............................... las cosas de la clase media ..........................
17/10/14
A una catedrática de literatura española en una Universidad de Barcelona: “¿Y tu enseñas el idioma del enemigo?
11/6/09
El genocidio cultural del franquismo, y el de hoy... iniciado por sus herederos... los nacionalistas catalanes
Pero nada de esto tiene que ver con el fondo del asunto. No se trata de que los niños (o los ciudadanos adultos, tanto da) sepan o no castellano: lo aprenderán sin duda de un modo u otro, como terminarán adquiriendo nociones de inglés a través de las letras de sus grupos preferidos de rock, porque se trata de idiomas de comunicación internacional cuya pujanza no podrá ser cortocircuitada por ninguna burocracia etnicista local. Pero no es lo mismo conocer una lengua de modo más o menos sobrevenido que estudiar en ella y aprovechar todos sus recursos expresivos o bibliográficos, así como utilizarla habitualmente para recibir información de las autoridades o comunicarse institucionalmente." (FERNANDO SAVATER: Balance. El País, ed. Galicia, Opinión, 05/09/2009, p. 25/6)
Esa es la cuestión... durante el franquismo, su genocidio cultural consistió, no en que los niños campesinos cuya lenguamadre era el gallego, no aprendieran el castellano... no, lo aprendían enseguida. Y hoy los pescadores, los campesinos leen la prensa en castellano perfectamente... pero se les hace cuesta arriba leer un artículo en gallego, y no digamos escribir una carta en gallego...
El genocidio cultural del franquismo consistió en que los niños gallegos aprendieran a leer y escribir en español, pero no aprendieran a leer y escribir en gallego.
El gallego quedó para el habla coloquial de la calle, para hablar con sus padres, pero nunca como lengua de cultura.
Lo que sucede en Cataluña es lo mismo. Los niños sudamericanos aprenderán a leer y escribir en catalán, pero no aprenderán a leer y escribir en español, su lengua madre, su cultura.
Perderán su identidad, hoy en Cataluña, como la perdieron los niños gallegos en el franquismo.
Si uno fué un genocidio, y está claro que lo fué, el actual también lo es.
Esa es la cuestión...
17/9/08
Caridad lingüística, la que faltaba ¡Te quito unos millones de hablantes, porque a ti te sobran, y a mi no me habla nadie!
“Madrid, desde donde escribo esta carta en la lengua que he aprendido en la escuela y en
Caridad. Toda presión en el ámbito del habla de la gente me parece odiosa, como lo sería amputar a una lengua “fuerte” de sus riquezas para dárselo a quien tiene “necesidad”, por un tipo de caridad verbal igualitaria. Entre todo lo que se ha leído y oído estos últimos meses, lo más sensato en mi opinión es lo dicho por el excelente poeta vasco y “euskaldun” (escribe en vascuence) Fermín Uribe, el cual, después de haber pedido que se respeten los derechos de los padres que prefieren educar a sus hijos en castellano, en Cataluña o el País Vasco, donde él mismo vive, afirmó: “Dejad las cuestiones lingüísticas fuera de la lucha partidaria”. (Vicente Molina Foix, escritor, el 13 de septiembre de 2008 en Liberation (según traducción de la web de Ciudadanos):
3/9/08
Aclarando el "Manifiesto por una lengua común"
“… el Manifiesto que, dicho sea de paso, no ataca el todo de la normalización lingüística, sino a la parte de la misma, al instrumento o método: la inmersión lingüística; ya que esta inmersión, al estar impuesta en todos los centros sostenidos con fondos públicos, impide otras formas de alfabetización y en concreto impide la alfabetización en lengua castellana. Es contra esta coerción de derechos individuales contra la que va el Manifiesto como, clara y diáfanamente, ha expresado Fernando Savater al indicar que en el Manifiesto no sólo se defiende el derecho de quien lo desee a ser educado en castellano, sino también el derecho semejante de ser educado en catalán en Cataluña, en euskera en el país Vasco, en gallego en Galicia. Luego no es contra el pluralismo lingüístico, ni contra el bilingüismo, ni contra los acuerdos de de
Entiendo que son los nacionalitas lingüísticos los que atizan la lumbre de la confusión al creer que el Manifiesto ataca el todo, la finalidad o la promoción de la lengua vernácula, en vez de a la parte, el instrumento, el método: la inmersión lingüística que se erige, a la postre, en el limitador de los derechos individuales de los alumnos con lengua materna castellana.” (JUAN JIMÉNEZ CASTILLO: Inmersión lingüística y exclusión (I). Diario de Mallorca, 13/08/2008)
Antes no se podía vivir sólo en catalán, y ahora no se puede vivir sólo en castellano ¡Progresamos!
“Un ciudadano de Cataluña que lo desee puede vivir en este país sólo con la lengua castellana; un ciudadano de Cataluña que lo desee no puede vivir sólo con el catalán.”
(nota: Hoy en Cataluña, si solo sabes castellano (porque eres charnego o nuevo inmigrante), no puedes acceder a los empleos en la administración pública, ni entender sus cartas (escritas sólo en catalán), ni te dejan hablar en la televisión catalana. El que sólo sabe catalán sí puede acceder a esos empleos y comunicarse con la administración, y salir en televisión ¿Quién está más discriminado?)
“El alegato por la lengua común, que hace el castellano obligatorio, pero no las lenguas propias de cada comunidad autónoma "porque hay una asimetría en las lenguas españolas oficiales", se funda en la idea convertida ya en mito de que "son los ciudadanos los que tienen derechos lingüísticos, no los territorios, ni mucho menos las lenguas mismas". Pero, por lo visto, hay ciudadanos con más derechos lingüísticos que otros porque tienen que aprender una sola lengua, mientras que los que hablamos catalán tenemos que aprender dos.”
(nota: el Manifiesto no hace esa afirmación. Se debe aprender en la lengua materna de cada uno, en castellano o en catalán. No se prima ninguna lengua. Se respeta el derecho de cualquier alumno a estudiar en la lengua que conoce. Para evitar la discriminación de los alumnos charnegos o nuevos inmigrantes catellanofalantes. Sean muchos o pocos. Es una cuestión de derechos)
“¿Cuál debería ser el objetivo? Una sociedad realmente bilingüe. Es decir, una sociedad en la que cuando uno inicie una conversación en catalán tenga la certeza de que le responderán en catalán y cuando uno la inicie en castellano tenga la certeza que le responderán en castellano. Éste sería un equitativo ideal regulativo.” (Josep Ramoneda: La lengua obligatoria. El País, Domingo, 06/07/2008, p. 12)
(nota: Ese es un ideal estimable. Si se llega a él libremente, y no se le sacrifican los derechos de las personas.
Un inmigrante sudamericano recién llegado no tiene porqué dedicar tiempo a aprender catalán después de su jornada de trabajo. Ni los obreros charnegos de
Estimable, si no se les obliga a aprender catalán con las veladas amenazas de que no se “puede vivir solo con el castellano”)
2/9/08
Los racistas lingüístas son los de Madrid, se pongan como se pongan
“Un año después y en el mismo lugar donde el portavoz nacional del BNG, Anxo Quintana, destacara la necesidad de que los niños "conozcan y sepan cantar" el himno de Galicia, el vicepresidente de
Como nadie ha dicho que el castellano se encuentre en peligro (y si no lo cree, léase el Manifiesto por una lengua común) ¿Será que Quintana es lo único que ve… peligros por todas partes? Y no está dispuesto a tolerar la peligrosidad de las cosas. Faltaría más.
