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26/1/24

Muere Juan-Ramón Capella, un marxista contra el ‘procés’: "El independentismo buscó legitimación para un proyecto ilegal en un simulacro de referéndum, el happening social del 1 de octubre de 2017"... Y directamente definió como “desconfianza ‘racista'” la actitud de parte del independentismo... "Que los políticos independentistas hayan dado lugar a esto no es delictivo; es mucho peor que un delito: es una ruindad”

 "Este miércoles ha fallecido Juan-Ramón Capella (Barcelona, 1939), catedrático emérito de Filosofía del Derecho, Moral y Política de la Universidad de Barcelona y uno de los primeros profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad Autònoma de Barcelona tras su fundación.

 Era un marxista que perteneció al círculo de Manuel Sacristán, uno de los grandes teóricos de este pensamiento político en nuestro país. Era uno de los miembros del consejo de redacción, desde su fundación, de la revista ‘Mientras tanto’, la publicación de referencia del marxismo español.

Durante el proceso separatista catalán mantuvo posiciones muy críticas con la consulta ilegal del 1 de octubre, a la que definió como “un falso referéndum sin garantías”. Por ejemplo, en ‘Mientras tanto’ dedicó estas líneas a la actuación del secesionismo:

 “El independentismo catalán actúa como si no se diera cuenta de que ha sido derrotado políticamente y de que su ruidosa hegemonía social es sin embargo limitada, pues su modo de actuar le contrapone a la mayoría de la población de Cataluña y se la enajena.

El independentismo buscó legitimación para un proyecto ilegal en un simulacro de referéndum, el happening social del 1 de octubre de 2017: convocó a la población catalana a un referéndum ilegal, a sabiendas de que además no había censo, ni urnas transparentes y vacías, ni mesas electorales sorteadas, pudiéndose votar en cualquier parte, sin recuento fiable. Un falso referéndum sin garantías”.

Y directamente definió como “desconfianza ‘racista'” la actitud de parte del independentismo: “(…) la obnubilación que han creado en sus bases sociales las induce a ver como extranjeros a quienes no comparten sus ideas en Cataluña, y su desconfianza hacia el régimen político español -un régimen de libertades deficiente, pero seguramente el mejor que hemos tenido nunca- se extiende a la sociedad española, incluso a sus conciudadanos: una desconfianza geográfica, o, lo que es lo mismo, una desconfianza racista. Esta obnubilación disparatada, impulsada por emociones cuyas teclas saben tocar muy bien los irresponsables políticos independentistas -esa catalanidad llorona, quejosa, ofendida por lo que quiere verse ofendida, creyente en un credo histórico sesgado cuando no imaginario-, es su principal aportación a nuestra desgraciada historia. Que los políticos independentistas hayan dado lugar a esto no es delictivo; es mucho peor que un delito: es una ruindad”."         (Sergio Fidalgo, El Catalán.es, 25/01/24)

23/1/24

El problema de Izquierda Española es su carácter profundamente identitario y prepolítico... Lo primero, por construirse a la contra de los nacionalismos periféricos, algo que ya pasó con UPyD y Ciudadanos, partidos de donde proceden algunos de sus componentes. Lo segundo, por fabular con que en España el centralismo puede ser funcional (Daniel Bernabé)

 "La última vez que discutí con miembros de lo que es hoy Izquierda Española les dije que se parecían a los niños de San Ildefonso, por lucir esa llamativa estética personal tan atildada, como de alguien que, definiéndose progresista, siente que tiene que pedir perdón desde lo textil. La razón de la polémica se hallaba en su enmienda a la totalidad de la recién aprobada reforma laboral, a la que calificaron de terrible cesión a los empresarios. No fueron los únicos que erraron en cargar contra uno de los grandes éxitos del Gobierno en favor de los trabajadores, aunque al menos ellos lo hicieron de manera diáfana.

La anécdota no es gratuita. Explica que quien quiere lanzar un nuevo partido necesita oponerse a lo existente para tomar una cierta relevancia. También presentarse antes de las elecciones europeas, esa magnífica pista de despegue por su circunscripción única y, además, conseguir toda la atención mediática posible. Si en la derecha husmean que de alguna forma vales para dividir el voto progresista tendrás su favor asegurado; hasta ahí nada nuevo que no ocurriera en 2014 con Podemos. Cada cual sabe con quién cena, con quién se acuesta y dónde busca la financiación

 El problema de Izquierda Española no es ese, sino su carácter profundamente identitario y prepolítico. Lo primero, por construirse a la contra de los nacionalismos periféricos, algo que ya pasó con UPyD y Ciudadanos, partidos de donde proceden algunos de sus componentes. Lo segundo, por fabular con que en España el centralismo furibundo puede ser funcional. Nuestra arquitectura institucional se pensó en la Transición para favorecer a la provincia sobre los núcleos urbanos, allá donde eran fuertes los comunistas. Los jarrones chinos a los que hoy se les llena la boca de la palabra traición son los mismos que prefirieron a Tarradellas antes que al PSUC.

 En el fondo, el valor de Izquierda Española no creo que sea siquiera electoral, sino de representar un sucedáneo progresista que se amolde a una peligrosa idea que circula en la Corte en los últimos tiempos: se debe acabar con los nacionalistas vascos y catalanes (desde el nacionalismo español). La pusieron en circulación Ayuso y Vox el pasado mayo, la retomó Génova en la jornada de los tres decretos. Ilegalizar partidos tiene difícil encaje constitucional, pero antes de que cualquier realidad acabe tomando cuerpo es necesario anticiparla en el imaginario colectivo.

 Una cosa son los pecados indepes, esa estomagante tendencia de Junts a tomarse esta legislatura como un todo o nada. Y otra bien diferente que las derechas, renuentes e incapaces de adaptarse a la realidad española de 2024, crean viable eliminar de la ecuación a una parte del electorado. Feijóo tuvo que matizar, pero se intuye que el objetivo de fondo es amputar a una parte de quien compone el Legislativo para permitir una involución reaccionaria sin contestación. Suena excesivo, pero piensen cuál debe ser la medida del exceso para los que se confabularon para impedir la pasada investidura al llamamiento de “el que pueda hacer, que haga”. (...)"               (Daniel Bernabé , El País, 22/01/24)

10/8/23

El secesionismo vasco, por muy de izquierdas que se reclame, pone por encima a la pretendida nación vasca que a cualquier criterio igualitario... Este proyecto de separación con base en una pretendida identidad cultural es directamente incompatible con cualquier noción internacionalista, socialista o igualitaria. Primero, por sus fundamentos. ¿Acaso la presunta identidad cultural es un concepto compatible con la pluralidad de cualquier comunidad política democrática? Para una persona de izquierdas, todos los ciudadanos tenemos diferentes pertenencias o identidades, y desde luego no podemos aceptar algo similar a una identidad esencial que nos defina excluyentemente... Hoy el País Vasco goza de una fiscalidad abiertamente privilegiada que abocado a una clara competencia fiscal a la baja entre regiones. Política de genuina impronta neoliberal, que defiende la derecha... en Italia, La Liga, antes de practicar un discurso xenófobo y racista contra los inmigrantes, se ensayó el mismo con los italianos del sur. “Roma nos roba”... La Liga ha desarrollado un planteamiento político abiertamente reaccionario: la autonomía diferenciada... una conjunción entre racismo supremacista e insolidaridad fiscal. Consistía en invocar una presunta identidad cultural superior frente al sur para romper la igualdad ciudadana y, claramente, bloquear la redistribución de la riqueza dentro de la comunidad política... contestado siempre por las izquierdas italianas... Sus homólogas españoles, por desgracia, prefieren admirar rendidamente a los que en España plantean un proyecto similar, el confederal El mito del nacionalismo de izquierdas lleva carcomiendo durante demasiado tiempo a la izquierda española

 "Concluido el debate de portavoces en TVE el pasado 13 de julio, las redes sociales se llenaron de comentarios laudatorios hacia Oskar Matute, representante de EH Bildu. Muchos de ellos no llevaban la rúbrica de los simpatizantes de la izquierda abertzale, sino que provenían de votantes y militantes de la izquierda española, teóricamente ajenos al soberanismo vasco.

No es testimonial la fascinación de determinados sectores presuntamente progresistas, los mismos que sienten una alergia sectaria y congénita a vindicar un proyecto nacional propio, por agendas de corte nacional-fragmentario.

Algunos de los piropos celebraban las formas de Matute a la hora de enfrentar a la extrema derecha. Otros ponían en valor sus profundas convicciones sociales. E, incluso, se le felicitaba por su presencia en la vigilia de Ermua, en el asesinato de Miguel Ángel Blanco, recordado que nunca ha justificado el terrorismo.

Este último punto requiere una aclaración previa: Oskar Matute no proviene del mundo de Herri Batasuna, sino de la Ezker Batua de Madrazo, esa misma que cultivó durante tanto tiempo una oscura posición de equidistancias que le llevó al Pacto de Estella.

Luego, Matute entendió que su lugar en la política sí estaba en HB, puesto que ese es el espacio que ocupa la coalición EH Bildu -en la que Alternatiba y EA sólo son fuerzas periféricas–, conformando el núcleo central de la misma aquellos que hasta hace muy poco oficiaban como servicios auxiliares del terrorismo.

No se entiende bien cuál es el mérito de Matute, hoy cerrando filas con los chicos de Arnaldo Otegi. El personaje siniestro que cuando ETA asesinó a López de Lacalle, por ejemplo, justificó el crimen por “las complicidades de los medios de comunicación con la política represiva del Estado”. O con compañeros con crímenes de sangre sobre las espaldas, alejados de cualquier rectificación moral sobre el terror ni política sobre el proyecto etnicista que los llevó a matar. Especializados en dar ongi etorris a carniceros varios para el mayor escarnio de las víctimas de ETA, mientras ofrecen un revelador silencio ahora que cierra sus puertas Lagun, librería que resistió con coraje cívico ejemplar a la dictadura franquista y al totalitarismo etarra.

Bien pensado, ¿qué iba a decir el partido de Matute, en el que militan tantos fanáticos de los que aplaudieron la pira de libros que los cachorros del terrorismo hicieron en la plaza de la Constitución de San Sebastián en 1996, antes de obligarles a mudar su sede?

