"Ilustrativo el excelente artículo del profesor Montero (EL CORREO 11.05.14)
sobre la distribución social de los apellidos de origen vasco o de
progenie castellana, según el cual y con los datos estadísticos que
aporta, esa distribución es del 56-24-20 para el conjunto del País
Vasco.
Es decir, 56% cuyos dos apellidos es de origen foráneo, 24% que
poseen uno de los dos apellidos de aquí, y 20% cuyos dos apellidos son
vascos fetén.
A la vista de ello, cabe calificar cuando menos de estridente el
hecho de que las proporciones respectivas de apellidos en el conjunto de
la sociedad vasca, por un lado, y en el particular universo de su
representación política parlamentaria, por otro, ¡estén puntual y
exactamente invertidas!
Es decir, que si tomamos los apellidos de los 75
parlamentarios vascos actuales observamos que el grupo que en la
sociedad es mayoritario (el 56% de ‘castellanos’ puros) se convierte en
el minoritario (el 24%). Y el socialmente minoritario (el 20% de vascos
fetén) se transforma en mayoritario (el 52% de la Cámara).
Un 20%
consigue un 52% de representantes, mientras que un 56% sólo consigue un
24%. Sólo el grupo intermedio de ‘mezclados’ correlaciona
aceptablemente: 24% en la sociedad, 18% en la Cámara.
Esta inversión no es puntual, sino que se repite a lo largo de todas
las legislaturas del Parlamento vasco desde que éste inició su andadura
(salvo en la muy particular de 2008), lo que demuestra que es un sesgo
permanente de la apellídistica de la élite política vasca. Lo corrobora
el caso de los lehendakari, cargo que sólo durante un 11% del tiempo de
autogobierno ha correspondido a uno del grupo común del 56%, mientras
que el 89% del desempeño lo han ocupado euskolabels del 20%.
Puede
señalarse que la misma estridencia se produce en Cataluña: los nativos
copan la representación, mientras que los venidos de fuera están
enormemente infrarrepresentados. No hay ningún García en el Parlament a
pesar de que nada menos que el 3% de los catalanes vivos lleva ese
apellido. (...)
Primera conclusión, que si tiene usted afanes políticos pero carece
de vasconomástica, lo suyo es el españolismo, o los movimientos
sociales, pero en todo caso lo tiene difícil: sólo por su apellido,
tiene cinco veces menos posibilidades de ser electo que otro ciudadano. Y
de ser lehendakari, diez menos.
La designación de los candidatos a las elecciones es coto reservado
de los propios partidos y, por tanto, el color apellídistico de los
parlamentarios no deriva de la elección directa de los ciudadanos, sino
de la preselección de partido. Segunda conclusión entonces: que son los
partidos que pudiéramos denominar ‘vascos fetén’ los que acotan su
representación a ‘ciudadanos vascos fetén’.
Y si lo hacen, es obvio, es
porque creen que ello les favorece incluso ante los votantes de los
otros grupos onomásticos que son mayoritarios. Lo que efectivamente es
así: es claro que ese 60% de ciudadanos que vota al PNV o EH-Bildu no
puede poseer la misma apellidística que sus representantes (sólo un 20%
de la sociedad la posee), y sin embargo les votan encantados y se
sienten más realizados en sus anhelos simbólicos cuando es un ‘pata
negra’ con label quien les representa, y no un ‘García Pérez’como son
ellos mismos.
Tercera conclusión: PNV o EH-Bildu proclaman como principio que todos
los vascos son igual de vascos, pero seleccionan para sus puestos de
representación entre los pocos que poseen el label, lo que pone muy en
cuestión la sinceridad de su proclamada creencia.
¿Podría sugerirse sin ofender a nadie que debe andar por ahí suelto
un cierto síndrome culposo de ‘insuficiencia vasca’? Porque algún virus
tiene que aquejar a una sociedad que es capaz de llevar a efecto una
conducta tan desviada de aquello a lo que normalmente tiende la
representación política dejada a sí misma, es decir, a elegir a los
similares.(...)
En el fondo, ésta es una de esas peculiaridades vascas que, de puro
asumidas como poco menos que naturales, nadie percibe como tal
peculiaridad. O prefiere no hablar de ella. Como lo de que nuestra
‘lengua propia’ sea la que no nos es propia a la mayoría.
O que los
niños de ahora lleven nombres inexistentes en la tradición familiar de
sus padres. ¡Curioso país éste, no tanto por sus extravagancias mismas
como por el hecho de que nadie parece querer verlas ni comentarlas!
¿Algún día vendrá un antropólogo extranjero a estudiarnos? Se haría
famoso a poco que afinara. Creo yo." (J. M. RUIZ SOROA, EL CORREO – 18/05/14, en Fundación para la Libertad)
No hay comentarios:
Publicar un comentario