"El racismo
es un sentimiento muy feo que debe combatirse con energía y decisión.
Hasta ahí, (casi) todos coincidimos. Por eso, en principio, el acuerdo
alcanzado por ERC, PSC, Junts x Cat, la CUP y los comunes (con el respaldo del Colegio de Periodistas, el Sindicato de Periodistas de Cataluña y el Grup Ramon Barnils, vaya tres patas pa un banco, por cierto) para desterrar el racismo de la campaña electoral
de las inminentes elecciones municipales sería razonable, justo y
necesario. El problema es que las preocupaciones antirracistas de los
conjurados se limitan a los ciudadanos venidos de allende nuestras
fronteras; a los que no son exactamente de aquí, pero llevan tanto
tiempo que es como si lo fueran, se les puede seguir haciendo la vida
imposible y someterlos a todo tipo de burlas, desprecios y humillaciones
(véase el caso de la señora gallega que lleva toda la vida vendiendo chuches y a la que ahora insultan los indepes porque
aún no ha aprendido catalán; o el de los descendientes de emigrantes
andaluces o murcianos, carne de chiste malo para los siniestros
humoristas de TV3, como pudo comprobarse con el gag de la Virgen del Rocío a cargo de Toni Soler y Jair Domínguez,
que no era una broma sobre la religión católica, sino una muestra de
odio a los andaluces en particular y a los españoles en general).
El racismo
es un sentimiento muy feo que debe combatirse con energía y decisión.
Hasta ahí, (casi) todos coincidimos. Por eso, en principio, el acuerdo
alcanzado por ERC, PSC, Junts x Cat, la CUP y los comunes (con el respaldo del Colegio de Periodistas, el Sindicato de Periodistas de Cataluña y el Grup Ramon Barnils, vaya tres patas pa un banco, por cierto) para desterrar el racismo de la campaña electoral
de las inminentes elecciones municipales sería razonable, justo y
necesario. El problema es que las preocupaciones antirracistas de los
conjurados se limitan a los ciudadanos venidos de allende nuestras
fronteras; a los que no son exactamente de aquí, pero llevan tanto
tiempo que es como si lo fueran, se les puede seguir haciendo la vida
imposible y someterlos a todo tipo de burlas, desprecios y humillaciones
(véase el caso de la señora gallega que lleva toda la vida vendiendo chuches y a la que ahora insultan los indepes porque
aún no ha aprendido catalán; o el de los descendientes de emigrantes
andaluces o murcianos, carne de chiste malo para los siniestros
humoristas de TV3, como pudo comprobarse con el gag de la Virgen del Rocío a cargo de Toni Soler y Jair Domínguez,
que no era una broma sobre la religión católica, sino una muestra de
odio a los andaluces en particular y a los españoles en general).
Hacer comentarios despectivos sobre los magrebíes es, para nuestros
políticos (y para cualquier persona decente), algo intolerable, pero chotearse de los castellanoparlantes es un ejemplo admirable de la libertad de expresión y del legendario sentido del humor
que nos distingue a los catalanes desde la prehistoria (por no hablar
de nuestra encomiable simpatía). Para nuestros políticos biempensantes
hay, pues, dos varas de medir a la hora de abordar el racismo: los menas son sagrados, pero a los devotos de la Virgen del Rocío o a las yayas gallegas que venden caramelos en castellano se les puede hacer la vida imposible sin sentirse en absoluto culpable ni darse cuenta de que es una muestra de racismo local deplorable (intuyo que los de la Plataforma per la Llengua
que espían a los niños en el patio del colegio para ver en qué idioma
se comunican no tienen ningún problema al escuchar palabras en árabe,
pero se les ponen los pelos como escarpias si oyen demasiadas en
castellano).
El pacto de nuestros políticos antirracistas, pues, es pura hipocresía y simple gesticulación de cara a la galería. Y es, también, una muestra de cinismo tirando a repugnante. (...)
Aparentar que combates el racismo mientras no haces nada para evitar que sigan vigentes términos tan despectivos como charnegoso panchitoses hipocresía pura, sobre todo en el caso de los partidos independentistas, firmes partidarios del racismo interior y del desprecio hacia los catalanes impuros (aunque sean la mayoría de la población). Es triste ver que el PSC ha vuelto a meter la pata
en este asunto, pero tampoco constituye ninguna sorpresa, dada su
tendencia gallega a no dejar nunca claro si suben la escalera o la
bajan. Ya sé que es difícil resistirse a la tentación de sentirse mejor
persona de lo que se es a costa de la extrema derecha, pero el acuerdo
habría tenido mucha más lógica sin el PSC y los comunes: yo creo que con los fachas catalanes de ERC, Junts y la CUP la cosa iba que chutaba." (Ramón de España, Crónica Global, 18/04/23)
"Esto lo dice... ¡Un
profesor de derecho constitucional! :
“Es necesario asumir que si se
hace efectiva la República habrá gente que no querrá asumir la
nacionalidad catalana. No entiendo por qué es necesario tener en
consideración el parecer de este grupo"... pues vaya con el respeto a
las supuestas minorias... puro fascismo" (Nacionalismodeandarporcasa, 08/02/22)
"Los andaluces que viven en Cataluña son inmigrantes.
Una idea, la del andaluz como “colono”, que ha cuajado tras cuatro décadas de nacionalismo y que incluso ha dado lugar a espacios de humor ofensivo y escritos supremacistas de dirigentes políticos. Una encuesta a la que ha tenido acceso Crónica Global
indaga en una cuestión que nunca han abordado ni el CIS ni el Centro de
Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat. Por el contrario, los andaluces no tienen tan acusada esa percepción del catalán como inmigrante en su tierra.
“El andaluz es un hombre poco hecho” que “vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural”, escribía el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol.
“Los payeses catalanes no pueden recoger la fruta por los bajos
precios, pero en otros sitios de España, con lo que damos nosotros de
aportación conjunta al Estado, reciben un PER para pasar una mañana o
toda la jornada en el bar del pueblo", aseguraba el exlíder de UDC Josep Duran Lleida. El
28 de febrero de 2018, Día de Andalucía, un concejal dirigía unas
palabras de felicitación en castellano a la comunidad andaluza de este
municipio, lo que suscitó la ira de la entonces alcaldesa de La Garriga, Meritxell Budó (PDECat), quien posteriormente fue consejera de Presidencia.
La percepción que tienen entre sí andaluces y catalanes está incluida en una encuesta que forma parte del proyecto Democracia y actitudes populistas en Andalucía: un análisis comparado multidisciplinar, coordinado por el catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Málaga Manuel Arias Maldonado y el investigador de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y la London School of Economics and Political Science (LSE) José Javier Olivas Osuna.
En ella no se utiliza la expresión 'colono' que ha hecho fortuna entre
el independentismo radical, pero si esa imagen del andaluz como foráneo.
Con una muestra de 1.500 personas en Andalucía y 1.500 en Cataluña,
las encuestas fueron realizadas de manera telefónica entre el 5 y el 25
de octubre de 2021 por el Área de Estudios Estadísticos de COTESA en
catalán y español, dependiendo de la preferencia del encuestado.
Identidad, lengua e inmigración son algunos de los temas incluidos en
las preguntas. Así, en una escala del 1 al 5, donde 1 es "totalmente en
desacuerdo" y 5 "totalmente de acuerdo", la percepción de que la
identidad está amenaza es mayor en Cataluña (2,58) que en Andalucía
(1,82). Que la inmigración “afecta negativamente a nuestra cultura” es
visto de forma similar (2,38 por los entrevistados en Andalucía y 2,22
en Cataluña), y también la afirmación de que “la aportación al Estado es
mucho más de lo que reciben” (3,5 en el caso de los andaluces, y 3,59
en el de los catalanes). A la afirmación "un catalán que viene a vivir a
Andalucía es un inmigrante", los andaluces otorgan un 1,6. En cambio, los catalanes dan un 2,1 al enunciado "un andaluz que viene a vivir a Cataluña es un inmigrante".
