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29/9/22

Innovación en el diseño del modelo lingüístico... La máxima debería ser “equidad sin uniformidad en el modelo lingüístico”... Bachillerato. A lo largo de los dos cursos del bachillerato, en los que los contenidos constituyen el núcleo de la enseñanza, las asignaturas deben impartirse en las dos lenguas... Una posible propuesta para mantener el equilibrio sería que al menos una de las asignaturas se impartiera en la lengua menos común entre los escolares

 "El tema de la lengua en Cataluña es “el eterno retorno”, en el sentido de una visión circular del tiempo, en este caso del modelo lingüístico. Para un nuevo pacto social por la lengua hay que salir del marco mental actual y dejar atrás mitos como la inmersión lingüística, el bilingüismo y la lengua materno-parental.

La inmersión lingüística como propuesta sobre la que se asienta la organización escolar tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Hay que distinguir entre las ventajas e inconvenientes desde el punto de vista instrumental, tanto profesional como coloquial, referente a la vida cotidiana en la educación, y ventajas e inconvenientes desde el punto de vista de la identidad y el reconocimiento cultural que conllevan todas las lenguas. 

El primero se refiere a las posibilidades que la enseñanza procura y que pueden revertir, por ejemplo, en las capacidades profesionales y en la competencia propia dentro del mercado de trabajo, así como en la propia formación académica precedente a la inserción laboral. El segundo se refiere al reconocimiento de la identidad cultural que conlleva la aceptación necesaria por el resto, tanto de los escolares como del profesorado. Las hipótesis son las siguientes:

Desde el punto de vista instrumental, la inmersión lingüística favorece a los monolingües en castellano, en el sentido expuesto en el párrafo anterior, pudiendo desfavorecer a los monolingües en catalán.

Desde el punto de vista de la identidad cultural, la situación se invierte, pues las ventajas serían para los monolingües en catalán y las desventajas, para los monolingües en castellano.

Las propuestas innovadoras para esta situación deberían partir de la siguiente premisa: “Una situación óptima no es sostenible para la escuela pública, ni siquiera para la mayor parte de la concertada”. Por lo tanto, como en tantas situaciones y decisiones de la vida, “hay que apostar por una propuesta satisfactoria”.

El diseño de las lenguas en la escuela es función de especialistas con una perspectiva multidisciplinar. Sin embargo, podemos vislumbrar las líneas por las que debería discurrir un modelo lingüístico innovador.

Enseñanza preescolar. El catalán sería la lengua de comunicación de la maestra con los infantes escolares, pero el castellano debería estar presente una media hora a través de diversas actividades como contar cuentos, juegos o conversación.

Enseñanza primaria. La lengua de enseñanza continua siendo en catalán, pero el castellano tiene que tener más presencia de la que tiene actualmente. En este punto hay que hacer innovaciones importantes. Desde los 6 años, cada día tiene que haber alguna actividad en castellano. Dado que es en esta etapa que se aprende a leer y a escribir, hay que programar cómo se introduce el aprendizaje en las dos lenguas a lo largo de esta etapa.

Enseñanza secundaria. Dado que al menos en los últimos años se imparten asignaturas de contenidos, es importante que a lo largo de esta etapa todos los escolares se hayan familiarizado con los contenidos (matemáticas, física y química, biología, ciencias sociales, literatura y gramática) en ambas lenguas. Esto significa que a lo largo de los cuatro cursos de la ESO, por ejemplo, en dos cursos se impartan las matemáticas en catalán y dos en castellano, y así en todas las demás asignaturas.

Bachillerato. A lo largo de los dos cursos del bachillerato, en los que los contenidos constituyen el núcleo de la enseñanza, las asignaturas deben impartirse en las dos lenguas. Una posible propuesta para mantener el equilibrio sería que al menos una de las asignaturas se impartiera en la lengua menos común entre los escolares.

La máxima debería ser “equidad sin uniformidad en el modelo lingüístico”, con criterios comunes y consensuados para la aplicación en cada escuela en función del contexto sociocultural."

(Anna Estaray es catedrática emérita de Filosofía de la ciencia y miembro de Federalistes d’Esquerres. El País, 15/09/22)

6/3/20

Kallifatides crea en ambas lenguas (griego y sueco)... Las lenguas se enriquecen una a otra. Son como dos pequeños ríos que confluyen. Es otro río. El tercero. Es un proceso muy fascinante... Cuando permites que dos lenguas se encuentren suceden muchas cosas buenas. Empiezas a entender el mundo de una manera distinta

"El apellido de Theodor Kallifatides (Molaoi, Grecia, 82 años) remite al mar de Homero. Él sostiene que deriva de calafate, el oficio de poner brea y estopa en las juntas de las embarcaciones.

 De joven quemó sus naves en el Peloponeso y emigró a Suecia, donde se reveló como un prestigioso narrador que España ha descubierto muy tarde, a través de Otra vida por vivir (2019), un libro traducido por Selma Ancira que emocionó a Mario Vargas Llosa y a Fernando Aramburu.

(...) A los 75 años se atascó como escritor. No era solo un problema creativo: también de la sociedad que lo rodeaba. Suecia se enredaba en los tentáculos del dinero, se alejaba del país de justicia social y solidaridad que había sido cuando él llegó. Los ciudadanos se convertían en individuos. Kallifatides envejecía en un mundo que le parecía cada vez más ajeno. Entonces viajó a Grecia. La crisis económica había reducido a escombros la dignidad del país que una vez fue el suyo. En medio de esa hecatombe volvió a ser griego y escribió este libro, el primero en su lengua materna y no en sueco. (...)

Del mismo modo que la maestra recurre en la novela al poder del mito para ayudar a sus alumnos a sobrellevar el terror, el escritor considera que el poder de la literatura puede ayudar ahora a Grecia en su adversidad. “La literatura y el arte son de gran ayuda a un país sumido en la pobreza”, prescribe. 

Recuerda que los grandes libros de la Grecia moderna han sido escritos en momentos difíciles, como en los años veinte, cuando un millón y medio de griegos emigraron desde Turquía con la caída del Imperio Turco. “Después de esto es cuando tuvimos la primera generación de novelistas griegos. Y tras la ocupación nazi y la guerra civil, llegó la segunda generación de escritores. Siempre necesitas a los intelectuales y los escritores, pero más que nunca en situaciones de crisis”.

Encuentro de dos lenguas

Ahora los indigentes han sustituido a los pobres en Grecia. Kallifatides había sido pobre toda la vida, excepto cuando su padre aún tenía trabajo como maestro. Su madre solía decir que la pobreza estaba allí, pero los pobres iban limpios. “Somos pobres, pero tenemos nuestra dignidad, decía mi madre. 

Pero ahora a los pobres se les niega incluso la dignidad”, deplora. Con el impacto de esta devastación, el escritor volvió a ser lo que había sido: griego. Recuperó su idioma como instrumento literario y escribió Otra vida por vivir. Ahora crea en ambas lenguas: “Me encanta trabajar así”. “Las lenguas se enriquecen una a otra. Son como dos pequeños ríos que confluyen. Es otro río. El tercero. Es un proceso muy fascinante. La lengua no son solo palabras. Son ideas, ética, valores morales. 

