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30/1/20

El retroceso del euskera hasta su situación actual es culpa de todos los españoles que emigraron a Euskal Herria y que no se molestaron en aprender el idioma de los vascos... típico racismo, estilo 'estos gallegos nos invaden', antecedente vasco del grito de Salvini, 'estos negros nos invaden'

Fals. Pura propaganda del nacionalisme lingüístic basc. I xenòfob, culpabilitzant i denigrant un col.lectiu. 
4:37 p. m. · 22 ene. 2020Twitter for iPhone
El retroceso del euskera hasta su situación actual es culpa de todos los españoles que emigraron a Euskal Herria y que no se molestaron en aprender el idioma de los vascos porque tenían el amparo de España. Si hubieran emigrado a Alemania hablarían alemán por cojones.
8:35 p. m. · 20 ene. 2020Twitter for Android

Lo mismo pasa en Catalunya i la culpa la tienen los mismos

Tampoco. La abuela de un compañero de clase de mi hija estuvo en Suiza muchos años y presume, la ñorda, de no haber aprendido el idioma. En la empresa hicieron un departamento entero de españoles con un traductor y compraban en tiendas de compatriotas. Son ganado
Ese comentario es un ejemplo de libro de supremacismo. No creo que seas consciente de lo que has dicho.

Todo es cuestión de nivel cultural/intelectual. Además la mentalidad española es aquello de "el español es el 20 idioma más hablado del mundo " . Pero luego, cuando viajan, se dan cuenta q no les sirve para nada. Algunos son el eslabón perdido de Atapuerca.

13/6/19

El síndrome del charnego separatista... El Tío Tom, el charnego independentista, nunca llegará a ser miembro de pleno derecho del club independentista; como mucho se quedará en converso útil bajo sospecha.

"El “síndrome de Estocolmo” refiere el caso de un secuestro (1973) con rehenes que duró seis días en dicha ciudad. Los rehenes, sobre todo Kristin Hehnmark, se identificaron de tal manera con sus captores que llegaron a sentirse más seguros con sus secuestradores que con la policía. 

Según el criminólogo Nils Bejerot, que acuñó el término poco después, las razones detrás de esa extraña identificación eran de tipo psicológico y obedecían al sentimiento de falta de control de su destino por parte del rehén, lo que lo lleva a idealizar al secuestrador como única persona que puede sacarle de esa tragedia, olvidando el pequeño detalle de que ha sido éste último el que la ha creado. 

Mientras, la policía le resultaría una gente extraña que no conoce, ajena por tanto a su posible control.

¿No está ocurriendo algo parecido en Cataluña? Cuando aparece un artículo, un post o un tuit sobre el problema catalán, suele surgir el comentario airado de alguna persona nacida en Cataluña, pero de origen de otra región de España, que no solo se manifiesta orgullosa de ser independentista, sino que asegura, con aparente sinceridad, que nunca se ha sentido inmigrante en Cataluña (¿gracias a ser independentista?) y que los únicos que la tratan con desprecio y la llaman charnega son los despreciables “españolazos”. ¿Es esto verdad o todo obedece a un nuevo síndrome?

Empecemos por el caso vasco. El término “maqueto” surge para denominar despectivamente a los inmigrantes del resto de España que fueron a trabajar a finales del siglo XIX como consecuencia del proceso de reindustrialización vasco, el cual continuó durante el franquismo. Sabino Arana exacerbará ese desprecio, acusándoles, en un artículo titulado “Nuestros moros”, de traer «la impiedad, todo género de inmoralidad, la blasfemia, el crimen, el libre pensamiento, la incredulidad, el socialismo, el anarquismo...»”. 

Esta impresión es recogida en el Manifiesto (Principios) de la I Asamblea de ETA, celebrada en mayo 1962, donde se hablaba expresamente de los “elementos extraños al País”, es decir los que no eran vascos de pata negra, a los que en un alarde de generosidad en la futura Arcadia feliz independiente se les toleraría, siempre que no fueran o se convirtieran en un obstáculo “para los intereses nacionales de Euskadi”. No se definía de qué manera se librarían de ellos, pero casi 900 asesinados y miles de heridos pueden darnos una pista.

En cuanto a Cataluña, el término “charnego” ha tenido siempre un contenido despectivo, dirigido igualmente a los inmigrantes que iban a trabajar a Cataluña porque esta región era más rica (también en tiempos de Franco) que la suya de procedencia. Su origen etimológico se relaciona con el término “lucharniego” que hace referencia al “perro de poco pedigrí de carácter nocturno”.

 Es cierto que, por puras razones estratégicas, Pujol optó por tratar de ganarse a ese grupo para la causa independentista consciente de que, dado su número, el independentismo nunca triunfaría por vías democráticas sin ellos. Esa misma estrategia se aplicó a los nuevos inmigrantes foráneos intentando que procedieran de países no hispanos.

En ambos casos no se trataba de ninguna política “sincera” de integración sino de mero cálculo estratégico “provisional”, hasta tanto los necesitaran. De hecho, el desprecio y la concepción despectiva-supremacista del que no es catalán de pura cepa continua vigente en el imaginario independentista y afecta a la vida diaria de miles de ciudadanos. Basten algunos ejemplos:
  • Las declaraciones del propio president Quim Torra en su artículo “La lengua y las bestias” donde decía que los catalanes que hablan español son “bestias que viven, mueren y se multiplican(…) miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeras, víboras, hienas. Bestias con forma humana, que destilan odio (…)”.
  • El relato propagandístico en las escuelas; el pasado lunes 28 de enero el partido Ciudadanos registró una pregunta en el Parlamento catalán en relación con el tratamiento en algunas escuelas de Lérida a los inmigrantes que llegaron a esa zona en los años 40 como “colonos que ocuparon los pueblos viniendo desde diferentes puntos del Estado”, señalándoles despectivamente añadiendo: “aún nos encontramos con un 25 por ciento de familias que aún utilizan el castellano para comunicarse oralmente a nivel familiar».
  • La procedencia de las familias que dominan el poder económico, político y social en Cataluña. Basta ver los apellidos de los diputados de partidos separatistas, nacionalistas o catalanistas (con algunas contadas excepciones) y compararlos con los apellidos de sus votantes a los que en teoría representan. Esto llega a todos los rincones de la sociedad. En octubre de 2018 Antonio Torres, excolegiado de fútbol en Sabadell, narró en una entrevista a El Español sus dificultades para ser candidato a la Presidencia de la Federación de Fútbol Catalana: “El ser hijo de emigrantes supone un claro obstáculo para prosperar como candidato (…) Me hacen la vida imposible”.
Entonces, ¿por qué, a pesar de ello, muchos descendientes de españoles se suman a un proyecto que trata de romper el país de sus padres, abuelos, bisabuelos…? Una primera respuesta sería porque es lo más fácil para “sentirse integrado” y salir de la presión que sufre el no-nacionalista, pero esto solo puede explicar parte del fenómeno, pues aunque la capacidad del ser humano para autojustificarse resulta ilimitada, nadie quiere verse a sí mismo/a como un comodón o como un cobarde. 

Hace falta por tanto “creerse” el discurso nacionalista que promete que si el charnego es bueno, habla catalán sin acento, y se convierte al dogma independentista será considerado como “uno de los suyos” con igual consideración y dignidad que un catalán de pata negra en el nuevo paraíso por venir, finalmente liberado de los malvados españoles.