La influencia de la lengua materna
Los autores del informe destacan la influencia de la lengua materna en la percepción de la persona procedente de otra comunidad autónoma. Para los catalanohablantes,
un andaluz que viene a vivir a Cataluña es un inmigrante (2,28), pero
es que para los castellanohablantes, la cifra es muy similar (2,24),
aunque baja cuando el encuestado tiene catalán y castellano como lenguas
maternas (1,9). Lo que lleva a los responsables del estudio a concluir
que “unos hacen sentir a otros inmigrantes. Estos últimos lo sienten y/o aceptan. Los que tienen un pie en cada comunidad sin embargo no lo aceptan tanto”.
Los derechos lingüísticos también arrojan resultados dispares. A la
afirmación “en Cataluña los castellanohablantes tienen derecho a ser
educados en español”, quienes tienen el español como lengua materna
otorgan un 4,13 y los bilingües un 3,6. Pero los catalanohablantes la
reducen a un 3.
Asimismo, los castellanohablantes otorgan un 3,9 a la afirmación de
que los catalanohablantes tienen derecho a ser educados en catalán,
mientras que éstos otorgan un 4,6. Los bilingües puntúan, en este caso,
un 4,23.
La lengua influye también en la decisión de abandonar Cataluña por el contexto político:
2,4 si la lengua materna es el castellano, 1,3 si es la catalana y un
1,8 en el caso de los bilingües. La percepción de la identidad amenazada
es superior en el caso de los catalanohablantes.
El barraquismo es la historia de la Barcelona franquista que en VOX no quieren escuchar y en el catalanismo no quieren que se escuche. Es la historia de cuando los españoles éramos perseguidos, devueltos en caliente y encerrados en CIEs… En nuestro propio país.
Zonas emblemáticas y turísticas de Barcelona, como la playa del Somorrostro o la montaña de Montjuïc, fueron durante gran parte del siglo XX zonas repletas de barracas.
El barraquismo en Barcelona apareció a finales del siglo XIX con la llegada de trabajadores de toda España a la ciudad industrial. Sin embargo, este fenómeno no se consolidó hasta el éxodo rural en tiempos de la posguerra, en los años 40.
Este es el momento en el que el catalanismo teoriza que empezó una «colonización franquista de Cataluña» (la versión catalanista de la «Conspiración Kalergi», que tanto quita el sueño a los neonazis). La historia, empero, destapa la falsedad de catalanistas y franquistas.
La existencia de extensos barrios de barracas en Barcelona es una parte más o menos conocida de nuestra historia: lo que se desconoce viene a partir de 1949, cuando el franquismo, con Porcioles al frente del Ayuntamiento, creó el Servicio de Erradicación del Barraquismo.
Los españoles pobres llegados a Barcelona eran tratados por las autoridades franquistas como inmigrantes ilegales en su propia nación. La policía se ponía en la Estación de Francia y «deportaban» a quienes no llevaran papeles conforme ya iban con trabajo y vivienda.
En 1953, las autoridades franquistas fueron más allá en la represión de la «inmigración» y habilitaron un pabellón de Montjuïc, el Palacio de las Misiones, a modo de CIE de españoles, donde encerraban a los recién llegados y a los barraquistas desalojados y represaliados.
Famoso fue por su crueldad un policía al que apodaban «El Grabao» (José Antonio Rivera López. Lugo, 1903 - Barcelona, 1994), cuya función era combatir el estraperlo en la ciudad y reprimir a los habitantes de las barracas, metiendo en el Palacio de las Misiones a quien pillase.
Quienes vivieron aquella época no sabían si al «Grabao» le llamaban así por tener la cara marcada por la viruela o porque grababa a porrazos a sus víctimas. A los niños, en lugar de «¡Qué viene el Coco!» se les decía «¡Qué viene "El Grabao"!».
Volviendo al Palacio de las Misiones, se justificaba su existencia, la persecución y la «deportación» de «inmigrantes» con la Ley de Maleantes, contra quienes no tenían contrato ni vivienda legal. Fue derribado en 1967 y en su lugar está hoy la piscina olímpica de Montjuïc.
Paco Candel fue una de las personas que más escribió y estudió el barraquismo (y su Fundación tiene gran información sobre este tema), pero como era habitual en el PSUC (y sigue siéndolo en su partido sucesor), subordinó su obra al catalanismo y terminó de títere de Jordi Pujol.
Casi todas mis fuentes son directas, pues esta es historia «charnega» y reciente. Todo esto es fácilmente contrastable por Internet, pero agradecería mucho a @AventurasClio y a @Iberprolet, si pueden, algún vídeo o artículo que ahonde en esta memoria tan necesaria como olvidada.
Yo puedo decir que es cierto porque lo vivieron mis suegros ( y así me lo contaron) cómo tenían que esconderse para salir de la estación de Francia y seguir camino a otras poblaciones donde tenían conocidos que les podían ayudar a conseguir trabajo.
Valientes fueron tus suegros, porque las anécdotas más comunes son evitar la Estación de Francia, bajando en paradas anteriores (que creo que estarían mucho más lejos que ahora) y entrando a Barcelona andando.
"Grupo Koiné insiste en señalar a la inmigración española en Cataluña como instrumento de la dictadura franquista para acabar, según ellos, con la lengua catalana.
Así lo sostienen los once miembros actuales de esta agrupación que,
hace justo cinco años, impulsó un manifiesto para criticar la
oficialidad del bilingüismo en la comunidad autónoma. Una postura que
mantienen y que llevan aún más allá, si cabe, en pleno 2021.
En un artículo publicado este lunes en el diario El Punt Avui, los integrantes de Grupo Koiné rechazan las acusaciones de "racismo" recibidas
por sus postulados ultranacionalistas y excluyentes en los últimos
años. Algo que atribuyen a la "tergiversación", según ellos, "de la
frase en la que recogíamos las denuncias previas sobre cómo la dictadura quiso emplear y estimular las corrientes migratorias como una herramienta para el genocidio lingüístico y cultural por la vía de la minorización demográfica de los catalanes en nuestro propio país"
[sic].
Una tesis que, según creen, "el mundo académico ha seguido
consolidando" con "estudios" sobre "la llamada ingeniería social de las
migraciones" utilizadas por "dictaduras" y "regímenes totalitarios" como
"instrumento político" en otros países. Algo a su juicio equiparable en
el caso español, pues a su modo de ver "nos parece innegable que la dictadura franquista aspiraba a una solución final basada en la residualización demográfica de los catalanes".
"El catalán, lengua territorial de Cataluña"
Grupo Koiné, asimismo, rechaza ser "supremacista" y dirige tal calificativo contra el "supremacismo españolista" que, según ellos, pretende "imponer" el castellano en detrimento de otras lenguas.
E identificándolo, de paso, con "el Estado español, que como poco desde 1714 en adelante ha luchado" para imponerlo "en todos los territorios y naciones que, conformes o por la fuerza, formaban parte de él" [sic].
