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30/9/19

Barcelona sí se tomó en una hora

"La batalla de Barcelona, o sea la defensa casa por casa que en enero de 1939 se prometió que se iba a llevar a cabo ante la llegada de las tropas del general Yagüe, se puede contar tan rápido como que cabe en una pequeña sala de exposiciones del Museu Can Tinturé de Esplugues.

 “El Llobregat puede ser el Manzanares de Barcelona”, prometía al dictado la prensa local solo 48 horas antes de aquel 26 de enero en que cayó Barcelona. Se aseguraba que la ciudad era una fortaleza inexpugnable. Aquella línea de defensa cayó con más estrépito que la línea Maginot. A la hora de la verdad, el único combate que merece tal nombre tuvo lugar en Esplugues. Murieron 10 soldados republicanos (tal vez tres de ellos ajusticiados tras rendirse) y seis nacionales. 

Hubo alguna heroicidad, como la de un asturiano de la Legión que se coló por un tubo y cuchilló en mano cortó las mechas de los explosivos con los que el mando republicano sopesaba dinamitar el puente. Se ganó 10 duros y un mes de permiso por sus bemoles. La batalla de Barcelona fue así de breve. Tras un exquisito trabajo de arqueología fotográfica, acaba de ser inaugurada (lo dicho, en Can Tinturé) una chiquita pero deliciosa exposición sobre las horas inmediatamente posteriores a aquel combate y sobre los preparativos de la toma de Barcelona. Es una mirada inédita sobre la guerra civil.

 En julio del 2018, en esta misma despensa de crónicas que es ‘barceloneando’, ya se publicó una impactante fotografía de Francisco Marínez Gascón, que firmaba sus obras como Kautela. Como fotógrafo que acompañaba a Yagüe en su campaña, fue el primer civil que entró aquel 26 de enero en Barcelona y el día 27, con un encuadre perfecto, retrató el desfile de tres soldados franquistas, uno de ellos de la Guardia Mora, por la calzada central del paseo de Gràcia, acompañados los tres por una decena de barcelonesas que, sonrientes y brazo fascista en alto, les acompañan. 

Aquella imagen formaba parte de un libro publicado por Víctor Lahuerta y Cristina Martínez de Vega, gracias a que esta última, nieta de Kautela, descubrió perdida en casa de su abuela una maleta amarillenta repleta de negativos. Con el contenido de aquel tesoro se rescató la obra de Kautela, fotógrafo orillado por el franquismo porque el dictador tenía su propio retratista durante la guerra civil, José Demaría Vázquez, pero testigo de momentos interesantísimos.

 En el libro aparecieron, pese al esfuerzo de Lahuerta, algunas imágenes sin localizar, entre ellas las de Esplugues tras la refriega. Aquella resistencia retrasó unas horas la caída de Barcelona y allí estuvo Kautela, gracias al cual es posible revivir el momento.

 Fue un detalle al fondo de una de las fotografías el que permitió tirar del hilo. La soldadesca franquista aparece en la imagen a bordo de dos tanques, un Panzer alemán de primera generación (la Wehrmacht hitleriana sacó grandes lecciones en España que luego emplearía en Polonia) y, detrás, un T26 soviético, palabras mayores si de guerra blindada se trata. La Unión Soviética suministró unos 300 al Gobierno de la república. 

Eran superiores a los alemanes en todos los campos y, por eso, una pieza codiciada por los nacionales. La captura de un T26 intacto se pagaba a 500 pesetas. El de la foto es uno de ellos. Formó parte de la columna que entró en Barcelona por la carretera de Collblanc. Pero el detalle crucial de la foto está detrás. ‘Bar Catalunya’, eso dice un cartel en la fachada.

 Roser Camps, la hija del dueño de aquel establecimiento certificó que efectivamente aquello era la avenida de Francesc Macià de Esplugues, actualmente Països Catalans. Con ese dato comenzó un paciente trabajo con lupa para geolocalizar el resto de las imágenes, tarea en que el historiador Jordi Amigó, comisario de la exposición, parece que se lo ha pasado en grande. 

