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3/9/21

El barraquismo es la historia de la Barcelona franquista... Es la historia de cuando los españoles éramos perseguidos, devueltos en caliente y encerrados en CIEs… En nuestro propio país... Este es el momento en el que el catalanismo teoriza que empezó una «colonización franquista de Cataluña» (la versión catalanista de la «Conspiración Kalergi», que tanto quita el sueño a los neonazis)

Víctor Sierra @SierraMonsalvez

 El barraquismo es la historia de la Barcelona franquista que en VOX no quieren escuchar y en el catalanismo no quieren que se escuche. Es la historia de cuando los españoles éramos perseguidos, devueltos en caliente y encerrados en CIEs… En nuestro propio país.

Zonas emblemáticas y turísticas de Barcelona, como la playa del Somorrostro o la montaña de Montjuïc, fueron durante gran parte del siglo XX zonas repletas de barracas.

El barraquismo en Barcelona apareció a finales del siglo XIX con la llegada de trabajadores de toda España a la ciudad industrial. Sin embargo, este fenómeno no se consolidó hasta el éxodo rural en tiempos de la posguerra, en los años 40.

Este es el momento en el que el catalanismo teoriza que empezó una «colonización franquista de Cataluña» (la versión catalanista de la «Conspiración Kalergi», que tanto quita el sueño a los neonazis). La historia, empero, destapa la falsedad de catalanistas y franquistas.

La existencia de extensos barrios de barracas en Barcelona es una parte más o menos conocida de nuestra historia: lo que se desconoce viene a partir de 1949, cuando el franquismo, con Porcioles al frente del Ayuntamiento, creó el Servicio de Erradicación del Barraquismo.

Los españoles pobres llegados a Barcelona eran tratados por las autoridades franquistas como inmigrantes ilegales en su propia nación. La policía se ponía en la Estación de Francia y «deportaban» a quienes no llevaran papeles conforme ya iban con trabajo y vivienda.

En 1953, las autoridades franquistas fueron más allá en la represión de la «inmigración» y habilitaron un pabellón de Montjuïc, el Palacio de las Misiones, a modo de CIE de españoles, donde encerraban a los recién llegados y a los barraquistas desalojados y represaliados.

Famoso fue por su crueldad un policía al que apodaban «El Grabao» (José Antonio Rivera López. Lugo, 1903 - Barcelona, 1994), cuya función era combatir el estraperlo en la ciudad y reprimir a los habitantes de las barracas, metiendo en el Palacio de las Misiones a quien pillase.

Quienes vivieron aquella época no sabían si al «Grabao» le llamaban así por tener la cara marcada por la viruela o porque grababa a porrazos a sus víctimas. A los niños, en lugar de «¡Qué viene el Coco!» se les decía «¡Qué viene "El Grabao"!».

Volviendo al Palacio de las Misiones, se justificaba su existencia, la persecución y la «deportación» de «inmigrantes» con la Ley de Maleantes, contra quienes no tenían contrato ni vivienda legal. Fue derribado en 1967 y en su lugar está hoy la piscina olímpica de Montjuïc.

Paco Candel fue una de las personas que más escribió y estudió el barraquismo (y su Fundación tiene gran información sobre este tema), pero como era habitual en el PSUC (y sigue siéndolo en su partido sucesor), subordinó su obra al catalanismo y terminó de títere de Jordi Pujol.

Casi todas mis fuentes son directas, pues esta es historia «charnega» y reciente. Todo esto es fácilmente contrastable por Internet, pero agradecería mucho a @AventurasClio y a @Iberprolet, si pueden, algún vídeo o artículo que ahonde en esta memoria tan necesaria como olvidada. 

12:01 p. m. · 28 ago. 2021
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pilarlarraona @pilarlarraona
En respuesta a @SierraMonsalvez

 Yo puedo decir que es cierto porque lo vivieron mis suegros ( y así me lo contaron) cómo tenían que esconderse para salir de la estación de Francia y seguir camino a otras poblaciones donde tenían conocidos que les podían ayudar a conseguir trabajo.

Víctor Sierra @SierraMonsalvez

 Valientes fueron tus suegros, porque las anécdotas más comunes son evitar la Estación de Francia, bajando en paradas anteriores (que creo que estarían mucho más lejos que ahora) y entrando a Barcelona andando.

22/4/21

Emma Riverola: Cuesta creer que se trate las corrientes migratorias como partícipes de una “solución final” del catalán... resulta muy difícil no sentirse despreciado al verse reducido a “una herramienta para el genocidio lingüístico y cultural” del catalán

 "El genocidio de koiné

Cinco años después del ‘manifiesto Koiné’, el documento en el que se defendía el catalán como única lengua oficial de Catalunya, algunos de sus impulsores se han reafirmado en su tesis, también en la suposición de que la dictadura franquista quiso “utilizar y estimular las corrientes migratorias como una herramienta para el genocidio lingüístico y cultural por la vía de la ‘minorización’ demográfica de los catalanes en nuestro propio país”. 

Apela Koiné a la utilización política que otras dictaduras han hecho de las migraciones. Cierto. Otra cosa es mirar nuestro pasado y ver peones del franquismo en esas multitudes de desesperados que huían del hambre o de la persecución política del propio franquismo. Una suerte de quinta columna del régimen, un multitudinario ejército involuntario que conseguiría asfixiar y reducir la influencia de la población autóctona debilitando la lengua y la cultura propia. Si los inmigrantes venían a castellanizar Catalunya, ¿a qué iban a Madrid? 

Antes de entrar en consideraciones políticas, vale la pena repasar algunos datos de la migración interior española. ¿Fue Catalunya el punto prioritario de acogida durante el franquismo? ¿Fue la dictadura el detonante de las migraciones?

 En ‘La aportación murciana al crecimiento poblacional de Barcelona’, del catedrático de geografía Joan Vilà i Valentí, hay algunas cifras relevantes. La primera gran oleada migratoria peninsular la sitúa el autor a partir de los años 80 del siglo XIX. Cerca de unos 150.000 inmigrantes llegaron atraídos por la industria barcelonesa y por la Exposición Universal de 1888. A finales de ese siglo, Barcelona rebasó el medio millón de habitantes. 

En 1897, casi el 30% de la población de la ciudad había nacido fuera de Catalunya. La segunda oleada se inició en los años de la primera guerra mundial y culminó con otra exposición, la Internacional de 1929. Se calcula que, en 15 años, Barcelona acogió a unos 250.000 inmigrantes. Según el censo de 1930, uno de cada tres barceloneses era un inmigrante llegado de fuera de Catalunya. 

