"(...) Dion establece una relación de interdependencia entre federalismo y
democracia. No puede existir el uno sin el otro. El federalismo es la
realización de la democracia en Estados compuestos, y la democracia la
garantía del federalismo; hasta el punto de que no hay procesos de
independencia, de desintegración del Estado compuesto, en países con una
democracia bien establecida.
La URSS y Yugoslavia eran constitucionalmente federaciones, pero no
eran democracias y se desintegraron al no tener un sistema democrático
que pudiera reabsorber las diferencias. Checoslovaquia se dividió en
enero de 1993 cuando acababa de salir del régimen comunista y su
democracia no estaba consolidada. Diez años más tarde, Checoslovaquia,
miembro de la UE, no se habría desintegrado.
Por el contrario, la India, el Estado compuesto que reúne más
diversidad étnica, religiosa, lingüística y cultural del mundo, es una
federación que emana de una democracia que funciona. Sudáfrica es otro
de los ejemplos de federalismo integrador citados por Dion. Por grandes
que sean o que se pretenda que son las diferencias, ningún caso actual
de reivindicación llega ni por asomo a la complejidad de la India o de
Sudáfrica.
El federalismo como fórmula de organización política territorial no
es complicado y solo los que quieren ignorarlo dicen no saber lo que es.
Se basa esencialmente en una clara delimitación de las competencias
entre federación y entes federados, una cámara de representación
territorial, un reconocimiento constitucional de las diferencias con la
garantía de su respeto, una distribución pactada de los recursos, una
participación equilibrada y responsable en la gobernación del Estado
federal, un tribunal constitucional independiente... y lealtad; una
lealtad rigurosa de la federación hacia los entes federados, de estos
hacia la federación y de los entes federados entre ellos, lo que se
conoce como "Bundestreue", "lealtad federal" en el exitoso sistema
federal alemán.
Dion presenta el caso de Quebec como una muestra de las virtudes del
federalismo integrador. El independentismo quebequés ha perdido fuerza
por una sensata política de reconocimiento de la singularidad de Quebec y
una aceptación general y mayoritaria del principio que la unidad de
Canadá es un patrimonio común y una potencialidad que beneficia a todos
los canadienses.
Dion lo resume con una sentencia estimulante: ser
quebequés y canadiense es mejor que ser solo quebequés. Con honestidad
intelectual y ética no cuesta mucho comparar, y aplicar a nuestra
circunstancia las tesis de Dion." (Jordi Garcia-Petit, Crónica Global, Miércoles, 19 de marzo de 2014)
No hay comentarios:
Publicar un comentario