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6/6/24

Debacle independentista en tres años: del récord de 2021 a su mínimo histórico el 12M... un capital dilapidado en tres años de peleas internas continuas, hasta sufrir una debacle que lo deja muy lejos de los guarismos de los años del 'procés'... por comparar, CiU de Pujol tenía 50 diputados en 2012, 62 en 2010 y hasta 72 en 1984. Los 35 diputados de Puigdemont dan risa

"En las elecciones catalanas de 2021, el independentismo consiguió un hito: mayoría absoluta de escaños (74) y, por primera vez, también de votos (52 %), un capital dilapidado en tres años de peleas internas continuas, hasta sufrir una debacle que lo deja muy lejos de los guarismos de los años del 'procés'.

Hace tres años, el PSC de Salvador Illa fue el partido más votado, pero empató a 33 escaños con ERC, seguido de JxCat con 32, mientras que la CUP ocupó la quinta plaza, con nueve diputados.

El récord de votos y escaños que entonces sumaron ERC, JxCat y la CUP se tradujo en un pacto de investidura que llevó a Pere Aragonès a la presidencia de la Generalitat, con un Govern de coalición entre Esquerra y Junts, sustentado desde fuera por la CUP.

Aragonès arrancó con el compromiso de trabajar para "culminar" el proceso de independencia, pero la alianza con sus dos socios duró poco y enseguida se vio que, aparcada la vía unilateral, el 'procés' entraba en una fase de letargo, más centrada en levantar las causas judiciales por el 1-O que en avanzar hacia el Estado independiente.

La CUP ni tan siquiera le aprobó los primeros presupuestos de la legislatura, mientras que la cohabitación entre ERC y JxCat topó con constantes desencuentros, cada vez menos disimulados, hasta que la situación se hizo irrespirable y JxCat, en octubre de 2022, decidió en una consulta interna abandonar el Govern y pasar a la oposición.

Todo ello ocurría en medio del desconcierto entre el electorado independentista, que empezó a dar señales de desmovilización, sobre todo en unas manifestaciones de la Diada del 11 de septiembre cada vez menos concurridas.

En las elecciones municipales y generales del año pasado, ERC perdió miles de votos, mientras que el PSC volvía a convertirse en pilar fundamental para mantener a flote el PSOE.

Los siete escaños obtenidos por ERC y también por JxCat en las generales valían su peso en oro, porque eran claves para permitir la investidura de Pedro Sánchez, pero los síntomas de desmovilización de su electorado se han acabado confirmando este domingo.

La suma de JxCat (35), ERC (20), la CUP (4) y Aliança Catalana (2) no pasa de los 61 escaños, con más del 98 % escrutado, lo que dista mucho del récord alcanzado en 2021, cuando las candidaturas partidarias de la independencia de Cataluña lograron por primera vez la mayoría absoluta en escaños (74) y en votos (52 %).

Cuatro años antes, en 2017, después de la fallida declaración unilateral de independencia y de la suspensión de la autonomía con el artículo 155 de la Constitución, JxCat (34), ERC (32) y la CUP (4) sumaron un total de 70 escaños.

En las elecciones anteriores, en 2015, Convergència y ERC se presentaron conjuntamente bajo la fórmula unitaria de Junts pel Sí, que obtuvo 62 diputados, que, sumados a los 10 de la CUP, también superaron la mayoría absoluta (72).

Las primeras elecciones del 'procés' pueden considerarse que son las de 2012, convocadas por el entonces president Artur Mas bajo el compromiso de convocar una consulta soberanista: CiU consiguió 50 escaños, ERC subió a 21, mientras que la CUP obtuvo tres."            (Roger Mateos, El Obrero, 13/05/24)
 
 
"(...) Algo se ha roto en 2024 en el nacionalismo: el % de voto nacionalista -estable desde 1999- empieza a bajar y se sitúa en niveles de 1980.
  • JxC (CiU) solo consigue 675.000 votos. Solo en 2021 había tenido menos (568.000). Está lejísimos de los 1.347.000 que logró en 1984, o los 1.320.000 de 1995, o incluso los 1.116.000 de 2012. Son niveles paupérrimos, la mitad de sus resultados habituales antes del prusés. El partido pujolista tenía 50 diputados en 2012, 62 en 2010 y hasta 72 en 1984. Sus 35 diputados actuales dan risa.
  • ERC s’ha quedat en 427.000 vots, un 13,7% dels vots i un 8% del censo. El 2017 venia de 936.000 vots. Se ha quedado en 20 diputados, lejísimos de los 33 que tenía.
  • La CUP, el partit burgeset catabatasú, obtiene 128.000 votos, apenas algo más que cuando apareció en 2012 i molt lluny dels 338.000 del 2015. Solo retiene 4 diputados, cuando había llegado a 10 en 2015 i a 9 el 2021.
  • Aliança Catalana, el partit que retorna a les arrels pures del nacionalisme, recull 118.000 vots i 2 escons. (...)"                       (Dolça Catalunya, 13/05/24)

4/6/24

Nadie llora por Pere Aragonès... En su favor hay que decir que seguramente es el jefe del Ejecutivo catalán que en una década más horas ha dedicado a trabajar en las cuestiones concretas de la vida de los catalanes. En comparación con Artur Mas, Carles Puigdemont y Quim Torra, el republicano tenía fama de conocer al dedillo todos los temas, de ser escrupuloso y aplicado... Pero todos los problemas le han estallado juntos, desde la falta de inversiones para hacer frente a la pertinaz sequía, pasando por la debacle de la educación, donde ya nadie se atreve a afirmar que la escola catalana sea un modelo de inclusión y excelencia, al retraso en la compleja carpeta de la transición energética, hasta el desaguisado de gestión que la consejera de Justica, Ubasart, ha organizado en prisiones, sin olvidarse de la lista de espera en sanidad, etcétera. Se ha instalado la sensación de que no había nadie competente para hacer frente a los problemas por resolver mil veces aplazados, y Aragonès ha suspendido en gestión (Joaquim Coll)

 "La soledad política envolvió su renuncia a tomar el acta de diputado y el anuncio del abandono de la primera línea, una noticia que tampoco fue una sorpresa absoluta porque el viernes era una posibilidad que ya circulaba en medios periodísticos.

Tras el tremendo batacazo Pere Aragonès no tenía más remedio, pues hubiera sido inaudito verlo en la oposición del Parlament pudiendo disfrutar de las prebendas vitalicias que tan generosamente los contribuyentes catalanes pagamos a quienes han ejercido un tiempo de supremos patriarcas.

Nadie llora desde el lunes su marcha ni dentro ni fuera del partido, y un número significativo de catalanes decía desconocer en las encuestas el nombre del president de la Generalitat.

Aragonès ha pasado por el Palau de la plaza Sant Jaume con más pena que gloria. En su favor hay que decir que seguramente es el jefe del Ejecutivo catalán que en una década más horas ha dedicado a trabajar en las cuestiones concretas de la vida de los catalanes. En comparación con Artur Mas, Carles Puigdemont y Quim Torra, el republicano tenía fama de conocer al dedillo todos los temas, de ser escrupuloso y aplicado.

Alcanzó muy joven los primeros puestos, a la sombra de Oriol Junqueras en la Consejería de Economía, y después como vicepresidente en el histriónico Govern presidido por el ultranacionalista Quim Torra, a quien relevó en funciones cuando fue inhabilitado. En 2021, con 38 años, alcanzó la presidencia tras ganar ERC el pulso electoral por la mínima a Junts, en una investidura que se salvó in extremis, y del que nació un nuevo Govern de coalición que duró poco más de un año.

Desde entonces, Aragonès ha ejercido la presidencia con bastante autonomía respecto a Junqueras, de quien se ha ido distanciado, en un proceso clásico en este tipo de relaciones en el que quien te pone pretende ejercer una tutela, y ha tomado en estos tres años dos decisiones que han marcado su suerte.

