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1/12/20

Franco se estará riendo... Plataforma per la Llengua ha admitido que la nueva ley de educación "anima a los gobiernos autonómicos a actuar en los patios, comedores y actividades extraescolares para reforzar el catalán". La Plataforma ya realizó un estudio "de incógnito" en el que se analizaban conversaciones espontáneas en el patio de las escuelas

 "(...) "La nueva ley de educación estimula los gobiernos autonómicos a actuar en los patios, comedores y actividades extraescolares para reforzar el catalán en estos espacios" recalcan desde la entidad, apuntando que "este nuevo texto permitiría trabajar estos aspectos también fuera de las horas estrictamente lectivas y en las aulas, como podría ser dinamizar actividades en catalán en espacios que forman parte del proceso educativo, como el patio o el comedor escolar o las actividades extraescolares y deportivas".

Plataforma per la Llengua ha celebrado que su enmienda para suprimir el castellano como lengua vehicular de la enseñanza se haya incorporado en la modificación de la Ley Orgánica de Educación. En un comunicado, la entidad afirma que "la ley también obliga a los gobiernos autonómicos a garantizar que los alumnos son competentes en las dos lenguas oficiales" y admite que la nueva normativa "suprime" el castellano como vehicular en las escuelas. (...)

"El nuevo redactado incluye una enmienda de la Plataforma por la Lengua que suprime la vehicularidad del castellano, por lo que se devuelve a los gobiernos autonómicos la competencia de decidir las lenguas vehiculares de los sistemas educativos" apuntan desde la Plataforma, recalcando este hecho "quedó amenazado con la Ley Wert del año 2013".

Sin embargo, la Plataforma per la Llengua advierte que "los tribunales todavía tienen margen para interpretaciones interesadas de leyes como la misma Constitución española, lo que podría continuar obstaculizando la consecución de un sistema educativo plenamente normalizado en catalán". "Una novedad importante de esta ley es que obliga a los gobiernos autonómicos a 'impulsar instrumentos de control, evaluación y mejora' que permitan garantizar la competencia comunicativa en las diferentes lenguas oficiales" explican desde la entidad.

La Plataforma ya realizó en el año 2019 un estudio "de incógnito" en el que se analizaban conversaciones espontáneas fuera del aula en los alumnos. El estudio determinó que sólo un 14,6% de las conversaciones entre estudiantes de la ESO son en catalán en los patios de las escuelas, una cifra que aumenta hasta el 35% en el caso de los alumnos de Primaria."                    (e-notícies, 28/11/20)

18/11/19

La mayoría de los catalanes no se sienten libres de hablar de política con todo el mundo

"Hablar de política no es fácil para muchos catalanes. La última encuesta del CEO, titulada Cosmopolitismo y localismo en Catalunya, pregunta a los ciudadanos sobre si se sienten libres de mantener conversaciones sobre asuntos políticos y la mayoría contesta con un sí condicional: solo en círculos determinados.


Un 47,3% de los encuestados manifiesta que se siente libre de hablar de política pero solo con determinadas personas y un 9% responde directamente que no está cómodo “casi con nadie”. En el otro lado de la balanza, el 42,7% declara que puede debatir de política “con todo el mundo”. La pregunta no se refiere a ningún asunto en concreto y, por lo tanto, no especifica si el principal tabú es la cuestión independentista o cualquier otra. 

No obstante, el CEO sí que concreta qué electores dicen sentirse más condicionados a la hora de abordar sus discusiones políticas, al menos en función de lo que votaron el 28-A. Son, por este orden, los de PP y Ciutadans. Los votantes populares declaran no sentirse libres de hablar de política casi con nadie en un 13%, mientras que el 68% asegura que solo puede hacerlo con determinadas personas. 

Solo el 18% restante asegura no tener ningún problema. En el caso de los electores de Cs, un 12% se siente coaccionado al hablar de política, un 62% solo se permite estas conversaciones con algunas personas y el 25% restante se siente con total libertad. 


La encuesta también recoge si las cuestiones políticas están presentes en las conversaciones de los catalanes y, pese a la efervescencia del momento, lo están mucho menos de lo que se podría pensar. Un total del 40% de los encuestados admite que habla de política en un ámbito familiar “pocas veces” o “casi nunca”, mientras que el 32% dice que lo hace “a veces” y un 24%, “habitualmente”.   (Jaume Pi, La Vanguardia, 15/11/19)

7/11/19

El deterioro de las relaciones sociales es progresivo. Esto lo puedo comprobar en mi familia, con mis amigos y a través de los pacientes. La cosa no es tan pacífica y tan simpática como a veces se quiere presentar... en estas circunstancias hay personas que han tenido problemas de hipertensión con riesgo de infarto. Por eso circula entre los médicos aquello de "tiene que dejar la sal y el 'procés'"... Tendemos, como hacían los libaneses o los bosnios, a vivir en espacios territoriales o sociales propios, acotados, sin contacto con el otro...



"(...) ¿Qué estado de salud tiene la convivencia en Cataluña?

Me impresiona la tensión creciente que hay en las relaciones familiares, los grupos de amigos, en el trabajo... que se refleja en los chats y en quienes se da de baja. Personas que habían sido amigas y habían compartido muchas cosas. Parece que hay interés en negarlo diciendo que los catalanes somos un grupo homogéneo, pero el deterioro de las relaciones es progresivo.

Esto lo puedo comprobar en mi familia, con mis amigos y a través de los pacientes o del seguimiento a las redes sociales. La cosa no es tan pacífica y tan simpática como a veces se quiere presentar. Como si nosotros, por el hecho de ser catalanes, estuviéramos vacunados contra las derivas violentas, siempre sensatos, nunca 'arrauxats'. Así nos podemos permitir decir cualquier cosa, porque no pasaremos nunca a los hechos.

Ligado con esto, la cuestión de la violencia en las relaciones sociales como consecuencia del 'procés' es motivo de debate. ¿Hay violencia entre catalanes por razón de sus creencias o adscripciones políticas?

No estamos vacunados contra los actos violentos. Y a los actos violentos se llega calentando las cosas. Primero son sarcasmos, después descalificaciones personales, después insultos y, al final, cuestiones que sí que se podrían incluir en el concepto de delitos de odio, esta nueva figura del Código Penal que considera violencia no sólo hacer lesiones físicas a las personas, sino también promover calumnias, difamaciones, etc.

Esto lo observo y me preocupa, porque me hace pensar en hechos como el que pasó en la campaña del referéndum del Brexit, en un país con tanta tradición democrática, donde parece que todo se puede resolver a través de consultas, etc., pero que se cobró una víctima en la persona de una diputada laborista anti-Brexit. Esto se justifica diciendo que siempre hay un loco... Las personas, que vivimos con nuestras dificultades personales, nuestros afanes, nuestros traumas, influidas por el clima social, podemos ser arrastradas a realizar actos incomprensibles en una situación digamos de normalidad.

¿Qué efectos visibles produce este estado de cosas en la vida de las personas?

Quienes sufren en silencio tienden a psicosomatitzar. Hay gente que, en algunos ambientes laborales donde predomina mucho una determinada manera de entender las cosas y se da por supuesto que todo el mundo tiene que pensar igual, callan.

Están muchas horas aguantando, y callan por miedo a ser mal visto, y pueden acabar incluso perdiendo el trabajo, a veces con amenazas directas, o primero en broma y después no tanto. Todo esto es motivo de mucho de estrés. Sería un equivalente al bullying, pero a toda la sociedad. De esto se puede decir violencia. Y sabemos que el bullying puede provocar suicidios.

¿Pasa algo parecido en entornos familiares o de amistad o, sencillamente, se acaba optando para por distancia o romper la relación?

Mi abuelo, que era de la Liga de Cambó, después de la guerra decía que a las comidas familiares no se tiene que hablar ni de política ni de religión. Ahora, como que a mi familia también hay opiniones diferentes, cuando la cosa se empezaba a calentar yo también dije que quizás mejor que no habláramos de política ni de religión, como decía el abuelo. La respuesta de algunos fue: "Esto parece censura franquista".

Pero es una pena que en una sociedad democrática como la nuestra nos tengamos que morder la lengua para convivir...

Entre amigos se dan situaciones en las cuales, al principio, hubo mucha bronca. La gente se peleaba abiertamente. Después, algunos grupos entendieron que para sobrevivir tenían que seguir el consejo de mi abuelo. Entonces, ¿qué pasa? Que cuando comes, bebes, te desinhibes... acabas soltándote. Aquí yo acostumbro a pedir calma. Y hay personas que en estas circunstancias han tenido problemas de hipertensión arterial con riesgo de infarto. Por eso circula entre los médicos aquello de "tiene que dejar la sal y el 'procés'", como consejo para cuidarse.

¿Tendemos, como hacían los libaneses o los bosnios, a vivir en espacios territoriales o sociales propios, acotados, sin contacto con el otro? Las señales externas son evidentes. 

