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17/12/21

CC OO homenajeará a los doce afiliados asesinados por ETA: el policía municipal Antonio García Caballero, los albañiles Francisco Medina Albala y Antonio José Martos, el soldador Mario González, el comercial Pedro Conrado, el panadero Cándido Cuña González, el trabajador naval Félix Peña Mazagatos, el cocinero Ramón Diaz garcía, el funcionario de prisiones Manuel Pérez Ortega, el jefe de prisión Máximo Casado Carrera, el periodista José Luis López de Lacalle y el exgobernador civil de Gipuzkoa Juan María Jáuregui Apalategui

 "CC OO hará un homenaje público a los doce afiliados del sindicato que fueron asesinados por ETA. Será el próximo 10 de diciembre en Vitoria, a las 11 horas, en el Palacio Europa. Está previsto que acuda la consejera de Justicia, Igualdad, Justicia y Políticas Sociales, Beatriz Artolazabal, Carmen Maeztu consejera de Derechos Sociales del Gobierno de Navarra y Florencio Domínguez, director del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo y el secretario general de CC OO, Unai Sordo.

Los homenajeados serán el policía municipal Antonio García Caballero, los albañiles Francisco Medina Albala y Antonio José Martos, el soldador Mario González, el comercial Pedro Conrado, el panadero Cándido Cuña González, el trabajador naval Félix Peña Mazagatos, el cocinero Ramón Diaz garcía, el funcionario de prisiones Manuel Pérez Ortega, el jefe de prisión Máximo Casado Carrera, el periodista José Luis López de Lacalle y el exgobernador civil de Gipuzkoa Juan María Jáuregui Apalategui, los dos últimos muy conocidos públicamente. 

 «ETA a lo largo de su historia asesinó a doce compañeros del sindicato, sin ningún tipo de justificación y generando un daño inmenso e irreparable en las familias. Recordarles es una obligación moral y sindical porque la bandera de la memoria y la deslegitimación de la violencia forman parte de CC OO desde sus inicios», defiende la central en una nota. «Luchar contra la violencia forma parte de nuestro legado desde la clandestinidad en la que se forjó CCOO hasta las veces en las que la gente del sindicato tuvo que resistir la presión y los insultos en algunos centros de trabajo», añadieron.

El escultor José Ibarrola explicará el sentido y el significado de la lámina que recibirán las familias presentes en el acto de homenaje y habrá actuaciones de Felipe Juaristi, Juanra Unamuno y Marisa Valle Roso. Lourdes Pérez, subdirectora de El Diario Vasco, dinamizará una charla en la que participarán varios de ellos. «Es imposible compensar de alguna manera todo aquello. Pero con este homenaje se pretende dejar constancia de que la paz tiene mucho de estas familias porque en sus silencios hubo tanto dolor como dignidad».               (Jesús J. hernández, El Correo, 26/11/21)

5/11/21

El reconocimiento de las víctimas se detiene ante el rechazo de su eventual exigencia de justicia... eso significa ignorar que la ideología del odio nacida con Sabino Arana, desemboca en el terror por ETA, amén de ser fuente de la ambivalencia del PNV. Un hilo negro ignorado sin más... la reconciliación es posible, siempre que se sustente en la sinceridad... no cuando la mayoría de antiguos verdugos, Otegi incluido, se niegan a rechazar, sin eufemismos, la estrategia terrorista etarra

 "Liliana Segre, superviviente de Auschwitz, acaba de recordarlo: “La justicia nunca es venganza”. Pero tampoco admite el olvido. La aspiración de justicia se apoya en “el reconocimiento, la verdad y la memoria” para evitar que sobrevivan las ideas que impulsaron el terror y la mentalidad de indiferencia que hizo posible su dominio sobre una sociedad.

Las observaciones de la senadora italiana son aplicables al debate sobre el balance de ETA. Desde el PSOE hasta Bildu, pasando por el PNV, prevalece la idea, reflejada en el Memorial de Vitoria, según la cual ETA fue una pesadilla trágica, surgida en el franquismo, bajo un cielo sereno que ahora es recuperado. La reconciliación y el olvido hacen posible la alianza de Pedro Sánchez con el PNV y los herederos del Mal. Otra cosa sería ceder al revanchismo de la derecha. El reconocimiento de las víctimas se detiene ante el rechazo de su eventual exigencia de justicia. No hay que mirar al pasado.

 De cara a la historia, eso significa reescribir el fin de ETA, con Zapatero-Eguiguren en héroes inmerecidos para así avalar el entendimiento PSOE-Bildu. Y sobre todo ignorar que la ideología del odio nacida con Sabino Arana, desemboca en el terror por ETA, amén de ser fuente de la ambivalencia del PNV. Un hilo negro ignorado sin más, y con respaldo institucional y académico, orientado a disociar de ese origen a PNV y Bildu. Dictamen final de consolación: ETA fracasó, cuando por efecto de la intimidación reinante en los años de plomo, sus herederos y el PNV, ejercen un dominio absoluto en la escena política de Euskadi.