A pesar de tales soflamas, los impulsores del Grupo Koiné niegan
defender el monolingüismo en Cataluña y se presentan como defensores de
"todas las lenguas" y del "multilingüismo". Dejando claro, eso sí, sus
condiciones, apuntadas ya en su manifiesto fundacional: entre ellas, "restituir al catalán el estatus de lengua territorial de Cataluña"
--algo que, sin embargo, ya se contempla el actual Estatuto de
Autonomía, con el castellano como lengua cooficial-- "con todas las
medidas necesarias" para construir lo que ellos consideran "un país
normal", pues a su modo de ver en Cataluña existe "un proceso de
sustitución lingüística".
Laura Borràs, entre sus firmantes en 2016
Al igual que ocurrió en 2016 con el lanzamiento de su manifiesto, firmado por "276 personalidades" --entre ellas, la actual presidenta del Parlament de Cataluña, Laura Borràs (JxCat)--, el nuevo escrito de Grupo Koiné ha generado numerosas críticas en
las redes sociales, donde algunos internautas --como el sindicalista y
abogado Joan Coscubiela-- han recordado que fenómenos migratorios
similares también se produjeron en otros territorios como Madrid --hecho
que, por sí solo, ya desmonta sus teorías--, y por razones sociales y
económicas al ser, al igual que Cataluña, uno de los principales polos
industriales de España.
"No sé qué es más grave. Si la teoría del genocidio contra el catalán o la negación de las causas económicas y sociales de la inmigración. ¿Cómo explican la inmigración andaluza en Madrid? ¿Es una estrategia de Al Andalus para descastellanizar España? Son tan clasistas como racistas", afirma Coscubiela, crítico con los autores de tal manifiesto." (Crónica Global, 05/04/21)
Cinco años después del ‘manifiesto Koiné’, el documento en el que se
defendía el catalán como única lengua oficial de Catalunya, algunos de
sus impulsores se han reafirmado en su tesis, también en la suposición de que la dictadura franquista quiso “utilizar y estimular las corrientes migratorias como una herramienta para el genocidio lingüístico y cultural
por la vía de la ‘minorización’ demográfica de los catalanes en nuestro
propio país”.
Apela Koiné a la utilización política que otras
dictaduras han hecho de las migraciones. Cierto. Otra cosa es mirar nuestro pasado y ver peones del franquismo en esas multitudes de desesperados
que huían del hambre o de la persecución política del propio
franquismo. Una suerte de quinta columna del régimen, un multitudinario
ejército involuntario que conseguiría asfixiar y reducir la influencia
de la población autóctona debilitando la lengua y la cultura propia. Si los inmigrantes venían a castellanizar Catalunya, ¿a qué iban a Madrid?
Antes de entrar en consideraciones políticas, vale la pena repasar algunos datos de la migración interior española. ¿Fue Catalunya el punto prioritario de acogida durante el franquismo? ¿Fue la dictadura el detonante de las migraciones?
En ‘La aportación murciana al crecimiento poblacional de Barcelona’, del catedrático
de geografía Joan Vilà i Valentí, hay algunas cifras relevantes. La
primera gran oleada migratoria peninsular la sitúa el autor a partir de
los años 80 del siglo XIX. Cerca de unos 150.000 inmigrantes llegaron
atraídos por la industria barcelonesa y por la Exposición Universal de
1888. A finales de ese siglo, Barcelona rebasó el medio millón de
habitantes.
En 1897, casi el 30% de la población de la ciudad había nacido fuera de Catalunya.
La segunda oleada se inició en los años de la primera guerra mundial y
culminó con otra exposición, la Internacional de 1929. Se calcula que,
en 15 años, Barcelona acogió a unos 250.000 inmigrantes. Según el censo
de 1930, uno de cada tres barceloneses era un inmigrante llegado de
fuera de Catalunya.
El 13,2% provenían de València y Murcia. Un 8 %, de
Aragón. Hacia mediados del siglo XX llegaría la tercera ola migratoria.
Entre 1947 y 1958, Barcelona recibió 243.000 inmigrantes. El 28% de
ellos eran andaluces, mayoritariamente de las provincias de Granada y
Almería.
El trabajo académico de Francisco Andrés Burbano Trimiño ‘Las migraciones internas durante el franquismo y sus efectos sociales: el caso de Barcelona’ recuerda que en la década de los 60 Madrid encabezó el ránking de acogida (701.105 migrantes), seguida
inmediatamente de Barcelona (660.274) y, a más distancia, Valencia
(209. 467), Vizcaya (161.127) y Alicante (128.632). El
crecimiento económico del desarrollismo fue clave en la gran llamada
migratoria.
Los datos son claros, ni la migración llegó con el franquismo ni Catalunya fue la principal receptora.
Y, más allá de las cifras, no está de más recordar que el castellano no
es una lengua ajena a Catalunya. Como bien recuerda el escritor y
periodista Sergio Vila-Sanjuán en su libro ‘Otra Cataluña. Seis siglos
de cultura catalana en castellano’ (Destino, 2018), la cultura catalana no puede entenderse sin su tradición en castellano.
Aunque en la reafirmación del ‘manifiesto Koiné' sus impulsores proclaman su intención de no criminalizar la inmigración, resulta muy difícil no sentirse despreciado al verse reducido a “una herramienta para el genocidio lingüístico y cultural” del catalán.
En las memorias familiares de muchos catalanes, la migración forzada de sus antepasados está repleta de historias de miseria y sacrificio.
Cuando no de víctimas represaliadas de la guerra civil y del
franquismo. Mil y una anécdotas que, a veces, hablan de la humillación
de sentirse discriminados y, otras, del orgullo de haber contribuido al desarrollo de la tierra de acogida.
En las trincheras del 19 de julio de 1936, combatiendo contra el golpe
de Estado, también se hablaba en castellano. Igual que en la lucha
clandestina contra el franquismo. También en la reclamación de la
inmersión lingüística. Cuesta creer que tratar las corrientes migratorias como partícipes de una “solución final” del catalán sea el mejor modo de defender la lengua. " (Emma Rivelora, El Periódico, 09/04/21)
"Ya ha llovido desde aquel día que me llamaron para echar una mano como
camarero en una de las casetas de la Feria de Abril de Catalunya.
Enclavada en el Parque del Fórum de Barcelona, la feria era un
caleidoscopio de colores y un arroyo incesante de multitudes que
llenaban las casetas. La verdad es que fui con pocas ganas.
Ya se sabe
que, en este tipo de eventos, los camareros trabajan a destajo hasta
bien entrada la madrugada. Como era de esperar, la noche fue frenética y
no paré de servir copas. Pero la verdad es que guardo un buen recuerdo.
En los pocos momentos que tenía de descanso me dedicaba a observar
aquella explosión de euforia expresada en animadas conversaciones y en
la envolvente coreografía de los bailes por sevillanas. No en vano,
aquel ambiente me resultaba familiar y aquellos jóvenes tenían mucho en
común conmigo mismo: procedían de barrios de la periferia de Barcelona y
de familias castellanohablantes de clase trabajadora.
Un recuerdo que suelo asociar a aquella noche es una
canción: “Tu calorro”, de Estopa. Cuando sonaban los primeros compases
de la canción, acompañados de la rugosa voz de David Muñoz, la caseta se
venía abajo. Cantada a pleno pulmón como si de un himno se tratase. Y
posiblemente lo fuese para muchos. En los hermanos Muñoz, de Cornellà y
que habían trabajado en una proveedora de Seat, veían a dos héroes
locales con quienes compartían un origen social y unos mismos códigos.
Eso era un motivo de orgullo y de cierto sentimiento de pertenencia.
Estopa eran como ellos y en sus canciones se veían reflejados. Qué mejor
estampa para celebrarlo que la de una noche nostálgica de fin de semana
en cuyo horizonte se dibujaban las tres chimeneas de la antigua central
térmica de Sant Adrià del Besós y el barrio de La Mina. La poesía de
los márgenes o, en palabras de Jorge Luis Borges, “la luna de los
suburbios derruidos”.
