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14/12/22

El Reino Unido se españoliza... los ingleses sienten un fuerte agravio comparado contra lo que consideran los privilegios de los escoceses... Un tipo de nacionalismo parecido al de los conservadores en España... ¿Está, por tanto, condenada Escocia a seguir el camino de Cataluña? No necesariamente. Es probable que la distinción más importante entre estas regiones sea la menos enfatizada; que Escocia solo tiene un partido independentista mientras que Cataluña tiene dos La negativa del actual Ejecutivo británico a celebrar otro referéndum y la esperada sentencia del Tribunal Supremo de ese país, en la que niega que el Gobierno escocés tenga competencias para celebrar una consulta sin el consentimiento del Parlamento británico, parecen acercar el Reino Unido a un modelo de conflicto territorial parecido al español... A medida que la amenaza se convierte en real, no es raro ver que las soluciones arriesgadas se dejan de lado y que el discurso sobre la unión cambia también. El Reino Unido es un Estado claramente plurinacional, pero sigue siendo un Estado y se dotará de un discurso que lo legitime si se ve en peligro... Nicola Sturgeon. Ha aprendido bien las lecciones de Cataluña y no quiere optar por vías ilegales. Pero al mismo tiempo ha aprendido bien las lecciones de Quebec. Perder dos referendos en tan poco tiempo sería mortal para el movimiento independentista escocés como lo fue para el quebequés

 "La mayoría de las comparaciones entre Cataluña y Escocia versaban sobre la distinta respuesta entre el Gobierno español y el Gobierno británico a sus respectivos desafíos independentistas. La negativa del actual Ejecutivo británico a celebrar otro referéndum y la esperada sentencia del Tribunal Supremo de ese país, en la que niega que el Gobierno escocés tenga competencias para celebrar una consulta sin el consentimiento del Parlamento británico, parecen acercar el Reino Unido a un modelo de conflicto territorial parecido al español.

Por un lado, tenemos un Ejecutivo regional decidido a lograr la secesión, pero cuya población está partida por la mitad en la cuestión de la independencia. Por otro lado, tenemos a un Gobierno central conservador impopular, pero al que siempre le ha ido bien al defender el nacionalismo británico. Esta “españolización” del Reino Unido nos permite cuestionar dos lugares comunes sobre los conflictos territoriales y entender cuál es la verdadera diferencia entre Escocia y Cataluña.

El primer lugar común es que los conflictos nacionales se podrían solucionar reconociendo la plurinacionalidad de un país. El problema con esta idea es que un Estado plurinacional sigue siendo un Estado, no una unión voluntaria. El unionismo británico ha defendido tradicionalmente que, al ser el Reino Unido una unión de partes, cualquiera de estas podría independizarse si quisieran. Sin embargo, esas posiciones son fáciles de mantener cuando el riesgo de secesión no es real. Hasta muy recientemente, el apoyo a la independencia era minoritario en Escocia, ya que era la devolution (descentralización) la opción más apoyada entre los escoceses durante la segunda mitad del siglo XX. El entonces primer ministro británico David Cameron permitió el referéndum de 2014 en gran parte porque estaba convencido de que lo iba a ganar y que acabaría así con las aspiraciones independentistas.

Sin embargo, desde el referéndum del Brexit hasta ahora no estamos en esa situación. 

 Los escoceses votaron mayoritariamente por permanecer en la UE, lo tomaron como una violación de su voluntad nacional y a medida que se han ido viendo los estragos de la salida de la UE, el sí y el no a la independencia se han ido repartiendo casi a medias en la población, al igual que pasa en Cataluña. Ningún líder británico tiene hoy en día la confianza de ganar un nuevo referéndum y, después del fiasco del Brexit, ninguno quiere jugársela. A medida que la amenaza se convierte en real, no es raro ver que las soluciones arriesgadas se dejan de lado y que el discurso sobre la unión cambia también. El Reino Unido es un Estado claramente plurinacional, pero sigue siendo un Estado y se dotará de un discurso que lo legitime si se ve en peligro.

 De hecho, el cambio más importante en la identidad de los británicos no está quizá en la de los escoceses, sino en la de los propios ingleses. Los trabajos de Ailsa Henderson y Richard Wyn Jones ponen de manifiesto que los ingleses sienten un fuerte agravio comparado contra lo que consideran los privilegios de los escoceses. El Partido Conservador ha azuzado esta identidad para ganar elecciones y desde entonces ha desarrollado un unionismo muy cerrado (hyperunionism), que no permite la celebración de nuevos referendos. Un tipo de nacionalismo parecido al de los conservadores en España.