Sin terrorismo, hay paz. Cierto, pero esto no significa que bajo esa saludable paz, no gocen de buena salud los signos de que la estrecha vinculación con ETA es todavía seña de identidad de la izquierda abertzale. Los ongi etorris están ahí para que el que quiera entender, y en la manifestación prolibertad de los presos de Donostia no faltaron peneuvistas guipuzcoanos, portadores de aquel alineamiento implícito con el terror de su líder, cuando eludió dar el pésame a la viuda de la víctima, López de Lacalle, la cual antes fuera su andereño en la ikastola de Hernani. Maixabel Lasa fue testigo del relato, y precisamente su película prueba que la reconciliación es posible, siempre que se sustente en la sinceridad.

 Solo que por desgracia no cabe generalizar, cuando la mayoría de antiguos verdugos, Otegi incluido, se niegan a rechazar, sin eufemismos, la estrategia terrorista etarra. Su reciente ejercicio de cinismo, con el pésame mirando al PSOE para luego hablar claro a los suyos, prueba que el espíritu de ETA sigue ahí. Su eliminación es todavía asignatura pendiente."                      (Antonio Elorza, El País, 03/11/21)

12/11/18

A Maite Pagaza le mataron a su hermano Joseba. Era el jefe de la policía municipal de Andoáin, pero el Ayuntamiento, gobernado por Euskal Herritarrok, se negó a condenar el asesinato. Ni ese día ni al día siguiente ni al año siguiente Maite Pagaza disparó a su vez contra nadie. Esta conducta fué la de todos los familiares y amigos, menos uno, de los miles de víctimas del terrorismo nacionalista vasco. Yo no estoy absolutamente seguro de que ésa hubiera sido mi conducta en un caso similar...

"Este viernes damos en Barcelona el premio Tolerancia a Maite Pagaza. Aún no tenía ese premio. Es puramente sorprendente. Hace quince años mataron a su hermano Joseba. Concretamente, el 8 de febrero de 2003, cuando un tipo llamado Gurutz Aguirresarobe Pagola entró en el bar Daytona de Andoáin y disparó sobre el hombro, el estómago y la cabeza de su víctima. Pagaza era el jefe de la policía municipal, pero el Ayuntamiento, gobernado por Euskal Herritarrok, se negó a condenar el asesinato.

Ni ese día ni al día siguiente ni al año siguiente Maite Pagaza disparó a su vez contra nadie. No disparó contra el asesino de su hermano ni tampoco eligió disparar en sinécdoque, es decir, no disparó, por ejemplo, contra ninguno de los públicos y reconocidos miserables que se negaron a condenar el asesinato. 

 Esta conducta es meditable. No fue solo la de Maite Pagaza, sino también la de todos los familiares y amigos, menos uno, de los miles de víctimas del terrorismo nacionalista vasco. Insisto en que es meditable. Yo, para señalarme, no estoy absolutamente seguro de que ésa hubiera sido mi conducta en un caso similar. Y si lo hubiera sido, menos seguro estoy aún de que hubiera sido por algo más que cobardía.

 Supongo que en tales circunstancias agobiantes habría hecho cálculos rápidos. La posibilidad de matar, sí, pero también de morir, en la propia venganza o más tarde, en la venganza sucesiva de los otros; la casi certeza de que te apresarán y los años que pasarás en una sórdida celda, y el horrible rancho, sobre todas las cosas... Yo habría calculado mucho, supongo.

Pero tengo la sospecha de que hay en el mundo otro tipo de personas. Personas que responden a la seca, primera y mejor definición de tolerancia, que es la de llevar las cosas con paciencia, sin alterarse más allá de lo que permite la vida, es decir, sin merodear en los anchurosos campos de la disolución y la muerte. 

Personas tocadas de una gran inteligencia, que ante la certeza, una mañana en el célebre bar Daytona, de un hermano baleado se resisten a extender de su mano la metástasis, simple y civilmente, sin perdones ni demás alientos fétidos, sobriamente seguros de que la continuidad en la vida es la respuesta más eficaz ante la muerte. Y, en realidad, la mejor venganza.  (...)"                (Arcadi Espada, El Mundo, 25/10/18)

6/2/13

Hasta hace poco ETA y su entorno perseguía y mataba a los representantes electos de casi la mitad de los vascos... y no al revés. En el País Vasco no están enfrentados dos bandos equiparables

"El terrorismo ha atenazado a quienes no pensaban como los verdugos, sobre todo a aquellos que no asumían como exclusiva una única identidad territorial. En Euskadi la violencia ha ejercido la función de gran polarizador político. 

Hace 25 años los partidos democráticos plantearon, mediante el Pacto de Ajuria Enea, un discurso cívico frente a la narrativa maniquea y excluyente del nacionalismo vasco radical. Lo importante, se venía a decir, no era la identidad, sino el Estado de derecho y las instituciones comunes, frente a quienes arremetían contra ellas. 

Fue un intento loable, pero no terminó de cuajar. Siguió habiendo quien encontraba su lugar en la equidistancia, para evitar decantarse por uno de los supuestos extremos. Valga como ejemplo el documental de Julio Medem ‘La pelota vasca’ (2003).

Jonan Fernández ha sido nombrado nuevo responsable del área de Paz y Convivencia del Gobierno vasco. Su labor al frente de Elkarri estuvo caracterizada por iniciativas bienintencionadas, pero que a nuestro juicio partían de una premisa errónea: la creencia de que en el País Vasco existe un conflicto secular en el que están enfrentados dos bandos equiparables.

