"(...) Cuantas veces habrá que decirles que el problema no es que se vayan
sino que se vayan con algo más que lo puesto. Pero al margen de los
vahídos sentimentaloides hay unos párrafos verdaderamente lúcidos y
emocionantes que harán su delicia, siendo usted el hombre actual sobre
la faz de la tierra que ha insistido más y mejor en este punto.
Un Estado-nación democrático, pacífico, bien gobernado es una
bendición que no debe ser descartada. Ese es un fuerte argumento
negativo en contra del cambio. Pero también hay un argumento positivo, a
lo que la campaña contra la independencia de Escocia ha tenido
problemas para dar voz: la idea de la unión.
El Reino Unido representa la creencia de que las personas con
historias e identidades diferentes pueden vivir juntos, y su diversidad
hace que su cultura, su economía y su sistema de gobierno sean más
fuertes.
Es revelador que la mayoría de los miembros de las minorías
étnicas se describen como británicos en lugar de ingleses o escoceses;
reconocen instintivamente la identidad liberal que no se apoya en el
nacionalismo estrecho, pero en un concepto ilustrado de nación que
ofrece la unión.
En un mundo asolado por el odio étnico, los prejuicios
culturales y la violencia religiosa, esa idea debe contar más que las
decepciones y sentimientos de alienación que los escoceses han
experimentado en las últimas décadas reales, pero fugaces.
Si este ideal se ve socavado por la disolución de Gran Bretaña, y
la propia voz del país se debilita, el amor propio de los británicos no
sería la única víctima. Como miembro permanente del Consejo de
Seguridad de la ONU y gran voz en el FMI, el G7 y la Unión Europea, Gran
Bretaña puede hacerse oír en apoyo a los valores como los derechos
humanos, la democracia, la libertad de expresión y el Estado de Derecho.
Si Escocia se fuera, ni ella ni Gran Bretaña tendrían tanta influencia
como hoy, y el mundo sería más pobre por ello.
La idea de la unión. Por supuesto, sir. El Reino Unido, como España,
representa la creencia de que las personas distintas pueden vivir
juntas. Nuestra generación ha sido vencida por el prestigio, torpemente
babélico, de la diferencia y la fragmentación.
Ese prestigio está
incluido en la matriz misma de tantas súplicas sentimentaloides para que
no se vayan: de algún modo se les reconoce que tienen razones positivas
para irse, cual esposa amada, pero humillada por el marido.
Y hay otra
cuestión crucial en la argumentación de nuestro Economist:
jamás la destrucción de un Estado europeo puede ser un asunto interno.
Esta voz que tanto echamos en falta en nuestros burócratas. (...)" (Arcadi Espada, 11/07/2014)
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