Gallego-catalán, luego español . A vueltas con estas nimiedades, muy bien explicadas
Viví siete años en Madrid y seis en Barcelona. Allí tuve a mis hijos. Ellos hablan gallego, catalán y español indistintamente, dependiendo de la persona con la que estén. En Cataluña, la enseñanza desde preescolar era totalmente en catalán, y siempre me pareció extraño que no hubiera colegios en español, aunque sólo fuera por tener la libertad de elegir.
¿Qué quieren que les diga? Yo no tenía niños catalanes. Tenía niños catalanes y gallegos, es decir, españoles. Y al fin y al cabo el castellano es la lengua en la que nos entendemos su padre y yo.
Este simple ejemplo me sirve para ponerme en el lugar de las personas que reclaman enseñanza en castellano en Cataluña. Esta reclamación en Galicia es completamente innecesaria, pues aquí la enseñanza es al 50% en gallego y en español, una medida que me parece correcta si se aplicara convenientemente y sin sesgos tendenciosos. (...)
A veces, aquello que es un derecho legítimo de un grupo humano puede llegar a convertirse en una censura de la libertad individual. Y al revés, los derechos de los individuos pueden entrar en conflicto con el libre desarrollo de un grupo. (...)Es decir, que no estaría de más a estas alturas de la película que Cataluña proveyera a sus habitantes de colegios donde se pudiera impartir la enseñanza en español. Igualmente, en Galicia y Euskadi. El exceso de proteccionismo ahoga y desnaturaliza el uso de la lengua, lo mismo que el utilitarismo político que de ella se haga.
Los que temen a esta medida es que aún no han asumido que las lenguas pertenecen a sus hablantes, y son éstos los que las sacan adelante.
Yo, desde luego, no tengo el menor temor de que el catalán o el gallego vayan a desaparecer." (LUISA CASTRO: La libertad de todos. El País, Opinión, 02/08/2008, p. 25)
1/8/08
Victoria Camps argumenta y ¡No insulta! ... ya son dos, entre...
“No hay nada que objetar, de entrada, a la afirmación inicial de que la lengua común del Estado es el castellano, el cual convive en una relación ciertamente "asimétrica" con las otras lenguas españolas oficiales. Dicha asimetría no es en modo alguno "injusta": es una realidad sin más, de acuerdo. Ahora bien,
Plantear el problema lingüístico educativo en términos de derechos no es pertinente -como escribía, en este mismo periódico, con razón, Ignacio Sánchez-Cuenca-. Pues si es indiscutible que los derechos son de las personas y no de las lenguas o de los territorios, el derecho a la educación es quizá el único que a su vez impone ciertas obligaciones a sus sujetos. Impone la obligación de aceptar unos programas comunes y homogéneos. Los Estados deciden qué hay que aprender y cuál es la lengua en que hay que hacerlo. Sería absurdo en un país cada vez más poblado de inmigrantes reclamar el derecho de cada individuo a ser educado en su propia lengua porque es la materna.”
(nota: Se habla de Cataluña, dónde todos los profesores conocen perfectamente el español y el catalán. Y de los hijos de clase trabajadora que tengan por lengua materna el castellano, sean gallegos o sudamericanos. Tienen derecho a aprender en su lengua materna, porque es cooficial, y hablada por sus profesores. La libertad de cátedra del enseñante y el derecho a aprender en su lengua materna son perfectamente compatibles. Otra cosa es el caso vasco. O el de un niño árabe o rumano. Éstos últimos no tienen profesores. Su derecho es imposible de satisfacer)
“La lengua catalana es, hoy por hoy, la lengua de la clase dominante, la que da prestigio social (como lo fue el castellano durante el franquismo), cuando menos a ciertos niveles. Los primeros que optarían en Cataluña por la escuela catalana serían los padres castellanohablantes, por lo que representa de ascenso social para sus hijos. (…)
En cambio, los padres que viven en un entorno exclusivamente catalán quizá bendecirían esa tercera hora de castellano tan denostada por algunos políticos y medios de comunicación cercanos al nacionalismo. Y a ninguno parecería mal un mejor equilibrio de las dos lenguas. Por ello, sería conveniente flexibilizar el modelo, contrastarlo con una realidad que está lejos de ajustarse al ideal previsto, y no dejar de adaptarlo a las nuevas situaciones. Pero flexibilizar el modelo no es lo mismo que atender a los supuestos derechos de cada individuo que esté en desacuerdo con el modelo educativo. Ninguna sociedad con educación pública podría funcionar así.”
(nota: Podría funcionar perfectamente si en clase el profesor se expresa en los dos idiomas cooficiales. En las clases de institutos de suburbios, con una mayoría clara de castellanofalantes, se utilizaría más el castellano, sin olvidar a la minoría catalanofalante, a los que se dirigiría en catalán. Pasando el profesor de un idioma al otro, porque conoce los dos, todos sus alumnos se familiarizarían en los dos idiomas. Sin doble línea escolar, sin inmersión lingüística en catalán. El derecho a aprender en su lengua materna se puede, y se debe, cumplir por la administración catalana, porque es perfectamente posible hacerlo)
AHORA BIEN, SUCEDE QUE …
“El gran problema de los nacionalismos sin Estado es que su objetivo último es llegar a tenerlo. Y mientras ello no ocurre, la tendencia de los políticos nacionalistas, sea cual sea el partido al que pertenezcan, es actuar "como si" tuvieran un Estado propio, lo que da lugar a políticas, en el peor de los casos, no del todo legítimas y por lo general inútiles porque están destinadas al fracaso. Son políticas que vislumbran el ideal de una nación monolingüe, que nunca se ha correspondido con
Con la excusa, teóricamente justa, de que el catalán necesita una protección constante y sostenida, se realiza una discriminación positiva que no todo el mundo acepta ni siempre es democráticamente intachable. Así, en el día a día, nadie tiene problemas para comunicarse en la lengua que prefiere, pero la documentación que procede de
No hay problemas de convivencia en Cataluña, se ha repetido hasta la saciedad. Los hay para quienes se empeñan en vivir sólo en una de las dos lenguas, los que se niegan a aceptar que nuestro hecho diferencial es el bilingüismo. Cataluña no es Francia ni Alemania. No vale para Cataluña el argumento de que quien quiere vivir en Francia debe aprender francés y dejar su lengua de origen para la esfera privada. Aquí, mientras tengamos dos lenguas oficiales, ambas deben convivir no sólo en el ámbito privado, donde lo han hecho siempre, sino también en la esfera pública. Y hay una cierta resistencia a que así sea, un espejismo que impide ver la realidad tal como es. Pero el espejismo es exclusivamente político, no cultural.” (VICTORIA CAMPS Y ANNA ESTANY: Identidad y realidad. El País, ed. Galicia, 29/07/2008, p. 27)
El sr. Ernest Maragall se despacha a gusto
“
(nota: miente el sr. Maragall. Lo que el Manifiesto por la lengua común pide es que los padres tengan la posibilidad real de elegir la lengua materna de sus hijos como la de aprendizaje en la escuela. Los de clase trabajadora castellanofalantes, en castellano. Los de clase media y trabajadora catalanofalante, en catalán. Los de clase alta los llevan a colegios privados ingleses o alemanes)
“El Manifiesto, pues, proclama esa visión de España que ignora las realidades culturales que la conforman. La lengua común, que se quiere única, es el castellano. Las lenguas cooficiales no pasan de ser lenguas pintorescas para expresión de un folclor trasnochado. Si podemos vivir todos en castellano, ¿para qué utilizar idiomas regionales que no tienen ninguna potencia cultural y se deben circunscribir al respeto "cortés" por los paisanos de las tierras donde se habla? Pura promoción de la caricatura chistosa según la cual los catalanes nos inventamos el catalán para que los españoles no nos entendieran.”