La Feria de Abril de Catalunya, que se
celebra desde 1971 y que en 2009 recibió dos millones de visitas, parece
haber pasado sus mejores días. Desde aquella lejana noche no la he
vuelto a visitar y las veces que he regresado al Parque del Fórum ha
sido para asistir a conciertos de grupos como Sonic Youth
y The Cure. Hoy los hijos de la emigración andaluza hemos superado ya
holgadamente los 40 años, tenemos un trabajo estable y una hipoteca a
tipo variable.
Algunos, incluso, dejaron el barrio hace tiempo. Queda en
la memoria un imaginario colectivo y simbólico vinculado generalmente a
los barrios obreros del área metropolitana de Barcelona. Una banda
sonora generacional que podríamos reconocer en las rumbas de Los Chichos
o en el desgarrador quejío flamenco de Camarón de la Isla. Esa
Catalunya a la que últimamente el moderneo barcelonés dedica festivales
de “cultura txarnega”.
El problema es que no solo ignoramos, tan
anclados en un pasado idealizado, que en los últimos años los márgenes
se han movido, sino que desconocemos por completo nuevas manifestaciones
culturales y musicales nacidas entre los hijos de la nueva inmigración.
Igual son ellos en quienes deberíamos centrarnos a la hora analizar la
vida en las periferias de Catalunya. Básicamente porque, aunque siempre
haya desconfiado del concepto, ellos son los nuevos charnegos.
Los chicos de la calle
Escribía Najat El Hachmi en el prólogo de la edición no censurada de Els altres catalans de Francesc Candel sobre los recelos entre la emigración de los años 60 y la inmigración actual. Como apunta la autora de Jo també sóc catalana,
la relación no siempre ha sido fácil y un lugar muy común entre los
emigrantes que llegaron a Catalunya hace ya más de medio siglo es el de
comparar ambas oleadas migratorias para constatar que el suyo fue un
proceso mucho más duro y que, a pesar de las dificultades, supieron
integrarse y prosperar.
Lejos de romantizar la realidad de los barrios, como
habitualmente hacen quienes no viven en ellos, no podemos obviar los
conflictos que en ocasiones se generan, por ejemplo, por la utilización
del espacio público. Las frágiles políticas de acogida de las
administraciones, así como el paternalismo y la criminalización de la
pobreza, han propiciado que la interrelación entre las diferentes
comunidades no sea tan idílica como pudiéramos pensar. Y no es idílica
porque la realidad social dista mucho de serlo en barrios donde los
índices de vulnerabilidad se han disparado en la misma proporción que
los desahucios. Hay barrios, no solo en el área metropolitana de
Barcelona, cuyas heridas abiertas nos advierten de la necesidad de
abordar el problema a fin de evitar que se consolide una Catalunya de
dos velocidades.
En 2016 se estrenó la serie The Get Down sobre
el nacimiento del hip hop en el sur del Bronx a finales de los años 70.
En un barrio castigado por la pobreza y la marginalidad, bandas de
jóvenes afroamericanos deambulaban entre edificios abandonados a la
espera de la demolición y fue en ese paisaje urbano en ruinas donde
surgió un género musical que conquistaría el mundo. Un estilo que
germinó de la desesperación y la falta de expectativas de futuro. Porque
hay realidades que suelen ser terreno abonado para la creatividad como
expresión de rabia de una comunidad. O la necesidad como motor de la
inspiración. Recordemos cómo en España, y también en Catalunya, la rumba
flamenca hizo visible a la comunidad gitana a finales de los años 70 y
principios de los 80.
Varias décadas después, asistimos en
Catalunya a una eclosión similar pero cuyos protagonistas son jóvenes de
familias procedentes del Magreb y de Latinoamérica. Una realidad que
nos han querido esconder y que teníamos a la vuelta de la esquina.
Morad nació en L'Hospitalet hace 21 años. Hijo de marroquís, hoy es
el máximo exponente de un movimiento musical radicado, casi en
exclusividad, en los Bloques de La Florida de su ciudad y que debe sus
influencias al afrobeat, al trap y al hip hop francés de los barrios
periféricos de ciudades como París y Marsella. Morad es un referente
entre los suyos. Lo es porque en él hay autenticidad y porque, a través
de sus letras y composiciones, se ha visualizado una realidad, la de los
Bloques de La Florida, que es una de esas heridas abiertas de Catalunya
a las que hacíamos referencia en líneas anteriores. Morad no es solo un
ídolo musical para los suyos, es un espejo en el que se miran los
chavales de los Bloques que, como él, crecieron en la calle y para los
cuales la música es, a la vez, una válvula de escape y un medio de
denuncia de la realidad que viven a diario.
Morad publicó en 2019 su primer disco de larga duración titulado M.D.L.R,
acrónimo francés de Mec de la Rue, es decir, chico de la calle. Algo
más que un título, la alusión hace referencia a una comunidad compuesta
por el propio Morad y la que podría definirse como su segunda familia,
los chicos de la calle. Ellos son sus hermanos, su gente, una red de
apoyo que transciende de lo musical y que jamás le fallará.
Su
primer disco convirtió a Morad en una figura emergente y mediática en
el panorama musical del trap nacional. Él mismo suele recordar cómo las
mismas salas de conciertos y discotecas que hace unos años le prohibían
el acceso ahora lo llaman para actuar. El ascenso ha sido tan meteórico
que solo hace falta echar un vistazo a sus redes sociales y a su cuenta
de YouTube para certificar que Morad es un fenómeno global. Para
hacernos una idea, en la primera semana de noviembre de 2020,
coincidiendo con el lanzamiento de su nuevo single, “Motorola”, Morad
fue el artista español con más visitas en YouTube por encima de nombres
tan comerciales como Aitana, Rosalía y Pablo Alborán. Por ejemplo,
utilicemos como referencia a Los Planetas, grupo por excelencia del
indie español con más de 25 años de carrera a sus espaldas, por el que
uno mismo y tantos otros de mi generación hemos profesado autentica
devoción. En YouTube, el vídeo musical más visto de Los Planetas es el
de “Un buen día”, una canción de hace 20 años y que es todo un himno
generacional para muchos. Tiene cerca de cuatro millones de
visualizaciones. El vídeo más visto de Morad es el de “Aguantando”, con
más de 16 millones de visualizaciones y otros dos videos suyos superan
los 15 millones. Todo ello en poco más de un año.
Como se puede apreciar en los vídeos musicales de Morad, los Bloques
de La Florida toman especial protagonismo para convertirse en un actor
principal. Sus bloques y su comunidad de chicos de la calle. Sirve, al
mismo tiempo, para visualizar una realidad que se presenta desde un
prisma objetivo y real. Morad y los chicos de la calle no necesitan
aparentar. Ellos se muestran tal y como son, a diferencia de otras
figuras del trap español que han cimentado su carrera en una “estética
de barrio” basada en el disfraz y en el cliché tan recurrente de las
bandas callejeras. En el caso de Morad no hay marketing alguno.
Esa realidad que él vive no la expresa en sus canciones ni la muestra en
sus vídeos como algo decorativo o sencillamente para epatar. No ha
necesitado crear un relato ficticio sobre “el ser de barrio”, el suyo es
un proceso de observación, cuenta lo que ve a su alrededor. Su realidad
cotidiana es precisamente la que refleja en sus canciones.
