"La historia del nacionalismo vasco es un canto a la banalización: tanto más aceptable para amplios sectores de la población vasca cuanto menos radical en sus pretensiones. Las escisiones en todos los movimientos nacionalistas responden al mismo patrón: a la banalización que asegura una socialización suficiente le sigue la radicalización para preservar la pureza, una radicalización cada vez más asentada en lo subjetivo. Pero esta es otra cuestión.
Todas las banalizaciones van acompañadas de rituales aparentemente radicales que hacen llevadera la conciencia de la renuncia: o bien se producen etnificaciones sin sustento cultural --ponga una K en su nombre o apellido, o ponga un nombre que suene a vasco en su familia, aunque siga hablando exclusivamente en castellano y consumiendo cultura castellana con toda normalidad--, o bien se crean espacios en los que la radicalidad se manifiesta ritualmente, pero con total impunidad. Y no se trata de la impunidad ante la ley y las fuerzas de seguridad del Estado, que también --es poca o ninguna la valentía que requiere silbar al Rey y al himno nacional--, sino la impunidad ante las consecuencias de un nacionalismo vivido en toda su radicalidad.
En términos freudianos, podríamos hablar de sustitución simbólica: no puedo, ni tengo demasiado interés, ni sé qué significaría optar en la realidad, con todas sus consecuencias, por la ruptura de todas las relaciones con el Estado, con España, salir del entramado de derechos y obligaciones simbolizados por el Rey y por el himno nacional. Pero juego a ello en un ámbito que no comporta consecuencia alguna: en un campo de fútbol --según la máxima foral que rige el fútbol y casi todos los demás deportes: lo que sucede en el campo de fútbol queda allí y no puede salir al ámbito de la jurisdicción ordinaria-." (La Fundación para la Libertad, citando a Joseba Arregi, EL PERIÓDICO DE CATALUÑA, 28/5/2009)
............................... las cosas de la clase media ..........................
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28/5/09
24/1/09
Claro como el agua... el suicidio socialista (español y catalán)
" Manuela de Madre, vicepresidenta del PSC, el 24 de enero de 2009 en una entrevista en la Agencia Catalana de Noticias:
“Tenemos amor al socialismo español y a Cataluña, pero en estos amores hay prioridades y nuestra prioridad es la defensa de los intereses de Cataluña”. (lavozdebarcelona.com, 24/01/2009)
4/11/08
La identidad india pertenece a los jefes indios. La identidad catalana pertenece a los jefes catalanes... y nacionalistas
"Es difícil comprender el papel tan importante que el recurso a la identidad de grupo -ahora llamado, en general, "política de la identidad"- desempeña dentro de las sociedades democráticas contemporáneas en relación con una gran variedad de fenómenos, desde la movilización política rutinaria en unas elecciones hasta el malestar civil en épocas de crisis.Los detractores de la política de la identidad hacen hincapié en sus inconvenientes.
Los grupos exigen a sus miembros una lealtad que puede chocar con sus obligaciones respecto a la sociedad, los seres humanos y el bien público... Las divisiones que provoca la política de identidad de grupo desembocan en desconfianza, odio e incluso violencia; no precisamente una receta para la buena salud de las democracias ni la defensa de causas justas.
Los defensores de la política de la identidad presentan un panorama muy distinto. Señalan que los seres humanos no sólo siempre se han identificado con grupos, sino que siempre lo harán. Los seres humanos, dicen, son animales sociales. Además, los individuos se identifican de manera natural con quienes son "como nosotros"; ser como nosotros incluye identidades de grupo voluntarias e involuntarias tan distintas como las de humanos, hombres o mujeres, jóvenes o viejos, cristianos, musulmanes, judíos, heterosexuales, homosexuales o transexuales, y así sucesivamente. (...)
¿Existe alguna forma de superar esta enconada división entre los críticos y los defensores de la política de la identidad? (...)
Pensemos en un caso muy significativo de justicia denegada a causa de la política de la identidad: Julia Martinez vivió en la reserva de Santa Clara de los indios pueblo, en el suroeste de Estados Unidos, toda su vida. Se casó con un navajo y tuvieron ocho hijos a los que educaron en la reserva, donde aprendieron a hablar la lengua tradicional de los pueblos, tewa, y a respetar sus costumbres y tradiciones. Como Martinez se había casado con alguien que no era de la tribu, ni ella ni sus hijos podían tener la ciudadanía ni los derechos sociales de los pueblo. Si Martinez hubiera sido hombre y se hubiera casado con alguien de fuera, entonces sí habrían conservado todos los derechos correspondientes. Martinez presentó una demanda contra las autoridades tribales (...)
Martinez perdió la demanda porque, en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, dividido, la mayoría decidió que "derogar las decisiones tribales, por buenos que sean los motivos, es destruir la identidad cultural bajo la apariencia de proporcionarla". (...)