El pasado 26 de enero, por ejemplo, en compañía de su colega Francesc Riera fue a comprobar si las sombras de la luz del sol coincidían con una las de una fotografía en la que aparece el capitán Víctor Felipe, responsable de la unidad de carros de combate del Cuerpo del Ejército Marroquí, un nombre que a la mayoría nada le dice, pero aquel oficial fue alcalde de Barcelona durante las horas posteriores a la caída de la ciudad. Amigó y Riera acreditaron en enero que la foto fue tomada 15 minutos antes de las dos de la tarde, hora nacional (los republicanos tenían sus relojes sincronizados con Londres, no con Berlín) frente a la finca del conde de Montseny, Josep Maria Milà i Camps.

 Las horas previas a la toma de Barcelona fueron distendidas. Eso queda claro en otra de las fotos de Kautela, como una tomada en la plaza de la Magdalena, una foto para la posteridad de un grupo de soldados que posan con tes ametralladoras Maxim de 7,62 milímetros, de fabricación soviética, y que no es aventurado imaginar que son con las que los republicanos pretendían cerrar el paso a los nacionales en Esplugues.

 Las exhiben como trofeos de guerra y, a su manera, lo son. Las Maxim fueron las ametralladoras que el británico Hiram Stevens Maxim (un tipo curioso, inventor también de la ratonera y de una atracción de feria) diseñó para el ejército zarista en 1887 y que no fue jubilada por Stalin hasta 1943.

 Cuando Kautela tomó aquella foto, en Barcelona todo eran prisas. En la plaza de la Bonanova, Gregorio López Raimundo y Teresa Pàmies cavaban una última trinchera que no detuvo a nadie. Santiago Carrillo se quedó sin Camuflas, su chófer, y tuvo que ir a pie desde la Rambla hasta el Casal d’Horta, donde ardían en una pira los carnets del partido. Hilari Salvadó, el último alcalde republicano, levantaba un acta ante el interventor municipal conforme se iba pero dejaba intacta la caja de caudales. Barcelona cayó mansamente, pero estaba a punto de desatarse el horror de una represión que no hay mejor modo de resumir que con una frase de Lorenzo Villalonga, el autor de 'Bearn', un falangista hasta causar náusea y que celebró la derrota de la capital catalana de un modo que causa espanto: “Los militares siguen piropeando a la hermosa vencida, que como una veneciana se siente a gusto entre los brazos de sus violadores”. Tal desbarro aparece convenientemente acreditado en un indispensable libro de Amigó sobre la pisada del franquismo en el Baix Llobregat. (...)"                         (Carles Cols, El Periódico, 27/09/19)

18/5/18

Escriben en Le Figaro que la inspiración de Torra es la Yugoslavia de Milosevic y la Italia de Mussolini... es inquietante que tengan razón

"(...) Institucionalmente, Quim Torra es presidente de la Generalidad para todos los efectos. Políticamente, él es un peón en el juego del ex presidente Puigdemont.¡De manera simbólica y altamente significativa, Carles Puigdemont ha prohibido a su sucesor utilizar la oficina presidencial del Palacio de la Generalidad! De manera similar, el gobierno regional que se formará ha sido negociado entre Carles Puigdemont, su coalición Junts per Cat y Esquerra Republicana de Catalunya (la izquierda republicana nacionalista).

 El martes 15 de mayo, como un signo ostensible de lealtad a Puigdemont, Quim Torra fue a Berlín para encontrarse con "el presidente legítimo". Del mismo modo, el presidente del Parlamento, Roger Torrent, no solicitó una entrevista con el rey Felipe VI para informarle de la elección de Torra, como es habitual. Debido a que el rey firma el decreto que valida estas elecciones parlamentarias.Si con esta designación finaliza el régimen excepcional que conllevaba la aplicación del artículo 155 de la Constitución y las instituciones catalanas recuperan su autonomía, como vemos, el estancamiento institucional continúa.

 Un nacionalismo supremacistaLa elección de Quim Torra causó revuelo en el campo no nacionalista. El abogado y agitador cultural tiene detrás de sí una abundante producción de escritos en los que denuncia al mismo tiempo la ignorancia, la pereza, la voracidad y el gusto de la fuga de los españoles.

 ¡Una increíble serie de instantáneas simplemente racistas! Es cierto que durante su discurso de nominación, se disculpó con los españoles por sus comentarios insultantes y tweets. Sin embargo, su visión de España y Cataluña es la de la ruptura antes que la del compromiso.  

Para Enric Juliana, subdirector de La vanguardia y sensible al catalanismo político, "Joaquim Torra es un hombre intelectualmente imbuido del espíritu de la década de 1930, un nacionalismo de derecha, agresivo".