(nota: el sr. Maragall pasa al insulto caricaturesco)
“El contraste, que no la contradicción, entre derechos individuales y territoriales se plantea del mismo modo en España y en Cataluña. Un Estado, una Constitución y las leyes que la desarrollan sitúan al castellano como preeminente en el "territorio" España. La misma Constitución, una nación, el Estatuto de Autonomía y las leyes que lo desarrollan otorgan al catalán el estatus de lengua propia en el "territorio" Cataluña. En el segundo caso se trata, evidentemente, de una riqueza adicional para unos ciudadanos que tienen un doble derecho reconocido. Y naturalmente, con el desarrollo pendiente, del uso del "derecho individual" al uso de las lenguas propias en toda España en las relaciones con las Administraciones públicas, así como su adecuada presencia en los sistemas educativos de cada autonomía.”
(nota: en Galicia no hay profesores que puedan enseñar catalán ni vasco, ni árabe, pero todos los profesores pueden enseñar en gallego o en castellano. Según sea la lengua materna del niño, si sus padres quieren.
¿Y qué hay del "derecho individual" al uso de su lengua propia (el castellano de los charnegos) en su uso con la administración catalana, en la que todos conocen el castellano y el catalán, cosa que no ocurre en Madrid ni en Santiago de Compostela? Es evidente que da la razón en este párrafo a los redactores del Manifiesto por una lengua común. Los derechos son individuales, no de las lenguas, del catalán que en Madrid quiere que se le conteste en catalán, y del charnego que quiere que que se le conteste en castellano en Barcelona)
De la misma manera, un gallego residente en Cataluña, no tiene derecho a escolarizar a su hijo en gallego, porque no hay un número suficiente de profesores que lo dominen. Y Cataluña tiene derecho a dedicar sus recursos a otras cosas, y no a contratar profesores de gallego. Pero ese residente gallego sí tiene el derecho a que su hijo sea educado en castellano, si quiere, porque todos los profesores lo hablan. No hacerlo es discriminación por lengua). Y termina el sr. Maragall mintiendo clamorosamente…
“El Manifiesto expresa una decidida voluntad de imposición de una lengua sobre otra que, por su "carácter particular" y "no común", debería resignarse a su papel de "representante de la peculiaridad regional". Que no moleste, que no se oponga a la ocupación lingüística total de espacios sociales y culturales.” (ERNEST MARAGALL I MIRA: Varias decepciones y una profunda desazón. El País, ed. Galicia, Opinión, 23/07/2008, p. 25/6)
¿Y que hay de "unas declaraciones del conseller de Educación, Ernest Maragall, en las que reconocía que los niños de una escuela que acababa de visitar en Olot (en el interior de Girona) tenían "dificultades" para expresarse en castellano.”
Manifesto a prol da convivencia lingüística
As persoas que promovemos esta chamada queremos manifestar, perante as institucións de autogoberno e como aclaración perante a sociedade galega, o seguinte:
1.- O pobo galego ten dereito a que a súa lingua propia (orixinaria) sexa oficial a todos os efectos no seu ámbito territorial. Os usuarios do galego deben desfrutar no seu territorio do mesmo status legal que o castelán ten no seu.
(nota: Los gallegofalantes deben tener los mismos derechos que los castellanofalantes, no más. Lógico, pero Ferrol es tierra del castellano, así que hay que reconocer que en el territorio de Ferrol, el castellano debe tener el mismo status legal que el gallego)
2.- A situación do galego está moi lonxe de ser así. Non desfrutamos de dereitos lingüísticos plenos para desenvolver a nosa vida diaria con normalidade na nosa lingua na nosa terra. Son os falantes do galego os que resultan discriminados. É o galego o que corre perigo como idioma e os galego falantes os que non son debidamente respectados. Vivimos unha grande inxustiza que é a negación da igualdade e da verdadeira convivencia.
(nota: para las oposiciones autonómicas los discriminados son los castellanofalantes, los de Ferrol, porque tienen que examinarse en una lengua que no dominan, somos discriminados laboralmente (ciudadanos de segunda categoría), en el acceso a la mejor y más grande oferta de trabajo de Galicia)
3.- Por iso, resulta realmente preocupante que, desde Madrid, con apoio de importantes medios de comunicación, haxa quen pretenda convencer á opinión pública de que o castelán corre perigo de desaparición e que os seus falantes son discriminados no noso país. Esta inversión da realidade ten como obxectivo que os falantes do galego non teñan dereitos lingüísticos e que os únicos deberes para as Administracións públicas se vinculen ao castelán.
(nota: Es mentira, Savater no dice eso en el Manifiesto por una lengua común. Dice que los de Ferrol, Cornellá, Alicante o Álava no deben ser discriminados en el acceso al trabajo, y los padres inmigrantes, castellanofalantes, deben tener derecho a que sus hijos aprendan en la escuela en su idioma materno, el castellano)
4.- O verdadeiro problema non está na cooficialidade de idiomas como o galego, senón na actitude de quen nega a existencia de pobos e linguas diferentes no Estado español. Esta actitude si é a negación da convivencia e da igualdade. O proceso de normalización de usos do galego foi lento e, até hoxe, insuficiente para garantir o dereito a vivir nesta lingua. O que compre é respectar a legalidade vixente (Estatuto e Lei de Normalización Lingüística) e avanzar con cambios legais na dirección da igualdade e da convivencia. Xustamente a dirección contraria á proposta polos que pretenden a imposición do castelán como único idioma con dereitos e deberes para os cidadáns en todo o territorio do Estado.
(nota: El problema está en los que quieren discriminar a los castellanofalantes de la clase trabajadora, a que tengan los mismos derechos que los catalanofalantes, gallegofalantes o vascofalantes)
5.-. Correspóndelle ao pobo galego, a través das súas institucións representantivas, definir a política lingüística acorde co criterio de cooficialidade e de lingua propia que mesmo o actual Estatuto recoñece para o noso idioma. Esperamos o compromiso das institucións de autogoberno na defensa da igualdade plena de dereitos para o galego e na aplicación de medidas a favor da normalización dos seus usos. Neste labor contarán sempre co noso apoio.
(El gallego debe tener todo el apoyo que precise, en los lugares en donde se habla, pero sin discriminar al castellano, en los sitios donde se habla. Ni al revés)
6.- Alertamos á sociedade galega para non se deixar confundir e instámola a cavilar sobre a verdadeira situación do galego no propio país.
Defendemos un dereito humano elemental que nos define, ademais, como pobo diferenciado. Debemos ser firmes rexeitando todo posicionamento que persiga recortar dereitos ou retroceder no cativo camiño andado tanto nas administracións públicas, como na vida social.