La primera fue formar un Gobierno en solitario tras la salida de Junts. Lo lógico, democráticamente, hubiera sido convocar nuevas elecciones, pues sostenerse solo con 33 diputados de 135 es una anomalía absoluta que solo puede pasar en Cataluña. Ni tan siquiera se sometió a una moción de confianza. En su lugar, hizo dos cosas bien. Primero, llevó a cabo una serie de fichajes de impacto para el nuevo Govern, a derecha e izquierda, para ocupar la centralidad, tirando del caladero de exdirigentes del PSC que rompieron con su formación cuando el procés (Joaquim Nadal y Joan Ignasi Elena), del exconvergente Carles Campuzano, o de la fundadora de Podemos en Cataluña, Gemma Ubasart. Un giro hacia la transversalidad y la moderación dentro del espacio soberanista, aunque a ese Govern le ha fallado todo, empezando por el sottogoverno. Y, segundo, logró aprobar los presupuestos de 2023 con el apoyo del PSC y los comunes.

Parecía que Aragonès ponía las bases para consolidar su figura volcándose en la gestión tras una década donde los sucesivos Gobiernos de la Generalitat han estado en otras cosas. Pero todos los problemas le han estallado juntos, desde la falta de inversiones para hacer frente a la pertinaz sequía, pasando por la debacle de la educación, donde ya nadie se atreve a afirmar que la escola catalana sea un modelo de inclusión y excelencia, al retraso en la compleja carpeta de la transición energética, hasta el desaguisado de gestión que la consejera de Justica, Ubasart, ha organizado en prisiones, sin olvidarse de la lista de espera en sanidad, etcétera.

Se ha instalado la sensación de que no había nadie competente para hacer frente a los problemas por resolver mil veces aplazados, y Aragonès ha suspendido en gestión. Seguramente, hoy la historia sería diferente si en 2022 hubiera adelantado las elecciones, tras el portazo de Junts por sus incontables líos internos, con Laura Borràs inhabilitada por corrupción, y con Carles Puigdemont desaparecido de la política catalana mucho antes de que la amnistía apareciese en el horizonte de lo posible. Sin duda habría obtenido un mejor resultado y tal vez hubiera podido seguir al frente de la Generalitat gobernando de la mano del PSC.

La segunda decisión fue adelantar las elecciones esta primavera tras el portazo de los comunes a los presupuestos para 2024, una apuesta de la que Junqueras discrepaba, pero con la que Aragonès quiso hacer un Sánchez, previendo que la erosión hasta el año siguiente sería peor para ERC. La jugada le ha salido muy mal, los 20 escaños obtenidos están por debajo de las peores expectativas, y la campaña acabó siendo una elección entre Illa o Puigdemont, con Aragonès invisibilizado. ¿Y ahora, qué? Hasta después de las elecciones europeas no se sabrá nada, las espadas se mantendrán en alto, pero la investidura del candidato socialista aparece como inevitable tras el hundimiento del independentismo, que volverá probablemente a sufrir un retroceso el 9 de junio.

Hoy todavía no sabemos cómo, pero la fórmula de una doble abstención, tanto de ERC como de Junts, una vez que Puigdemont compruebe por enésima vez que los republicanos no piensan votarle y que lo más inteligente es retirarse, me parece la solución más probable y la menos costosa para unos y otros. Si Junqueras pretende perpetuarse como mandamás de los republicanos, como así parece, lo que menos le conviene es una repetición electoral, pues si empeorase los resultados se vería obligado a seguir el camino de Aragonès."               (l , Crónica Globa, 15 mayo, 2024)

13/5/24

La baraka de Sánchez... ha vuelto a demostrar que es un gran táctico... por primera vez en unas autonómicas, el PSC gana en votos y escaños, y el independentismo no suma de ninguna forma posible... el avance de Junts no logra compensar el tremendo hundimiento de ERC y la pérdida de más de la mitad de la representación de la CUP... el conjunto de las formaciones que se declaran independentistas se quedan lejos de la mayoría absoluta. Este es un dato muy relevante que cierra definitivamente el libro del procés... Sánchez puede argumentar con hechos que la ley de amnistía ha servido para ello, aunque sabemos que la desmovilización separatista ya estaba en marcha desde hace tiempo... Lo más que ha logrado esa ley ha sido reforzar tanto al PP como a Vox, y resucitar un rato a Carles Puigdemont, en perjuicio sobre todo de ERC... El tripartito de izquierdas suma una raspada mayoría de 68 diputados. Para los republicanos la decisión de investir a Illa es muy complicada, aunque peor sería una repetición electoral. La presidencia del candidato socialista de una forma u otra parece inevitable, pues el crecimiento de Junts se queda lejos de las expectativas de los últimos días, con pocos alicientes para volver a las urnas... la victoria de Illa es clara, y refuerza a Sánchez y al PSOE de cara a las europeas. La legislatura podría estabilizarse porque ni Junts ni ERC tienen motivos para retirarle su apoyo... El escenario es el de un PSC hegemónico, al frente de los principales gobiernos locales, y con Illa de president, aunque su investidura no será coser y cantar (Joaquim Coll)

 "La holgada victoria de Salvador Illa supone también un triunfo incontestable para Pedro Sánchez. Por primera vez en unas autonómicas, el PSC gana en votos y escaños, y el independentismo no suma de ninguna forma posible desde 2012. El avance de Junts con Carles Puigdemont no logra compensar el tremendo hundimiento de ERC y la pérdida de más de la mitad de la representación de la CUP.

La entrada de la islamófoba Aliança Catalana no hubiera dado nunca una mayoría operativa al separatismo, pero es que el conjunto de las formaciones que se declaran independentistas se quedan lejos de la mayoría absoluta. Este es un dato muy relevante que cierra definitivamente el libro del procés. Para Sánchez es una excelente noticia, y le permite argumentar con hechos que la ley de amnistía ha servido para ello, aunque todos sabemos que la desmovilización separatista ya estaba en marcha desde hace tiempo, con o sin amnistía.

 Lo más que ha logrado esa ley ha sido reforzar tanto al PP como a Vox, y resucitar un rato a Carles Puigdemont, en perjuicio sobre todo de ERC, que sale muy tocada, tanto en su estrategia como en sus liderazgos. El tripartito de izquierdas suma una raspada mayoría de 68 diputados. Para los republicanos la decisión de investir a Illa es muy complicada, aunque peor sería una repetición electoral. La presidencia del candidato socialista de una forma u otra parece inevitable, pues el crecimiento de Junts se queda lejos de las expectativas de los últimos días, con pocos alicientes para volver a las urnas, y podría fortalecer a los sectores pragmáticos de la formación neoconvergente tras la jubilación de Puigdemont.

En clave de política nacional, estos resultados, donde la victoria de Illa es clara, refuerzan a Sánchez y al PSOE de cara a las europeas. La legislatura podría estabilizarse
porque ni Junts ni ERC tienen motivos para retirarle su apoyo. El líder socialista mantiene intacta su baraka y supera una prueba decisiva, pues Cataluña podía haber sido su tumba en caso de pinchazo. Políticamente, el debate sobre la amnistía queda superado. Al PP tampoco le ha ido nada mal, ha triplicado en diputados, certificando que la apuesta por Alejandro Fernández era la correcta, pese a que Vox aguanta muy bien y repite los 11 escaños de 2021.

La desaparición de Ciudadanos pone también simbólicamente fin a una etapa. La historia seguramente no ha sido justa con la formación naranja, pero sus errores han sido pertinaces desde que Albert Rivera se entregó en su estrategia de pactos al PP.

Sin duda se abre en Cataluña una nueva etapa, donde el interrogante es el rumbo que tomará ERC, que ayer noche anunció su pase a la oposición. El escenario es el de un PSC hegemónico, al frente de los principales gobiernos locales, y con Illa de president, aunque su investidura no será coser y cantar. Sánchez no ha podido tener mejor noticia desde que a las puertas de las elecciones catalanas dejó a España en vilo por si dimitía con el asunto de los bulos.

