reciente declaración del colectivo de presos etarras supone un certificado explícito de la derrota de la banda. (...)

ETA ha pasado, en pocos años, de negarse a aceptar paz por presos, porque exigía la independencia y creía que la lograría doblegando al Estado, a la paz sin libertad para los presos. Medio millar de miembros de ETA siguen en la cárcel sin que ETA haya logrado ni uno solo de sus objetivos. Ni uno.

En unos años hemos pasado del Amnistia Osoa (Amnistía total), al "sálvese quien pueda" de las medidas individuales, a una reinserción que se promueve y que ya no se califica de traición.  (...)

Estamos a un rato de que ETA entregue sus armas, un gesto que tendrá un efecto simbólico y supondrá otro reconocimiento de la liquidación por cese del negocio de matar. Será otro certificado más que acreditará, como lo ha hecho el comunicado de los presos, que ETA se rinde sin conseguir ni uno solo de los objetivos por los que hace más de cuarenta años empezó a asesinar.

 Será otro gesto que acreditará el final de la violencia, un paso más en una banda que, después de cuatro décadas de asesinatos, solo ha conseguido muerte, terror y sufrimiento."                 ( , El País, 31 DIC 2013)

13/1/14

La foto...

Los terroristas liberados tras el fin de la aplicación retroactiva de la 'doctrina Parot' posan el pasado sábado en Durango. / claudio álvarez


"Al principio parece que esa foto podría perjudicar la imagen de paz que la peña que se ha reunido pretende ofrecer a la ciudadanía.

Pero no. Todo está calculado, si se atiende al gesto severo y amenazador con el que nos la echan a la nuca. Entre todos suman más de 300 muertos. Y el gesto está ahí, para que no se nos olvide quiénes son y a qué se dedicaban.

Ahora se dedican a la paz. Pero que nadie se confunda, porque paz no quiere decir perdón ni quiere decir piedad. Lo que se hizo se hizo, porque había que hacerlo. Por la patria y, ahora, por el derecho a decidir. (...)

Yo no me siento amenazado por los jueces, ni por las leyes. Pero sí por esas miradas que nos quieren clavar a todos en la nuca. No están arrepentidos. Están en paz consigo mismos, que siempre lo han estado, y con los demás, porque han cumplido sus condenas.

 Y ahora se han empeñado en la hermosa tarea de traernos la paz a todos. Franco perpetraba la paz con un gesto parecido, aunque se hacía acompañar por curas vestidos de gala. Algunos de estos iban para curas, pero les gusta más disfrazarse de leñadores y cortarse el pelo a mordiscos.

El portavoz fue Kubati, ya saben, el de Yoyes. Mató a su colega porque había decidido ir a la paz por libre. ¿Influirá en su gesto la preocupación por que haya alguien que, como él entonces, considere que pide la paz a destiempo?

Vamos a arreglarlo con un truco fácil, de fotógrafa de grupo japonesa que quiere sonrisas.
Fotógrafa: “A ver, chicos, todos a la vez: nu-ca, nu-ca”.               ( , El País,  9 ENE 2014 )
 

"Hacia finales de los ochenta o por ahí se habló mucho en el País Vasco de “la foto”, en referencia a la que se harían los miembros más conocidos de ETA tras anunciar su disolución (y quitarse las capuchas, puño en alto). 

Sería su último gesto triunfal, consentido por la democracia. La foto del pasado sábado en Durango no tiene nada de triunfal: es la de unos derrotados con aspecto entre patibulario y triste que seguramente sienten que han perdido media vida y cuyas justificaciones, que antes encontraban irrefutables, ya no les convencen ni a ellos mismos. (...)

Desde hace más de 30 años la idea de triunfo ha estado asociada en el mundo de ETA a la de negociación. En su anterior declaración, en junio pasado, el colectivo de presos aún la reclamaba a los Gobiernos de España y Francia: negociación de las consecuencias del conflicto que abriera paso a otra entre partidos sobre sus causas.