Cuando permites que dos lenguas se encuentren suceden muchas cosas buenas. Empiezas a entender el mundo de una manera distinta”, consigna. (...)

Aunque Kallifatides dudó sobre si debería de escribir después de los 75 sigue haciéndolo a los 82. ¿Cuál es la última barrera para el escritor? “La muerte, naturalmente”, señala. Recuerda el caso de Simenon, que un día, tras escribir 400 libros, dijo que no podía escribir “ni una palabra”. “En mi caso, he prometido no escribir cuando vea que el texto que hago no es bueno, cuando empiece a escribir mal. Es una especie de muerte, pero no la muerte”, zanja."              (Miquel Alberola, El País, 02/03/20)

16/1/20

Las ventajas de la conversación bilingüe

"Una conversación bilingüe es aquella que llevan a cabo dos hablantes cuando cada uno habla en una lengua distinta, siendo las dos lenguas comprendidas por ambos interlocutores. La conversación bilingüe es una realidad de cada día en Cataluña y en las muchas otras comunidades del mundo. 

Aquí, por ejemplo, es frecuente que unos hablen catalán y otros, español, en las reuniones de trabajo en Barcelona y las zonas más bilingües. Las conversaciones bilingües son también la experiencia de muchas familias catalanas, en las cuales el padre habla en español, por ejemplo, y la madre, en catalán. 

Ambas lenguas se hablan indistintamente en la casa. Unos miembros hablarán más una, otros, la otra, pero todos se entienden. También en el día a día podemos escuchar en bares y otros lugares públicos a grupos de personas hablando juntos, unos en catalán, otros en castellano.


Las conversaciones bilingües en Cataluña no se limitan a los catalano y castellanohablantes. Lógicamente también se dan entre los hablantes de otras lenguas cuando hay comprensión mutua. Es frecuente, por ejemplo, que hijos nacidos en Cataluña de padres marroquíes hablen en casa la lengua de origen de los padres, pero cuando llegan a la adolescencia, se pasen al español y se dirijan a sus padres en esta lengua, mientras éstos continúan respondiéndoles en árabe.


Si nos centramos en el uso social de las dos lenguas de Cataluña en las interacciones de la vida cotidiana, podemos decir que la conversación bilingüe es una buena opción. Uno habla en castellano, el otro en catalán y ambos se entienden. Nadie debe sentirse violentado y todos pueden hablar en la lengua que quieren.


Debería hacérseles pedagogía de la conversación bilingüe a los sectores fundamentalistas lingüísticos catalanohablantes, los cuales viven convencidos de que cuando ellos abren la boca para pronunciar unas palabras en catalán, irremediablemente el interlocutor adquiriere el deber moral de contestarles en esta misma lengua.


Hace unos años, leí una entrevista a Josep Ramoneda (quién le ha visto y quién le ve) en la que afirmaba que la cuestión de las lenguas en el día a día de las personas en Cataluña debería funcionar así: cuando uno sale a la calle y se dirige a alguien en catalán, esta persona debería responder en idéntica lengua. De la misma manera, argumentaba Ramoneda, si uno sale a la calle y se dirige a otro en español, sobre este último recae la obligación de responder en idéntico idioma.


El singular enfoque de Ramoneda es compartido por aquellos sectores catalanohablantes inclinados a la fanatización lingüística. Su lógica es la siguiente: tenemos un hablante A (normalmente ellos mismos como catalanohablantes) que se sitúa como iniciador de la conversación y que exige ser respondido en su lengua para poder “vivir en catalán”. Mientras, su interlocutor, el hablante B, es situado en el papel de marioneta al servicio de que el hablante A pueda vivir en la lengua de su elección. Obviamente, la comunicación entre las personas no se parece en nada a este escenario. La comunicación, mal les pese a los extremistas lingüísticos, es cosa de dos. Tantos derechos tienen el hablante A como el hablante B, y una buena forma de canalizar ambos derechos es a través de la práctica de la conversación bilingüe.

 Respecto a las motivaciones para llevar a cabo conversaciones bilingües por parte de las personas dentro de las familias, entre amigos o en los lugares de trabajo, son diversas e incluyen también motivaciones políticas. 

En más de una ocasión, algunas personas me han relatado, disgustadas, que ellos han iniciado una interacción lingüística con un desconocido en la calle o en un servicio y que éste les ha respondido todo el tiempo en catalán, a pesar de que ellos le hablaban en español, aduciendo que el interlocutor lo hacía por motivos políticos. Puede que, efectivamente a veces, o con frecuencia, haya razones políticas para mantenerse hablando en catalán mientras el interlocutor habla en español. 

Sin embargo, debemos aplicar el mismo principio: tantos derechos tienen el hablante A como el B. Y respecto a los motivos concretos que puedan llevar a una persona a no cambiar la lengua, estos pueden ser motivos políticos, no pasa nada. Porque la cuestión no es que uno hable en catalán cuando el otro se le dirige en español; la cuestión es que no quiera imponer su lengua al otro

No importan los motivos por los que uno opte por hablar siempre en catalán --o en castellano-- si no aspira a imponerle su lengua al interlocutor. Son ambos interlocutores, de común acuerdo, quienes deben encontrar cómo comunicarse, sea hablando en una sola lengua si pueden ponerse de acuerdo, o, mejor, practicando la conversación bilingüe.

Las conversaciones bilingües son la forma más óptima de comunicación en las comunidades bilingües donde las dos lenguas autóctonas son comprendidas prácticamente por todos. No es el caso del País Vasco, pero sí de Galicia y de la Comunidad Valencia y Baleares, además de Cataluña.

 En estas cuatro comunidades, nadie debería tener que privarse de hablar en la lengua que quiere, ya que puede ser comprendido por los otros.

En conclusión, la conversación bilingüe es una práctica comunicativa ejemplar porque implica diversidad lingüística real, libertad de elección lingüística para los hablantes y respeto para todos. Potenciémosla."                   (Mercè Vilarrubias, Crónica Global, 12/10/19)

3/7/19

TV3 vende que el bilingüismo mata. El '30 minuts' advierte que el catalán morirá si se alterna con el castellano

"El '30 minutos 'de TV3, en su reportaje Llenguaferits, vende la idea de que la alternancia entre el catalán y el castellano en el patio de la escuela puede terminar con la lengua catalana. Para hacerlo, utiliza los testimonios del director CUSC-UB, Francesc Xavier Vila, y del periodista de Catalunya Radio, Oscar Fernández.

La televisión pública considera que "los obstáculos son evidentes y sin cambios profundos la fragilidad del catalán se convertirá en irreversible". En este sentido, recoge las declaraciones del periodista de Catalunya Radio, Oscar Fernández, que explica que después de ver a su hijo hablando en castellano con un amigo le preguntó "cómo es que vosotros dos hablais en castellano si normalmente hablais catalán?". "Se quedaron sorprendidos y me dijeron que el catalán es la lengua de la escuela", lamenta.

