"Ahora es Raimon el problema. Manifestó ciertas dudas sobre la
independencia y una numerosísima legión de tuiteros y comentaristas de
diarios digitales catalanes sentenció, en los oscuros juzgados de
internet, que Raimon sea expulsado del templo de la catalanidad. “¡Vete a
Valencia –le dicen– con los del PP!”. Esta es la grosería más dulce que
le vomitan encima. No son cuatro insensatos. Son muchísimos. Tantos,
que deben ser considerados, no anécdota, sino categoría. Se burlan de la
trayectoria de Raimon. Lo tratan de miserable, vendido y cobarde. (...)
Sin Raimon, la lengua catalana quizá no habría llegado a la democracia en condiciones de ser protegida, ya que, en el inacabable silencio de la dictadura, fueron muchos los que, a pesar de haberla recibido de los padres, ya no la usaban ni en la calle, ni en las tiendas, ni cantando bajo la ducha. (...)
Sin Raimon, la cançó no habría alcanzado ni el vuelo interior ni la proyección internacional que conquistó. Cuando, por miedo o por comodidad, la mayoría de los catalanes callaban y se acomodaban al franquismo, Raimon cantaba a pecho descubierto y avanzaba el amanecer democrático. (...)
Hoy hablamos de la división en el interior del catalanismo.
Sectores populistas intentan aprovechar el desplazamiento del eje catalanista hacia el independentismo para asaltar su dirección. Prueba fehaciente de ello son los ataques furibundos y masivos contra Raimon. Mirar para otro lado, como hacen los presidentes de clubs de fútbol con sus ultras, es una manera de darles la razón.
El nacionalismo catalán hace ya décadas que les regala razones. Cuando explica el pasado inmediato, por ejemplo.
Los jóvenes independentistas creen que las generaciones catalanas de la transición fueron blandas, cobardes e ingenuas, al pactar la recuperación de los derechos de Catalunya. Les han explicado un relato falso. (...)" (¡No me toquen a Raimon!, de Antoni Puigverd en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 12/05/2014)
Sin Raimon, la lengua catalana quizá no habría llegado a la democracia en condiciones de ser protegida, ya que, en el inacabable silencio de la dictadura, fueron muchos los que, a pesar de haberla recibido de los padres, ya no la usaban ni en la calle, ni en las tiendas, ni cantando bajo la ducha. (...)
Sin Raimon, la cançó no habría alcanzado ni el vuelo interior ni la proyección internacional que conquistó. Cuando, por miedo o por comodidad, la mayoría de los catalanes callaban y se acomodaban al franquismo, Raimon cantaba a pecho descubierto y avanzaba el amanecer democrático. (...)
Hoy hablamos de la división en el interior del catalanismo.
Sectores populistas intentan aprovechar el desplazamiento del eje catalanista hacia el independentismo para asaltar su dirección. Prueba fehaciente de ello son los ataques furibundos y masivos contra Raimon. Mirar para otro lado, como hacen los presidentes de clubs de fútbol con sus ultras, es una manera de darles la razón.
El nacionalismo catalán hace ya décadas que les regala razones. Cuando explica el pasado inmediato, por ejemplo.
Los jóvenes independentistas creen que las generaciones catalanas de la transición fueron blandas, cobardes e ingenuas, al pactar la recuperación de los derechos de Catalunya. Les han explicado un relato falso. (...)" (¡No me toquen a Raimon!, de Antoni Puigverd en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 12/05/2014)
"[...] En unas recientes declaraciones
Raimon ha tratado de matizar su postura frente a este proceso; se ha
declarado no independentista; ha analizado los argumentos a favor y en
contra, no por nada, más bien porque le gustaría probar primero cómo
está de sal esa cazuela de pasiones que hierve ahora.
Ha sido suficiente
esta duda metódica, propia de un intelectual comprometido consigo
mismo, de un artista más allá de la política rudimentaria, para que los
talibanes de la independencia, en plena berrea de celo, se hayan abatido
sobre él bajo el amparo del anonimato de las redes sociales para
ensuciar una trayectoria intachable.
Debe quedar claro que antes de
llegar a la política, primero se requiere una integridad moral, después
una libertad intelectual, luego una rebeldía social. Finalmente, se
podrá alcanzar o no la independencia, pero esta no se librará de la
miseria si está asentada en el fanatismo". (Crónica Global, 11/05/2014)
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