21/5/14

Estremece observar que el independentismo catalán se niegue a reconocer los hechos más elementales, el de que Cataluña quedaría fuera de la UE

"El título no peca de patético, describe simplemente la situación ante la que nos encontramos.

 La independencia de Cataluña tendría consecuencias catastróficas para la misma Cataluña, que tardaría una generación en recuperarse, pero también para el resto de España, que no aguantaría política ni económicamente la pérdida del 20% del PIB, algo que a su vez pondría en cuestión la supervivencia del euro. No en vano España ocupa la cuarta posición en la eurozona.

Si añadimos las tensiones separatistas —desde Escocia y el Véneto, hasta Bélgica— se explica que el empeño soberanista de Cataluña levante verdadero pavor en Europa. ¡En qué mundo ficticio vivirá el presidente de la Generalitat para pasearse por Europa pidiendo comprensión y ayuda para su proyecto independentista, sin percatarse de los motivos de que nadie importante lo reciba!

Estremece observar que el independentismo catalán se niegue a reconocer los hechos más elementales, incluso no acepte la evidencia, confirmada una y otra vez por las instituciones comunitarias, de que Cataluña quedaría fuera de la UE. 

Es difícil de prever el tiempo que pase hasta que fuera admitida, pero sí lo son los grandes problemas que plantearía este interregno: se volvería a la peseta, se inventará otra moneda, o se seguirá utilizando el euro, pero ya sin vinculación con el Banco Central Europeo, como hace el Estado Vaticano.

El nacionalismo interpreta las advertencias sobre los enormes costes de la secesión para catalanes, el resto de los españoles y la eurozona, como meras amenazas sin base real, que no pretenden más que vetar que la nación catalana adquiera el rango de Estado soberano al que tendría pleno derecho. (...)

No faltan catalanes que por la independencia, un bien que consideran superior a cualquier otro, estarían dispuestos a pasarlo mal, tanto y tan largo como fuere necesario, pero son, sin duda, una exigua minoría. La mayor parte de los que se inclinan a las tesis soberanistas, en rápido aumento este último tiempo, ignoran los altos costes que tendrán que pagar. Por eso se atreven a huir de una España en la que falta una visión de futuro medianamente ilusionante.

Ante la perspectiva de que siga la corrupción, el paro masivo, el desmontaje del Estado social y la desigualdad social, como el único crecimiento que se constata, vale probar algo nuevo. Una Cataluña independiente representa un empezar sobre bases nuevas que sostienen la esperanza de que al fin se salga del atolladero.

 Se ocultan los altísimos costes que para todos implicaría esta salida, siendo el remedio tal vez peor que la enfermedad, pero es la única perspectiva esperanzadora que se divisa en una España que se desploma a ojos vista. (...)

Confieso que no veo salida, como no sea una trágica, al enfrentamiento de las aspiraciones secesionistas de una parte del pueblo catalán que se crece con las dificultades, y la cerrazón del nacionalismo español, embutido, como todos los nacionalismos, en supuestos metafísicos, que los convierten en principios irrenunciables, que hacen imposible cualquier negociación basada en consideraciones racionales, o por lo menos, razonables.  (...)"               (   , El País 16 MAY 2014)

No hay comentarios: