12/5/14

En una Cataluña independiente, se reducirá hasta la tasa de cáncer. ¡Sí, ha leído bien!

"(...) “El problema de Cataluña es un problema de ser”, diagnosticó muy serio en su día ese médico, Jordi Pujol, que filosóficamente anhelaba competir en oscuridad con los oráculos de Martin Heidegger.

Y, aunque opino que el arte de la política nada tiene que ver con los dilemas personales del “ser o no ser”, ahí están con la obsesión ontológica de crear inseguridades y miedos, y de inhibir, claro está, el desarrollo de la “autonomía individual”. 

Y ahí estamos con las patologías políticas de jurar solidaridad al pasado de “1714” cuando la verdadera lucha por la independencia no se enreda en los dedos de la Providencia, y sí en ayudar a las personas reales a “emanciparse de sus problemas reales”. 

Sin embargo, estos hombres que “no son”, en sentencia machadiana, “de ayer ni de mañana, sino de nunca” están fletando un viaje a las profundidades de “1714” y, por efecto quizá de la ingesta de aquellas fantásticas “almejas brillantes”, mantienen una perspectiva estrecha de la situación. 

Eso no les alarma. La prueba está en que, erre que erre, siguen malgastando tiempo, derrochando dinero no propio, incensando el respeto supersticioso al ayer… y cocinando esa golosina de mermelada y azúcares, llena de imaginarios, con la que los Artur Mas et al. se proponen edificar una ciudadela del mañana a base de exclusiones, cuando la realidad es mucho más que catalana, que española… o que nacionalista.

Desatentos a los vientos de la internacionalización, sacralizan a las masas y procuran despertarlas a su conciencia de pueblo anunciando que en una Cataluña identitaria, pura y prístina, auténtica y perfecta, léase independiente, se reducirá hasta la tasa de cáncer. ¡Sí, ha leído bien!   (...)

No reconocen que en 1714 fueron las élites quienes desencadenaron los fuegos de una conflagración criminal cuya primera víctima fue la gente de a pie. ¡Ni lo reconocerán!, pues de la mano de una espeleología nacionalista las actuales élites catalanas, de izquierdas y de derechas, rescatan las cavernas del Minotauro en cuyos laberintos de espesura negrísima dibujan radiantes lances militares, ofensas inexistentes y agravios ilusorios. 

Ahora bien, en lugar de centrarnos en los conflictos nada edificantes de 1714, ¿por qué no regresar al año 1640, o a la época belicosa de las primeras colonias de la Magna Grecia o, ya puestos, a los asentamientos sangrientos de nuestros antepasados paleolíticos? 

Convertir las guerras pasadas en política y la política en arqueología es, cuando menos, un error de consecuencias impredecibles que ensimisma a la clase política y, sin remisión, la aleja de la realidad.  (...)

Nada más lejos de mi intención que incidir ahora en que el porcentaje de ciudadanos favorables en 2005 a la independencia era del 13,6% y, solo transcurridos nueve años, en 2014 está situado en el 47%. 

¡Sabemos bien lo que ha pasado! Los Arturo Mas no nacionalistas se convirtieron con la moral de rebaño en “Artur” Mas. Y, sobre todo, con el dinero de los contribuyentes, circa 20.000 millones de euros empleados por la Generalidad, han sido costeadas cuantiosas campañas soberanistas, planificadas desde los laboratorios de los despachos oficiales. 

Y mientras una propaganda política “mentirosa” que crea conflictos donde no los había encuentra apoyo en estómagos agradecidos, por la vía de las instituciones de la administración pública se ha conseguido dar vida a una ideología que extranjeriza al “proximus” o prójimo, y que, lo resaltó Arthur Rosenberg, “encuentra fácilmente un objeto que le permita comprobar a diario su superioridad, y sobre el cual desahogar sus instintos vengativos”.

Por otro lado, en esta metamorfosis sociológica llevada a cabo por la manipulación de las élites catalanas, no hay que olvidar la labor de esos trileros que escriben con el brazo erguido en ademán tribunicio; no hay que minimizar los esfuerzos de esos vasallos, “altavoces” de la burguesía local que “versifican para sus semejantes sobre las nubes”, que diría el Fausto goethiano; no hay que arrinconar a esos trovadores, soñadores acríticos, dizque periodistas e historiadores, que besan las herraduras de sus amos, que viven, ¡¡¡cuánta rebeldía!!!, de alabar a las castas locales, que colapsan cualquier otro ideal que no sea el nacionalista. Y que rara vez hablan de las cuitas de la gente sin poder, o sea, de las tribulaciones del amado, amadísimo pueblo. (...)"             (Independence Day, 2ª parte, de Teresa González Cortés en vozpopuli.com, en Caffe Reggio, 09/05/2014)

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