(nota: el pequeño camino andado a favor del gallego se debe a la incuria de los nacionalistas, que lo han usado como un arma política, no cultural, porque era lo más fácil. Gallego en el mitin, gallego en la universidad, castrapo en la radio, en la televisión, en
Y los de Ferrol no tenemos culpa de ello. Lo lamentamos, pero no lo queremos como arma arrojadiza contra nuestros derechos laborales o lingúísticos).
(A Mesa pola Normalización Lingüística)
30/7/08
Un larguísimo y mal escrito contramanifiesto, casi ilegible ¡Y hecho por notables intelectuales! Se dicen…
MANIFIESTO A FAVOR DEL PLURILINGÜISMO
“Asistimos en estos días a una nueva oleada de nacionalismo lingüístico español de la que el principal botón de muestra es el Manifiesto por la lengua común que ha promovido una veintena de intelectuales de prestigio. El texto en cuestión se asienta en certezas que nacen de aquello que, al parecer, no puede someterse a discusión, como ocurre, por lo demás, en muchos ámbitos de la vida de un Estado que presume de su condición democrática. En las disputas correspondientes adquiere singular relieve
Llama poderosamente la atención que las mismas personas que afirman con particular insistencia y frente a toda evidencia, tal y como lo revelan las leyes que afectan entre nosotros a las lenguas que los derechos no acompañan ni a éstas ni a los territorios, sino a las personas, no aprecien problema alguno en el enunciado que se ha convertido en guía principal del Manifiesto por la lengua común: el de que, mientras todos los ciudadanos españoles están obligados a conocer el castellano esto no es, al parecer, una imposición, sino un hecho cuya consistencia, sin más, se supone, los hablantes de otras lenguas disfrutan, sin más, del derecho a emplear estas últimas.
(nota: ¡Terrible privilegio!)
Si sobran las razones para concluir que semejante enunciación contradice palmariamente lo que afirma el artículo 139.1 de
Quienes defienden que el castellano es superior, natural y útil olvidan su imposición
Para el nacionalismo lingüístico español la lengua castellana es superior, cómoda, fácil y útil, virtudes todas ellas que son siempre el producto de circunstancias naturales, nunca de la imposición y la represión. Las lenguas de los demás son, por el contrario, molestas, arcaicas, antieconómicas y francamente prescindibles. Al tiempo que la defensa del castellano se ajusta por definición a un impulso democrático, la de las restantes lenguas responde cabe entender a espurios y cavernarios intereses marcados por esa felonía que identifica el Manifiesto por la lengua común; si en las segundas se revelan por doquier los espasmos negativos de los nacionalismos, por detrás de la primera no habría, en cambio, nacionalismo alguno.
(nota: el Manifiesto por la lengua común no llama “felonía” (¡Que insulto tan castizo!) al uso de las lenguas ¿regionales?ni a su defensa. Esta acusación si lo es)
La estrategia principal no nos engañemos apunta a ratificar la situación de incómoda marginación y minoría de las lenguas no castellanas, y a hacerlo de la mano de medidas que tienen un cariz visiblemente asimétrico. Baste como botón de muestra el recordatorio de que los firmantes del manifiesto que nos ocupa entienden que, aun siendo recomendable que en las comunidades calificadas de bilingües la rotulación de edificios y vías públicas se registre en las dos lenguas, en modo alguno podrá realizarse en exclusiva en la lengua propia del país en cuestión, sin que, por omisión, y cabe entender, se rechace la posibilidad de que la rotulación se produzca únicamente en castellano.
(nota: lo que se rechaza es que no se rotule en castellano -en un país turístico, tampoco se opone a que se rotule en inglés o en catalá-, sino que se rotule también en la lengua común, para que un catalán que vaya al País Vasco, se oriente. Sin omisiones y cabe-entendederas).
El idioma y la fuerza
Conocer el español es obligatorio; los hablantes de otras lenguas sólo tienen derecho a su uso
(nota: ¡Hombre! En las oposiciones autonómicas, se exige y se valora de forma desmesurada el conocimiento del vasco, catalán o gallego. De tal forma, que un monolingüe castellano difícilmente las aprobará ¿Quién es el discriminado?)
A los ojos de los nacionalistas lingüísticos españoles, la lengua común no se impone por la fuerza tal horizonte es ontológicamente inimaginable, frente a lo que ocurre, al parecer, con las lenguas no castellanas. Mientras se rechazan determinadas políticas alentadas por los gobiernos autonómicos que se limitan a reclamar para las lenguas respectivas las mismas prerrogativas de las que disfruta el castellano en Madrid, en Sevilla o en Valladolid, se prefiere olvidar cómo, en el pasado y en el presente, medidas aplicadas a menudo con saña y violencia han beneficiado de siempre al castellano y explican, siquiera parcialmente, su condición de visible preeminencia contemporánea. Mientras se manipulan y magnifican, en suma, los problemas que los castellanohablantes puedan encontrar en algunos lugares, se esquiva toda consideración en lo relativo a la delicada situación en la que se encuentran el catalán, el gallego y el vasco, y ello sobre la base de la increíble afirmación de que los objetivos de dignificación de esas lenguas ya han sido, al parecer, satisfechos.
(nota: ¡Ahora nos toca a nosotros! Como el castellano -el francés, el italiano- se impuso con la inmersión en castellano, ahora se trata de imponer la inmersión en catalán o vasco).
No consta que los nacionalistas lingüísticos españoles, de siempre interesados en defender en exclusiva su lengua, se hayan pronunciado en momento alguno en favor de los legítimos derechos de los hablantes de las lenguas no castellanas. Que en los hechos el principio de libre elección lingüística en el sistema educativo sólo se postula para los castellanohablantes lo certifica la ausencia, dramática, de toda consideración en lo que atañe a ese principio aplicado, por ejemplo, en las personas de los hablantes de catalán, gallego y vasco que residen fuera de los territorios en los que las lenguas correspondientes son oficiales.
(Nota: el Manifiesto por la lengua común habla de preservar el derecho a aprender en catalán, si se quiere. Fuera de Cataluña, un catalán, vasco o gallego usa el español, y en Europa, el inglés. Viene siendo así, porque es lo más cómodo.
En las escuelas madrileñas, un niño catalanofalante no puede recibir clases en catalán porque su profesor –casi con seguridad- no lo conoce. No puede enseñar en catalán. Ni en árabe, ni en vasco.
Pero en Cataluña, todos los profesores pueden enseñar en catalán o en castellano. Si quieren, pueden; si no quieren, se comportan como los profesores franquistas. Esa es la cuestión. La del profesorado, su libertad de cátedra)
Al cabo parece obligado concluir que esas lenguas no son percibidas como propias, circunstancia que da al traste, de paso, con cualquier proyecto creíble de bilingüismo: llamativo es que, mientras los nacionalistas lingüísticos españoles se desenvuelven orgullosamente como monolingües en castellano, se rechaza que los hablantes de catalán, gallego y vasco puedan comportarse como monolingües en las lenguas respectivas.
(nota: lo que se rechaza es que se pueda obligar al hijo de un charnego monolingüe en castellano a una inmersión escolar monolingüe en catalán.
Una simple tergiversación. Pasable)
Lo que en los hechos se reivindica un monolingüismo de facto es percibido en cambio como una afrenta cuando se sobreentiende que es la apuesta de los gobernantes de las comunidades autónomas que disponen de lenguas propias.