Pero ¿es realmente sincero el sentimiento de camaradería que, por ahora, se les ofrece? ¿Están seguros de que una vez que ya no sean (¿tontos?) útiles (es decir conseguida plenamente la independencia) la inquisición nacionalista no los mirará con sospecha de falsos conversos? Una prueba de que algo huele mal en esa imagen de Arcadia feliz es que los charnegos independentistas se sienten forzados a ser más radicales y entusiastas que nadie, como si en realidad sospecharan que a poco que bajen el pistón de su pasión sus “supuestos” amigos nacionalistas podrían dudar de ellos. 

Cabe rememorar que la Inquisición en España nace en la Corona de Aragón (1479) y que tuvo a Ramón de Penyafort (y otros catalanes, valencianos y mallorquines) entre sus más activos defensores.

En realidad, nada nuevo bajo el sol. En situaciones donde entran en conflicto un poder dominante y supremacista frente a una población perseguida, siempre hay miembros de esta última que sienten la tentación de “colaborar” con los verdugos de sus antiguos amigos, familias o compatriotas, por puro instinto de supervivencia física o social. 

Existen ejemplos que están en la mente de todos. Pero conviene recordar que estas historias nunca salen bien, y que los verdugos, aunque se vistan de una seda cultural, verdugos se quedan, y nunca cumplen sus promesas. Despierten de ese falso sueño: el charnego independentista nunca llegará a ser miembro de pleno derecho del club independentista; como mucho se quedará en converso útil bajo sospecha."               (Alberto J. Gil, Vox Populi, 02/03/19)

10/5/19

La euskaldunización de adultos fue un infierno para muchas personas que no siendo nacionalistas, tuvieron que pasar por el aro de aquel adoctrinamiento abertzale, más allá de las legítimas pretensiones de capacitación lingüística... un ejemplo de la pedagogía del odio

"(...) En esta ocasión he seleccionado un testimonio reflejado en el el Diario El País en 1994, publicado el 25 de septiembre, que revela claramente lo que durante los primeros años de la euskaldunización de adultos se produjo en muchos barneteguis (internados para aprender euskera de forma intensiva).

El autor de dicho reportaje fue el periodista Iñaki Martín. No parece que ese diario sea un representante de la prensa llamada de “derechas”.

La transcripción del relato es suficientemente clarificadora como para emplear pocas palabras respecto a lo que fue un infierno para muchas personas que no siendo nacionalistas tuvieron que pasar por el aro de aquel adoctrinamiento o socialización abertzale, más allá de las legítimas pretensiones de capacitación lingüística, con el dinero de todos. A pesar de su extensión merece la pena reproducirlo íntegramente:

“[…] Durante hace unos años se reúnen durante la temporada estival grupos de unas 25 personas por barnetegis en distintas localidades de Euskadi. A estos grupos se les adoctrina mediante una pedagogía militante que no se publica ni se indica en los trípticos de las campañas de mercadotecnia, en los programas académicos para los estudiantes ni al solicitar subvenciones públicas.

El tríptico informativo prometía seriedad en la organización, aprendizaje intensivo (siete horas diarias), metodología moderna, vídeos, cintas y un modelo de interacción entre estudiantes y profesores que convertía al euskera en práctica cotidiana, en una convivencia de 30 días. Las personas habían sido seleccionadas por su nivel, aspiraciones y deseos en el aprendizaje del euskera… Todas estas promesas se incumplieron.

La charla de dos ancianas y el sonido de maletas arrastradas me despertaron antes de llegar. Desorientado descendí del autobús y me encontré con un grupo de entre 18 y 30 años que parecían estaban en la misma situación que yo. Acudí a ellos interrogándoles sobre el paradero de una estación de tren abandonada donde, se suponía, debíamos concentrarnos los estudiantes. Allí encontré a un grupo de unas 25 personas depositando su equipaje en la entrada. Varios individuos llevaban la voz cantante y nos reunieron alrededor de una fuente, formando un holgado circulo.

Me di cuenta de que la acción se estaba representando en un lugar donde se erigía un monumento de mármol, en reconocimiento de la labor de un miembro fallecido de ETA, con una inscripción que evocaba el homenaje del pueblo al nombre y a los hechos heroicos del gudari.

Tras esta primera representación, una de las profesoras intervino ante el grupo diciendo: ‘Ahora vamos a jugar a un juego. Se trata de maullar ante una persona escogida al azar e intentar hacerla reír, si se consigue, ocupa el puesto propio y continúa el juego con otras personas hasta que consiga librarse de hacer el gato’

Durante esta segunda escena se creó un ambiente artificial de humor, con este juego concebido para romper el hielo entre personas que se acaban de conocer apenas cinco minutos antes.

Tras el juego de Katu gixajua dos profesores invitaron al grupo para que volviera a formar un círculo, a una de ellas inició su discurso diciendo ‘Nosotros somos una ameba, ¿qué es una ameba? La ameba es una célula como nosotros y nuestro grupo debe estar unido y funcionar como tal en cualquier momento, en cualquier actividad, todos juntos, todos a una, somos una ameba.’

Nadie dice nada, ha transcurrido una hora desde que llegué y seguí fuera de juego pensando que aquello no podía ser un barnetegi.

La profesora continuó ‘la ameba requiere que peguemos nuestros cuerpos lo más posible, para no separarnos, ¿a dónde va la ameba?’ pregunta a los estudiantes; respuesta, ‘al barnetegi’.

Toda personalidad o el individuo debe queda fuera del barnetegi, sus fines competen a todos los presentes, y el juego de la ameba al individualismo en cualquiera de sus manifestaciones dinamitaría el barnetegi metaforizado por el susodicho microbio.[…]

Primero se presentan dos profesoras, y luego solicitan a los estudiantes que hagan igual. Explicamos uno a uno nuestro nivel de estudios, actividades profesionales y situación laboral, entre otros temas. La mayoría del grupo revela que su actividad preferencial es ser parranderua (juerguista), y que han ido al barnetegi ‘porque quieren vivir y aprender el euskera porque somos vascos y euskaldunes’

Una vez tuvimos que elaborar, en grupos de a dos, un crucigrama de manera que luego el resto de los grupos intentaran adivinarlo. En uno de ellos se preguntaba ‘¿Qué valen los españoles?’ respuesta ‘cero’ ‘¿qué seremos un día?’ respuesta ‘independientes’ ‘¿de qué van los partidos políticos?’ respuesta ‘de demócratas’ ‘¿qué conseguiremos?’ respuesta al unísono, ‘la revolución’.

Cuando los estudiantes respondieron ‘la revolución’, la profesora matizó: ‘No conseguiremos la revolución, sino que la haremos’, diferenciando el verbo lortu (conseguir) de egin (hacer), haciendo hincapíe en que ‘conseguir la revolución (iraultza) tiene menos peso y fuerza que hacerla’

Es importante destacar que éste y otros ejercicios didácticos incluían expresiones de vinculación con Herri Batasuna y sus extensiones JARRAI o la organización armada ETA,[…]

Dentro del barnetegi los estudiantes vestían camisetas con la insignia de Herri Batasuna, Jarrai o con lemas políticos ‘independentzia’, ’iraultza’, ’anmistia’ o ‘intsumisioa”.