El 13,2% provenían de València y Murcia. Un 8 %, de Aragón. Hacia mediados del siglo XX llegaría la tercera ola migratoria. Entre 1947 y 1958, Barcelona recibió 243.000 inmigrantes. El 28% de ellos eran andaluces, mayoritariamente de las provincias de Granada y Almería.  

El trabajo académico de Francisco Andrés Burbano Trimiño ‘Las migraciones internas durante el franquismo y sus efectos sociales: el caso de Barcelona’ recuerda que en la década de los 60 Madrid encabezó el ránking de acogida (701.105 migrantes), seguida inmediatamente de Barcelona (660.274) y, a más distancia, Valencia (209. 467), Vizcaya (161.127) y Alicante (128.632). El crecimiento económico del desarrollismo fue clave en la gran llamada migratoria. 

Los datos son claros, ni la migración llegó con el franquismo ni Catalunya fue la principal receptora. Y, más allá de las cifras, no está de más recordar que el castellano no es una lengua ajena a Catalunya. Como bien recuerda el escritor y periodista Sergio Vila-Sanjuán en su libro ‘Otra Cataluña. Seis siglos de cultura catalana en castellano’ (Destino, 2018), la cultura catalana no puede entenderse sin su tradición en castellano. 

 Aunque en la reafirmación del ‘manifiesto Koiné' sus impulsores proclaman su intención de no criminalizar la inmigración, resulta muy difícil no sentirse despreciado al verse reducido a “una herramienta para el genocidio lingüístico y cultural” del catalán. 

En las memorias familiares de muchos catalanes, la migración forzada de sus antepasados está repleta de historias de miseria y sacrificio. Cuando no de víctimas represaliadas de la guerra civil y del franquismo. Mil y una anécdotas que, a veces, hablan de la humillación de sentirse discriminados y, otras, del orgullo de haber contribuido al desarrollo de la tierra de acogida. 

En las trincheras del 19 de julio de 1936, combatiendo contra el golpe de Estado, también se hablaba en castellano. Igual que en la lucha clandestina contra el franquismo. También en la reclamación de la inmersión lingüística. Cuesta creer que tratar las corrientes migratorias como partícipes de una “solución final” del catalán sea el mejor modo de defender la lengua. "                (Emma Rivelora, El Periódico, 09/04/21)

9/7/19

Joan Lluís Bozzo distingue entre catalanes y "españoles empadronados en Cataluña"

"El director teatral Joan Lluís Bozzo, en twitter, ha considerado que en Cataluña hay dos grupos: los catalanes y los "españoles empadronados en Cataluña", por lo que ha pedido "alerta máxima".

"Que no nos engañen. En Cataluña conviven los catalanes (que, sean de donde sean, estiman Cataluña) y los españoles empadronados en Cataluña que quieren eliminar nuestra lengua, cultura, símbolos y libertades, para entregar el país al Reino de España. Alerta máxima!", ha escrito el miembro de Dagoll Dagom.

 

Que no ens enganyin. A Catalunya hi conviuen els catalans ( que, siguin d'on siguin, estimen Catalunya) i els espanyols empadronats a Catalunya que volen eliminar la nostra llengua, cultura, símbols i llibertats, per entregar el país al Regne d'Espanya. Alerta màxima!

3.955 Retweet   8.510 Me gusta"                     (e-notícies, 08/06/19)

12/4/19

"Yo les ví llegar": el emocionante discurso de Borrell sobre los andaluces en Cataluña

"'Yo les ví llegar". Así se expresó el ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell, sobre los centenares de miles de andaluces que viven en Cataluña. En un mitin del PSOE celebrado en Sevilla ayer, el también candidato a las elecciones europeas reivindicó el mestizaje (...)

El también expresidente del Parlamento europeo cargó contra la que fuera presidenta del Parlamento catalán, Núria de Gispert, que ha protagonizado un rosario de polémicas por sus comentarios supremacistas contra la líder de la oposición en Cataluña, Inés Arrimadas. Borrell tuvo que recordar a la polémica expresidenta del hemiciclo autonómico que los andaluces "también hicieron mi país". 

Alertó el líder socialista contra la "división atroz" que promueve parte del independentismo y lanzó una salva de profundidad contra De Gispert. "Cuando veo que le espeta a una líder política nacida en Andalucía pero afincada en Cataluña Si no estás de acuerdo con la independencia, vete de aquí, veo despertar a los peores demonios de nuestra historia", lamentó.

"Nadie tiene que irse de ninguna parte"

Continuó Borrell enfatizando que "nadie tiene que irse de ninguna parte, y menos el que ha escogido libremente ir a vivir a un trozo de nuestro país", en respuesta a los tuits de de Gispert, que invitaban a Arrimadas a regresar a Cádiz si no compartía el proyecto secesionista catalán.

Según el también exdiputado en las Cortes, "todos tenemos un emigrante dentro". Se reivindicó él mismo de esta condición al explicar que su padre nació en Mendoza (Argentina). "Era hijo de un emigrante catalán que dejó el Pirineo catalán, porque allí también había hambre. 

 Y se instaló bajo unas montañas más grandes que las mías: los Andes. Encontró a otra catalana. Vivían a 50 kilómetros uno del otro y se encontraron allí. Finalmente, regresó a España para hacer la Guerra Civil. No fue una buena idea", narró Borrell.

"Quieren encerrarse en su identidad"


El exjefe de la Eurocámara se reivindicó a sí mismo como "hijo de esta movilidad humana que algunos aprovechan para darnos miedo". A colación de ello, aprovechó Josep Borrell para cargar contra el uso de la inmigración en política. "Vienen los emigrantes, una invasión que nos arrasará, dicen algunos. Quieren cerrar las puertas.

 Cerremos los puertos, Chiudami i porti, que dice Salvini en Italia, Hagamos muros, como dice Orbán en Hungría. Volvamos a encerrarnos en nuestra identidad, como dicen los holandeses. Encerrémonos en lo que fuimos, porque no tenemos el valor de hacer lo que nos toca en esta era de la globalización. Eso es un mensaje absurdo", aseveró Borrell. (...)"                 (Crónica Global, 07/04/19)

7/11/18

Se dice que con su odio a lo hispánico el separatismo desenfrenado de los últimos años ha multiplicado los gestos xenófobos. No es verdad. La xenofobia estaba ya por todas partes en 1976. «¿O sea que tú perteneces a esa otra invasión que estamos sufriendo?»; con esta frase y el tono petulante característico de la gauche divine, recibió Román Gubern a mi primera mujer hace más de 40 años...

"(...) El nacionalismo catalán es el paradigma de una frustración nacional irredimible. Se inspira en la insolidaridad característica de las regiones ricas y se alimenta de pequeñas y mezquinas afirmaciones diferencialistas, algunas de ellas folclóricas, incluso futbolísticas; y otras inventadas, como la lengua de Pompeu Fabra.  (...)

