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2/10/17

Rosana Torres: causa extrañeza y pena que Barcelona vea ya en sus calles, sus casas, sus círculos, las discusiones y enfrentamientos que nunca tuvo

"(...) Y cuando haya un referéndum amparado por la Constitución, reformada o no, que tantos jirones de piel costó conseguirla, iré la primera a votar. Contenta de hacerlo, deseosa, y votaré orgullosa NO. 

Porque quiero para mi país un federación en la que todos convivamos respetando nuestras diferencias y nuestros deseos. Que los hay. 

En todo caso, pase lo que pase en los próximos días, meses o años, para alguien de fuera, pero que ama y vive en Cataluña, la sensación es que las fronteras, no las físicas de momento, pero sí las del pensamiento, los sentimientos, las afinidades y complicidades se han instalado ya irremediablemente. 

Y esas consecuencias, para los que vivimos aquí, son las peores. Porque las otras, las económicas, políticas, geográficas... no nos las podemos ni imaginar.

 Y si lo hacemos, fijo que nos equivocamos.

Y causa extrañeza y pena que Barcelona, ciudad que siempre hemos admiramos todos los de mi generación como ciudad abierta y de cultura, vea ya en sus calles, sus casas, sus círculos, las discusiones y enfrentamientos que nunca tuvo. (...)"               (Rosana Torres Reinés   , Huff, 29/09/17)

9/1/15

El ‘derecho a decidir’... es el derecho a la participación política en todos los niveles

"Querido Pablo:

(...) Se trata del ‘derecho a decidir’. Tú has dejado claro que crees que el derecho a decidir no sólo se debe aplicar a la solución del problema ‘identitario’, sino de todos los problemas, en una sociedad democrática. Perfecto desde esa perspectiva, porque en realidad estás hablando del derecho a la participación política, fundamental en toda sociedad democrática.

Sin embargo, el derecho a decidir no es lo mismo para todo el mundo y si se utiliza sin concretar a qué nos referimos, en vez de solucionar problemas, los puede agravar. Si preguntas a la Wikipedia, te contestará que el derecho a decidir no existe. Y si insistes, te remitirá al derecho de autodeterminación.

En suma, el derecho a decidir es un concepto abstracto, que carece de tradición y no existe en ninguna norma constitucional ni internacional. Y según cómo se utilice, puede significar cosas diferentes. 

Para la mayoría del mundo, el ‘right to decide’ tiene su origen en los movimientos contestatarios de los años sesenta y es el derecho a decidir sobre el propio cuerpo e incluye desde el derecho a abortar hasta la eutanasia.

El derecho a decidir de muchos nacionalistas, no coincide ni con éste ‘right to decide’, ni con el derecho a la participación política. Es en realidad un batiburrillo de este último derecho con el derecho de autodeterminación de los pueblos.

 La concepción nacionalista del derecho a decidir fue enunciada por el lehendakari Ibarretxe y se ha extendido a Cataluña e incluso a Escocia, adquiriendo unos contenidos cada vez más radicales. ¿En qué consiste? En una reformulación del derecho a la autodeterminación, pero obviando los requisitos y los condicionamientos para el ejercicio de dicho derecho.

La idea nacionalista del derecho a decidir se articula a partir de dos premisas:

1) una sociedad no es democrática si niega el derecho a decidir al pueblo soberano.
2) El pueblo vasco debe ser soberano para decidir en referéndum si quiere ser independiente. Luego, en consecuencia, no existe democracia hasta que se haga dicho referéndum.

Si seguimos dicha lógica, habría que llegar también a la consecuencia de que Francia no es una democracia y tampoco lo era Gran Bretaña, hasta que se permitió celebrar el referéndum escocés.

 Además, la ciudadanía ni siquiera puede no querer jugársela a cara o cruz en un referéndum independentista. No le queda otra. Y si seguimos con la misma lógica, se debe deducir que el problema nacional ha quedado resuelto en Escocia, una vez que se ha permitido al pueblo expresarse libremente.

En resumen, para algunos nacionalistas, el derecho a decidir no es otra cosa que el derecho a un referéndum independentista. Un derecho que no corresponde a todo ciudadano, sino a una nación concreta y tampoco corresponde a una parte de esta nación que no estuviera de acuerdo con el conjunto.

 Y este concepto es incompatible con el criterio tradicional de democracia y aún más incompatible con un concepto radical de democracia participativa como el que tú propones. Por eso, te aconsejo que aclares estas diferencias para no verte inmerso en dinámicas que no podrás controlar. (...)"       (EL CORREO 24/12/14, ROBERTO URIARTE TORREALDAY, en Fundación para la Libertad)