El mito del nacionalismo de izquierdas lleva carcomiendo durante demasiado tiempo a la izquierda española. Ha hecho de la misma un rehén permanente de sus innumerables contradicciones. Es posible encontrar a votantes de izquierdas declarando, cada vez más en serio, que ojalá se pudiese optar por EH Bildu en Madrid o Sevilla. En Barcelona, al menos, tienen a ERC, con quienes concurren en coalición al Senado.

En la mistificación del relato, se silencian convenientemente algunos hechos incómodos, como aquel que retrata a la formación de Rufián en Cataluña, no sólo como rehén de las peores versiones del identitarismo excluyente, sino como un partido mainstream al uso. El mismo que a la hora de elegir a “los suyos” no le duelen prendas para hacerlo en el Ayuntamiento de Barcelona o en cualquier otro sitio con la derecha de Junts, con la que ha practicado sin inmutarse recortes y políticas agresivamente antisociales durante décadas. Antes la bandera nacional que el proyecto social.

La fascinación irracional no resiste el menor contraste con la realidad ni con las ideas y principios que guían a estas formaciones políticas. Vayamos por partes.

Más allá de consideraciones otra índole, EH Bildu es una formación que lleva su nacionalismo hasta el extremo de considerar que el pueblo vasco, al tener una identidad cultural diferenciada del resto de los españoles, debe decidir su secesión. Este proyecto de separación con base en una pretendida identidad cultural es directamente incompatible con cualquier noción internacionalista, socialista o igualitaria.

Primero, por sus fundamentos. ¿Acaso la presunta identidad cultural es un concepto compatible con la pluralidad de cualquier comunidad política democrática? ¿Quién determina la condición del pueblo vasco para decidir su separación del resto de una comunidad política democrática? La secesión se lleva mal con la democracia. Si no se predica de un contexto sujeto a opresión colonial (esquema que difícilmente podemos afirmar de una región rica y fiscalmente privilegiada como el País Vasco), más que un derecho parece un privilegio por cuanto se está privando de la decisión política a todos los que hasta hoy son titulares del espacio político.

Para una persona de izquierdas, todos los ciudadanos tenemos diferentes pertenencias o identidades, y desde luego no podemos aceptar algo similar a una identidad esencial que nos defina excluyentemente. El nacionalismo vasco, como perfectamente saben los líderes de EH Bildu y deberían saber sus admiradores en diferentes rincones de España, tiene fundamentos racistas y xenófobos desde sus orígenes. He ahí el ejemplo del fundador del PNV Sabino Arana. ¿Qué tiene todo eso de izquierdas?

Resulta en extremo paradójico que se atribuya a EH Bildu credenciales internacionalistas y un profundo compromiso social. Hoy el País Vasco goza de una fiscalidad abiertamente privilegiada a través del opaco cálculo del cupo y de un sistema de concierto económico vasco que la habilita y promociona, cuyo origen no tiene nada de democrático. Emana de una compensación pactada con las elites de la Restauración después de la Tercera Guerra Carlista. Esa situación tributaria difícilmente conjuga bien con la solidaridad que se predica.

Un ejemplo claro lo vemos en el Impuesto a las Grandes Fortunas, creado ad hoc por este gobierno por la curiosa razón de que la capacidad normativa del análogo Impuesto de Patrimonio se encuentra transferida a las comunidades autónomas. Esa competencia autonómica, como también ocurre con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, o con el propio tramo autonómico del IRPF, ha abocado a una clara competencia fiscal a la baja entre regiones. Política de genuina impronta neoliberal, que defiende la derecha.

He ahí de nuevo la contradicción palmaria. El secesionismo vasco, por muy de izquierdas que se reclame, pone por encima a la pretendida nación vasca que a cualquier criterio redistributivo. Ocurre con todos los nacionalismos, sea cual fuere su perímetro. Se ha visto en los enjuagues para la transferencia de las pensiones públicas al ámbito competencial vasco o en la defensa, por parte del propio Matute, de blindar un ámbito de decisión laboral vasco.

¿Acaso alguien puede permanecer ciego ante las claras contradicciones entre un retórico internacionalismo socialista y una propuesta programática que pone por encima la vindicación de la nueva frontera a la redistribución y la solidaridad?

En Italia, hoy que gobierna la extrema derecha, antes de practicarse un discurso xenófobo y racista contra los inmigrantes, se ensayó el mismo con los italianos del sur. “Roma nos roba” fue durante mucho tiempo el lema de la entonces Liga Norte, hoy la Liga, el partido racista de Salvini que gobierna con la igualmente xenófoba Meloni.

Matteo Salvini porta una estelada, y una camiseta en apoyo del independentismo vasco y catalán.

La Liga ha desarrollado un planteamiento político abiertamente reaccionario, y contestado por las izquierdas: la autonomía diferenciada. Muy sencillo de entender, como cualquier propuesta del populismo identitario. Se trataba de una conjunción entre racismo supremacista e insolidaridad fiscal. Consistía en invocar una presunta identidad cultural superior frente al sur para romper la igualdad ciudadana y, claramente, bloquear la redistribución de la riqueza dentro de la comunidad política.

La izquierda italiana tiene una visión cristalina contra la autonomía diferenciada de la Liga, ahora asumida por Meloni. Considera que estamos, de nuevo, ante el debilitamiento del Estado como instrumento de igualdad y reequilibrio, ante una verdadera propuesta de secesión de los ricos.

Sus homólogos españoles, por desgracia, prefieren admirar rendidamente a los que en España plantean un proyecto similar, el confederal y plurinacional. Incluso en versiones de descomposición y antiigualitarismo mucho más avanzadas, permitiendo que sendas regiones ricas del país dejen de compartir territorio político con las más pobres.

Nuestra Liga Norte cuenta con la extraña fascinación de una izquierda desnortada, para desgracia de la solidaridad y los derechos de todos. Especialmente, de los que menos tienen."                

(, Asamblea Social de la Izquierda de Catalunya, 09/08/23)

27/4/22

El atentado a Carrero Blanco se produce el mismo día que Madrid estaba lleno de periodistas porque iba a inciarse el proceso 1001 a los sindicalistas. ETA les desplazó literalmente del foco de atención. Hay entonces una especie de apropiación del antifranquismo por parte del nacionalismo. Y ante esto ha habido falta de lucidez, de fuerza o de honestidad por parte de sectores de la izquierda... El gudarismo está en las antípodas del marxismo: es una suerte de nacionalismo de Sabino Arana remozado con otros ingredientes... También hay que destacar que la primera manifestación contra ETA la convoca el PCE en Portugalete

  "(...) Iñaki Arteta sostuvo en una entrevista con EL ESPAÑOL que ese carácter supuestamente antifranquista de la banda fue lo que "atrajo" a cierta izquierda, que estuvo "durante demasiado tiempo comprendiendo" el impulso terrorista. ¿Está de acuerdo?

Hay una evidencia en esto. Los últimos años del franquismo produjeron esa aproximación entre los distintos sectores que se oponían a él: quienes pagaron el principal precio de la resistencia al franquismo, que fue el PCE, y más tardíamente, ciertos sectores del nacionalismo.

 Ahí se produjo una confluencia que tuvo dos momentos puntuales muy relevantes desde el punto de vista de la publicidad, de la imagen: el Proceso de Burgos y el atentado contra Carrero Blanco. Ambos elementos fueron instrumentalizados.

El atentado a Carrero Blanco se produce el mismo día que Madrid estaba lleno de periodistas porque iba a inciarse el proceso 1001 a los sindicalistas. ETA les desplazó literalmente del foco de atención. Hay entonces una especie de apropiación del antifranquismo por parte del nacionalismo. Y ante esto ha habido falta de lucidez, de fuerza o de honestidad por parte de sectores de la izquierda para apreciar, cuando la democracia ya estaba instalada, que ETA no era antifranquista, sino totalitaria y fascista.

También hay que destacar que la primera manifestación contra ETA la convoca el PCE en Portugalete. Esto es poco conocido, pero el Partido Comunista estuvo ahí. Luego las cosas cambiaron, claro, y vimos a Madrazo apoyando el Pacto de Lizarra y cosas por el estilo. Esto es parte de la Historia y la izquierda debe evaluar su propio legado. Desgraciadamente vemos hoy posiciones parecidas en la relación con Otegi de ciertos partidos de la izquierda.

Se refiere usted a ETA como una organización "fascista", pese a que el sustrato ideológico de la banda era marxista. ¿Por qué?

Como en un medicamento, hay que distinguir entre principio activo y excipiente. ETA nace con los materiales ideológicos del momento: descolonización, Guerra de Argelia y otros movimientos que nacían entonces, como las Brigadas Rojas. En aquel momento el sustrato ideológico para justificar su existencia era de cuño marxista, pero hay elementos de sobra para concluir que eso era puramente aparencial. Por ejemplo, el marxismo es internacionalista e incompatible con el etnicismo.

El gudarismo está en las antípodas del marxismo: es una suerte de nacionalismo de Sabino Arana remozado con otros ingredientes. Además, el marxismo se hundió en el 89. Tan sólo era una carcasa, del mismo modo que luego ETA incorporó elementos de los nuevos movimientos sociales. Son movimientos oportunistas.

A modo de curiosidad, una vez en un acto militante con miembros del nacionalismo radical se intentó entonar La Internacional, pero la mayor parte de los que estaban ahí no conocían la letra. Conocían bien, en cambio, el Eusko Gudariak. Lo explica muy bien Jesús Casquete en un artículo titulado "Abertzale sí, pero ¿quién dijo de izquierdas?". (...)"

(Entrevista a Martín Alonso, Marcos Ondarra, El Español, 01/11/21)

31/3/22

Joan Ferran: «ERC y CUP son nacionalindependentistas y focalizan su política sobre las capas medias y los profesionales»

 "Joan Ferran Serafini (Barcelona, 1951) acaba de publicar su último libro, ‘Flores de arcén’ (Ediciones HIldy), un ensayo social sobre las personas olvidadas en la Barcelona de Ada Colau. Es el cuarto libro que este ex diputado socialista publica (...) 

¿No ha habido en la Cataluña de la última década demasiado dinero público gastado en ‘patriotismo’ y muy poco en gasto social?