No se ven las mismas cosas si te paseas por Cornellà que si lo haces por Berga. La escenografía cambia muchísimo. Así, cuando vas a un bar en un lugar determinado, se tiene que tener cuidado con lo que se grita. Y esto, de una manera u otra, se reproduce en ámbitos sociales, más allá del territorio. Es diferente el ambiente si trabajas, por ejemplo, en la enseñanza pública o en la Administración que si lo haces a la empresa privada.

Seguramente hay gente que se siente muy asediada en según qué trabajos. También se detectan diferencias entre el ámbito rural y el urbano. Hay pueblos en que la presencia simbólica es arrolladora. Cosa que, claro, también está asociada a la composición social. No obstante, hay que decir que la divisoria no pasa entre los que han nacido en Cataluña y los que no. Muchos nacidos en Cataluña, como yo, de ninguna forma nos sentimos procesistas. (...)"

(Entrevista a Neri Daurella. Psicóloga clínica. Pertenece a Psychoanalysis and Politics y Federalistas de Izquierdas. Peru Erroteta, El Triangle, 02/11/19)

27/6/19

Solo 14% de conversaciones en el recreo son en catalán... se trata de una encuesta fascista... espiar las relaciones sociales de los niños, de los mayores, en el recreo,o dónde sea, es un procedimiento fascista...

"La Plataforma per la Llengua, la "ONG del catalán" que ha presentado este jueves su InformeCAT 2019 sobre la situación de la lengua, ha alertado de que "solo el 14,6% de las conversaciones de los alumnos de la ESO en el recreo son en catalán" en las zonas urbanas de Cataluña.  (...)

El informe no pretende ser un estudio sociolingüístico extenso, sino "dar una buena fotografía de a situación del catalán" en las tres comunidades donde esta lengua es cooficial (Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares) a través de 50 cifras concretas. (...)

En el ámbito escolar, el uso del catalán también ha disminuido según el informe, que recoge que "el 35% de los estudiantes de magisterio de Lleida suspenden por las faltas de ortografía en catalán" y que "solo una de cada 10 tesis doctorales se escriben en lengua catalana".

No obstante, no todos los datos son negativos: según el Barómetro de Opinión de la Generalitat, "el paro entre los castellanohablantes que usan el catalán es la mitad que entre los que no lo hacen" y las inscripciones a cursos iniciales de catalán han crecido un 13%.  (...)"              (La Vanguardia, 20/06/19)

13/2/19

¿Llegaremos a las manos? Ya se ha llegado a ese gravísimo punto, aunque, por fortuna, todavía sin víctimas mortales. Pero estamos en un punto preocupante: se normaliza que le rompan la nariz a un edil de Ciudadanos... si la violencia va dirigida contra los que no son de los míos, me vale. Cuidado con esto, tenemos el ejemplo de Euskadi aún muy cercano...

" (...) - ¿Llegaremos a las manos? Bueno, de hecho, ya hemos llegado. Acuérdese del entonces primer secretario del PSC, Pere Navarro, que lo atizó una señora antes de la primera comunión de una sobrina en Terrassa. Leí crónicas de digitales que parecía que él se lo había inventado

 Exactamente, ya se ha llegado a ese gravísimo punto, aunque, por fortuna, todavía sin víctimas mortales. Pero estamos en un punto preocupante: normalizar que le rompan la nariz a un edil de Ciudadanos, como el otro día en Torroella de Montbui, para que luego salga el alcalde de ese pueblo y no lo condene. Es decir, si la violencia va dirigida contra los que no son de los míos, me vale. Cuidado con esto, tenemos el ejemplo de Euskadi aún muy cercano.

 - Montilla también tuvo que salir por piernas de la manifestación contra la sentencia del Estatut y era el presidente de la Generalitat.

 Montilla, como todo el PSC, juega al atenttisme, cuando no en favor del separatismo, creyendo que así recuperarán el poder político que perdieron. Ese buenismo oficial, que enmascara una vocación sectaria porque, a la que pueden, empiezan a exigir cordones sanitarios en un momento de máxima emergencia política, social y de país, me parece francamente vergonzoso. Sinceramente, la social democracia no es eso.

 - ¿Pero cree que habrá sangre? ¿Habrá algún muerto?

Eso me preguntan muchas veces y yo espero y deseo que no, aunque hay otras cosas que han sido asesinadas en Cataluña. La convivencia, la economía, la relación fluida entre partidos, la confianza que se tenía en que nuestra tierra era un lugar óptimo para invertir, para desarrollar proyectos. Todo eso ha muerto, incluso, si me apura, la autonomía en sí misma. No deja de ser históricamente relevante que hayan sido los separatistas quienes se hayan cargado el sistema autonómica catalán

- Cuando Marta Rovira dijo aquello de los muertos yo creo que la traicionó el subconsciente. Hay una parte del independentismo que está convencido que la independencia bien vale una guerra corta. Sobre todo, cuando los muertos no son tus hijos.

Ahí tiene usted las alusiones de Quim Torra a la vía eslovena. Ahora bien, más allá del terrorismo, ¿usted ve a la señora Artadi en plan Pasionaria, arengando a la juventud antes de partir hacia el frente? ¿O a Rufián batiéndose el cobre en una trinchera? No. Son separatistas de modalidad pizza: que se la lleven a casa, que esté calentita y que, encima, les salga gratis. Ningún sacrificio, ningún riesgo. Rovira en Suiza, con Gabriel; Puigdemont y unos pocos en Bélgica. Poca barricada

- ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Qué ha fallado? Los catalanes teníamos fama de serios.

Ha fallado la pseudo izquierda catalana, que, de Obiols a Iceta, del inmortal Ribó a Álvarez, nunca supo plantarle cara al nacionalismo. Han fallado los dos partidos nacionales, a los que les era más cómodo pactar con el pujolismo que combatirlo. Ha fallado el Estado, que ni supo ni quiso tomar cartas en el asunto.

 Y hemos fallado los catalanes, empezando por la burguesía, que pagaba encantada el pizzu, pasando por periodistas o intelectuales. Volviendo a Pla, mucho hablar del Seny, pero, cuando más falta ha hecho, no se le ha visto por ninguna parte. Tarradellas llegó demasiado tarde, Rius.

- ¿Estamos más cerca de ser el Ulster -dos comunidades enfrentadas- o Bélgica: dos comunidades que se ignoran?

Buena pregunta. Diría que una mezcla de ambas. Que existen dos partes enfrentadas es algo palpable y real. Que una margina e intenta ignorar que existe la otra, también, y lo digo por los separatistas, que solo creen que Cataluña es El Pi de Les Tres Branques, el Fossar de Les Moreres, el 1714 y Pilar Rahola, y no necesariamente por este orden. Soldar eso es muy difícil. Vienen años muy duros en todos los órdenes. (...)"        (Enrevista a Miquel Giménez, e-notícies, 02/02/19)

17/1/19

Els Joglars: “Tuvimos el privilegio de vivir en una Cataluña amable y placentera, moderna... ¿Ya no lo es? De amable ya no tiene nada. La sonrisa en Cataluña es un eufemismo, al menos en la mitad de la ciudadanía. La crispación y la brecha social entre amigos y familias es enorme”

"(...) Els Joglars utiliza en Señor Ruiseñor la figura de este hombre apasionado por la jardinería para realizar, con ironía y humor, una mordaz crítica a la situación creada en Cataluña a raíz del procés. (...)

Tras su paso por Valladolid y Zaragoza, con los teatros llenos, Señor ruiseñor -así es como llamaban a Rusiñol en Aranjuez, donde vivió los últimos años de su vida- ha llegado este miércoles al María Guerrero de Madrid, donde se representa hasta el 27 de enero. 

La gira posterior de la función solo incluye, de momento, un día de representación en Canovellas, una localidad de Barcelona. “No estamos vetados, pero no nos alquilan” asegura Fontseré parafraseando de nuevo a Josep Pla. “No tenemos ninguna respuesta de los teatros en Cataluña, solo nos encontramos el silencio.

 No vamos de víctimas, pero la realidad es que no nos contratan. Nosotros estamos dispuestos a ir a donde sea, incluso a Waterloo [localidad belga donde se ha refugiado Carles Puigdemont]”, añaden los miembros de la compañía que proclaman: “La libertad de expresión está para defender no solo lo que te gusta, sino lo que no te gusta”  (...)

El hilo conductor de Señor Ruiseñor, con una escenografía muy funcional y plástica que busca apoyar el juego de los actores, se centra en un jardinero que tiene reuma y es trasladado a un museo donde hace de guía. El jardinero se enamora tanto del personaje de Rusiñol, cuyas pinturas cuelgan en las paredes de la colección, que se enfrenta al patronato del centro cuando deciden convertir la pinacoteca en un museo de la identidad.

 “Tuvimos el privilegio de vivir en una Cataluña amable y placentera, moderna”, asegura en la función el jardinero/Rusiñol. ¿Ya no lo es? Ramon Fontserè contesta: “De amable ya no tiene nada. La sonrisa en Cataluña es un eufemismo, al menos en la mitad de la ciudadanía. La crispación y la brecha social entre amigos y familias es enorme”.