 Hay algo más serio. Quim Torra es un admirador de las peores tendencias del nacionalismo catalán. Siente por Estat Catalá, un movimiento político de la década de 1930 que se vio comprometido al mismo tiempo con el fascismo de Mussolini y el nazismo, un gran fervor.Estas páginas de la historia de Cataluña se refieren a las manifestaciones de la guerra pre-civil. Encontrar inspiración en estos ejemplos es inquietante. 

Además, Quim Torra considera que desde el 27 de octubre de 2017 y la aplicación del artículo 155 en Cataluña, la región está experimentando "una crisis humanitaria". Él cree que los presos políticos y el "exilio" de los políticos reflejan esta crisis humanitaria.  

Si se puede decir que reprocharle a Torra su admiración por estos ejemplos históricos es una simple prueba de intención, podemos, sin embargo, preocuparnos legítimamente ante una relación fantaseada con la realidad. 

 Atreverse a hablar de una "crisis humanitaria" en Cataluña cuando en el Medio Oriente (Siria, Gaza, Iraq, Yemen, Libia) o África (Congo), millones de personas, incluidos niños, están expuestos a la enfermedad y la muerte, es algo que descalifica a un político. Cataluña no es el centro del mundo y el sufrimiento catalán no es lo que pretenden denunciar los nacionalistas.Por mi parte, estoy muy preocupado al ver a los nacionalistas aprovechar el ejemplo yugoslavo para evocar los desarrollos futuros de Cataluña y España.  

Seamos justos: no abogan por una guerra civil, pero se entusiasman con el caso yugoslavo para justificar una posible secesión y la desintegración de España. 

Yugoslavia sería más un precedente que un ejemplo ... Sin embargo: el precedente es poco convincente. Antes de que entendiéramos cuál era el conflicto yugoslavo, los nombres de Milosevic o Karadzic nos eran desconocidos. Torra es un nombre desconocido como lo fue Puigdemont hace dos años."              (

28/9/16

La superioridad económica de Cataluña se debió a la política proteccionista de Madrid, que obligaba a los españoles a comprar los caros tejidos catalanes

"(...) El choque que puso el catalanismo político en marcha, que lo llevó de los Juegos Florales a las batallas electorales, fue el Desastre de 1898, la pérdida de las últimas colonias, que habían constituido un provechoso mercado cautivo para los empresarios textiles. 

La consumación de la independencia de Cuba y Filipinas con la firma del Tratado de París fue como la firma del acta de divorcio de Cataluña con Madrid.

 La falta de respeto por la verdad histórica ha llevado a los historiadores nacionalistas a hablar del fracaso del colonialismo español, sin reconocer que los primeros paladines del colonialismo español estaban en el mundo empresarial de Barcelona; y que la superioridad económica y cultural de Cataluña (ésta algo discutible) se debía en gran parte a la política proteccionista de Madrid, que obligaba a los españoles a comprar los caros tejidos catalanes con grave quebranto de sus bolsillos.

 Los éxitos del catalanismo fueron emulados en otras regiones, y esta floración de nacionalismos autonomistas hizo eclosión en la Segunda República, con la aprobación del Estatut d’Autonomia catalán en 1932 y con la de los Estatutos vasco y gallego ya empezada la Guerra Civil.

 El nacionalismo catalán realmente se desmandó durante la República y la guerra. Dos veces declaró la independencia durante la República (1931 y 1934) y una nada más comenzada la contienda. Ello dio lugar a la lamentable Guerra Civil en la primavera de 1937 en Barcelona, donde comunistas y anarquistas combatieron por las calles y el esfuerzo bélico de la República se vio gravemente mermado, para regocijo del bando franquista. 

Orwell lo cuenta en su Homenaje a Cataluña y Azaña refleja en sus memorias la amargura y el desencanto que le produjo tan vergonzosa reyerta, que él vio muy de cerca pues estaba en Barcelona en esos días y era un espectador de excepción por ser entonces presidente de la República y haber sido el gran y decisivo defensor del Estatut en las Cortes de 1932.

EL NACIONALISMO catalanista renació durante la Transición, con Jordi Pujol como director de orquesta. Fue dando pasitos breves y cautelosos, tanteando la situación y la actitud de los partidos nacionales (que hoy llamamos constitucionales porque parece que la palabra «nacional» sólo pertenece ahora a las regiones con ínfulas). 