Pero su intsumisioa está en las antípodas del movimiento pacifista que se ha generado en Europa y en Euskadi. Consiste básicamente en oponerse a todo lo que represente el Estado español o a España, pero sin negar su apoyo público a la violencia armada de ETA, o de cualquier organización o ejército de corte izquierdista, obedeciendo a la consigna ‘ el servicio militar, en ETA militar’

También era normal que todas las alhajas que portaban los estudiantes de ambos sexos fueran símbolos de su ideología, la estrella roja de Jarrai, los pendientes con la insignia de herri Batasuna o el hacha y la serpiente […]

Abundaban las pegatinas con el concentrado de símbolos ideológicos o con las pretensiones políticas, por ejemplo ‘ETA bietan Jarrai’ (ETA continúa, sigue en dos frentes de lucha, la política y la armada), ‘iraultza ala hil’ (revolucióno muerte), ‘ independentzia’ (independencia).

De lo que se trataba era de transmitir por medio de juegos de rol, una doctrina revolucionaria. En estos juegos los estudiantes se dividían en grupos que defendían y adoptaban el mejor método para afianzar una decisión política.

Para ello unos enfrentábamos entre nosotros en cada ejercicio, abandonando la ficción del juego para reiterar un nosotros vasco nacionalista radical, que insistía en la ideología personal, cuya apoyatura era en mi barnetegi la interpretación marxista leninista.

Ejemplo es ‘tu eres el empresario y quieres que tus empleados metan horas extras, ¿cómo les obligarías?’[…]

A partir de la primera semana de estancia en el barnetegi, el grupo de estudiantes dejó de relacionarse conmigo por un incidente ocurrido en el transcurso de una cena mientras me servía un plato de puré y una profesora me acusó, señalando el plato de ‘no tener conciencia colectiva’. Al parecer me había echado tal cantidad que le provocó la alucinación dialéctica en virtud de la cual la cantidad deviene en cualidad.

Traté de explicarle que el puré era sólo puré y que no tenía nada que ver con la conciencia colectiva. Acto seguido añadí que era un concepto ajeno a los alimentos, pero que, si me hubiera preguntado por la cantidad servida, a su parecer demasiado generosa, le hubiera respondido que no iba a comer segundo plato y que, habiéndose servido el resto del grupo –yo había llegado cinco minutos tarde- no me parecía cantidad exagerada.

Afectado por el ambiente reinante en el barnetegi incluí en el discurso una disertación sobre los usos y costumbres del concepto conciencia colectiva. La tranquilicé diciendo que regímenes como los de Stalin, Castro, Hitler, Franco o Mussolini ya habían hecho un uso similar del término. Añadí a esa lista a Herri Batasuna.

La cosa se puso seria cuando comenté a los contertulios que tuvieran cuidado con la dieta cárnica del segundo planto, pues acababa de descubrir que tenía propiedades como la conciencia colectiva, rica en proteínas ideológicas totalitarias y en complejos vitamínicos de culpa.

Tras estos comentarios el ambiente se enfrió algo más que el puré. Hubo actos relevantes a los que no fui invitado; no me regalaron la lectura de informes y teorías de acciones sociales que Jarrai distribuyó entre sus simpatizantes del barnetegi, ni me propusieron asistir a las manifestaciones de Herri Batasuna el día de la Salve en San Sebastián, otra que se celebró en Bilbao. Tampoco contaron conmigo durante mi estancia en el barnetegi dejándome de hablar los profesores y alumnos.

Cuando decidieron que un buen ejercicio de euskera sería mandar unas cartas a los presos de ETA que estaban en distintas cárceles, no me pidieron que enviara una misiva, pero vi como la chica que tuvo el descuido con Fidel, leía la Critica de la economía política de k. Marx y metía párrafos de ese texto en su carta a los presos mencionados.

Un profesor me comunicó ‘para nosotros estás en la hoguera, y que lo que más le costaba era clasificarme, pues no parecía pertenecer a partido político alguno.

Tras mi estancia, reflexioné sobre algunos puntos y descubrí fenómenos dignos de mención, como el cambio de ETA en sus relaciones con las sociedades totalitarias, estrechando nuevos lazos con Irán y el islamismo, desvinculándose por razones presupuestarias, que no ideológicas, de sus hasta ayer socios de la extinta ex Unión Soviética, y en las paradojas y debilidad de la democracia, pues en ella pueden surgir maneras de destruirla. Por ejemplo, dejando dinero público a barnetegis como este mismo.” (...)"

(Ernesto Ladrón de Guevara, La tribuna del País Vasco, 23/01/19)

26/4/19

'Pero era tal la vergüenza que me daba hablar con mi aita y con mi ama en castellano ante el resto de compañeros habiendo ganado aquel campeonato en uno de los templos del euskara, era tal el complejo que tenía de falta de pedigrí, que aquel día preferí renegar de ellos y rechazarles el saludo'

"(...) Mi vida en cierta manera está ligada a Errenteria. Fue en 1989, en ese pueblo, cuando rechacé a mi padre y a mi madre en el campeonato de bertsolaris jóvenes Xenpelar Saria. Yo, fruto de las nuevas escuelas de bertsolaris de la época, era un bertsolari atípico, hijo de emigrantes llegados de Extremadura y Zamora, ‘bertsolari in vitro’, diferente y poco ortodoxo en la estética y el lenguaje. 

Nací en 1972, en pleno conflicto político en una familia de emigrantes, del que era el primer vascoparlante. Pero era tal la vergüenza que me daba hablar con mi aita y con mi ama en castellano ante el resto de compañeros habiendo ganado aquel campeonato en uno de los templos del euskara, era tal el complejo que tenía de falta de pedigrí, que aquel día preferí renegar de ellos y rechazarles el saludo. He llegado a hacer cosas tan feas como esa, lo reconozco públicamente.

Eran tiempos en blanco y negro. Español malo, vasco bueno. Estereotipos y clichés. Tu ahí y yo aquí. No sabía gestionarlo. Es así como yo, en vez de sentirme orgulloso de ellos, yo, fruto de su esfuerzo de integración, llego a rechazar en Errenteria a mis padres en un contexto histórico concreto y como consecuencia de un conflicto identitario interno mío, pero colectivo y extendido en todo el territorio vasco.

Pongámonos en perspectiva histórica para darnos cuenta de la envergadura de nuestra tarea y del logro que supone la convivencia actual en Errenteria. Cientos de miles de emigrantes llegaron de Andalucía, Extremadura, Castilla, Galicia y demás pueblos del Estado a tierras vascas en muy pocos años.

Llegaron a miles en trenes, autobuses, sin orden alguno, sin estrategia integradora alguna. Al contrario, los obstáculos para la integración eran de todo tipo: identitarios, políticos, culturales, clasistas, urbanísticos... Llegaron a un pueblo en el que su cultura y todas sus expresiones, su idioma, eran perseguidos, mancillados, humillados, castigados y desprestigiados, hasta tal punto que muchos de los aquí nacidos, en un alarde de clasismo y acomplejamiento lingüístico, lo rechazan y se burlan de aquellos que hablan mal el castellano y huelen a caserío.

Nuestros padres y nuestras madres llegaron a un autentico Gernika cultural que hoy en día todavía estamos en plena fase de reconstrucción. Miles de familias como la mía, «maketos», «mantxurrianos», «coreanos», «belarrimotzas», «hezurbeltzas» que se instalaron en auténticos guetos para emigrantes, barrios periféricos… verdaderas chapuzas sociales que el dictador Franco gustaba de inaugurar. Sitios llamados «Casas baratas», «Mantxurria», «Mundo mejor», «Poblado», «Katanga» y demás nombres despectivos.  (...)"                  (Jon Maia,  Bertsolari, Naiz)

11/12/18

Durante los últimos cuarenta años el mundo pareció maravillarse de que España fuera un lugar inmune a la pulsión xenófoba. Era falso: se expresaba con gran potencia y confort en el País Vasco y en Cataluña. Durante mucho tiempo estuvo reducida a la protesta y al desprecio, que reflejan vocabularios como maketo y charnego...