 Si las dos partes han conculcado derechos humanos, ambas han sido tan culpables como víctimas. El corolario era aparentemente lógico: ya que todos han cometido atropellos, la solución se ha de centrar en la reconciliación, en mirar hacia adelante.

Este esquema goza de un gran predicamento a nivel político y social, pero, desde una perspectiva histórica, es más que cuestionable, ya que se sostiene sobre un olvido selectivo. Para restañar las heridas no se puede asumir dicho relato acríticamente. Al contrario, resulta necesario reflexionar con honestidad sobre lo que nos ha ocurrido en las últimas décadas. 

Y sobre lo que sigue ocurriendo, porque el odio sectario todavía no se ha desactivado. Esto puede observarse en la vida cotidiana. Una parte de la población continúa sin poder expresar abiertamente su identidad vasco-española, lo que representa un menoscabo de la libertad de expresión inadmisible en democracia. 

Hasta hace poco ETA y su entorno perseguía y mataba a los representantes electos de casi la mitad de los vascos. Hoy nadie es asesinado por sus ideas en Euskadi. En este sentido hemos avanzado considerablemente, pero es que el punto de partida era tan bajo, las aspiraciones cívicas tan mínimas…

Y queda mucho por hacer. Que se lo digan, sin ir más lejos, a quienes salieron a la calle con camisetas de la selección española de fútbol en la última Eurocopa. Algunos volvieron a sus casas humillados, golpeados e insultados.

 Que animar a ‘la Roja’ sea visto como una provocación, y que muchos lo hagan desde el sofá pero no en la calle, dice mucho (en realidad dice muy poco) sobre dónde estamos en cuanto a tolerancia. (...)

La Fundación Fernando Buesa publicó hace pocos meses un informe que señalaba que una parte significativa de nuestros futuros docentes quieren pasar cuanto antes la página de ETA.

 No es muy halagüeño, pero ¿qué esperábamos? En las últimas décadas han abundado los que han optado por la ambigüedad y el mirar hacia otro lado ante un sector social que ha tenido como vanguardia de su quehacer político… a una banda terrorista. En Euskadi la memoria devora a la historia."        (RAÚL LÓPEZ ROMO Y GAIZKA FERNÁNDEZ SOLDEVILLA / HISTORIADORES, EL CORREO 31/01/13, en Fundación para la Libertad)

9/1/13

Tal como van las cosas, las víctimas del terrorismo de ETA irán siendo olvidadas

"Tal como van las cosas, las víctimas del terrorismo de ETA irán siendo olvidadas, o lo que es casi peor, quedarán envueltas en una visión confusa del pasado, donde ni siquiera la totalidad de los demócratas no nacionalistas van a insistir lo suficiente en que su evocación no es solo un deber hacia ellas, sino una exigencia para la plena recuperación de una conciencia democrática en Euskadi.  (...)

la normalización política incluye su reconocimiento como un partido más, la consecuencia es que no tienen motivo alguno para alterar su negacionismo, o el sucedáneo de la negación, la exigencia de que todas las víctimas de las décadas de plomo entren en el mismo saco.  (...)

Presentan así una faz amable, al reconocer también el sufrimiento del ‘otro’ y obtienen dos ganancias en el plano ideológico: la primera, que la era del terrorismo de ETA adquiere el aspecto de una guerra, con víctimas por ambas partes, lo cual responde a la perfección al relato que han constituido; segundo, la responsabilidad de ETA se diluye hacia el exterior y queda en cambio abierto el camino para seguir exaltando hacia el interior de su comunidad a sus mártires y héroes. Y reivindicando de paso a sus presos injustamente mantenidos en prisión, con lo cual además se obstaculiza desde Madrid el camino de ‘la paz’.  (...)

Valorar es ponderar, y por ello conviene dejar claro que aquí hubo fundamentalmente crímenes de ETA, que por su premeditación estratégica, duración e impacto, merecen ver respetado su protagonismo, y hubo también crímenes causados por la entrada en escena del terrorismo de Estado. No debe haber olvido ni para los unos, ni para los otros, pero la responsabilidad principal no ha de ser emborronada mediante una amalgama.

Por otra parte, el reconocimiento de las víctimas de ETA, en cuanto tales, no debiera verse limitado a la esfera personal y familiar, siempre necesaria. Esta dimensión, recogida de manera admirable en el libro ‘Vidas rotas’ de Rogelio Alonso y Florencio Domínguez, resulta fundamental. Pero la cascada de muertes no tiene lugar en un espacio neutro, donde solamente las víctimas y sus familiares y amigos se encuentran afectados. 

Todo ejercicio de memoria requiere extender el campo de análisis a lo que ocurre en el conjunto de la sociedad vasca mientras las muertes se suceden, y en este plano lo ocurrido dista de ser edificante. Nada es más engañoso que confundir la oposición y el hartazgo frente a ‘la violencia’ (sic) manifestado en una encuesta tras otra por la mayoría de los vascos, con la idea de que fue la sociedad vasca la que acabó con ETA. 