El reportaje alerta también de la situación del catalán en el patio de la escuela. TV3 muestra el recreo de una escuela donde los alumnos utilizan tanto el castellano como el catalán. "Aquí la situación es de alternancia y de dominio claro del castellano", asegura.

A continuación, se incluye el testimonio de dicho Francisco Xavier Vila, que señala que "los contextos donde hay una alternancia sostenida suelen significar procesos de sustitución de la lengua". "En el momento que me da igual hablar una lengua que otra con la misma persona y todo el tiempo estoy cambiando entre las dos lenguas quiere decir que las dos son igual de propias por nosotros. Y si son exactamente igual de propias hay una que sobra", sentencia."               (e-notícies, 01/07/19)

26/9/17

En Cataluña no existen dos comunidades lingüísticas diferenciadas y monolíticas sino una sola comunidad bilingüe, con un uso amplio de ambas lenguas por parte de sus ciudadanos

"Frecuentemente, en Cataluña hablamos de los castellanohablantes y los catalanohablantes, con la idea de que forman dos comunidades distintas. En este artículo quería poner en cuestionamiento que ello sea efectivamente así.

Para los nacionalistas/independentistas, no existen dos comunidades lingüísticas en Cataluña sino una sola, la catalanohablante. Como sabemos, para ellos sólo existe una lengua propia en Cataluña, el catalán, y todos los ciudadanos o lo hablan o deberían hablarlo. 

Es decir, o tienes aquello tan valioso o estás en falta, ya que el mundo gira alrededor del catalán para ellos. Respecto al español, generalmente fingen que no existe, y cuando la realidad se impone, entonces argumentan que es una lengua impuesta o ajena a Cataluña, un accidente de la historia.

El ex dirigente de ERC Josep-Lluís Carod-Rovira, cuando estaba en el poder, negó repetidamente que en Cataluña existieran ciudadanos catalanes castellanohablantes. El término "catalán castellanohablante" realmente no existe en el discurso público catalán, a diferencia de otros países y comunidades. Por ejemplo, en Quebec, donde se habla abiertamente de los anglófonos, de los francófonos y de los bilingües.

Desde posiciones críticas, por el contrario, el término castellanohablante o catalanohablante es utilizado con mucha frecuencia. Hablamos de ellos para referirnos a los ciudadanos que tienen, respectivamente, el español y el catalán como lenguas maternas. Así, unos forman la comunidad castellanohablante y los otros, la catalanohablante.

La pregunta que quiero plantear es: ¿corresponde esta descripción a la realidad? ¿Hay realmente dos grupos compactos formados por dos comunidades lingüísticas separadas y monolíticas? Una observación de la realidad sociolingüística de Cataluña nos muestra que las cosas son más complejas.

Desde mi punto de vista, en Cataluña existe en primer lugar una comunidad de ciudadanos (a pesar de que algunos se empeñen en llamarnos "pueblo") y cuando consideramos a estos ciudadanos como hablantes de una o más lenguas, el categorizarlos principalmente en dos grupos diferenciados según su lengua materna es una opción que presenta dos problemas:

a. Es un enfoque esencialista: cada persona pertenece únicamente a un grupo o a otro dependiendo de un rasgo, su lengua materna, que no ha escogido y que es inmutable. Uno puede aprender varias lenguas pero su lengua materna siempre es la misma. En las democracias, los grupos donde uno no se adhiere de manera voluntaria sino que es situado allí, le guste o no, son difíciles de defender ya que van contra la libertad de las personas. 
Por supuesto que la lengua materna existe y las personas pueden ser agrupadas, de manera descriptiva, según su lengua materna. Esto no es ningún problema, el problema surge cuando a partir de esta categoría esencialista se desprenden ideas, comportamientos, derechos, deberes o cualquier otra cuestión.

b. El dudoso concepto de hablante de una lengua: este enfoque considera hablantes de una lengua únicamente a los que la tienen como lengua materna cuando, desde la lingüística, sabemos que el hablante de una lengua no es sólo aquella persona que la tiene como lengua materna sino también aquellos que la usan de manera habitual y la tienen como lengua de identificación (una lengua que sienten suya, que "aman").

Es posible que aquellos que tienen como lengua materna el español o el catalán y que prácticamente utilizan sólo su lengua materna en la vida cotidiana se sientan satisfechos con la definición de ser miembros exclusivamente de la comunidad castellanohablante o de la comunidad catalanohablante. Estas personas son los monolingües que usan y se identifican con una sola lengua. Esta es una elección, perfectamente legítima, pero no es la única que existe en Cataluña.

Otras opciones lingüísticas que podemos observar diariamente son aquellas referidas a los diferentes grados de bilingüismo, como sucede en todas las comunidades bilingües. No existen, por otra parte, comunidades bilingües donde todos los miembros sean bilingües. Lo que sí encontramos, como es lógico, son distintas configuraciones y grados de bilingüismo. 

En Cataluña podemos observar ciudadanos hablantes de español como lengua materna que hablan fluidamente el catalán y que lo usan de manera frecuente. Observamos también los hablantes nativos del catalán que conocen bien el español y lo usan cotidianamente. Tanto unos como otros forman un grupo: son los bilingües activos que viven su bilingüismo como una experiencia positiva que les abre puertas.

Observamos que existen también los llamados bilingües receptivos, es decir, aquellos ciudadanos que se sienten mejor hablando en su lengua materna, sea ésta el español o el catalán, pero que no sienten ninguna resistencia a realizar actividades receptivas, como leer o escuchar, en la otra lengua. También pueden usar, con diferentes grados de comodidad, la otra lengua en actividades productivas, como hablar y escribir, pero su preferencia para estas actividades se encuentra en poder realizarlas en su lengua materna.

El hecho de que el español y el catalán sean lenguas tan parecidas facilita el bilingüismo de la sociedad. Es un caso diferente al del País Vasco, por ejemplo, donde el euskera solo se aprende si uno hace un esfuerzo y dedica mucho tiempo y energía porque es una lengua que no se puede aprender sólo viviendo allí mientras que el catalán, sí (al menos, a un nivel receptivo, a nivel de entenderlo).

En este punto, querría realizar un apunte personal: soy bilingüe activa, de lengua materna catalana. Cuando se habla de los castellanohablantes sólo como aquéllos que tienen el español como lengua materna y de las dificultades que experimentan para poder usar el español en la vida pública, me siento excluida de un grupo donde siento que pertenezco. 

Yo también soy castellanohablante y mis derechos lingüísticos también están siendo vulnerados a Cataluña. Mi impresión es que somos bastantes los ciudadanos catalanohablantes nativos que tenemos esta percepción.

Respecto a los castellanohablantes nativos, también muchos de ellos son bilingües activos y quieren una promoción y una protección del catalán, respetuosa con el español (lo cual es posible). Estas personas consideran el catalán también como una lengua suya y se identifican con ella, a pesar de toda la politización que ha hecho el nacionalismo del catalán.

