Siendo rectora de calidad y política lingüística en la UPC, Nuria
Pla, lanzó un tuit, en vísperas del 11S, diciendo “Tengo ganas de fuego,
quemar contenedores y aeropuerto colapsado” ¿Cómo interpretar esto? ¿Se
trata quizás de una llamada de la selva?
Los que pudieron creer que el independentismo era un movimiento
pacífico se equivocaban. Lo vimos en los hechos de septiembre, quemando
la Vía Layetana… Hay gente que reivindica esta violencia, pero, claro,
no cuentan con el apoyo de la sociedad catalana, en su conjunto. Entre
otras cosas, porque todos sabemos que esto es una revuelta burguesa. Se
entendería que gente que gana 400 euros al mes saliera a la calle, pero
quienes disponen de ingresos altos, con su torrecita, hablen de
revolución solo son palabras. Seguro que la ya ex-vicerrectora que
escribió eso sería incapaz de participar en lo que dice desear. Es la
arenga a los de la CUP, que yo creo empiezan a olerse que se aprovechan
de ellos.
Más allá de las ganas de violencia, no deja de sorprender que en
pleno siglo XXI, con más de 200 años de Ilustración a la espalda,
personas a las que se les supone un bagaje intelectual muy por encima de
la media, se alineen con algo tan irracionalidad como el procés, sin cortarse un pelo…
Todos podemos tener impulsos irracionales, pero como ahora es tan
fácil transitar desde ellos al mensaje, vía móvil, nada tiene de extraño
que lo primero que pase por la cabeza pase de inmediato a los dedos. No
hace mucho, cuando se veía en la tele algo que no gustaba se le gritaba
a la pantalla sabiendo que no iba a responder. Sin, no es raro que
gente que sin pensárselo lanza lo primero que se le ocurre, y cuando ve
lo que se le viene encima lo borra. Se trata casi de un acto reflejo,
que tenemos que aprender a controlar. Porque por ahí se cuelan no solo
los prontos sino manipulaciones y trolas como aquélla muy celebrada de
la mujer, que en los sucesos del 1-O, dijo que un antidisturbios le
había roto los dedos, uno a uno. Tengo que confesar que yo mismo me
alarmé. En la época de las redes digitales, de las que la propia autora
del tuit parece ser una experta, tendríamos que recomendarnos algo más
de prudencia.
Por añadidura, esa persona, como responsable de política
lingüística de una Universidad, también se presupone que algo tiene que
saber del valor de las palabras…
Ella forma parte de un movimiento visceral, emocional, en el cual no
prima, sino todo lo contrario, la inteligencia, la sensibilidad, el
saber estar… El sentido común da paso al fanatismo y en ese terreno no
hay reglas. Se recurre al insulto. Conmigo lo han hecho muchísimas
veces. Fascista y falangista es lo más suave que se me ha dicho solo por
pensar diferente. Hay gente fría, calculadora, que ha promovido la
utilización de determinadas palabras, sin ninguna legitimidad,
pervirtiendo su sentido originario. Cuando se dice, por ejemplo,
“exiliado”, refiriéndose a Puigdemont, llama la atención la
tergiversación del término. Y así, “democracia”, “libertad”, «presos
políticos”, “amnistía”, etc.
Pero, en definitiva, toda esta terminología viene prestada del
pasado, y utilizada de manera torticera, claro… Pero nada nuevo bajo el
sol.
Utilizan en favor propio conceptos, valores, reivindicaciones…, que
tuvieron gran valor en el pasado y que, por cierto, no fueron ellos
precisamente quienes los compartieron. Fundamentalmente, para tapar la
gran corrupción que han protagonizado. Había gente que vivía muy bien,
con Jordi Pujol a la cabeza. De hecho, Aznar no tocó ni una coma de la
inversión, ni de nada, en Cataluña. Cuando sale a la luz la corrupción,
el engaño, el robo (porque no es España quien roba, si no ellos) tienen
que inventarse algo, y aparece el procés. Reivindican cosas imposibles, sabiendo que lo son, pero tienen que aguantar como sea.
¿Cómo, por ejemplo, ahora, la amnistía?
O son extremadamente listos, o extremadamente tontos ¿Cuándo alguien
se lanza a lo que se lanzaron se puede pensar acaso que el Gobierno
español no iba a hacer nada? ¿Alguien podía creer que no habría que
pagar por lo que se hizo? Y ahora piden una amnistía ¿Para Puigdemont?