Ha vuelto a demostrar que es un gran táctico, sin importarle sacrificar convicciones o principios, haciendo de la política el arte de lo posible para sostenerse en el poder."          (Joaquim Coll, Crónica Global, 13/05/24)

16/4/24

En la Cataluña del ‘postprocés’ y sin presupuestos, en la que la pobreza crece pero mengua el número de beneficiarios de la Renta Garantizada de Ciudadanía, lo único que sigue su camino sin pestañear es el Hard-Rock y su macrocasino... las 104 hectáreas del Hard Rock, que la Caixa compró a 30 euros el metro cuadrado en régimen de expropiación forzosa y ahora se prevé que sean adquiridas por la Generalitat por 115 euros el metro cuadrado

 "La ruleta ha acabado con los presupuestos para 2024. Y ese es un mal dato en un país que viene del agitado decenio del procés y en el que las políticas sociales han tenido un carácter meramente retórico, pues el soberanismo hegemónico las ha limitado a alimentar el mantra populista de que la independencia acabaría a con todos los males.

Lo cierto es que la pobreza crece mientras en la campaña electoral hay quienes siguen agitando el reclamo de esa Arcadia tan feliz como inalcanzable. En Cataluña, según la estadística de la propia Generalitat (Idescat), el 8,9% de la población se halla en situación de pobreza social y material severa lo que supone 80.000 personas más que en 2022. En Cataluña hay más de 700.000 pobres, según datos de 2023.

Y pese a esas cifras, entre enero del año pasado hasta febrero de 2024 el número de personas beneficiarias de la Renta Garantizada de Ciudadanía (RGC) –tanto íntegra como complementaria– ha menguado: ha pasado de 165.371 a 157.520. Es decir, la Generalitat apenas da cobertura al 20% de la población que según ella misma está en situación de pobreza severa.

Por añadidura, el accidentado fin de legislatura ha dado al traste con la modificación de la ley que regula la citada renta, reforma en teoría apoyada por toda la izquierda y que en la práctica se dilata en el tiempo una y otra vez. El embrollo de convocar elecciones anticipadas y estar sin presupuestos tiene consecuencias. Y, más allá del cálculo político, para la ciudadanía resulta incomprensible. Los agentes sociales, que ya expresaron su perplejidad ante la no aprobación de las cuentas de la Generalitat, ahora ven como se esfuman 800 millones de euros en sanidad, como se posterga la rebaja de las tasas universitarias o como quedan en el cajón de los buenos propósitos los 1.700 pisos sociales previstos en Barcelona. No es que las cuentas permitieran declarar el estado de felicidad permanente, pero no tenerlas por meros cálculos políticos es peor.

PSC y Esquerra culpan de todo ello a los comunes y recuerdan que dieron luz verde a dos presupuestos –en 2022 y 2023– en los que figuraba el desarrollo del macro-casino Hard Rock e incluso se llegaba a incluir una partida de 120 millones de euros para el polémico complejo de juego. Eso tan cierto como que el PSC quiso que Hard Rock, la ampliación del aeropuerto del Prat y la construcción de la B-40 entre Sabadell y Terrassa figuraran como condiciones sine qua non para aprobar los presupuestos. Se trata de un catálogo de macroproyectos en una Cataluña en crisis climática. Con restricciones a la vista para el consumo de agua de boca, el Hard Rock emplearía 15.000 millones de litros anuales. Eso sí, la gran piscina del complejo de Salou -de ampliarse el aeropuerto del Prat– podría albergar las aves expulsadas del delta del Llobregat y evocar de esta forma los manglares de la Florida del Hard Rock. La política de vuelo gallináceo del independentismo está contagiando gravemente a la izquierda.

No deja de ser paradójico que cierto progresismo catalán –que arquea preocupado la ceja ante lo que considera chalaneo para conseguir prestaciones sociales– aborde con suma indulgencia el negocio urbanístico con 104 hectáreas del Hard Rock, que la Caixa compró a 30 euros el metro cuadrado en régimen de expropiación forzosa y ahora se prevé que sean adquiridas por la Generalitat por 115 euros el metro cuadrado. En la Cataluña del postprocés y sin presupuestos lo único que sigue su camino sin pestañear es el macrocasino de Salou."            (Francesc Valls, El País, 14/04/24)

20/1/23

Todos se van... Junqueras, al grito de "Junqueras, traidor, te queremos en prisión". El líder de ERC tiene que irse de la protesta en Montjuïc... también se invita a irse a otros colectivos: "gabachos y ñordos, largaros de nuestro país"... y Aragonés también se va, antes de escuchar La Marsellesa... inspirados, sin duda, por la gran Lola Flores, cuando exclamaba '¡Si me queréis, irse!'

 "Junqueras, traidor, te queremos en prisión". El líder de ERC tiene que irse de la protesta en Montjuïc.

El presidente de Esquerra, Oriol Junqueras, ha asistido a la manifestación independentista contra la celebración de la cumbre entre los gobiernos español y francés en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) en Barcelona con gritos de "Puigdemont, presidente" y el ha abandonado antes de tiempo abucheado por una parte de los asistentes.

Ante la delegación republicana, encabezada por Junqueras, varias personas han gritado "Junqueras, traidor, te queremos en prisión" y "fuera botiflers de nuestro Parlament". Esta escena ha pasado momentos antes de la lectura del manifiesto. El líder de ERC, de hecho, ha abandonado la protesta antes de tiempo porque increpado por una serie de independentistas, que le han abucheado y la han silbado mientras se marchaba.

La ANC, Òmnium Cultural y el Consell per la República, entidades convocantes de la protesta, han denunciado el papel de ambos estados en la "vulneración sistemática de derechos fundamentales" del independentismo. El manifiesto independentista también ha expuesto que "España y Francia no tienen ninguna intención de afrontar el conflicto político de los Països Catalans de forma democrática". (e-notícies, 19/01/23)

 

"Supremacismo en Montjuïc. Pancartas contra "ñordos" en la manifestación indepe.

 La manifestación independentista contra la cumbre hispano-francesa que ha reunido a Pedro Sánchez y Emmanuel Macron en Montjuïc ha incluido pancartas de corte supremacista, como la que muestra la fotografía, donde de puede leer "gabachos y ñordos, largaros de nuestro país".

La manifestación ha reunido a 6.500 personas según la Guardia Urbana y 30.000, según la organización, bajo el lema "¡Aquí no ha terminado nada!". Miles de personas se han concentrado en las Cuatro Columnas de Puig y Cadafalch, a los pies de Montjuïc, convocadas por el Consell de la República, la ANC y Òmnium, junto con una treintena de entidades más y el apoyo de ERC, Junts y la CUP.

No es la primera vez que se pueden ver este tipo de pancartas en manifestaciones independentistas. En la celebrada el 18 de diciembre de 2021 a favor de la inmersión también pudieron verse algunas que pedían "fuera colonos" o "fuera botiflers".

En aquella ocasión, la manifesatción estaba copada básicamente por personal docente que exigía "escuela en catalán", pero también el entonces líder de Òmnium, Jordi Cuixart, o líderes sindicales como Camil Ros (UGT) o Javier Pacheco (CCOO)."             (e-notícies, 19/01/23)


 "Feo de Aragonés a Macron. Se va antes de escuchar la Marsellesa.

 El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, se ha ido de la ceremonia previa a la cumbre en cuanto ha terminado primero el saludo con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y unos minutos después el recibimiento, al presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron."          (e-notícies, 19/01/23)

El presidente no se ha quedado en presenciar los honores militares ni en escuchar a los himnos nacionales de Francia y España. Posteriormente, Aragonés ha explicado que por no "dar carta de validez reconociendo al Ejército como propio".

13/1/23

e-notícies: El año del fin del proceso... El independentismo logra la reforma de la sedición y de la malversación pero ni la autodeterminación ni la amnistía

 "El independentismo acaba el 2022 sin conseguir dos de los principales objetivos que se había marcado el Govern de la Generalitat, como son el referéndum de autodeterminación y la amnistía. El gobierno español ya ha dejado claro por activa y por pasiva que no accederá a ninguna de estas dos peticiones.

A cambio, sí que ha obtenido dos victorias parciales, como son la modificación de los delitos de sedición y malversación. Sin embargo, esto en la práctica sólo beneficia a unos pocos dirigentes de ERC ya que el resto de encausados independentistas mantienen sus procesos judiciales abiertos.

