25/5/14

Carod Rovira negó repetidamente que en Cataluña existieran ciudadanos catalanes castellanohablantes. Será que nunca anduvo por Cornellá

¿Existen dos comunidades lingüísticas en Cataluña?

En Cataluña, hablamos frecuentemente de los castellanohablantes y los catalanohablantes, con la idea de que forman dos comunidades distintas. En este escrito quería cuestionar que ello sea efectivamente así.

Para los nacionalistas independentistas, no existen dos comunidades lingüísticas en Cataluña sino una sola, la catalanohablante.

 Como sabemos, para ellos sólo existe una lengua propia en Cataluña, el catalán, y todos los ciudadanos o lo hablan o deberían hablarlo. Es decir, o lo tienes o estás en falta, porque el mundo gira alrededor sólo del catalán para ellos. 

Respecto al español, generalmente fingen que no existe, y cuando la realidad les muestra que sí existe, entonces argumentan que es una lengua impuesta o ajena a Cataluña, un accidente de la Historia.

El ex dirigente de Esquerra Republicana Josep Lluís Carod Rovira, cuando estaba en el poder, negó repetidamente que en Cataluña existieran ciudadanos catalanes castellanohablantes. Este término, realmente, no existe en el discurso público catalán, a diferencia de otros países, como Canadá, donde se habla abiertamente de los anglófonos y de los francófonos, además de los bilingües (el 17% de la población en todo Canadá se considera bilingüe).

Desde posiciones críticas, por el contrario, el término castellanohablante o catalanohablante es utilizado con frecuencia. Hablamos de ellos para referirnos a los ciudadanos que tienen el español y el catalán respectivamente como lenguas maternas. Así, unos forman la comunidad castellanohablante y otros la catalanohablante.

Sin embargo, ¿corresponde esto a la realidad? ¿Hay realmente dos grupos distintos compuestos por dos comunidades lingüísticas separadas y monolíticas? Una observación de la realidad sociolingüística de Cataluña nos muestra que las cosas son más complejas.

Desde mi punto de vista, en Cataluña hay en primer lugar una comunidad de ciudadanos (a pesar de que algunos se empeñen en llamarnos “pueblo”) y cuando consideramos a estos ciudadanos como hablantes de una lengua, el categorizarlos en dos grupos diferenciados según su lengua materna es una opción que presenta dos problemas:

b) Es un enfoque esencialista: cada persona pertenece únicamente a un grupo o a otro dependiendo de un rasgo, su lengua materna, que no ha escogido y que es inmutable. Uno puede aprender varias lenguas pero su lengua materna siempre es la misma. En las democracias, los grupos donde uno no se adhiere de manera libre sino que es situado allí, le guste o no, son difíciles de defender ya que van contra la libertad de las personas.

 Por supuesto que la lengua materna existe y las personas pueden ser agrupadas, de manera descriptiva, según su lengua materna. Esto no es ningún problema, el problema surge cuando a partir de esta categoría esencialista se desprenden ideas, comportamientos, derechos, deberes, o cualquier otra cuestión.

a) El concepto de hablante de una lengua: este enfoque considera hablantes de una lengua únicamente a los que la tienen como lengua materna cuando, desde la Lingüística, sabemos que el hablante de una lengua no es sólo aquella persona que la tienen como lengua materna sino también aquellos que la usan de manera habitual y la tienen como una lengua de identificación (una lengua que sienten suya, que “aman”).

Es posible que aquellos que tienen como lengua materna el español o catalán y que prácticamente utilizan sólo su lengua materna en su vida cotidiana, se sientan satisfechos con la definición de ser miembros exclusivamente de la comunidad castellanohablante o de la comunidad catalanohablante. Estas personas son los monolingües identificados con una sola lengua. Esta es una opción absolutamente respetable pero no es la única que existe.

Otras opciones lingüísticas que existen en Cataluña y que podemos observar diariamente son aquellas referentes a los diferentes grados de bilingüismo. Por ejemplo existen los hablantes de español lengua materna que hablan fluidamente el catalán y que lo usan cuando les parece oportuno. Existen también los hablantes nativos del catalán que conocen bien el español y lo usan cotidianamente. Tanto unos como otros forman un grupo: son los bilingües activos que viven su bilingüismo como una experiencia positiva y enriquecedora.

Existen también los llamados bilingües receptivos, es decir, aquellos ciudadanos que se sienten mejor hablando en su lengua materna, sea ésta el español o el catalán, pero que no sienten ninguna resistencia a realizar actividades receptivas, como leer o escuchar, en la otra lengua. También usan la otra lengua en actividades productivas, como hablar y escribir, aunque su preferencia para estas actividades está en poder realizarlas en su lengua materna.

El hecho de que el español y el catalán sean lenguas tan parecidas facilita el bilingüismo de la sociedad. Es un caso diferente al del País Vasco, por ejemplo, donde el euskera solo se aprende si uno hace un esfuerzo y dedica tiempo y energía porque es una lengua que no se puede aprender sólo viviendo allí mineras que el catalán, sí (al menos, a un nivel receptivo).

En este punto, querría realizar un apunte personal: soy bilingüe activa, de lengua materna catalana. Cuando se habla de los castellanohablantes sólo como aquéllos que tienen el español como lengua materna, de la vulneración de sus derechos lingüísticos y de las dificultades que tienen para poder usar el español en la vida pública, me siento excluida de un grupo donde siento que pertenezco. 

Yo también soy castellanohablante y mis derechos lingüísticos también están siendo vulnerados. Mi impresión es que somos bastantes los ciudadanos catalanohablantes nativos que nos sentimos así.

Respecto a los castellanohablantes nativos, muchos de ellos también son catalanohablantes activos y desean una promoción y una protección del catalán, respetuosa con el español. Consideran el catalán también como una lengua suya y se identifican con ella, a pesar de toda la politización que ha hecho el nacionalismo de esta lengua.

Así, pues, observamos que hay una gran variedad en los hábitos lingüísticos de los ciudadanos. El bilingüismo no es una absoluto sino una cuestión de grados, de registros y de destrezas. 

En consecuencia, pienso que el enfoque sobre este tema debería ser que en Cataluña no existen dos comunidades lingüísticas diferenciadas y monolíticas sino una sola comunidad bilingüe, con un uso amplio de ambas lenguas por parte de sus ciudadanos, en diferentes grados y dependiendo de las opciones personales de cada uno. 

El monolingüismo - español o catalán - es una de estas opciones junto con los bilingüismos activo y receptivo. Una comunidad de ciudadanos, pues, con una diversidad de hábitos lingüísticos. Desde mi punto de vista, esta definición es más fiel a la realidad sociolingüística de Cataluña que la idea de las dos comunidades lingüísticas diferenciadas.

Mercè Villarubias  "                   (Arcadi Espada, blog)

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