21/5/14

Una Cataluña utilizando el euro pero fuera de la UE, viviría bajo el riesgo de convertirse en la Argentina del corralito

"Supongamos que de aquí unos años Cataluña se separa de España de forma pacífica, y pasa a quedarse cerca pero no del todo dentro de la Unión Europea. (...) Cataluña puede seguir utilizando el euro, si así lo desea, como moneda de curso legal, pero sin poder entrar en el eurosistema ni en el BCE. (...)

Aparentemente, es una salida aceptable, y no parece descabellada ni demasiado incómoda. Hay un pequeño problema: el euro. Schengen, el mercado común y demás son ventajas nada triviales para cualquier estado del continente, eso es obvio. La moneda única, sin embargo, es un animal bastante distinto.   (...9

Lo que no se comenta demasiado a menudo, sin embargo, es que aunque el euro quizás no fuera una idea brillante en la forma en que ha sido implementada es bastante probable que adoptar su uso sin entrar a formar parte del BCE es seguramente una idea aún peor.

El motivo es bastante simple: tener un banco central “propio”, por muy inútil que este sea, es mucho mejor que carecer de él en caso de una crisis presupuestaria, monetaria o financiera. Imaginad que allá por el 2016, por motivos que no vienen al caso, la economía de un hipotético estado catalán independiente se mete en problemas mientras el resto del continente se recupera.

Cataluña tiene una burbuja inmobiliaria (otra vez), La Caixa resulta que puso todo el dinero que tenía en depósitos en deuda Argentina, dos petroleros se hunden en frente de Platja D´Aro y Sitges y arruinan al sector turístico del país, o sencillamente la Generalitat gasta dinero que no tiene y se mete en una crisis fiscal. 

En todos estos casos, Cataluña se encontraría con el mismo problema que hemos visto en la Eurozona estos últimos años: un euro fuerte cuando la economía está débil. El ajuste debe hacerse vía precios porque no es posible devaluar, haciendo la crisis aún peor. 

Este empeoramiento de la recesión hace que la situación fiscal del país empeore, y eso afectaría tarde o temprano al sistema financiero local, inevitablemente cargado de bonos catalanes. Es el viejo círculo vicioso que condenó a un estado de la eurozona tras otra a meterse a un rescate.

En el hipotético caso de un estado fuera de la eurozona, sin embargo, hay una diferencia crucial: Draghi no va a utilizar la frase mágica prometiendo hacer todo lo necesario para evitar romper el euro contigo. No es su trabajo. La crisis bancaria y financiera en la zona euro se arregló cuando Draghi insinuó que compraría deuda pública si eso fuera necesario para evitar la caída de un estado o de su sistema bancario.

 El BCE tiene capacidad de imprimir moneda, así que la mera promesa de hacerlo bastó para estabilizar los mercados. Para un estado que usa el euro pero no forma parte de él, esta promesa no existe, y ningún banquero central en su sano juicio pondrá el crédito de su(s) contribuyente(s) para rescatar a un tercero irresponsable.

 Una Cataluña utilizando-el-euro-pero-fuera-de-él viviría bajo el riesgo implícito de poder convertirse en Argentina en los años del corralito si las cosas fueran mal.

Por supuesto, la clase política catalana quizás no tenga el enorme talento de la argentina para implosionar la economía del país de forma recurrente. Es más, estoy seguro que hay pocos países que puedan igualar ese nivel. 

El problema, sin embargo, es que no tener banco central propio puede generar problemas parecidos en dirección contraria, cuando tu país va mucho mejor que tus compañeros de área monetaria no del todo óptima. 

La eurozona, de nuevo, da pistas sobre qué puede salir mal: los años de bonanza en España (artificial y fantasiosa, pero bonanza) pusieron presión al alza sobre los precios, aniquilando en pocos años la competitividad española en muchos sectores. 

La única forma de haber evitado que eso hubiera sucedido era mediante una contracción fiscal decidida. Buena suerte intentando convencer a los votantes que a pesar del superávit y el fuerte crecimiento es hora de recortar gasto y subir impuestos.

En este escenario tener un banco central estilo BCE no es una gran ayuda, al menos bajo el chapucero diseño de la eurozona. En un sistema medio decente el BCE hubiera impuesto a España un ajuste fiscal el 2004-2006 junto con duras medidas a los bancos restringiendo el acceso al crédito.

 El el sistema que teníamos miró para otro lado y dejó que nos hincháramos a construir ladrillo, aunque al menos tuvimos la mano de Draghi (demasiados) años después, para evitar que el empacho acabara con nosotros.

Este segundo escenario, combinado con el primero, debería dar pistas sobre el escenario al que se enfrentaría una Cataluña independiente fuera de la eurozona pero con el euro: es perfectamente posible que sobrevivieran y prosperaran, siempre que mantuvieran una política económica extraordinariamente disciplinada.

 Es posible vivir en un mundo sin banco central ni moneda propia, pero cualquier político que tenga que dirigir un país bajo este régimen debe ser consciente que cualquier crisis o recalentamiento económico del país, por pequeño que sea, puede convertirse en un problema mayúsculo rápidamente.

 El país puede tener un estado de bienestar estupendo, políticas sociales amplias y todo lo que quiera, pero la disciplina fiscal y financiera tiene que ser absoluta, ya que no hay red de seguridad garantizando su solvencia o la de sus bancos.

 En este contexto sería casi deseable que el país renunciara incluso a tener cualquier cosa que no fueran bancos pequeñitos y manejables domiciliados dentro de sus fronteras, para evitar cualquier clase de riesgo regulatorio. Una Cataluña soberana no sería inviable fuera de la zona euro, pero su libertad de maniobra en temas económicos sería mucho más limitada de lo que parece a primera vista.  (...)

Ser Holanda no es un mal destino para un país (ya nos gustaría ser como ellos) , pero también exige llevar el país de otro modo. No estoy seguro que la clase política catalana entienda eso, y más en vista del aspecto del presupuesto de la Generalitat o la calidad de la administración. (...)"               ( , Politikon, 13/05/2014)

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