También supone una renuncia, ya que los pactos entre ERC y el Estado constatan que los republicanos acatan el marco judicial español y desisten de cualquier intento de saltarse la Constitución. Este hecho ha sido remarcado con insistencia desde el gobierno central.

La última mala noticia para el independentismo es el cierre de la mesa de diálogo por parte del presidente español, que cree que seguir con la misma no tiene sentido ya que con las reformas de los delitos de sedición y malversación el diálogo "ya ha dado sus frutos".

Sin embargo, desde el Ejecutivo catalán se insiste en un referéndum que el presidente catalán, Pere Aragonès, considera "una cuestión de voluntad política" y se resisten a dar por cerrada la citada mesa. Pese a esto, Pedro Sánchez sentenció días atrás que "el proceso se ha terminado".  
         (e-notícies, 30/12/22)

11/1/23

Xavier Rius: El President nos enreda con el Acuerdo de Claridad... Clarity Act impide, de facto, la celebración de un nuevo referédum con garantías de éxito La prueba es que el Partido Quebequés se opuso. Nunca la ha aceptado. Debate cerrado... El proceso ha terminado suprimiendo la sedición y rebajando la malversación para salvar el culo a una treintena de altos cargos de Esquerra... Pero no era eso, compañeros

 "El presidente nos enreda con el Acuerdo de Claridad.  

No habrá referéndum en el 2023. Ni más adelante. No se han leído Clarity Act. Esquerra debe vender algo a su electorado.  

De entrada deja claro que Quebec no tiene derecho a “proceder unilateralmente” a la secesión. Que "el desmembramiento de un Estado democrático" -nos guste o no España lo es- es "una cuestión de extrema gravedad".  

Sí admite el derecho a decidir de Quebec. Pero, no se engañemos, el Acuerdo de Claridad lo hizo el Tribunal Supremo canadiense. Es evidente que nunca pondrá las cosas fáciles. De hacerse un tercer referéndum -y con las comdiciones fijadas- no era la independencia automática sino que se abriría un proceso para “negociar la secesión”. 

 Ahora bien, para que sea “legal”, es necesaria también “una modificación de la Constitución de Canadá”. Y una eventual negociación, en caso de que ganara el sí, participarían "el conjunto de las provincias de Canadá". Aquí, las comunidades autónomas. 

 La Cámara de los Comunes -el Congreso de los Diputados en el caso español- tiene "un rol importante que jugar" para determinar "la mayoría suficientemente clara" a favor de la independencia. Es necesaria “una mayoría reforzada”. El 51% no sería suficiente.  

Por otra parte, tendría en cuenta "todos los partidos políticos" parlamentarios de "la provincia que quiere la secesión. Aquí, PSC, Vox, Ciudadanos y PP. Incluso los Comunes. ¿Los Comunes están a favor de la indepedencia? Yo creo que ni Jaume Asens. 

 Clarity Act impide, de facto, la celebración de un nuevo referédum con garantías de éxito La prueba es que el Partido Quebequés se opuso. Nunca la ha aceptado. Debate cerrado.  

Pero ya entiendo que Esquerra debe vender algo a su electorado. Insistieron tanto con el “queremos votar” que algo deben ofrecer. El propio Pedro Sánchez ha dejado claro, en su comparecencia que "en la Constitución no se reconoce el derecho a la independencia de ningún territorio". Sí, ya sé que Pere Aragonès, en su mensaje de Navidad, sacó pecho. "Se dijo que era imposible derogar la sedición" y se derogó "Se dijo que era imposible modificar el delito de malversación" y se modificó. Pero un referendo es una línea roja.  

Ciertamente, no cabe en la Constitución. Y Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno. Además nacido en Madrid. Como sus antcesores eran nacidos en Santiago de Compostela (Rajoy), León (Zapatero) o Madrid (Aznar). Es evidente que no estarán a favor de la independencia de Catalunya ni de los Països Catalans. Además, siempre dijeron que el referendo bueno era el del 2017.  

¿Entonces? La zanahoria. Presionada por Junts y la CUP, Esquerra necesita aferrarse a una esperanza. Antes, ellos eran los indepes en serio y los convergentes eran el partido de los tenderos. Ahora se han invertido los papeles. Pero los de Junts tampoco hicieron nada. Puigdemont suspendió la independencia porque existían “iniciativas de negociación”. Incluso dijo que había "internacionales". No era verdad. A lo sumo el PNV. El lendakari Urkullu como quedó patente en el juicio del Supremo.  

Todavía ni siquiera esto era una “negociación” era una muestra de buena voluntad. No negocian si dos no quieren y Rajoy también dejó claro. Nunca un presidente del Gobierno español, del color que sea, negociaría con una 'comunidad autónoma' a través de otra comunidad autónoma.  

Recuerdo que cuando Trump se entrevistó con Kim Jong-il, el líder norcoreano, lo hizo sin intermediarios y eran enemigos enconados. Mientras que los de la CUP siempre dan lecciones, pero no tuvieron a nadie en prisión. Incluso a Anna Gabriel -la que iba con camisetas de “Sin miedo” por el Parlament ha agachado la cabeza. Y se marchó porque quiso: el delito de desobediencia de lo que la acusaban no está penado en penas de prisión, sino de inhabilitación. 

 El problema de fondo es que la independencia era imposible. No porque España no quisiera, que también, sino porque más de la mitad de los catalanes no la querían. En un censo electoral de 5,5 millones aproximadamente siempre salían dos millones más o menos: el 9-N, el 2015, el 2017, el 2021. En las últimas elecciones subió al 51%, pero perdieron 600.000 votos por el camino: 1,4 millones. Y así resulta muy difícil declarar la independencia de un territorio cuando la mitad de la gente no quiere.  

¿Qué hacemos con éstos? ¿Los ignoramos? ¿Los escondemos bajo la alfombra? ¿Los expulsamos? ¿Los encarcelamos? Por eso se han dado casos de supremacismo, de mirar por encima del hombro. Éstos no eran buenos catalanes. Pero, con la ley en la mano, un votante de Vox es tan catalán como uno de la CUP. 

 De hecho, como sabéis, en las últimas elecciones Vox sacó más votos y escaños que la CUP, que siempre ha ido de conciencia nacional del proceso.  

Pero dejadme decir otra cosa: lo sabía todo el mundo. Todo el mundo sabía que esto saldría mal. No sólo porque el deseo de independencia no era unánimo o casi.

 También porque la Unión Europea no quiere dolores de cabeza. La UE la han realizado los estados, no las naciones sin estado o las regiones. Y la hicieron, al terminar la II Guerra Mundial, para evitar otro conflicto en Europa. La UE ya tenía suficientes problemas entre la crisis económica, los refugiados, Putin o su propio futuro como para hacer caso a la reivindicación de los catalanes o parte de los catalanes.  

Me ahorro otros comentarios, pero los festejos con Rusia -yo creo que fue hacer volar palomas- tampoco ayudaron. En efecto, lo sabía todo el mundo Al menos los de arriba, las tres o cuatro mil familias -Gobierno, consejeros, dirigentes de Esquerra, de Junts, de la CUP-, altos cargos de la Generalitat y lo que podríamos llamar 'cooperadores necesarios' para inflar el globo.  

Desde Pilar Rahola a Carlos Viver Pi-Sunyer pasando por Franesc-Marc Álvaro o Vicent Sanchis. ¿Creéis que gente de su nivel, de su background, de sus contactos no lo sabían? Claro que lo sabían Pero es más fácil apuntarse al carro que nadar contracorriente.  

En fin, han dejado todos juntos a un país malparado. Sería demasiado largo realizar un balance de los daños políticos, económicos, sociales, culturales e incluso deportivos.  

Hemos estado -han estado- mareando la perdiz durante 10 años. Veinte si se añade el debate del Estatut.

Lo pagarán nuestros hijos porque, en plena revolución tecnología, el resto de países no esperarán a que los catalanes se pongan las pilas.  

Basta con ver el bloqueo político. Un gobierno en minoría que no puede aprobar ni los Presupuestos. O el hecho de que, en los últimos años, nunca se hayan presentado a la vez. Sin olvidar las elecciones anticipadas. Más que en Grecia. Maragall, unas. Mas, dos. Luego, Puigdemont. Esto tampoco es bueno.