Sí. Los gobiernos de Cataluña gestionados en clave nacional-procesista nos han llevado a una situación en la que se ha primado más internacionalizar el procés — por ejemplo — que en dotar a Cataluña de unos servicios sociales dignos. Para otra ocasión dejo la fuga de capitales y empresas que ha tenido lugar a lo largo de esta década ominosa bajo el nacionalismo.

¿Por qué ERC y sus socios de la CUP, teóricamente muy ‘sociales’, no se han volcado con los más desfavorecidos?

Seguramente por que les interesa más acceder a los resortes del gobierno y mantenerse en ellos a perpetuidad antes que bajar al ruedo de la Cataluña real. Ellos son esencialmente nacionalindependentistas y focalizan su política sobre las capas medias y los profesionales. Seleccionan la clientela y les trae sin cuidado las ‘flores del arcén’."                   (Sergio Fidalgo, elCatalán.es, 13/03/22)

22/2/22

Izquierda y Nacionalismo: La izquierda política en nuestro país ha establecido nefastas alianzas con las ideologías nacionalistas. ¿Por qué se ha dado este fenómeno? ¿No son los principios progresistas contrarios a las tesis excluyentes del nacionalismo?

 " La izquierda política en nuestro país ha establecido nefastas alianzas con las ideologías nacionalistas. ¿Por qué se ha dado este fenómeno? ¿No son los principios progresistas contrarios a las tesis excluyentes del nacionalismo?" 

(Armando Fernández Steinko, Teresa Freixes, Guillermo del Valle, Ana Ruiz, Bernat García, Miriam Tey)

2/2/22

El Jacobino es un think tank socialista que surgió como una aventura audiovisual... Están hastiados de la deriva ideológica, las luchas globales y banales, la expansión del pensamiento woke, el despego a los valores históricos y culturales de España, el descentralismo y la seducción de nacionalismos regionales. Consideran que la izquierda imperante ha abandonado su razón de ser

 "El Jacobino es un think tank socialista que surgió como una aventura audiovisual y que, poco a poco, va germinando en un proyecto político cada vez más grueso. A todo proceso ideológico le surgen oposiciones internas y la izquierda hegemónica y mediática tiene una chinita en el zapato cuya herida comienza a sentirse. 

Están hastiados de la deriva ideológica, las luchas globales y banales, la expansión del pensamiento woke, el despego a los valores históricos y culturales de España, el descentralismo y la seducción de nacionalismos regionales. Consideran que la izquierda imperante ha abandonado su razón de ser. Y, cada vez más despreocupados de etiquetas e insultos y superando el miedo al tabú y a las cancelaciones, han dicho basta. Es imparable el proceso de ruptura en la izquierda.

 En aras de conocer un poco más sobre El Jacobino, cuáles son sus razones fundacionales, y qué objetivos de futuro se marcan, ElPlural.com ha mantenido una conversación con su director, Guillermo del Valle.

Pregunta: La primera es clara. ¿Qué es El Jacobino?

Respuesta: Comenzó siendo un proyecto audiovisual que surgió a raíz de la pandemia con una modesta pretensión y que ha acabado por convertirse en un proyecto no solo comunicativo sino también político. Somos críticos con la izquierda oficial, sobre todo por su complicidad con el nacionalismo fragmentario. También nos posicionamos contra las cuestiones identitarias, el abandono de los ejes materiales y la parte cultural del neoliberalismo. Y queremos influir. Por eso, no descartamos que de El Jacobino pueda surgir una opción política. Y así dar una alternativa genuinamente socialista, materialista, republicana y laicista.

P: ¿Qué crees que le ha llevado a la izquierda hegemónica a abandonar, presuntamente, esos valores fundacionales?

R: Todo forma parte de un proceso. Cuando cae el bloque socialista se produce un desnortamiento de la propia socialdemocracia porque vence la economía de mercado. Luego tenemos un mundo que desde 1991 parecía unipolar pero estamos en una segunda Guerra Fría. Ya no tenemos contrapesos. La izquierda, actualmente, proyecta todas sus guerras en el aspecto cultural y asumen una jerga identitaria que fomenta la tradición nacionalista y el irracionalismo. El posmodernismo es chatarra intelectual que no cumple las reglas de la lógica. Importan debates individualistas y fragmentadores que le hacen el juego al capital. La izquierda es incapaz de poner en cuestión el capitalismo y es muy grave la quiebra del universalismo. Se me ocurren otras cuestiones como el blanqueamiento del hiyab. ¿Somos feministas aquí pero allí es una experiencia cultural? También las políticas de la cancelación. Todo eso es bazofia y no lo reconozco como como la izquierda.

P: Rojipardos. También llamados ahora neorrancios.

R: Estoy hasta las narices de los hombres de paja, las invenciones y las pandillas fantasma. El Jacobino no tiene problemas con muchas políticas de progreso moral. Yo no soy ningún tradicionalista. El regreso al pasado me parece tan idealista como el progreso a ninguna parte. Defendemos el derecho al aborto y el resto de derechos plenos de las mujeres. También la idea de una ciudadanía inclusiva. Me gustaría que esos que nos presentan como una especie de consorcio de reaccionarios debatan honestamente idea por idea. Nosotros vamos a seguir oponiéndonos a las autodeterminaciones, algo profundamente liberal. ¿Eso es reaccionario? ¿Y qué es ser progresista? ¿Defender la nación étnica pura vasca y catalana y defender las teorías de un tarado racista como Sabino Arana y a un partido golpista como ERC? Otro disparate: la autodeterminación del sexo. ¿Todo fluye y no existe una categoría material?

P: También se os llama falangistas de izquierdas.

R: Para mí el fascismo es una aberración. No puedo compartir espacio con alguien así. Es asqueroso y reaccionario. El detritus de la historia. Y un día aparecerá un movimiento de este tipo si la izquierda sigue abandonando las cuestiones materiales y distributivas. Y nos vamos a cagar.

P: Otro término es nacionalista español.

R: Yo no creo en una esencia inequívoca española. Mi identidad principal es la de clase. Vete a Vallecas o a Nou Barris. Verás cómo se parecen. No creo en el onanismo de la frontera española.

 Nací en España por simple azar. Lo que no acepto en levantar nuevas fronteras y triturar a la clase trabajadora.

P: Estas reflexiones que haces, en vez de ser tomadas en cuenta por la izquierda hegemónica para iniciar un proceso de debate dentro de la propia izquierda, son canceladas y denigradas. Y así se impone el tabú que evita que la gente alce la voz.

R: Me parece algo preocupante y sombrío. Y me ha pasado en PlayZ. Debatiendo con una chica, le dije: “Tú eres mi igual y quiero que compartamos comunidad política. Somos iguales. Como republicano y socialista defiendo la radical igualdad entre tú y yo”. Y me dice: “Tú no puedes hablar de las cosas de los negros”. Literalmente. Cómo que las cosas de los negros. Me intentaron cancelar después de ese debate. Y eso es fomentar el irracionalismo.

 P: ¿Crees que en la actualidad predominan una serie de luchas globales que se alejan de los problemas reales de las personas?

R: Yo no tengo ningún problema con el feminismo o el ecologismo. Solo digo que hay que ligarlos al eje central de trabajo y clase, que sigue siendo la gran brecha. Y no vamos a convertirlos en elementos de consumo para el capital financiero. Ya hemos legislado para proteger a las minorías o a los colectivos LGTBI. Lo que llevamos 30 años sin atender son los derechos de los trabajadores. También los de esas mujeres, negros u homosexuales que sufren como cualquier trabajador. Eliminación de los salarios de tramitación, el abaratamiento del despido, los problemas de vivienda o las privatizaciones de sectores estratégicos. Las cosas se arreglan con soberanía.

P: ¿Qué reflexión haces de la figura de Pablo Iglesias y Podemos?

R: Yo prefería al Pablo Iglesias que entrevistaba en La Tuerka. Para eso no era malo. Al final hay una frase que le describe a la perfección y es que ha cabalgado contradicciones por encima de sus posibilidades. Se iba a tomar el cielo por asalto y se ha acabado con un ministro comunista cuya gran acción transformadora es una huelga de juguetes. También es clave el tema nacional y cómo se han vendido al secesionismo y a sus oligarquías mediáticas. O comparar a Puigdemont con los presos republicanos. Eso es un insulto moralmente indecente. Podemos se ha vendido a la Liga Norte española, que son los nacionalismos catalanes y vascos. Racismo, supremacismo e insolidaridad fiscal.

P: El PNV como paradigma del maquillaje al nacionalismo.

R: Al PNV, por ejemplo, le importa un carajo cómo le va a un trabajador de Soria. Pero es normal, porque es un partido ultrareaccionario. Solo le importa su bandera, su constitución nacional, su construcción identitaria y su patria una, grande y libre. Y, por cierto, Podemos celebra el Aberri Eguna (Día de la Patria). 

P: ¿Te convence la reforma laboral?

R: Estamos en la Unión Europea, la unión monetaria y hay limitaciones de soberanía muy grande. Sin embargo, han sacado del debate el despido, los salarios de tramitación, se rebaja la cuantía de indemnización por despido y se han modificado sustancialmente las condiciones de trabajo. Soy abogado laborista y no puedo callarme ante eso. No puedo aceptar que se diga que se va a derogar la reforma laboral y luego se pongan unas comillas y se diga que no se puede hacer “técnicamente”. Que no nos tomen por tontos. Di la verdad, sé honrado y déjate de marketing político. Y la defiende la CEOE, FAES, Aznar. El propio Rajoy dijo que los cambios en la reforma laboral son una operación de maquillaje. No dudo de la intuición y la inteligencia de Yolanda Díaz pero no se puede hacer lo que ha hecho.

P: Una de vuestras tesis básicas es el laicismo.

R: El Jacobino defiende que salgan todas las religiones de la escuela y que sea pública, laica y republicana. Ahora bien, no compramos las basuras posmodernas.

P: Dentro del proyecto de Nuevas Políticas que lideran figuras como Yolanda Díaz, Mónica Oltra, Mónica García y Ada Colau también está Fátima Hamed, diputada islamista en Ceuta. ¿Qué te parece ese corriente de juntar integrismo religioso con feminismo?