Pronto comprobó que estos eran meros tigres de papel (de papel timbrado judicial, sobre todo), en especial a partir del citado affaire de Banca Catalana. Ante el derrumbamiento de la legalidad en Cataluña se produjo una carrera en pelo por demostrar quién era más nacionalista y separatista, siendo así que la política española lo premiaba con la inmunidad y la catalana con cargos y prebendas.

Esta última oleada de separatismo nacionalista obedece a razones económicas, pero de otro tipo que antes de la Guerra Civil. Hoy Cataluña sigue siendo la región más rica en términos globales, pero no en términos por habitante. Por delante están Madrid, el País Vasco y Navarra, y muy próximas Aragón, las Islas Baleares, y la Rioja. 

La convergencia ha cerrado la enorme distancia de hace un siglo. Hoy los nacionalistas, la casta política catalana, aspiran al poder absoluto en Cataluña, a convertirla en su finca sin interferencias de Madrid. Ése es el aspecto económico del nacionalismo catalán actual.

 Ése y el lograr que el Estado español les financie para amansarlos un poco. No es la superioridad económica lo que persiste hoy, sino el descarnado interés económico. Y también persiste la memoria de un pasado mítico, que los nacionalistas mantienen viva con Diadas y desfiles a lo Nüremberg.  (...)"                   (Gabriel Tortella, El Mundo, 21/09/16)

29/7/16

Los jefes nacionalistas vascos son los peores enemigos de la unidad combatiente de los pueblos hispánicos al lado de las Naciones Unidas y contra Hitler y sus Quislings

"(...) Los vascos de Santiago de Chile no quisieron desfilar en la columna de los republicanos españoles que se organizó para contribuir al homenaje que el pueblo chileno tributó a Mr. Wallace [el resueltamente antisfascista vicepresidente de Roosevelt], porque no fueron reconocidos como miembros y representantes de la nación vasca.

El Orfeón Catalán de México se negó a participar en el homenaje que la emigración republicana rindió al presidente Ávila Camacho [sucesor de Lázaro Cárdenas, el presidente benefactor del exilio republicano español en México], aduciendo que los catalanes no son españoles. 

Y finalmente, una sedicente Comunidad Catalana de México conmemoró con un banquete el 14 de abril –al que asistió el señor Monzón en representación del señor Aguirre— la proclamación de la Segunda República Catalana. Con motivo de esos hechos, se ha registrado un enorme griterío, se han pronunciado palabras muy gruesas y se han emitido conceptos muy graves (...)

¿Qué es, qué representa el Orfeón Catalán? Conforme a sus estatutos, es una entidad apolítica, presidida por un señor que es, simultáneamente, “ultranacionalista” y socio conspicuo del Casino Español, en donde se cantan sardanas y misas de vez en cuando, un centro recreativo que no le hace ascos al juego cuando las circunstancias lo permiten. 

Es un centro que ha calificado de “luctuosa” la fecha gloriosa del 19 de julio, y un centro en el que ahora hacen y deshacen a su antojo y en plan separatista unos cuantos trotskistas, faístas y desertores. En relación con la emigración catalana es muy poca cosa, y de cara a Cataluña y en Cataluña no es nada. Pero a medida que se fue conociendo, por los hechos, su juego sucio, fue perdiendo socios hasta quedar reducida a lo que es hoy: un órganos de los deshechos de la emigración catalana. 

La preside el señor Tomàs i Piera, quien al dejar de ser ministro de la República Española, se creo para él solo el frente de Montreal (Canadá). Le prestan apoyo entusiasta los señores Ferrer y Fronjosà, desertores ante el enemigo en el curso de nuestra guerra, denunciadores implacables del “imperialismo” de la UGT, propugnadores acérrimos de una Central Sindical Catalana separatista,  (...)
Definidor político de la misma es el señor Arquer: trotskysta condenado a 20 años de prisión por el delito de alta traición en tiempos de guerra, uno de los dirigentes del putsch de mayo de 1937, el primer objetivo del cual era, de haber triunfado, el asesinato del presidente Companys y de prácticamente todos los consejeros de la Generalitat. 

Los catalanes decentes, es decir, la práctica totalidad, hacen frente a esta mal llamada “Comunidad”, centro de arribistas, de desertores y de provocadores. Incluso los militantes de Estat Català, los únicos que con pleno derecho histórico podrían levantar –y levantan— la bandera separatista.  