Hemos convertido a Cataluña en un país inestable políticamente. Como aquellos países que tienen la desgracia de vivir en territorios sismológicamente peligrosos. 

 De hecho, después de la aplicación del 155 retrocedimos 40 años. Volvimos a los inicios de la Transición cuando se pedía "libertad, amnistía y Estatuto de Autononomía".  

Terminaré con dos preguntas: 

 - ¿Vamos bien? No, por supuesto 

 - ¿Estamos mejor o estamos peor? Peor, también es evidente.  

Ahora insisten en solucionar el "conflicto político". En buena parte lo crearon ellos o le alimentaron. El proceso ha terminado suprimiendo la sedición y rebajando la malversación para salvar el culo a una treintena de altos cargos de Esquerra. 

Pero no era eso, compañeros."           (Xavier Rius, director de e-notícies, 27/12/22; traducción google)

15/11/22

Albert Soler: A mí me parece de perlas que para acabar con el conflicto catalán... El problema es que, por más que lo busco, no hallo este famoso conflicto catalán. Salgo de buena mañana de casa, me tomo un café en La Tahona y no veo conflicto alguno entre los parroquianos, a no ser que el día anterior hubiera fútbol... A saber dónde debe estar el famoso conflicto que obliga a reformar leyes para resolverlo. Habrá que preguntarle a Pedro Sánchez... El conflicto de algunos catalanes es llegar a fin de mes, el de otros es que su señora no les ponga los cuernos y el de los de más allá, averiguar de una vez qué género les corresponde. El mío, más modesto, es que me sirvan la cerveza helada, que es como me gusta. También hay catalanes cuyo conflicto es no vivir en la 'republiqueta' que sus líderes les prometieron, y unos pocos tienen el conflicto de haber sido condenados a cárcel e inhabilitación... Como se ve, conflictos no nos faltan, pero ninguno de ellos es un “conflicto catalán” que a todos ataña... Tal vez piensan en Madrid que a alguien le importa que de vez en cuando los lacistas protesten, acusen, berreen o se manifiesten. No es que para solucionar eso no haga falta reformar ley alguna, es que solucionar eso ni siquiera merece la pena. Con lo que nos reímos a su costa

 "A mí me parece de perlas que para acabar con el conflicto catalán se eliminen delitos del Código Penal; para acabar con un conflicto todo vale, hasta suprimir el propio Código Penal si se tercia, que los conflictos son muy feos. El problema es que, por más que lo busco, no hallo este famoso conflicto catalán. Salgo de buena mañana de casa, me tomo un café en La Tahona y no veo conflicto alguno entre los parroquianos, a no ser que el día anterior hubiera fútbol. De camino al periódico, me fijo en los viandantes y están como siempre, sin conflicto a la vista.  

Los semáforos funcionan, esquivo bicicletas y patinetes con la habilidad que otorga la experiencia, hablo con conocidos, los aviones surcan el cielo, las fuentes sueltan agua, se vende lotería de Navidad y estamos todos esperando que empiece el Mundial porque nos importa un bledo que se celebre en Qatar. A saber dónde debe estar el famoso conflicto que obliga a reformar leyes para resolverlo. Habrá que preguntarle a Pedro Sánchez.

 En Catalunya hay tantos conflictos como catalanes, cada cual tiene el suyo propio. El conflicto de algunos catalanes es llegar a fin de mes, el de otros es que su señora no les ponga los cuernos y el de los de más allá, averiguar de una vez qué género les corresponde. El mío, más modesto, es que me sirvan la cerveza helada, que es como me gusta. También hay catalanes cuyo conflicto es no vivir en la 'republiqueta' que sus líderes les prometieron, y unos pocos tienen el conflicto de haber sido condenados a cárcel e inhabilitación. El conflicto de Junqueras, en particular, es su ignorancia jurídica: por eso anda reclamando que no se castigue la “malversación de pensamiento”, que jamás ha sido castigada. A la vista está que el orondo dirigente de ERC cae en el pecado de la gula sin tiempo a pensarlo siquiera, de ahí que confunda pensamiento y acto.

 Como se ve, conflictos no nos faltan, pero ninguno de ellos es un “conflicto catalán” que a todos ataña.

 Igual es que desde Madrid, que es donde viven los que mandan, lo tienen mal entendido. Tal vez piensan, cosas la distancia, que a alguien le importa que de vez en cuando los lacistas protesten, acusen, berreen o se manifiesten. No es que para solucionar eso no haga falta reformar ley alguna, es que solucionar eso ni siquiera merece la pena. Con lo que nos reímos a su costa."              (Albert Soler, El periódico, 15/11/22)

21/10/22

Antonio Santamaría: Se cierra el ciclo del ‘procés’... La ruptura de la coalición de ERC y Junts pone fin a las convulsiones políticas que siguieron al fracaso de la vía unilateral para la independencia de Cataluña...

 "La rápida recomposición del Go- bierno de la Generalitat des- pués de la salida de los ‘con sellers’ de Junts cierra la larga crisis entre los socios y apunta a un giro en el eje de dominancia de la política catalana, centrado monotemáticamente desde hace doce años en la independencia, si contamos desde la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut (julio 2010). 

La inclusión como independientes, en el Ejecutivo monocolor de ERC, de Joaquim Nadal, líder histórico del sector catalanista del PSC, y Gemma Ubasart, primera dirigente de Podemos en Cataluña, muestra una orientación hacia la izquierda tripartita. También, con Carles Campuzano, un guiño a los sectores de la vieja Convergència que se han resistido a romper la coalición gubernamental y abandonar sus parcelas de poder. 

Con el apoyo de solo 33 diputados de 135, se ciernen dudas razonables sobre la duración de este Gabinete, que puede contar con el apoyo de los Comunes y la benevolente ayuda de los socialistas, como se apresuró a manifestar Pedro Sánchez. 

Las municipales de mayo de 2023 podrían señalar su fecha de caducidad. Tras las autonómicas de febrero de 2021, en plena pandemia y con una baja participación, se produjo el sorpaso de ERC por la mínima diferencia de un escaño respecto a Junts. Según los pactos suscritos desde las plebiscitarias de 2015, la presidencia de la Generalitat corresponde al partido independentista más votado, y la vicepresidencia y la presidencia del Parlament, al segundo. 

Esquerra cumplió sin rechistar estos acuerdos invistiendo a Artur Mas, Carles Puigdemont y Quim Torra. Cuando a Junts le ha tocado asumir estos pactos, se han multiplicado los problemas. Jordi Sánchez, entonces secretario general de la formación, expresidente de Omnium Cultural, condenado a nueve años de prisión e indultado, hubo de emplearse a fondo para vencer las resistencias de Waterloo, que a la postre le costaron su dimisión.

Pere Aragonès, que previamente había cerrado un acuerdo con la CUP –ahora roto–, hubo de someterse a tres sesiones de investidura hasta conseguir los votos de Junts. Desde entonces se sucedieron los choques entre los socios. El primero de envergadura se produjo con la pretensión provocadora de Junts de incluir en la mesa de diálogo con el Gobierno español –la apuesta estratégica de ERC– a miembros del partido que no formaban parte del Ejecutivo catalán. 

Aragonès tuvo que dar un golpe de autoridad y excluirlos de la mesa. Los desencuentros continuaron con temas de gran calado como, por ejemplo, la ampliación del aeropuerto de Barcelona. Las tensiones llegaron al paroxismo con la suspensión, en aplicación del reglamento del Parlament, de Laura Borràs, presidenta de Junts, de su condición de diputada y presidenta de la Cámara, imputada por diversos presuntos delitos de corrupción. 

Junts resulta una formación de aluvión, formada por elementos de muy diversas procedencias y restos de la vieja Convergència, cuya argamasa es el liderazgo carismático de Puigdemont y un discurso nacional-populista con numerosos puntos de contacto con movimientos europeos del mismo signo. 