Como todos saben, aunque muchos no quieran reconocerlo, fue la acción policial coordinada con Francia lo que desmanteló a la organización terrorista. En cuanto a la sociedad, lo más exacto sería decir que triunfó en demasiadas ocasiones la intimidación, aupada en medios nacionalistas democráticos sobre la comunidad de fines con los violentos.

 Con excesiva frecuencia, las víctimas, ya agredidas o en espera de serlo, se encontraron absolutamente solas, y esto no puede ser borrado de la historia. Había sucedido en Alemania, también en otros lugares, y sucedió aquí. Vale la pena recuperar la película ‘Todos estamos invitados’, de Manuel Gutiérrez Aragón.

Era difícil que las cosas fueran de otro modo. Estos abertzales progresistas, que hasta ahora solo han fallado en la recogida de basuras, protagonizaron un ejercicio sumamente enérgico y sumamente eficaz de limpieza ideológica, al cual, con el respaldo en la sombra de las pipas y de las bombas, no era fácil resistir. Ni siquiera para mantener la solidaridad como también pasó en los años 30. 

Recordemos la satanización de ¡Basta ya! O las declaraciones de Arzalluz tras ser asesinado Ordóñez: a los socialistas, que entonces temían por su vida, «les falta coraje». Proveedor incansable de datos, Florencio Domínguez nos recuerda que entre fines de los 80 y 1998 hubo seis mil acciones de kale borroka, que entre 1993 y 1995, el tiempo de las manifestaciones contra secuestros y del lazo azul, los demócratas recibieron cuatrocientas agresiones (denunciadas). 

Por decirlo con Ortega y Gasset, el terrorismo fue el terrorismo y su circunstancia, y ello ha de ser tenido en cuenta, lo mismo que otra circunstancia, reseñada por Fernando Reinares en su ‘Patriotas de la muerte’: ni un solo etarra lamenta sus patrióticos crímenes.

Disfrutar de la paz, optar por la reconciliación, nada tiene que ver con practicar una amnesia colectiva."             (Antonio Elorza, El Correo 31/12/12, en Fundación para la Libertad, 31/12/2012) 

27/7/12

Los ‘exiliados’ vascos podrán votar en los próximos comicios

 "El Gobierno planteará una reforma de la ley electoral para que puedan votar en los comicios autonómicos los vascos y navarros que se han visto obligados a vivir en otras comunidades autónomas por la presión terrorista.

Según ha anunciado hoy el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, la reforma implica modificar el artículo 33 de la Ley de Régimen Local y permitirá votar a quienes acrediten haber residido en el País Vasco y Navarra durante un plazo mínimo de cinco años desde 15 junio de 1977.

Para Jorge Fernández, la reforma es "viable" y "posible" técnica, jurídica y constitucionalmente. El ministro ha expuesto las conclusiones de un seminario en el que 20 expertos juristas han analizado el derecho al voto en el País Vasco y Navarra de quienes se han visto obligados a abandonar estas comunidades autónomas por la amenaza de ETA.

La importancia de esta reforma es significativa, puesto que alteraría el censo electoral. De hecho, los partidos nacionalistas han recibido con críticas esta propuesta, puesto que a su juicio, "manipularía" y cambiaría "artificialmente" el mapa electoral.

Según el Foro Ermua, más de 200.000 vascos han abandonado en las tres últimas décadas Euskadi amenazados directamente por ETA o "asfixiados por la falta de libertad e impunidad legal".              (El Mundo, 25/07/2012)

"Ayer, durante su presencia en el Fórum Europa de Bilbao, en el que presentó al presidente de los populares vascos, Antonio Basagoiti, insistió en la necesidad de que “puedan tener reconocido su derecho de sufragio aquellos vascos que por el terrorismo tuvieron que salir de Euskadi y trasladarse a otras zonas de España”.

 Admitió la dificultad política y jurídica de la iniciativa, tanto en público como luego en conversación con EL PAÍS, pero recalcó también que no por ello va a arredrarse. “Vamos a intentar encontrar la respuesta legal a lo que nos parece que es de justicia”, ratificó.  (...)

A la incertidumbre jurídica sobre una posible vulneración de la igualdad, materia en la que inciden los detractores de la propuesta, se suma la dificultad de definir con exactitud el concepto de exiliado, así como el número total de afectados.

 “No hay un número ni siquiera aproximado, qué va. Una cosa es cuánta gente se marchó por todos los motivos y otra cosa es cuánta gente, una vez que se reconociese el derecho estaría dispuesto a acogerse a él”, recalca un dirigente popular implicado en la posible reforma.

Algunos —pocos— de quienes se vieron obligados a cambiar de residencia por ETA siguen censados en Euskadi. Otros, en cambio, están arraigados ya en otras comunidades autónomas y no desean retomar vínculos con Euskadi. (...)

Para el PP y el Gobierno, con todo, por encima de dificultades lo importante es el reconocimiento mismo del derecho. “Esto es mucho más profundo que un resultado electoral, que una táctica cortoplacista. Esto es la verdadera normalidad del País Vasco”, defendió Basagoiti."             (El País, 22/05/2012)

27/9/11

"El problema mayor de los presos no es que salgan o dejen de salir de la cárcel, sino la superación del daño que el crimen ha hecho en ellos... Reconocerse culpable es entender que su vida presente y futura está ligada a la vida arrebatada del otro"

" Sabían que habían fracasado en su tarea de testigos pues, aunque lo ocurrido en los campos de exterminio fuera de dominio común, Europa se construía de espaldas a la experiencia de la barbarie. Hasta para el Gobierno alemán pesa más la deuda soberana que la culpa histórica (en alemán deuda y culpa se dicen con el mismo término, schuld).

