"Hace ya mucho tiempo que en Cataluña quienes no comulgan con las tesis
independentistas vienen sufriendo acoso en las redes sociales, en la
calle, en sus puestos de trabajo. Alud de descalificaciones y amenazas
en la red, y lo mismo paseando por las ramblas o comprando en tu barrio.
No se trata de hechos aislados, eso es inevitable, sino de una política
de intimidación que pretende acallar a los disidentes para mantener la
apariencia de unanimidad de la sociedad catalana. Esta política ha
tenido relativo éxito hasta ahora.
Conozco personas que han dado un paso atrás en su compromiso público con
las tesis no soberanistas después de haber sufrido situaciones de
acoso. Miedo físico, voluntad de preservar a la familia de un entorno
agresivo e invasivo, miedo a perder el trabajo o a verse degradado,
miedo a no tener contratos con la administración.
Se trata de acallar a
los que osan manifestar su oposición y, sobre todo, mandar un mensaje a
los que dudan si dar el paso al frente: mejor mantener el silencio.
Pregunten, por ejemplo, a los empresarios alemanes que osaron exponer
sus reticencias al proceso y fueron calificados de nazis. (...)
Esto es lo que hace que en Cataluña la democracia esté deteriorada.
La situación no puede compararse con episodios concretos de ataques a
políticos en momentos de tensión por algún conflicto concreto. Aquí el
acoso es alentado por el régimen. Se ocultan los casos concretos y se
niega la evidencia, lo que anima a los más exaltados que reciben
parabienes en su entorno.
Nace porque se han creado las condiciones
objetivas para que muchas personas tengan miedo, como se desprende de la
encuesta realizada por El Periódico. Para que un "loco" agreda
a un desconocido hacen falta muchos años lavando el cerebro de la
gente, sobre todo porque son agresiones basadas exclusivamente en
argumentos ideológicos (no en conflictos personales, igual de
criticable, aunque más comprensible).
El acoso funciona desde hace muchos años, pero ha ido
incrementándose. La agresión a Navarro ha hecho que aparezca en los
medios de forma abrupta. Que un dirigente político sea insultado o
incluso sufra una agresión leve, es sin duda recriminable. Pero, a mi
modo de ver, no es lo más relevante. Lo trascendente es el miedo a
expresarse libremente que sienten muchos ciudadanos. (...)
Todavía no ha pasado nada irreversible. Yo aconsejo a los políticos
nacionalistas que se serenen. Un proceso de ruptura como el planteado en
Cataluña exige sosiego, amplias mayorías y diálogo. Yo no soy contrario
a una ley de la claridad, consecuencia de una reforma constitucional.
Pero no bajo chantaje. No sin igualdad de condiciones para todos los
catalanes. Lo que estamos discutiendo afecta en primer lugar a los
catalanes. Y mientras en Cataluña no se den las condiciones para
expresarse libremente sin coacciones y sin lavados de cerebro pagados
con los impuestos de todos, nada es ni legal, ni mucho menos legítimo.(...)" (Francesc Moreno, Crónica Global, Martes, 6 de mayo de 2014)
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