LA FRUSTRACIÓNque genera un programa nacional que nunca acaba de realizarse es inagotable y para quien llega del extranjero es un problema permanente porque no puede redimirse con integración alguna. ¿Cómo se integra uno a una comunidad imaginaria? El inmigrante está de antemano condenado a su diferencia: le es permitido estar, pero nunca le estará permitido pertenecer. 

Como alternativa puede convertirse en una especie de esbirro o de gurkha, como Pisarello. O si es algo más digno y auténtico, ponerse a chapurrear un catalán acharnegado aprendido en el barrio y confiar en que sus descendientes, ya del todo deculturados por las escuelas manipuladas por el separatismo, consigan fundirse con el paisaje. 

Pero esa es otra frustración sobrevenida, surgida del desarraigo o la miseria, que produce individuos arteros que ocultan sus apellidos españoles o los catalanizan para sentirse admitidos y sólo consigue retroalimentar la xenofobia.

Se dice que con su odio a lo hispánico el separatismo desenfrenado de los últimos años ha multiplicado los gestos xenófobos. No es verdad. La xenofobia estaba ya por todas partes en 1976. Lo primero que me llamó la atención al llegar a Barcelona fue que los catalanes de cualquier extracción social hablaran de sus connacionales españoles venidos a trabajar a la región como de «inmigrantes» y a nadie le llamara la atención.

 «¿O sea que tú perteneces a esa otra invasión que estamos sufriendo?»; con esta frase y el tono petulante característico de la gauche divine al que con el paso de los años acabé por acostumbrarme, recibió Román Gubern a mi primera mujer hace más de 40 años.

 El término sudaca, con su desprecio inherente incorporado, tan sofisticado como inapelable, lo escuché por primera vez en boca de Carlos Barral. Es falso, pues, que la izquierda catalana haya devenido nacionalista y xenófoba. Siempre lo fue.(...)"                 (Enrique Lynch, El Mundo, 26/10/18)

16/10/18

Hola Rufián, mira lo que te envía tu primo de Jaén...


 En Estados Unidos el fenómeno de integrarse olvidando la cultura de padres y abuelos está muy estudiada... le llaman 'tíos Tom'. Empezó siendo un insulto... ahora es una descripción de un comportamiento.

"Los terralliures Goñi, Castellanos, Sastre, Villaescusa y Sánchez; les tietes Sánchez y Cuixart Navarro; los catabatasunos Anna Gabriel y David Fernández; los ercos Rufián y Reyes; la abuela Ruiz Toledo de Puigdemont… seguim? Sorprende la abundancia de nacionalistas que tienen de catalán lo que de campeón de maratón un mejillón de roca. 

Més ben dit: al dr. Freud no li sorprendria gaire: es un fenómeno llamado “la fe del converso”, un tipo de reducción de la disonancia cognitiva que consiste en crearse un discurso imaginario para lograr integrarse en un entorno en el que uno se siente extraño.

El resultat és una falsa integració caracteritzada pel fanatisme, y lo explica muy bien en una viñeta el Diario de Jaén. Por cierto, tierra de los abuelitos de Rufián.
Dolça i traumatitzada Catalunya…"                     (Dolça Catalunya, 13/10/18)

2/10/18

Ya en 1933 los racistas catalanes decían que los emigrantes murcianos no se adaptaban a vivir en tierras catalanas, porque eran de baja condición social, analfabetos y no asimilables... lo mismo que dice Trump

"Un artículo de Oscar Benítez (https://www.elcatalan.es/por-que-el-separatismo-esta-obsesionado-con-murcia) sobre la obsesión del separatismo catalán con Murcia y los murcianos publicado hace unos días en este diario me ha hecho reflexionar sobre este tema que he seguido siempre con verdadero interés, porque siendo murciana lo he sufrido en propia carne. 

La respuesta puede estar en el hecho de que por razones históricas, algunos catalanes de ideología nacionalseparatista, padecen el síndrome de Murcia, que no ha sido suficientemente analizado, ni mucho menos asimilado, que se ha producido como consecuencia de las migraciones interiores llegadas a Cataluña durante décadas.

Los murcianos tienen el mérito o desmérito de haber iniciado la conquista de Cataluña en los años 20 del pasado siglo cuando llegaron en torno a 100.000 murcianos ─no hay estadísticas fiables─ para trabajar en la construcción del metro y en las obras de la exposición universal de 1929. 

La inmigración continuó posteriormente en los años 30 y en décadas posteriores a la guerra civil, pero en menor medida y amortiguada por las corrientes migratorias de otras regiones españolas, especialmente la andaluza.

Pero ¿por qué perdura en el imaginario colectivo una imagen tan negativa de los murcianos, y por ende de la región de Murcia? Seguramente por ser pioneros en la llegada masiva de mano de obra barata y deslocalizada, demandada por el desarrollo industrial catalán.

Los murcianos realizaron esa gran migración a Cataluña por razones de pura subsistencia, pero los catalanes la tuvieron que aceptar por necesidad demográfica. En el manifiesto Per la conservació de la raça catalana publicado en 1934 y firmado entre otros por Pompeu Fabra, Pi Sunyer y otros ilustres intelectuales catalanes, se afirmaba que el pueblo catalán se basaba en una población creciente, sana y homogénea en cuanto al sentimiento patriótico, pero existía una gran preocupación por el decrecimiento demográfico lo que comportaba acudir forzosamente a la inmigración. 

Esto planteaba pues graves problemas porque no se podía dirigir, ni controlar la mezcla de razas y por ello había que buscar bases científicas para crear una política de la población que permitiera defender la raza catalana. Todo un libelo racista que sólo puede explicarse ─aunque no justificarse─ por la época en la que fue escrito: el mismo momento en que otras partes de Europa se defendía la primacía de la raza aria.

Algunos periodistas y escritores de la época se encargaron de forjar una imagen despectiva de los murcianos. Así Ferran Soldevila en un artículo publicado en 1933 denunció que los emigrantes murcianos no se adaptaban a vivir en tierras catalanas, porque eran de baja condición social, analfabetos y no asimilables. 

Un joven periodista, Carles Sentís, ─posteriormente reconocido colaborador franquista─ escribió en los años 30 varios artículos en la revista Mirador sobre los murcianos que llegaban a tierras catalanas empujados por la indigencia y la falta de trabajo en su lugar de origen. Sentís tildó a los murcianos de seres primitivos, incívicos, con modales rudos, y hasta de practicar el amor libre ─muy reprobable para la época─ pero que paradójicamente en la actualidad daría un halo de progresismo y modernidad a estos pobres emigrantes. 