Beny
Jr es otro de los chicos de la calle de los Bloques de La Florida y el
compañero inseparable de Morad. Su tarjeta de presentación fue, como no
podría ser de otra manera, un feat con Morad titulado
“#FreePeke”, un alegato contra las apariencias y los postureos que tanto
abundan en el mundo del trap y del hip hop. Su primer disco, Trap and Love,
le ha situado como otro de los nombres de la escena musical de los
Bloques más allá de su amistad con Morad. Al igual que su fiel amigo,
Beny Jr describe con incisivo y afilado verbo las realidades tangibles y
sin aditivos de su día a día: el racismo institucional, la falta de
oportunidades, el desempleo, la pobreza, los trapicheos en las calles,
las redadas policiales. Volvemos a la observación como ejercicio de
denuncia. Pero no desde una perspectiva política sino desde el enfoque
del narrador que no es otro que el mismo que sufre esa realidad.
Beny
Jr estrenó hace un mes nuevo single con el título de “Mafioso”, cuyo
vídeo vuelve a mostrar el esqueleto urbano de los Bloques de La Florida
como zona desgajada del resto de la ciudad y de su propio barrio. Por
ello merece una mención especial el joven Iván Salvador, realizador de
los vídeos de Morad y Beny Jr que de manera tan diáfana ha retratado el
universo callejero de los Bloques como elemento esencial de la música de
ambos.
De Jensel King lo primero que llama poderosamente la atención es su
juventud: 15 años. De nuevo estamos ante un talento, en este caso de
gran precocidad, surgido de la cantera musical de los Bloques de La
Florida. De registros sonoros más cercanos al afrobeat y con ciertas
reminiscencias del gansta rap, Jensel King aúna el orgullo y la reivindicación del barrio
con la crónica de la crudeza diaria de las calles. Asimismo, la
denuncia de los operativos de las fuerzas de seguridad y del papel de la
prensa está presente en sus letras como esbozo de una realidad. Sin
duda, se trata de uno de los artistas con mayor proyección y futuro
dentro del trap hecho en L'Hospitalet y Catalunya. Veremos cuál es el
dictamen del tiempo en alguien tan joven pero tan sobrado de cualidades
para alcanzar las cuotas de reconocimiento y éxito de sus vecinos Morad y
Beny Jr.
Quieren ser calle, pero no lo son
Pubilla
Cases es un barrio limítrofe con La Florida. En la zona norte de
L'Hospitalet se hallan los barrios con mayor densidad de población, una
de las mayores de Europa, y con una concentración más elevada de
inmigrantes. En Pubilla Cases, barrio lleno de vida y conocido por sus
bares de tapeo andaluz, hay una notable comunidad de origen
latinoamericano. En este contexto aparece la extraordinaria figura de La
Tiguerita.
Catalana de origen dominicano, Melissa Peralta
utiliza el nombre artístico de La Tiguerita en un claro guiño a sus
orígenes y a la tierra de su padre. En República Dominicana, un tiguere
es alguien que se busca la vida. Melissa, de apenas 19 años, es la
tiguere de L'Hospitalet y está dispuesta a comerse el mundo. En unas
calles y en un movimiento musical donde tanto predomina la testosterona
masculina, su presencia adquiere un valor doble desde una clave de
género y de feminizar la escena del trap y del hip hop de su ciudad.
La Tiguerita es de las que no se calla. Clama contra quienes quieren ser calle, pero no lo son
y lo hace con un estilo directo y autosuficiente. Una constante tanto
en los chicos de la calle de los Bloques de La Florida como en La
Tiguerita es el rechazo a esa impostura tan coetánea de hacerse pasar
por lo que uno no es. Ver cómo los barrios de las periferias urbanas se
han convertido casi en una moda y en un tótem en entornos intelectuales y
musicales ajenos a esas mismas realidades ha provocado la réplica de
quienes sí viven en esas ciudades dormitorio donde la vida no es solo un
fetiche o una manera de vestir, sino que se manifiesta en la angustia
diaria por salir adelante y sobrevivir. Pero desde ciertos ámbitos del mainstream
se ha tendido a idealizar lo marginal, y por lo tanto la pobreza, como
productos de consumo. El revival del “cine quinqui” y la aproximación a
los barrios de la clase trabajadora como quien va de safari urbano
parecen confirmar una tendencia que no solo se pierde en la
superficialidad y el tópico, sino que se construye desde el clasismo tan
interiorizado en las clases medias urbanitas y academicistas.
La Tiguerita está en racha. En 2019 protagonizó el cortometraje Beef
de Ingride Santos en el que interpreta a una joven estudiante que
cuestiona el sistema pedagógico en los institutos de educación
secundaria. La producción ha sido nominada para los próximos premios
Goya en el apartado del mejor corto de ficción. Seguro que su barrio
estará en vilo la noche que se celebre la gala de los Goya. Y es que,
haciendo honor a nombre artístico, La Tiguerita es de las que saben
buscarse la vida.
L'Hospitalet, segunda ciudad de Catalunya en
número de habitantes, vive el estallido de una escena musical nacida
entre los hijos e hijas de la inmigración. Pero lejos de hablar de
cantantes de origen marroquí o latino deberíamos referirnos a ellos como
lo que realmente son: jóvenes catalanes que reflejan en sus letras y
canciones la realidad de sus barrios y, por consiguiente, de una parte
de Catalunya. Sería importante que desde los medios catalanes se
prestara atención a este fenómeno hecho por catalanes y catalanas como
algo propio. Mientras se invisibilice lo que está pasando en algunos
barrios de Catalunya, no tendremos una idea precisa de la sociedad
catalana, tan cambiante y en transformación continua desde que llegaron
las primeras migraciones hace ya varias décadas." (Pedro Luna Antúnez, El Salto, 01/12/20)
"La taberna gallega situada en Hospitalet de Llobregat propiedad de los
cuatro hombres que atacaron con huevos repletos de pintura el Palau de
la Generalitat el pasado domingo ha sido objeto de pintadas. "Puto
nyordo" o "vuelve a tu país" son estas pintadas.
Los propietarios
de la taberna realizaron una 'performance' en la plaza Sant Jaume en la
que denunciaron que el Gobierno está "cargando la economía" obligando a
los restauradores a "pagar impuestos sin dejarnos trabajar". "Los que
salimos perjudicados somos los ciudadanos, los que pagamos impuestos"
han denunciado, al grito de "los de la hostelería nos están sangrando".
Los
concentrados, seguidamente, embadurnaron la fachada del Palau con
globos repletos de pintura roja sin que aparecieran en ningún momento
los Mossos y abandonaron rápidamente el lugar." (e-notícies, 10/11/)
"Mark Serra señala. El conocido independentista difundió en las redes la identidad de los autores del ataque contra el Palau.
El conocido activista independentista Mark Serra, ex militante del
PDECAT, difundió en su cuenta de Twitter la identidad de los autores del
ataque contra el Palau de la Generalitat y manifestó que "creo que
ellos tienen la fachada demasiado limpia".
Serra publicó un tuit con la foto del negocio y el siguiente
comentario: "este restaurante gallego de L'Hospitalet reivindica el
lanzamiento de globos con pintura roja contra la Generalitat en la Plaza
Sant Jaume, y yo creo que ellos tienen la fachada masa neta".
Posteriormente, Sierra compartió ayer un tuit con una imagen y el
enlace de la página de Facebook del restaurante gatillo: "aquí el
Facebook del restaurante que ha reivindicado el ataque a la Generalidad
enseñando orgullosos la acción". (e-notícies, 10/11/20)
"Teorías “pseudohistóricas” promueven la idea de que la dictadura
franquista fomentó la migración desde otros lugares de España hacia
Cataluña en las décadas de los 50 y 60 con la finalidad de “colonizarla” o “españolizarla”. Incluso miembros del Govern abonan esa tesis, que defienden con firmeza activistas del grupo Koiné o más recientemente la asociación independentista Súmate durante la Diada.