El caso de Martinez ilustra lo que tiene de malo la idea de conceder soberanía absoluta a cualquier grupo. Martinez perdió su demanda de igualdad de trato no por su identidad de grupo, sino porque la mayoría de los miembros del Tribunal Supremo de Estados Unidos decidió ceder la soberanía absoluta a las autoridades pueblo -todas ellas, varones-, pese a que eso suponía derogar la igualdad cívica, la libertad y la igualdad de oportunidades para las mujeres pueblo. No existe ninguna prueba que indicase que la identidad pueblo habría quedado "destruida" por conceder esos derechos a las mujeres. Las identidades de grupo son múltiples, no singulares.
Una visión democrática de la política de la identidad debe identificar los aspectos positivos y problemáticos que tiene la identidad de grupo en la política democrática." (AMY GUTMANN: La mujer del navajo contra la tribu pueblo (El País, Ed. Galicia, Opinión, 31/10/2008, p. 33)
Los grupos exigen a sus miembros una lealtad que puede chocar con sus obligaciones respecto a la sociedad, los seres humanos y el bien público... Las divisiones que provoca la política de identidad de grupo desembocan en desconfianza, odio e incluso violencia; no precisamente una receta para la buena salud de las democracias ni la defensa de causas justas.
Los defensores de la política de la identidad presentan un panorama muy distinto. Señalan que los seres humanos no sólo siempre se han identificado con grupos, sino que siempre lo harán. Los seres humanos, dicen, son animales sociales. Además, los individuos se identifican de manera natural con quienes son "como nosotros"; ser como nosotros incluye identidades de grupo voluntarias e involuntarias tan distintas como las de humanos, hombres o mujeres, jóvenes o viejos, cristianos, musulmanes, judíos, heterosexuales, homosexuales o transexuales, y así sucesivamente. (...)
¿Existe alguna forma de superar esta enconada división entre los críticos y los defensores de la política de la identidad? (...)
Pensemos en un caso muy significativo de justicia denegada a causa de la política de la identidad: Julia Martinez vivió en la reserva de Santa Clara de los indios pueblo, en el suroeste de Estados Unidos, toda su vida. Se casó con un navajo y tuvieron ocho hijos a los que educaron en la reserva, donde aprendieron a hablar la lengua tradicional de los pueblos, tewa, y a respetar sus costumbres y tradiciones. Como Martinez se había casado con alguien que no era de la tribu, ni ella ni sus hijos podían tener la ciudadanía ni los derechos sociales de los pueblo. Si Martinez hubiera sido hombre y se hubiera casado con alguien de fuera, entonces sí habrían conservado todos los derechos correspondientes. Martinez presentó una demanda contra las autoridades tribales (...)
Martinez perdió la demanda porque, en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, dividido, la mayoría decidió que "derogar las decisiones tribales, por buenos que sean los motivos, es destruir la identidad cultural bajo la apariencia de proporcionarla". (...)
El caso de Martinez ilustra lo que tiene de malo la idea de conceder soberanía absoluta a cualquier grupo. Martinez perdió su demanda de igualdad de trato no por su identidad de grupo, sino porque la mayoría de los miembros del Tribunal Supremo de Estados Unidos decidió ceder la soberanía absoluta a las autoridades pueblo -todas ellas, varones-, pese a que eso suponía derogar la igualdad cívica, la libertad y la igualdad de oportunidades para las mujeres pueblo. No existe ninguna prueba que indicase que la identidad pueblo habría quedado "destruida" por conceder esos derechos a las mujeres. Las identidades de grupo son múltiples, no singulares.
Una visión democrática de la política de la identidad debe identificar los aspectos positivos y problemáticos que tiene la identidad de grupo en la política democrática." (AMY GUTMANN: La mujer del navajo contra la tribu pueblo (El País, Ed. Galicia, Opinión, 31/10/2008, p. 33)
22/1/08
¿Y que tiene que ver la biodiversidad de la naturaleza con que existan 3.000 idiomas diferentes?
“Entrado o século XXI, hai dous eixos nos que basear a civilización: o cultivo dos dereitos humanos e o da biodiversidade no mapa da natureza e das culturas. Eses dous cultivos están entrenzados e son hoxe a primeira proba de civilización, de calidade democrática.” (MANUEL RIVAS: Unha mensaxe para Mariano. El País, ed. Galicia, Galicia, 18/01/2008, pp. 11)
La típica equidistancia nacionalista. No son lo mismo, en términos de calidad democrática, la existencia de derechos humanos y la existencia de derechos lingüísticos. Si no hay derechos humanos, no hay democracia, en cambio en una dictadura puede haber derechos lingüísticos a porrillo.
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