El actor y director tiene claro que todo el fanatismo actual de Cataluña viene de la época de Jordi Pujol, personaje sobre el que Els Joglars, compañía que ha cumplido 55 años, realizó en 1995 Ubú president. “Yo soy del mundo rural y no viví esa Cataluña cosmopolita y abierta de los años setenta, donde no existía el nacionalismo ni te obligaban a decir qué profesabas.

Tarradellas, un hombre que venía de la guerra, harto de tanta confrontación y sangre, abogaba por la unidad, algo que comenzó a destruirse con la llegada de Pujol, a lo que ayudó el PSC, que abandonó su política contra el nacionalismo y se hizo más convergente que los propios convergentes. Desde entonces, todo se fue al carajo y llegó el delirio. En Cataluña se ha arrancado o falseado el pasado y de esta manera se ha podido configurar un orden inventado”.

La sensatez y la racionalidad que representaba Rusiñol ha desaparecido, reitera Fontserè, para quien lo más preocupante es que las instituciones y los políticos no se dan cuenta del fanatismo y el delirio al que han llevado a la ciudadanía. No es optimista sobre el futuro, aunque advierte: Els Joglars no cejará de indagar en el arte, la virtud, la verdad y la belleza, con ironía, humor y sarcasmo."            (Rocío García, El País, 10/01/19)

11/1/19

No, la mayoría de la sociedad catalana no está secuestrada, está marginada... una amiga me llamó hace poco: “no puedo más, no me hablan mis hijos…”. La gente se cansa. Unos se cansan y otros se dan cuenta de que es un puro engaño. Es inviable y en el supuesto de un referéndum la mayoría sería aplastante contra la separación...

"(...) Mientras tanto ¿qué pasa con los ciudadanos? ¿Considera que hay un sector de la sociedad catalana que se encuentra “secuestrado”?

Verás, una amiga me llamó hace poco: “no puedo más, no me hablan mis hijos…”.
Esto es un puro disparate. No, la mayoría de la sociedad catalana no  está secuestrada,  está marginada. Comprometidos de verdad con la independencia puede haber medio millón de personas, pero somos siete millones y medio.

¿Hay hastío?

Claro que lo hay. En el año 2013 Cataluña estaba “a punto de decidir su futuro” y en 2019 no hay ni perspectiva. La gente se cansa. Unos se cansan y otros se dan cuenta de que es un puro engaño. Es inviable y en el supuesto de un referéndum la mayoría sería aplastante contra la separación.

Pero hacer un referéndum de ese tipo supone llevar a cabo una fractura evidente de la sociedad.

Y ocurre  que  hemos entrado en una etapa de incertidumbre, porque Sánchez está intentando buscar una vía de acuerdo pero es  difícil. Los comunes no tienen una actitud clara. Igual le ocurre al PSC.

Están ahí con ambivalencia. Y creo que Pablo iglesias debería ser más contundente.

Fiel a sus orígenes, menciona Carlos Jimenez Villarejo en la introducción de su libro unas palabras  datadas en 1980 de Antonio Gutiérrez Díaz que fue secretario general del PSUC y vicepresidente de Parlamento Europeo, a lo que  debe ser el catalanismo, confrontando la visión progresista con la de la derecha.

“La Catalunya de hoy es la Catalunya de todos y no dejaremos que nos la arrebaten aquellos que con nacionalismos extremos y provocadores quieren utilizar la bandera catalana para esconder sus intereses de clase. (…) no debemos caer en la trampa de dejarla en manos de aquellos que la quieren para disimular que las tienen sucias…”.

Y añade como conclusión: ¡Qué gran actualidad tienen estas palabras! No podemos tolerar que el nacionalismo catalán o español –son muy similares por más que traten de ocultarlo– avance en franco y gravísimo perjuicio de las clases populares”.

(Carlos Jiménez Villarejo, antiguo fiscal anticorrupción, ha recopilado su experiencia  sobre el procés catalán en un libro titulado Catalunya, mitos y resistencias que ha editado El Viejo Topo.)

13/12/18

Manuel, uno de los participantes del programa 'First Fechas', de Cuatro: el proceso rompe matrimonios... ella una separatista que no veas. Esto ha destrozado muchas familias, y aún las destroza... Yo, con mi hija, no puedo hablar sobre este tema", ha apuntado Luisa...

"Manuel, uno de los participantes del programa 'First Fechas', de Cuatro, ha explicado durante su cita con Luisa que se ha separado de su mujer por el proceso soberanista tras más de veinte años de matrimonio. "Ha roto muchas familias", lamentó el hombre.

Manuel ha dicho a Luisa que "me he separado por lo que está pasando en Catalunya". "Llevábamos más de 20 años juntos. El padre era de Cuenca y la madre de Córdoba... y ella una separatista que no veas. Esto ha destrozado muchas familias, y aún en destroza", ha añadido.

"Prefiero no hablar, porque sí es cierto que se crea conflicto entre familias. Yo, con mi hija, no puedo hablar sobre este tema", ha apuntado Luisa, que vive en Barcelona.

Finalmente. Manuel señaló que "yo no he nacido en Catalunya, pero me siento catalán, español y andaluz". "Que no me digan que los que no somos de allí no amamos Cataluña. Esto no es verdad. Si no fuera por los inmigrantes, Catalunya no sería lo que es ahora", ha concluido."              (e-notícies, 11/12/18)

18/10/18

¿Qué decir sobre la futura convivencia entre las diferentes Cataluñas? Tengo diez hermanos y no podemos hablar de este tema. Es un ejemplo... A mí, que soy de izquierdas, me horroriza que en el Área Metropolitana y otros lugares se acabe votando a Ciudadanos por temas de identidad...

"(...) ¿Qué decir sobre la futura convivencia entre las diferentes Cataluñas?

Tengo diez hermanos y no podemos hablar de este tema. Es un ejemplo. Se habla de una República sin significado. La primera vez que Junqueras ha aludido a la fraternidad ha sido en un artículo publicado hace unos días. ¡A buenas horas mangas verdes! Después de haber rota toda la fraternidad. Con España y en Cataluña. 

Con todos los españoles y en Cataluña con los tildados de “unionistas”, “fascistas”, etc. etc. Haber, libertad, igualdad y fraternidad. Libertad para ellos. Igualdad ¿Para quién? También para ellos, será para los que chupan del bote y la fraternidad se la han cargado ¿Qué valores republicanos se pueden encontrar en esta llamada “República catalana” que es el Viaje a Itaca? Esto es una vergüenza. 

Pretenden que votemos sí o no a la independencia sin ningún proyecto de país. A mí, que soy de izquierdas, me horroriza que en el Área Metropolitana y otros lugares se acabe votando a Ciudadanos por temas de identidad. Porque si hay una cosa loable que el PSUC hizo en su momento fue aglutinar a la gente es un mismo proyecto. Eso lo han roto. 

Hay la Cataluña de los excluidos. Pero les da igual, porque el voto del Área Metropolitana encima vale mucho menos que el de otros sitios. Los problemas de estas personas, que son las más desfavorecidas, las que han sufrido la crisis más que nadie, ven ahora peligrar su propia identidad, sus raíces. ¿Esta deriva que vivimos en Cataluña es un fenómeno propio o tiene algo que ver con lo que está ocurriendo en Europa y EE. UU?

Cuando vas al Ampurdán desde Barcelona te llaman “Cobyncs” o “Pixapins” ¡Imagínate! (...)

 Todo parece indicar que la Crida va camino de convertirse, si ya no lo es, en la extrema derecha catalana. Excluyente, xenófoba… Y quizá aún más preocupante es el seguidismo de Esquerra y de la CUP. 

¿Y el futuro de la izquierda?

La izquierda, en general, y la socialdemocracia en particular (que durante una época ha sido muy importante por haber estado ligada al Estado de bienestar) no han sabido pertrecharse, entre otras cosas, contra el capitalismo financiero, salvaje, totalmente neoliberal, que no se sabe muy bien hasta dónde quiere llegar. Si las clases medias y hasta los más desfavorecidos tenemos que consumir por el bien de la economía y, al mismo tiempo, nos empobrecemos ¿Cómo entenderlo? Todo esto hay que regularlo y los Estados no se atreven. 

Y la izquierda, en este caso la local, ICV no supo ponerse al frente del 15 M, donde latía mucho descontento con las cosas. Uno de los errores que ha tenido la izquierda desde la transición ha sido dejar la calle. Había que estar con la gente y no conformarse con estar en un ayuntamiento, haciendo lo que se podía.
La nueva izquierda ¿Realidad o ficción?

Con esto de la llamada nueva izquierda estoy un poco chocada. Porque cosas que para nosotros, cuando éramos militantes (ahora activistas), constituían valores muy importantes, como el sentido de la camaradería, la afinidad con los compañeros, la lealtad a las líneas del partido, el análisis, la profundización… resulta que esto no.

 Se critica el centralismo democrático, pero resulta mucho más democrático que lo que ahora se estila. Espero que esto cambie. Y se han cometido errores garrafales, como el Pablo Iglesias dejándose llevar por una visión muy distorsionada de Cataluña. Tampoco existe preocupación por formarse.