Así lo denuncia el grupo de PSC-Units, quien ha presentado una propuesta de resolución (PR) en el Parlament con la finalidad de desterrar esas acusaciones e instar a la Generalitat a fomentar la memoria democrática
y organizar una exposición itinerante sobre la historia de las
migraciones interiores del resto de España hacia el siglo XX. La PR
será debatida y votada en la Comisión de Asuntos Institucionales de la Cámara catalana.
"Teorías pseudohistóricas"
En la iniciativa, presentada por el diputado Ferran Pedret, también se insta al Govern a promover la difusión de publicaciones científicas
sobre la historia de esas migraciones y “rechazar y denunciar el
contenido y la difusión de teorías pseudohistóricas sobre los
movimientos migratorios interiores en España durante la dictadura, según
las cuales, el franquismo
fomentó el desplazamiento de la población desde el resto de España
hacia Cataluña con la finalidad de colonizarla o españolizarla”.
Recuerda Pedret que "desde la industrialización del país, el proceso
de desplazamiento de personal del campo a los núcleos urbanos, y en
concreto hacia los centros industriales y comerciales, fue una
constante, no solo dentro de cada territorio, sino entre diversos
territorioa. Barcelona, Madrid y Vizcaya fueron durante los años 50, 60 y 70 los principales destinos de las migraciones interiores. Barcelona lo fue también, claramente, en el periodo entre 1915 y 1936”.
“En los años cuarenta –añade—no se puede menospreciar la importancia
de las migraciones interiores como estrategia adoptada por los vencidos
en la Guerra Civil para escapar del control social franquista y la
represión”." (María Jesús Manzanares, Crónica Global, 22/09/20)
"(...) Usted, como Melchor Marín, ¿se siente desarraigado? Llegó a Cataluña desde Extremadura con apenas cuatro años, y ya ve.
Creo
que es verdad. En este chico que, aparentemente, es tan distinto de mí,
he metido cosas de mí mismo que no me he atrevido a decir. Soy un
desarraigado, para bien y para mal.
Nací en Extremadura, un lugar en el
que todos estábamos muy protegidos, teníamos dinero, conocíamos a todo
el mundo y a los cuatro años me trasladaron a un sitio donde éramos
pobres, o al menos ya no éramos ricos, no conocíamos a nadie y todo era
totalmente distinto.
Eso influyó en usted, y todavía influye.
Mi
madre siempre dice que si me hubiese quedado en el pueblo no habría
sido escritor, en este sentido tengo que ver con Melchor. Yo creía que
tenía un sitio en el mundo, pero parece que no. Incluso te diré que
pensé que tenía dos patrias, pero parece que no. Me siento extranjero en
el lugar al que creí que pertenecía.
Tengo una sensación de desarraigo,
traición y furia, porque en esta novela hay mucha furia. Me dijo Manuel
Vilas que, tras leer la novela, detectó un motor fundamental: el odio.
¡Y ojo con el odio, porque dura más que el plástico en el mar! Esa furia
está en el libro. (Entrevista a Javier Cercas, Karina Sainz, Vox Populi, 09/11/19)
"Josep Maria Virgili Ortiga és catedràtic jubilat
d’institut de llengua catalana. En octubre de 2014 fundó el Grup Koiné
con otros 13 ultras con el fin de erradicar de Cataluña la lengua
española, que es la que usa habitualmente el 51% de catalanes. En 2016
el Koiné publicó un famoso manifiesto en el que pedían una “llengua única” a Catalunya: la seva, és clar. (...)
Y claro, como a todo catalibán al pobre Virgili le acaba saliendo el hitlerito. Hace unos días publicó esto:
“Algunos que os llamáis a vosotros mismos ‘catalanes no independentistas’, en realidad no sois catalanes. Sois otra cosa tan respetable como queráis (no hace falta decirlo), pero catalanes no lo sois. Yo diría que lo que sois es espanyols residentes en Cataluña“.
És a dir: solo los separatistas son auténticos catalanes; el resto son colonos,
invasores, aspanyols. Pues es lo que decían los nazis de los alemanes
que no eran nacionalsocialistas o de los judíos, escolti. Pura xenofobia
supremacista. Con razón dijo Joan Manuel Serrat refiriéndose al
manifiesto del Koiné que “Lo que pretenden sólo se podría conseguir aplicando un duro régimen fascista”.
Gràcies,
Virgili, per mostrar-nos la vera faç del nacionalisme. Si alguno va
perdiendo las ganas de hablar catalán no te extrañes. (...)" (Dolça Catalunya, 23/12/19)
"El presidente de Catalunya Acció, Santiago Espot, ha colgado un vídeo en
twitter donde asegura que "afirmar que Cataluña es un solo pueblo es
falso, es mentira". "Somos un pueblo ocupado y, por tanto, colonizado",
sentenció en este sentido.
"No podemos hacer por más tiempo ver
que no están aquellas personas que conviven entre nosotros, que pueden
ser el vecino de la escalera o la persona con la que compartimos cola en
el supermercado, que nos quieren hacer españoles a golpe de decreto o a
palos, si es necesario", ha indicado.
A criterio de Espot, estas
personas saben "que si generan el conflicto civil, que es lo que
persiguen, podrán mantener en Cataluña bajo su dominio".
"La gran
esperanza o la gran fuerza de Cataluña radica, precisamente, en
aquellos catalanes originarios de otras tierras peninsulares, que se han
incorporado a la causa de la independencia de Cataluña con un ánimo
ganador y con un ánimo de una gran moral de victoria", ha considerado.
Santiago
Espot ha elogiado finalmente que "ellos se encaran, si es necesario,
con los colonizadores que tenemos en casa. Ellos son también la gran
esperanza de la patria". (...)" (e-notícies, 28/12/19)
"El director teatral Joan Lluís Bozzo, en twitter, ha considerado que en
Cataluña hay dos grupos: los catalanes y los "españoles empadronados en
Cataluña", por lo que ha pedido "alerta máxima".
"Que no nos
engañen. En Cataluña conviven los catalanes (que, sean de donde sean,
estiman Cataluña) y los españoles empadronados en Cataluña que quieren
eliminar nuestra lengua, cultura, símbolos y libertades, para entregar
el país al Reino de España. Alerta máxima!", ha escrito el miembro de
Dagoll Dagom.
Que no ens enganyin. A Catalunya hi conviuen els catalans ( que, siguin d'on siguin, estimen Catalunya) i els espanyols empadronats a Catalunya que volen eliminar la nostra llengua, cultura, símbols i llibertats, per entregar el país al Regne d'Espanya. Alerta màxima!
"'Yo les ví llegar". Así se expresó el ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell, sobre los centenares de miles de andaluces
que viven en Cataluña. En un mitin del PSOE celebrado en Sevilla ayer,
el también candidato a las elecciones europeas reivindicó el mestizaje (...)
El también expresidente del Parlamento europeo cargó contra la que fuera presidenta del Parlamento catalán, Núria de Gispert, que ha protagonizado un rosario de polémicas por sus comentarios supremacistas contra la líder de la oposición en Cataluña, Inés Arrimadas.
Borrell tuvo que recordar a la polémica expresidenta del hemiciclo
autonómico que los andaluces "también hicieron mi país".
Alertó el líder
socialista contra la "división atroz" que promueve parte del
independentismo y lanzó una salva de profundidad contra De Gispert. "Cuando veo que le espeta a una líder política nacida en Andalucía pero afincada en Cataluña Si no estás de acuerdo con la independencia, vete de aquí, veo despertar a los peores demonios de nuestra historia", lamentó.