Ha habido un indulto y carece de sentido tratar de borrar el pasado,
diciendo que no hubo delitos. De hecho, Junts no está en la mesa de
negociación entre otras cosas porque plantearon que en ella se hablara
sobre los políticos huidos, y de su posible retorno. Resulta surrealista
que, a ojos de una parte del independentismo, los “traidores” fueron a
la cárcel y los que huyeron los “héroes”. Puigdemont es el héroe y
Junqueras el traidor. Cataluña es el mundo al revés.
En este mundo al revés ocupa un lugar muy significativo lo que se
ha llamado “supremacismo”, eso que según Wikipedia defiende la
superioridad de un colectivo humano frente a los demás por razones
étnicas, biológicas, culturales, religiosas o de origen…
La burguesía catalana, entre los que había muchos que apoyaron a
Franco, siempre fue supremacista. Ese supremacismo se proyectó
especialmente contra los emigrantes que vinieron a trabajar a Cataluña.
Prueba de esto son, por ejemplo, cosas como que, en el centro de
Sabadell, donde yo vivo, se le considere y se le llame Sabadell,
propiamente dicho, y “los barrios”, de gente emigrante, son otra cosa.
Eso pervive aún. El procés ha reforzado ese supremacismo,
ignorando y ninguneando a media Cataluña. Resultó sorprendente que medio
Parlamento se ausentara en una votación y ellos siguieran a lo suyo,
como si nada. Cosas como asociar el “poble de Catalunya” a los suyos es
intolerable.
En este estado de cosas ¿Qué paisajes se vislumbran?
Parece que Cataluña no tiene solución. La mesa de diálogo, si
prospera, llegaría un nuevo estatuto, en el que naturalmente no se
abriría la puerta a la autodeterminación, ni a la amnistía. Preveo un
estatus a lo belga, donde los flamencos viven separados de los
francófonos. Puede haber gobiernos independentistas para rato, porque el
constitucionalismo no reúne condiciones para hacerle frente al
nacionalismo.
En cualquier caso, el ramalazo independentista no desprende un
cierto aroma de fin de época… ¿No hay algo o mucho de agónico en el
nacionalismo catalán?
Parece que Pere Aragonés, por fin, podría “peneuvizarse”. Convertirse
en un partido pragmático, capaz de pactar, más allá de su ideología o
sus fines a largo plazo. Podría, por ejemplo, pactar con el Partido
Socialista, como hace el PNV. Cosa que, nadie duda, le va muy bien. El
nacionalismo siempre ha sido más mayoritario en el parlamento vasco que
en el catalán y, sin embargo, eso nunca ha llegado a desembocar en un
frente nacionalista. Urkullu, que encabezó en su partido la salida de la
crisis de Ibarretxe, se comprometió a fondo en la salida del atolladero
de Puigdemont. No hubo nada que hacer. Les da igual que todo se vaya a
pique. La educación se hunde, la economía se evapora… Estamos cada vez
más a la cola en los rankings. Esquerra parece que está intentando
encauzar algo, y está por ver hasta dónde puede llegar, a la vista de
las enormes presiones que soporta. Parece que lo más sensato sería
llegar a un pacto con Salvador Illa. Seguramente, algún día llegará.
Porque lo de Vía Layetana ha quedado atrás. Habrá quien añore que el 1-O
no hubiera algún muerto, pero serán cada vez menos.
Pero la función del procés, como en los espectáculos de magia, se acaba. Se encienden las luces, y se vuelve a la realidad…
Soy defensor de la lengua catalana, porque me he ganado la vida dando
clases de catalán. Pero es verdad que el catalán se ha
instrumentalizado políticamente tanto, asociándolo al nacionalismo, que
acabará pagando por ello. Cuando yo enseñaba catalán en barrios
castellano-hablantes había pasión por aprenderlo, porque para muchos
significaba una forma de acceder a otro estatus. De ahí, que la
inmersión fuera apoyada por los inmigrantes. El propio Jordi Pujol se
oponía a ello, porque temía que el catalán saldría perdiendo. Elegir la
lengua podía contribuir a separarse. Aunque también es verdad que la
buena inmersión tendría que haber sido en una doble dirección, bilingüe.
Y eso no ha ocurrido. El catalán se haya asimilado tanto al
nacionalismo que yo mismo he recibido insultos por hablar en catalán.
Laura Borrás diciendo que no contestaba a una pregunta en castellano le
está haciendo un flaco favor al catalán." (Entrevista a Josep Asensio, El Triangle, 03/10/21)