Como explica Karlo Basta, cualquier concesión a una región provoca una reacción (backlash) de la nación mayoritaria. Es necesario, por tanto, calibrar bien y preparar tanto a la población de la región minoritaria como a la población mayoritaria de los cambios que se vayan a hacer. Eso es altamente difícil si un partido considera que le beneficia movilizar los agravios de la mayoría contra una definición plurinacional del Estado.

 Tanto el nacionalismo catalán como el español se definen como europeístas y demócratas y acusan al otro de ser étnico y excluyente. En el conflicto entre estos dos nacionalismos que se dicen cívicos se han roto muchos consensos y normas de la convivencia que no deberían haberse roto (discurso de doble legalidad, referendos ilegales, conflictos en la calle, aplicación del 155, juicios, despliegue policial sobredimensionado, etcétera). Los nacionalismos escocés y británico también se arrogan ser cívicos y liberales, pero en nombre de la democracia se pueden romper muchas normas democráticas. Es el comportamiento concreto de cada político, partido, asociación e intelectual el que debe ser juzgado en cada caso. En un libro reciente, varios investigadores analizamos el auge del nacionalismo alrededor del mundo y concluimos: “En un momento en el que el nacionalismo étnico está en auge no hemos de olvidar que el nacionalismo cívico también lo está. Y eso no es necesariamente algo que celebrar”.

 ¿Está, por tanto, condenada Escocia a seguir el camino de Cataluña? No necesariamente. Es probable que la distinción más importante entre estas regiones sea la menos enfatizada; que Escocia solo tiene un partido independentista mientras que Cataluña tiene dos.

 Como explican Juan Rodríguez-Teruel y Astrid Barrio, la división dentro de un bloque identitario produce un proceso de outbidding por el que cada partido quiere mostrarse más radical que el otro para llevarse a los votantes de ese bloque y es este proceso el que lleva a una escalada de las tensiones. Esto es precisamente lo que sucedió entre ERC y CiU. Sin embargo, el SNP parte de la ventaja de ser el único partido importante entre las filas independentistas y, por ello, puede permitirse calibrar cómo de lejos lleva el desafío.

Esto ayuda a explicar, de hecho, la estrategia de la líder nacionalista escocesa, Nicola Sturgeon. Ha aprendido bien las lecciones de Cataluña y no quiere optar por vías ilegales. Pero al mismo tiempo ha aprendido bien las lecciones de Quebec. Perder dos referendos en tan poco tiempo sería mortal para el movimiento independentista escocés como lo fue para el quebequés. La división por la mitad de la sociedad escocesa hace que un referéndum sea una opción arriesgada tanto para el Gobierno central como para ella.

 No obstante, el conflicto entre el SNP y los conservadores les beneficia a ambos y es probable que sigamos viendo escalar las tensiones. Por eso, la hoja de ruta de Sturgeon parece ser la de mantenerse en una calculada tensión con el Gobierno británico que contente a sus bases independentistas sin hacer explotar la situación. Una tensión que le permita ganar las siguientes elecciones y mantenerse en el poder. La esperada negativa del Tribunal Supremo le permite culpar a otros de la no celebración del referéndum mientras justifica elevar el tono y enmarcar las siguientes elecciones como plebiscitarias, tal y como hicieran los partidos catalanes en 2015. La apuesta es muy arriesgada, ya que el Reino Unido se parece más a España de lo que solía pensarse. Sturgeon sabe que está jugando con fuego. Esperemos, por el bien de Escocia, que no se queme."                   

(Javier Carbonell es investigador doctoral en Edimburgo y colaborador de Agenda Pública. El país, 08/12/22)

2/12/22

Qué opciones tiene Escocia tras el “no” del Tribunal Supremo al referéndum de independencia

 "Este miércoles empezó con una cuestión resuelta de forma inequívoca: no, el Parlamento escocés no tiene el poder de legislar para celebrar un segundo referéndum de independencia sin la aprobación del Gobierno británico. Pero terminó con un nueva lista de imponderables en torno a la cuestión constitucional, ninguno de los cuales es probable que se resuelva en un futuro próximo.

En su apresurada rueda de prensa, menos de dos horas después de que el Tribunal Supremo anunciara su dictamen sobre la legalidad del proyecto de ley de referéndum, Nicola Sturgeon dijo a los periodistas que no tenía detalles de su plan para plantear la cuestión de la independencia al electorado en las próximas elecciones generales porque hace falta tiempo para reflexionar y debatir en el partido.