"Recordará cualquiera cuánto se llegó a hablar de causas durante el Proceso. Causas económicas, políticas, culturales y hasta la causa de la dignidad se invocaron con fatigosa frecuencia. (...)

Las llamadas causas solo enmascaraban la gran causa mayor: la xenofobia de una parte de la población y su resuelto deseo de no seguir viviendo con el resto de españoles. La xenofobia venía de antiguo. Está anclada en la naturaleza humana y la excitan determinados relatos culturales. 

Y lo que más la excita es saber que puede ejecutarse con una vergüenza mínima. 

Durante los últimos cuarenta años el mundo pareció maravillarse de que España fuera un lugar inmune a la pulsión xenófoba. Era falso: se expresaba con gran potencia y confort en el País Vasco y en Cataluña. Durante mucho tiempo estuvo reducida a la protesta y al desprecio, que reflejan vocabularios como maketo y charnego. 

Hasta que las élites políticas creyeron que había llegado el momento de alcanzar el último escalón de cualquier aspiración xenófoba que se precie y decretaron que iban a separarse materialmente de los indeseables.

Ya deben de ir viendo por donde voy.

Se esgrimen muchas causas de la aparición del Partido del Ejido. A pesar de que yo escribo más de lo que debería se asegura que en España rige una dictadura de la corrección política. Se da por hecho que el Estado democrático ha sido humillado por el gobierno de Cataluña, quiero decir por el gobierno de Cataluña que está en la cárcel. 

Hay, incluso, una bobísima que ha escrito en Diario Femenino que Jordan Peterson es el responsable del Gran Salto Ejidense. Ennoblecimientos. Lo único realmente sustantivo es que un grupo de españoles xenófobos ha encontrado finalmente donde desovar.  (...)

Y extienden, estos ejidenses, una desmoralizadora sospecha: que su aversión a la xenofobia nacionalista catalana no era más que un modo provisional y agazapado de dar salida a la propia."             (Arcadi Espada, El Mundo, 06/12/18)

7/6/18

Los nacionalistas vascos diferencian en el nuevo Estatuto entre ciudadanos y nacionalizados. El proceso de nacionalizaciones se pondría en marcha una vez constituida la nación vasca, pero no se sabe quiénes accederán a la nueva ciudadanía vasca, y quiénes se quedarán de vascos de tercera división, con el DNI español

"El estatuto vasco ya tiene preámbulo y un título preliminar. De momento no es más que una propuesta, pero si el pasado miércoles el PNV y EH Bildu impusieron al resto su concepto del derecho a decidir, con un voto particular de Elkarrekin Podemos, que no se sumó al acuerdo, este miércoles han dado un paso más al diferenciar entre los ciudadanos vascos que vivan en Euskadi, y los que tengan la nacionalidad.

 Podemos, el PSE y el PP lo consideran una postura "maximalista" que aleja un eventual acuerdo en el seno de la Ponencia de Autogobierno, y acusan a los nacionalistas de buscar un texto en el que se prima la identidad sobre los derechos. (...)

Según el título preliminar, el proceso de nacionalizaciones se pondría en marcha una vez constituida la nación vasca, pero ni el PNV ni EH Bildu concretan si quienes sean solo ciudadanos mantendrán el DNI español y los nacionalizados vascos otro con su nueva nacionalidad. Dejan las concreciones para un desarrollo legislativo posterior.  

Tampoco aclaran en el documento base si unos y otros tendrán derechos y deberes diferentes, aunque sí especifican que quienes no se nacionalicen no perderán sus derechos.

El portavoz de Elkarrekin Podemos, Lander Martínez, ha asegurado tras los cuarenta minutos que ha durado la reunión que "el apartado 2.8 en el que se diferencia ciudadanía y nacionalidad vasca, rescatando casi literalmente el texto de Ibarretxe de 2004, es la más clara constatación de la deriva excluyente que está tomando la entente entre PNV y EH Bildu, y su nula voluntad de sumar a ninguna fuerza política que no sea nacionalista".

El documento especifica: "El reconocimiento de la ciudadanía vasca y la utilización de la vecindad administrativa como punto de conexión, posibilita el acceso a los servicios públicos a las personas que vivan en el Sujeto Político, con independencia de cual sea su procedencia o nacionalidad", pero a renglón seguido especifica que "habida cuenta del carácter plurinacional del Estado Español y las características del nuevo modelo de relación con el Estado contenido en el Nuevo Estatus Político, se reconocerá la nacionalidad vasca a la ciudadanía vasca en los términos regulados por Ley, aprobado en el Parlamento Vasco.

Se establecerá también que nadie será discriminado por razón de su nacionalidad ni será privado arbitrariamente de ella", explicita el título preliminar.

 Los socialistas también critican que el documento establece categorías ciudadanas inaceptables, porque aunque pretende reconocer igualdad de derechos civiles y políticos para quienes tienen “vecindad administrativa” en Álava, Bizkaia y Gipuzkoa, "prevé una distinción expresa por razón de nacionalidad vasca.

 La pluralidad no se puede garantizar sobre una línea de reconocimiento, sino en el desarrollo legal de los derechos", asegura el PSE.  (...)"          (Pedro Gorospe, El País, 31/05/18)

28/2/18

El viejo racismo aranista se basa en el principio de que si bien “solo la lengua hace vasco al vasco, también convierte en vasco al forastero”. Su aprendizaje actúa como fielato de ingreso en la comunidad nacionalista... la única aceptable

"(...) el debate derivó en Cataluña hacia la cuestión del derecho de los padres a elegir el modelo de enseñanza de sus hijos.

Como ya ocurría en el País Vasco, cuya ley del Euskera contempla la existencia de tres modelos lingüísticos entre los que los padres pueden elegir: el modelo A, con el castellano como lengua vehicular con una asignatura de euskera, elegido por el 10% de las familias. El modelo B: con unas asignaturas en castellano y otras en euskera, preferido por el 23%. Y el D, con el euskera como lengua vehicular y el castellano como asignatura, elegido por el 66%.

Esta opción tan mayoritaria por una vía similar a la inmersión catalana sorprendió en su momento a los expertos, que esperaban que lo fuera la fórmula del bilingüismo, de acuerdo con la composición lingüística vasca, con un 36% de vascoparlantes.

 Sin embargo, había razones para ello: como explicó en su momento el antropólogo Mikel Azurmendi, la revisión etnicista en los años 70 del viejo racismo aranista se basa en el principio de que si bien “solo la lengua hace vasco al vasco, también convierte en vasco al forastero”. Su aprendizaje actúa como fielato de ingreso en la comunidad nacionalista.

Pero cambiar la lengua de tal vez un millón de personas es un programa de alto coste para los ciudadanos Ha habido otros intentos, como el fracasado de Irlanda o el que fue posible en Israel, en una sociedad militarizada. 

En Euskadi hay fuertes incentivos para aprender euskera: el principal, que es la llave para acceder a empleos públicos en una sociedad en la que el paro sigue siendo la primera preocupación de sus ciudadanos. El debate social sobre esta cuestión concreta, que tiene más que ver con la igualdad de oportunidades que con cuestiones de identidad, es ya la principal divergencia sobre la lengua entre los partidos vascos. 