R: Una de las claves de la caída del universalismo es la pérdida del laicismo. El secretario general del Partido Comunista de Francia, Fabien Roussel, ha dicho que no va a negociar que se reivindique a una izquierda que ha aceptado la religión como animal de compañía. Y esta es furibunda respecto a la separación de poderes. Es una traición a los valores fundacionales de la izquierda. No podemos estar cagándonos en el crucifijo y callarnos ante el islam. Naturalizar el hiyab, decir que es un elemento emancipador y que hay que normalizarlo, me parece una vergüenza.

 P: ¿Crees que Vox se está aprovechando de la deriva de la izquierda? Hay muchos votantes que deberían estar eligiendo opciones de izquierda pero son seducidos por los de Santiago Abascal.

R: No dejan de ser una escisión dura del PP que busca una serie de esencias perdidas. Un partido identitario, de tradición nacionalista y que se centra en las batallas culturales. En algún punto también son bolsonaristas y buscan combatir el fantasma del comunismo. ¿Qué comunismo? ¿Dónde está? ¿El que hace una reforma laboral que aplaude la CEOE? También es un partido cuya política económica la define Rubén Manso, de la escuela austriaca, que junto a Iván Espinosa de los Monteros defiende un Estado casi mínimo, la liberalización del suelo, la transición a un sistema semiprivado de pensiones... Es decir, condenar a la miseria a millones de trabajadores españoles. ¿Eso es luchar contra el globalismo? Son gente que hace años decían que la riqueza la genera el empresario y que el trabajador debe darle las gracias y renunciar al Salario Mínimo. 

P: ¿Qué opinas de Solidaridad, su sindicato?

R: Lo que les importa es el ir de anticomunistas. De ahí ese nombre. Copiado a la organización de Lech Walesa en Polonia. Es solo batalla cultural. Algo estamos haciendo mal si una escisión de base liberal está consiguiendo penetrar en núcleos obreristas. ¡Macarena Olona reivindicando la figura de Julio Anguita! ¿Qué dice señora?

P: He leído que también haces trabajo social como abogado en el barrio de Fontarrón de Madrid. ¿Qué pulso ves en las zonas obreras?

R: Todos los lunes paso consulta y estoy en contacto constante con ellos. Veo puramente cuestiones de clase. Mujeres, hombres, inmigrantes, trabajadores en general. Jodidos por su clase social, por contratos basura o en fraude de ley, con problemas con el IVA, con la Agencia de Vivienda Social de Madrid, paro juvenil... Miseria, vamos. Ahí ves que ni orden espontáneo, ni mano invisible, ni capitalismo autorregulado, ni economía del emprendimiento. Gente que echa en falta que el Estado llegue de verdad. Ahí nadie se siente asfixiado por papá Estado o los impuestos progresivos.

P: ¿Qué opciones reales hay de que El Jacobino germine en una opción política real?

R: Para eso hay una labor previa. Hay que dar primero la batalla en el campo cultural porque llevamos décadas situados en el neoliberalismo disolvente y el capitalismo sin ver mejoras en el aspecto económico. Hay que dar esa batalla a favor de una izquierda que tenga en el centro de sus preocupaciones los principios de igualdad, trabajo, laicismo, redistribución, ciudadanía y universalidad. Estamos creciendo. Ya estamos en Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona. El Jacobino crece y es una organización claramente socialista. También falta financiación porque vivimos de las cuotas de nuestros asociados.

P: ¿Aceptáis financiación de empresas privadas?

R: Eso hay que mirarlo con lupa. Somos conscientes de que jugamos en el campo del capitalismo y que si te financian, te exigen. Pero todavía nadie lo ha intentado. Quizás nos vean poco comprables. Para decir que el concierto económico es bueno, que el confederalismo es progresista, que la autodeterminación del sexo es maravillosa, que el PNV es de izquierdas, que Junts no está mal o que ERC sea el modelo a seguir en Cataluña, ya están otros. "               (Luis Abascal, ElPlural, 23/01/22)

1/2/22

Nace un partido de izquierdas antiindepe... AIREs reclama “acabar con la inmersión lingüística”

 "El nuevo partido de izquierdas, la Alianza de la Izquierda Republicana de España (AIREs), ha clausurado el primer congreso en Barcelona. El partido muestra un rechazo frontal al independentismo y reivindica "la recuperación para el Estado central de competencias clave, como la sanidad, la educación, la seguridad pública o la fiscalidad pública".

Del mismo modo defienden una “lucha sin cuartel contra la marginación del idioma español en las escuelas catalanas y vascas. Exigencia del cumplimiento estricto de la cooficialidad prevista en la Constitución española; es decir, acabar con la inmersión lingüística y restaurar la legalidad, lo que implica restablecer la convergencia lingística en igualdad de condiciones”.

AIREs también es una muestra muy crítica con ERC, y considera una "vergüenza" que el partido se defina de izquierdas. “Se puede ser más sinvergüenza, más traidor al principio fundamental de la lucha de clases, ¿qué es la unidad de la clase obrera?”, preguntan.

A la clausura del Congreso del partido asistieron Lidia Falcón (Presidenta del Partido Feminista de España); Fernando Sánchez Costa (Presidente de Sociedad Civil Catalana), acompañado de 6 miembros de la Junta Directiva. También Carlos Jiménez Villarejo (que fue Fiscal Anticorrupción y Eurodiputado por Podemos)."      
          (e-notícies, 30/01/22)

24/1/22

Guillermo del Valle: “No descartamos que de El Jacobino surja una opción política para dar una alternativa genuinamente socialista”... Somos críticos con la izquierda oficial, sobre todo por su complicidad con el nacionalismo fragmentario. También nos posicionamos contra las cuestiones identitarias, el abandono de los ejes materiales y la parte cultural del neoliberalismo

 "El Jacobino es un think tank socialista que surgió como una aventura audiovisual y que, poco a poco, va germinando en un proyecto político cada vez más grueso. A todo proceso ideológico le surgen oposiciones internas y la izquierda hegemónica y mediática tiene una chinita en el zapato cuya herida comienza a sentirse. 

Están hastiados de la deriva ideológica, las luchas globales y banales, la expansión del pensamiento woke, el despego a los valores históricos y culturales de España, el descentralismo y la seducción de nacionalismos regionales. Consideran que la izquierda imperante ha abandonado su razón de ser. Y, cada vez más despreocupados de etiquetas e insultos y superando el miedo al tabú y a las cancelaciones, han dicho basta. Es imparable el proceso de ruptura en la izquierda.

En aras de conocer un poco más sobre El Jacobino, cuáles son sus razones fundacionales, y qué objetivos de futuro se marcan, ElPlural.com ha mantenido una conversación con su director, Guillermo del Valle.

Pregunta: La primera es clara. ¿Qué es El Jacobino?

Respuesta: Comenzó siendo un proyecto audiovisual que surgió a raíz de la pandemia con una modesta pretensión y que ha acabado por convertirse en un proyecto no solo comunicativo sino también político. Somos críticos con la izquierda oficial, sobre todo por su complicidad con el nacionalismo fragmentario. También nos posicionamos contra las cuestiones identitarias, el abandono de los ejes materiales y la parte cultural del neoliberalismo. Y queremos influir. Por eso, no descartamos que de El Jacobino pueda surgir una opción política. Y así dar una alternativa genuinamente socialista, materialista, republicana y laicista.

P: ¿Qué crees que le ha llevado a la izquierda hegemónica a abandonar, presuntamente, esos valores fundacionales?

R: Todo forma parte de un proceso. Cuando cae el bloque socialista se produce un desnortamiento de la propia socialdemocracia porque vence la economía de mercado. Luego tenemos un mundo que desde 1991 parecía unipolar pero estamos en una segunda Guerra Fría. Ya no tenemos contrapesos. La izquierda, actualmente, proyecta todas sus guerras en el aspecto cultural y asumen una jerga identitaria que fomenta la tradición nacionalista y el irracionalismo. El posmodernismo es chatarra intelectual que no cumple las reglas de la lógica. Importan debates individualistas y fragmentadores que le hacen el juego al capital. La izquierda es incapaz de poner en cuestión el capitalismo y es muy grave la quiebra del universalismo. Se me ocurren otras cuestiones como el blanqueamiento del hiyab. ¿Somos feministas aquí pero allí es una experiencia cultural? También las políticas de la cancelación. Todo eso es bazofia y no lo reconozco como como la izquierda.

P: Rojipardos. También llamados ahora neorrancios.

R: Estoy hasta las narices de los hombres de paja, las invenciones y las pandillas fantasma. El Jacobino no tiene problemas con muchas políticas de progreso moral. Yo no soy ningún tradicionalista. El regreso al pasado me parece tan idealista como el progreso a ninguna parte. Defendemos el derecho al aborto y el resto de derechos plenos de las mujeres. También la idea de una ciudadanía inclusiva. Me gustaría que esos que nos presentan como una especie de consorcio de reaccionarios debatan honestamente idea por idea. Nosotros vamos a seguir oponiéndonos a las autodeterminaciones, algo profundamente liberal. ¿Eso es reaccionario? ¿Y qué es ser progresista? ¿Defender la nación étnica pura vasca y catalana y defender las teorías de un tarado racista como Sabino Arana y a un partido golpista como ERC? Otro disparate: la autodeterminación del sexo. ¿Todo fluye y no existe una categoría material?

P: También se os llama falangistas de izquierdas.

R: Para mí el fascismo es una aberración. No puedo compartir espacio con alguien así. Es asqueroso y reaccionario. El detritus de la historia. Y un día aparecerá un movimiento de este tipo si la izquierda sigue abandonando las cuestiones materiales y distributivas. Y nos vamos a cagar.

P: Otro término es nacionalista español.

R: Yo no creo en una esencia inequívoca española. Mi identidad principal es la de clase. Vete a Vallecas o a Nou Barris. Verás cómo se parecen. No creo en el onanismo de la frontera española. Nací en España por simple azar. Lo que no acepto en levantar nuevas fronteras y triturar a la clase trabajadora.

P: Estas reflexiones que haces, en vez de ser tomadas en cuenta por la izquierda hegemónica para iniciar un proceso de debate dentro de la propia izquierda, son canceladas y denigradas. Y así se impone el tabú que evita que la gente alce la voz.