Recordemos que este concepto de superioridad étnica en Cataluña había tenido defensores tan conspicuos como el conocido Dr. Robert, quien a finales del s.XIX mantenía sin tapujos la existencia de una raza catalana superior al resto de pueblos de la Península Íberica, especialmente aquellos territorios de habla castellana.

Sentís apodó el Transmiseriano al viejo autobús que habitualmente utilizaban los murcianos que salían de la ciudad de Lorca para desplazarse a Cataluña en viajes interminables que duraban más de 30 horas por carreteras infernales. 

Los hombres no venían solos, se traían a sus mujeres, a los niños, junto con las maletas de madera, la comida para aguantar el largo viaje y hasta animales vivos (pollos, conejos, pavos, etc.) que corrían a veces entre las filas del autobús, lo que escandalizaba profundamente a Sentís. 

Pero a pesar de Sentís, los murcianos llegaron para quedarse y hoy sus hijos y nietos conviven con el resto de la población de origen genuinamente catalán, pero siempre ha existido una barrera invisible que les ha separado socialmente de la verdadera raza, la de los amos de la masía.

Lo cierto es que esta invasión de murcianos en los años en los que se potenciaba el mito de las razas superiores en media Europa ha perdurado en el subconsciente colectivo de una parte de los catalanes ─los nacionalistas─ que identificaban a estos rudos trabajadores del campo, charnegos o murcianos, con los muertos de hambre procedentes de ese territorio subdesarrollado que era Murcia en su xenófobo imaginario colectivo. 

Pero los tiempos cambian, el vocabulario también, así que los murcianos, los charnegos por antonomasia, pasaron a ser colonos enviados por el régimen franquista para españolizar la nación catalana.

 Pero los viejos demonios no desaparecen y en pleno siglo XXI un murciano es lo que fue: el primer emigrante que amenazó con malear la raza catalana; todavía hay ciudadanos catalanes que te hablan con desconocimiento y desprecio de aquella región ignota que está frente a las costas africanas.

Hasta el expresidente Puigdemont se revolvió en su casa de Waterloo cuando HOSTETUR, una patronal hotelera de la Región Murciana, invitó a 200 agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil que estuvieron desplazados en Cataluña en octubre de 2017, para que junto a sus familias pasaran un fin de semana en la región de Murcia. 

Ante tamaño atrevimiento, el fugado de Waterloo rápidamente cargó contra los incultos hoteleros murcianos con un tuit que decía: “Gracias a Hostetur, a la delegación del Gobierno, Ayuntamientos y Ministerio del Interior por el merecido homenaje a los policías que se dejaron la piel atemorizando, persiguiendo, insultando, amenazando y pegando a ciudadanos de Cataluña el 1 Oct. Franco estaría muy orgulloso”. 

Tildar de franquistas, charnegos, colonos, fachas o ultraderechistas a cualquier disidente del régimen nacionalista es lo habitual en Cataluña ya que el nacionalismo no es más que un odio irracional.

Hay una expresión que se ha puesto de moda en los últimos tiempos: “Cataluña no es Murcia”; la utilizan los nacionalseparatistas a fin y efecto de generar diferentes categorías entre los territorios españoles y sus gentes, para afirmar que los hay excelentes como Cataluña y empobrecidos y atrasados como Murcia. Vómito supremacista en estado puro. (...)"               (Mercedes Pérez, El Catalán.es, 21/09/18)

31/7/18

El racismo de Torra viene de lejos... de aquellos polvos... sus lodos, los de 'los españoles son bestias con forma humana que destilan odio'

Viñeta publicada en el Be Negre, 1934

"El comentario del profesor Miguel Candel:

Está más claro que el agua: el dibujante, Castany (muy conocido en su época), se hace eco de la actitud xenófoba imperante en amplios sectores populares de Cataluña (no exclusivamente burgueses, ni mucho menos). 

Todavía en mi infancia, el (des)calificativo estándar hacia los oriundos de fuera de Cataluña era ése: "murciano", en reñida competencia con "charnego". En más de una ocasión me llamaron así en el colegio, sin que yo entendiera cómo podía ser murciano habiendo nacido en Barcelona... Hay querecordar que en las obras de Montjuïc para la Expo del 29 [1929] se contrató a muchos trabajadores procedentes del campo murciano (que no todo es huerta, precisamente). 

Pero esto del rechazo al "forastero" (expresión en sí misma bastante neutra: el que viene "de fuera"; muy usual, por cierto, en Mallorca) es el pan nuestro de cada día: en Nueva York, por ejemplo, existe ese sentimiento "popular" hacia los funcionarios de las Naciones Unidas (institución a la que un alcalde neoyorkino de triste recordación, un tal Koch, calificó allá por 1982, de "sexpool", que viene a significar algo así como "prostíbulo"). 

En el caso de la viñeta de Castany, la xenofobia alcanza cotas indecentes de clasismo (los murcianos llegan en autobuses de la compañía "Transmiseria") y de racismo: no hay más que ver la fealdad y deformidad de la mayoría de los rostros "murcianos", que nada tienen que envidiar a las caricaturas de judíos que se publicaban en la Alemania nazi. 

De aquellos polvos... No sé si todo esto pasa porque tiene razón Rousseau (el buen salvaje es maleado por la sociedad) o porque no la tiene en absoluto y el salvaje es simplemente salvaje. Me inclino por lo segundo con gotitas de lo primero: somos salvajes con una mezcla variable de buenos y malos sentimientos que la sociedad puede reforzar en un sentido o en el otro]. (...)"     (Salvador López Arnal, Rebelión, 21/07/18)    

11/4/18

¿Alguien ha calculado el porcentaje del PIB catalán debido a la población migrante extremeña? De esto no conviene hablar, porque el mantra del expolio a los catalanes desaparecería como la espuma...

"(...) Emigración extremeña y expolio social 

Otro tema vital de discusión que jamás he oído con un mínimo de seriedad al otro lado del Ebro es el de la emigración, la que han vivido los que han nacido desafortunadamente a este lado del Guadiana.

¿Alguien ha calculado el porcentaje del PIB catalán debido a la población migrante extremeña? De esto no conviene hablar, porque el mantra del expolio a los catalanes desaparecería como la espuma o se disolvería como el azucarillo.

Los estudios y la evidencia científica es abrumadora para quien quiera verla. La emigración extremeña supuso una pérdida de la mitad del capital humano durante todo el siglo XX, configurando y consolidando el poder de los caciques hasta nuestros días, dejando la tierra extremeña y sus instituciones en manos del nepotismo y el clientelismo.

