"(...) El plantear las políticas emancipadoras desde un punto de vista
internacionalista se ha convertido en una necesidad para los que
aspiramos a cambiar las cosas.
No es simplemente una opción ética,
aunque no debemos renunciar a la fuerza moral que proporciona la
solidaridad con otros pueblos, aparentemente lejanos, pero que viven
problemáticas similares a las nuestras cada vez de forma más parecida.
El sentir que hay otras personas que luchan por la misma causa que
nosotros es un buen antídoto contra los odios y contra las tentaciones
de confundirnos de enemigo.
El internacionalismo, como construcción ética, es un arma estratégica
que ubica las luchas entre explotadores y explotados, un gran remedio
contra la xenofobia y los nacionalismos opresores. La perdida de ese
horizonte ha provocado grandes tragedias a lo largo de la historia.
Este
año se cumplen cien años del inicio de la I Guerra Mundial y no está de
más recordar uno de los hechos que permitieron aquella horrible
carnicería: el abandono por parte de la socialdemocracia de posiciones
internacionalistas, primando la fidelidad a sus clases dominantes
nacionales sobre la alianza entre los diferentes pueblos de Europa. Hoy,
cuando los poderosos han desatado una guerra de tipo económico contra
la ciudadanía basada en la devastación social, hemos de tener
presente donde conduce olvidar nuestros intereses comunes. (...)
Decía que no es simplemente una opción ética para resaltar que
también es una necesidad material. El proceso de integración europea ha
generado relaciones estructurales, tanto a nivel económico como
político, hacen que una lucha en país aislado contra las políticas de
empobrecimiento esté destinada a fracasar.
Syriza lo expone muy bien
cuando habla de romper con la troika sin renunciar a expandir el cambio
por Europa. ¿No será el modelo de instituciones europeas el que impulsa
un proceso en el cual los países del centro expolian a los del sur
mientras llevan hacia la precariedad al conjunto de trabajadores y
trabajadoras, independientemente de su nacionalidad?
Esta Europa
antidemocrática, regida por lo que Perry Anderson llama en su magnifico
libro El nuevo Viejo Mundo instituciones regulacionistas (nadie
las ha elegido pero marcan los límites de lo que se puede hacer y lo
que no) se ha convertido en un campo de batalla, una batalla que se da
en diferentes ámbitos y a muchos niveles, una batalla entre las de abajo
y los de arriba.
Lo que está claro es que algún país tiene que ser el primero en romper con las políticas impuestas por la UE.(...)" (Miguel Urban, Público, 20/05/2014)
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