Así, pues, podemos observar una gran variedad en los hábitos lingüísticos de los ciudadanos. El bilingüismo no es un absoluto -una persona perfectamente competente en las dos lenguas- sino una cuestión de grados, de registros y de destrezas. En consecuencia, pienso que el enfoque sobre este tema debería ser que en Cataluña no existen dos comunidades lingüísticas diferenciadas y monolíticas sino una sola comunidad bilingüe, con un uso amplio de ambas lenguas por parte de sus ciudadanos, en diferentes grados y dependiendo de las preferencias personales de cada uno. El monolingüismo -español o catalán- es una de estas opciones junto con los bilingüismos activo y receptivo.

Una comunidad bilingüe con una diversidad de hábitos lingüísticos. Desde mi punto de vista, esta definición es más fiel a la realidad sociolingüística de Cataluña que la idea de las dos comunidades lingüísticas diferenciadas."            

( Mercè Vilarrubias , Catedrática de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas Barcelona-Drassanes, Crónica global, 07/06/14)

26/9/16

Eduardo Mendoza: "el bilingüismo no tiene porqué ser un problema"

"El escritor Eduardo Mendoza, que ha participado en un acto de Sociedad Civil Catalan, bajo el título "Razones para el bilingüismo", ha manifestado que éste "no tiene porque ser un problema, tenemos que luchar para que no haya abusos de ningún lado, hemos luchar para que no haya abusos ni imposiciones de lenguas". 

Mendoza ha considerado que "vivimos en una sociedad bilingüe y tenemos que aprender a vivir con dos lenguas. Debemos respetar el bilingüismo, no vulnerar los derechos individuales".

"No es lo mismo el bilingüismo que el aprendizaje de dos lenguas. Nadie se opone al aprendizaje de otras lenguas, la diferencia entre aprender lenguas y ser bilingüe es ponerse moreno o ser mulato". En el acto ha estado presente el diputado del PSC, David Pérez, el diputado del PPC, Enric Millo o el concejal en Barcelona, Javier Mulleras, entre otros, además de diferentes miembros de la junta de SCC."                   (e-notícies, 09/09/16)


"(...) Societat Civil Catalana ha celebrado este jueves el acto 'Razones para el bilingüismo' en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona.
 
El vicepresidente de la entidad, Joaquim Coll, ha explicado durante su intervención que es “absurdo” que el castellano “no sea lengua vehicular en la enseñanza” y que haya una “voluntad política de excluirlo del espacio público institucional”. Además ha afirmado que desde el nacionalismo se asegura de manera “tramposa” que todo lo que no sea “monolingüismo en la escuela o en las instituciones supone un ataque frontal contra el catalán”.

Coll ha asegurado que muchos nacionalistas dicen que también están a favor del bilingüismo, pero lo que defienden en realidad es “un bilingüismo puramente funcional con respecto al castellano”. En este sentido ha recordado que “más de la mitad de la ciudadanía de Cataluña tiene el castellano como lengua materna”

 Un hecho que no sólo implica que “uno de cada dos catalanes sienten el castellano como una parte de su identidad”, sino que seguramente todos los catalanes “tenemos estrechos vínculos de familia, vecindad o amistad con alguien que tiene como lengua materna el castellano”.

Por otro lado, ha reclamado que tanto el catalán como el castellano “deben tener presencia en las instituciones, en la administración, en la escuela y los medios de comunicación”, y que se deben poner los medios para que todos los catalanes “no sólo conozcan ambas lenguas, sino que las amen y aprecien como propias”. (...)"                (La Voz Libre, 09/09/16)

26/8/15

Quien ama un idioma ama todos los idiomas... quien no ama todos los idiomas...

"(...) El poeta Francisco Javier Irazoki, natural de Lesaka (Navarra), narra su experiencia personal en el poema en prosa “Bandada de Tijeras” incluido en el libro todavía inédito Orquesta de desaparecidos: “Fue a finales de los años cincuenta del siglo XX. Mi hermana, en medio de un paisaje verde, lloraba mientras recorría un camino de tierra.

 Enseguida me describió las burlas padecidas en el colegio. Ella se expresaba en el euskera que nuestros padres nos enseñaron, y sus compañeros se reían. Para que yo no sufriera, me hizo aprender sin ira el castellano y sentí que con cada nueva palabra recibía un escudo. 

Así construí el muro detrás del cual Jorge Luis Borges, César Vallejo o Luis Cernuda me regalaron libertades. Comprendí que aquel refugio significaba igualmente una apertura. 

Al poco tiempo, la democracia trajo deseos justos de recuperar los idiomas apartados por el franquismo. Entre algunos supuestos protectores del euskera no faltaron las desmesuras. Tachar los letreros viales escritos en español fue una de sus tristezas culturales preferidas. Con palabras borradas cerraron las mentes. 

Su desafecto hacia otras lenguas era la prueba de la insinceridad con que defendían la propia; vi que usaban esa aventura para llenar el vacío íntimo. Al cumplir años he perdido convicciones. Una de ellas sigue conmigo y sé que va a acompañarme hasta los últimos días: quien ama un idioma ama todos los idiomas”. (...)"       ( , El País, Pamplona 18 JUL 2015)

8/10/14

El enfrentamiento de las lenguas y su uso para fines políticos ha envenenado la convivencia y malgastado la energía ciudadana hasta límites inauditos

"(...) El federalismo no blinda competencias. Se entenderá con un ejemplo: recientemente, un tribunal federal de EE UU ha estimado que la ley que prohíbe el matrimonio homosexual en Florida es inconstitucional, dejándola sin efecto.

 Ello, sin perjuicio de que el derecho de familia es estricta competencia del Estado de Florida. 

Así funciona el sistema en el país que es cuna del federalismo. Y ese es, precisamente, el molesto problema que tiene la Generalitat: que un grupo, no tan pequeño como se pregona, de ciudadanos catalanes considera que la normativa lingüística catalana vulnera derechos civiles y, tal y como harían en cualquier país federal, recurren a los tribunales. 

Actualmente, hay ya una larga serie de sentencias emitidas por el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña a favor de una tímida enseñanza bilingüe que, como es sabido, son recurridas ad eternum por la Generalitat o, sencillamente, desacatadas. (...)

En algún momento, el tema de las lenguas debe poder abordarse en España con sensatez y ecuanimidad. Para convencerse de que este debate es ya inaplazable basta percatarse de un hecho objetivo fácil de constatar: si algún día el Estado que compartimos se desintegra, la ruptura se habrá producido por sus lindes lingüísticas. 

El enfrentamiento de las lenguas y su uso para fines políticos ha envenenado la convivencia y malgastado la energía ciudadana hasta límites inauditos. No hemos logrado desarrollar una cultura lingüística que valore el plurilingüismo de España y de sus comunidades bilingües y lo perciba como una riqueza cultural de todos los ciudadanos y un importante recurso individual. 

Ha sucedido lo contrario: desde la Transición han aumentado los garrotazos y la manipulación sectaria del debate. Ningún partido se ha distinguido por tener altura de miras y voluntad de equidad con este tema. Tampoco en las comunidades bilingües los Gobiernos autónomos han actuado siempre de manera respetuosa con el bilingüismo. Al contrario, han optado en numerosas ocasiones por programas promonolingüismo, que excluyen el español y se sostienen en razonamientos —hoy ya consignas fosilizadas— que no resisten un análisis objetivo. 