 Lo importante no era el contenido sino la negociación misma: que dos Estados de la UE aceptaran negociar con ellos su retirada significaba un reconocimiento de que había habido motivos para la violencia. La batalla por la memoria que quede de ETA se libra en torno a la negociación. 

Pero la referencia a ella ha desaparecido de los comunicados recientes de presos y excarcelados. Al aceptar someterse a la legalidad para acceder a beneficios penitenciarios, se está reconociendo que la vía de la negociación está cegada.(...)

 No habrá foto triunfal, pero la disolución definitiva e incondicional crearía las condiciones para que la opinión pública considere que ni siquiera los asesinos de ETA merecen pasarse el resto de sus vidas en la cárcel. 

Y sin que se abra paso ese sentimiento en la población, ningún Gobierno cambiará la política penitenciaria, ni, en particular, las condiciones de acceso a procesos individuales de reinserción."           (PATXO UNZUETA, EL PAIS 11/01/14, en Fundacion para la Libertad)

18/11/13

La impunidad y la injusticia, esa doble victimización de las personas asesinadas por el terrorismo



"... durante bastante tiempo padecí el error de considerar que el final de ETA pm fue modélico, pero no siempre y no es cierto que no quiera hablar de ello.

 Entre mis defectos no está el de empecinarme en los errores contra la evidencia, ni el de negarme a rectificar. En este que señala Fernando Altuna recuerdo perfectamente el momento en que me caí del guindo: fue un domingo de julio de 2006.

Una de las veces que reconocí esto en público fue ante su madre, Ángela Urcelay y su hermano, Angel Altuna. El 23 de mayo de 2010 presenté el acto de entrega del premio de Covite de ese año a Florencio Domínguez, Rogelio Alonso y Marcos García Rey, por su libro ‘Vidas rotas’, al que asistieron su madre y su hermano.

 La primera, Ángela Urcelay, iba a entregar el premio a Marcos García Rey. Yo le di paso con estas palabras, en las que contaba el preciso momento en que yo me caí del caballo, gracias, precisamente, al hermano de Fernando, Angel Altuna :
“En primer lugar ruego que se adelante Ángela Urcelay, viuda del policía nacional Basilio Altuna, asesinado por ETA en Erentxun, el 6 de septiembre de 1980.
En el mes de julio de 2006, me llamó Jorge Martínez Reverte. Había recibido el encargo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo de hacer un documental sobre las víctimas y me convocaba, con otras personas, para una tormenta de ideas, una discusión abierta sobre la cuestión, para sentar las bases del documental
Una de aquellas personas era un joven psicólogo llamado Ángel Altuna Urcelay. Me impresionó mucho por su serenidad, su equilibrio y por la sencillez con la que contó una circunstancia fundamental del  asesinato de su padre.
“Cuando lo mataron”, dijo, con una simplicidad extraordinaria, “el Gobierno de UCD había empezado a negociar con Euskadiko Ezkerra la disolución de los polimilis. El asesinato de mi padre no fue investigado y sus asesinos siguen impunes.”
El relato era turbador para mí, porque yo había considerado en su día que la disolución de ETA Político-Militar había sido un proceso modélico. Lo era, desde luego, si lo comparamos con el proceso de Lizarza, pero había tenido un coste en términos de impunidad que hoy las víctimas no soportarían.
Ángela Urcelay va a entregar el premio a Marcos García Rey.”
Seré ahora más explícito. Aquel proceso estuvo lleno  de trampas, de prevaricaciones judiciales y de periodistas que nos callamos para favorecer aquel proceso. Conocí un caso clamoroso cosas que deberíamos haber contado.

