4/11/10

'Lo ofendió que a mí me asombrara saber que mi hija pequeña solo tendría unas tres horas de castellano, en el colegio'

"Los independentistas, soberanistas y gurús de la identidad etnolingüista en España debieran ir a mirar el triunfo de las ideas nacionalistas en América Latina. Verían la pesadilla en que revierten sus sueños. (...)

En 2003, los nacional-indigenistas bolivianos, liderados por Evo Morales, lograban mantener en el subsuelo el gas que podrían haber vendido a California con tal de que el gasoducto no pasara por Chile. El gas en el suelo y el pueblo en la miseria. El nacionalismo no solo supedita a la razón; también puede más que el hambre. (...)

Muchos latinoamericanos, viviendo fuera, hemos actualizado la repulsión por el nacionalismo al comprobar la irrelevancia mundial de nuestras veintitantas naciones desunidas. (...)

Parece increíble que, ante esa evidencia patente y cercana, los caciques de los nacionalismos periféricos, en España, aspiren a similar irrelevancia. Nuestras castas criollas, en las ex colonias, mantuvieron capturadas a sus clientelas locales fantaseando nuevos nacionalismos que reemplazaran al hispano. Tuvieron éxito, legándonos un continente de oportunidades perdidas.

Hoy, en España, vemos caudillos regionales esmerados en la hazaña de volver a los Reinos de Taifas. Y así disminuir la unidad de un Estado que, aun con el tamaño presente, tiene problemas para influir en un mundo globalizado. Mientras tanto, destruyen sus tierras y costas, supuestamente veneradas, con un urbanismo salvaje.

ETA rompió su penúltima "tregua" en 2006 matando a dos ecuatorianos. Hubo una paradoja absurda en esos hechos trágicos. Los nacionalistas violentos, en su afán por inventarse un pequeño Estado, asesinaron a dos emigrantes escapados de los fracasos de una pequeña nación. Un país, como otros en Latinoamérica, entristecido por nacionalistas seguros de que amar a su patria consiste en odiar la de sus tres vecinos.

A falta de grandes diferencias religiosas, lingüísticas o étnicas, nuestros caciques criollos inventaron diversidades del alma, esenciales, líricas. Justificando la geografía política que cuadraba a sus intereses, crearon fronteras ficticias que pronto fueron legales. Una buena historia de nuestra literatura debiera partir por esa narrativa fantástica que es el constitucionalismo latinoamericano.

Un talento literario semejante aflora en los mudables estatutos autonómicos españoles. Leo preámbulos que sugieren esencias ancestrales, indecisas entre el misticismo y el folclor. El lirismo jurídico, a más de cursi, siempre resulta sospechoso. Así como en los vacíos de poder campan los oportunistas, en los vacíos de ideas comercian los traficantes de instintos básicos.

Nostálgico del boom literario latinoamericano, cuando hace seis años vine a vivir a España pensé instalarme en Barcelona.

Ayudó a desengañarme un funcionario. Lo ofendió que a mí me asombrara saber que mi hija pequeña solo tendría unas tres horas de castellano, en el colegio.

¿No habrá una alternativa mixta, más suave, para una niñita que habla una mescolanza de chileno e inglés?, me atreví a preguntar. "Búsquese un colegio privado", me respondió. Me habría sido más fácil escolarizarla en español en Florida, Estados Unidos.

Los latinoamericanos sabemos lo bastante de leyes arbitrarias como para oler una de lejos. No es extraño que Barcelona ya no sea la capital literaria de Latinoamérica que una vez fue." (CARLOS FRANZ: Nacionalistas, vayan y vean. El País, opinión, 01/11/2010, p. 23)

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