El objetivo de una sociedad en la que toda la población domine las dos lenguas pasa por políticas específicas en el ámbito de la enseñanza. El aprendizaje desde la primera infancia es la vía más rápida y menos costosa en términos de convivencia. Ha permitido por ejemplo que el 60% de los jóvenes de entre 16 y 25 años sean plenamente bilingües y que resulte verosímil que en un plazo de 10 ó 20 años lo serán casi el cien por cien.

Pero el reforzamiento de esa vía mediante políticas de discriminación positiva, como la exigencia de un perfil lingüístico dado para acceder a ofertas públicas de empleo (OPE), es problemático. No es lo mismo aprender una lengua desde la infancia que en edad adulta. 

Y una cosa es garantizar que la Administración atienda en euskera a todo aquel que lo solicite y otra obligar a que todos los funcionarios tengan que dominar esa lengua. Todo posible pacto sobre la lengua debería partir de una revisión de los criterios que cuestionen la igualdad de oportunidades y por un consenso sobre el derecho de los padres a elegir modelo."            (Patxo Unzueta, El País, 22/02/18)

27/2/18

Cuando la Policía detenía a un vasco por presunto activismo terrorista, los nacionalistas “sacaban” a los obreros para las manifestaciones o las huelgas... los ugetistas, dolidos por la falta de solidaridad de los sindicatos nacionalistas, se negaron a “salir” cuando fueron solicitados por los segundos. Los “otros” les tiraban piedras, arandelas. Emilio se quedó trabajando con otros siete u ocho obreros, y le pegó a uno porque paró la máquina...

"(...) El 12 de octubre de 1955 (“fiesta de la Guardia Civil”, o “Día de la Hispanidad) se fue al País Vasco, en compañía de un vecino de Ituero de Azaba, ya fallecido, pero sin la compañía de su esposa, Antonia. Iban con cuenta de pasar a Francia, pero no fue así. 

 Emilio se quedó en Herrera (barrio de San Sebastián), trabajando en la misma empresa de metalurgia durante 30 años. En Guipúzcoa no había nadie de su familia, pero sí muchos amigos de Casillas de Flores. Antonia emigró más tarde, contribuyendo a la economía doméstica con el cuidado de niños ajenos, pues el matrimonio no tuvo descendencia.

La convivencia de los recién llegados, procedentes de un medio rural agrícola, con la población obrera, inmersa en un entorno industrial, no planteó mayores problemas. A los primeros no les sentaba muy bien que la gente de allí los llamara Manchurrianos, no se sabía por qué, aunque lo achacaban a que la señal más visible de la identidad de estos emigrantes eran “los pantalones rotos”. 

Sin embargo, tal vez habría un complejo y nada caritativo juego de palabras, entre nombres de referencia asiática combinados con topónimos y gentilicios lúdicos alusivos a la procedencia extremeña, mayoritaria, de la población foránea: Manchurianos (de Manchuria como alternativa de La Siberia, comarca de Badajoz), Coreanos o Corianos (por la casi homonimia entre Coria y Corea, nombre muy sonado por la guerra de este país entre 1950 y 1953). El mismo etnónimo Cacereños arrastraba ya una connotación denigrante en los años sesenta (recuérdese la novela Cacereño de Raúl Guerra Garrido).

Emilio mantiene un buen concepto de los vascos, a pesar de un contexto alterado con el tiempo por las actividades de ETA. Se sentía solidario con los objetivos de la clase obrera (“luchábamos todos contra el Régimen”) en la fábrica de San Sebastián donde trabajaba, pero tuvo algún desencuentro con quienes tenían otros objetivos políticos.

 Así, cuando la Policía detenía a un vasco por presunto activismo terrorista, los nacionalistas “sacaban” a los obreros para las manifestaciones o las huelgas, lo que el informante solo entendía a medias, dado que “eran asuntos suyos, de los vascos”, en los cuales no se sentía implicado. Él había sido simpatizante del Partido Comunista y después del Partido Socialista, pero ante todo era militante sindicalista, de Comisiones Obreras o de la UGT.

Un día la cosa estuvo a punto de acabar mal, porque los ugetistas, dolidos por la falta de solidaridad de los sindicatos nacionalistas con motivo del secuestro y asesinato de José María Ryan, ingeniero de la central nuclear de Lemóniz, atribuido a ETA (06/02/1981), se negaron a “salir” cuando fueron solicitados por los segundos (“si no van ellos, tampoco vamos nosotros a lo suyo”). 

Los “otros” les tiraban piedras, arandelas. Emilio se quedó trabajando con otros siete u ocho obreros, y le pegó a uno porque paró la máquina. Chorreaba sangre por la nariz. Gritaban: “Mátalo”. Y él no sabía contra quién iba el grito. Es un recuerdo triste. Al final, la sanción fue para el otro. Pero no terminó ahí la cosa.

 Un comando quiso secuestrar al dueño de la fábrica, Narcís Elorriaga, a quien “estaba esperando” una mañana, pero quien llegó antes fue el ingeniero. Lo tuvieron secuestrado nueve días. Esta circunstancia motivaría el desplazamiento del dueño a Barcelona, con lo cual la empresa (se fabricaban contadores de agua para América) se vino a pique. En consecuencia, Emilio y otros obreros recibieron la jubilación anticipada.

Esta fue resultado de una ardua conquista; un final feliz que Emilio ni en sueños hubiera previsto treinta años atrás. Todo el trabajo antes de emigrar al País Vasco no contaba para nada. Hasta entonces no tuvo seguro de enfermedad, ni vacaciones pagadas, ni nada por el estilo. Los amos en el pueblo contrataban de san Pedro a san Pedro, o por jornales; el obrero agrícola ponía el sufridero, aceptaba o “se quedaba con el culo al aire”. 

Por ello se siente orgulloso de su balance de vida laboral, de su participación en la brega sindical, con delegación asumida de un modo responsable, sin violencia. Conoció muchas huelgas duras, una de las cuales duró quince días. Él se implicó a fondo para que todos los empleados, incluidas las mujeres, tuvieran derecho en el reparto de beneficios (“50 pts para hombres y mujeres”, pero solamente les prometieron 35 pts, y los sindicalistas aceptaron). 

En 1962 firmaron un convenio y algunos empleados lo acusaron de “haber cerrado el abanico”, y lo querían “calentar”, pero él se explicó, recordando que “la cesta de la compra vale para todos igual”.

El miedo fue la tónica general durante el franquismo, reconoce Emilio, que entonces no se arrugó ni ha sacado pecho después. Participaba en las reuniones políticas y sindicales, forzosamente secretas al principio; pero los apuros siguieron existiendo después. 

Una vez se vio obligado a quemar ejemplares de Euskadi obrera en el váter, cuando entraron guardias civiles en la fábrica. Simple y llanamente considera que aquellos años de entrega a la conquista del bien común, a pesar de los sacrificios, fueron la mejor etapa de su vida: sentirse solidario, “aunque tuviera que poner dinero de su bolsillo”.

 Daba 20 duros todos los meses para entregar al tesorero de Comisiones Obreras. Tenía que organizar la célula. Recuerda que en el asunto de Roberto Cámara Urquijo (¿?) hubo tres de Comisiones Obreras en la cárcel convento de Zarauz. Se recaudaban fondos para las familias de los presos, para dar 1.000 pts a la semana. Lo que él decía se hacía, “si te lo mandan no es igual”.

Emilio y Antonia se volvieron del País Vasco a Ciudad Rodrigo en 1986. Compraron piso. Allí vivieron en solidaridad con un sobrino carnal de Antonia, como si fuera un hijo, Antonio Mateos García, que se casaría y les daría, por así decir, la nieta que hubieran deseado tener. Pero la dicha no fue de larga duración, pues Antonio falleció en extrañas circunstancias, dejándoles en tácito legado la custodia de una viuda joven y una niña de pocos años. 