R: Me parece algo preocupante y sombrío. Y me ha pasado en PlayZ. Debatiendo con una chica, le dije: “Tú eres mi igual y quiero que compartamos comunidad política. Somos iguales. Como republicano y socialista defiendo la radical igualdad entre tú y yo”. Y me dice: “Tú no puedes hablar de las cosas de los negros”. Literalmente. Cómo que las cosas de los negros. Me intentaron cancelar después de ese debate. Y eso es fomentar el irracionalismo.

P: ¿Crees que en la actualidad predominan una serie de luchas globales que se alejan de los problemas reales de las personas?

R: Yo no tengo ningún problema con el feminismo o el ecologismo. Solo digo que hay que ligarlos al eje central de trabajo y clase, que sigue siendo la gran brecha. Y no vamos a convertirlos en elementos de consumo para el capital financiero. Ya hemos legislado para proteger a las minorías o a los colectivos LGTBI. Lo que llevamos 30 años sin atender son los derechos de los trabajadores. También los de esas mujeres, negros u homosexuales que sufren como cualquier trabajador. Eliminación de los salarios de tramitación, el abaratamiento del despido, los problemas de vivienda o las privatizaciones de sectores estratégicos. Las cosas se arreglan con soberanía.

P: ¿Qué reflexión haces de la figura de Pablo Iglesias y Podemos?

R: Yo prefería al Pablo Iglesias que entrevistaba en La Tuerka. Para eso no era malo. Al final hay una frase que le describe a la perfección y es que ha cabalgado contradicciones por encima de sus posibilidades. Se iba a tomar el cielo por asalto y se ha acabado con un ministro comunista cuya gran acción transformadora es una huelga de juguetes. También es clave el tema nacional y cómo se han vendido al secesionismo y a sus oligarquías mediáticas. O comparar a Puigdemont con los presos republicanos. Eso es un insulto moralmente indecente. Podemos se ha vendido a la Liga Norte española, que son los nacionalismos catalanes y vascos. Racismo, supremacismo e insolidaridad fiscal.

P: El PNV como paradigma del maquillaje al nacionalismo.

R: Al PNV, por ejemplo, le importa un carajo cómo le va a un trabajador de Soria. Pero es normal, porque es un partido ultrareaccionario. Solo le importa su bandera, su constitución nacional, su construcción identitaria y su patria una, grande y libre. Y, por cierto, Podemos celebra el Aberri Eguna (Día de la Patria). 

P: ¿Te convence la reforma laboral?

R: Estamos en la Unión Europea, la unión monetaria y hay limitaciones de soberanía muy grande. Sin embargo, han sacado del debate el despido, los salarios de tramitación, se rebaja la cuantía de indemnización por despido y se han modificado sustancialmente las condiciones de trabajo. Soy abogado laborista y no puedo callarme ante eso. No puedo aceptar que se diga que se va a derogar la reforma laboral y luego se pongan unas comillas y se diga que no se puede hacer “técnicamente”. Que no nos tomen por tontos. Di la verdad, sé honrado y déjate de marketing político. Y la defiende la CEOE, FAES, Aznar. El propio Rajoy dijo que los cambios en la reforma laboral son una operación de maquillaje. No dudo de la intuición y la inteligencia de Yolanda Díaz pero no se puede hacer lo que ha hecho.

P: Una de vuestras tesis básicas es el laicismo.

R: El Jacobino defiende que salgan todas las religiones de la escuela y que sea pública, laica y republicana. Ahora bien, no compramos las basuras posmodernas.

P: Dentro del proyecto de Nuevas Políticas que lideran figuras como Yolanda Díaz, Mónica Oltra, Mónica García y Ada Colau también está Fátima Hamed, diputada islamista en Ceuta. ¿Qué te parece ese corriente de juntar integrismo religioso con feminismo?

R: Una de las claves de la caída del universalismo es la pérdida del laicismo. El secretario general del Partido Comunista de Francia, Fabien Roussel, ha dicho que no va a negociar que se reivindique a una izquierda que ha aceptado la religión como animal de compañía. Y esta es furibunda respecto a la separación de poderes. Es una traición a los valores fundacionales de la izquierda. No podemos estar cagándonos en el crucifijo y callarnos ante el islam. Naturalizar el hiyab, decir que es un elemento emancipador y que hay que normalizarlo, me parece una vergüenza.

P: ¿Crees que Vox se está aprovechando de la deriva de la izquierda? Hay muchos votantes que deberían estar eligiendo opciones de izquierda pero son seducidos por los de Santiago Abascal.

R: No dejan de ser una escisión dura del PP que busca una serie de esencias perdidas. Un partido identitario, de tradición nacionalista y que se centra en las batallas culturales. En algún punto también son bolsonaristas y buscan combatir el fantasma del comunismo. ¿Qué comunismo? ¿Dónde está? ¿El que hace una reforma laboral que aplaude la CEOE? También es un partido cuya política económica la define Rubén Manso, de la escuela austriaca, que junto a Iván Espinosa de los Monteros defiende un Estado casi mínimo, la liberalización del suelo, la transición a un sistema semiprivado de pensiones... Es decir, condenar a la miseria a millones de trabajadores españoles. ¿Eso es luchar contra el globalismo? Son gente que hace años decían que la riqueza la genera el empresario y que el trabajador debe darle las gracias y renunciar al Salario Mínimo. 

P: ¿Qué opinas de Solidaridad, su sindicato?

R: Lo que les importa es el ir de anticomunistas. De ahí ese nombre. Copiado a la organización de Lech Walesa en Polonia. Es solo batalla cultural. Algo estamos haciendo mal si una escisión de base liberal está consiguiendo penetrar en núcleos obreristas. ¡Macarena Olona reivindicando la figura de Julio Anguita! ¿Qué dice señora?

P: He leído que también haces trabajo social como abogado en el barrio de Fontarrón de Madrid. ¿Qué pulso ves en las zonas obreras?

R: Todos los lunes paso consulta y estoy en contacto constante con ellos. Veo puramente cuestiones de clase. Mujeres, hombres, inmigrantes, trabajadores en general. Jodidos por su clase social, por contratos basura o en fraude de ley, con problemas con el IVA, con la Agencia de Vivienda Social de Madrid, paro juvenil... Miseria, vamos. Ahí ves que ni orden espontáneo, ni mano invisible, ni capitalismo autorregulado, ni economía del emprendimiento. Gente que echa en falta que el Estado llegue de verdad. Ahí nadie se siente asfixiado por papá Estado o los impuestos progresivos.

P: ¿Qué opciones reales hay de que El Jacobino germine en una opción política real?

R: Para eso hay una labor previa. Hay que dar primero la batalla en el campo cultural porque llevamos décadas situados en el neoliberalismo disolvente y el capitalismo sin ver mejoras en el aspecto económico. Hay que dar esa batalla a favor de una izquierda que tenga en el centro de sus preocupaciones los principios de igualdad, trabajo, laicismo, redistribución, ciudadanía y universalidad. Estamos creciendo. Ya estamos en Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona. El Jacobino crece y es una organización claramente socialista. También falta financiación porque vivimos de las cuotas de nuestros asociados.

P: ¿Aceptáis financiación de empresas privadas?

R: Eso hay que mirarlo con lupa. Somos conscientes de que jugamos en el campo del capitalismo y que si te financian, te exigen. Pero todavía nadie lo ha intentado. Quizás nos vean poco comprables. Para decir que el concierto económico es bueno, que el confederalismo es progresista, que la autodeterminación del sexo es maravillosa, que el PNV es de izquierdas, que Junts no está mal o que ERC sea el modelo a seguir en Cataluña, ya están otros. "                      (Luis Abascal, El Plural, 23/01/22)

4/11/21

Abertzale sí pero, ¿quién dijo que de izquierda? ¿Hay pruebas reales, concretas, más allá de las declaraciones de unos pocos, de que el mundo batasuno tiene como objetivo, además de la independencia, la transformación social? No nos dejemos atrapar por una terminología equívoca cuando lo que queremos es referirnos a un actor político del que sólo cabe una certeza: su naturaleza ultranacionalista

 "¿Está justificada la denominación de «izquierda abertzale» para referirse, en el lenguaje común, pero sobre todo en el habla especializada, a la familia política del nacionalismo vasco radical? ¿Hay pruebas reales, concretas, más allá de las declaraciones de unos pocos, de que el mundo batasuno tiene como objetivo, además de la independencia, la transformación social?

            No resulta sencillo encontrar espacios de convergencia en un país de disensos enconados y enquistados, como es el vasco. Complicado, pero no imposible. En lo que sigue, me ocuparé de una unanimidad terminológica observada en la política vasca, a partir de la siguiente constatación: todas las formaciones políticas del arco parlamentario vasco coinciden en referirse como «izquierda abertzale» al espacio político proscrito por los tribunales españoles a partir de 2003, en concreto de Batasuna y de todas sus marcas electorales subsiguientes. Que fuerzas políticas tan dispares y distantes como el PNV, el PP, Ezker Batua o el PSE-EE hayan abrazado un etiquetaje tal supone, tengo para mí, una adopción literal y, por lo tanto acrítica, del modo que el nacionalismo radical ha elegido para identificarse a sí mismo. 

Espejo o reflejo de la praxis política, quién lo sabe (el trazado de la causalidad no nos preocupa ahora), los medios de comunicación no menos plurales que los partidos políticos mencionados, como El Correo, El País, Público, Deia o Gara, recurren a esta misma terminología en sus crónicas, editoriales y artículos de opinión firmados por sus colaboradores. En un salto más incomprensible e injustificado si cabe, de un tiempo a esta parte algunos de los medios mencionados hablan incluso de «izquierda radical» como sinónimo de «izquierda abertzale».