Existen, pues, suficientes razones para promover una gran conversación sobre las lenguas en España, intentar reconducir la política lingüística hacia fines de convivencia e interés ciudadano, con respeto a los derechos lingüísticos de todos. Y las soluciones ni son difíciles de imaginar ni son imposibles de poner en práctica.  (...)

Desde nuestro punto de vista, si bien el Estado no ataca y menosprecia las otras lenguas españolas, sí se muestra distante e indiferente. En realidad, el Estado nunca se ha pensado a sí mismo como plurilingüe. Sus élites entienden que hay una lengua común, que es en la única en la que debe operar la Administración central. 

Cierto, existen otras lenguas, pero son únicamente patrimonio de las comunidades bilingües: allí es donde se hablan y allí deben gestionarse sin incurrir en excesos; los ciudadanos de las zonas monolingües no tienen nada que ver con ellas y pueden vivir de espaldas a la cultura que está cifrada en las lenguas distintas del castellano. 

En nuestra opinión, éste sería precisamente el gran reto a largo plazo para el Gobierno: el lograr cambiar esta actitud y ser capaz de sentar las bases de una política lingüística desde el Estado que fomentara y valorara el plurilingüismo en todo el país y lo hiciera posible en la práctica. Por su parte, las comunidades bilingües se comprometerían a modificar sus programas de máximos y a respetar el bilingüismo de sus territorios. (...)

El principal escollo para abrir un diálogo es, sin duda, la fuerte oposición de la Generalitat a modificar el más mínimo aspecto de su política lingüística, una política que es ya totalmente cautiva de la ofuscación y el dogmatismo. Quien sí tiene las manos libres es el Gobierno.(...)"               ( / , El País, 5 SEP 2014)

29/6/14

Cataluña es una comunidad bilingüe con una diversidad de hábitos lingüísticos. Por ejemplo, soy bilingüe activa, de lengua materna catalana, pero también soy castellanohablante

"El ex dirigente de ERC Josep-Lluís Carod-Rovira, cuando estaba en el poder, negó repetidamente que en Cataluña existieran ciudadanos catalanes castellanohablantes. El término "catalán castellanohablante" realmente no existe en el discurso público catalán, a diferencia de otros países y comunidades.

 Por ejemplo, en Quebec, donde se habla abiertamente de los anglófonos, de los francófonos y de los bilingües. (...)

Desde posiciones críticas, por el contrario, el término castellanohablante o catalanohablante es utilizado con mucha frecuencia. Hablamos de ellos para referirnos a los ciudadanos que tienen, respectivamente, el español y el catalán como lenguas maternas.

 Así, unos forman la comunidad castellanohablante y los otros, la catalanohablante.

La pregunta que quiero plantear es: ¿corresponde esta descripción a la realidad? ¿Hay realmente dos grupos compactos formados por dos comunidades lingüísticas separadas y monolíticas? Una observación de la realidad sociolingüística de Cataluña nos muestra que las cosas son más complejas.

Desde mi punto de vista, en Cataluña existe en primer lugar una comunidad de ciudadanos (a pesar de que algunos se empeñen en llamarnos "pueblo") y cuando consideramos a estos ciudadanos como hablantes de una o más lenguas, el categorizarlos principalmente en dos grupos diferenciados según su lengua materna es una opción que presenta dos problemas:

a. Es un enfoque esencialista: cada persona pertenece únicamente a un grupo o a otro dependiendo de un rasgo, su lengua materna, que no ha escogido y que es inmutable. Uno puede aprender varias lenguas pero su lengua materna siempre es la misma. En las democracias, los grupos donde uno no se adhiere de manera voluntaria sino que es situado allí, le guste o no, son difíciles de defender ya que van contra la libertad de las personas.

 Por supuesto que la lengua materna existe y las personas pueden ser agrupadas, de manera descriptiva, según su lengua materna. Esto no es ningún problema, el problema surge cuando a partir de esta categoría esencialista se desprenden ideas, comportamientos, derechos, deberes o cualquier otra cuestión.

b. El dudoso concepto de hablante de una lengua: este enfoque considera hablantes de una lengua únicamente a los que la tienen como lengua materna cuando, desde la lingüística, sabemos que el hablante de una lengua no es sólo aquella persona que la tiene como lengua materna sino también aquellos que la usan de manera habitual y la tienen como lengua de identificación (una lengua que sienten suya, que "aman").

Es posible que aquellos que tienen como lengua materna el español o el catalán y que prácticamente utilizan sólo su lengua materna en la vida cotidiana se sientan satisfechos con la definición de ser miembros exclusivamente de la comunidad castellanohablante o de la comunidad catalanohablante. 

Estas personas son los monolingües que usan y se identifican con una sola lengua. Esta es una elección, perfectamente legítima, pero no es la única que existe en Cataluña.

Otras opciones lingüísticas que podemos observar diariamente son aquellas referidas a los diferentes grados de bilingüismo, como sucede en todas las comunidades bilingües. No existen, por otra parte, comunidades bilingües donde todos los miembros sean bilingües.

 Lo que sí encontramos, como es lógico, son distintas configuraciones y grados de bilingüismo. En Cataluña podemos observar ciudadanos hablantes de español como lengua materna que hablan fluidamente el catalán y que lo usan de manera frecuente. Observamos también los hablantes nativos del catalán que conocen bien el español y lo usan cotidianamente. 

Tanto unos como otros forman un grupo: son los bilingües activos que viven su bilingüismo como una experiencia positiva que les abre puertas.

 Observamos que existen también los llamados bilingües receptivos, es decir, aquellos ciudadanos que se sienten mejor hablando en su lengua materna, sea ésta el español o el catalán, pero que no sienten ninguna resistencia a realizar actividades receptivas, como leer o escuchar, en la otra lengua. 

También pueden usar, con diferentes grados de comodidad, la otra lengua en actividades productivas, como hablar y escribir, pero su preferencia para estas actividades se encuentra en poder realizarlas en su lengua materna.

El hecho de que el español y el catalán sean lenguas tan parecidas facilita el bilingüismo de la sociedad. Es un caso diferente al del País Vasco, por ejemplo, donde el euskera solo se aprende si uno hace un esfuerzo y dedica mucho tiempo y energía porque es una lengua que no se puede aprender sólo viviendo allí mientras que el catalán, sí (al menos, a un nivel receptivo, a nivel de entenderlo).

En este punto, querría realizar un apunte personal: soy bilingüe activa, de lengua materna catalana. Cuando se habla de los castellanohablantes sólo como aquéllos que tienen el español como lengua materna y de las dificultades que experimentan para poder usar el español en la vida pública, me siento excluida de un grupo donde siento que pertenezco. 

Yo también soy castellanohablante y mis derechos lingüísticos también están siendo vulnerados a Cataluña. Mi impresión es que somos bastantes los ciudadanos catalanohablantes nativos que tenemos esta percepción.

Respecto a los castellanohablantes nativos, también muchos de ellos son bilingües activos y quieren una promoción y una protección del catalán, respetuosa con el español (lo cual es posible). Estas personas consideran el catalán también como una lengua suya y se identifican con ella, a pesar de toda la politización que ha hecho el nacionalismo del catalán.