Así, pues, entonces ¿a qué tanto ruido con motivo de unos discursos pronunciados por individuos carentes de toda solvencia en la emigración y separados ya, esperemos que para siempre, de Cataluña?  (...)

Nuestros separatistas se consideran obligados a aceptar una especie de tutela del Partido Nacionalista Vasco. 

El movimiento nacional catalán es avanzado y progresista, mientras que el Partido Nacionalista Vasco es conservador: salidos de Euzkadi, miles de nacionalistas vascos, buenos soldados, se quedaron en Francia por orden de sus jefes, mientras Cataluña se desangraba por los cuatro costados. 

Y mucho menos ligados podemos sentirnos los catalanes cuando los jefes nacionalistas vascos son los peores enemigos de la unidad combatiente de los pueblos hispánicos al lado de las Naciones Unidas y contra Hitler y sus Quislings.(...)"              

 (Joan Comorera , Enfrentado a la dirección del Partido Comunista de España, fue expulsado del PSUC en 1949, Fuente: Edicions en Lluita, 1945, en Sin Permiso, 24-07-16)

14/6/16

5 batallones de Aguirre de pasaron a Franco, entregándole la orilla izquierda del Cadagua; lo mismo pasó en Portugalete y en muchos otros sitios

"José Antonio Aguirre y Lecube, líder del PNV, fue desde octubre de 1936 el primer lendakari del gobierno vasco. En la guerra civil defendió muy mal Bilbao, que casi entregó a las tropas nacionales y provocó que sus amigos nacionalistas le llamaran “Napoleonchu”; soñaba con reclutar a 20.000 vascos residentes en Francia, pero éstos se apuntaron en masa al ejército de Franco y contribuyeron a romper los frentes de Aragón y Cataluña en 1938 y 1939. 

En el mismo Bilbao 5 batallones de Aguirre de pasaron a Franco, entregándole la orilla izquierda del Cadagua; lo mismo pasó en Portugalete y en muchos otros sitios. En fin, que gracias a la incompetencia del nacionalismo cayó el frente del norte; Aguirre era un crack.

Durante la guerra Aguirre no dudó en traicionar a la República. Su gobierno buscó contactos con los nazis a través de Suiza para establecer relaciones secretas con el III Reich, pues el racismo nazi era afín al de Sabino Arana, fundador del PNV.

 Una muestra de esta xenofobia se lee en el número de 29 de abril de 1937 de la revista Euzkadi, órgano del PNV liderado por Aguirre: “podéis desplegar por nuestros valles y montañas toda esa inmunda amalgama de mahometanos negros, protestantes rubios, legionarios sifilíticos y españoles degenerados“.

Además Aguirre intentó firmar una paz separada con Franco, y viéndose perdido pactó en Santoña con los fascistas italianos para evacuar su ejército al margen de quienes habían luchado as su lado en Santander, y huir a Francia; también a traición trataría de convencer a los ingleses para que montasen un protectorado en el País Vasco.

Acabada la guerra, Aguirre se trasladó a Bélgica. Allí el cónsul de Panamá, franquista, le facilita un pasaporte panameño. El plan de Aguirre era huir a través de un país neutral, y para eso decidió refugiarse en el corazón de Alemania: Berlín. Allí se da la vida padre en el hotel Victoria, entre almuerzos y cenas pantagruélicas en medio del hambre canina que pasaban los berlineses

En su libro De Guernica a Nueva York pasando por Berlín el líder nacionalista revela que el primer envío importante de armas que recibió durante la guerra civil procedía de la Hamburgo nazi. Y nos relata su inigualable coraje durante su estancia en el Berlín nazi: el 27 de marzo de 1941 fue a la Wilhelmstrasse, ante la cancillería el Reich, para presenciar la reunión de Hitler con el ministro de Exteriores japonés.

 Había una multitud en la calle aclamando a Hitler y a Matsuoka en el balcón, y Aguirre cuenta que un hombre de las SS le dio 2 banderitas, una con la esvástica y otra con el sol japonés; él las cogió y gritó también. Un valent, escolti.

Tras su huida a los EEUU a través de Suecia, Aguirre fue un agente a sueldo del FBI con el número NY-507-S. Pero no había nada que hacer: la ONU se retractó de su bloqueo a España en 1949, y le abrió sus puertas en 1950; los EEUU cerraron acuerdos estratégicos con Franco en 1953, el Vaticano firmó el concordato ese mismo año, y Francia cerró Radio Euzkadi en 1954. 