Parte de este legado fue también el compromiso que Antonio había asumido en la recuperación de la memoria histórica de la comarca. Emilio nunca ha fallado en esta tarea, cumplida con generosidad, seriedad, constancia y eficacia hasta el día hoy, incluso en la Residencia de Caracillo, donde disfruta de todas sus facultades mentales.

Gracias, amigo."                 

(Contra la desmemoria republicana, “archivos vivientes” (5): Emilio Hernández Rivero, Salamanca al día, 22/02/18)

16/5/17

Del barrendero al 'ertzaina': EH Bildu quiere excluir por ley a quienes no hablen euskera

"Si no sabes euskera, no puedes ser barrendero en el País Vasco. Ni funcionario de cocina. Ni operario. Ni ningún otro cargo público. Es el planteamiento que defiende EH Bildu, que pretende excluir por ley de todos los puestos de la Administración Pública a aquellas personas que no dominen la lengua vasca, se tenga o no contacto con la ciudadanía. 

La coalición ‘abertzale’ quiere que a partir del próximo año el “dominio” del euskera (ya no solo el 'conocimiento' sino el 'dominio') sea un “requisito indispensable” para “ocupar cualquier puesto de trabajo a cubrir al servicio de las administraciones públicas”, ya sea con carácter “temporal o definitivo”.

Y defiende la exclusión de quienes no controlen el euskera a la perfección de todos los puestos públicos con el argumento de “poder garantizar los derechos lingüísticos de todos los ciudadanos en su integridad y sin ningún impedimento”. Así lo refleja en una iniciativa registrada en el Parlamento vasco de cara al doble debate que la Cámara de Vitoria va a abordar esta semana para analizar el peso del euskera en el acceso al empleo público. 

La propuesta ‘abertzale’, por tanto, conlleva imponer el perfil de euskera más exigente a los 38.000 puestos de trabajo públicos en el País Vasco, entre los que está el de barrendero. Este empleo es precisamente el que pone de ejemplo el Gobierno vasco para reconocer que hay determinados puestos de la Administración vasca que exigen un conocimiento del euskera por encima del necesario, por lo que está revisando “uno por uno” los perfiles lingüísticos exigidos en los diferentes puestos de trabajo para "adecuar" las exigencias a la realidad del empleo.

“Probablemente, en algunos puestos de trabajo se estén planteando exigencias más altas de lo necesario, como pedir a un barrendero el EGA [el Certificado de Aptitud de Conocimiento de Euskera, el título por excelencia de euskera]”, ha afirmado el consejero de Cultura y Política Lingüística, Bingen Zupiria. 

 Pero, frente a esta realidad que reconoce el PNV, EH Bildu rechaza que se adecue la exigencia lingüística a cada empleo concreto y sus circunstancias. Su objetivo es que el no dominio del euskera sea por ley un factor excluyente sin salvedades a partir de 2018.

Y entre las diferentes profesiones, en el punto de mira de la antigua Batasuna está especialmente la policía. De hecho, este mismo miércoles el Parlamento autonómico abordará en la comisión de Instituciones, Seguridad y Gobernanza Pública la petición de EH Bildu de que “en todas las ofertas públicas de empleo” que se realicen a partir de ahora para nutrir de agentes a la Ertzaintza, los aspirantes deberán acreditar el exigente nivel de euskera B2.

 No es una cuestión baladí. En los próximos años, la previsión que maneja el Departamento de Seguridad del Gobierno vasco es que el 15% de los actuales 'ertzainas' se jubilen (del orden de 1.200 agentes). A más largo plazo, se habla incluso de que será necesario reponer a la mitad de la actual plantilla de 8.000 agentes.

 En este escenario, el deshielo de las relaciones entre los gobiernos español y vasco, que ha derivado en el reciente acuerdo presupuestario en Madrid, ha permitido desbloquear el conflicto que existía por las dos últimas OPE de la Ertzaintza, correspondientes a las promociones 25 y 26, y que estaban recurridas por el gabinete de Rajoy. Ahora, el Ejecutivo de Iñigo Urkullu tiene luz verde para incorporar 500 nuevos agentes a la policía vasca (250 por promoción).  (...)

Sin embargo, su propuesta no va a salir adelante ante la falta de apoyos. Los partidos que sustentan el Gobierno vasco (PNV y PSE) han presentado una enmienda a la totalidad para que se mantengan los actuales criterios para el ingreso en la Escala Básica de la Ertzaintza, aprobados el 19 de junio de 2014. 

La propuesta señala que, a la hora de establecer los perfiles lingüísticos en los próximos procedimientos selectivos, se deberá dar “prioridad” a la comunicación oral sobre la escrita para “garantizar mejor la opción lingüística de la ciudadanía”.

Un día después de abordar la cuestión lingüística en el acceso a la Ertzaintza, el Parlamento vasco abordará el debate sobre el peso a dar al euskera de cara al acceso al empleo público con carácter general. 

El debate llega a raíz de una proposición no de ley presentada por el PP encaminada a “modificar la normativa correspondiente a la asignación de perfiles lingüísticos de cada puesto de trabajo en la Administración vasca” y “revisar la puntuación del euskera como mérito en las futuras OPE, con el objetivo de adecuar la valoración de su conocimiento a la realidad sociolingüística de las zonas” del País Vasco. 

 Los populares persiguen que se “rectifique” la “excesiva exigencia” del euskera para el acceso al empleo público. La parlamentaria Laura Garrido denuncia que en las diferentes OPE convocadas por el Gobierno vasco el euskera se ha valorado de forma “excesiva e injustificable”, tanto en la asignación de perfiles lingüísticos a los diferentes puestos con su correspondiente fecha de preceptividad como en aquellos supuestos en los que la lengua vasca se valora como mérito en relación a otras capacidades como la experiencia o la cualificación personal. 

Por ello, exige al Ejecutivo de Urkullu que “rectifique” la actual política lingüística “injusta y discriminatoria”, y modifique los criterios de acceso a las ofertas públicas de empleo para que “no se priorice el conocimiento del euskera sobre la capacitación técnica y la experiencia”.  (...)

El debate llega al Parlamento vasco además en plena polémica en la comunidad vecina de Navarra por el borrador que ha presentado el Gobierno de Uxue Barkos para dar un peso relevante al euskera en el acceso a la Administración Pública, que ha provocado un fuerte rechazo a nivel político, sindical, social y ciudadano. La oposición, formada por UPN, PSN y PPN, ya ha anunciado que acudirá a los tribunales una vez la normativa sea aprobada."                  (El Confidencial, 10/05/17)

11/2/16

Los ocho apellidos vascos. El peso de los apellidos en las organizaciones nacionalistas es altísimo, y es la prueba de que el nacionalismo no ha integrado a la población sin apellidos vascos

"Un trabajo de investigación de Manuel Montero, exrector de la Universidad del País Vasco, pone de manifiesto que los apellidos de raíz eusquérica cuentan con una elevada sobrerrepresentación en la política vasca.

 El estudio de los apellidos de quienes conforman las Corporaciones municipales, las Juntas Generales (Parlamentos autónomos), las Diputaciones y el Gobierno vasco muestra que los de etimología eusquérica multiplican hasta por tres la representación que cabría atribuirles en razón de la estadística.


