"(...) Algunos, más bien ingenuos, creen que las balanzas fiscales pueden
ser la solución que aclare todo y dé la razón a quien la tiene y se la
quite a quien abusa del argumento, al determinar quién recibe más de lo
que aporta y quién obtiene menos de lo que da. Vano empeño.
En primer
lugar, las balanzas fiscales proporcionan solo datos parciales. Las
relaciones entre una comunidad y el resto del Estado son más complejas y
amplias que la ratio entre los impuestos recaudados y los gastos
efectuados.
Habría que añadir las balanzas comerciales y las
financieras, los flujos de mercancías y capitales. Eso por hablar solo
de los aspectos materiales y dejando aparte los intensos, longevos e
importantísimos lazos afectivos que nos unen.
Además, y como las balanzas fiscales son tan complejas, ni siquiera
habrá acuerdo en la metodología de cálculo. Los catalanes, por ejemplo,
prefieren y utilizan el simple análisis de flujos.
Obviando realidades
tan simples y apabullantes como el hecho de que el IVA lo paga el
comprador y se ingresa en la hacienda del vendedor (lo que beneficia
claramente a las comunidades con excedente comercial, como es el caso) y
desconociendo que una buena parte de los gastos del Estado son casi
imposibles de regionalizar.
El ejemplo de las infraestructuras del AVE
es muy bueno, pero ni mucho menos el único. ¿A quién se lo adjudicamos?
Aragón, tiene el mayor número de kilómetros, pero es evidente que lo
disfruta mucho menos que Madrid o Barcelona. ¿Cómo distribuimos el gasto
de la representación exterior; en base a la población, al Producto
Interior Bruto o al porcentaje exportador de cada uno?
Como hay cientos de casos similares, no habrá acuerdo. Los
catedráticos a quienes el Gobierno ha encargado el estudio de las
balanzas fiscales han elegido otro método, mucho más exacto, que
considera más el destino del gasto, su uso y disfrute, que su ‘origen’.
Tampoco aquí habrá acuerdo. (...)
Sin olvidar que nadie aceptará un sistema propio y exclusivo para
Cataluña, que mejore su situación y calme los ardores separatistas. Por
varias razones, porque no los calmará y porque al ser este un juego de
suma cero, salvo si Montoro encuentra la receta milagrosa para
multiplicar los panes y los peces, cualquier ventaja de uno se convierte
en perjuicio para otro.
¿Solución? Si existe, cosa que dudo, debería venir por un sistema
federal del tipo norteamericano, con una reparto competencial muy
similar en todas las autonomías, con impuestos federales que sostengan
los gastos federales y con impuestos estatales que apoyen los gastos en
que cada Estado desee incurrir. Añadiendo un sistema de solidaridad
pactado de antemano y objetivo.
A mí me parece el camino más adecuado,
pero soy consciente de que trasladaría el problema de Cataluña al País
Vasco y a Navarra. A ver quién es el guapo que nos convence para
renunciar a un sistema, éste sí, constitucional, históricamente anclado y
generalmente aceptado por la ciudadanía." (IGNACIO MARCO-GARDOQUI, EL CORREO 09/03/14, en Fundación para la Libertad)
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