La consulta de Junts a sus militantes también sirvió para dirimir la correlación de fuerzas en su seno: mientras las bases siguieron la consigna de Puigdemont y Borràs de romper con ERC, la mayoría de los cargos públicos votaron por permanecer en el Ejecutivo. En los años del ‘procés’, el debate de política general de finales de septiembre servía de caja de resonancia de las masivas diadas independentistas y para señalar la hoja de ruta para alcanzar la independencia.

 En esta ocasión, la Assemblea Nacional de Catalunya (ANC) organizó una Diada contra Esquerra con durísimas críticas a la mesa de diálogo, considerada una trampa del Gobierno español para anestesiar al independentismo y devolverlo al redil autonomista. Quizás, en vísperas del quinto aniversario del 1 de octubre, la dirección de Junts calculó que Aragonès acabaría cediendo al clamor de los sectores más movilizados del secesionismo. 

La ruptura de la coalición señala el punto de inflexión de las turbulencias y convulsiones políticas que han seguido al fracaso de la vía unilateral ensayada en septiembre y octubre de 2017. Un divorcio que responde a divergencias de carácter estratégico entre ambas formaciones. Desde Junts se insiste, contra todas las evidencias, en la validez de la vía unilateral, basada en la legitimidad del 1 de octubre. 

La nación catalana se autodeterminó entonces, y ahora solo resta implementar la independencia. La propuesta quebequesa de ERC presupone declarar amortizada esa supuesta legitimidad y obliga a recorrer el largo camino de ampliar la base social hasta conseguir una amplia mayoría –ahora inexistente– de la sociedad y negociar con el Gobierno central las condiciones para convocar un referéndum de autodeterminación vinculante y reconocido internacionalmente. De modo que, implícitamente, se entierra el ciclo del ‘procés’ inaugurado hace doce años."           (Antonio Santamaría, El Correo, 11/10/22)

13/10/22

Coscubiela: En Catalunya nada es lo que parece... En los últimos años nos hemos hecho adictos a la ficción... Artur Mas hizo frente a la gran recesión tirando mano de la ficción. Mientras aplicaba de manera entusiasta los recortes en Catalunya, se manifestaba en su contra si venían de España... Durante años, en el Parlament se han aprobado todo tipo de resoluciones con la clara intención de no tenerlas que aplicar... Después de la aplicación del artículo 155 se escenificó una oposición a cara de perro, pero en realidad los altos cargos de la Generalitat colaboraron eficientemente en su aplicación... Al final, tanta ficción se les ha escapado de las manos... En pocos días hemos visto cosas inimaginables. La mayoría independentista ha explosionado, el procés ha pasado a mejor vida, ERC ha enterrado el mandato democrático del 1-O, ese que nunca existió, a pesar de que simularon que existía y se lo creían. Pero todo sigue igual, en Catalunya nada es lo que parece

 "En Catalunya nada es lo que parece. No sufran, no pretendo descubrir ninguna seña de identidad del pueblo catalán. Eso mismo puede afirmarse, en mayor o menor medida, de otras sociedades. Pero, sin ser una característica exclusiva de Catalunya, se ha convertido en una marca, distinción de la casa. 

En los últimos años nos hemos hecho adictos a la ficción. Aunque la cosa viene de lejos y tiene raíces profundas. Jordi Pujol aparentó creerse lo de “som un sol poble”, apropiándose del pensamiento de Josep Benet pero no de su concepto de país. Durante décadas alimentó unos imaginarios, algunos muy esencialistas y victimistas, que sembraron muchas semillas de frutos posteriores. 

 Artur Mas hizo frente a la gran recesión tirando mano de la ficción. Mientras aplicaba de manera entusiasta los recortes en Catalunya, se manifestaba en su contra si venían de España. Cuando se vio acorralado por la reacción social, se convirtió al independentismo, que nunca había sido lo suyo.

Durante años, en el Parlament se han aprobado todo tipo de resoluciones, comenzando por la 1/XI de 9 de noviembre que dio inicio al procés polític, con la clara intención de no tenerlas que aplicar. 

Los dirigentes independentistas hicieron creer a sus bases que la independencia estaba muy cerca, que saldríamos de España, manteniéndonos en la UE, que el mundo entero nos reconocería como Estado soberano y que la DUI (Declaración Unilateral de Independencia) era viable. Todos hacían que se lo creían, esperando que fuera otro el que pusiera el freno de mano, les dijera a los suyos que los reyes magos son los padres y cargar con el letrero de traidor.

Después de la aplicación del artículo 155 se escenificó una oposición a cara de perro, pero en realidad los altos cargos de la Generalitat colaboraron eficientemente en su aplicación, como luego se ha comprobado. 

La ciudadanía indepe se apuntó a la liturgia revolucionaria, se imponía sacrificios a la ciudadanía, se los exigían a sus dirigentes, pero no estaban dispuestos a arriesgar ni un día de sus ingresos. En Catalunya, durante el procés, se ha inventado la huelga sin riesgos ni descuentos de salarios. 

Luego nos dijeron que lo volverían a hacer sin que nunca se supiera muy bien en qué consistía eso. Y frente a ese compromiso que sonaba a advertencia, se levantó airada una derecha política y mediática que aparentó creerse la nueva ficción para así poder mantener alta la tensión. 

La atracción por aparentar lo que en realidad no es, no ha sido exclusiva del independentismo. Algunas fuerzas políticas como Ciutadans se lamentan de la quiebra de la sociedad catalana, cuando en realidad la aprovechan y en ocasiones la alimentan para crecer electoralmente. Quizás por eso les sienta fatal la desinflamación del conflicto.

Mientras se hace ver que estamos en la gran guerra, Junts y PSC gobiernan, ellos sí juntos, la diputación de Barcelona. A nivel local se pueden encontrar todo tipo de acuerdos de gobierno entre partidos que simulan que no se soportan.

También en el terreno de la comunicación, algunos medios hacían como que informaban, cuando en realidad agitaban y hasta en ocasiones se convertían en los directores de la orquesta y los que marcaban la hoja de ruta. 

Durante los cinco años posteriores al otoño del 2017, ERC y Junts han estado fingiendo que tenían cada uno una estrategia distinta para alcanzar la independencia. Pero también en eso nada es lo que parece, nunca han tenido ninguna.  

Sus encontronazos aparentan ser por diferencias sobre las políticas independentistas, cuando en realidad son una pugna insomne por el control del gobierno autonómico, ese por el que se matan políticamente mientras aparentan despreciarlo. 

Al final, tanta ficción se les ha escapado de las manos. A la operación “acoso sin derribo” puesta en marcha por Junts contra el presidente Aragonès le ha faltado la finezza de Pujol. A un profesional de la política como Turull nunca le hubieran explotado en las manos los fuegos artificiales, pero no es él quien conduce la nave. 

Alguien hizo ver que Puigdemont se había retirado y que Borràs estaba neutralizada, pero en Junts tampoco nada es lo que parece. Quieren que nos creamos que tienen dos sensibilidades distintas cuando en realidad lo que determina las diferencias son intereses personales tan potentes como la situación procesal de Puigdemont y Borrás. 

En pocos días hemos visto cosas inimaginables. La mayoría independentista ha explosionado, el procés ha pasado a mejor vida, ERC ha enterrado el mandato democrático del 1-O, ese que nunca existió, a pesar de que simularon que existía y se lo creían. Pero todo sigue igual, en Catalunya nada es lo que parece. 

El president Aragonès alardea de una habilidad, que nadie le niega, para hacernos creer que tiene mayoría parlamentaria con la que gobernar en solitario. Junqueras, que es el “cazatalentos” de ERC, ha puesto en funcionamiento sus dotes de Cardenal Mazarino, el de simula y disimula, para que parezca que 33 escaños son el 81% del Parlament. 

La aportación de tres notables incorporaciones le va a dar más solvencia a la acción del gobierno, pero no parece que sea un puente para ampliar mayorías. Por mucho que algunos profesionales de la comunicación hayan comprado ese relato, envasado y remitido directamente por el emisor, en el que de nuevo se aparenta lo que en realidad no es. 

De todas las incorporaciones, la única que puede tener recorrido político es la de Carles Campuzano ,porque representa a un colectivo de huérfanos convergentes que de momento no ha conseguido articularse políticamente. 