Por no hablar de las cifras actuales de jóvenes extremeños que siguen emigrando, con la crisis y sin la crisis. Quien esta carta suscribe ha seguido la ruta migratoria de tantos extremeños, que parece haberse ya impreso en nuestros genes y en nuestro instinto como una mutación incurable, como el instinto viajero de las aves migratorias o los cetáceos marinos. Pero, bueno, como dijo la Ministra Báñez, eso es movilidad exterior.  (...)"                 

(Juan Agustín Franco Martínez, Profesor de la Universidad de Extremadura,   ,

6/4/18

La próxima etapa para los charnegos ya será la de las minorías rusas en algunos países bálticos, y que a pesar de estar en Europa no tienen derechos políticos: se les denomina los 'no-ciudadanos'

"Ha bajado definitivamente el telón de la unidad del pueblo catalán, se ha acabado la representación teatral de aquella Cataluña hecha por y para Pujol, con comunistas, sindicatos, y socialistas en los papeles de reparto. 

Ha muerto encima del escenario la memoria de Paco Candel, y la cursilería esa de 'los otros catalanes'. Se han quitado --¡por fin!-- las caretas y termina la comedia esa de la normalización lingüística.

La próxima pantalla ya será la de las minorías rusas en algunos países bálticos, y que a pesar de estar en Europa no tienen derechos políticos: se les denomina los 'no-ciudadanos'. Así que, cuando quieran, ya pueden volver a tomar la Meridiana en procesión. Lo único que ruego modestamente es que nadie se lleve, Dios mediante, a engaño. Se acabó lo que se daba. Adiós al consenso sobre la lengua catalana, adiós, adiós con la manita.

Los sesudos firmantes del manifiesto han colocado en la diana a quienes llegaron a Cataluña con una mano delante y otra detrás. Ni una palabra de aquella burguesía que se avergonzaba de hablar catalán, que renunció a él, y que siguió hablando en cristiano, algunos hasta el presente, sin decir ni una sola palabra.

No es ninguna novedad. Aquí "hay una distribución genética en la población catalana que estadísticamente es diferente a la de la población subsahariana, por ejemplo", o "el cociente intelectual de los negros de Estados Unidos es inferior al de los blancos", porque "quien quiere españolizar Cataluña" tiene interés "en que la inmigración venga hacia aquí, es una fórmula muy eficaz". Palabra de Herribert Barrera, presidente del Parlamento de Cataluña y de ERC. Medalla de Oro de la Generalitat y de la ciudad de Barcelona. Que en paz descanse.

Jordi Pujol tenía perfectamente identificado al enemigo: "En España hay quien se frota las manos, 'dentro de dos generaciones todo eso de la lengua y la autonomía se habrá acabado' porque, y lo dicen muy claramente, 'la inmigración se os va a comer'".

 Los colonos invadieron Cataluña, como ya denunció el liberal Trias Fargas, por orden de Franco, o para trabajar al servicio de Hitler, como explicó el presidente Irla en un memorándum a Naciones Unidas. 

Debían ser expulsados si no llevaban el correspondiente contrato de trabajo, como reclamaba el no menos liberal Néstor Luján, desde las páginas del aliadófilo 'Destino' y que Franco les echaba tras recluirlos como ha caído en la cuenta algún gacetillero resabiado. 

No explica, sin embargo, que el dictador hacía lo mismo que la Generalitat gobernada por Esquerra. Primero empezó con el retorno voluntario y después con la deportación forzosa, aunque claro, en la primera estación española iniciaban el camino de vuelta.

La Unión Europea no se ha inventado nada nuevo con los refugiados sirios. Los firmantes del manifiesto tampoco."                (Manuel Trallero, 17/04/16)



" Mein Katalampf llama Juan Soto Ivars al manifiesto Per un veritable procés de normalització lingüística presentado por 170 personalidades catalanas -escritores, traductores, articulistas, catedráticos, políticos y ex terroristas- en la Universidad de Barcelona. 

En él se llama al castellano "lengua de dominación", se denuncia la "bilingüización forzosa de la población" como parte de los "procesos de dominación política lingüística" y se dictamina que la actual democracia es "continuidad" del franquismo". 

Pero la cumbre -ecos de paso de la oca en las Ramblas como si fueran los Campos Elíseos en 1940, cuando los alemanes iban vestidos de gris e Ingrid Bergman de azul- se alcanza cuando se denuncia la emigración -¡tantos andaluces!- como una operación franquista: 

"El régimen dictatorial del general Franco va a completar en dos generaciones el proceso de bilingüización mediante la represión político jurídica del uso del catalán, la enseñanza (…) y la utilización de una inmigración llegada de los territorios castellanoparlantes como un instrumento involuntario de colonización lingüística… La lengua de la inmigración (...) toma el rol de lengua del país, de lengua nacional". 

 Si ya lo decía Valderrama: "Yo soy un pobre emigrante y traigo a esta tierra extraña en mi pecho un estandarte con la alegría de España". ¡Intolerable colonización!  (...)

El manifiesto ha tenido por lo menos el buen resultado de dividir y obligar a pronunciarse a los independentistas que simulaban tolerar el bilingüismo para ganarse el voto de los charnegos asimilados. Para Rabell (Cataluña Sí que es Pot) es un manifiesto "racista y fundamentalista", pero para Puigdemont (Convergencia/Junts pel Si) se trata de "un debate sociolingüístico y académico en el que el Parlamento no debe entrar". 

Para La Vanguardia es "políticamente delirante, éticamente inquietante y un ataque al corazón de la tradición catalanista", pero para El Periódico "alienta el debate". Que se aclaren ellos."                (Carlos Colón, Diario de Sevilla, 09/04/16)

15/3/18

Un concejal del PDcat de Alcarràs sale en apoyo explícito del comentario profundamente supremacista (estoy cansado de los colonos castellanos) del líder de las juventudes de Lleida del mismo partido.




"La sectorial de enseñanza de Societat Civil Catalana ha denunciado en su cuenta de la red social twitter como un concejal del PDeCAT de la localidad ilerdense de Alcarràs ha apoyado unas declaraciones de Marc Solanes, responsable de las juventudes de este partido en la provincia de Lleida, a las que define así: un “comentario profundamente supremacista”.

Dicho líder juvenil aseguró en su cuenta de twitter que “y yo estoy cansado de los colonos castellanos” como comentario a una información del diario El Mundo sobre Ana Moreno, “la madre de Balaguer que pidió más castellano en el colegio de sus hijos y sufrió por ello el aislamiento social” en las que recogía unas declaraciones suyas: “Estoy cansada”.

