"(...) La Cataluña independiente no sería un estado mejor sino mucho peor que
el actual. Ya hace tiempo que la teoría del oasis catalán ha pasado a
mejor vida.
La clase política dirigente catalana no es ni mejor ni peor
que la del resto de España, con el agravante de que en Cataluña ha
funcionado una ley del silencio y del encubrimiento mutuo que no ha
existido en la misma dosis en el resto del estado.
Un país más pequeño y
con efervescencia nacionalista implicaría menos centros de poder
económico, menor independencia del poder judicial, menos libertad de
prensa, en definitiva menos democracia.
Si esto está pasando ahora,
imagínense lo que pudiera pasar en una Cataluña independiente que
nacería con graves problemas económicos y financieros y con una profunda
división social. Las tentaciones autoritarias estarían al orden del
día, y la excusa del enemigo interior y exterior sería la coartada
perfecta, como siempre en los regímenes autoritarios, para justificar lo
injustificable.
El estatalismo propio de todos los nacionalismos se
vería favorecido por las "necesarias medidas" para garantizar el
abastecimiento, el flujo del dinero etc. Panorama ciertamente desolador. (...)" (Francesc Moreno, Crónica Global, Viernes, 16 de mayo de 2014)
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