La denominada “nueva izquierda” aparenta en ocasiones (quizá al rebufo de la politología y de las luchas parciales) tener mayor querencia por la experimentación que por poner los en la tierra ¿Los experimento con gaseosa?

Se carece, por ejemplo, de agenda propia y, en consecuencia, se hace seguidismo. Sí que hay movimientos sociales. Hay que decirlo. Ya Ada Colau no ha llegado a la alcaldía porque sí. A pesar de ser crítica con muchas cosas, quiero que siga siendo la alcaldesa ¿Por qué? Porque ninguna de las otras alternativas me gusta. 

Ella ha hecho más que nadie por la gente que lo necesita. Además, tiene, a mi juicio, una cosa muy importante: lo que dice lo siente. No sé lo que pasará, pero nosotros (Comunes federalistas) damos guerra. Parece que hay una parte de los Comunes que está replanteándose algunas cosas. Y las cosas están cambiando.  (...)"                   (Entrevista a Inés de Gispert, de Comunes Federalistas y está en la Comisión Ejecutiva de Catalunya en Común , El Triangle, 30/09/18)

16/10/18

Creo que nunca olvidaré los días 20 y 21 de septiembre de 2017... Aquel día supe que estaba metido en medio de un golpe de estado y que la balanza podría decantarse para cualquier lado...

"Creo que nunca olvidaré los días 20 y 21 de septiembre de 2017. (...)

Los nacionalistas habían aprovechado su mayoría en el Parlamento para aprobar dos leyes que suponían la derogación de facto de la Constitución en Cataluña. (...)

En los días anteriores al 20, además, se nos había ido advirtiendo de que se estaba preparando "el mambo"; es decir, una insurrección callejera que apoyaría el golpe en las instituciones que ya se había perpetrado en el Parlamento y al que se había sumado el Gobierno de la Generalitat, quien mantenía que, pese a la prohibición del Tribunal Constitucional, se seguiría adelante con el referéndum convocado para el 1 de octubre.
Ese día 20 yo tenía clase a las ocho y media de la mañana. A las diez hacía un descanso y bajaba a tomar café. En las escaleras de entrada a la Facultad me cruce con un compañero que con una sonrisa en la cara me dijo "Ja ha començat el mambo". En aquel momento no sabía de qué me hablaba. 
Entonces me explicó que se estaba registrando la sede de la Conselleria de Economia y que comenzaría el jaleo. El runrún que percibía a mi alrededor era el de excitación; como si este fuera el momento en el que se iniciaba el enfrentamiento del que muchos se pensaban que saldrían triunfantes.
 Los comentarios que escuchaba obviaban las razones que explicaban la investigación judicial que había llevado a la Conselleria y se centraban en el ataque que suponía a la autonomía, en que resultaba intolerable (¡que una comisión judicial investigara la comisión de posibles delitos!) y, en el caso de los que se consideraban "moderados", en la llamada al diálogo, sin pararse en que se estaba pidiendo diálogo entre quienes eran investigados por los jueces y... ¿quién? ¿los propios jueces? ¿el gobierno de España para que éste presionara a los jueces?
A las doce me dirigí al Aula Magna de la Facultad, donde se inauguraría el curso. Estaba prevista la presencia de la Rectora; pero como me explicaban, con lo que estaba pasando no vendría la Rectora, así que quien acabó representando al equipo de gobierno fue la Secretaria General. Creo que ya resulta significativo que ante una investigación judicial la Rectora de una universidad pública tuviera "lío"; pero en Cataluña esto ya lo damos por descontado, así que ni entré a comentar lo absurdo del razonamiento.
Lo que sí fue nuevo es que en aquella ocasión la Secretaria General de la Universidad iniciara su intervención con una referencia a la situación extraordinaria que se vivía y a la necesidad de ser conscientes de ello o algo así. Eran palabras que recuerdo confusamente, pero que me transmitieron una profunda desazón, porque parecían anunciar que en aquella ocasión el equipo de gobierno y otros órganos de la Universidad se implicarían en el conflicto, y no solamente de tapadillo, sino de manera abierta.  (...)

No me equivocaba. Cuando volví a mi despacho me encontré con el siguiente correo electrónico:
2Tema: Concentració AVUI a les 13h davant l'edifici del Rectorat contra la repressió política.
 Enfront de l'actual situació d'involució democrática l'Equip de Gobern i les seccions sindicals de la UAB fan una crida a la comunitat universitària a concentrar-se avui dimecres 20de septembre a les 13h, davant de l'difici A-Rectorat, per expressar el rebuig a la repressió política de qualsevol forma i origen (...)"
 En el contexto de aquel día hablar de "involución democrática" no tenía mas que un sentido. Efectivamente, se hizo la concentración y parece ser que la Rectora se dirigió a los allí concentrados. La sala de prensa de la universidad tituló la noticia incluyendo la palabra "represión política"
Para mí aquello fue tan grave como el ataque a los coches de la Guardia Civil transmitido en directo por TV3
 
Sabía de la posibilidad de trasladar a la calle el enfrentamiento con el orden constitucional; pero me parecía más peligroso el giro de las instituciones y administraciones hacia el desafío nacionalista. Los órganos de gobierno de mi Universidad nada habían dicho cuando los días 6 y 7 de septiembre la Constitución, el Estatuto de Autonomía y los derechos de los parlamentarios fueron laminados por los nacionalistas. En cambio, calificaban de represión política una investigación judicial que se vinculaba a la defensa de la Constitución y a la garantía de los derechos de los catalanes.
Aquel día sentí que estaba personalmente afectado. Más incluso que cuando sufrí el acoso de los intolerantes nacionalistas en el campus, porque el día 20 quienes comenzaban a actuar al margen de lo que resultaba exigible por lealtad a la democracia y al marco constitucional de convivencia eran los órganos de gobierno de la institución para la que trabajaba y a la que había dedicado más de 20 años de mi vida; porque sentía que ahora la amenaza ya no venía de quienes actuaban fuera del marco institucional sino por quienes deberían hacer patente su adhesión a la Constitución y su rechazo de cualquier vía de hecho para modificarla.
Aquel día supe que estaba metido en medio de un golpe de estado y que la balanza podría decantarse para cualquier lado.
 Taipán del interior dijo... Comparto tus impresiones y sentimientos. También tus recuerdos. Ahora vamos a asistir a un endulzamiento mediático de aquellos días. En esto son mejores, hemos de admitirlo. Pero la preocupación y el miedo de amplias franjas de la población (de muchos independentistas cuando vieron que la cosa iba en serio) no acceden a los medios. 
Este defecto está ya instalado en el paisaje informativo y es otra de sus victorias. En realidad, perdieron en el último minuto, pero la impresión es que estaban a punto de rematar a puerta vacía. 
Sólo así se explica la huida de empresas y de fondos y el lujo de dos declaraciones de independencia (la primera sólo la puntita, de acuerdo) y sus leyes de desconexión y transitoriedades varias. ¿Alguien imagina esto en cualquier país europeo? (...)"            

11/10/18

Isabel Coixet: en Cataluña todo continúa enrarecido y neblinoso... me siento atrapada en la sección de limpieza de un supermercado cuyo exterior está rodeado de muchos zombies

"(...) La directora Isabel Coixet cree que en Cataluña “todo continúa enrarecido y neblinoso”, lo que por otra parte, ha ironizado, a ella le ha venido “muy bien”, para “currar como nunca lo había hecho” en su vida. 

(...) la realizadora, acompañada por las dos protagonistas del filme, Natalia de Molina y Greta Fernández, ha hablado de su nuevo trabajo, rodado en blanco y negro, en el que se ha volcado, lo que le ha permitido abstraerse de la situación política catalana, que le “aburre”. 

“Cuando ruedas películas, el mundo no existe y, para las personas muy sensibles como yo, eso es bueno”, ha destacado Coixet.

No obstante, ha dicho sentirse a veces como en el filme La niebla, de Frank Darabont, “atrapada” en la sección de limpieza de un supermercado cuyo exterior está rodeado de “muchos zombies“, pero no solo por que le afecte la situación catalana: también le ocurre, por ejemplo, “con Donald Trump o Kim Jong-un”.