 Gerard Companys, que tiene veinticinco años de edad y forma parte del grupo municipal del PDeCAt, en la oposición, en Alcarràs, ofreció “todo” su “apoyo” a Marc Solanes y remató asï: “Por desgracia ahora esta gente no nos dejan expresar libremente. Pues denunciadme a mi también, ya que comparto las palabras de mi compañero”.  (...)"             (El Catalán, 13/03/18)

14/12/17

En Galicia, los niños de ciudad también se reían de los niños de 'la aldea' que hablaban gallego. Me parece perfectamente normal la suposición de Reverte. En Estados Unidos el caso también es muy conocido, a los niños negros que se ablandan ante el acoso de los blancos les llaman 'tios tom'... sería el término sociológico para definir la postura de Rufían... y no es un insulto, es la exacta descripción (norteamericana)


Arturo Pérez Reverte

"La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha echado más leña al fuego en la polémica entre Arturo Pérez-Reverte y el diputado de ERC Gabriel Rufián, después de que el escritor declarara —en una entrevista en laSexta Noche— que "a Rufián le pegaban en el colegio".

Dos días después, Colau ha aprovechado su cuenta oficial de Twitter para afear a Pérez-Reverte sus palabras y para mostrar "todo" su apoyo a Rufián:


Ada Colau ✔ @AdaColau
 
Discrepo en muchas cosas con @gabrielrufian pero en esto tiene todo mi apoyo: Pérez-Reverte debería pedir disculpas a víctimas de bullying https://twitter.com/gabrielrufian/status/939761994290417664 …


El mensaje de la alcaldesa de Barcelona no ha caído en saco, y se ha topado con la respuesta de Pérez-Reverte, quien le ha adjuntado un artículo sobre el bullying que escribió en enero de 2015 y le ha invitado a leer más y a ser menos simple:

 @perezreverte
 
Ahí van mis disculpas previas, del año 2015. Lea más y sea menos simple. http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/971/esas-jovenes-hijas-de-puta/ …


Arturo Pérez-Reverte ✔ @perezreverte
 
Váyase a hacer demagogia barata a otra parte, señora. A usted nadie le ha dado pandereta en esta fiesta. A mí no me utilice para sus basuritas político-folklóricas.


Ada Colau ✔ @AdaColau
 
No entiendo su agresividad. Un hombre culto como usted debería sentirse interpelado por reflexiones como esta:https://twitter.com/dbravo/status/939628516391473152 …


Arturo Pérez-Reverte ✔ @perezreverte
 
Una mujer inculta como usted (y además con escasa comprensión audiovisual, si es que vio la entrevista, que lo dudo), debería reservar sus demagogias cutres para "Sálvame" y para su turbio negocio político. Ahí le rentan más.


Tras el intercambio dialéctico, Rufián también ha querido sumarse a la fiesta:

  Gabriel Rufián ✔ @gabrielrufian
 
Arturo, se trata de acabar con el bullying, no de ir buscando nuevas víctimas. Cálmate un poco, machote.


Tras lo que Reverte ha concluido:

  Arturo Pérez-Reverte ✔ @perezreverte
 
Cagaditas de rata en el arroz del acoso escolar. Para @AdaColau @gabrielrufian y sus portadores de botijo.

5/10/16

Artur Mas se cree un jefe sioux en una reserva india, llamada Cataluña, asediada por la caballería española procedente de Hospitalet de Llobregat

"No era la primera vez en los últimos tiempos que Artur Mas se desmadraba, pero cuando el otro día leí sus palabras hablando como si fuera un jefe indio y comparando Cataluña con una reserva sioux, sentí una mezcla entre vergüenza ajena e indignación. Hace tiempo que Mas no está a la altura de su posición institucional, pero esto ya pasa de castaño oscuro.(...)

Por supuesto, tampoco es la primera vez que un nacionalista compara impunemente la situación de Cataluña con la de una colonia o con la de una reserva india. De hecho, se trata de un lugar común en nuestro debate público. 

Yo aguanto a diario esa clase de comparaciones ulcerantes en tertulias de radio y televisión, proferidas con toda naturalidad por mis contertulios, algunos de ellos indígenas, otros criollos y otros directamente colonos arrepentidos, por utilizar su repugnante lenguaje. Pero una cosa es que lo hagan tertulianos y políticos de medio pelo, y otra muy distinta es que lo haga todo un presidente de la Generalitat.

Cuando Mas llama “grandes jefes” a Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que vienen aquí, a la “reserva catalana” (sic) “a decirnos lo que nos conviene”, no solo les está llamando a ellos colonizadores sino que nos está llamando colonos, y por tanto habitantes ilegítimos de Cataluña, a los potenciales votantes de esos partidos. 

Sus palabras denotan hasta qué punto se ha echado al monte y lo poco que le importa ya la convivencia entre los catalanes, y entre estos y el resto de los españoles. 

Rajoy, Sánchez e Iglesias tienen el mismo derecho que Mas a dirigirse a la sociedad catalana. Pero Mas solo quiere precipitar la ruptura, y qué mejor manera de hacerlo que dividiendo a los catalanes entre colonos, que apoyan a los “grandes jefes” de la metrópoli, y aborígenes, que lógicamente apoyan al libertador del siglo XXI, Artur Mas i Gavarró. 

Ese es el primer paso para que una vez proclamada la independencia se inicie el correspondiente proceso de descolonización. Quiero pensar que Mas no es consciente de hasta qué punto pueden llegar a resultar ofensivas sus palabras para cientos de miles de catalanes que ni se consideran colonos ni tienen la sensación de vivir en una reserva india, salvo cuando ven a alguno de sus gobernantes hacer el indio como lo ha hecho Mas.

El proceso de descolonización asoma cuando los líderes independentistas invitan a los bancos catalanes a marcharse de Cataluña en caso de independencia; cuando la CUP propone “replantear” la continuidad de funcionarios del Estado español en Barcelona; o cuando el Gobierno presidido por Mas pone en marcha a través del juez Santiago Vidal un proceso de reclutamiento de jueces para cubrir las plazas que queden vacantes en una hipotética Cataluña independiente. 

Al parecer, la Generalitat estima que unos 250 jueces de los 800 con destino actualmente en Cataluña se irían de aquí en caso de secesión. Déu n’hi do! En este irregular proceso para acceder a la judicatura del Estado catalán los candidatos no tendrían por qué ser jueces de carrera, ni siquiera por el tercer turno como el propio Vidal: basta con ser abogado. Entre esto y la diplomacia en manos de Albinyana… ¡Dios salve a Cataluña!

¡Que se vayan los bancos! ¡Que se vayan los jueces! ¡Que se vayan los empresarios desafectos!, claman Mas, Junqueras, Romeva, Forcadell, Fernández el de la chancla y compañía, autoerigidos en propietarios de Cataluña. Ellos determinan quiénes son los adversarios del pueblo de Cataluña; quiénes forman parte del pueblo catalán y quiénes no; replantean a su sabor la continuidad de funcionarios en Barcelona y proponen cortes de mangas colectivos a los “grandes jefes de Madrid”. Todo con una sonrisa democrática.