No les agradaba sellar el fracaso de los testigos que habían logrado, sí dar a conocer los hechos, pero no impregnar el presente de pasado. Fracaso pues, no en historia, sino en el discurso político. (...)


El crimen físico se refuerza con otro de tipo hermenéutico, invocando explicaciones tales como fue necesario, fue inevitable, fue merecido o, simplemente, no existió. El relato que quede de los hechos dependerá de quién gane la batalla interpretativa.

Esa ley del doble crimen también se está dando entre nosotros, salvadas las distancias, a propósito del final de ETA.(...)

La batalla hermenéutica se ventila entre estas dos tesis: o la centralidad de las víctimas o la de los presos.

Si las víctimas ocupan el centro es porque ellas encarnan los múltiples daños del terrorismo a los que necesariamente tiene que enfrentarse desde ahora una política sin ETA. Los daños de la violencia pasada no se disuelven con el abandono de las armas, por eso no tiene sentido lo de "poner el contador a cero".

Solo puede haber un nuevo comienzo, es decir, una superación de la situación anterior, si todas las partes se enfrentan a las injusticias de los daños causados. Hay daños irreparables cuya única forma de justicia es la memoria de la injusticia: ¿cómo plantear entonces pasar página? Y como la violencia ha producido daños sociales que han fracturado y empobrecido a la sociedad vasca, pasar página sería renunciar al deber político de solucionar los problemas reales de la sociedad.

La tesis de la centralidad de las víctimas no se basa en el respeto que nos merecen las víctimas (que está fuera de toda duda), sino en el lugar de la justicia en una política democrática.

La izquierda abertzale entiende, por el contrario, que es "absolutamente necesario que el respeto a los derechos de las personas presas y exiliadas ocupe un lugar central en el debate político y social".

Por supuesto que siempre es central el respeto de los derechos humanos; claro que tenemos que hacernos cargo del sufrimiento de los presos y de sus familias, pero el debate sobre los presos debe verse desde la centralidad de las víctimas porque el problema mayor de los presos no es que salgan o dejen de salir de la cárcel, sino la superación del daño que el crimen ha hecho en ellos, daño que no solo afecta a su humanidad sino también a su relación con la sociedad vasca.

El crimen político es, en efecto, un delito y, además, una culpa. Si solo fuera delito, el problema del delincuente sería la pena, es decir, la cárcel. Pero es también culpa, entendida esta en sentido moral y no ya religioso.

Esa culpa es, dice Hegel, la cicatriz o señal que deja el crimen en el criminal. Reconocerse culpable es entender que su vida presente y futura está ligada a la vida arrebatada del otro.

Recordemos al caso de Raskolnikov en Crimen y castigo de Dostoievski. Mata a la anciana para darse con su dinero la gran vida, pero enseguida descubre que eso es imposible, que su vida depende de la vida quitada y que ojalá aquello no hubiera ocurrido.

Ese camino que remite el destino del victimario al de la víctima; ese camino que va del delito a la culpa es el que este mundo abertzale tiene que recorrer si quiere ser consecuente con el rechazo de la violencia."               (REYES MATE: El último testigo. El País, ed. Galicia, 26/09/2011, p. 23) 
   

29/3/11

"Los ciudadanos esperan que los... cómplices de ETA den algún paso más del que han dado... Condenar la violencia de ETA y aquello que han defendido"

"P. ¿Cree que ha habido una evolución en Batasuna?

R. Creo que sí. La presencia de Sortu no solo refleja algo que puede estar construido en connivencia con ETA. También marca un distanciamiento, pero de modo muy débil.

Podría confiar más si Sortu se hubiera expresado con mayor claridad, no por la independencia respecto de ETA sino por la condena de lo que han estado sosteniendo desde hace años.

P. ¿Le parecen suficientes legal y políticamente sus estatutos?

R. Cumplen los mínimos legales. Pero no bastan. Al ser ellos los que han estado sancionados por los tribunales por la Ley de Partidos, se puede esperar algo más. Los estatutos están bien. Espero que su comportamiento sea ahora mejor y denuncien lo sucedido.

P. Sugiere que deben condenar la violencia pasada.

R. Les falta eso, pero no porque sea preciso según la Ley de Partidos sino desde el punto de vista de la opinión democrática. Los ciudadanos esperan que los que han sido cómplices de ETA den algún paso más del que han dado.