            La cuestión que trataré de dilucidar a continuación es la siguiente: ¿está justificada la denominación de «izquierda abertzale» para referirse, en el lenguaje común, pero sobre todo en el habla especializada, a la familia política que preferiré llamar «nacionalismo vasco radical»? Por afinar un poco más y cribar por el cedazo crítico los dos ingredientes de la expresión que nos ocupa, ¿disponemos de «base probatoria» suficiente derivada del plano doctrinal y del ejercicio político cotidiano para ubicar en el plural espacio de la izquierda a esa sensibilidad política? Cuestión bien distinta, de la que no me ocuparé porque nos llevaría por derroteros bien distintos a los que aquí me propongo recorrer, es la de la avenencia teórica entre dos términos, izquierda y abertzale, que más de uno contempla como un oxímoron. Quienes comparten esta visión arguyen que una política paroxismal de la identidad, que hace bandera de la diferencia ensombreciendo las comunalidades, por un lado, y una política que aspira a una igualdad real para todos y todas, por otro, resultan de una conciliación forzada, cuando no imposible.

            Antes de proseguir, conviene introducir una cautela para una cabal comprensión de lo que aquí se quiere exponer. En mi reflexión, partiré de una cláusula de respeto, en el siguiente sentido: si un actor sociopolítico (o, lo que para el caso es igual: un individuo) opta por una caracterización y una adscripción determinada en el espacio ideológico, lo suyo es respetar su formulación. De este modo, hemos de denominar por su nombre de pila al Partido Liberal austriaco del difunto Jörg Haider, aún cuando nos conste el ideario de extrema derecha que se esconde tras sus siglas, nada que ver con la tradición liberal; al Partido Social Demócrata portugués, en realidad un partido conservador o, por último, al Partido Libertario de los EE. UU., una denominación tras la que se oculta una plataforma anarco-capitalista (o sea, neoliberal en estado puro), alejada de la tradición anarquista europea. En el mismo sentido, si una persona u organización determinada se considera partícipe de un espacio político, nadie mejor que él o ella para responsabilizarse del uso de los conceptos a la hora de aplicárselos a sí mismos. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

            Dicho lo cual, apostillamos a renglón seguido: que el nacionalismo radical se autodenomine «izquierda abertzale» no obliga al resto de los actores políticos, medios de comunicación y opinión pública en general a hacer suya tal fórmula. Porque si exceptuamos la denominación como Izquierda Abertzale del grupo parlamentario del Partido Comunista de las Tierras Vascas, PCTV-EHAK, durante la última legislatura del lehendakari Ibarretxe (2006-2009), el de «izquierda abertzale» es más bien un descriptor que pretende subsumir los dos vectores motrices de su ideario y de su praxis. 

Argumentaré a continuación que, en efecto, el espacio político del nacionalismo vasco radical es inequívocamente abertzale, esto es, patriota vasco, al tiempo que cuestionaré (entiéndase bien, insisto: no negaré, sólo arrojaré dudas razonables y razonadas en tanto no se ofrezcan a la opinión pública por parte de los interesados argumentos clarificadores al respecto) su condición de partícipe de la tradición de izquierdas. Por recurrir al dicho anglosajón: si algo anda como un pato, vuela como un pato y nada como un pato, entonces es un pato. Pero quien, desde su condición de observador externo no ve plumas, patas ni pico a ese «algo», porque no dispone de las lentes adecuadas para divisar en lontananza, entonces carece de criterio para dilucidar si efectivamente se trata de un ánade. Denominarlo de ese modo constituye, pues, una ligereza, incluso para un ornitólogo avezado. Habida cuenta de que la confrontación política es siempre también una lucha por denominar la realidad, ¿constituye acaso también una irresponsabilidad recurrir al lenguaje del nacionalismo radical y adoptarlo como si fuese el único posible hasta el punto de elevarlo a unánime?

            Las respuestas ofrecidas durante las últimas décadas, desde diferentes rincones políticos para dilucidar hacia qué polo se decanta el nacionalismo radical, si al nacionalista o al izquierdista (porque la historia de ETA y, por extensión, del nacionalismo radical sometido a su liderazgo, ha dado pruebas fehacientes y reiteradas de la difícil conciliación equilibrada de ambos nutrientes) se resumen en dos: Por un lado encontramos a quienes sostienen de forma inequívoca que el espectro nacionalista radical, incluyendo en el mismo a quienes persiguen el objetivo de liberación nacional mediante los votos, pero también a quienes lo hacen recurriendo a las balas y las bombas, no es más que la cobija de un movimiento revolucionario anticapitalista en su variante marxista-leninista. 

Desde este punto de vista, el independentismo sería el elemento adherido a dicho movimiento, el marxismo el sustancial. ¿De quiénes estamos hablando? Pues de intérpretes de muy diferente corte y condición. Por un lado, de los sectores más recalcitrantes del tardofranquismo, como el almirante Carrero Blanco, que en diciembre de 1970 (esto es, en el contexto del proceso de Burgos) discurseaba en las Cortes refiriéndose a ETA como una organización «que, bajo la aparente filiación política del separatismo vasco, encubre la realidad de su verdadera función de agentes terroristas al servicio del comunismo». El independentismo sería, desde esta perspectiva, el banderín de enganche de la verdadera locomotora, que no sería otra que el comunismo revolucionario. 

Anton de Irala y la corriente de pensamiento en el seno del partido jeltzale conocida como bultzagileak, desde un anticomunismo militante, bebido en las horas álgidas de la Guerra Fría, suscribían en sus escritos de finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, la misma tesis que el franquismo más rancio, y lo hacían sin un ápice de despego. Antes, a comienzos de la década de 1960, coincidiendo con la andadura de ETA, destacados dirigentes del partido jeltzale ya se lamentaban del deslizamiento hacia la izquierda de aquellos jóvenes que, porque eran brotes del mismo tronco, contaban con un espacio natural en la «casa común» nacionalista.

            Al primar al adjetivo de la díada que forman «izquierda» y «abertzale», la segunda respuesta –que hacemos nuestra– apunta justamente en la dirección opuesta. Sostiene, resumiendo, que el gran mito movilizador del nacionalismo radical es la formación de una gran Euskal Herria integrada por los siete territorios (zazpiak bat) y agrupada bajo un marco jurídico-administrativo común como única terapia para no ver irreversiblemente diluida la identidad vasca en los Estados español y francés y, de este modo, ver desaparecer para siempre su ancestral idiosincrasia diferencial. 

Se trata, por lo demás, de la interpretación que se trasluce de definiciones del propio nacionalismo radical, como cuando el MLNV se autodefinía a finales de la década de 1980 como «la o las forma(s) de expresión, la corriente social y política de amplios sectores del Pueblo Trabajador Vasco que persiguen, como objetivo final, la consecución de la Soberanía Nacional Plena para el conjunto de Euskal Herria».(1) Será ocioso notar que esta declaración de objetivos denota una apropiación parcial de la terminología marxista, que en nada de su esencia, por cuanto se coloca a un actor colectivo, al pueblo trabajador vasco, al servicio exclusivo de una causa, la independencia, sin mención alguna a esa emancipación social que Marx y sus epígonos priorizaron en sus escritos y en su praxis.

 Es decir, que para el entramado nacionalista al que nos venimos refiriendo, el pueblo vasco se erige en el sujeto tractor del cambio en el status quo de las fronteras, sustrayéndose de la definición algo fundamental para todo proyecto que se declare tributario del marxismo y de su impulso transformador, a saber: el «para qué» de los rayones de trazo grueso en el mapa redefinido, si es para construir una sociedad sobre unos nuevos cimientos en los que la solidaridad, la justicia social y la igualdad desempeñen un papel bien diferente al que juegan en la sociedad capitalista que se busca trascender o, por el contrario, para reproducir a escala menor los desajustes de la sociedad de la que se quiere desgajar.

            No parece, por lo demás, que el paso del tiempo haya alterado sustancialmente los objetivos del nacionalismo radical. Dos décadas después, un documento público fechado el 14 de noviembre de 2009 que lleva por título «Principios y voluntad de la izquierda abertzale» arranca del modo siguiente: «El objetivo de la izquierda abertzale es la constitución de un Estado propio, al considerar que es la única forma de garantizar totalmente la supervivencia y el desarrollo pleno del Pueblo Vasco, en armonía y solidaridad con el resto de pueblos de Europa y del mundo». La impronta nacionalista en el enunciado es inmediata, pero, más allá de referencias a la fraternidad con otros pueblos del mundo (nótese que no con clases, mucho menos personas), ¿dónde se deja ver la huella izquierdista? Se trata del Documento de Alsasua, que pretende recoger la propuesta de «paz» del jingoísmo abertzale.

            Quien quiera rastrear evidencias de marxismo en las publicaciones del nacionalismo radical de los últimos años no tendrá, ciertamente, que hacer frente a dificultades insuperables. Siempre será capaz de encontrar aquí o allá escritos de algún intelectual orgánico o declaraciones de algún dirigente del MLNV con soflamas incendiarias contra el capitalismo, el neoliberalismo, el industrialismo, el consumismo, la globalización o el imperialismo. 

Ahora bien: el radicalismo abertzale recurre con profusión a la retórica sinecdoquial (resumida en la fórmula según la cual gu gara herria, es decir: «nosotros [léase: el nacionalismo radical] somos el pueblo»), esto es, toman la parte por el todo y se autoerigen en los auténticos representantes del sentir y pensar de Euskal Herria en toda su extensión geográfica y pluralidad identitaria. Constituiría un despropósito parejo asimilar a estos pensadores que confiesan su deuda con el marxismo con el conjunto de la militancia del nacionalismo radical, mayor error si cabe confundirlos con su electorado. 

Si el izquierdismo fuese el mejor descriptor del nacionalismo radical, esto es, si las sucesivas formaciones políticas que desde la transición española a la democracia han representado ese espacio político hasta su proscripción definitiva fuesen percibidas por la población en general, y por su seguidores en particular, como vanguardias comunistas empeñadas en emancipar a las «clases populares», nos encontraríamos ante una verdadera anomalía en las leyes de la sociología electoral en las democracias liberales de los siglos pasado y presente, a saber: que habitantes de medios rurales y semirurales depositen su voto libre y de forma reiterada a formaciones con un programa revolucionario de izquierdas que, entre otras medidas, y a fuerza de ser consecuente, habría de poner los medios de producción, tierras incluidas, al servicio de las necesidades de toda la sociedad. 

