"(...)¿Cómo percibe la deriva independentista en Cataluña?
- Creo que una ensoñación ha calado en gran parte de la clase media, la ensoñación del «solos estaríamos mejor». ¿Qué va a pasar? Supongo que al final no pasará nada, que en algún momento se llegará a algún tipo de acuerdo civilizado, como siempre ha ocurrido.
- Lo que no puede ser es que el nacionalismo esté todo el rato paseando sus mentiras sobre los 300 años de opresión que no fueron; sobre el «España nos roba», que resulta que no nos roba, sobre ese futuro en la Unión Europea que les parece esplendoroso y que, por supuesto, está por ver... Crear un país nuevo a partir de mentiras parece bastante insensato.
- ¿En el día a día Barcelona le sigue siendo una ciudad cómoda, sin problemas, su ciudad?
- Sí, no hay tensión. Te pueden insultar por Facebook por una declaración que has hecho, por algo que has dicho, pero no, no hay problemas. Y todo cambia muy deprisa. Hace tres años, en las municipales, ERC desapareció prácticamente [dos concejales en Barcelona], y ahora las encuestas le dan como partido ganador. En otros tres años podemos volver a la situación anterior...
- ¿Sabe cuántos catalanes se sienten sólo catalanes? Un 23,5%. Hay un 76,5% de la población que, en alguna medida, se sienten también españoles. Los lazos afectivos profundos o subterráneos que unen a la población catalana con el resto de España siguen existiendo, al menos en una gran mayoría.
- Eso hace que, al final, los trapicheos de los políticos sean como pompas de jabón. Sigue habiendo una adhesión sentimental, es imposible que no la haya.
- ¿Cuánto lleva en Barcelona?
- Treinta y dos años.
- Una vida...
- Bueno, mis hijos [uno de 24 años y otro de 18] son de aquí. Sí, es que lo que aquí se plantea es si mis vecinos tienen derecho a obligarme a elegir entre la tierra de mi madre y la tierra de mis hijos... Así de sencillo." (Crónica Global, 07/07/2014)
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