P. ¿Qué paso?

R. Condenar la violencia de ETA y aquello que han defendido.

P. El Gobierno cree que hay que mantener la presión sobre Batasuna hasta que acabe ETA.

R. Esa exigencia no hace falta. No deben ser legales mientras no expresen con toda claridad la condena de la violencia, independientemente de lo que haga ETA. Es un problema de ellos. No de ETA." (JOSÉ RAMÓN RECALDE: "Sortu cumple el mínimo legal, pero no basta". El País, 27/03/2011, p. 29)

28/2/11

"De forma pública la mataron, y de forma pública debería él arrepentirse de su asesinato"


José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, el pasado enero

"Txelis busca el perdón de Yoyes. El exideólogo de ETA, ahora disidente, plantea un encuentro con los familiares de la dirigente asesinada en 1986 por regresar a Euskadi tras abandonar la banda

-¿Eres Yoyes?

-Sí.

-¿Sabes quién soy yo?

-No.

-Soy miembro de ETA y vengo a ejecutarte.

Después resonaron tres tiros. Uno de ellos atravesó la sien de María Dolores González Cataraín, Yoyes. Cayó al suelo, muerta, ante los ojos de su hijo de tres años. El niño estaba subido en un tractor. Su madre lo había llevado a media tarde a pasear por la feria de Ordizia.

Era el pueblo natal de Yoyes, al que había regresado tras seis años de exilio voluntario después de abandonar la banda terrorista ETA. Volvió la mujer, y con ella, el mito, el icono, la primera dirigente de la organización. Trató de pasar inadvertida, pero fue imposible. (...)

José Luis Álvarez Santacristina, Txelis, recorrió el mismo camino. Fue incluso más allá. Pero una década más tarde. Aquel 10 de septiembre de 1986 él formaba parte de la cúpula terrorista que ordenó la "ejecución" de Yoyes.

Veinticinco años después quiere pedir perdón a sus familiares por su muerte, según fuentes de la Audiencia Nacional. Personalmente. Pero estos lo ven con recelo. (...)

Se puede entrar en ETA pero no salir de ella, fue el mensaje que la organización quiso grabar con la sangre de su antigua heroína. El que escribía entonces los comunicados de la banda era Txelis, según las crónicas de la época. (...)

Pero el regreso fue complicado. No era un miembro de ETA cualquiera. Era Yoyes. Con todo lo que ese nombre significaba. "Pisar esta tierra, pisar la tierra en que nací, lo he soñado tanto durante años y ahora estoy aquí, este es mi pueblo, mi país, y se ha armado tal revuelo; es como si un volcán o un terremoto hubiera levantado y removido montones de capas", escribió en su diario cinco días antes de su asesinato. (...)

La nueva cúpula, más dura, formada por Francisco Mújica Garmendia, Pakito; José Luis Álvarez de Santacristina, Txelis, y José María Arregi Erostarbe, Fitipaldi, decidió que Yoyes merecía morir. Los ejecutores fueron José Antonio López Ruiz, Kubati, y José Miguel Latasa Guetaria, Fermín. Mataron para evitar deserciones. Cuatro de los cinco son ahora disidentes de ETA.

Txelis fue de los primeros en abjurar de la violencia en los noventa. Tenía varios puntos en común con Yoyes. Pertenecían a la misma generación -Yoyes nació en 1954, Txelis un año antes-. Compartían una férrea fe religiosa infantil y un amor infinito por los libros, el estudio, y la docencia.

Yoyes se trasladó con 18 años a San Sebastián para iniciar unos estudios de Magisterio que no terminó por su actividad en la organización. Por aquel entonces, Txelis acababa de abandonar el seminario, obtuvo el título de profesor de euskera e inició sus estudios de Teología y Filosofía. Se doctoró años después en la Universidad de la Sorbona de París -con una tesis sobre Ludwig Wittgenstein-, tras pasar a Francia (y a la clandestinidad) en 1976.

Yoyes, en su exilio mexicano tras distanciarse de la banda en 1979, se licenció en Sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana de Ciudad de México.

Con perfil académico similar, ambos ocuparon posiciones parecidas en ETA. Lo suyo era el mensaje, lo político. Discutir sobre los objetivos y los medios y acciones para alcanzarlos. (...)

Entre rejas, Txelis volvió a sus orígenes. A sus reflexiones místicas y religiosas. Se convirtió en el etarra que más veces ha pedido perdón. Año y medio después de su arresto, envió una carta a ETA pidiendo el fin de la violencia. Mandó otras dos en 1997, una de ellas repudiando el asesinato del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco.

Así, hasta que en septiembre de 1998 fue expulsado de la banda por "intento de escisión". Un castigo mucho menos grave que el que ETA -y el propio Txelis- había aplicado a Yoyes 12 años antes.La reinserción ha seguido caminos diferentes durante los últimos 30 años.

Ni en los ochenta ni en los noventa fue necesario pedir perdón a las víctimas ni condenar el terrorismo ni arrepentirse públicamente del pasado y reconocer que la sangre derramada carecía de sentido. Yoyes nunca lo hizo. Pero ahora sí hace falta. (...)

Txelis ha cumplido con todas las exigencias legales. Ha condenado la violencia y ha pedido perdón por escrito y de forma genérica a las víctimas, que no han tenido acceso a sus cartas porque están depositadas en el juzgado. (...)

Ahora está dispuesto a encontrarse con sus familiares para pedirles perdón cara a cara. (...)

No sabe si la familia querría, y entendería que no lo hiciera. El encuentro, en todo caso, no le otorgaría ninguna ventaja penitenciaria adicional. (...)