Así, pues, podemos observar una gran variedad en los hábitos lingüísticos de los ciudadanos. El bilingüismo no es un absoluto -una persona perfectamente competente en las dos lenguas- sino una cuestión de grados, de registros y de destrezas. 

En consecuencia, pienso que el enfoque sobre este tema debería ser que en Cataluña no existen dos comunidades lingüísticas diferenciadas y monolíticas sino una sola comunidad bilingüe, con un uso amplio de ambas lenguas por parte de sus ciudadanos, en diferentes grados y dependiendo de las preferencias personales de cada uno. El monolingüismo -español o catalán- es una de estas opciones junto con los bilingüismos activo y receptivo.

Una comunidad bilingüe con una diversidad de hábitos lingüísticos. Desde mi punto de vista, esta definición es más fiel a la realidad sociolingüística de Cataluña que la idea de las dos comunidades lingüísticas diferenciadas."                  (Mercè Vilarrubias, Crónical Global, Sábado, 7 de junio de 2014)

25/5/14

Carod Rovira negó repetidamente que en Cataluña existieran ciudadanos catalanes castellanohablantes. Será que nunca anduvo por Cornellá

¿Existen dos comunidades lingüísticas en Cataluña?

En Cataluña, hablamos frecuentemente de los castellanohablantes y los catalanohablantes, con la idea de que forman dos comunidades distintas. En este escrito quería cuestionar que ello sea efectivamente así.

Para los nacionalistas independentistas, no existen dos comunidades lingüísticas en Cataluña sino una sola, la catalanohablante.

 Como sabemos, para ellos sólo existe una lengua propia en Cataluña, el catalán, y todos los ciudadanos o lo hablan o deberían hablarlo. Es decir, o lo tienes o estás en falta, porque el mundo gira alrededor sólo del catalán para ellos. 

Respecto al español, generalmente fingen que no existe, y cuando la realidad les muestra que sí existe, entonces argumentan que es una lengua impuesta o ajena a Cataluña, un accidente de la Historia.

El ex dirigente de Esquerra Republicana Josep Lluís Carod Rovira, cuando estaba en el poder, negó repetidamente que en Cataluña existieran ciudadanos catalanes castellanohablantes. Este término, realmente, no existe en el discurso público catalán, a diferencia de otros países, como Canadá, donde se habla abiertamente de los anglófonos y de los francófonos, además de los bilingües (el 17% de la población en todo Canadá se considera bilingüe).

Desde posiciones críticas, por el contrario, el término castellanohablante o catalanohablante es utilizado con frecuencia. Hablamos de ellos para referirnos a los ciudadanos que tienen el español y el catalán respectivamente como lenguas maternas. Así, unos forman la comunidad castellanohablante y otros la catalanohablante.

Sin embargo, ¿corresponde esto a la realidad? ¿Hay realmente dos grupos distintos compuestos por dos comunidades lingüísticas separadas y monolíticas? Una observación de la realidad sociolingüística de Cataluña nos muestra que las cosas son más complejas.

Desde mi punto de vista, en Cataluña hay en primer lugar una comunidad de ciudadanos (a pesar de que algunos se empeñen en llamarnos “pueblo”) y cuando consideramos a estos ciudadanos como hablantes de una lengua, el categorizarlos en dos grupos diferenciados según su lengua materna es una opción que presenta dos problemas:

b) Es un enfoque esencialista: cada persona pertenece únicamente a un grupo o a otro dependiendo de un rasgo, su lengua materna, que no ha escogido y que es inmutable. Uno puede aprender varias lenguas pero su lengua materna siempre es la misma. En las democracias, los grupos donde uno no se adhiere de manera libre sino que es situado allí, le guste o no, son difíciles de defender ya que van contra la libertad de las personas.

 Por supuesto que la lengua materna existe y las personas pueden ser agrupadas, de manera descriptiva, según su lengua materna. Esto no es ningún problema, el problema surge cuando a partir de esta categoría esencialista se desprenden ideas, comportamientos, derechos, deberes, o cualquier otra cuestión.

a) El concepto de hablante de una lengua: este enfoque considera hablantes de una lengua únicamente a los que la tienen como lengua materna cuando, desde la Lingüística, sabemos que el hablante de una lengua no es sólo aquella persona que la tienen como lengua materna sino también aquellos que la usan de manera habitual y la tienen como una lengua de identificación (una lengua que sienten suya, que “aman”).

Es posible que aquellos que tienen como lengua materna el español o catalán y que prácticamente utilizan sólo su lengua materna en su vida cotidiana, se sientan satisfechos con la definición de ser miembros exclusivamente de la comunidad castellanohablante o de la comunidad catalanohablante. Estas personas son los monolingües identificados con una sola lengua. Esta es una opción absolutamente respetable pero no es la única que existe.

Otras opciones lingüísticas que existen en Cataluña y que podemos observar diariamente son aquellas referentes a los diferentes grados de bilingüismo. Por ejemplo existen los hablantes de español lengua materna que hablan fluidamente el catalán y que lo usan cuando les parece oportuno. Existen también los hablantes nativos del catalán que conocen bien el español y lo usan cotidianamente. Tanto unos como otros forman un grupo: son los bilingües activos que viven su bilingüismo como una experiencia positiva y enriquecedora.

Existen también los llamados bilingües receptivos, es decir, aquellos ciudadanos que se sienten mejor hablando en su lengua materna, sea ésta el español o el catalán, pero que no sienten ninguna resistencia a realizar actividades receptivas, como leer o escuchar, en la otra lengua. También usan la otra lengua en actividades productivas, como hablar y escribir, aunque su preferencia para estas actividades está en poder realizarlas en su lengua materna.

El hecho de que el español y el catalán sean lenguas tan parecidas facilita el bilingüismo de la sociedad. Es un caso diferente al del País Vasco, por ejemplo, donde el euskera solo se aprende si uno hace un esfuerzo y dedica tiempo y energía porque es una lengua que no se puede aprender sólo viviendo allí mineras que el catalán, sí (al menos, a un nivel receptivo).

En este punto, querría realizar un apunte personal: soy bilingüe activa, de lengua materna catalana. Cuando se habla de los castellanohablantes sólo como aquéllos que tienen el español como lengua materna, de la vulneración de sus derechos lingüísticos y de las dificultades que tienen para poder usar el español en la vida pública, me siento excluida de un grupo donde siento que pertenezco. 

Yo también soy castellanohablante y mis derechos lingüísticos también están siendo vulnerados. Mi impresión es que somos bastantes los ciudadanos catalanohablantes nativos que nos sentimos así.

Respecto a los castellanohablantes nativos, muchos de ellos también son catalanohablantes activos y desean una promoción y una protección del catalán, respetuosa con el español. Consideran el catalán también como una lengua suya y se identifican con ella, a pesar de toda la politización que ha hecho el nacionalismo de esta lengua.

Así, pues, observamos que hay una gran variedad en los hábitos lingüísticos de los ciudadanos. El bilingüismo no es una absoluto sino una cuestión de grados, de registros y de destrezas. 