“Para mí, el cine es la vida y todo lo demás es qüisqui barato“, ha señalado la realizadora barcelonesa (...) "                    (República.com, 25/09/18)

4/10/18

Josep María Pou: 'Lo que sí sucede y da pena es que, para evitar el conflicto con alguien que sabes que es más o menos exaltado, evitas la conversación. Hay una autocensura con temas que, desde hace dos años, es mejor no hablar. Y eso me jode mucho y condiciona la vida personal'

"(...)¿Cómo ha afectado el 'procés' a la cultura catalana?
Hay un parón evidente. Y lo más grave es que ese descenso de actividad se ha traducido también en un descenso de la asistencia del público. El primer trimestre de la temporada pasada, que coincidió con aquellas fechas del 1-O, sólo los cuatro teatros de Focus en la ciudad perdieron 24.000 espectadores. Si le sumas el resto... Es dramático. 
El público dejó de ir al teatro radicalmente, pendientes únicamente de la vida política del país. En Cataluña se vive un estado de angustia, incertidumbre e inquietud que no anima nada a ir al teatro, a cenar o a lo que sea. La cultura en Barcelona está pagando un peaje muy elevado por el procés. 
Le han ido a nombrar 'Catalán del año' en el año más complicado de la historia reciente de Cataluña...
Qué me vas a contar... Pensé que estaba en la lista para rellenar, nunca en mi vida he estado tan seguro de que no iba a ganar un premio, por eso me emocioné como pocas veces. Y lo agradezco especialmente porque ha sido un año en el que me han hecho sentir que soy un mal catalán porque no estaba de acuerdo con cómo se estaba llevando el procés ni con muchas de las cosas que se han hecho en su nombre. 
No quiere decir que no esté de acuerdo con el afán de replantear algunas cosas de la relación con España, pues todos los pueblos tienen derecho a revisar sus relaciones, pero evidentemente no estoy de acuerdo con actuar fuera de la ley.
 
¿Está tan dividida la sociedad catalana como a menudo parece desde fuera?
En los dos últimos años se han creado un clima de confrontación y dos equipos: ellos y los malos. Y eso afecta a cualquier familia o grupo, pero en la calle no existe ese clima. Veo canales de televisión en los que parece que en Cataluña nos estamos dando de hostias desde que vamos a comprar el pan por la mañana hasta la hora de la cena, y no es verdad. Desde fuera se exagera con eso, la vida diaria no ha cambiado tanto. 
El problema es que Cataluña vive ahora en el terreno de las emociones en lugar de en el de la razón, y eso es malo. Lo que sí sucede y da pena es que, para evitar el conflicto con alguien que sabes que es más o menos exaltado, evitas la conversación. Hay una autocensura con temas que, desde hace dos años, es mejor no hablar. Y eso me jode mucho y condiciona la vida personal.
 
En sus columnas de opinión en 'El Periódico' no se ha escondido...
Me insultan mucho en internet, de hijo de puta y traidor para arriba, en cuanto hago la más mínima referencia a mi disgusto con cómo se está llevando el asunto, pero es lo que hay. De todos modos, ahora soy algo más optimista, noto un cierto cambio en las formas y los procedimientos. 
 Me parece que los líderes independentistas están bajando a la realidad después de unos años viviendo en las nubes, desde dónde han engañado y mentido a muchos ciudadanos. Cosa que ahora reconocen hablando, como el señor Puigdemont, de plazos de 20 años. Ay, cuán largo me lo fiáis... En todo caso, me alegra que bajen a tierra.
 
¿Ve factible una solución negociada y próxima?
Tengo enormes esperanzas en que se va a encontrar un punto de confluencia a través de la mejor arma que tiene el pueblo: la política bien ejercida, que es el arte de la buena relación. En cuanto se aplique la política inteligente y no la de votos, se va a solucionar y creo que será en un plazo razonablemente corto. 
El clima tenso está mejorando. Este Gobierno es más sensible y el independentismo va asumiendo que no se va a independizar de esta. Empieza a entender que ha actuado como en una subida de fiebre de 40 grados, en la que parecía que todo era muy fácil... y no lo es."         (Entrevista a Josep María Pou, Iñako Díaz, El Mundo, 27/09/18)

30/7/18

Jordi González: "Lo que está pasando es que la sociedad catalana se ha fracturado, mi propia familia". "Mi hermano piensa de una forma, yo pienso de otra, entonces para no confrontarnos no hablamos del asunto. Está pasando en muchas familias, mientras tanto los que provocan todo esto están, digamos, riéndose un poco de lo que han provocado. Yo creo que sí. No me parece que se estén tomando en serio nada"

"El periodista Jordi González, en una entrevista en 'Viva la vida' (Telecinco), ha cargado contra el proceso independentista y especialmente contra sus dirigentes, a los que acusa de "hacerlo mal a propósito" y de estar "riéndose" de la "fractura" social existente en Catalunya, que dice haber afectado también a su familia. González critica a TV3 e ironiza sobre el hincapié que hacen los independentistas en denominarse "demócratas".

"Soy catalán, hijo y nieto de catalanes por todas partes", ha reivindicado el presentador de Telecinco de inicio, además de remarcar que lo que se está viviendo en Catalunya "me parece mal, me parece un despropósito, me parece que lo están haciendo mal a propósito".

González considera que "se puede plantear cualquier cosa, incluso la independencia, pero desde la inteligencia. En un momento que la corrupción está carcomiendo los partidos más importantes en Catalunya se extiende una inmensa bandera catalana sobre toda esa porquería, y vamos a reclamar el derecho a ser un Estado".

"No sé todavía por qué sería mejor que Catalunya fuera independiente y como no lo sé, me reservo el derecho a no ser independentista. Pero entonces hay mucha gente independentista que se enfada conmigo. Son muy demócratas, pero si no pienso lo mismo que ellos se enfadan conmigo", ha ironizado.

El periodista ha dejado claro que "yo no creo en esta independencia que se está planteando porque me parece muy amateur, es un vodevil, es como absurdo". "Lo que está pasando es que la sociedad catalana se ha fracturado, mi propia familia", ha denunciado.

"Mi hermano piensa de una forma, yo pienso de otra, entonces para no confrontarnos no hablamos del asunto. Está pasando en muchas familias, mientras tanto los que provocan todo esto están, digamos, riéndose un poco de lo que han provocado. Yo creo que sí. No me parece que se estén tomando en serio nada", ha lamentado.

Jordi González ha recordado que "lo más importante es el pueblo, son las personas, esos millones de personas que salen con todo el derecho del mundo a reivindicar lo que consideran justo, que es la independencia. Muy bien, que lo reivindiquen, pero que dejen también que los que no piensen lo mismo lo expresen. Que puedan también hacer pedagogía del no en la televisión pública de Catalunya".         (e-notícies, 23/07/18)

15/6/18

El día que los catalanes dejaron de hablarse. Cada ciudadano sitúa el inicio de esa espiral de desencuentros en un momento determinado de su experiencia personal, pero el punto de partida general puede situarse al final del verano del 17. Mercè llamó a su hermana Marta para preguntarle qué podía regalarle a su sobrino y ahijado. La respuesta la dejó helada: “Del enemigo no queremos nada”

"Hará ya un mes de aquello. Su suegra la llamó un viernes para invitarla a comer el domingo y ella, dice que sin premeditación pero sí con alevosía, le contestó en español. A un lado y otro del teléfono se produjo un silencio muy profundo. 

La fiscal, nacida muchos cientos de kilómetros al sur, había aprendido catalán como un regalo a su marido y a sus hijos, y cada fin de semana se lo ofrecía también al resto de su familia política, de antigua tradición nacionalista. 

La relación, que se fue deteriorando conforme se iban sucediendo los hitos del conflicto secesionista en Cataluña —el referéndum ilegal, los palos de la Policía en las puertas de los colegios, la declaración unilateral de independencia—, terminó por romperse durante aquellos días de octubre en que los líderes de la Asamblea Nacional Catalana y de Òmnium Cultural fueron detenidos y encarcelados. 

 Fue entonces cuando los insultos generalizados a todo lo español en el chat familiar cerraron el foco y se centraron en el aparato judicial del Estado. La fiscal no respondió, pero el día que su suegra, como si nada estuviera pasando, la invitó —en catalán, como de costumbre— a la habitual celebración familiar, ella —en español, por primera vez en muchos años— le dijo que no.

Dice la politóloga Berta Barbet (Barcelona, 1986) que, desde el punto de vista de las relaciones personales, en el conflicto catalán se han producido dos procesos: “Uno es de desconexión y el otro de ruptura. La desconexión es el proceso por el cual los independentistas dejaron de escuchar los argumentos de los partidos no independentistas, y a su vez los no independentistas hicieron lo mismo.

 El siguiente proceso fue el de romper, de cabrearse, de dejarse de hablar”. En este segundo proceso —que bien se podría bautizar como el día que los catalanes dejaron de hablarse— se encuentra la sociedad catalana en estos momentos. Cada ciudadano sitúa el inicio de esa espiral de desencuentros en un momento determinado en función de su experiencia personal, pero el punto de partida general puede situarse al final del verano. 

Durante la manifestación convocada el sábado 26 de agosto para condenar los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils quedó claro que ni el dolor ni los muertos resultaban suficientes para aparcar el rechazo, cuando no el odio, del independentismo hacia España.

 Ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, hubo quienes, como Miquel A., independentista convencido y dueño de una pequeña empresa de transportes en el barrio de L’Eixample de Barcelona, optaron por una vía muy expeditiva para intentar minimizar los daños.

 “Cuando me di cuenta de que las cosas se estaban poniendo feas en el grupo de Whatsapp de la familia y alguno ya había empezado a insultar y a colocar vídeos muy hirientes para la parte contraria”, recuerda, “envié un mensaje muy claro: yo os quiero mucho a todos y sé que vosotros también a mí, así que será mejor que aquí no hablemos de política. Hasta el momento me han hecho caso. Ahora lo que me da miedo es la cena de Nochevieja”.