Poco les interesa a los nacionalistas la importancia de esas entidades bancarias para la economía catalana. Tanto les da que esos funcionarios del Estado español cuya presencia pretenden “replantear” tengan aquí su familia, sus amigos, su vida. Sé de alguno que, aun siendo madrileño, en cuanto pudo elegir destino no dudó en pedir Barcelona porque siempre fue un enamorado de Cataluña. 

De eso hace ya 35 años. Su tercer hijo nació aquí, también sus nietos. Son catalanes y no quieren dejar de ser españoles. Pero no por el abyecto interés de mantener la nacionalidad española para preservar la ciudadanía europea, sino porque se sienten parte de esa realidad humana, política y social y no quieren dejar en la estacada al resto de los españoles en la prosecución de ese proyecto sugestivo de vida en común llamado España. 

Nadie tiene derecho a dejarlos fuera. Conviene tenerlo muy presente mañana. Nos jugamos mucho. La convivencia entre catalanes y la concordia con el resto de los españoles, ni más ni menos."              (Nacho Martín, 26/09/15)

28/4/16

Ni mis padres, ni mi hermana colonizaron nada ni a nadie, hasta el final de sus días. Que se coman su identidad excluyente los firmantes del manifiesto

"(...) He entrecomillado “inmigrantes” porque no estoy seguro que debamos hablar siempre de inmigración (o emigración) cuando hablamos de ella. Si un ciudadano de Roses se traslada a vivir al sur de Tarragona no solemos usar estos términos. Si una ciudadana de Fraga se traslada a Sabadell a buscar trabajo (recorriendo menos distancia que en caso anterior), los utilizamos en cambio. 

No entro en este nudo que no debería pasar desapercibido. Se han construido falsarias y exageradas historias respecto a “la generosidad de Cataluña con la inmigración” sin tener en cuenta los sufrimientos de miles y miles de personas. También en otros casos por supuesto, no digo ni pienso que sea aquí únicamente. No me ha dado ningún ataque repentino de catalanofobia.

Pero tampoco era eso lo que quería contar. Es esto: 

No es un grito (que sería por o demás algo tardío) de indignación y protesta (aunque, por supuesto, debería serlo: las razones se agolpan). Es una descripción parcial que podía ser firmada por centenares de miles de hijos y nietos (incluso biznietos) de trabajadoras y trabajadores que se vieron obligados (no lo hicieron “voluntariamente” en la mayoría de los casos) a dejar sus tierras de origen. Emigraron… 

Como todos por otra parte, como venimos haciendo desde hace miles y miles de años, desde que nuestros remotos antepasados vivían en otras tierras. Todos somos descendientes de migrantes. Como emigran actualmente, tampoco lo hacen por gusto, en absoluto, muchísimos jóvenes catalanes –y no catalanes- para intentar organizar mejor su vida. El país los condena al paro, a la inseguridad y a la precariedad, a un futuro sin futuro. El capitalismo salvaje y maltratador es el único horizonte esgrimido.

Sin duda, en su caso, en el caso de mis padres, como en tantos otros, no les sería fácil tomar una decisión dura, siempre difícil. El desarraigo pudo ser, fue, desolador. El hermano de mi padre, muy joven, con apenas 20 años, había muerto en 1938 en la batalla del Ebro defendiendo la II República de todos los pueblos de España (de la que suele hablar con tanto conocimiento de causa el gran científico franco-barcelonés, Eduard Rodríguez Farré). 

El abuelo cenetista de la que sería su esposa-compañera, mi madre, había sido asesinado en mayo de 1939, acusado de “rebelión militar”. La familia restante quedó a la intemperie, abrazada a una miseria y a una persecución casi indescriptibles. Mi hermana y yo, y mis tres primos hermanos, seguimos siendo nietos de un “delincuente”. Nos sentimos muy honrados por supuesto.

Pero no quedaba otra. Hambre (no es una metáfora ni tampoco una exageración), prolongada sequía en aquellos años cuarenta, ausencia de trabajo, conflictos familiares, desesperación, señalados perversamente por dedos de vencedores, todo se juntaba (sin olvidar, a pesar de ello, la solidaridad y ayuda de familiares y amigos). 

Un campesino con alma de campesino hasta su último segundo de vida, hablo de mi padre, tuvo que emigrar para trabajar en una gran ciudad industrial, tan lejana de sus costumbres, gustos, deseos y finalidades, y sin apenas conocer a nadie. A la intemperie, a “ganarse el pan” con el sudor de su frente y sin formación cualificada alguna. Pero no sin cultura de vida y de prácticas. 

Mis padres se conocieron en su pueblo, Peralta de Alcofea, una pequeña localidad cercana a los Monegros, en Huesca. No intimaron. Mi madre, que había enviudado muy joven, con apenas 22 años, había “servido” ya en casas del pueblo y más tarde en Zaragoza. “Sirvió” también en casas burguesas barcelonesas de más allá de la Diagonal, la zona franquista se solía decir.

 Mi padre, un proletario agrícola, como dije, que había trabajado en varias fincas de grandes propietarios, vino directamente a Barcelona. Trabajó inicialmente en la construcción. Fue uno de los obreros que construyeron estaciones de metro en la Barcelona de los años cuarenta y cincuenta. Más tarde, trabajó en la RENFE, arreglando vagones, en contacto con el amianto en muchas ocasiones sin que él mismo lo supiera, sin tener conciencia del peligro.

Se levantó a las 5 de la mañana durante más de 30 años, hasta que se jubiló a los 63 años tras un accidente laboral. Mi madre se levantaba antes, a las 4 de la mañana. A las 4:30 empezaba su doble-triple jornada en una empresa muy cercana a casa que creo que ahora ya no existe, la IGNIS. Limpiaba despachos, naves y lavabos hasta las 8 de mañana (yo mismo le acompañé en alguna ocasión). Luego continuaba en la cadena de montaje, gasta las 2 del mediodía.

 Ella y una compañera, la señora Adoración, colocaban las puertas de las lavadoras. A pesar de la dureza del trabajo, a pesar de las muchas horas de curro, fuera de casa y en casa (nos cuidaba a todos con la ayuda de mi hermana), era feliz por el ambiente de trabajo. Se lo pasaba pipa con sus amigas, con la señora Esperaza y la señora Pilar. Miquel A., el hijo de Esperanza, y yo fuimos muy amigos durante muchos años.

Mi padre, Francisco (como Paco Báez, Paco Puche, Paco Fernández Buey o Francisco Iglesias) llegaba a las tres a casa. Durante algunos años hizo doble jornada. No quedaba otra. Los ingresos apenas daban para lo más imprescindible. Durante años cenamos sopas de pan y bacalao (entonces comida de pobres), noche tras noche. 

