"Hace un par de semanas estaba en una comida con unos quince
familiares. En mi parte de la mesa se encontraban dos chicos. A raíz de
la conversación que tenían sobre una palabra en español, uno de ellos,
de quince años (Alex) le preguntó a su primo de catorce (Arnau), si
sabía hablar castellano.
Este chico, Arnau, vive en el centro de
Sabadell en un ambiente prácticamente todo catalanoparlante: la familia,
la escuela, los vecinos, los amigos y una gran parte de los medios de
comunicación. Prácticamente nunca habla castellano y su única
interacción con la lengua es de tipo receptivo: ver páginas web, la
televisión o jugar a videojuegos.
Arnau le contestó a Alex diciendo que "no, bien, no, no mucho. Ahora
algo más al instituto porque hay unos chicos de Torre Romeu (barrio
periférico de Sabadell, mayoritariamente castellanoparlante) y nos hemos
hecho amigos y hablo con ellos a veces, en castellano".
Quise
participar en la conversación de los dos chicos, diciéndole a Arnau que
estaba muy bien que tuviera la oportunidad de hablar español con amigos,
en el patio de la escuela y en la calle. Estuvo de acuerdo; no parecía
muy orgulloso de su dificultad al hablar español. (...)
El caso de Arnau es probablemente extensible a muchos chicos y chicas
de las zonas catalanohablantes de la comunidad. El contexto lingüístico
en el que nos encontramos es aquel donde el español se ha convertido en
una lengua ajena para ellos.
Cuando lo tienen que hablar,
coloquialmente, con otros de su edad o con adultos, se sienten inseguros
porque no lo han hecho prácticamente nunca y sienten que no tienen ni
la facilidad ni la fluidez. Tenemos que tener en cuenta que nos estamos
refiriendo a hablar una lengua, por lo tanto de su registro coloquial,
la habilidad lingüística más básica.
No nos estamos refiriendo a un
conocimiento del español culto sino sencillamente a saber interaccionar
en castellano con otros. Es decir, comunicarse con naturalidad y
comodidad en el registro oral coloquial durante un largo rato con otros.
Para llegar a hacer esto, ni siquiera hay que ir a la escuela puesto
que el lenguaje coloquial se aprende en la familia y en la calle sin
problemas. Pero que pasa cuando ni en la familia ni en la calle está el
español? Qué pasa cuando uno no habla nunca en esta lengua y la única
interacción con ella es receptiva (Internet, televisión y videojuegos).
Lo que pasa es lo que le pasa a Arnau: que lo entiende pero se siente
inseguro respecto a su conocimiento del español y su facilidad para
expresarse. Esto es totalmente lógico; lo que sería extraño sería que
hablara la lengua fluidamente.
Respecto al español oral pero de registro culto, el problema es que
este sí que se tendría que aprender en la escuela, y no se aprende. Si
estos mismos chicos dentro de unos años tienen que hacer una exposición
oral en español probablemente tampoco la sabrán hacer porque también
desconocen la vertiente oral formal y culta del español.
Harán muy
probablemente lo que hizo Marta Rovira en el Congreso de los diputados
este año en su discurso en español o el actor Francesc Colomer (13 años)
protagonista de Pan Negro en su discurso de
aceptación del Premio Goya: tropezarse, vacilar y transmitir
inseguridad. Es decir, todo lo que es opuesto a comunicarse con
naturalidad y comodidad en la vertiente oral formal.
Pocas veces se habla de la privación que supone el no-aprendizaje del
español en la escuela para el grupo específico de los alumnos
catalanohablantes nativos que viven en entornos donde sólo se habla esta
lengua. Desde los conocimientos académicos que tenemos sobre este
contexto lingüístico podemos hacer algunas aportaciones para intentar
describir y analizar esta privación.
Pero el más importante sería contar
con las percepciones de los propios alumnos que viven en estas zonas.
¿Qué piensan ellos? ¿Piensan que dominan el castellano? ¿Cómo se sienten
cuando tienen que hablar en castellano -si es que lo tienen que hacer
alguna vez- ante un grupo? ¿Piensan que pueden hacer más cosas en
catalán que en castellano?
A muchos nos gustaría poder disponer de estudios de las percepciones
de los alumnos respecto a su dominio del español y quizás algún día
estaremos en posición de llevar a cabo algunos de estos estudios en
Cataluña.
Hoy por hoy, sin embargo, lo que observamos por parte de los
independentistas es sólo su absoluta reticencia a invitar los alumnos a
hablar. No quieren saber qué piensan los alumnos de la inmersión. Y si
algún alumno, por casualidad, un día dice algo no grata , allá estará
siempre uno de ellos para acallar al alumno y restituir el orden
dogmático." (Mercè Vilarrubias, Crónica Global, Martes, 15 de julio de 2014)
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