En consecuencia, pienso que el enfoque sobre este tema debería ser que en Cataluña no existen dos comunidades lingüísticas diferenciadas y monolíticas sino una sola comunidad bilingüe, con un uso amplio de ambas lenguas por parte de sus ciudadanos, en diferentes grados y dependiendo de las opciones personales de cada uno. 

El monolingüismo - español o catalán - es una de estas opciones junto con los bilingüismos activo y receptivo. Una comunidad de ciudadanos, pues, con una diversidad de hábitos lingüísticos. Desde mi punto de vista, esta definición es más fiel a la realidad sociolingüística de Cataluña que la idea de las dos comunidades lingüísticas diferenciadas.

Mercè Villarubias  "                   (Arcadi Espada, blog)

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9/2/14

Soy de los muchos catalanes que han vivido desde niños en un ambiente familiar bilingüe. A mí me sirve una solución como la del TSJC, que obliga a que todos aprendan en las dos lenguas

"(...) De entrada no consigo entender que establecer que un 25% de las clases se impartan en castellano sea un atentado contra el catalán, lengua en la que se darán el 75% restante. Debo de ser muy estúpido. 

El argumento de que los niños aprenden igual el castellano es del mismo calibre que afirmar que el catalán no estaba discriminado en la escuela franquista porque las familias y la sociedad continuaban usándolo. Ya puestos, si los niños no van a la escuela también aprenderán ambos idiomas.

La realidad es que la inmersión lingüística, hoy, es tan sólo un instrumento político que trata de separar a los catalanes de una parte esencial de su cultura. Se trata de hacer buenos nacionalistas, que no se sientan españoles, y creen que eliminando el castellano de la escuela este objetivo se consigue, sobre todo si se acompaña de una versión de la historia unilateral y manipuladora. 

La clase política catalana, salvo C's y en parte el PP, defiende esta opción con ahínco para los hijos de los demás, aunque se la salta en muchos casos para sus propios hijos a través de escuelas privadas que no practican la inmersión en catalán. La historia de persecución del catalán, la facilidad para aprender el castellano y la presión ambiental han hecho que durante años muchos padres hayan aceptado como un hecho inevitable la inmersión. 

Pero no conozco a nadie, algún fanático habrá pero no los conozco personalmente, que no prefiera llevar a sus hijos a una escuela trilingüe, si puede pagarla claro, que llevarla a una escuela con inmersión. Cuestión de puro sentido común. (...)

Soy de los muchos catalanes que han vivido desde niños en un ambiente familiar bilingüe. Respeto que otros catalanes se sientan vinculados exclusivamente al catalán o al castellano. Entiendo que esas personas prefieran líneas separadas. No es mi caso. A mí me sirve una solución como la del TSJC, que obliga a que todos, en diferente medida, aprendan en las dos lenguas. 

Mi formación en catalán sufrió las carencias propias de la época y siempre he arrastrado esta mala formación de base en el lenguaje escrito y en la falta de un vocabulario que no fuera el de la cotidianidad. Las lecturas de mayor han corregido en parte la situación pero soy de los convencidos que lo que no se aprende antes de los veinte años siempre cuesta mucho de recuperar.

Creo también que este bilingüismo tan nuestro, además de ser un signo de identidad que debería ser protegido por los poderes públicos por este simple motivo, es también una ventaja competitiva en un mundo global. Los bilingües tenemos el cerebro mejor adaptado para aprender otros idiomas y, hoy en dia, ser trilingüe -de verdad, no un mero conocimiento del lenguaje oral de televisión- en catalán, castellano e inglés, es una buena formación para ganarse la vida.

 Si le sumamos el árabe, chino o ruso, coincidirán conmigo en que un joven con esa formación sortearía sin dificultad los problemas de encontrar trabajo.

Es por tanto llamativo que los poderes públicos catalanes se empeñen en que muchos de sus ciudadanos vean conculcados sus derechos lingüísticos y vean disminuido su potencial profesional por razones de cálculo político (...)"             (Francesc Moreno, Crónica Global, Sábado, 1 de febrero de 2014)

26/1/14

Toda la Política Lingüística de la Generalitat está al servicio de la idea que Cataluña es monolingüe. Pero es bilingúe...

"Como en todos los otros puntales del proyecto político nacionalista/independentista, la política lingüística (PL) ha sido sometida a un pensamiento único blindado a toda crítica. (...)

Es lógico que amplios sectores de ciudadanos piensen que la PL que sigue la Generalidad es la única posible para promocionar y proteger el catalán. Nunca ha habido en los medios de comunicación catalanes un debate sobre modelos alternativos de promoción de una lengua minoritaria.(...)

 El hecho, no obstante, es que existen modelos alternativos a la PL de la Generalidad. Un modelo alternativo de PL sería aquel que promovería y protegería el catalán pero que lo haría de manera diferente de cómo se ha hecho hasta ahora.

 Existe una amplia bibliografía académica sobre este tema y tenemos documentadas las muchas experiencias de promoción de una lengua minoritaria en muchos países del mundo. (...)

Las experiencias son variadas, desde la masiva promoción del swahili en Tanzania a la introducción del hebreo en Israel. También en Europa existen muchos casos de promoción de lenguas minoritarias. De hecho, prácticamente todos los países de Europa tienen grupos de población que hablan una lengua diferente de la mayoritaria de cada país. (...)

En primer lugar, podemos decir que hay dos grandes orientaciones en el campo de la PL: la corriente de intervencionismo débil y la corriente de intervencionismo fuerte. Como sus nombres indican, la primera orientación es la que piensa que los gobiernos tienen que intervenir poco en la PL, que tienen que elaborar e implementar unas líneas generales pero que tienen que dejar hacer, que las mismas dinámicas sociales ya llevarán a un equilibrio entre lenguas o un mayor uso de la lengua que se quiere promover.

 La orientación de intervencionismo fuerte, al contrario, piensa que el gobierno tiene que legislar en todos los ámbitos posibles y que el dirigismo desde los poderes públicos es imprescindible si se quiere hacer progresar una lengua. El modelo catalán de PL es, sin lugar a duda, el segundo. (...)

Toda la PL está al servicio de la idea que Cataluña es monolingüe. Por lo tanto, lo que se promueve no es la presencia del catalán en los ámbitos públicos sino la presencia exclusiva del catalán. Esto lo vemos en la administración pública, que es una Administración monolingüe. 

En contraste con esto, podemos pensar en una Administración escrupulosamente bilingüe: ¿no aseguraría una Administración bilingüe la presencia y progreso del catalán en este ámbito? Lo mismo es aplicable a la educación, con unas escuelas bilingües, donde también estaría asegurada la presencia y uso del catalán.

 Se podría haber legislado para crear una Administración bilingüe y una educación bilingüe pero no era esto lo que se quería hacer. Lo que se quería y quiere hacer es reparar la anomalía de la presencia del español y configurar instituciones que operen únicamente en catalán.

Actualmente, toda la PL está orientada a vencer al español. Esto se intenta materializar en páginas y páginas de normativas lingüísticas, obsesivamente detallistas, que llegan a legislar en qué lengua tienen que estar todos y cada uno de los letreros y anuncios que hay en cualquier departamento o institución de la Generalidad.