Miquel A. forma parte del 40% de catalanes que, según un estudio publicado el pasado mes de octubre por El Periódico de Cataluña, ya había dejado de hablar de política con algún familiar o amigo. Si se le añade el 12% que ya entonces reconoció que había roto relaciones y el otro 12% que había abandonado chats de Whatsapp se llega a la conclusión de que el 58,4% de catalanes opinan que el debate independentista ha dañado la convivencia.

 Nadie duda de que la situación no ha dejado de empeorar desde entonces y son muchos los que aseguran que desde aquella manifestación de agosto hasta ahora la fractura social no ha dejado de aumentar. Según la politóloga Berta Barbet, la desconexión entre los dos bandos supone un deterioro grave de la convivencia por cuanto en Cataluña cada vez hay menos principios básicos a compartir por todo el mundo. 

“Veo difícil volver a donde estábamos”, augura Barbet, quien añade: “Ha habido un momento en el que a cada uno la posición del otro pasó a parecerle absolutamente injustificada. Hasta entonces se podía decir que no escuchabas al otro porque su posición te parecía absurda; ahora llega a parecerte inmoral”. Es el momento que muchas familias o grupos de amigos han vivido como la ruptura total.

Nuria tiene un negocio inmobiliario en la parte alta de Barcelona, junto al Turó Park, allí donde no han llegado las tiendas de los chinos y donde los fines de semana apenas hay nadie por la calle. Si es invierno, sus vecinos están esquiando en la Cerdanya, y si es verano, están en su casa del Empordà o navegando en su velero rumbo a Las Medas. 

Ella, que jamás se ha interesado demasiado por la política, ha podido capear hasta hace poco las discusiones del procés, pero ya le resulta imposible. Las conversaciones con sus clientes y con sus cuatro amigas de siempre la han arrastrado a presentarse como interventora de uno de los tres partidos constitucionalistas. Como casi todo en Cataluña en los últimos tiempos, su decisión se ha producido por reacción. 

No en este caso por reacción a los palos de la policía el 1 de octubre o a la aplicación del artículo 155, sino a la conversión repentina al independentismo de buena parte de sus amigas, incluso de las que hasta ella no duda en calificar como las más pijas. 

El caso más paradigmático de la gravedad de la situación es el de su mejor amiga. “Fíjese hasta qué punto ha llegado la discusión política aquí”, cuenta la empresaria, “que por primera vez en su vida mi amiga Mercè no cenará en Nochebuena con su hermana Marta”.

Marta vive en un pueblo pequeño de una zona muy nacionalista, y tanto ella como su marido están en el paro. Uno de sus tres hijos —todavía pequeños— es ahijado de Mercè. De un tiempo a esta parte, como ha ocurrido entre amigos, compañeros de trabajo o familiares, las discusiones políticas de las dos hermanas han ido aumentando y alejándolas entre sí. Hasta el punto de que hace unos meses dejaron de hablarse.

Sin embargo, “hace unos días”, explica Nuria, “Mercè —que vive en Barcelona y tiene una situación económica más que desahogada— llamó a Marta para preguntarle qué podía regalarle, como hace cada año, a su sobrino y ahijado. La respuesta de su hermana antes de colgarle el teléfono la dejó helada: “Del enemigo no queremos nada”.

Dice Nuria que todo esto no le preocuparía demasiado —“no son las dos únicas hermanas que se pelean”—, si no fuese porque en los últimos tiempos ha vivido de cerca un buen número de casos parecidos.

La razón puede estar en que durante mucho tiempo la presión solo procedía del sector independentista. La llamada mayoría silenciosa —un término del que los nacionalistas catalanes se reían hasta que la manifestación unionista del 8 de octubre dejó claro que las calles empezaban a ser de todos— vivía acogotada a la espera de un liderazgo al que sumarse. 

Como explica Barbet, “los independentistas han estado muy movilizados desde el principio, mientras la movilización de los no independentistas ha sido más tardía. Pero de golpe parece que han dicho: ‘tenemos mucha ilusión por este proyecto’. 

Seguramente lo que ha ocurrido en el bando no independentista no se entendería sin la movilización de Sociedad Civil Catalana y de algunos partidos a la hora de decir abiertamente: ‘fijaos qué indignante lo que están diciendo los otros’. Al final es necesario un liderazgo que genere ilusión”.

Sin ese liderazgo, la lucha contra el nacionalismo hegemónico puede llegar a ser un infierno. Ana Moreno Molina, nacida en Granada hace 38 años y residente en Balaguer (Lleida) desde hace 15, intentó en 2015 que sus dos hijos pequeños —un niño y una niña que entonces tenían 6 y 4 años de edad— pudieran estudiar en castellano. 

La respuesta airada de todo el pueblo —de 16.600 habitantes— resultó el preludio de lo que sucedería después. “Lo que me pasó a mí”, explica Ana, “es la prueba de que un enfrentamiento así no se crea de la nada.

 Los independentistas han hecho un trabajo de chinos desde hace mucho tiempo para ir ganando terreno, pero sobre todo para eliminar todo lo que una Cataluña al resto de España. Y lo más triste es que han contado con el consentimiento y la pasividad del resto de España”.

Acoso brutal

Al no lograr que, por las buenas, el colegio de sus hijos alternara el catalán con el castellano, Ana Moreno interpuso una denuncia ante los tribunales. En septiembre de 2015, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña le dio la razón al estimar que sus hijos tenían derecho a ser escolarizados fuera de la inmersión lingüística.

 La reacción, según relata, fue brutal: “El director de la escuela Gaspar de Portolà salió en televisión diciendo que por mi culpa los jueces lo habían obligado a impartir una de las asignaturas —matemáticas— en español y aquellas declaraciones desataron un tsunami. Mi familia empezó a ser estigmatizada. 

Pusieron el nombre de mi negocio —un chiquipark— en las redes y empezaron a anularme todos los cumpleaños que tenía concertados. Las madres me dejaron sola en los grupos de Whatsapp, dejaron de invitar a mis hijos a los cumpleaños y en las redes sociales me llamaban franquista.

 Hasta el delegado de Educación en Lleida se presentó en mi casa para que depusiera mi actitud. Me acusaron de querer romper el sistema. Hubo hasta quien pidió que me quitaran la tutela de mis niños por mi ideología. Al final saqué a los niños de la comarca y los llevé a un colegio de la capital, que está a 30 kilómetros. El coste social y económico de enfrentarse a los independentistas es muy alto”.

Ya entonces, cuenta Ana, alguien propuso que los niños fuesen al colegio con una camiseta de un determinado color para así dejar en evidencia a los castellano parlantes. Ahora los independentistas lucen bufandas amarillas para pedir, rambla arriba y abajo, la libertad de sus políticos encarcelados. En el conflicto catalán, hasta los colores han perdido la inocencia.




Hace ahora 25 años que José Manuel Caballero Bonald presentó su novela Campo de Agramante, donde uno de los protagonistas, poblador del Coto de Doñana, tenía la rara y desquiciante capacidad de oír, unos segundos antes de que se produjera, el estruendo de los árboles al caer. “No consideré entonces oportuno contárselo a nadie, porque lo más seguro era que no acertara a explicar a ciencia cierta nada de lo ocurrido”. 

De la misma manera, por el temor de ser tomados por locos o, aun peor, por fachas, algunos catalanes, incluso independentistas, empezaron a darse cuenta mucho antes que el resto de la peligrosa deriva que Carles Puigdemont, a remolque de Esquerra Republicana y sobre todo de la CUP, estaba emprendiendo.

 “Yo soy independentista”, explica Miquel A., propietario de una pequeña empresa de transportes, “y ya hace mucho tiempo que me di cuenta de que algo fallaba en el discurso de Puigdemont. Eso de que Europa nos iba a acoger con los brazos abiertos, convirtiéndonos en un vecino más de España, como Portugal o Francia, no tenía sentido.

 Aunque trabajo en Barcelona, soy de Valls (Tarragona), e intenté hablarlo allí con mis hermanos y algunos amigos. Me arrepentí inmediatamente. Facha fue lo más suave que me dijeron. Aun sabiendo a lo que nos exponíamos, decidí guardar silencio antes de echarme a todo el mundo encima.

 Lo más triste es que, aunque pasó lo que yo veía que iba a pasar, los políticos que se equivocaron no han pedido perdón y siguen en las mismas. Soy independentista, pero si discrepo me llaman facha. Y no quiero ser el facha de Valls”.            (Pablo Ordaz, El País, 17/12/17)

14/6/18

Las élites dominantes han recurrido una y otra vez a la manipulación de los nombres y apellidos para fortalecer la imagen de un país homogéneo social y culturalmente... el racismo onomástico

"Agustí Colomines, durante su participación en el ciclo Letras en Sevilla, explicó al público que estuvo casado "con una persona de Madrid" y que su hijo tenía un apellido español: Rojo. Al margen de su justificación emocional sobre los "aprecios múltiples", su comentario no fue casual ni anecdótico. 