Aguirre convocó ese año un Congreso Mundial Vasco, donde una de sus jóvenes estrellas –Federico Kurtwig- propuso la utilización de la violencia; de ahí saldrían los 1.000 asesinatos de la ETA “por Euskalherría”.

La mano derecha de Aguirre, Francisco Javier Landáburu, escribió a su colega Unceta en 1958, inspirado por los inicios de la conquista espacial: “estamos perdidos en el espacio como un robot americano”.

Com el prusés, escolti.

Dolça i aguirresca Catalunya…"                       (Dolça Catalunya, 08/06/16)

23/6/15

Las negociaciones del PNV con Franco en la Guerra Civil para que sus líderes se salvaran, a cambio de entregar la industria intacta

 El lehendakari, José Antonio Aguirre (centro), entre Manuel de Irujo (izquierda), quien llegó a ser Ministro de Justicia con la República, y el padre Alberto Onaindía, una de las personas que intermedió en las negociaciones entre el PNV y Franco, en una imagen tomada en Londres. / FUNDACIÓN POPULAR DE ESTUDIOS VASCOS

"Los militares sublevados se encontraron con una oposición que no esperaban, incluso un aliado perdido, creándoles un grave problema internacional, propagandístico y religioso". Carlos Olazabal, empresario y ex político del PP en Euskadi, recoge en Negociaciones del PNV con Franco durante la Guerra Civil los múltiples contactos que mantuvieron los nacionalistas vascos con los nacionales a lo largo de la contienda y que desembocaron en la rendición de Bilbao en junio de 1937 y la entrega de la Margen Izquierda, el lugar donde se concentraba la industria vizcaína.

El libro, editado por la Fundación Popular de Estudios Vascos y Atxular Atea, fruto de ocho años de trabajo, recoge infinidad de documentos extraídos de diversos archivos y ofrece "una visión de la Guerra Civil en el País Vasco muy diferente a la que estamos acostumbrados", apunta su autor. 

La posición inicial del nacionalismo vasco, del lado del Gobierno de la República –en Navarra, aunque minoritario, por ejemplo, no opuso ninguna resistencia a los sublevados-, "moverá el interés de los nacionales y de la Iglesia en lograr el cambio del PNV o, por lo menos, su no beligerancia en el conflicto cainita, llevando a cabo negociaciones para lograr tal objetivo desde julio de 1936".

"Las diversas fuentes se complementan entre sí porque todos los archivos han sido expurgados", explica Olazabal, que pone como ejemplo el hecho de que Franco encomendara a uno de sus ayudantes personales recoger, una vez cae Bilbao, toda la documentación guardada por el Gobierno vasco, pero de la que parte a día de hoy no se puede encontrar en ningún archivo.

La desaparición de determinados documentos, reconoce el autor, crea una serie de huecos en el relato que, por el contrario, no invalidan la tesis del libro, sostiene. "Vemos como las condiciones que Franco traslada al PNV vía Vaticano se cumplen aunque no vemos cómo finalmente se acuerdan. 

Pero punto por punto, lo solicitado por Franco se cumple, es decir, la rendición de Bilbao y de la Margen Izquierda, sin la destrucción de la ciudad, ni del tejido industrial de la Ría". Franco, que nunca aceptó la autonomía política del País Vasco, permitió la huida de la mayoría de dirigentes del PNV, y mantuvo el concierto económico en Álava y Navarra, si bien lo derogó en Bizkaia.  

 El cardenal Gomá, otra de las personas que intemedió entre Franco y los nacionalistas, en una imagen tomada en Narvarte (Navarra), en mayo de 1937. / FUNDACIÓN POPULAR DE ESTUDIOS VASCOS

El libro, denso, cargado de extractos de los documentos consultados, recopila de forma exhaustiva el cruce de comunicaciones entre los nacionalistas y los sublevados, sin entrar en interpretaciones o conjeturas.

Los contactos fueron constantes y se produjeron siempre a través de intermediarios y utilizando tres cauces: directamente con los nacionales -el general Mola, encargado de liderar a los sublevados en el frente de Norte, hasta su muerte, mostró un empeño personal para que las negociaciones prosperasen-, el Vaticano y el Gobierno italiano. El cruce de comunicaciones se mantuvo, incluso después de los bombardeos de Durango y Gernika, hasta que los nacionales consiguieron su objetivo.