Una curiosa defensa
El Manifiesto por la lengua común configura, en fin, una curiosa defensa de una lengua que pareciera no tener a su disposición ningún tipo de apoyo. Para certificar lo contrario ahí están la maquinaria del Estado, el sistema educativo, un sinfín de rancias instituciones, el grueso de los medios de comunicación, buena parte de la jerarquía de
(nota: Muy sueltos en el insulto. El de fascista es el preferido ¡Pues vaya ojo! El Manifiesto por la lengua común trata de defender el derecho de los monolingües castellanos (que son, precisamente, los trabajadores inmigrantes –de ahora, de antes- en Cataluña y el País Vasco). Será que no han tratado con uno de ellos en toda su vida, por eso se asombran de que muchos de ellos quieran que sus hijos aprendan en su lengua materna, porque les resulta más fácil, digan lo que digan los jerifaltes lingüísticos
¿Quién es el fascista? El del ojo.
Suso de Toro se inventa su ácido bórico, al estilo JP ¡Lo que une la ideología! La fascista...
“Y si tiene razón Pasqual Maragall, si no es posible una España compartida por todos y sólo es posible "conllevarse"? Hace unos años, uno aún creía que era posible España como proyecto compartido, pero una y otra vez se nos aparecen "dueños" y nos señalan nuestro lugar en el sótano. (…)
Recientemente, hemos tenido dos lecciones que se complementan, la que nos dio la selección de fútbol y la de un manifiesto en defensa del castellano, al que llaman la lengua "común". (…)
Eran jóvenes a los que no les pesaba el temor a la mala suerte histórica, el pesimismo, y simplemente confiaban en su propia capacidad. (…)
A su alrededor, gran parte de la población, aunque sobre todo destacaron los jóvenes, con camisetas rojas y banderas rojo y gualda e himno sin letra… Fue clara su necesidad, verdadera ansiedad, de sentir identificación y orgullo de grupo, de país, de España. Hubo chovinismo y patrioterismo, claro; también hubo fascistas aprovechando esa emoción, desde luego; pero fue una explosión de energía positiva abrumadora. De juventud.
También hubo quien no comprendió que en esa identificación con la selección no había hostilidad interna y fue incapaz de desear que ganase, prefiriendo que ganase la rusa o cualquiera otra. O quizá temió ese momento catalizador. La ideología separa de la vida. (…)
Esa España funciona, igual que funciona en la economía y en la vida social en general, y en esa selección nos podíamos ver muchísimos, si se nos deja.
Eso hicieron los futbolistas: unir. Pero frente a eso, 20 intelectuales echaron a rular un manifiesto culmen de subjetividad e irresponsabilidad. (…)
Parte de falsedades que llevan tiempo difundiéndose: es falso que el castellano, una lengua en expansión, con unos 400 millones de hablantes y otros 100 que la conocen, peligre. Mucho menos en España, donde su conocimiento es "obligatorio", siendo la única lengua que recibe tal protección del Estado. El castellano, gracias a una política secular de imposición, se extendió al territorio del gallego, catalán, vasco y demás dominios lingüísticos españoles; es así que en los territorios donde los individuos hace dos o tres generaciones eran monolingües en esas otras lenguas, hoy son bilingües o monolingües en castellano. (…)
Por eso, hoy los firmantes del Manifiesto pueden llamarla "común", aunque no debieran omitir que es obligatoria. (…)
Ese éxito histórico del castellano, además del orgullo de tener por propia una lengua con prestigio y una literatura tan impresionante, debiera bastar para dar sosiego a los monolingües en castellano. ¿Qué más se puede pedir? Pedir más es nacionalismo insaciable, una bulimia que demanda la humillación, la destrucción del otro. Y eso es lo que hace el Manifiesto. Seamos claros, no les basta que todos hablemos castellano; quieren, además, que dejemos de hablar las otras lenguas. (…)
El castellano no peligra ahí, lo que corre peligro de desaparición son esas otras lenguas también españolas que están en circunstancias adversas y se enfrentan a una inercia histórica poderosísima. Ésos son los hablantes que ven desaparecer sus lenguas.
Pero el cuento de la persecución del castellano es la misma fábula que la de los judíos o los gitanos que asesinan niños; circula bien porque responde a nuestros miedos, en este caso, el miedo del monolingüe al bilingüe. Es una fábula xenófoba, y es xenofobia lo que se hace con las otras lenguas oficiales, se las mantiene ocultas y se busca su desaparición.
Desmoraliza definitivamente que un Manifiesto tan faccional, sesgado políticamente e irresponsable que utiliza la lengua para dividirnos cuente con tanta simpatía y complicidad en los medios intelectuales radicados en Madrid; con razón los promotores señalan que es muy "transversal" allí.
Hemos llegado hasta aquí entre todos,
Según Suso de Toro, Savater es un xenófobo porque es un monolingüe ( de los que le tienen miedo a los bilingües), que no parará hasta acabar con el vasco, el catalán y el gallego. Ni hasta echar a Suso de Toro de España. Justamente, eso es lo que dice el “Manifiesto por la lengua común”. Un buen escritor que utiliza argumentos fascistas (por lo tanto, lo es).
Lástima de estas barbaridades, porque el análisis sobre
Y España, y el mundo, es de los poderosos, no de los charnegos o de los inmigrantes que quieren que sus hijos aprendan en su lengua materna.
Se trata del derecho a no ser discriminado por la lengua. Si eso no es un derecho...
“El Manifiesto por la lengua común ha desencadenado un fuerte debate. En mi opinión, contiene quejas razonables y otras que no lo son tanto. Parece claro que los nacionalistas han cometido ciertos excesos, pues, en efecto, no se entiende que si algunos territorios aspiran al bilingüismo, la rotulación de las vías públicas se haga exclusivamente en la lengua local, o que las instituciones se dirijan a los ciudadanos sólo en la lengua local.
Los usuarios de estas lenguas locales tienen también sus agravios. Se quejan de que la justicia se desarrolle sólo en español, o de que haya muchas trabas al uso de las lenguas locales en las instituciones políticas españolas. (…)
El Manifiesto, sin embargo, va mucho más lejos. Se afirma que no sólo existen los despropósitos antes mencionados, sino que, además, y esto sería mucho más grave, las políticas lingüísticas de algunas comunidades autónomas violan derechos de los castellanohablantes cuando les obligan a recibir la educación en la lengua local. La referencia a los derechos de las personas no es baladí. Si verdaderamente la elección de la lengua que se utilice en la enseñanza constituye un derecho, la política lingüística de comunidades autónomas como Cataluña sólo podría entenderse como una imposición que no respeta la libertad de las personas. De ahí el conflicto que denuncian entre "políticas nacionalistas" y "libertades ciudadanas".
Pero cabe cuestionar si el derecho del que hablan los partidarios del Manifiesto existe… ¿tiene sentido hablar del derecho de las personas a elegir la lengua vehicular de la enseñanza? Cabe dudarlo. (…)
En Cataluña se decidió, en virtud de un amplio acuerdo político y social, que el catalán fuera la lengua de enseñanza en el sistema público. Como en toda decisión política, habrá personas que se opongan. Pero eso no quiere decir que sus "derechos" hayan sido menoscabados.
Quizá el principal inconveniente de plantear el problema lingüístico en términos de derechos es que no analiza las consecuencias que puedan tener las distintas políticas de la lengua. Si hubiera un derecho ciudadano al respecto, habría que respetarlo, con independencia de los problemas que se puedan generar por ello. Así, puesto que el Manifiesto se mueve en un plano puramente ideológico, las cuestiones políticas que es necesario tener en cuenta no se mencionan.