Según el censo correspondiente a 1998, los vascos con dos primeros apellidos eusquéricos suponen el 20,4% de la población; los que cuentan con un apellido eusquérico y uno castellano, el 25,4%, y los que tienen los dos primeros apellidos castellanos, el 54%. García, Fernández, González son los apellidos más corrientes en el País Vasco, según los datos del Registro Civil. El primer apellido de raíz eusquérica, Aguirre o Agirre, no aparece hasta el puesto 17.
 
En su estudio, Montero prueba que en todas y cada una de las instituciones las fuerzas nacionalistas priman de forma desmesurada la selección de políticos con apellidos eusquéricos y que esa práctica, ignorada en su alcance real, obviada o, en todo caso, nunca expuesta hasta ahora, persiste invariable desde hace décadas. De hecho, la preeminencia de los apellidos eusquéricos en el Parlamento vasco es similar a la de hace cinco lustros. 

De los 48 representantes nacionalistas existentes hoy en la Cámara vasca, 32 tienen sus dos primeros apellidos eusquéricos; 10, uno castellano y el otro eusquérico, y solo 6 poseen sus dos patronímicos castellanos. Por el contrario, entre los parlamentarios vascos no nacionalistas, los apellidos se ciñen bastante a la composición estadística de la sociedad vasca.

Son datos reveladores y desconcertantes en la medida en que vienen a demostrar que el apellido sigue pesando mucho en la política y la sociedad vascas, pese a que el nacionalismo, en su doble versión, PNV e izquierda abertzale, expresó hace ya tiempo su renuncia a definir el ser vasco con atributos etnicistas.

 Desde que el PNV abandonó la religión y la raza como elementos distintivos del ser vasco cabía pensar que los criterios etnicistas establecidos por el fundador Sabino Arana iban a contar cada vez menos en la política. 

Como cabía pensar que la izquierda abertzale, que pone el acento identitario en la práctica del euskara y se ha mostrado más expresamente abierta a incorporar en sus filas a vascos de procedencia foránea, no tendría tanto apego ni servidumbre a la vieja pasión-obsesión nacionalista por los apellidos. 

Sin embargo, el informe muestra de forma palmaria que en esa materia de la selección de sus representantes la izquierda abertzale surgida en torno a ETA no le va a la zaga al PNV.
“No se aprecian diferencias significativas en la composición de las candidaturas del nacionalismo moderado y el radical”, constata Montero.

 En las candidaturas nacionalistas, la presencia de candidatos con sus dos primeros apellidos castellanos es inferior al 10%, de media, pero hay poblaciones, como Mondragón (22.000 habitantes), en las que no existe ningún candidato nacionalista con apellidos castellanos, pese a que representan la mitad del censo local. 

En Vitoria, con un censo que muestra que el 7% tiene los dos apellidos eusquéricos, el 26% uno de ellos y el 66% con ambos apellidos castellanos, las candidaturas nacionalistas exponen porcentajes respectivos del 31%, 43% y 26%.

Igual de significativa resulta la prevalencia que se da a los apellidos de raíz eusquérica en la selección de los cargos, no forzosamente militantes o simpatizantes del partido, a los que se encomienda la gestión de la Administración autonómica.

 De los 170 cargos de confianza con que contó el Gobierno monocolor del PNV en junio de 2013, prácticamente la mitad tenían sus dos primeros apellidos eusquéricos y únicamente el 15% los tenían castellanos.

 “La sólida implantación del PNV le permite elegir personal político con distintos perfiles, sin menoscabo de su eficacia. Ha habido una selección de apellidos. No cabe la posibilidad de que sea fruto del azar”, apunta Montero.

El exrector de la Universidad del País Vasco descarta que las enormes desviaciones cotejadas en su trabajo puedan ser aleatorias. Tiene que deberse a una de estas dos razones, o a ambas: “O el nacionalismo se implanta sobre todo en un ámbito social que se reconoce en el apellido vasco, o bien lo tiene en cuenta al seleccionar a sus candidatos”, indica.

 Parece cierto que el nacionalismo vasco se ha nutrido en buena medida con militancia procedente de ámbitos euskaldunes (de habla del euskara), particularmente del área rural, donde los patronímicos eusquéricos están mucho más presentes, pero ese dato tampoco puede explicar por sí solo los abrumadores resultados del estudio.

“No ha habido cambios sustanciales en las últimas décadas. En las instituciones públicas, el nacionalismo mantiene similar evocación étnica. No han hecho mella las concepciones que sitúan la identidad en elementos culturales, no vinculados a la procedencia familiar”, sostiene el autor del estudio. 

Que el apellido de raíz eusquérica sigue teniendo mayor predicamento político y social en la Euskadi de nuestros días es una evidencia que ni los interesados acomodos discursivos de lo políticamente correcto pueden negar. 

Dentro de Euskadi, pero también fuera, se da por hecho que los apellidos eusquéricos, generalmente topográficos y polisintéticos, tienen un marchamo superior de autenticidad —representan lo vasco-vasco—, en la medida en que remitirían a un origen remoto que, como el euskara mismo, aparece envuelto en la bruma del misterio.  (...)

“El peso de los apellidos en sus organizaciones es altísimo, mucho mayor que el que tienen en la sociedad vasca. Esta peculiar dimensión ética, más visible que cualquier otro factor mensurable, contrasta con el silencio público sobre este criterio definitivo del nacionalismo. El discurso público lo oculta, niega o difumina. Los grupos nacionalistas hablan de identidad cultural, no de etnicidad y, sin embargo, esta resulta fundamental en la concepción del nacionalismo”, sostiene Montero.

A su juicio, el “peculiar etnicismo de los apellidos” sobrevalora una parte de la sociedad y relega a otra y es la prueba de que el nacionalismo no ha integrado a la población sin apellidos vascos de forma estadísticamente normalizada.

 “Reclamar una identidad étnica como base para la organización política conlleva la negación del principio político de ciudadanía por igual para todos los habitantes del territorio”, sostiene Montero. “En el nacionalismo hay un debate implícito —y silenciado— entre etnicidad e identidad. Lo han resuelto a favor del primero”, concluye."               ( , El País, San Sebastián 8 FEB 2016 )

6/12/15

Como el alemán, el nacionalismo vasco es biológico, antes que étnico. Su clave de bóveda es la raza. En torno a ella, la religión, la independencia y el euskera

"A principios del siglo XVII, en la segunda parte apócrifa del Guzmán de Alfarache, un lacayo vizcaíno, “apasionado de su hidalguía y de su tierra”, suelta un interminable discurso sobre la excepcionalidad de Vizcaya. 

No faltan en él la idea de la independencia originaria, los fueros como expresión de su libertad y de la nobleza de sus habitantes, la limpieza de sangre protegida al impedir el avecindamiento de moros y judíos, la exaltación de la lengua, ni siquiera el recuerdo de la batalla de Padura, luego llamada Arrigorriaga por sus peñas tintas en sangre de los leoneses que quisieron conquistar Vizcaya. 

Casi tres siglos más tarde, Padura es la primera de las cuatro victorias de cartón piedra frente a León y Castilla, que constituyen en 1892 el núcleo político del libro-manifiesto de Sabino Arana Goiri, Bizkaya por su independencia.

Los demás elementos siguen ahí, en todo caso actualizados. Los fueros se convierten en leyes viejas,legitimación de la independencia; la pureza de sangre se aplicará contra los inmigrantes maketos; el euskera y la religión han de verse liberados de la contaminación española. 