Un cambio en este desafortunado estado de cosas requeriría introducir en Cataluña un modelo alternativo de PL. ¿Cuál podría ser un modelo alternativo al actual? Para empezar, aquel que hace un diagnóstico esmerado de la realidad: que Cataluña es bilingüe y que la promoción y protección del catalán se tiene que hacer dentro de este marco si se quiere que tenga éxito y que sea socialmente justa. Este marco sería el de promover el catalán como lengua que convive con el castellano y no como lengua que se le opone. (...)

Por otro lado, en todos los ámbitos de la Administración, el objetivo general de este nuevo modelo sería conseguir un bilingüismo efectivo: señalización e informaciones públicas bilingües, una Administración bilingüe y unas escuelas bilingües. 

Con un bilingüismo escrupuloso, la presencia del catalán estaría asegurada, cómo hemos visto anteriormente, y seria, además, una medida que contaría con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. En contraste, la PL actual estipula que lo que tiene que haber en la administración pública es presencia exclusiva del catalán.

Respecto al sector privado, la orientación general sería premiar en lugar de castigar. Por ejemplo, una medida sería proporcionar una subvención razonable a todos aquellos comerciantes que quisieran rotular anunciar y/o informar sobre sus negocios en catalán, sea sólo en esta lengua sea junto con el castellano. En contraste, actualmente tenemos un modelo punitivo, que castiga con multas a los comerciantes que no anuncian su negocio en catalán.

Finalmente, este modelo alternativo de PL entendería que algunos ciudadanos hablantes de otras lenguas declinaran participar en este proyecto de hacer suyo el catalán y que optaran por funcionar exclusivamente en español o, en círculos más pequeños, en inglés o en árabe. De hecho, esta es la realidad en todas partes. Cuando los nacionalistas dicen que todos los que viven en Cataluña tienen que dominar el catalán, esta pretensión no tiene parangón en la realidad. No todos los que viven en Inglaterra hablan inglés, ni todos los que viven en Suecia hablan sueco ni todos los que viven en Madrid hablan español. La aspiración no tendría que ser todos los ciudadanos, sino cuanto más, mejor.
En conclusión, otra política lingüística sí que es posible, una que promueva y proteja el catalán dentro de un marco de aceptación de la realidad bilingüe de Cataluña y con una promoción de la lengua en positivo."                   (Mercè Vilarrubias, Crónica Global, Jueves, 2 de enero de 2014)

16/1/14

Se me abrió un mundo nuevo cuando pude empezar a leer textos escritos en catalán y aprendí a escribir en esta lengua

"(...) Sin embargo, había una cosa que le inquietaba y quería decírmela a pesar de no saber muy bien cómo. El motivo de su inquietud era saber dónde quedaba mi "catalanidad", cómo se podía entender que yo, siendo catalana y catalanohablante nata, me opusiera a la independencia. 

Él entendía las razones objetivas, como he dicho, pero no comprendía cómo yo podía pensar como pensaba y al mismo tiempo, no sentir que todo este pensamiento ponía de alguna manera en riesgo mi catalanidad. ¿No había una contradicción aquí?

Le dije que de contradicción, ninguna. Que pensar que si eres catalán, debes ser nacionalista o independentista y si no, ya no eres un buen catalán, era parte de la propaganda que hace años y años nos inunda por tierra, mar y aire, y que tiene a muchas personas coaccionadas precisamente en esta dirección: ¿No somos suficientemente catalanes si decimos no al nacionalismo/independentismo?

Le expliqué por qué nunca me he sentido identificada con el nacionalismo. Nací en el año 1964 en Sabadell en una familia catalanohablante. Todo mi entorno utilizaba esta lengua; recuerdo que entonces sólo tenía un amigo castellanohablante. 

Mi familia no hablaba nunca de política durante el franquismo delante de los hijos y para mí, el catalán era la lengua oral mientras que el español era la lengua escrita y culta. No me preguntaba por qué; sencillamente las cosas eran así. (...)

Tenía 11 años cuando murió Franco y poco pude entender entonces de la importancia del momento. Dos años más tarde, a los 13, ya era más consciente de los importantes acontecimientos que se estaban produciendo a mi alrededor. (...)

Se me abrió un mundo nuevo cuando pude empezar a leer textos escritos en catalán y aprendí a escribir en esta lengua. Recuerdo que fue fascinante para mí, que soy una persona de letras. Empecé a descubrir la literatura catalana y otros aspectos de la cultura, y me emocioné con las manifestaciones que pedían libertad, amnistía y un estatuto de autonomía para Cataluña. Un mundo nuevo, efectivamente. (...)

Sin embargo, este mundo nuevo no lo sentí nunca opuesto al español y a la cultura en español. Sentí que sumaba el catalán como lengua escrita y culta a la que hasta entonces era mi única lengua culta, el español, en la que leía y en la que me expresaba por escrito. 

En ningún momento sentí que tenía que escoger entre una o la otra o que el interés que tenía por descubrir el catalán escrito implicara necesariamente que tenía que rechazar el español. Con los años, las dos lenguas, orales y escritas, y las dos culturas han pasado a ser parte de mi identidad. No siento ningún trauma ni conflicto. Todo lo contrario, pienso que ser bilingüe es algo a celebrar porque supone un enriquecimiento personal.

Políticamente, y tal vez como consecuencia de lo anterior, nunca me atrajo el nacionalismo. Lo veía excluyente y provinciano, sentía que nos conducía al aislamiento y a la confrontación con el resto de España. No entendía por qué gozar de la lengua y la cultura catalanas tenía que hacerse en oposición a todo lo español. ¿Por qué teníamos que restar cuando podíamos sumar?

Actualmente, me siento parte de la comunidad catalanohablante. Y también me siento parte de la comunidad hispanohablante, de España, en primer lugar y de todo Latinoamérica, en segundo lugar. 

Además, soy profesora de inglés y viajo a menudo al Reino Unido. También me siento parte de la comunidad anglohablante, conozco bien su lengua y su cultura, especialmente la británica. Aprecio y me desagradan cosas de las tres culturas que siento mías.

No hay nada excepcional en mi historia personal. Somos muchos los que nos sentimos así pero, seguramente, podríamos ser muchos más si el nacionalismo no hubiera comenzado a gobernar la Generalidad desde los primeros años de la Transición. 

Entonces es cuando se pusieron las bases de la Cataluña oficial actual: monolingüe, monocultural, provinciana, aislada y enfrentada al resto de España, obsesionada por ser (no se sabe muy bien qué) en lugar de dedicar tiempo y energía a hacer y crecer, narcisista y con aires de superioridad, victimista e incapaz de introspección y autocrítica. 

Las cosas habrían sido muy diferentes si los primeros gobiernos de la Generalidad hubieran querido restaurar el catalán, la cultura catalana y las instituciones de gobierno catalanas en convivencia con, en lugar de en oposición a, el español, la cultura española y el Estado español. (...)"                 (Mercè Vilarrubias, Crónica Global, Jueves, 16 de enero de 2014)