 Uno de los polimilis que se reinsertaron después contó que al volver del exilio y comparecer ante la Audiencia Nacional, el juez le preguntó (las palabras del juez son aproximadas, pero el sentido de las mismas, no):
-Diga si es cierto que usted, en compañía otros secuestró la noche de tal día al director del Banco Herrero en Oviedo , para que les abriera la sucursal, donde de hicieron con cien millones de pesetas.
-Sí, es cierto.
Entonces, el juez se volvió hacia el secretario y dijo: “Aquí, evidentemente, ha querido decir que no”.

 Aunque el llamado proceso de paz de Zapatero ha sido peor, porque ni siquiera ha conseguido la disolución de la banda terrorista, hubo prevaricación y jueces que mancharon las togas con el polvo del camino y periodistas que callamos como putas, ignorantes de que nuestra contribución a las buenas causas está en el cumplimiento del deber que nos impone nuestro oficio: contar la verdad.

 El resultado es siempre la impunidad y la injusticia, esa doble victimización de las personas asesinadas por el terrorismo y relegadas después al olvido: Ángela Urcelay y sus hijos no sabrán nunca quién mató a Basilio Altuna, al igual que los familiares de otras 325 víctimas mortales de ETA, el 38% del total."               (El blog de Santiago González, 11/11/2013)

17/6/13

Si todavía hay partidos que justifican el acoso sistemático que muchos ciudadanos han sufrido, es obvio que persiguen un proyecto político contrario a la democracia

"Como Alan Wolfe escribe en ‘La maldad política’, «llamar políticos a los que cometen actos de terrorismo, limpiezas étnicas o genocidios no los convierte en menos malvados de lo que son en realidad. Por el contrario, nos permite concentrarnos en la forma que tienen de seleccionar sus objetivos, elegir sus medios, obtener sus capacidades y llevar a cabo sus intenciones». 

Por ello los partidos democráticos deben exigir responsabilidades a quienes aún justifican los asesinatos de ETA para imponer un proyecto político que estos siguen legitimando. Quienes han violado gravemente los derechos humanos persiguiendo la exclusión social y política de muchos ciudadanos, quienes han asesinado para imponer una determinada ideología nacionalista, deben rendir cuentas. 

De lo contrario, se idealizará el nuevo contexto asumiéndose la falsa apariencia de que ETA no existe mientras sus representantes políticos se benefician de su presencia en la sombra. Se estará reconociendo la naturaleza política del terrorismo, pero ignorándose sus graves consecuencias sobre el tejido político y social al eludirse la imprescindible rendición de cuentas de quienes ahora se valen de la democracia para dañarla.

Se alimenta así la ilusión de que se hace política sin ETA cuando es evidente que la banda y los efectos de su violencia están muy presentes. 

 Entre ellas, una anómala y desigual situación como lo es que quienes continúan legitimando la ‘limpieza ideológica’ de una parte de la sociedad vasca corrompen hoy el sistema democrático defendiendo los intereses de un grupo terrorista que se niega a desaparecer. Este injusto relativismo y ventajismo pervierte la democracia estimulando una peligrosa espiral del silencio como la que el terrorismo propició.

 El miedo a cuestionar los graves déficits del ‘nuevo tiempo’ induce a una perjudicial conformidad con un sistema viciado. Esa atmósfera genera una considerable presión sobre aquellos que denuncian lo incoherente que resulta manipular los principios del Estado de derecho para favorecer los intereses de quienes lo desprecian.

Si todavía hay partidos que justifican el acoso sistemático que muchos ciudadanos han sufrido, los intentos de borrarles del mapa político y su silenciamiento, es obvio que aquellos persiguen un proyecto político contrario a la democracia. Su aparente aceptación del sistema no merece recompensa alguna, sino un nivel de exigencia muy superior al que en estos momentos tímidamente se plantea.