No lo recuerdo con desagrado, en absoluto. Tuvimos ducha en casa, un piso de apenas 40 metros cuadrados en un barrio cercano al Besós que fue deshaciéndose poco a poco, a finales de los sesenta. Hasta entonces un lavadero hacía sus funciones; nos ayudábamos con cubos de agua calentada en la cocina.

Mi hermana empezó a trabajar muy joven, era una niña entonces, a los 12 años. En una empresa de cafeteras, FAEMA era su nombre. Estuvo allí cinco o seis años. No sufrió ningún accidente porque, en esta ocasión, la diosa Fortuna le fue favorable. Pero transitó en ocasiones al borde del desastre… y subida a una silla. No llegaba a manejar bien las piezas que tenía que manipular.

Yo empecé a trabajar más tarde, antes de cumplir los 14 años. A los 15 pude entrar en un banco, en Banca Catalana, SA. Trabajaba de 8 a 15 horas, de lunes a sábado. Por las tarde estudiaba. Fue entonces cuando aprendí a hablar catalán. Durante algunos años fue casi el único idioma que hablé. Incluso en casa. Quería enseñar a mis padres y de paso hacía prácticas.

Como a tantos otros jóvenes, Burgos, el consejo de Burgos, me politizó. Milité (esta vez bastante en serio) en partidos de izquierda comunista. Mis padres, que no estaban del todo informados de lo que hacía y de los riesgos anexos, sufrían con todo ello. Pero me ayudaban escondiendo papeles y “vietnamitas” cuando la ocasión lo exigía. Cuando iba a reuniones “importantes” o a manifestaciones por ejemplo. 

Participé, como otros jóvenes, en algunos onces de septiembre. Se trataba de luchar contra la dictadura fascista y contra la opresión cultural y lingüística a la que se veían sometidos los pueblos españoles; el catalán, entre ellos, por supuesto. 

Ver, oír a Raimon, cambió mi vida. Aun recuerdo la emoción que sentí cuando escuché por primera vez en el Romea su “Com un puny” (años antes me había metido en el alma “Al vent” y el “Diguem no”). Como cuando oí, adolesdente, a Paco Ibáñez y sus poemas de Miguel Hernández, José Agustín Goytisolo, Celaya y Alberti.

Con mi primera compañera hablábamos siempre en catalán. También en casa de mis padres. Nunca comentaron nada, desde luego que no, no eran colonos de nada. No querían colonizar nada. Ella tenía la delicadeza de hablarles en castellano, sin ningún problema. ¿Por qué iba a tenerlo? Nunca los vivió como seres invasores sino como trabajadores esforzados y explotados, muy explotados.

 También ella militaba en la izquierda comunista que, por supuesto, no era nacionalista-secesionista. Nunca lo fuimos, nada de eso, años-luz de ese sendero. Era un orgullo admirar y leer al mismo, y sin contradicción, a Antonio Machado, a Blas de Otero, a Miquel Martí i Pol y a Joan Salvat-Papasseit. Mis tíos seguían siendo anarquistas. Federica Montseny estuvo muy presente en algunas conversaciones familiares.

Alguna vez les comenté a mis padres aquella afirmación tan extendida y difundida entre sectores inmigrantes en los años setenta y ochenta. Es catalán, se decía, todo aquel que vive y trabaja en Cataluña. No se hablaba de ningún idioma. Les señalé críticamente que, leído adecuadamente, el lema hacía que el que entonces era mi jefe máximo, el banquero Jordi Pujol, no fuera catalán.

 Vivía en Cataluña pero trabajar, lo que se dice trabajar, no trabajaba. No hacía nada que se pareciese a los que ellos llevaban años haciendo. Mandaba, ordenaba, se reunía, hacía negocios, planificaba asuntos crematísticas, estaba en “su hacer país”, pero trabajar, lo que se dice trabajar, no trabajaba. Era otra cosa lo suyo. 

Mis padres y mi hermana no me hacían ni caso. No nos líes solían decirme. ¿Cómo non va a ser catalán alguien como don Jordi? Eran buenas personas que no podían imaginarse el latrocinio sistemático del que luego sería el más que intocable, y el más que molt honorable. Por no hablar del clan familiar. Cosas sabidas y sufridas desde hace años. No son los únicos entre las 400 familias con mando en plaza catalana.

Con nuestros vecinos, algunos de ellos catalanes, muchos otros no de origen (era un barrio de pobres-muy pobres y de trabajadores), nos llevábamos bien, muy bien con algunos de ellos. No recuerdo ninguna discusión que tuviera que ver con el uso del castellano o del catalán, que, por supuesto, mucho de ellos usaban.

Ni que decir tiene que a mis padres, a mi hermana, lo de la España una, grande y libre, lo del “habla español para que se te entienda”, les producía vómitos y arcadas. Era fascismo y ellos no tenían nada que ver con esa España de opresión y crímenes. Los habían sufrido directamente. 

Siguieron así, sin colonizar nada ni a nadie, hasta el final de sus días. Se alegraban mucho cuando iba a visitarles con amigos y amigas con los que, por supuesto, hablaba catalán en la mayoría de los casos. Era nuestra lengua de comunicación y encuentro (la misma que usa con mi hijo Daniel). Por supuesto, nunca dijeron ni una sola palabra en contra. 

Tampoco lo hacían cuando hablaba en catalán con mis tíos, con la hermana de mi madre y su compañero cenetista-faísta. Las lenguas están para acercarnos, para aproximarnos, no para establecer líneas de separación y demarcación. Nosotros y los otros, ésta y no la otra, dentro y fuera.

Lo dejo aquí. Por si fuera necesario indicarlo, mi hermana vive ahora en Mallorca, habla catalán, la variantes de la isla,, y su hijo, profesor, habla un mallorquín que a mis oídos suena muy, muy hermoso. Como el que usaba en ocasiones un profesor y maestro, Antoni Beltrán, el autor del imprescindible Talento y poder.

Son dos ejemplos, los de mis padres, tres si añadimos el de mi hermana, entre miles y miles, entre millones incluso, de esos “colonizadores lingüísticos involuntarios” de los que habla un manifiesto que ha sido firmado hasta el momento por unos trescientos intelectuales catalanes (molt catalans, ellos sí, no los otros, tienen la exclusiva, la etiqueta, en plaza y en propiedad). 

Pues bien y sin ningún ánimo de ser descortés: que se coman su identidad excluyente y exquisita, que se lo coman todo con patatas hervidas, con sal y un poco de aceite. De la terra, por supuesto. (...)"            (Salvador López Arnal, Rebelión, 23/04/16)