5/6/14

Una nueva oportunidad para el internacionalismo

"(...) El plantear las políticas emancipadoras desde un punto de vista internacionalista se ha convertido en una necesidad para los que aspiramos a cambiar las cosas.

 No es simplemente una opción ética, aunque no debemos renunciar a la fuerza moral que proporciona la solidaridad con otros pueblos, aparentemente lejanos, pero que viven problemáticas similares a las nuestras cada vez de forma más parecida.

 El sentir que hay otras personas que luchan por la misma causa que nosotros es un buen antídoto contra los odios y contra las tentaciones de confundirnos de enemigo.

El internacionalismo, como construcción ética, es un arma estratégica que ubica las luchas entre explotadores y explotados, un gran remedio contra la xenofobia y los nacionalismos opresores. La perdida de ese horizonte ha provocado grandes tragedias a lo largo de la historia.

 Este año se cumplen cien años del inicio de la I Guerra Mundial y no está de más recordar uno de los hechos que permitieron aquella horrible carnicería: el abandono por parte de la socialdemocracia de posiciones internacionalistas, primando la fidelidad a sus clases dominantes nacionales sobre la alianza entre los diferentes pueblos de Europa. Hoy, cuando los poderosos han desatado una guerra de tipo económico contra la ciudadanía basada en la devastación social, hemos de tener presente donde conduce olvidar nuestros intereses comunes. (...)

Decía que no es simplemente una opción ética para resaltar que también es una necesidad material. El proceso de integración europea ha generado relaciones estructurales, tanto a nivel económico como político, hacen que una lucha en país aislado contra las políticas de empobrecimiento esté destinada a fracasar. 

Syriza lo expone muy bien cuando habla de romper con la troika sin renunciar a expandir el cambio por Europa. ¿No será el modelo de instituciones europeas el que impulsa un proceso en el cual los países del centro expolian a los del sur mientras llevan hacia la precariedad al conjunto de trabajadores y trabajadoras, independientemente de su nacionalidad?

 Esta Europa antidemocrática, regida por lo que Perry Anderson llama en su magnifico libro El nuevo Viejo Mundo instituciones regulacionistas (nadie las ha elegido pero marcan los límites de lo que se puede hacer y lo que no) se ha convertido en un campo de batalla, una batalla que se da en diferentes ámbitos y a muchos niveles, una batalla entre las de abajo y los de arriba.

Lo que está claro es que algún país tiene que ser el primero en romper con las políticas impuestas por la UE.(...)"            (Miguel Urban, Público, 20/05/2014)

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