Pero es difícil que las familias acepten encontrarse con aquel que asesinó a su padre, a su hermano, a su madre. A la hermana de Yoyes, Gloria, le resulta extraño el arrepentimiento tantos años después.

"Es algo que ni me planteo, y que tendría que hablar con el resto de la familia, pero nadie nos ha informado de que quiera pedir perdón. En todo caso, yo le preguntaría por qué no lo ha hecho antes. Aquí todo el mundo nos conoce. Nos han llegado cartas cuyo destinatario era solo 'madre de Yoyes, Ordizia'.

Txelis no es cualquiera para nosotros. Antes del asesinato le dijo a una amiga de mi hermana: 'Dile a Yoyes que se ande con mucho ojito'. Eso fue cuando nosotros todavía pensábamos que ETA era incapaz de hacer algo así".

Gloria le invita a pedir perdón más allá del ámbito privado. "Yo no le voy a recibir personalmente, pero puede hacerlo. De forma pública la mataron, y de forma pública debería él arrepentirse de su asesinato". (...)

Algunas víctimas del terrorismo que reaccionaron con recelo a los permisos y salidas que se vienen concediendo a los disidentes de ETA han reclamado un arrepentimiento individualizado. "Las víctimas de los presos beneficiados aseguran que nadie les ha pedido perdón", afirmó la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Ángeles Pedraza, al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, en la reunión que mantuvieron en julio del año pasado.

Esto significa que las víctimas piden, al menos, tener acceso a las cartas de perdón de los presos, algo que en este momento no es posible y que quizá lo sea con la futura Oficina de Víctimas de la Audiencia Nacional, que también informará de la situación penitenciaria de cada preso." (El País, 27/02/2011, p. 18/9)

27/2/11

El escritor bilbaíno Willy Uribe fotografía los lugares donde ETA ha cometido un asesinato para que «no terminen en el olvido»

"Un hombre aguarda solo en su coche en mitad de la madrugada. Una niebla densa cubre la carretera. Espera a que sean las siete de la mañana. Entonces, se apeará del vehículo, caminará hasta un talud junto al arcén y tomará una fotografía.

Es el 13 de enero de 2010 en Azpeitia. Un rato antes, a las 3.00, ha hecho la misma operación al otro lado de la carretera. Hace exactamente 31 años, dos patrullas de la Guardia Civil circulaban por ese punto. Nadie barruntó la existencia de la bomba.

ETA hizo explotar cinco kilos de goma-2. Uno de los 'Land Rover' saltó a quince metros. El agente Francisco Gómez Gómez-Jiménez, de 28 años, murió en el acto.

El escritor y fotógrafo Willy Uribe está ahora en la pausa del terror. Esos minutos que quedan hasta las siete de la mañana, cuando un segundo artefacto segó la vida de otro guardia civil, Miguel García Poyo, y un desactivador de explosivos -Francisco Mota Calvo, quien en realidad murió dos días más tarde a consecuencia de las heridas- que inspeccionaban el lugar del atentado.

Entonces, Uribe fotografiará el lugar donde quedaron tendidos los cuerpos. Luego se irá, en busca del siguiente día de sangre en el calendario. Hay muchos. Más de 900.

El escritor, nacido en Bilbao en 1965, se impuso el año pasado la misión de retratar todos y cada uno de los lugares donde ETA ha asesinado a una persona. El día del aniversario. A la misma hora. Allí estará él con su cámara.

Lo que comenzó como un encargo de la revista digital Factual se convirtió más tarde en un «asunto personal. Cerró la sección y me pareció poco honesto conmigo mismo dejar de realizar esas fotos, así que continué por mi cuenta. Sé por qué lo hago. No milito en partidos ni asociaciones.

Un día me dije: '¿Qué puedo hacer yo contra la violencia de ETA?' Y la respuesta fue: 'Que no se olviden los asesinatos'. El olvido no es un sapo que haya que tragar». (...)

En Ispaster, por ejemplo, hay una foto idílica de una carretera que cruza un monte. Tranquilo, bello. Pero allí hubo una carnicería. Un comando ametralló a seis guardias civiles y los remató con granadas de mano. Una de ellas le explotó a dos etarras.

También murieron. La gente debe saber lo que ocurrió en sus pueblos. Ya no hay miedo, pero sí dramas inmensos que se han olvidado».

- ¿Qué imagen le ha impresionado más?

- Todas reflejan el 'listón moral' de ETA, que decide quién merece vivir o morir.

- ¿Qué siente mientras espera la hora en que fue el atentado?

- Una tristeza absoluta. En la mayoría de los casos ya no hay nadie que acuda al lugar durante el aniversario, así que trabajo en soledad y silencio.

Imagino la vida de la víctima, cómo llegaron y huyeron los terroristas, su logística: te das cuentas de que para que uno apriete el gatillo, debe haber diez que le ayudan. Y lo peor es ser consciente de que aquello que imaginas no es literatura, sino la realidad." (Fundación de la Libertad, citando a EL CORREO, 26/2/2011
)

23/2/11

"Es un reflejo de lo que ha sido la sociedad vasca, en la cual ha habido miseria y valentía moral al mismo tiempo"

"Robles presentó su libro ('Contra el cielo') ayer en San Sebastián junto a Sandra Carrasco, hija de Isaías Carrasco, el ex concejal socialista asesinado por ETA el 7 de marzo de 2008.