 La falsa integración de los radicales que algunos ensalzan no consolida el final de la violencia, pues perpetúa la legitimidad de la coacción terrorista, implícita o explícita. Se construye así una sociedad que rehúsa la verdadera deslegitimación del terrorismo, conformista con meras invocaciones a tan necesario objetivo."       (ROGELIO ALONSO, EL CORREO 27/05/2013, en Fundación para la Libertad)

8/4/13

Su estrategia del terror instauró en Euskadi el reinado del miedo durante décadas y sembró en la sociedad un totalitarismo horizontal, que en medios rurales excluyó la presencia pública de toda expresión ideológica no nacionalista

"En su reciente discurso como nuevo presidente del Senado italiano, el magistrado Pietro Grasso, incansable luchador desde los años ochenta contra la el crimen organizado, evocó la reacción de la viuda del escolta fallecido en el atentado de la Mafia que costó la vida también al juez Falcone y a su mujer.

 Estaba dispuesta a perdonar a los asesinos, pero siempre que estos, de rodillas, reconocieran sus crímenes. Grasso, hasta hace poco fiscal nacional Antimafia, asumía las palabras de la viuda.

 No resulta inútil tomar en consideración el episodio, a la vista de cuanto sucede en Euskadi, donde estamos viviendo el fracaso de la voluntad política mayoritaria, consistente en buscar una reconciliación sobre la base de que sean las propias gentes de ETA y de su entorno político quienes aborden una autocrítica al quedar lejos los años de plomo. 

Por lo menos, que como hicieran varios dirigentes de las Brigadas Rojas, asuman la inutilidad de la opción terrorista.

 Las rotundas declaraciones de Laura Mintegi sobre el atentado contra Buesa alejan cualquier duda, y también toda expectativa de que en la izquierda abertzale se abra el camino de una reconciliación auténtica, esto es, fundada sobre el reconocimiento de las responsabilidades de quienes protagonizaron la estrategia de ETA o la apoyaron.

 Decir que Buesa fue una «víctima de origen político» equivale pura y simplemente a situar al terrorismo dentro del ámbito de la política, que es algo bien diferente de reconocer que el terrorismo tiene una finalidad política. 

 El terror no es un procedimiento político, sino un medio de actuación que desde el exterior busca, como ha buscado ETA a lo largo de la Transición, la suplantación de la democracia por el crimen, envuelto eso sí en una serie de eufemismos de dignificación (‘lucha armada’, ‘alternativa democrática’).(...)

 Como siempre, entra en juego el mantra ‘diálogo’ para edulcorar lo que en realidad es aceptación negociada de las exigencias del grupo terrorista. Incluso en los elementos simbólicos, como esa nación llamada Euskal Herria que en nombre del Gobierno admitió de entrada Eguiguren en sus conversaciones con el Mal, para sorpresa de sus interlocutores. 

 ¿Qué concesión política estaba dispuesta a admitir ETA? El mismo problema se plantea en estos días al recordar en Italia el aniversario del secuestro y asesinato de Aldo Moro por las Brigadas Rojas. Las buenas conciencias, entonces y ahora, insisten en que debió existir ‘diálogo’ y que pudo hacerse mucho por salvar al dirigente democristiano, y no se hizo. 

Los brigadistas habrían tenido entonces razón al dejar el cadáver entre las sedes de Democracia Cristiana y PCI, responsables sugeridos. La pregunta es obvia: ¿con los documentos y las autobiografías de brigadistas en la mano, hay quien dude de que solo la aceptación ‘in toto’ de las exigencias de las Brigadas hubiera evitado el asesinato? (...)

El problema del terrorismo es político, por lo que tiene de destrucción de la política, y también, en contra de cuanto opina Mintegi, ético, ya que como sucede en el propio caso vasco, el imperio del terror supuso la pérdida de toda conciencia moral en los verdugos –léase patriotas de la muerte-, la perversión del sentido cívico en tantos que callaron ante los atentados –¿qué hizo usted?– y, en consecuencia, la degradación moral en buena parte de la sociedad. (...)

Así Bildu y Sortu se sitúan más allá del bien y del mal. Y si no hubo crímenes de ETA, solo acciones patrióticas, los terroristas encarcelados merecen la libertad. 