Tomemos, por poner un ejemplo bien ilustrativo, el caso del municipio más pequeño en número de habitantes de Guipúzcoa hasta muy recientemente, Orexa, ubicado en la comarca de Tolosaldea. En esa localidad el nacionalismo radical obtiene, elección tras elección, resultados que bordean el 90 por ciento, cuando tiene oportunidad de medir sus fuerzas en el proceso electoral, claro está (de lo contrario ahí está el voto nulo o la abstención para disipar dudas). Una de esas comarcas, por cierto, de donde no hace tantas generaciones se nutrían los tercios carlistas… El reto explicativo de esta excepcionalidad sería doble: electoral, por un lado, pero también generacional. 

Votan al «comunismo» los nietos y biznietos de los que no hace tanto tiempo se sumaban de grado al requeté. Algún agudo analista habló de carlismo-leninismo para referirse a este trasvase de adhesiones tan sui géneris… y no le faltaba razón. En fin, que se puede ser campesino propietario y votar a una opción marxista-leninista, pero se admitirá que no es del todo habitual en los tiempos que corren.

            La repetición apodíctica de su naturaleza izquierdista por parte de los portavoces del MLNV no es valor suficiente para que se convierta en verdad. Contrastar la retórica con la práctica resultará iluminador al respecto de la supuesta (insisto: en tanto no se ofrezcan argumentos que arrojen luz sobre este extremo) naturaleza izquierdista del MLNV. Como corresponde a un movimiento que rechaza de plano el entramado institucional derivado de la Constitución española, del Estatuto de Gernika y de la Ley de Amejoramiento del Fuero, uno de los pilares, seguramente el principal, de la práctica política del nacionalismo radical durante las últimas décadas ha descansado en la ocupación física de la esfera pública como modo, por un lado, de atraer la atención de la opinión pública y de publicitar sus reivindicaciones, pero también de preservar la identidad colectiva de una comunidad siempre urgida de la argamasa cohesionadora necesaria para sobrevivir a la prueba del tiempo en un entorno sociopolítico que se ha ido volviendo hostil por momentos, después de haberse agotado definitivamente el capital legitimatorio, acumulado durante el franquismo. 

En el país con la mayor densidad manifestante de nuestro entorno occidental, se cuentan por miles cada año (según datos de la Ertzaintza) las concentraciones y manifestaciones escenificadas por este espacio político, en las calles del País Vasco-Navarro. 

Si, en aras de restringir el abanico, fijamos la atención en las manifestaciones masivas de carácter «nacional» efectuadas las más de las ocasiones en Bilbao (siempre desde la Plaza Aita Donosti; por su punto de encuentro les conoceréis), pero también en San Sebastián y Pamplona, comprobaremos que miles, decenas de miles de personas han desfilado tras pancartas, exigiendo la independencia, la democracia para Euskal Herria (otra forma de exigir la independencia), reivindicando el uso exclusivo de la ikurriña en territorio vasco o proclamando su solidaridad con los presos de ETA.

 No tengo noticia ni de una sola manifestación multitudinaria al hilo de reivindicaciones universales ligadas de un modo u otro con la izquierda, porque las manifestaciones rituales del 1 de mayo convocadas por el sindicato abertzale LAB nunca han alcanzado la escala de movilización de esas manifestaciones «nacionales», además de que la suele realizar de forma conjunta con el sindicato nacionalista ELA y otros sindicatos menores, por lo que no resulta tarea sencilla calibrar su aportación al conjunto. ¿Se puede, entonces, salir ritualmente a la calle y dejarse en casa las reivindicaciones sociales?

            En este mismo sentido de complementar el plano discursivo (lo que dicen que son) con lo que practican, se puede aludir a un acontecimiento sutil, pero ciertamente sintomático, que arroja luz a la cuestión de qué vector prima en la cosmovisión abertzale radical, si el nacional o el social. En el primer mitin que celebró el PCTV-EHAK el 10 de abril de 2005, partido para el que la ilegalizada Batasuna había solicitado en fechas previas el voto en los comicios autonómicos inminentes, hubo varios detalles de carácter simbólico altamente reveladores, ninguno de ellos casual. 

En el estrado dominaba el color rojo, entre el público extrañaba la ausencia de ikurriñas. Lógico, pues el rojo es el color que mejor identifica a la izquierda… además de ser el color de la enseña navarra, la misma que junto a la ikurriña y al arrano beltza figura en todas las comparecencias públicas de los encapuchados de ETA, según se recogía en el boletín interno Zutabe número 100 de 2003. 

Más elocuente todavía, si cabe: en cada una de las sillas los organizadores pusieron a disposición de los asistentes la letra en euskera de La Internacional, símbolo de la clase obrera consciente desde finales del siglo XIX, que éstos entonaron tímidamente antes de cerrar el acto con el canto unánime, ahora sí con más convicción –rezan las crónicas periodísticas de la jornada–, del Eusko Gudariak. 

Va de suyo que no hubo necesidad de dejar la letra de esta última canción por escrito encima de silla alguna, letra que por cierto habla de la disposición martirial a sacrificar la vida por la ikurriña (enseña ausente del acto, como hemos señalado, pero ausencia presente por vía interpuesta de la canción), metonimia de Euskal Herria. Las consignas más escuchadas fueron congruentes con el despliegue simbólico de carácter musical: la independencia y los presos de ETA. 

De nuevo aflora la duda: uno puede sentirse partícipe de la izquierda más revolucionaria sin saberse La Internacional, menos en euskera, aunque choca un tanto. ANV, plataforma electoral del nacionalismo radical que concurrió a las elecciones forales y municipales de mayo de 2007, dio continuidad a esta práctica musical y puso punto final con la melodía internacionalista a una manifestación en Bilbao el 12 de mayo de 2007, y a dos mítines celebrados en Durango el 6 de di ciembre de 2007 y en Pamplona el 12 de enero de 2008. La comparativa del volumen del cántico de La Internacional y del Eusko Gudariak, que nunca falta, apunta de forma inequívoca en la siguiente dirección: timidez en el primero, vigor en el segundo.

            A partir de las declaraciones públicas de sus líderes y de los mensajes transmitidos mediante su política de calle, ningún ciudadano o ciudadana medianamente informado tendrá dificultades en resumir el proyecto del MLNV acerca de la territorialidad, el euskera o el estatus de Euskal Herria vis à vis España y Francia. 

Ahora bien: caso bien distinto es si se le inquiere sobre aquellas cuestiones que ayer, hoy y siempre serán preocupaciones de la izquierda, siempre en aras de una mayor justicia social e igualdad, a saber: política fiscal, inmigración, globalización, laicismo, política de vivienda, mercado laboral, aborto, violencia de género o educación (neutralizando la propuesta sobre qué idioma ha de primar, claro está), por mencionar algunos de los temas más relevantes. 

¿Podemos legítimamente utilizar la etiqueta de «izquierda abertzale» para referirnos a un espacio sociopolítico del que ignoramos, también antes de su ilegalización, qué posicionamiento adopta sobre todos estos y otros temas? A mi juicio, insisto, sólo si renunciamos a tamizarla por el cedazo de la crítica.

            Hemos hablado de la (diré ahora como un modo de salvar las cautelas apuntadas) autodenominada «izquierda abertzale» del MLNV, como si fuese el único ocupante del espacio político que aspira a fundir el anhelo independentista con un modelo social forjado desde la izquierda. Sin embargo, desde 2002 se ha ido consolidando progresivamente en el panorama político vasco otra fuerza política, Aralar, una escisión de Batasuna, que proclama ser «un partido abertzale e independentista de izquierdas» que tiene como objetivo «la creación de la República Federal de Euskal Herria».

 En este caso, el uso de la etiqueta de izquierda no se presenta tan problemática como con el MLNV, cuando menos desde el punto de vista de sus principios escritos. Basta una somera lectura de su documento titulado «Línea ideológica» (2) y seguir atentamente sus últimas campañas electorales, en las que ha hecho hincapié en temas como vivienda o políticas sociales, para difuminar las dudas acerca de su inequívoco y explícito emplazamiento en el polo de la izquierda. 

Pretenden, de este modo, marcar distancias también a este respecto (el otro, obviamente, es su distanciamiento de la violencia terrorista) con su movimiento matriz, por ejemplo cuando sentencian: «La actividad política –critican en su documento– que tradicionalmente ha desplegado la principal referencia sociopolítica de la izquierda abertzale ha padecido de cierta dejación en lo que respecta a su sensibilidad de izquierdas y la acción política derivada de dicha sensibilidad.»

            En suma, pues, no nos dejemos atrapar por una terminología equívoca cuando lo que queremos es referirnos a un actor político del que sólo cabe una certeza: su naturaleza ultranacionalista.

 1. Cuaderno publicado por Herri Batasuna bajo el título de: Atzo, gaur eta beti: Gora Euskadi Askatuta. 1978-1988. Hamar urte askatasunaren aldeko burrukan (s.l.; s.f.).
2. Disponible en: http://www.aralar.net/aralar-partido/lineaideologica.

Jesús Casquete es profesor de la UPV/EHU y miembro del Instituto de Filosofía, CCHS CSIC. Autor de En el nombre de Euskal Herria. La religión política del nacionalismo vasco radical (2009)."

(Jesús Casquete, profesor de la UPV/EHU y miembro del Instituto de Filosofía, CCHS CSIC. Autor de En el nombre de Euskal Herria. La religión política del nacionalismo vasco radical (2009), Pensamiento crítico; fuente: El Viejo Topo, 268, mayo de 2010)

14/6/21

Dirigentes de IU promueven un 'think tank' para reivindicar la izquierda antinacionalista

 "Cargos y exdirgentes de Izquierda Unida están avalando un proyecto lanzado por Guillermo del Valle que aspira a convertirse en espacio de pensamiento y acción para debatir y promover una izquierda no nacionalista. 

Del Valle ha capitaneado hasta ahora el canal en la plataforma YouTube El Jacobino. Con ese mismo nombre, ese abogado madrileño quiere abrir un foro que se parezca a un think tank con la intención de alimentar el debate sobre una izquierda alternativa al PSOE que sea contundentemente antinacionalista.

Una de las claves de la operación es que con Del Valle estarán pensadores y personas destacadas de la sociedad civil como el escritor Félix Ovejero, la abogada feminista Paula Fraga, la activista saharaui Násara Iahdih, el exsecretario de Estado Juan Francisco Martín Seco, entre otros. En el primer acto público de El Jacobino, que se celebrará este sábado, también participará el filósofo y profesor Pedro Insua, además de Ángel Pérez, exdiputado nacional e histórico dirigente de IU Madrid.