Pero el mensaje de guerra, ahora refrescado por las guerras carlistas, constituye el núcleo de la propuesta, con el árbol de Guernica por emblema, como ya lo fuera en la perorata del lacayo, de una “Vizcaya libre, soberana y sin señor”. Horizonte luego ampliado a Euskadi y al conjunto de Euskal Herria.

Así que en el caso vasco, aun cuando el nacionalismo se construyó sobre una tradición cargada de mitos, los mismos se encontraban ya profundamente enraizados en la historia. 

Aunque la crisis económica y bélica pareció dar la razón al diagnóstico de Engels hacia 1850, situando a los vascos entre las “ruinas de pueblos”, condenadas por el atraso a desaparecer, no sin antes sostener causas reaccionarias. 

Lo segundo se confirmó, con el nacionalismo finisecular como heredero inmediato del carlismo; pero el impacto de la industrialización en Vizcaya, con sus consecuencias de traslación de poder, y cambios demográficos y culturales, hizo que el sentimiento agónico —el ill da euskera!, ha muerto el vascuence, del poeta Arrese y Beitia— sirviera de impulso al nacionalismo agresivo de Sabino Arana. 

Llevó al joven vizcaíno a emprender una cruzada contra la dominación española y la “invasión” de los inmigrantes, socialistas y ateos. Con la independencia como objetivo irrenunciable.

Como el alemán, el nacionalismo vasco de Sabino Arana es biológico, antes que étnico. Su clave de bóveda es la raza. En torno a ella, la religión (que comparte con el integrismo), los fueros como independencia (fuerismo también compartido), ambos reunidos en el lema JEL, y el euskera (que Sabino nunca habló bien) fueron rasgos de su movimiento, pero no exclusivos. 

El racismo venía de atrás (losmaketos como belarrimochas, orejas cortas, en la estela de la discriminación pirenaica contra los agotes), se reforzará con la satanización carlista de belchas o liberales, y servirá luego contra los nuevos rivales en la lucha por el poder y en el conflicto social. Cierra el círculo el anticastellanismo vivido en Barcelona como estudiante. 

Es un fenómeno que se repite hasta hoy a escala europea, cuando odio racial y xenofobia alimentan movimientos como el Frente Nacional en Francia. La violencia nacionalista contra el otro aparece desde un principio con el asalto a círculos liberales, en Bilbao, por admitir a maketos, o en Gernika por exhibir la bandera española. Aquí gritan por vez primera: “¡Muera España!”.

Tal es la cara oscura de la vertiente más atractiva de Arana: desarrollar una acción agónica por superar el “esto se va”, que él mismo diagnosticara para la lengua y la identidad vascas. A partir de ahí el sabinianismo puso en marcha una fecunda iniciativa, al insertar el movimiento patriótico en la sociabilidad y gestar la hegemonía apoyándose en una microsociedad constituida por losbatzokis, centros socio-políticos donde se piensa y se vive en nacionalista.

Sabino Arana admiró al único santo vasco disponible, Ignacio de Loyola. La visión militante de la Compañía de Jesús, infalible a su juicio, giraba sobre el concepto de enemigo, aplicable a españoles yeuskaldunes traidores. Desde ahí, Ignacio pasa a inspirar la idea de una organización fuertemente disciplinada, pensada para imponer los principios excluyentes del partido al conjunto de los vascos. 

Concepción bélica, pero también pragmática. Absolutismo ideológico, flexibilidad en los medios (alianzas, objetivos parciales). De Sabino a Arzalluz, habrá que “entrar con el enemigo”, no rehuir el ingreso en su espacio político, siempre que se salga con uno mismo. Una férrea disciplina evitará desviaciones.

Esto explica el mal entendido viraje final hacia una Liga de Vascos Españolista en 1902. No se trató de moderación, sino de ajuste táctico a una coyuntura de persecución, entrando con el enemigo.Bajo la máscara regionalista, el objetivo final permanecía, y nada lo prueba mejor que el melodrama Libe, del mismo año, donde el relato vuelve a las batallas victoriosas contra Castilla. 

No hay dos almas en el nacionalismo sabiniano, cuyos seguidores hasta ETA esgrimirán “la pureza doctrinal”, sino dualidad táctica y tensiones con esa voluntad de adecuación que ya se afirma, muerto Sabino, cuando el PNV defiende el Concierto Económico en 1905 frente a los zelotes de la independencia. Intereses frente a ortodoxia. Únicamente al salir de escena ETA se ha resuelto el dilema.

Al llegar en noviembre de 2003 el centenario de la muerte de Sabino Arana, era previsible su triunfo póstumo. Fue el año en que ETA asesinó a Joseba Pagazaurtundua y en que Ibarretxe presentó en el Parlamento vasco su plan de constituir un Estado Libre Vasco en nombre de la inevitable “soberanía originaria”. Podía confirmarse lo que el amo dijera al lacayo del Guzmán: “por hacer a Vizcaya querer deshacer a España”.

Cuando ya se han cumplido los 150 años del nacimiento de Sabino, cabe anotar cambios sustanciales. La convergencia entre independentismo político y lucha armada se estrelló con la pérdida del Gobierno por el PNV en 2009 (ocaso del maximalismo), y sobre todo contra la derrota inapelable de ETA en 2011. 

Los mitos no han desaparecido, ni la voluntad abertzale de mantener la tensión por el “proceso de paz”. Solo que la convivencia surgida tras el fin del terror y el reconocimiento de las ventajas económicas del Concierto, convertido en auténtica Constitución vasca asumida por todos, disiparon esa nube de violencia sembrada por Sabino Arana.

 Se acabó, esperemos que por siempre, Bizkaya por su independencia.Eso sí, como compensación el PNV lleva a su antojo una construcción nacional vasca donde la mitología sabiniana sigue vigente."              

 ( es catedrático de Ciencia Política y autor de Tras la huella de Sabino Arana (2005). en El País, 28/11/15)

15/10/15

El nacionalismo vasco y catalán ha conseguido que las víctimas de su xenofobia, maketos y charnegos, aparezcan como verdugos de su identidad

"(...) En el caso español la dificultad esencial del viva patriótico se complica por algunas penurias: la lejanía de los tiempos gloriosos, el papel secundario jugado en la Modernidad y el rastro de decadencia civil que culmina en la guerra de 1936 y en la dictadura consiguiente, aún demasiado cerca. 

A ello cabe añadir la obstinada presencia en el País Vasco y Cataluña de núcleos xenófobos, que con las habituales buenas palabras ha convertido a estos territorios en comunidades históricas. Nunca estos núcleos habían acumulado tanto poder y tanta visibilidad.

Es verdad que en la intimidad se regían por la costumbre de utilizar términos como maketo o xarnego; pero jamás se habían atrevido a exhibir su defecto del modo arrogante en que ahora lo hacen.

 Aunque bien es verdad que protegidos por una eficaz e intimidatoria campaña de escamoteo sentimental que, entre otros logros, ha conseguido que las víctimas de su xenofobia aparezcan como verdugos de su identidad.

Pero esta desvergonzada exhibición es la que va a dar un nuevo sentido al azar de ser español. Observando fríamente el delirio nacionalista de Cataluña, el modo en que tantos ciudadanos se creen y se cuentan allí las mentiras más burdas (las mentiras españolas tienen la impagable ventaja de que fueron contadas hace mucho tiempo) y el aire de exclusión xenófoba que ha pasado simpáticamente del salón a la calle, el empeño español en vivir juntos los distintos va a adquirir una luz, una calidad y un acuerdo vital y moral inesperados."                  (Arcadi Espada, El Mundo, 13/10/2015)