En este proceso de aparentar lo que no es, Junqueras le niega interlocución a Salvador Illa y al PSC mientras se la exige a Pedro Sánchez. A los Comuns no se la niega, pero tampoco se la ofrece. Para el nacionalismo catalán las izquierdas buenas siempre han sido las que están lejos, en España. Las de casa, con las que compiten electoralmente, no son de su agrado.   

Tampoco eso es tan novedoso como parece. Se trata de una maniobra con rancias raíces pujolistas. El president se pasó todo el tiempo intentando ningunear a Raimon Obiols mientras establecía una solida alianza con Felipe González. Luego, Artur Mas repitió la operación con el Estatut. Consiguió puentear al president Maragall para pactar directamente con Zapatero. Ahora, Junqueras pretende repetir de nuevo la jugada de entenderse con los partidos españoles, mientras ningunea a sus homónimos catalanes. 

En esta Catalunya donde nada es lo que parece, nuestro Cardenal Mazarino nos quiere vender que lo hace por la “complicidad represora” del PSC, como si el papel de los socialistas, como el de los Comunes, no hubiera sido clave para la concesión de los indultos. 

Con esta jugada, que se ve venir a kilómetros de distancia, Junqueras trata de esconder las verdaderas razones. En su obsesión por la hegemonía política en Catalunya, Junts es un obstáculo para su proyecto de convertir ERC en el Scotish National Party. Pero sus adversarios políticos son el PSC y los Comunes. 

Es evidente que esta operación solo funcionará si los dirigentes estatales de las izquierdas se prestan a ello. Esperemos que a Pedro Sánchez no le entre un ataque intenso de tacticismo. 

Con Yolanda Díaz, ERC tiene peor la cosa, Rufián ya le confirmó en el debate de la reforma laboral –si fuera por él nunca se hubiera aprobado- que la considera su principal adversaria. 

Haría bien la vicepresidenta en explicárselo a Jaume Asens, cuyas memorias seguro nos desvelan las razones de su amor político desinteresado por Puigdemont, el presidente legítimo. Con Pablo Iglesias mejor que ni lo intente, tiene su propia agenda y va a la suya, como se encarga de demostrarnos cada día.

Ya sé que voy a contracorriente de los que avistan un desbloqueo de la situación a la vuelta de la esquina, y un nuevo tripartito a corto plazo -yo también lo deseo- pero tampoco en eso las cosas en Catalunya son lo que parecen. 

No creo que ERC haya hecho este largo, complicado y duro trayecto para llegar hasta aquí. Antes, han de pasar muchas cosas. Entre ellas, que la apariencia ceda el paso a la realidad. Eso no se consigue de manera inmediata, hay que desandar mucho camino y lo ha de desandar mucha gente. La cosa sería menos difícil si en Catalunya todos nos empeñáramos en que las cosas parezcan lo que en realidad son."         (Joan Coscubiela , eldiario.es,  12/10/22)

11/10/22

Aragonès entierra la independencia... al echar mano para formar su gobierno de ex-miembros de PSC, CDC y Podemos en el nuevo Govern

 "El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, ha hecho pública la lista de los consejeros que configuran el nuevo gobierno en solitario de ERC. El nuevo ejecutivo, además de miembros de ERC, cuenta con independientes y antiguos dirigentes de otras formaciones políticas como PSC, Podemos y CDC.
 
Aragonès ha sustituido a los 7 consejeros salientes por 7 nuevos, algunos próximos a otras sensibilidades políticas como el PSC, la antigua Convergència y Podemos. Es el caso de Joaquim Nadal, histórico dirigente socialista, que será el nuevo consejero de Investigación y Universidades.

También el de Carlos Campuzano, exdiputado convergente, que ahora ocupará el departamento de Derechos Sociales. Y el de Gemma Ubasart, que fue líder de Podemos Catalunya, y que ahora será la nueva consejera de Justicia. Una cartera que incorpora en el nombre de Derechos y Memoria para remarcar que son competencias prioritarias para el gobierno.

Aragonès también tiene un gesto con el exilio con la incorporación de Meritxell Serret en la conselleria de Acció Exterior. Natàlia Mas será la primera mujer en ocupar el cargo de consejera de Economía de la historia de Catalunya. (...)"         
        (e-notícies, 10/10/22)

10/10/22

Lo de Catalunya... Un sector de JxC, bendecido por Waterloo, se ha lanzado a crear un espacio relacionado con la moderna extrema derecha, antes de que la ANC lo haga formalmente... ANC es ahora es un grupo antipolítico, esencialista, inocente del mayor engaño habido en la política catalana, y –sumamente– antiizquierdista... de este modo, si Feijóo gana las próximas elecciones, y no convierta la política estatal en un combate entre extremas derechas 2.0, podrían llegar a un acuerdo entre extremas derechas 2.0

 "(...) Bueno, este artículo pretende explicarles lo acaecido en Cat –sinopsis: JxC abandona el Govern tras una consulta; la única consulta efectiva desde 2012, lo que tiene guasa–. Pero desde otro punto de vista, alejado del fake propuesto por diversos partidos y reproducido por diversos medios. (...)

3- Desde 2012, la construcción de la agenda política cat sucedía el 11-S. La explicación es que no era una gran agenda política, sino su aplazamiento a través de la propaganda, fundamentada en la construcción de una mani gigantesca, y de declaraciones y formación de estados de ánimo en torno a ella, reproducidas en los medios, en modo demostración sindical.

4- Este año, el 11-S no estuvo muy rollizo. Poca gente. Lo que puede ser, incluso, secundario. Lo raro, lo inaudito, lo verdaderamente categórico fue la ausencia de cualquier intento de crear una agenda anual. Salvo JxC, cuya propuesta de agenda venía a ser el Chicken Game de toda la vida: acusar a su socio, ERC, de ser traidores y tibios, y de no tener lo que hay que tener para satisfacer a una nación. Lo que es ya un clásico y un subgénero informativo, un oficio, en los medios públicos y concertados cat. (...)

6- En el Debat, JxC propuso intensificar la partida de Chicken Game, a partir de una propuesta de tres puntos. A) establecer un alto mando común que coordinara a JxC y a ERC. B) Reorientar la Mesa de negociación con el Gobierno, de manera que b.1) su delegación cat pudiera estar compuesta por ex-presos, y b.2) su temática solo abarcara los temas amnistía y autodeterminación. Y, finalmente, C), unificar los grupos parlamentarios de JxC y ERC en el Congreso. A su vez, Aragonés/ERC propuso como agenda el establecimiento de una Ley de Claridad, para reivindicar, con ella y frente al Gobierno, un referéndum pactado.

7- Las propuestas de JxC y de ERC parecen diáfanas. Pero como todo en Cat y en el Báltico, no son lo que aparentan. Se las traduzco.

8- La propuesta de JxC consiste en una vuelta a los glory days de 2017. La absorción de ERC por JxC y la emisión vertical de propaganda, que volvería a substituir a la política. La propuesta de JxC era una OPA –otra, vamos– a ERC. Bajo la amenaza de que, en caso de que esa oferta se rechazara, ERC sería expulsada a las tinieblas exteriores del Chicken Game. Parece ridículo. Lo es. Pero siempre les ha funcionado desde que Junqueras es el gran ideólogo de ERC. La propuesta de ERC era, a su vez, importante. Un cambio radical y que nadie valoró. Se trataba de elaborar algo parecido a la Ley de Claridad canadiense, que en su día paralizó el independentismo quebecois, hasta convertirlo en una anécdota histórica. Aquí abajo sería un bonito final del procesismo. Con una pega. Es imposible. El Estado, fiel a la idea de nación única de la I Restauración –la misma idea viejuna e inoperante de nación disponible en Cat, por otra parte–, no puede pactar ni siquiera una ley que impida hacer referéndums, como sería el caso, al aparecer en ella el palabro referéndum. (...)

El independentismo que queda –poco elaborado, sin recorrido más allá del sentimental y propagandístico; yo sigo llamándolo procesismo–, es el nuevo autonomismo. Unos –la derecha– optan por un autonomismo apasionado, siempre a punto de dejar de serlo, repleto de enemigos internos que lo impiden, vibrante, fundamentado en la retórica de la Revolución Pendiente, mientras que otros –la Tercera Vía–, apuestan por jubilar el tema con cierto decoro y dedicarse al gobierno de esta C.A. de tercera, si bien con sueldos de Premier.