¿Acaso impide el sistema catalán de inmersión el aprendizaje del español? Hasta el momento, no se han ofrecido datos que permitan responder afirmativamente. (…)
Si el catalán no fuera lengua de enseñanza, ¿llegarían a ser bilingües los castellanohablantes que viven en Cataluña? (…)
Y de lo que se trata, como señaló Josep Ramoneda en este periódico, es de que se rompa de una vez en Cataluña la asimetría entre ciudadanos monolingües en castellano y ciudadanos bilingües. Por último, ¿acaso eliminar el catalán como lengua exclusiva de enseñanza no fracturaría la sociedad catalana en dos mitades lingüísticas, una de las cuales, la de los monolingües castellanos, no tendría la oportunidad de acceder a los trabajos que requieren el conocimiento del catalán, como por ejemplo los de
El debate sólo será provechoso si se abandona la demagogia de los derechos y se discute con datos y argumentos sobre el fin a alcanzar (bilingüismo efectivo o dominio del castellano en las comunidades con lengua propia) y los medios para conseguirlo.” (IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA: ¿Qué derechos lingüísticos?. El País, ed. Galicia, Opinión, 16/07/2008, p. 25)
Ignacio Sánchez-Cuenca no insulta. Y argumenta después de haber leído el Manifiesto ¿El único que lo ha hecho? Posiblemente.
Argumenta que el derecho de los niños a aprender en su lengua materna es dudoso. Por lo tanto no hay debate. Si no es un derecho, todo el mundo tiene que aprender en la lengua que se le imponga, y si eso es bueno para las clases altas, y malo para las clases trabajadoras, pues a aguantar, porque no hay derecho a protestar.
Lo que se discute es precisamente el derecho de un niño en los sitios dónde se hablan normalmente dos lenguas, y una de ellas es la suya, a no sufrir la inmersión lingüística en la que no habla.
Y el de sus profesores a enseñar en la lengua que consideren sea la más apropiada para sus alumnos, dirigiéndose en catalán a los alumnos de lengua materna catalana, y en español a sus alumnos de lengua materna española.
Se discute la libertad de cátedra de los profesores. Y la libertad a aprender en la lengua materna de los alumnos. De derechos, obviamente.
En cuanto al acceso a los puestos autonómicos, todo el mundo tiene el derecho a no ser discriminado por su lengua. Ni los monolingües españoles (los inmigrantes sudamericanos, por ejemplo).
Porque los méritos profesionales están por encima de los lingüísticos. Se trata de los derechos de mucha gente, de los trabajadores de Alicante, por ejemplo, a no ser discriminados frente a los valencianos en las oposiciones autonómicas por no saber catalán (porque en Alicante se habla español).
Se trata, pues, de una cuestión de derechos, de no ser discriminados por la lengua. De derechos humanos.
Todos a aprender en inglés, como los hijos de la clase alta catalana. Pues... ¡Desde luego! Si nos lo paga la clase alta catalana
“Como el castellano en España, hoy el inglés se ha convertido, de facto, en la lengua a la que se recurre en las comunicaciones entre hablantes de lenguas distintas. ¿Sería aceptable que, siguiendo la misma lógica,
Seria fascismo. Es lo que intentó el franquismo al obligar a los hijos de los campesinos gallegos, vascos o catalanes, al decretar la inmersión en castellano, a aprender en una lengua que no era la suya, la materna.
Es lo que se intenta ahora al obligar a los hijos de los charnegos a aprender en un desconocido catalán, y no en su lengua materna, la que hablan (el castellano).
O a los que prefieren el castellano, como los inmigrantes, que preferirán que sus hijos aprendan en español, por aquello de que hoy trabajo en Barcelona, y mañana en Madrid.
Es una cuestión de poder elegir la lengua de aprendizaje y de que un profesor (que conoce las dos) pueda elegir la lengua adecuada para cada uno de sus alumnos, catalán para enseñar a los niños de lengua materna en catalán (y en español para los niños de lengua materna española).
Y acaban conociendo las dos. Sin privar de su libertad a nadie, la de los niños a aprender en su lengua materna, y la libertad de cátedra del profesor (otra cosa es el País Vasco, donde profesores que no conocen bien el vasco, enseñan a todos en vasco). Eso es criminal.
Lengua única oficial en su territorio, el catalán ¿o el español?
“Una auténtica normalización exigiría al castellano deshacer parte del camino de imposición represiva que lo ha llevado a ser nuestra lengua común. Normalizar el catalán quiere decir hacerlo otra vez necesario, y esto sólo será posible cuando el castellano tenga un peso parecido al del inglés en Holanda.” (Albert Pla, Agonia al paradís, Avui, Dilluns, 28 de juliol del 2008. Fuente y traducción, Bye, bye Spain, lunes 21 de julio de 2008)
"Ante esta ofensiva general contra el catalán, hace falta plantearse un horizonte nuevo, que garantice al catalán un futuro sin atentados ni incendios constantes. El nuevo modelo lo tienen inventado y aplicado en Bélgica, en Suiza o Quebec: es la vía de la oficialidad única de una lengua en su territorio histórico. El catalanismo político tiene aquí su talón de Aquiles: declarar el catalán lengua oficial. Oficial en el Estado español, oficial en Europa y única oficial en su territorio.” (Josep Gifreu, Català, llengua oficial. Avui, Dilluns, 28 de juliol del 2008. Fuente y traducción de Bye, bye Spain, lunes 21 de julio de 2008)
O sea que todos los charnegos que no se desenvuelven en catalán serán discriminados de por vida, convertidos en ciudadanos de segunda, como todos los inmigrantes sudamericanos que llegan actualmente, incluidos los hijos de los exiliados republicanos en Sudamérica (que deseen volver a Cataluña). Les espera la segregación lingüística (por tanto, social).
21/7/08
Mi lengua propia, el euskera, no la sé hablar, pero la añoro. Con eso basta... para la paranoia
“Mi lengua es el castellano. En ella aprendí a expresarme, a través de ella me formé y en torno a ella he establecido mis principales relaciones de convivencia. Pero, dicho esto, no puedo dejar de añadir que, respecto de aquella otra que llaman 'propia' de mi país, mantengo dos sentimientos tan arraigados que nunca he podido -ni querido, me temo- erradicar.
El primero es de añoranza. El segundo, de culpa nunca del todo expiada. Trataré de explicarme.
La añoranza es en este caso, por paradójico que suene, de algo que, aunque nunca poseído, siempre he sentido que debería haberme pertenecido. Por ello, mi desconocimiento, o escaso conocimiento, del euskera lo he vivido desde muy joven como una carencia. Hecho de menos 'mi' lengua, como de menos se echa lo que, sin haberlo tenido nunca, se considera propio. Nada tiene que ver esta añoranza con la funcionalidad. Con la carencia del euskera he podido desenvolverme en todos los ámbitos de mi vida. Nadie la ha usado nunca en mi contra para ponerme trabas en la realización de mis aspiraciones. Se trata de una carencia puramente personal e íntima, aunque también, sin duda, relacional. Me hace sentir discapacitado en un entorno de gente más capacitada. Y no me ha permitido además acceder a todo un mundo -de significados, de relaciones y de amistades- que habita en el mismo mundo en que yo también habito.