Los demócratas colaboran en la labor de encubrimiento, y nada mejor que la elección de Jonan Fernández para mostrarlo, poniendo por delante el reconocimiento de todas las víctimas, lo cual impide establecer una jerarquía clarificadora, cuyo punto de partida inexcusable consiste en destacar que la dinámica del terror fue cosa de ETA. 

La clarificación de su protagonismo resulta primordial, sin que ello suponga olvidar la fase de terrorismo de Estado, ni la vulneración de derechos humanos. El bombardeo de Dresde no borra los crímenes contra la humanidad nazis.

Ya en los años 60, el odio a España, antes que al franquismo, diferenciaba ya a ETA de cualquier otro movimiento de oposición, a pesar de que la opresión del régimen se ejerciera sobre toda España. Su estrategia del terror instauró además en Euskadi el reinado del miedo durante décadas y sembró en la sociedad un totalitarismo horizontal, que en medios rurales excluyó de hecho la presencia pública de toda expresión ideológica no nacionalista."         (ANTONIO ELORZA, EL CORREO 22/03/13, en Fundación para la Libertad)

16/11/12

El terrorismo que no cesa... en Irlanda del Norte

"Días atrás, David Black, funcionario de prisiones, era asesinado por disidentes del IRA. Poco antes, otro norirlandés fue asesinado por terroristas escindidos del IRA. Con estas muertes y la de dos soldados y dos policías, son ya seis las víctimas mortales desde 2009 causadas por republicanos separados de la principal facción del IRA que lideraron Adams y McGuinness. 

Además varios son los intentos frustrados en los que la víctima resultó gravemente herida o salvó la vida por fallos de los terroristas. Esa es la normalidad de una región que refleja importantes déficits y que ahora paga el precio de errores pasados que algunos intentan emular en Euskadi, lo que hace temer costes diferidos a medio plazo si estos tuvieran éxito.

Cinco factores explican las causas de una violencia que persiste en niveles inferiores al pasado, pero provocando una inestabilidad política considerable que evidencia las anomalías de un proceso ineficaz para erradicar el terrorismo: los réditos políticos y la impunidad penal obtenidos por el Sinn Féin y el IRA tras su debilitamiento operativo; la falta de deslegitimación del terrorismo; la fuerte subcultura de la violencia a pesar del escaso pero significativo apoyo popular; la reducción de los niveles de seguridad; y la disponibilidad de armas.

El primero de ellos lo ilustraba el testimonio de un diputado unionista denunciando el reciente asesinato como una consecuencia más del apaciguamiento que llevó a las autoridades a recompensar al Sinn Féin con su injusta rehabilitación en las instituciones. Los disidentes encuentran inspiración en ese chantaje con el que el IRA fue premiado cuando se encontraba operativamente exhausto. 

La relevancia de este factor es evidente cuando hasta políticos nacionalistas ajenos al Sinn Féin exigen la excarcelación de un terrorista del IRA condenado en 2011 por un intento de asesinato cometido en 1981. Aducen que también debe beneficiarse de la contraproducente excarcelación anticipada que avaló el Acuerdo de Viernes Santo mientras exigen, alegando enfermedad, la libertad de otra destacada presa disidente.

En tan injusto contexto político y social, un compañero del funcionario de prisiones asesinado mostraba su frustración hacia unos políticos cuya actitud ofrece una cierta justificación a los disidentes: 
 «Parece que somos los únicos que nos interponemos entre los terroristas y su libertad, pues esta puede llegar si se ejerce la presión adecuada». 

Entretanto los nuevos ‘demócratas’ del Sinn Féin siguen ofreciendo soporte ideológico para asesinatos motivados por los mismos ideales a los que el partido no ha renunciado; ideales con los que aún justifican los asesinatos cometidos por el IRA en el pasado aunque rechacen ahora los de los disidentes. 

