"Hay cosas que tienen solución y cosas que no la tienen. Las cosas que no
tienen solución, o que no parece que la tengan, dan más miedo. Cuestan
más de aceptar. (...)
Pretender a estas alturas que Mariano Rajoy y Artur Mas van a
sentarse a hablar, o que si lo hicieran iban a arreglar algo, es de una
simpleza tan fantástica, tan catatónica, que sólo se explica desde la
imperiosa necesidad de todo un establishment carcomido hasta el nervio
(el actual establishment político-mediático-intelectualoide catalán…) de
justificar el mantenerse tal cual, el que aquí nadie quiera admitir que
han metido la pata hasta el fondo. Que se han equivocado.
La idea es que desde la Moncloa les echen una mano y les digan,
bueno, pero nosotros también, ni tú ni yo, pelillos constitucionales a
la mar…¿en serio creen que va a ocurrir eso? ¿Tanto gilipollas hay? No
es humanamente posible, ni siquiera en la Cataluña actual.
O les han
drogado con algo, o se pinchan cada día antes de salir de casa con una
especie de insulina autocegadora, de autoopio. Y así se convencen de
tener razón y de tener razones veinticuatro horitas más.
En menos de veinticuatro horas entrevisto en Madrid a Albert Boadella
para ABC y me siento a hablar con un abogado muy inteligente, que se
llama Raúl Ochoa. Me llama mucho la atención que dos personas que no
tienen nada que ver, que no se conocen de nada, me vengan a decir en
esencia lo mismo: que ellos no se creen que aquí tenga ninguna
viabilidad ni ningún sentido sentarse a hablar de más o menos
federalismos o más o menos ganas de reformar la Constitución.
Que todo
eso puede estar la mar de bien en sí mismo (como la abdicación de Juan
Carlos I, como el 15-M…) pero no va a modificar ningún elemento central
del paisaje. Que en Cataluña hace mucho tiempo que ciertas cosas entran
por una oreja y salen por la otra (de los de siempre).
Boadella y Ochoa, insisto en que sin conocerse de nada, coinciden en
que aquí la única solución, o por lo menos amenguamiento del problema,
pasa porque el Estado se cuadre. Porque se deje sentir. Porque no tenga
miedo de aplicar la ley.
¿Sacar los tanques? No, quién propone eso, a no
ser que los saquen del otro lado…(pero como en el otro lado no hay, no
parece probable el órdago). Simplemente no tener complejos de ser
Estado, no tener complejos de ser. No tener miedo a existir.
¿Cuánta gente no se habrá dado cuenta ya de que eso es así? ¿De que
Rajoy y Mas no van a hablar, no pueden hablar, porque no tienen nada qué
decirse?
Hace tiempo que el problema no tiene solución. Sólo tiene, y cuán a duras penas, remedio." (Anna Grau, Crónica Global, Lunes, 14 de julio de 2014)
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