"En plena posguerra, y ya visible el impacto migratorio del campo a la ciudad, Jordi Pujol acuñó el famoso lema identitario: "Es catalán todo el que vive y trabaja en Cataluña". Años después le impuso un estrambote crucial: "...y quiere serlo". Tan crucial, que lo convirtió en un oxímoron en sí mismo. El ser catalán ya no era una condición objetiva, sino un acto de la voluntad. Para mí fue agua de mayo, porque ya no queriéndolo pude quitarme. Pero la matización no estaba hecha para mí, sino para la autoridad. A partir de entonces el nacionalismo pudo legislar con seca tranquilidad moral y dictaminar que un ciudadano no podía ser catalán si no se le aceptaban las pruebas de su voluntad inequívoca de serlo. La sutileza del asunto se ve bien si se piensa en el misterioso caso alemán. Aunque los judíos que allí vivían y trabajaban bien que lo hubieran querido, no cumplían todos los requisitos para ser alemán. Su ardiente voluntad naufragaba en la condición necesaria de que dejaran de ser judíos. Y eso es lo que dejaron de ser, entre otros abandonos fatales, en número aproximado de 170 mil.
Este martes, en el Fórum Nueva Economía, Sílvia Orriols, de Ripoll, tuvo la audacia de rasgar el velo de la clásica hipocresía nacionalista y dijo: "Hay mucha gente que vive y trabaja y nace en Cataluña que nunca podrá ser catalana". Al fin un nacionalista dice la verdad, con lenguaje recto. Cuando hace unos años Marta Ferrusola habló de "la Cataluña catalana" quería decir exactamente lo mismo: que ni el suelo ni el trabajo ni el merecimiento —ese rasgo que el nacionalismo vergonzante del Partido Popular invoca para poder ser español— deciden la nacionalidad. Ni la sangre, siquiera: fruto de la mezcla insidiosa puede contener proporciones de impureza. Todo ello debe agradecerse. El objetivo principal del nacionalismo ha sido siempre disfrazar su carácter de ideología para tratar de actuar y de ser juzgado con la irreversibilidad e inocencia de un fenómeno natural. La fechoría trascendente de Orriols no es lo que dice sobre los españoles o los moros —uno y lo mismo—, sino lo que desvela sobre los catalanes que nunca podrán ser otra cosa que catalanes. La irrupción de la ripollense, con su ingenuidad catastrófica y su gramática moral de pasado simple, describe la evolución última del nacionalismo. Este paso audaz y verídico de la catalanidad a la catalanez." (Arcadi Espada , El Mundo, 19 febrero 2026)
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