A la añoranza se añade la culpa. Mi desconocimiento del euskera no ha sido inocente. No porque, pudiendo haberlo hecho, no lo haya superado, sino porque, por culpa de él, he violentado a quienes conmigo han convivido y conviven. En mi entorno familiar, laboral y social he arrastrado a mis interlocutores a renunciar a la suya propia por relacionarse conmigo en la lengua que a todos nos es común. Nunca nadie me lo ha echado en cara. Por el contrario, cada vez que, único monolíngüe erdeldun, me he encontrado en un ambiente de euskaldunes -en la familia, en el trabajo o en la relación social-, todo el mundo se ha mostrado comprensivo y ha accedido a ponerse en mi terreno. Yo, por mi parte, más que agradecido, me he sentido culpable, y nunca he podido librarme de la sensación de haber violentado derechos ajenos.
Declaradas estas vivencias personales, mi posición ante el 'Manifiesto por la lengua común' no necesita explicitarse. Quienes lo han redactado o apoyan no parten ciertamente de las mismas vivencias que yo he tenido respecto de la lengua propia de mi país. Ni sienten por ella mi misma añoranza ni, mucho menos, se consideran culpables por su desconocimiento. De indiferencia y de inocencia parecen, más bien, sus sentimientos al respecto. Por eso, pueden denunciar la que creen conculcación de los derechos de unos, sin levantar la voz en favor de los de otros que son también violentados.
Quizá sea que no son sólo los derechos individuales los que en este manifiesto están en juego. Por mucho que en ellos se insista, subrayando, con razón, que son de las personas, y no de las lenguas ni de los territorios, el hecho es que el título que se ha dado al documento -«por la lengua común»- resulta indicativo de la intención, al menos colateral, de sus promotores. Es el habla, además de los hablantes, lo que les ocupa.” (JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA: Lo propio y lo común. El Correo, 13.07.08)
Se siente culpable por no hablar vasco. Pues que lo aprenda. Y si no quiere dedicarle tiempo y esfuerzo ¡Pues qué quiere que le diga! Que está en su derecho a no dedicárselo… y a sentir complejo de culpa por ello, también… por vagancia, o porque es muy difícil.
Un maketo tiene el mismo derecho a no aprender vasco, y por los mismos motivos ¿Porqué va a aprenderlo? ¿Para sentir la nostalgia y la culpabilidad? ¿La justificación de la inmersión lingüística es la mala conciencia de los señoritos que no aprendieron vasco (como todos, como Ibarretxe), porque era la lengua de los campesinos, y además, muy difícil? ¿Porque tienen que purgar sus penas los demás?
“¿Se puede sentir añoranza de lo que nunca se tuvo? Iñaki Viar y Jon Juaristi escribieron hace casi 20 años un artículo en el diario El País, bajo el título El nacionalismo vasco, entre el duelo y la melancolía, idea que Juaristi desarrolló posteriormente con fortuna en El bucle melancólico. A partir de los conceptos freudianos en torno al sentimiento por la pérdida del objeto amado, los autores planteaban exactamente esta cuestión: duelo y melancolía por la pérdida de algo que no se ha tenido nunca.” (Fuente: El blog de Santiago González: Gestas melancólicas, 16 de julio de 2008)
“Estatutaria e históricamente, el gallego, el catalán y el euskera son las lenguas propias de sus comunidades. El castellano, en cambio, es la lengua común -por conocida por todos que no por propia aunque sí por apreciada- con el resto del Estado, y la cooficial en nuestras comunidades. Asimismo frente a la idea de que el castellano también «es la común dentro de esa comunidad», hay que decir que es una lengua cooficial, más apropiada que propia, y que se debe aspirar a que sean comunes a nuestras ciudadanías tanto la lengua propia como la cooficial. Se trata de disponer del derecho colectivo a conocer bien la propia (y la otra) lengua para que cada cual pueda ser realmente libre de usar la que quiera, cuando quiera, y según las situaciones.” (RAMÓN ZALLO: El derecho a conocer la propia lengua. El Correo digital)
¿Y no puede el hijo de un trabajador usar ese “derecho colectivo” para, primero, aprender en la escuela en su lengua materna (en la suya “propia”, pero “apropiada” para los euskaldúnes ) y después dedicarse a la “propia” de los demás, que no la suya? Si quiere
¿Podemos desconocer la lengua que nos es propia? Sí, en la medida que sólo somos capaces de expresarnos con fluidez y solvencia en la lengua que consideramos 'extraña'. El jefe del autor, sin ir más lejos, se pasó los primeros 41 años de su vida expresándose en una lengua extraña, el castellano. Fue en 1998, cuando su partido lo designó como candidato a lehendakari, cuando empezó a aprender su lengua propia, que es, naturalmente, el euskera.” (Fuente: El blog de Santiago González: Gestas melancólicas, 16 de julio de 2008)
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No hay nada como un buen vocabulario para aclarar las cosas. Hay lenguas comunes y lenguas hipercentrales. Cada una con su función... de comunicación
“Abram de Swaan en Words of the World (Polity Press 2001), insiste en que el contacto y la interacción entre las lenguas depende de que su ubicación en el universo lingüístico sea periférica o central. Los lenguajes periféricos recurren casi siempre a la intermediación de una lengua común con fuerte capacidad conectiva como el quechua en América del Sur, o el wolof, lingala y bambara en África, que se constituyen y funcionan como lenguas centrales.
En Europa, todas las lenguas nacional-estatales asumen una función de centralidad conectora, obviamente con muy distintas modalidades respecto de las lenguas regionales: como sucede… con el francés para el alsaciano, bretón, corso, euskera, occitano. En la perspectiva mundial en la que es hoy inevitable situarse tanto Swann como Jean-Louis Calvet (Por una ecología de las lenguas del mundo, Plon 1999) proponen la figura de lenguas hipercentrales que reducen a 10: árabe, chino, inglés, español, francés, hindi, malayo, portugués, ruso y suajili, a las que confían la responsabilidad de asegurar una mínima comunicabilidad dentro de cada macroárea lingüística y entre ellas.
La gran dificultad en este tema es la de distinguir en el tratamiento de las lenguas entre la dimensión de su uso cotidiano predominantemente privado y la utilización política, eminentemente pública, de las mismas porque está ligada a la indisociabilidad de identidad colectiva y lengua en todas las comunidades.
Es evidente que lo que no es ni legítimo ni deseable es que los líderes de cualquier comunidad, histórica o reciente, impongan la utilización de su lengua o lenguas a los miembros de otros ámbitos lingüísticos con fines políticos nacionalistas. Lo que sí es, en cambio, deseable e incluso necesario es impedirles que se sirvan de su política lingüística como dispositivo para, con pretexto de promover su patrimonio lingüístico, agredir a las otras lenguas. Quiere decirse que es absolutamente inaceptable recurrir a la fuerza de la ley para imponer o vetar un comportamiento lingüístico. Lo optativo y lo promotor son las modalidades que deben privilegiarse en la difícil práctica de la integración lingüística que en nuestro caso debe favorecerse, aunque reitero una vez más no imponerse, tanto a los no catalanes en Cataluña, como a los no hispano-parlantes, en particular a los no europeos en el resto de España. Pues es inevitable que a éstos, en particular a los africanos no lingüísticamente integrados, se les confine en los niveles últimos de la escala laboral, es decir, se les destine a constituir un subproletariado oprimido y explotado. (…)
Porque no es discutible que el conocimiento de dos lenguas del universo lingüístico latino nos permitiría circular por él con seguridad y provecho a la par que confirmaría la potencia del espacio cultural con sus modos y sus usos. Pluralismo, pues, de las lenguas e integración lingüística, pero con diversidad cultural.” (JOSÉ VIDAL-BENEYTO: Una lengua con otras lenguas / 1. el País, ed. Galicia, Internacional, 12/07/2008, p. 6)
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Con no discriminar a los hijos de los trabajadores castellanofalantes, basta...