La ausencia de una admisión de la ilegitimidad de la campaña terrorista del IRA impide desacreditar con eficacia a quienes todavía mantienen su legado. Un portavoz de los disidentes así lo destacaba: «Si ahora estamos equivocados, es que ellos se equivocaron durante años; si ahora tenemos razón, entonces es que ellos estaban equivocados al detener la violencia».

La forma en la que el Gobierno británico soslayó la exigencia de un verdadero desarme refuerza el aura de legitimidad del IRA, pues el limitado decomiso fue una mera farsa con la que salvar la cara del grupo terrorista. Además ha permitido a los disidentes aprovechar algunos arsenales una vez que el clima político tras el cese del IRA provocó una reducción de los efectivos de seguridad.

 Por un lado, la reforma de la policía dio lugar a un nuevo cuerpo dotado de unos 7.000 efectivos, o sea, prácticamente la mitad del número de miembros de los que constaba el anterior servicio. Asimismo, el ejército británico, que en los momentos álgidos del conflicto contó con cerca de 30.000 efectivos, redujo su presencia significativamente.

Las capacidades de respuesta por parte de las agencias de seguridad se vieron mermadas tanto cuantitativa como cualitativamente. Así ocurrió con el desmantelamiento de la unidad de inteligencia contraterrorista de la policía norirlandesa, la célebre Special Branch, como resultado de la transformación policial.

 Se redujo asimismo la presencia de unidades de inteligencia del ejército británico, que tan decisivas resultaron en el pasado en la neutralización de los grupos terroristas mediante su infiltración. 

La reactivación del terrorismo ha provocado una nueva intensificación de los esfuerzos antiterroristas desde Reino Unido e Irlanda. Sin embargo, se ha desaprovechado una experiencia y un escenario de ventaja que los profesionales consideran enormemente valiosos, generando por ello una situación de amenaza preocupante.

Este ‘modelo’ ofrece una hoja de ruta que ETA y sus simpatizantes pueden imitar si Estado y sociedad no oponen la resistencia precisa. Es fácil imaginar las consecuencias que para Euskadi tendría esa dejación si observamos la realidad que hoy nos muestra Irlanda del Norte."            (El Correo 15/11/12, ROGELIO ALONSO, en Fundación para la Libertad, 15/11/2012)

16/4/12

Menuda paz... la irlandesa

"Una paz con limitaciones como muestran los datos que ofrece el Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI): desde el 1 de abril de 2000 al 31 de enero pasado, en Irlanda del Norte se han registrado 81 asesinatos y se han contabilizado 1.926 tiroteos y 1.163 ataques con bomba.

En ese tiempo, sin estar en paz, se han registrado 55 asesinatos de ETA, 32 atentados con armas de fuego y otros 301 con explosivos. La paz de Irlanda, que tanto se pone como modelo, es manifiestamente mejorable.

Además, algunos de sus logros principales, como las excarcelaciones de presos o el establecimiento de un gobierno autónomo, son algo que en España se hizo hace más de treinta años."     (Fundación para la libertad, 03/04/2012, 'Consejos irlandeses', de Florencio Domínguez, EL CORREO, 3/4/12)

22/5/11

"La paz no es solamente dejar de matar, aunque puede ser un buen comienzo. La paz para mí es convivir, salir a la calle sin temores".

"El escritor Fernando Aramburu, donostiarra afincado en Alemania, ha hecho esta misma semana su diagnóstico de la situación política en el País Vasco "con los ojos de un señor desconfiado".

Al ser cuestionado por el contexto actual sin violencia, respondió así: "Nunca he visto un caimán vegetariano. Son animales que comen carne y hoy en día han decidido comer vainas y acelgas democráticas".

Se refería a la coalición abertzale Bildu y a la aparente normalidad que se extiende en Euskadi.

Es la primera vez que la violencia callejera no se incrusta en los titulares de una campaña electoral. (...)