Basta rastrear las redes para encontrarse numerosos tuits y vídeos, en las últimas semanas, en los que algunos independentistas dicen tener un apellido español. 

Forma parte de una campaña, premeditada o no, que pretende dejar claro que el independentismo no es racista ni supremacista, ni tampoco el nacionalismo --si admitimos que son sensibilidades distintas aunque convergentes--.

"Tengo un apellido español porque mi abuelo es extremeño, pero nadie me margina por ello", dice una youtuber. Para continuar acusando a Cs de ser supremacistas por recordarle, al parecer, que por tener un apellido español no debería ser independentista.

 La capacidad prestidigitadora del nacionalismo es admirable. En Sevilla, por ejemplo, nadie del público le apuntó a Colomines que su hijo no tiene un apellido español, sino dos. O si prefiere, como el bisabuelo de su hijo --el general Rojo-- era valenciano, tiene uno catalán y otro valenciano, los dos españoles. Es una obviedad, aunque le pese tanto al padre.

Es conocido que durante el franquismo y el régimen pujolista las identidades onomásticas han tenido una extraordinaria importancia. Un ejemplo se puede rastrear en los nombres de familia de los diputados en el Parlamento catalán desde 1980. 

Es sabido que los García, López, Sánchez, Rodríguez, etc. son los apellidos más comunes en Cataluña pero han sido los menos recurrentes entre sus señorías. No es una anécdota sino que forma parte de la normalización identitaria de Cataluña. Así, al mismo tiempo que se fijaba la identidad colectiva, se reinventaba el patrimonio onomástico. 

Este sistema de nominación se ha de relacionar con la movilidad y con los límites y ventajas de la antroponimia en una sociedad tan condicionada por el dogma nacional y el culto al linaje familiar.

Es digno de estudio que, en los últimos cuarenta años, muchos ciudadanos que tienen apellidos castellanos hayan optado por catalanizar el nombre. También es llamativo que muchas personas que tienen un apellido castellano seguido por otro catalán hayan invertido el orden, o hayan reducido el primero a la inicial seguida de un punto. 

Cada uno es libre de hacer lo que crea oportuno con su filiación nominal, pero cuando se produce de manera tan compartida y tan extendida es que estamos ante un fenómeno sociológico que debería ser analizado por sus efectos identitarios de larga duración y por su impacto en la vida cotidiana.   (,,,)

Nada nuevo en la historia de España en particular, y de Occidente en general. Las élites dominantes han recurrido una y otra vez a la manipulación de los nombres y apellidos para fortalecer la imagen de un país homogéneo social y culturalmente.

 La clerecía de cada lugar ha avalado esos procesos para ensalzar la adecuación de la antroponimia con los sistemas de referencia vigentes. El racismo onomástico de Colomines es sólo un ejemplo, por otra parte muy común entre los nacionalistas que, por fin, han decidido salir del armario, dentro ya ni cabían."            (Manuel Peña Díaz, Crónica Global, 25/05/18)

15/12/17

Jorge Javier confiesa haber roto con su novio por el independentismo

"Jorge Javier Vázquez ha aceptado acudir a El Programa de AR esta mañana coincidiendo con la final, esta noche, de GH 18. Y Ana Rosa Quintana, como era de esperar, ha aprovechado para poner encima de la mesa diversos temas de actualidad y alguno personal que atañen al catalán, con momentos serios y algún zasca divertido de por medio.

El tema de la independencia de Catalunya, cómo no, ha centrado buena parte de la entrevista, en la que Jorge Javier ha confesado que rompió con su novio por una discusión sobre el independentismo y ha añadido que en su familia se evita hablar de “ciertos temas” para no discutir.

De hecho, Vázquez ha matizado que su relación con un chico de Tarragona con el que comparte su vida sufrió varias “idas y venidas”. Es más, que no se ponen de acuerdo sobre el tema de la independencia de Catalunya: “Durante 10 años hemos roto muchas veces. Igual llevamos juntos un cuarto de hora. Una vez de ellas fue por el asunto catalán”.

“No soy independentista, pero sí estoy a favor del Referéndum”, ha insistido de nuevo al tener que significarse sobre el tema. Eso sí, ha dicho que de poder votar en Catalunya -está empadronado en Madrid-, votaría a Iceta. Y que en la capital de España vota a Manuela Carmena.  (...)"               (La Vanguardia, 14/12/17)

8/11/17

Ruth: "En las terrazas la gente habla bajito para que no le oiga el de al lado"

"Este artículo comienza con un mensaje de WhatsApp:
Este es un ejemplo de lo que estamos viviendo en nuestras casas. Se ha metido hasta el fondo el tema, enfados en las familias y entre amigos de toda la vida. Una pena y un asco".
Junto al mensaje viene una foto de un correo electrónico. La persona que lo envía está escribiendo a un familiar con el que tuvo una discusión el día anterior. Intenta rebajar la tensión. El tema, por supuesto, era el momento político en Cataluña, donde viven los dos.

Es llamativo que los testimonios que aparecen en este texto hayan pedido cambiarse el nombre, a pesar de que no hablen de posturas políticas sino de relaciones personales. Pero también sirve para reflejar el ambiente de los últimos días. 

Después de los puntos álgidos de emociones del 1-O, la huelga del martes 3 de octubre, y las marchas del pasado fin de semana, la tensión de las calles y la incertidumbre se cuela en las casas, los trabajos y los grupos de WhatsApp de amigos.  (...)

La tensión de los grupos de WhatsApp comenzó a subir días antes de la votación. A falta de una campaña electoral oficial, los mensajes, memes y vídeos corrieron de teléfono en teléfono, tanto a favor como en contra del sí. Muchos de ellos eran bulos destinados a calentar el ambiente.

 En los días posteriores al 1-O, un repaso a las redes sociales devolvía múltiples ejemplos de personas que habían decidido distanciarse durante un tiempo de estos grupos de WhatsApp, de Facebook y Twitter por el monotema catalán. Este es uno de ellos. 

 A continuación, hemos recogido el testimonio de personas sobre cómo ha afectado la situación en Cataluña en sus relaciones personales. Nos cuentan cómo se sienten, más allá de las posturas políticas:

Ruth: "En las terrazas la gente habla bajito para que no le oiga el de al lado"

En mis grupos de WhatsApp he notado más silencio. Supongo que por no sacar el tema y a veces parece que es el único, en los grupos en los que hay gente que piensa cosas diferentes se habla menos. El día del referéndum sí hubo comentarios, pero solo se compartieron fotos de los disturbios y algunos dijeron que iban a votar. 

Antes del 9N se habló más, había más tranquilidad. Entre los amigos conocemos nuestra opinión y siempre se ha podido hablar, pero está dejando de pasar.

Tengo familia en Burgos y hace dos semanas estuve con ellos. Pensé que iba a ser un suplicio, pero casi nadie nos preguntó. Sí querían saber si nos afectaba a la hora de salir a la calle y movernos, por los disturbios, más que la opinión política, porque aunque sea muy raro, es lo que se ve en la tele.

 Facebook es odioso. Todo el mundo opina, parece que no puedas contestar y aun así ves contestaciones fuera de lugar. Algún familiar de fuera sí que ha publicado en Facebook alguna cosa por la unidad de España y veo tendencia al odio y al insulto. 

Además, como yo no soy independentista creen que soy anticatalana y eso no es así. Creen por ejemplo que si hablas en catalán te insultan y yo, por ejemplo, nunca hablo en catalán y nunca he tenido ningún problema. Hablan de cosas que no han vivido.

También lo ves en la tele: si ves las noticias en cualquier cadena te sientes odiada por ser catalana, simplemente por vivir aquí. Excepto si pones TV3, que entonces eres el rey del mambo, y eso tampoco es. Es un sentimiento muy triste que no va a cambiar así como así.

Cuando sales a la calle notas más tensión. En las terrazas la gente habla bajito para que no le oiga el de al lado. También con los amigos: enseguida se pasa a otro tema. Es un tema que siempre está ahí y no puedes expresar tu opinión según a quién y según cómo. Y eso hasta este mes no pasaba.

Carlos: "Parece que te obligan a posicionarte: o eres independentista o eres facha, y si te quedas en medio, recibes de los dos"

No me meto en discusiones en Facebook, porque muchos lo acaban llevando al insulto a nivel personal. Pero sí he ocultado publicaciones cansinas y a gente que coloca continuamente su posición. Sí he puesto mi opinión, cuando jamás lo he usado para la política, porque parece que el ambiente te lleva a pronunciarte. Lo que veo es que muchas veces solo responde la gente que piensa como el que publica.

El ambiente está más crispado y parece que se te obliga a posicionarte: o eres independentista o eres facha, y si te quedas en medio, recibes de los dos. No hay grises: si criticas la represión policial del referéndum, ya eres indepe. Si dices que el referéndum no tiene ninguna validez, ya estás defendiendo a Rajoy.