La presencia de Pérez revela el respaldo que Del Valle está cosechando en amplios sectores del partido de Alberto Garzón. Se trata sobre todo de dirigentes de IU que, sin embargo, manifestaron muchas reticencias con el viraje impuesto por Garzón, que acabó con el pacto del botellín con Pablo Iglesias en 2016. A partir de ese momento, IU entró en una dinámica filonacionalista con partidos como ERC, Bildu y el PNV, que ahora Del Valle y sus partidarios quiere revertir. (...)

El Jacobino se centrará en la “defensa de los trabajadores frente a las continuas políticas de desregularización”, según explican los promotores de la iniciativa. También quiere “reclamar las políticas de vivienda pública necesarias en España o recuperar la soberanía sobre nuestro modelo productivo”. En general, el proyecto aspira a “recuperar la izquierda transformadora española, ahora desaparecida en las instituciones (…) todo ello unido a una coherente defensa de un modelo territorial integral que responda a criterios de racionalidad y búsqueda del bien común”.

El nuevo proyecto de izquierda, patrocinado por un sector de IU, quiere “superar” el actual Estado de las Autonomías, porque, sostienen sus miembros, “ha demostrado ser tan ineficiente para lograr la igualdad, la redistribución entre españoles o en momentos tan decisivos como la pandemia”. (...)

No se descarta que incluso miembros de Podemos, que han acabado alejándose de Iglesias tras su giro filonacionalista, puedan con el tiempo sumarse a la iniciativa."               (Luca Constantini, Vox Populi, 12/06/21)

7/6/21

«Ayuso ha sabido usar herramientas que el ‘procesismo’ ha utilizado en Catalunya»... Los lemas de España nos roba y el expolio fiscal que dieron un empujón al proceso, visto ahora desde el otro lado: «el gobierno central nos robaría con la armonización fiscal y haremos lo que queramos con nuestros impuestos en Madrid».

 "(...) El proceso independentista catalán ¿tiene que ver con la victoria de Ayuso?

Hay una correlación directa con el ingreso a escena y el éxito electoral de Vox en las elecciones andaluzas de diciembre de 2018 y en las elecciones de 2019. Que Vox no explotase en 2014 o en 2015 y que lo haga después de octubre de 2017 no es casualidad. La influencia del separatismo catalán en el éxito de Ayuso creo que es más reducido. 

Sino habría tenido un éxito notable en las elecciones anteriores, en la primavera de 2019. Sí que vemos una correlación entre ambos fenómenos en que Ayuso ha sabido usar algunas herramientas que el procesismo había utilizado en los años anteriores en Catalunya. Dos sobre todo. La primera, que, además, en Madrid resulta bastante extraño o singular, que es un cierto identitarismo. Como si Madrid tuviese unas peculiaridades que, según Ayuso, sea ir de cañas, algo que nos gusta a mucha más gente, no sólo a los votantes madrileños de ellos. 

Explota un identitarismo en contraposición al gobierno central, en cuestiones como la actuación ante la pandemia, las restricciones… El segundo elemento es la cuestión fiscal. Una de las banderas que le ha permitido forjar esta coalición social y conseguir casi el 45% de los votos es el tema fiscal. «Aquí hacemos lo que nos da la gana con nuestro dinero y que el gobierno central se olvide de imponer la armonización fiscal».

Y lo conecta con la libertad. Los lemas de España nos roba y el expolio fiscal que dieron un empujón al proceso en los primeros años, visto ahora desde el otro lado: «el gobierno central nos robaría con la armonización fiscal y haremos lo que queramos con nuestros impuestos y como los gestionamos en Madrid».

 ¿Se puede crear un sentimiento patriótico, nacionalista, de repente? ¿Existía un poso para el «madrileñismo» que ha explotado Díaz Ayuso? Del catalanismo hace cientos de años que se habla

El madrileñismo nunca ha existido. Por un lado, no creo que el madrileñismo haya sido el elemento clave que explique la victoria de Ayuso. Los elementos principales han sido la política fiscal, la oposición al gobierno central en un año tan duro como el último y defender la apertura de bares y actividades comerciales.

 La política se hace hoy con frames, marcos, como decía Lakoff. Tú puedes crear marcos y si cuela, cuela. La extrema derecha lo hace constantemente y muchas veces la jugada le ha salido redonda. Si te sale mal, lo dejas estar y las cosas van tan rápido que la gente se olvida en muy pocos días. Ayuso ha creado un marco y no creo que vaya a más.

 Le ha servido y le ha ido bien pero el tema de fondo es la cuestión territorial en España, la posible reforma del Estado de las autonomías y la financiación autonómica y la cuestión central que ha explotado y donde ha construido la idea de el identitarismo madrileño es la idea de Madrid como aspiradora de una parte importante de España, lo que sería la España vaciada. Ayuso y el PP han jugado con ello, siendo Madrid su gran bastión actualmente. Y, eso, atención, tendrá consecuencias.

La izquierda ¿puede apelar a este sentimiento o es patrimonio de la derecha? En Cataluña hay una cierta izquierda que lo hace

También depende de qué entendemos por izquierda. Evidentemente, Esquerra o la CUP han jugado y siguen jugando con esto, facilitando siempre, al final, gobiernos liderados por la derecha o, como ahora, donde hay elementos que podemos encasillar a la derecha o, incluso, de extrema derecha, como ocurre en Junts per Catalunya. 

Son cuestiones muy resbaladizas, muy delicadas, que dependen también mucho de cada contexto, histórico y político y de la cultura política de un territorio o de un país. En la historia la relación entre clase y nación ha sido siempre muy compleja para parte de los partidos socialistas y comunistas. Hemos tenido declinaciones muy diferentes en Europa y, evidentemente, en otros continentes, si pensamos en movimientos de liberación nacional en los años de la descolonización. 

Hay dos cuestiones de fondo. ¿A la izquierda le conviene utilizar estos marcos? ¿Le sirve de algo a medio y largo plazo? Muchas veces, la política, y cada vez más en la actualidad, funciona con una lógica muy a corto plazo. Hubo el debate en Podemos, en los primeros tiempos con Errejón y el significante vacío de ‘patria’ o el de la ‘plurinacionalidad’. 

Tenemos el libro y el discurso de Ana Iris Simón ante Pedro Sánchez hace unos días o el artículo de Antonio Maestre hablando de la izquierda lepenista, que intenta comprar el discurso nacionalista, no se sabe si con buena fe o por tacticismo. No se puede negar la existencia de identidades nacionales ni subvalorarlas o desprestigiarlas. Son sentimientos que se crean.

 Dicho esto, si la izquierda le compra el marco a la ultraderecha siempre acaba perdiendo. Ha pasado con el tema de los migrantes. Hemos tenido hace unos años y aún colea el hecho de que sectores de la izquierda en Alemania, con la escisión de Aufstehen (Ponerse de pie), de Die Linke, que cuando Merkel abrió las fronteras a los refugiados de Siria, en el verano de 2015, adoptó una posición muy crítica, diciendo que ‘Acogida para todos, no’. 

Su discurso de fondo era que los migrantes acabarían quitando el trabajo a la clase obrera alemana, que acabaría comprando el discurso de la extrema-derecha que les decía que había que cerrar las fronteras para defender su trabajo. La izquierda que ha adoptado este discurso, aunque sea con muchos matices, esencialmente está asfaltando una autopista a la extrema derecha. Si estás inoculando este discurso, concediendo que la migración y los migrantes son un problema para las condiciones de vida de la clase trabajadora y media, mucha gente preferirá el original a la copia y comprará el discurso de los que quieren cerrar fronteras.

 El tema de la nación, de la identidad, no es exactamente lo mismo pero hay algunos paralelismos. ¿De qué le sirve a la izquierda comprar estos discursos? En Catalunya lo hemos visto de forma muy evidente, con sectores que se definen anticapitalistas que facilitan gobiernos de la derecha neoliberal de toda la vida que, además, cada vez más tiene ribetes identitarios. Ellos se siguen considerando de izquierdas pero, al final, ¿quién tiene la hegemonía cultural aquí?

A la larga, ¿la izquierda lo acaba pagando?

Yo creo que sí. También es cierto que las cosas cambian muy rápido. Hay una volatilidad enorme, no sólo electoral. Los acontecimientos van muy rápidos, nos olvidamos pronto de las cosas. La agenda política está marcada por factores diferentes pero creo que a largo plazo la izquierda pagaría este tipo de cuestiones. 

Hay que tener en cuenta que las cosas no son blancas o negras y hay muchas gamas de grises pero hay unas líneas rojas que la izquierda no debería superar y debería saber jugar con mucha más inteligencia y con miradas a largo plazo.

Hay quien establece diferencias entre patriotismo y nacionalismo. Pablo Iglesias, por ejemplo, decía que era patriota pero no nacionalista. ¿Lo entiende? ¿Lo comparte?

Siempre me han chirriado las referencias a la nación y la patria. Hay mucha dificultad para entender qué diferencia la patria de la nación. Hay muchos estudios tanto en el campo de la politología como en el de la historia sobre el nacionalismo y hay más de una interpretación pero muchas veces los términos nación y patria acaban siendo sinónimos. 

Yo no me siento patriota de ningún país. ¿Qué entendemos por patria? Sinceramente, no me queda claro. Podemos hizo una operación inteligente intentando captar un votante que veía los símbolos de la izquierda como algo lejano. No ser ‘antipatria’ podía ayudar a captar votantes en un momento de descomposición del sistema político.

 Iglesias, entre otros, ha intentado declinar el término de patria no como una cuestión de banderas sino de sanidad, educación pública de calidad… Patria era un significante vacío tal como lo utilizaban. Además, se enmarcó en el proceso catalán con el choque de autobuses -más que de trenes- entre Rajoy y Mas y el tema estaba tan presente que había que tomar una postura al respecto. Ha sido más una apuesta estratégica, táctica de lenguaje, intentando llenar un significante vacío como la patria de otros contenidos, sanidad, estado del bienestar… (...)"                           (Entrevista a Stefen Forti, Siscu Baiges, CatalunyaPlural, 04/06/21)