"Supongamos que de aquí unos años Cataluña se separa de España de forma
pacífica, y pasa a quedarse cerca pero no del todo dentro de la Unión
Europea. (...) Cataluña puede seguir utilizando el euro, si así lo desea, como moneda
de curso legal, pero sin poder entrar en el eurosistema ni en el BCE. (...)
Aparentemente, es una salida aceptable, y no parece descabellada ni demasiado incómoda.
Hay un pequeño problema: el euro. Schengen, el mercado común y demás
son ventajas nada triviales para cualquier estado del continente, eso es
obvio. La moneda única, sin embargo, es un animal bastante distinto. (...9
Lo que no se comenta demasiado a menudo, sin embargo, es que aunque
el euro quizás no fuera una idea brillante en la forma en que ha sido
implementada es bastante probable que adoptar su uso sin entrar a formar
parte del BCE es seguramente una idea aún peor.
El motivo es bastante simple: tener un banco central “propio”, por muy inútil
que este sea, es mucho mejor que carecer de él en caso de una crisis
presupuestaria, monetaria o financiera. Imaginad que allá por el 2016,
por motivos que no vienen al caso, la economía de un hipotético estado
catalán independiente se mete en problemas mientras el resto del
continente se recupera.
Cataluña tiene una burbuja inmobiliaria (otra
vez), La Caixa resulta que puso todo el dinero que tenía en depósitos en
deuda Argentina, dos petroleros se hunden en frente de Platja D´Aro y
Sitges y arruinan al sector turístico del país, o sencillamente la
Generalitat gasta dinero que no tiene y se mete en una crisis fiscal.
En
todos estos casos, Cataluña se encontraría con el mismo problema que
hemos visto en la Eurozona estos últimos años: un euro fuerte cuando la
economía está débil. El ajuste debe hacerse vía precios porque no es
posible devaluar, haciendo la crisis aún peor.
Este empeoramiento de la
recesión hace que la situación fiscal del país empeore, y eso afectaría
tarde o temprano al sistema financiero local, inevitablemente cargado de
bonos catalanes. Es el viejo círculo vicioso que condenó a un estado de
la eurozona tras otra a meterse a un rescate.
En el hipotético caso de un estado fuera de la eurozona, sin embargo, hay una diferencia crucial: Draghi no va a utilizar la frase mágica prometiendo hacer todo lo necesario
para evitar romper el euro contigo. No es su trabajo. La crisis
bancaria y financiera en la zona euro se arregló cuando Draghi insinuó
que compraría deuda pública si eso fuera necesario para evitar la caída
de un estado o de su sistema bancario.
El BCE tiene capacidad de
imprimir moneda, así que la mera promesa de hacerlo
bastó para estabilizar los mercados. Para un estado que usa el euro
pero no forma parte de él, esta promesa no existe, y ningún banquero
central en su sano juicio pondrá el crédito de su(s) contribuyente(s)
para rescatar a un tercero irresponsable.
Una Cataluña
utilizando-el-euro-pero-fuera-de-él viviría bajo el riesgo implícito de
poder convertirse en Argentina en los años del corralito si las cosas fueran mal.
Por supuesto, la clase política catalana quizás no tenga el enorme talento de la argentina para implosionar la economía del país de forma recurrente.
Es más, estoy seguro que hay pocos países que puedan igualar ese nivel.
El problema, sin embargo, es que no tener banco central propio puede
generar problemas parecidos en dirección contraria, cuando tu país va
mucho mejor que tus compañeros de área monetaria no del todo óptima.
La
eurozona, de nuevo, da pistas sobre qué puede salir mal: los años de
bonanza en España (artificial
y fantasiosa, pero bonanza) pusieron presión al alza sobre los precios,
aniquilando en pocos años la competitividad española en muchos
sectores.
La única forma de haber evitado que eso hubiera sucedido era
mediante una contracción fiscal decidida. Buena suerte intentando
convencer a los votantes que a pesar del superávit y el fuerte
crecimiento es hora de recortar gasto y subir impuestos.
En este escenario tener un banco central estilo BCE no es una gran
ayuda, al menos bajo el chapucero diseño de la eurozona. En un sistema
medio decente el BCE hubiera impuesto a España un ajuste fiscal el
2004-2006 junto con duras medidas a los bancos restringiendo el acceso
al crédito.
El el sistema que teníamos miró para otro lado y dejó que
nos hincháramos a construir ladrillo, aunque al menos tuvimos la mano de
Draghi (demasiados) años después, para evitar que el empacho acabara
con nosotros.
Este segundo escenario, combinado con el primero, debería dar pistas
sobre el escenario al que se enfrentaría una Cataluña independiente
fuera de la eurozona pero con el euro: es perfectamente posible que
sobrevivieran y prosperaran, siempre que mantuvieran una política
económica extraordinariamente disciplinada.
Es posible vivir en un mundo sin banco central ni moneda propia, pero
cualquier político que tenga que dirigir un país bajo este régimen debe
ser consciente que cualquier crisis o recalentamiento económico del
país, por pequeño que sea, puede convertirse en un problema mayúsculo
rápidamente.
El país puede tener un estado de bienestar estupendo,
políticas sociales amplias y todo lo que quiera, pero la disciplina
fiscal y financiera tiene que ser absoluta, ya que no hay red de
seguridad garantizando su solvencia o la de sus bancos.
En este contexto
sería casi deseable que el país renunciara incluso a tener cualquier
cosa que no fueran bancos pequeñitos y manejables domiciliados dentro de
sus fronteras, para evitar
cualquier clase de riesgo regulatorio. Una Cataluña soberana no sería
inviable fuera de la zona euro, pero su libertad de maniobra en temas
económicos sería mucho más limitada de lo que parece a primera vista. (...)
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