Esto se nota sobre todo en Facebook y en Twitter. Ves a gente bastante extrema de un lado y del otro que repite ideas con poco filtro. Algunos se creen todo lo que le digan del lado que les gusta.
En el trabajo, cualquier charla con el café o a la hora de la comida acaba con ese tema. En general, se sigue pudiendo hablar, pero es un tema que cansa. Sobre todo después del verano, con la Diada y el referéndum. Y tiene pinta de ir a más.

Me salí de un grupo de WhatsApp después de los atentados de agosto, cuando lo empezaron a mezclar con el proceso catalán. Como era un grupo en el que ya no participaba decidí que para leer chorradas, mejor irme. Pero con los demás no ha habido problemas. En el grupo de mis amigos de la universidad hay de todo, pero más independentistas de izquierdas. En algunos he notado el cambio de PSC a ERC. Siempre hemos hablado de política y no dejamos de hacerlo ni por WhatsApp ni en persona.

Nuria: "Ahora creo que por los dos lados hay miedo y angustia"

No hablo abiertamente en el trabajo, donde mis dos compañeros piensan diferente a mí. Ellos sí hacen alguna broma delante de mí, pero no quiero entrar en el juego. Sobre todo, intento no llevármelo al terreno personal ni entrar al trapo.

 Me callo porque si no, se entra en un bucle que no tiene sentido. Hay más tensión y menos libertad para decir lo que te dé la gana sin que nadie te juzgue. Ahora creo que por los dos lados hay miedo y angustia. Mi jefe considera que si habla, le van a llamar facha, pero yo no se lo voy a llamar.

De todas formas, mi día a día no se ha visto perturbado, ni me veo señalada en el trabajo. Sí me dolió que tras el referéndum justificaran las cargas policiales. Estamos en un punto tan polarizado que ya nadie piensa con claridad. Parece que no hay matices y sí los hay.

Hay más tensión porque si alguien oye algún comentario y no lo gestiona bien, enseguida puede saltar. Parece que te tengas que pronunciar todo el rato. Además, el debate está muy contaminado por bulos que llegan por todos lados. Cuando recibes algo en WhatsApp no sabes si es verdad o mentira.

Giovanni: "Noto a la gente muy tensa. Algunas discusiones han acabado muy mal"

A nivel personal siento rabia e impotencia. Soy italiano, no pinto nada, no puedo votar ni decir nada, pero mi mujer es catalana, tenemos un hijo, tengo un negocio, pago mis impuestos y eso me fastidia.
En el restaurante es un momento complicado porque en casi cada mesa sale el tema y siempre hay algunos a favor y otros en contra. En las mesas de amigos, no en las de parejas.

 Noto a la gente muy tensa. Algunas discusiones han acabado muy mal. Creo que se van a romper amistades.

Yo intento evitar el tema. Cuando voy a una mesa a veces la gente me pregunta, pero siendo un negocio respondo con “¿y vosotros qué pensáis?”, y sigo la corriente para evitar situaciones incómodas.

El día antes de la huelga, en el bar donde desayuno, dos personas me recomendaron que cerrara, por lo que pudiera pasar. Por la mañana abrí con la persiana a medias, pero era una situación muy rara, había poca gente por la calle. Un par de chavales pasaron y me dijeron que mejor que cerrara, pero sin amenazarme. Estaba casi todo cerrado y decidí cerrar por respeto a la clientela y por miedo, claro.

En Facebook quise desahogarme ese día. Solo quería poner que me veía obligado a cerrar y no podía ni votar, pero me llamó un proveedor también italiano, que vive en Lleida, y me dijo que mejor lo borrara. Veía la cosa difícil y nosotros tenemos un negocio y somos italianos y mejor no entrar. Le hice caso.

Mis amigos italianos me preguntan bastante por WhatsApp porque en Italia se habla de esto. En las tertulias de allí la cosa parece tan chunga que me preguntan si tengo miedo. Mi padre me dice que si puedo salir a la calle porque en las noticias solo sale lo de los antidisturbios. Les tranquilizo diciendo que yo eso ni lo he visto.

Julio: "La familia me pregunta por qué no me vuelvo"

Hasta hace unos cuatro años, la convivencia era bastante normal, pero es cierto que desde entonces se ha tensado todo un poco. La crispación ha ido en aumento y desde hace seis meses se ha disparado.
En Facebook podías hacer broma y decir lo que quisieras, pero ahora ya no me siento así. Ahora por ambas partes se busca la confrontación y se ha perdido la tolerancia.

A mí me ha pasado con un amigo al que veía cada dos o tres semanas para tomar unas cervezas. Me tachó de anticatalán por un comentario sobre la huelga. Solo dije que aun estando a favor de los motivos para hacerla, no la iba a hacer porque se había politizado.

 Me defendí de forma humorística, diciendo que me acababan de descubrir y que tendría que huir y abandonar a mi mujer y a mi hijo, que son catalanes. Intenté rebajar el tono y quedar con él en persona, pero me ha borrado y, por lo que me cuentan amigos comunes, doy la amistad por perdida.

En el trabajo se nota más. Una amistad puedes enfriarla o no, pero en el trabajo, entre una cosa y otra pasas diez horas al día. Nuestra empresa es de ámbito nacional y en el grupo de WhatsApp hemos tenido que pedir que no se hable de política.

 Aparte del trabajo, solo se haba de afterwork y de lotería. Pero antes del referéndum mucha gente a favor de la independencia se posicionó y envió cadenas y fotos. También se dijo que no había que ir a trabajar el día de la huelga. Se inició una discusión en la que se dijo que los españoles eran antidemocráticos e intolerantes y acabé recibiendo una llamada de una jefa.

Noto esta tensión con los que se han hecho independentistas hace poco. Por ejemplo, el compañero con el que mejor me llevo y con el que más hablo es independentista desde siempre y los dos hablamos con total libertad. Los amigos independentistas que hice cuando llegué, siguen siendo mis amigos. Y nadie me había echado en cara pensar diferente.

Mis amigos y la familia de Andalucía me preguntan mucho por WhatsApp cómo va la cosa y el día del referéndum me escribían para preguntarme si estaba bien, lo cual fue muy sorprendente. En Sabadell hubo cargas, pero se hace vida normal.

 La única diferencia es que no se puede hablar de este tema como antes porque todo se ha polarizado. Hay más silencio porque si dices cualquier cosa ya te marcan. Y da igual que diga que el gobierno español no me representa porque yo a ellos no los he votado: si estoy en contra de la independencia ya soy un facha.

La familia me pregunta por qué no me vuelvo. Es duro oír eso porque hay días que no lo descarto aunque hasta ahora ni me lo había planteado porque yo quería tener un futuro en Cataluña y soy marido de una catalana y padre de un catalán. Esto me entristece y mi mujer me recuerda que quienes se comportan así son muy pocos y no representan a la catalanidad. Y es verdad, pero unos pocos también te lo pueden hacer pasar mal.

Neus: "El 1-O ha unido a personas que pensamos parecido pero también ha separado a los que estaban más distantes"

Tengo grupos muy distintos. En algunos se vive emoción por un posible cambio. Pero en la mayoría se siente un poco de miedo.

Cuando hablo con gente de fuera siento mucha frustración, porque creo que no llegan a entendernos. Y es muy triste. Porque parece que la imagen que les llega es que esto es una guerra entre Comunidades Autónomas y, al menos para mí, eso no es así. No nos peleamos con la gente, sino con el sistema.

Tengo algunos grupos con personas que piensan muy distinto a mí. El grupo de la Erasmus, por ejemplo. Nos conocemos desde hace muchos años y pensamos diferente. En mi caso, no intento evitar el conflicto. 

Siempre hemos sabido que teníamos opiniones distintas, pero lo que antes era una conversación de puntos de vista distintos ahora parece que es como si se hubiera convertido en una realidad. En algo real, tras el 1-O. Y creo que eso ha unido a personas que pensamos parecido y ha ayudado a que la gente empatice contigo, pero también que ha separado a los que estaban más distantes.

Alberto: "Facebook es lo peor"

Tengo un grupo de WhatsApp en el que estamos unos 12 amigos que nos conocimos de Erasmus. Hay tres catalanes. Uno de ellos es una antigua compañera de piso con la que me llevo muy bien, pero que salta a la primera. 

A mí, que soy de Cádiz, me gusta picarla enviando noticias que refuerzan posiciones contra la independencia. Se trata de un debate más que de una discusión, siempre de forma jocosa. El resto del grupo se ríe de lo que dice cada uno.

Me gusta compartir mis ideas en WhatsApp con familiares y amigos de verdad, con los que nunca he llegado a enfadarme por un contraste de opiniones. Facebook es otra cosa; es lo peor. Ahí tengo conocidos, que no amigos, muy radicalizados tanto de un lado como del otro. No me siento cómodo diciendo qué pienso a personas con las que apenas tengo relación.

Sin embargo, lo que sí me gusta es leer las peleas que se montan en Facebook. Es dramáticamente adictivo. Me veo leyendo comentarios y más comentarios en los que la gente se enzarza de forma desproporcionada. Hay veces en las que te encuentras algunos argumentos interesantes, pero lo más extendido son los comentarios destructivos y los insultos."                ( / / , El País, 09/10/17)