Pero la conclusión ineludible es que este “referéndum de facto” —una apuesta que ella misma admite no querer hacer— presenta un atolladero de complicaciones políticas y procedimentales que difícilmente la acerquen a su objetivo final: la independencia de Escocia.

En cambio, Sturgeon hizo hincapié en el “insostenible” déficit democrático identificado por la sentencia, y dijo que el mandato y la mayoría parlamentaria para un referéndum son “sencillamente innegables”. También es cierto que los sondeos de opinión muestran un apoyo a la independencia que ronda el 50%, aunque el apetito por un cambio inmediato es más variable.

Hay interrogantes de orden práctico: ¿qué pregunta plantearía el Partido Nacional Escocés a los votantes? Sturgeon dijo que podía imaginarse “un manifiesto acompañado de un libro blanco”, lo que recuerda al formato de la anterior campaña por el sí de 2014. Asimismo, reconoció la necesidad de “una claridad meridiana respecto a lo que la gente está votando”.

¿Un segundo referéndum?

¿Cómo funcionaría la campaña? ¿Los candidatos del partido solo responderían a preguntas sobre la independencia? ¿Qué resultado constituiría una victoria? En anteriores ocasiones, Sturgeon había sugerido un resultado en el que más del 50% de los votos fueran para los partidos independentistas (que incluyen al Partido Nacional Escocés, los Verdes escoceses y el Alba, el partido separatista que fundó el ex primer ministro escocés Alex Salmond en 2021), aunque ahora no quiso pronunciarse al respecto. ¿Cómo espera que otros partidos participen de esta discusión de un solo tema? ¿Boicotearían ciertos votantes unas elecciones basadas en la independencia?

En un nivel fundamental, siempre ha asegurado que persigue el “estándar más alto” para la legitimidad y la legalidad en una segunda votación por la independencia. Antes se había mofado de rutas como la que ahora parece querer seguir.

El miércoles por la mañana, una optimista Sturgeon insistió en que no “iría a implorarle” al Gobierno de Reino Unido otra petición para que conceda una orden de la Sección 30, la que se utilizó antes del referéndum de 2014 para transferir los poderes necesarios al Gobierno escocés para convocar la votación.

Pero incluso si su plan de “referéndum de facto” tiene éxito en términos de votos, lo que le permitiría argumentar que cuenta con un mandato para negociar la separación con Westminster, ¿la colocará realmente en una posición diferente a la que ocupa ahora? Después de todo, Sturgeon ha ganado una serie de mandatos en anteriores elecciones en Escocia y en Reino Unido, con una plataforma que daba prioridad a un segundo referéndum y que el Gobierno del Reino Unido sistemáticamente se ha negado a reconocer.

Y es probable que este firme “no” permanezca así, independientemente de quién sea primer ministro, mientras los laboristas sigan esquivando cualquier sugerencia de entablar un diálogo sobre este asunto con los nacionalistas escoceses.

El espíritu independentista y la inflación

¿Y qué significa la sentencia para los independentistas que se reúnen en Escocia y en todo Reino Unido? Los organizadores de las concentraciones subrayaron la importancia de la visibilidad, más allá de lo desanimada que pueda sentirse la gente, y Sturgeon anticipó que, tanto en esas concentraciones como en los meses venideros, se verá “el verdadero espíritu del movimiento independentista”. 

Pero, ¿hasta qué punto puede sostenerse este impulso, otra vez sin una fecha a la que apuntar?

Los activistas veteranos sugieren que la decisión podría actuar como una herramienta de movilización que impulse a los partidarios a convertir los recientes documentos del Gobierno escocés sobre la independencia en un nuevo expediente que puede ser tratado pronto. Sturgeon ha apostado constantemente por la “negación de la democracia” de Westminster para impulsar el apoyo a la independencia.

Los jueces del Tribunal Supremo fueron inteligentes al reconocer que no tenía sentido postergar una decisión sobre la controvertida cuestión constitucional que volvería a presentarse un tiempo después bajo una fachada diferente y, al hacerlo, la trasladaron de la esfera jurídica a la política, a la que legítimamente pertenece.

Pero también existen asuntos más inmediatos que preocupan a los votantes. A medida que el invierno avanza y las temperaturas caen en picado en toda Escocia, muchos estarán más centrados en sus facturas de calefacción. Este jueves, casi todas las escuelas de Escocia han cerrado sus puertas debido a un conflicto salarial docente, mientras el ministro de Sanidad se esfuerza por encontrar una solución a la huelga de enfermeras anunciada. El Gobierno escocés está luchando con el devastador impacto causado por la inflación, el Brexit y el desastroso “mini presupuesto” de finanzas descentralizadas presentado por la administración de Liz Truss.