Los nacionalistas vascos se dividieron entre los contrarios a cualquier tipo de negociación una vez conseguido el estatuto de autonomía que las cortes republicanas aprobaron en octubre del 36, como el primer lehendakari, José Antonio Aguirre, y aquellos que ante el avance de los sublevados en Euskadi -San Sebastián cayó en septiembre del 36 y en Vitoria triunfó el golpe- entendieron que la caída de Bilbao era inevitable y, por lo tanto, "se intentaron salvar y sacar el máximo provecho".

Mientras los nacionales cercaban Bilbao, Juan de Ajuriaguerra, miembro de la dirección del PNV, tomó el mando y ofreció la rendición del nacionalismo vasco al Gobierno italiano, una vez que parecían fracasadas todas las vías de negociación abiertas, según recoge el libro.


Olazabal se nutre de diversas fuentes y archivos. El primero de ellos, los trabajos publicados por el canónigo Alberto Onanindía -"todos los emisarios serán religiosos y principalmente jesuitas"-, una de las personas que hizo de intermediario. "Él es el hombre que lleva la primera propuesta de Mola al PNV en septiembre del 36, y la persona que, en octubre del mismo año, se persona en el Vaticano representando al PNV para explicar la posición del nacionalismo vasco confesional".

La lista continúa con documentos depositados en el Archivo General Militar de Ávila, el Archivo Histórico del Nacionalismo Vasco, la correspondencia guardada por el cardenal Gomá, representante del Vaticano ante Franco, y que recoge las negociaciones impulsadas por la Santa Sede y la Iglesia. 

Además, entre otros, de los textos guardados en el propio Vaticano, los custodiados por el Gobierno de Italia y el Estado Mayor del Ejército italiano, donde el autor halló las credenciales de Onaindía para entrevistarse con Mussolini. Algunas de las fuentes consultadas hasta hace relativamente poco no han sido accesibles a los historiadores, recuerda el autor.

Olazabal añade que quizás el único archivo que no ha podido consultar y que puede atesorar más información sobre las negociaciones del PNV y Franco es el de la antigua URSS, que ofrecería además la visión del único flanco que no cubre el libro: el del Gobierno de la República.

 "Todos sabían de las intermediaciones, también por supuesto el Gobierno de la República, que destinó a Bilbao al embajador y espía ruso Goriev [enviado a España por la Unión Soviética en calidad de asesor militar], y cuyo despacho estaba junto al de Aguirre en el Hotel Carlton", subraya Olazabal.

El presidente de la República, Manuel Azaña, recogió así en su diario cómo se enteró de la caída de Bilbao: “20 de junio. De esta manera he sabido de la pérdida de Bilbao. Anoche, alguien de esta casa abrió la radio, contra lo que se usa. Salió una estación hablando en catalán. Creíamos un momento que sería Barcelona. 

Pero no: bien pronto se advirtió que era una estación de los enemigos. Describía la entrada del ejército victorioso en Bilbao. Aun despojando a la narración de los adornos propios del caso, se recibía la impresión de que los vencedores habían entrado, más que en orden de ataque, como si desfilaran en columna”.           (Inés Pérez Chávarri, 15 de junio de 2015, El País, blog Historia(s)

3/5/15

Hubo numerosos contactos entre nacionalistas vascos y nazis durante la Segunda Guerra Mundial

"(...) Hace unos meses, el documental “Una esvástica sobre el Bidasoa” ponía en imágenes públicas lo que algunos historiadores llevaban años diciendo en privado: la existencia de numerosos contactos entre representantes nacionalistas vascos y dirigentes nazis durante la Segunda Guerra mundial. 

De hecho, abundantes documentos obtenidos en archivos germanos revelan lo que también ha confirmado el exalcalde nacionalista de San Sebastián, Ramón Labayen (PNV): “Había que jugar a ganador por una vez y había cierta esperanza de que los alemanes nos apoyaran frente a Franco".  (...)"           (Euskadi Informacion Global, 25/04/2015)

6/2/15

Cambó fue dos cosas: padre del catalanismo y financiero de la rebelión franquista

"DICE Sostres sobre José Manuel Lara, que murió el sábado: «Su otro gran tormento era que su padre hubiera sido un capitán de las tropas nacionales que entraron en Barcelona». Es creíble. Que sufriera el tormento. Otra cosa distinta es la justificación y la naturaleza del tormento (...)