"Nadie tiene que irse de ninguna parte"
Continuó Borrell enfatizando que "nadie tiene que
irse de ninguna parte, y menos el que ha escogido libremente ir a vivir a
un trozo de nuestro país", en respuesta a los tuits de de Gispert, que invitaban a Arrimadas a regresar a Cádiz si no compartía el proyecto secesionista catalán.
Según el también exdiputado
en las Cortes, "todos tenemos un emigrante dentro". Se reivindicó él
mismo de esta condición al explicar que su padre nació en Mendoza
(Argentina). "Era hijo de un emigrante catalán que dejó el Pirineo
catalán, porque allí también había hambre.
Y se instaló bajo unas
montañas más grandes que las mías: los Andes. Encontró a otra catalana.
Vivían a 50 kilómetros uno del otro y se encontraron allí. Finalmente,
regresó a España para hacer la Guerra Civil. No fue una buena idea", narró Borrell.
"Quieren encerrarse en su identidad"
El exjefe de la Eurocámara se reivindicó a sí mismo como "hijo de
esta movilidad humana que algunos aprovechan para darnos miedo". A
colación de ello, aprovechó Josep Borrell
para cargar contra el uso de la inmigración en política. "Vienen los
emigrantes, una invasión que nos arrasará, dicen algunos. Quieren cerrar
las puertas.
Cerremos los puertos, Chiudami i porti, que dice Salvini en Italia, Hagamos muros, como dice Orbán en Hungría.
Volvamos a encerrarnos en nuestra identidad, como dicen los holandeses.
Encerrémonos en lo que fuimos, porque no tenemos el valor de hacer lo
que nos toca en esta era de la globalización. Eso es un mensaje absurdo", aseveró Borrell. (...)" (Crónica Global, 07/04/19)
"Se acercó un hombre de semblante serio y pelo blanco.
“¿Te acuerdas de mí? Me sentaba a tu lado en el pupitre de la clase del
señor Clares”. El señor Clares era el maestro de La Bisbal que preparaba
a los niños de 9 a 12 años. Republicano, como Victòria Vigo, su mujer.
Expedientados, humillados, grandes maestros.
El chico que se sentaba a
mi vera ya está jubilado. Se llama Miguel Guillén y es hijo de Cuevas
Bajas, el pueblo del que proceden la mayor parte de los bisbalenses de
origen andaluz.
Miguel, que reside en Palafrugell, me explicó que
trabajando de albañil (oficial, encargado y finalmente empresario) ha
alzado muchos bloques de pisos en el Empordà. También ha construido con
sus manos muchas casas trabajando los domingos: la de sus padres, la
suya y la de sus hijos, entre otras.
Los litros de sudor que Miguel ha
derramado sobre la tierra ampurdanesa pueden ser igualados; superarlos
es imposible. Habla un catalán muy jugoso, en el que cierto deje andaluz
se mezcla con los arcaísmos ampurdaneses. Mientras nosotros
recordábamos los años de infancia, el alcalde de La Bisbal, Lluís Sais, y
el de Cuevas Bajas, Manuel Lara, festejaban una plaza dedicada a este
pueblo andaluz.
Los discursos de los alcaldes y los de la concejal Maite
Bravo, alma del acto, glosaban la importancia del tejido civil que
fabricaron en La Bisbal los catalanes de origen y los que llegaron entre
los años cincuenta y setenta procedentes de aquel pueblecito malagueño
junto al Genil. Una buen número de ciudadanos de Cuevas Bajas acompañaba
a su alcalde en la visita oficial a La Bisbal y abrazaban a parientes y
amigos de aquel tiempo, ahora catalanes de derecho y sentimiento. Los
alumnos de la Escola de Cobla Conrad Saló tocaron unas sardanas.
También
se bailaron sevillanas. Los ceramistas Joan Raventós y David Rossell
explicaron el sentido del mural que están realizando para decorar esta
plaza, con barro procedente de ambos pueblos. Las tierras de La Bisbal y
Cuevas Bajas uniéndose para refundar la belleza.
Después plantamos un olivo de Cuevas Bajas en el jardín
de la biblioteca y durante la comida de hermandad, la hija de Miguel,
Laura Guillén, la Bicha, y su cuadro de Palafrugell cantaron y bailaron
flamenco puro. Ahora bien, el gran protagonista de la fiesta fue otro
Manuel Lara, tío del actual alcalde de Cuevas y uno de los hombres más
importantes del antifranquismo ampurdanés. Manolo Lara, que ha publicado
libros sobre el heroico periplo de los andaluces de Cuevas en La
Bisbal, ha trabajado obsesivamente para que esta plaza sea el símbolo de
la fusión.
Manolo era el mayor de una familia numerosa sin padre.
Nacido en la posguerra “en una Andalucía donde sólo había torronteras de
hambre, miseria y calamidades”, acompañaba a su madre de noche para
reunir cuatro aceitunas, algo de grano.
Emigró a Alemania, desde donde
pudo pagar las deudas de su madre y ayudar a sus hermanos. Más tarde,
como tantos otros cueveños, recaló en La Bisbal. Conductor de camiones,
llegó muy arriba en su empresa, mientras participaba en la lucha
antifranquista con el PSUC. Toda su vida es un ejemplo de compromiso:
familiar, social, político.
Habla un catalán de acento andaluz y ha sido
el alma del hermanamiento entre los dos pueblos.
Sostiene que la
emigración andaluza tiene un componente político, ya que los familiares
de los rojos y los republicanos, en las zonas rurales andaluzas, eran
sometidos al pacto del hambre y nunca eran contratados como jornaleros.
A pesar de la dureza de su vida no ha cultivado el resentimiento y ha
favorecido siempre el diálogo, la deferencia, la inclusión.
Ahora bien, apenas hubo presencia de catalanes de origen
en la fiesta de la plaza (salvo los concejales, la colla sardanista y
unos militantes de izquierdas). Entre los asistentes, un compañero de
los viejos tiempos cuyo nombre no mencionaré. Trabajador de fábrica ya
jubilado, militante de izquierdas por lealtad a su familia andaluza.
Como tantos luchadores anónimos, trabajó más por la democracia y el
catalanismo en el Empordà que muchos de los que ahora blanden la
estelada.
Hablaba con tristeza. “Volvemos a ser vistos como extraños.
Algunos dicen que somos un obstáculo para la independencia”. Seguramente
es una anécdota poco representativa, pero el solo hecho de que estas
ideas circulen se carga el esfuerzo de fusión por el que tantos hemos
peleado.
Este compañero no abandonará la idea inclusiva de país
por la que luchó. No abrazará la posición antagonista que contribuye a
dividir tanto como la otra. Sólo manifestó tristeza y resignación, ni
siquiera un reproche. No quiere tener que elegir entre los dos barros
que conforman el mural de su vida (al igual que el barro de Cuevas
modela la mía: sin los olores, los acentos y los juegos de aquellos
amigos de niñez, yo sería otro). Los obligan a elegir entre el padre y
la madre, entre uno y otro barro. Callando, eligen.
Quien ha empujado Catalunya en esta dirección ni
conoce el país ni ama a sus gentes. Simplemente cree, como es propio del
nacionalismo, que el país es una finca; y que la finca es suya." (Antoni Puigverd , La Vanguardia, 25/03/19)
"La semana pasada, el presidente del Parlament, Roger
Torrent, amonestó a un diputado de Ciudadanos durante el pleno por
“insultar” al president Quim Torra. Lo sorprendente es que el
parlamentario en cuestión, Nacho Martín Blanco, se había limitado a
citar de forma literal algunos de los textos xenófobos de Torra—en
concreto, aquellos en los que se refería a los españoles como
“expoliadores” y “bestias con forma humana”—. No es extraño, pues, que
el aviso de Torrent suscitase quejas de todos los grupos de la
oposición.