Este es el contexto en el que Sturgeon debe convencer a los votantes de que su Gobierno tiene la capacidad y la competencia para actuar en solitario, mientras además se enfrenta al reto de persuadir a los indecisos moderados en un momento en que las continuas crisis e incertidumbres inclinan a muchos a aferrarse al statu quo.

Como dijo la primera ministra a los periodistas hacia el final de su rueda de prensa: “La democracia siempre es un riesgo”.               (Libby Brooks, eldiario.es, Glasgow, eldiario.es, 24/11/22)

1/12/22

POLITICO: Escocia no podrá convocar un nuevo referéndum... El Supremo niega al Parlamento escocés la facultad para convocarlo... así que Sturgeon se pasa a su plan 'B', o sea, independencia unilateral a la escocesa: convertirá en un 'referéndum de facto' las próximas elecciones generales del Reino Unido (en el 2024)... si consigue una victoria de más del 50% de los votos en los escaños escoceses, lo considerará como un "Sí" en el referéndum

"El máximo tribunal del Reino Unido falla en contra de los planes de Nicola Sturgeon para un segundo referéndum de independencia.

El Tribunal Supremo confirma que el Parlamento escocés no puede organizar la votación sin el consentimiento de Westminster.
El Tribunal Supremo del Reino Unido ha dictaminado por unanimidad que el gobierno escocés no puede celebrar un referéndum de independencia sin el permiso de Westminster, lo que supone un golpe a los esfuerzos de la primera ministra Nicola Sturgeon por conseguir la soberanía que ansía su Partido Nacional Escocés.

Al leer la sentencia, ampliamente esperada, el miércoles por la mañana, Robert Reed, el presidente del tribunal, dijo que "el parlamento escocés no tiene poder para legislar un referéndum sobre la independencia de Escocia".

Como parte del último impulso de su gobierno escocés a la separación del Reino Unido, Sturgeon buscó un fallo del máximo tribunal del Reino Unido sobre si el parlamento escocés, con sede en Holyrood en Edimburgo, tiene el poder de organizar un segundo referéndum sin el consentimiento del gobierno del Reino Unido.

Su gobierno cree que tiene un mandato para una nueva votación después de que los partidos independentistas, incluido el SNP, ganaran la mayoría de los escaños en las elecciones escocesas de 2021.
El primer referéndum, que los independentistas perdieron por 55 a 45 en 2014, se produjo tras la decisión del entonces primer ministro David Cameron de ceder temporalmente a Holyrood la potestad de celebrar la votación.

Una sucesión de primeros ministros tories británicos, incluido el actual, Rishi Sunak, han dejado claro que esta vez no se repetirá, señalando el mensaje de altas figuras independentistas, incluida Sturgeon, en 2014 de que el referéndum sería un acontecimiento "único en una generación" o "una vez en la vida".

La sentencia del Tribunal Supremo -un resultado para el que ella y su equipo principal estaban preparados- frustra la estrategia de Sturgeon de intentar organizar una consulta de todos modos.

Pero cuando anunció en verano el plan de llevar la lucha por la independencia de Escocia a los tribunales, Sturgeon expuso su "plan B" en caso de que el tribunal fallara en contra del gobierno escocés.

Sturgeon dijo que si no es posible un "referéndum legal y constitucional", las próximas elecciones generales del Reino Unido -previstas para 2024- se convertirían en un "referéndum de facto" sobre la independencia. La expectativa es que el SNP haga campaña sobre el tema único de la independencia y trate una victoria de más del 50 por ciento de los votos en los escaños escoceses como si fuera un "Sí" en un referéndum.

El plan sigue sin desarrollarse y las figuras del gobierno escocés se han mostrado cautelosas sobre cómo funcionaría en la práctica. Algunos nacionalistas dudan de que la habitualmente cauta Sturgeon siga una estrategia arriesgada que requeriría el mejor resultado electoral de su partido.

Mientras tanto, el SNP espera utilizar el revés judicial para presionar al gobierno del Reino Unido e impulsar el apoyo a la independencia, que actualmente está empatado en las encuestas de opinión.
Sturgeon dijo que, aunque está "decepcionada" por el fallo, respeta la sentencia del tribunal.

"Una ley que no permite a Escocia elegir nuestro propio futuro sin el consentimiento de Westminster expone como un mito cualquier noción del Reino Unido como una asociación voluntaria y hace el caso de Indy", añadió en Twitter."  
            (Andrew McDonald ,  POLITICO, 23/11/22)