Ha pasado desapercibido para la mayoría que el rostro del candidato del PP de Zarautz (Guipúzcoa) apareciera la semana pasada en el centro de una diana, la misma simbología que utilizaron los violentos en marzo pasado con el concejal popular de Portugalete (Vizcaya). (...)

La llegada de los socialistas al Gobierno vasco, con su política de "tolerancia cero" con las expresiones violentas, ha tenido un efecto determinante en la reducción de los ataques radicales y la práctica desaparición de pintadas y pancartas proetarras.

Miguel Buen, candidato del PSE en Guipúzcoa, considera que la tranquilidad con que discurre la campaña es "sospechosa". "Vivimos en el disimulo permanente", sentencia.

"La izquierda abertzale sabe que está a prueba y que cualquier movimiento en falso puede enterrar sus aspiraciones de participar en la política", asegura un dirigente socialista.

Hay quienes opinan que a los jóvenes radicales les ha llegado la consigna de que hay que acabar con la kale borroka porque "la decisión de poner fin a la locura de la violencia es irreversible".

"Yo veo caras que ahora dan lecciones de democracia y hace unos años postulaban la socialización del sufrimiento", dice Aramburu. Reconoce que la situación "es mejor" que cuando leía en el periódico uno o dos muertos por semana. Ahora bien, apostilla" (El País, 21/05/2011)

16/1/09

¿Por qué Batasuna está ilegalizada? Porque mata

"Un centenar y medio de periodistas de varios países se acreditaron para seguir el juicio de Bilbao. Las cuestiones invocadas por Ibarretxe y Otegi suelen ser las que más interesan a los reporteros extranjeros cuando hablan con sus colegas locales. Se extrañan (sobre todo si ya han hablado con Otegi o algún otro pico de oro de Batasuna) de que ese partido siga siendo ilegal, provocando situaciones tan llamativas como el procesamiento del presidente vasco y del principal líder de la oposición. También preguntan por qué hay ahora tanta resistencia de los partidos no nacionalistas a admitir la negociación con ETA.

Desde 1968 ETA ha asesinado a 839 personas, de las que 486 (el 58%) eran policías o militares y 353 (el 42%), civiles. Con una singularidad: entre el año de aprobación de la Constitución, en 1978, y 1995 sólo 10 (el 1,6%) de las 623 víctimas mortales eran políticos o cargos públicos; mientras que de las 93 asesinadas a partir de 1995, 26 (casi el 30%) han sido adversarios políticos: concejales (16), dirigentes o ex dirigentes de partidos no nacionalistas (5) o cargos institucionales (5).

En paralelo, grupos juveniles del entorno de ETA practican desde mediados de los noventa una violencia de acoso contra particulares que se signifiquen por su no adhesión a la causa abertzale. En el otoño de 2002, meses antes de las elecciones municipales de 2003, ETA declaraba "objetivos militares" a las sedes y actos políticos del PP y PSOE. Obligados a llevar protección policial, bastantes concejales de esos partidos dimitieron y otros muchos renunciaron a ser candidatos. [Datos tomados de los balances anuales sobre Violencia en Euskadi, de la agencia Vasco Press, y del libro La derrota de ETA, de J. M. Calleja e I. Sánchez Cuenca. (Adhara. Madrid, 2006)].

Era imposible seguir considerando legal, permitir la participación electoral y financiar con fondos públicos a un partido que formaba parte del entramado organizativo dirigido por una banda que se consideraba con derecho a eliminar a sus rivales políticos y electorales. Una vez establecida judicialmente la relación de dependencia de Batasuna respecto a ETA, la ilegalización de tal partido era difícilmente eludible: no puede haber un mínimo de igualdad de oportunidades en esas condiciones." (PATXO UNZUETA: Lo que preguntaban los periodistas en Bilbao. El País, ed. Galicia, Opinión, 15/01/2009, p. 25 )