Lo ocurrido evidencia hasta que punto el nacionalismo
se siente incómodo cuando sus adversarios sacan a colación el
supremacismo de la que han hecho gala algunos de sus líderes. Por
desgracia para los secesionistas, dicho supremacismo no se reduce a una
anécdota. Al margen de Torra, el caso paradigmático lo representa el que
fue presidente de la Generalitat durante más de tres décadas, Jordi
Pujol.
En su libro Inmigración. Problema y esperanza de Cataluña
(1976), éste afirmó que el hombre andaluz es un ser “destruido” y
“falto de mentalidad” que constituye la “muestra de menor valor social y
espiritual de España”.
Estos dicterios antiandaluces han sido reproducidos
varias veces y se citan con frecuencia. Sin embargo, el expresident
también es autor de un texto muy poco conocido pero igualmente xenófobo.
Se trata del artículo “El ejercito de ocupación”, que apareció
publicado en el volumen Construir Cataluña en 1966 —posteriormente, en la edición de 1979, fue suprimido—.
En aquella pieza, Pujol advertía de una situación que
creía preocupante: “Es del todo necesario que 150 o 200.000 hombres que
viven en Cataluña sean considerados como lo que son en realidad: como
ejército de ocupación. En Cataluña existe un ejército de ocupación. En
Cataluña hay ocupantes. Hay miles y miles de hombres que son ocupantes.
Los unos lo son por mor de la función que tienen asignada [en referencia
a la Guardia Civil]. Otros por mentalidad.”
A continuación, Pujol aseguraba que estos últimos —es
decir, los ciudadanos procedentes de otras comunidades que se sentían
españoles— representaban para Cataluña un peligro mayor que la propia
policía. “Son hombres llegados de fuera con mentalidad de dominadores,
hombres para los que Cataluña es un país extraño que es preciso
colonizar.” Y remarcaba: “Estos hombres constituyen un verdadero
ejército de ocupación.”
El exdirigente conservador criticaba entonces la
impunidad con que estos “ocupantes” se desenvolvían en Cataluña: “Se
sienten seguros, porque saben que la ley es suya. Pero también por otra
cosa. Se sienten seguros, porque hace tantos años que tenemos a esta
gente en casa que nos hemos llegado a habituar a su presencia.
Y muchos
catalanes no tiene otra reacción frente a ellos que la de los clásicos y
resignados ‘qué le vamos a hacer’ o ‘esta gente es así’. Pero no todo
es debido al hábito. Está también que no se les ha clasificado con la
suficiente claridad y energía”.
Así, según Pujol, estos ciudadanos se podían
presentar honorablemente como maestros, médico o funcionarios para
ocultar su condición de “ocupantes”. Sin embargo, los catalanes nacidos
en Cataluña —a los que se refería simplemente como catalanes — no debían dejarse engañar:
“Nosotros tenemos que meternos entre ceja y ceja que
además de todo esto, son ocupantes, son coloniales. Y no debemos ser
tres o cuatro los que lo veamos: se ha de acuñar y hacer llegar a mucha
gente la nueva expresión, la de ejército de ocupación. Se ha de crear un
nuevo tipo, el del ocupante.
Ha de llegar un momento en el que cuando
un hombre de éstos ponga de manifiesto a través de cualquier detalle
insignificante la antipatía profunda y la malevolencia que siente hacia
nosotros, los catalanes hemos de pensar maquinalmente: ‘Es un ocupante’.
Tiene que llegar también el momento en el que estos hombres han de
saber que Cataluña los tiene por lo que son”.
Para concluir, Pujol recomendaba no abandonar nunca
la terminología militar. “Es importante porque un ocupante nunca es un
hombre honorable. El término ‘ocupante’ siempre es despreciativo”. De
esta forma, aseguraba, “el ejercito de ocupación habrá perdido la mitad
de su peligrosidad”.
A juicio de Antonio Robles, portavoz de Centro
Izquierda de España (dCIDE) y autor de Historia de la resistencia al
nacionalismo en Cataluña, el artículo de Pujol reviste una enorme
gravedad. “Sus consejos responden a un patrón que recuerdan
poderosamente al empleado por los peores totalitarismos.
Se trata de
deshumanizar al discrepante, provocar su aislamiento y, finalmente,
expulsarlo de la comunidad”. En este aspecto, opina que el relato
pujolista no difiere, por ejemplo, del de Franco: “Ambos quisieron
imponer a todos su lengua e ideología. El que no se sometía a su
imperio, no tenía cabida”.
Por otra parte, Robles considera que en este pieza de
juventud ya se encuentra condensado todo el proyecto secesionista. “Su
discurso, que no es otra cosa que racismo cultural en estado puro”,
asevera, “ es el detritus ideológico del que se ha alimentado el
nacionalismo todos estos años. Jordi Pujol diseñó un entramado que ha
acabado explotando en el presente”. (Óscar Benítez, El Catalán, 30/11/18)
"(...) el tópico de que los colonos fueron llevados a Cataluña en el franquismo con el objetivo premeditado de descatalanizarla.
Es conocida la respuesta de algunos de aquellos inmigrantes o de
ideólogos españolistas de que esa población llegada desde fuera lo que
hizo fue levantar Cataluña.
El intenso debate generado en las redes sobre el papel de los colonos demuestra la pobreza y el simplismo de los argumentos de unos y otros, nacionalistas
todos. A los que dicen que con su trabajo se levantó Cataluña les
responden otros que si vinieron era porque huían de la miseria en su
tierra origen y agradecidos deberían estar porque fueron acogidos.
Los
aplausos independentistas se multiplican exponencialmente cuando un
descendiente de uno de aquellos inmigrantes
confirma que sus abuelos o sus padres vinieron, sobre todo del sur, con
una mano detrás y otra delante y que están muy agradecidos a lo que
Cataluña les ha dado o permitido: progreso y futuro para sus hijos y
nietos.
"Tú sí que vales" (sic), "ets de la nostra nació", etc. son algunos de los comentarios de los que firman con dos apellidos catalanes.
(...) la pretendida política descatalanizadora del franquismo. De haber
existido fue la contraprestación que interesadamente promovió la burguesía catalana. Es innegable que, como plantea Carlos Arenas,
las economías del cuadrante nororiental de España fueron más inclusivas
que las economías del sur, localistas y extractivas.
Las empresas del
norte supieron captar las iniciativas estatales gracias a un proceso de inmersión política.
Dicho de otro modo, la política económica del franquismo tuvo como
objetivo prioritario una rápida recuperación de Cataluña desde el final
de la guerra civil.
Por ejemplo, Demetrio Carceller,
ministro de Industria y Comercio entre 1940 y 1945, estuvo especialmente
implicado en la importación de algodón para favorecer a la industria
textil catalana. Otro dato: entre 1940 y 1973 la participación de
Madrid, el País Vasco y Cataluña en el PIB nacional pasó del 33,2 al
42,3% del total.
Además, las estrategias de las empresas del norte se
convirtieron también en estrategias del Gobierno cuando se impulsó una
salida masiva desde el sur de mano de obra barata, muy barata. De ese modo, recuerda Arenas, las élites andaluzas pudieron organizar a su gusto el capitalismo autóctono, con más tranquilidad sin la peligrosa y enorme presión social de miles y miles de jornaleros mal pagados." (Manuel Peña Díaz, Crónica Global, 15/06/18)