“Como el mío va a ser uno de los pocos artículos que se publiquen en este periódico a favor del Manifiesto por
Es curioso: a los que hemos luchado durante bastantes años a favor de la asignatura de Educación para
De modo semejante, algunos decretan que el Manifiesto sale en defensa de la lengua castellana, empeño risible porque nuestro idioma goza de excelente salud, es hablado por 400 millones de personas y de nada hay que protegerlo. Según otros -pertenecientes a la lunatic fringe de varias autonomías bilingües-, el Manifiesto persigue abolir nuestro pluralismo lingüístico y cultural, exterminar al diferente, etc. Rogar que se lea el Manifiesto para comprobar que lo que se trata de defender son los derechos de los castellanohablantes sin mermar el bilingüismo o que estamos tan convencidos de la pujanza universal del castellano que por eso nos parece crucial reforzarlo como lengua común de España es tarea ociosa: la caricatura resulta polémicamente más rentable. (…)
Los otros aseguran con total convicción que no existe problema lingüístico en ninguna parte, salvo en la imaginación de la extrema derecha. No es verdad que haya comunidades donde no se pueda escolarizar a los niños con plena naturalidad en castellano, ni es cierto que en ellas los impresos oficiales sólo se faciliten en la lengua autonómica, ni es verdad que la señalización de vías públicas tampoco sea bilingüe, ni que el conocimiento de la lengua co-oficial tenga un valor desmesurado en concursos y oposiciones, etc. Esas denuncias son invenciones en la mayoría de los casos, o simples anécdotas irrelevantes cuando resultan probadas. Los que de veras sufren son quienes intentan manejar una lengua distinta del castellano: ¿hay algo más difícil y peor visto que hablar catalán en Cataluña, euskera en el País Vasco o gallego en Galicia? Todo son problemas y cortapisas para los héroes que a tanto se atreven... El Manifiesto es una apología de la represión y de la prepotencia vigente, puaf. (…)
En fin, dejémoslo estar. Los defensores de la inmersión lingüística ven en ella la única forma de evitar guetos y de garantizar la convivencia cultural. Si nosotros fuésemos nacionalistas españoles, aceptaríamos el razonamiento pero aplicado a toda España: inmersión lingüística general en castellano para la educación pública, a fin de evitar que Cataluña, Euskadi, Galicia o Baleares se conviertan en guetos dentro del país. Es la doctrina vigente en Francia, que no es el peor Estado europeo ni en cultura ni en democracia. Sin embargo, no es eso lo que reivindicamos. El Manifiesto no pide inmersión en castellano de los que tienen otras lenguas maternas, sino que no se imponga otra lengua a los que prefieren el castellano. En general, la lengua común no requiere en las comunidades bilingües trato privilegiado, sólo que no se la persiga ni obstaculice como hoy se hace. Con eso basta.” (FERNANDO SAVATER: Ciudadanía y lengua común. El País, ed. Galicia, 11/07/2008, p. 29)
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La hora de los políticos-lingüístas ¡Los que faltaban!
“Fernando Savater ha hecho público un manifiesto sobre la paradójica situación en que se encuentra el español (o el castellano) ante la presión desarrollada desde hace una década sobre su presencia institucional en las "nacionalidades históricas". (…)
La política lingüística se ha convertido, con creciente intensidad, en instrumento de la política sin más de signo nacionalista. Y para comprobarlo, dejémonos de falacias sobre las virtudes de un bilingüismo asimétrico en el cual ni sus propagandistas creen. En ningún país europeo la promoción de una lengua regional o nacional minoritaria tiene lugar partiendo de la "inmersión" en zonas donde la única lengua hablada hasta entonces era la nacional de Estado. En ningún país europeo son promulgadas normas que, hasta ahora en Cataluña, pronto en Euskadi, llevan a multar con reiteración y eficacia a quien prefiera rotular su negocio en la lengua "oficial", si no incluye la "propia". En ningún país europeo, si yo soy ciudadano residente en Madrid, y como tal trato con una Administración (ejemplo Baleares) que tiene en vigor el bilingüismo, recibo las comunicaciones exclusivamente en catalán. Si lo entiendo, que es el caso, bien; si no, busquemos el traductor. Absurdo. Todo esto no responde a la voluntad de consolidar sociedades bilingües, sino a relegar el castellano a una posición subalterna, paso previo para proceder en los discursos independentistas a su exclusión de la esfera oficial (…)
El español gozará de buena salud en el mundo, pero no en las universidades catalanas. ¿Por qué renunciar a la vía de la promoción en vez de potenciar de forma larvada la lucha de idiomas, que no otra cosa muestra la resistencia numantina a la tercera hora del castellano? Claro que no se ha conseguido que los catalanes prefieran leer Avui a
¿Por qué no pensar en una España plural donde se hable y escriba en catalán, gallego y euskera, al mismo tiempo que en castellano, en papel de denominador común, sin hacer del idioma a costa de los ciudadanos el as en la manga al servicio de los independentismos o de oportunistas en busca de votos? En el marco de
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¡El gallego para la calle, el castellano, para la escuela! Donde pone gallego, castellano; dónde castellano, catalán... y ya está
“Hasta yo mismo sufro la agresión del catalán en mis carnes: a mí, que me llamo Gonzalo, me llaman Gonçal, que ya son ganas de despistar poniéndole una coma a la "c".
Y en cuanto a la lengua vehicular en la educación, es claro que los padres tenemos todo el derecho a decidir en qué lengua han de estudiar nuestros hijos. Es más: los padres analfabetos de lengua castellana tienen que tener la libertad de exigir que sus hijos sean analfabetizados en lengua castellana, y los padres antropófagos de lengua castellana tienen todo el derecho a pedir que sus hijos se eduquen en el canibalismo en lengua castellana. Si la lengua vehicular en la escuela es exclusivamente el catalán, los niños no tendrán ninguna posibilidad de aprender castellano, porque cuando lleguen a su casa hablarán con sus padres sólo en catalán, verán la tele en catalán y le darán a la play station exclusivamente en catalán. Situación de por sí agravada por las canguros que les cuidan, todas procedentes de
Sr. Gonçal, no tiene gracia, porque lo que argumenta (que los niños pueden hablar castellano en todos los sitios menos en la escuela) ya lo decían los maestros franquistas “¡El gallego ya lo hablan en la calle y en su casa, en la escuela tienen que aprender el castellano, sino no irán a ninguna parte!” Pues igualito.
Y respecto a cambiar el nombre, menos gracia ¿Cree que alguien tiene derecho a hacerlo, aunque sea en plan de chiste? ¿Acabarán teniéndoselo que cambiar los charnegos, como los portorriqueños en Nueva York, para encontrar un buen trabajo? ¿No sucede ya en el País Vasco?
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