Al hijo del capitán le daba vergüenza que su padre hubiera conquistado la Barcelona republicana. Pero es una vergüenza que yo nunca he visto, por ejemplo, en la familia Cambó. Y la tomo de ejemplo porque de Cambó abajo ninguno. Cambó fue dos cosas principales en esta vida: padre del catalanismo moderno y financiero de la rebelión franquista.

Su enjuta figura desmiente, es decir, niega con pruebas, la hipótesis de que la Guerra Civil fuera una guerra de conquista. Hay una timidez racional que consiste en decir que la Guerra Civil no fue una guerra contra Cataluña. Por supuesto. Pero es que ni siquiera fue una guerra contra el catalanismo.

El catalanismo pagó las facturas del Alzamiento, sin metáfora. Franquismo y catalanismo nuncafueron términos irreconciliables. A Cambó lo celebró el establishment de ayer (solo hay que leer las necrologías de La Vanguardia Española) y lo celebra el de hoy (calles, monumentos, honores).

O sea que el tormento de José Manuel Lara no venía por el lugar de su padre en la guerra civil, sino por una cuestión algo más compleja. El caso de Cambó prueba que en los prietos códigos del nacionalismo catalán se podía ser franquista, siempre que se fuese catalanista. Pero lo que no se podía esser franquista a secas.

Es decir, franquista de El Pedroso, que es lo que fue el padre Lara. No solo pasaba eso con los franquistas. También con laizquierda. Hay una línea muy fina y siniestra que dividía a los anarquistas en chusma criminal o idealistas según se tratara de anarquistas de aquí o que hubiesen venido de allí. En el catalanismo siempre han cabido todos los catalanes.

Así pues lo que el hijo Lara tuvo que hacerse perdonar fue entrar en Cataluña. El verbo. Nada que tuviera que ver con el uniforme de su padre."              (Arcadi Espada, El Mundo, 02/02/2015)

25/11/14

Stanley G. Payne: la Generalitat “sólo representaba al catalanismo de izquierdas” durante la Guerra Civil. El de derechas estaba con Franco

"Stanley G. Payne es doctor en Historia por la Universidad de Columbia y catedrático en la de Wisconsin. Es uno de los mayores expertos en la Guerra Civil Española. Acaba de publicar un libro esencial para entender un conflicto que todavía muchos en Cataluña manipulan para alimentar el nacionalismo. Pero vean lo que dice el profesor:

“Durante toda la contienda siguió habiendo un nacionalista vasco en el Gobierno republicano como símbolo de unidad y como gesto de propaganda hacia los católicos, pero entretanto el PNV negociaba en secreto con París y Londres (y posteriormente también trataría de hacerlo con Berlín y Washington), esperando conseguir la partición de España y, bien la independencia del País Vasco, o su conversión en un protectorado autónomo.

El Gobierno de la Generalitat catalana sólo representaba al catalanismo de izquierdas, ya que el conservador apoyaba a Franco, al igual que una minoría de los nacionalistas vascos. 

El Gobierno de Lluís Companys practicó un engañoso triple juego: en primer lugar neutralizó a los revolucionarios de la FAI-CNT, de tal modo que al tiempo que se abrazaba la revolución, ésta se canalizaba. En teoría la Generalitat también cooperaba con el Gobierno republicano, pero en la práctica aplicó hasta donde pudo sus propias políticas. (…) 

Por otra parte, en ocasiones los catalanistas de izquierdas realizaron sus propias maniobras diplomáticas en el extranjero, pero no en la misma medida que los vascos”. (Stanley G. Payne: La Guerra Civil Española, Rialp 2014, p.265). (...)"        (Dolça Catalunya, 17/11/2014)

20/1/14

La traición a la República de los nacionalistas catalanes

"(...) Una vieja idea de Carod, la de la paz separada, expresada ya en un artículo publicado años atrás. 

Y una vieja idea del nacionalismo catalán, que ya trató de conseguir esa clase de paz a mediados de 1938, en plena guerra civil, cuando Josep Maria Batista i Roca se reunió en Londres con representantes del Foreign Office para que este mediara ante el Gobierno de Franco.(...)"             (Xavier Pericay, Crónica Global, Martes, 7 de enero de 2014)