 10- La cosa se podría haber quedado ahí. Que es donde se quedan las cosas en Cat. Para ello hay una programación sustentada en la información sentimentalizada y en la tertulia, en la que se discute todo el día, sin solución, lo que la política elige que sea discutido. Pero, en esta ocasión, no fue así. La cosa ganó agresividad cuando JxC profundizó más allá de la lógica el Chicken Game, y soltó la propuesta de una moción de confianza a Aragonés, en el caso de que rechazara los tres puntos de JxC y de la catalanidad pura y verdadera. Eso supuso el calentón de Aragonés y la posterior expulsión del Govern de su vicepresi, Puigneró.

11- Lo que dejó sin habla a Puigneró. Pero también a un sector de JxC. El sector que viene de CDC, y que tan solo quería seguir gobernando otro ratito. Y, en ese trance, consolidar su estructura como partido, a través de la parte del sueldo recaudada a unos 300 cargos gubernamentales, que reciben un bruto de 20M€ en sueldos. Pero ese mismo fenómeno que hizo callar a una parte de JxC, animó a hablar y a liarla a otro, que tenía otro plan. Porque, y esto es importante, había un plan en un sector de JxC.

 12- Ese sector parte del encuentro fortuito, en la anterior legislatura, de tres personas en un despacho del Parlament. Se trata del expresi Torra, autor de bellos textos supremacistas y hoy abandonado a sí mismo y a su sueldazo de expresi. Pero, más y mejor, se trata de Laura Borràs, expresi del Parlament, hoy diputada suspendida a la espera de juicio por posible mangoneo de dinero público, y se trata del diputado Francesc Dalmases. Puigdemont, si bien tiene afinidad ideológica, de estilo, de carácter, con ese sector, no tiene ningún tipo de simpatía personal hacia sus tres promotores. Pero a pesar de su desapego, Puigdemont dio a ese grupo un regalo fabuloso, con ocasión de los fastos del aniversario del 1-O. Dio por celebrado el referéndum de autodeterminación de Cat. Según él, se celebró hace cinco años, el día 1-O. Ese día se produjo una manifestación exitosa, duramente reprimida, y unas votaciones simbólicas, sin garantía alguna. Pocos días después de los fraudulentos referéndums rusos en Ucrania, Puigdemont cerraba –otra– oportunidad de empatía en –lo que queda de– la Europa liberal. Desacreditaba, hipotecaba el independentismo cat en términos democráticos internacionales. Pero ganaba, sellaba un espacio electoral en Cat. Una extrema derecha que, ya definitivamente, solo reconocía el voto de lo que asumía como poble / pueblo, y  que solo tenía que llegar al poder para declarar la indepe. Un mecanismo improbable para acceder a la indepe, pero que facilitaría la existencia en un Parlament de un grupo con esa idea restrictiva de democracia.

 13- Las cartas ya estaban echadas. La cosa no era una crisis de Govern. O no solo. Se trataba de un combate interno en JxC. Y, todo apunta a ello, se trataba de una futura escisión, que veremos, o no, próximamente. Entre un sector ex-CDC y otro, formado por personas que fueron felices en el ciclo propagandístico 2012-22, y que evolucionaron con la evolución del fake en el procesismo, cada vez más íntimo. Ese sector, que tuvo ocasión de dominar JxC, pero que en su día perdió las elecciones internas, ahora tenía la oportunidad de dominar el partido, o de salir de él como grupo homogéneo. Sucedía lo esperado por ese sector, lo que gestionó por meses. Y lo que nos lleva al famoso punto 14.

 14- Tras las elecciones de la ANC, en 2021, la ANC está quemando etapas. Hacia la antipolítica. La idea que está difundiendo es que no hubo indepe porque mintió la clase política. El movimiento procesista es inocente, puro, mientras que pasan a ser culpables del engaño los políticos. Más concretamente, los de ERC. Sorpresivamente, PDeCAT, JxC, que presidía el asunto, no mintió o mintió menos, o da lo mismo. Diversos políticos –entre ellos Torra, por ejemplo– han confesado al mundo que también se sintieron, snif, engañados –por ellos mismos, se supone–. Borràs, que defiende que su incorporación a la política fue el 1-O del 2017, y no a través del cargo por el que le va a caer un juicio, pues también. El resultado de todo ello es un nuevo perfil en ANC, que ahora es un grupo antipolítico, esencialista, inocente del mayor engaño habido en la política cat, y –sumamente– antiizquierdista. Lo que no es importante. Lo que sí lo es es que baraja, seriamente, hacer una lista electoral para las próximas elecciones, con todos esos ingredientes. Que ya son componentes intensos y literales de la extrema derecha 2.0 europea y americana. Esa posible lista futura ha causado terror en Bruselas y en el sector no CDC de JxC, que ven seriamente amenazados sus campos semánticos. Un sector de JxC, bendecido por Waterloo, se ha lanzado a crear un espacio relacionado con la moderna extrema derecha, antes de que ANC lo haga formalmente. JxC, un sector de JxC, el que ha votado masivamente en la consulta, exigiendo la salida del Govern, ¿ha preferido perder un sueldo en el Govern para jugársela, laboralmente –que lo de la indepe ni está ni se le espera–, en una futura lista dentro de la ANC, que aún no existe? Respuesta: así como suena. Y por dos razones. Razón a) estadísticamente, no cobraban. No tenían cargo, o lo habían perdido por posible mangue. Eran los nuevos, los recién incorporados, sin la cultura de la permanencia de CDC. Razón b) han tomado las decisiones a partir de las burbujas de gas en el mar, y no a partir de la explosión de la tubería. Las han tomado a partir de sus decisiones explicadas y oídas en medios de comunicación públicos y concertados. La han tomado sin saber lo más importante del procés. Que el procés es, literalmente, un programa de la tele. Como dejen de salir en ella, fin de la historia. Sin tele, y como Feijóo no gane las elecciones, y no convierta la política estatal en un combate entre extremas derechas 2.0, o en un acuerdo entre extremas derechas 2.0, no tendrán opciones. (...)

CUP no supo ver, en los últimos años, esencialismo y actitudes excluyentes hacia la vieja –y, por lo tanto, la nueva– inmigración, no supo ver extrema derecha 2.0 mientras pactaba con ella. Comuns, el primer partido de Cat en Elecciones Generales hasta que su lenguaje se confundió netamente con el del procesismo, aún mantiene cargos en el Congreso que aluden a Borràs como un ser de luz, o que, incluso, defienden que la derecha cat se autodisolvió en su día, en vez de refundarse varias veces, cada una más cerca del yuyu. El mismísimo Podemos con problemas para Sumar, se ve a sí mismo, y al procesismo, como víctimas del R’78, por lo que idealiza el discurso procesista para idealizar el suyo. Y sí, ambos son víctimas del R’78. Pero no solo. También lo son de sí mismos, de sus análisis sostenidos de mala calidad.  (...)

Cat, una sociedad sometida a neoliberalismo, a su ruptura social, a su cultivo de la identidad, a su exclusión forzada y cotidiana en grupos enfrentados, precisa una reacción cívica que impida hechos como que, ahora mismo, aún con la salida de JxC del Govern, la segunda autoridad de Cat sea la responsable de que se excluyeran de la sanidad, vía documento interno en plena pandemia, a grupos de edad. Solo hubo dos Gobiernos europeos que perpetraran ese ataque sin paliativos a los DD. HH. Llamamos de extrema derecha solo a uno.

 Aún siendo improbable, es precisa una reacción cívica también en el Govern, para invertir la debacle ética que vive Cat, para dotar al Govern, formado en el mito y la propaganda, de alguna herramienta ante lo que viene este otoño. Un ERE a personajes inquietantes y pasados, un Govern de izquierdas de amplio espectro, y la reformulación de TV3, el sitio en el sucede la política, serían los tres primeros pasos o señales. Veremos."                    (Guillem martínez, CTXT, 08/10/22)