Respuesta. Es un homenaje a las víctimas del terrorismo. También una denuncia contra los que durante los años de plomo miraron a otro lado.

Es un reflejo de lo que ha sido la sociedad vasca, en la cual ha habido miseria y valentía moral al mismo tiempo, un reflejo de un País Vasco mediatizado por la violencia y la equidistancia de los que no se mojaban, de los que estaban en el cielo mientras otros vivían la violencia. (...)

P. También habla de reconciliación. ¿Cómo se cierran las heridas?

R. El método para la reconciliación es algo que deberíamos haber pregonado a diestro y siniestro en los colegios, las escuelas, los institutos y las universidades.

En el País Vasco, con algo tan elemental como definir lo que es el mal, hemos dado vueltas y vueltas para no llegar a un acuerdo entre diferentes sectores de la sociedad.

¿Qué es el mal? Pero también: ¿qué es ser un héroe? El mal es infligir daño a otro deliberadamente y el héroe no es aquel que mata por una patria. Héroe es aquel que lucha por la libertad y la justicia de todas las personas de la humanidad.

Porque la patria es un adjetivo; lo importante es la persona. Deberíamos haber aceptado estas reglas básicas.

Hay unos principios que todos debemos compartir: la vida es inviolable y el que mata a otra persona es un cobarde. Muchos de los héroes son las víctimas, que por ejercer un cargo público se han jugado o la han perdido.

P. ¿Sigue Euskadi tan dividida como hace unos años?

R. Menos. Personalmente, creo que el problema de la violencia en el País Vasco ha llegado al final. Yo creo que ETA no va a volver a matar. La novela, además, también muestra cómo se retorció el lenguaje.

Lo que para unos era "lucha armada", para otros era "asesinato". Para unos "Estado"; para otros, "España".

Todo esto creó una atmósfera en la que se generaron fanatismos. Que cada uno defienda su ideario con argumentos, que me convenzan con palabras, pero no con una pistola detrás o con una bomba.

Lo que es increíble es que haya habido sectores de la sociedad que han mirado para otro lado y que hayan legitimado, de alguna manera, estos métodos cobardes.

P. ¿Su libro cobra ahora más sentido?

R. Mucho más. Ahora se ve el gran valor del sacrificio de las víctimas del terrorismo. Deberíamos estar agradecidos al valor que han tenido seres anónimos, personajes de pueblo o periodistas amenazados.

Esos han sido los héroes, los que han permitido que en esta sociedad hayan prevalecido la dignidad y el coraje moral, esos que no miraron para otro lado." (El País, 23/02/2011)

15/12/10

ETA trata de 'conseguir una impunidad histórica y moral que suponga que ha dado lo mismo matar que ser asesinado.'

" Tras la derrota policial y militar del grupo terrorista (IRA) responsable del mayor número de asesinatos en Europa, importantes dirigentes británicos e irlandeses se conformaron con una especie de 'paz espectáculo' renunciando a construir un relato deslegitimador del terrorismo imprescindible para la verdadera resolución del conflicto.

Esa 'paz espectáculo' ha eludido la destrucción de los mitos con los que se ha justificado la violación de los más básicos derechos humanos. La permanente reinvención del pasado en la que descansaba la legitimación de la injusta violencia perpetrada años atrás sigue alentando hoy el terrorismo de grupos escindidos del IRA.

Además la negativa a deslegitimar de manera categórica esa campaña terrorista está contribuyendo a distorsionar una Historia en la que, en contra de lo que pretenden los perpetradores de la violencia, no todos los ciudadanos fueron culpables del terrorismo. La propaganda terrorista no ha cesado de reproducir narrativas con las que consolidar una perversa equiparación de culpas y responsabilidades, provocando una doble humillación de sus víctimas.

Ese genérico e indolente 'no hay culpables' que el propio presidente del PSE ha esgrimido en una entrevista televisiva, replicando la lógica de los únicos responsables de la sistemática violación de derechos humanos en Euskadi, esto es, ETA y Batasuna, es también un recurso recurrente de la propaganda que en Irlanda del Norte intenta convertirse en Historia.

Paradójicamente la cobardía de políticos interesados en diluir la verdad del terrorismo norirlandés mediante una injusta transferencia de culpas se ha topado con la resistencia de algunas obras de ficción. Una de ellas es la película 'Cinco minutos de gloria', en la que se relata el encuentro entre una víctima y su verdugo ante las cámaras.

Con el falso pretexto de la reconciliación se han promovido diálogos televisados entre víctimas y terroristas cuyo resultado ha sido de una considerable obscenidad, como esa película ilustra evocando otros encuentros difundidos por la televisión pública. Dichas iniciativas facilitaban la coacción de víctimas cuya negativa a acceder a ese supuesto gesto de reconciliación las convertía en responsables de obstruir tan idílico objetivo.

La idealización de esos diálogos favorecía la deplorable equiparación de muy dispares sufrimientos: el real de la víctima, y el hipotético del victimario que también se presenta como víctima de un conflicto y como una persona con la valentía de hacer frente a su víctima. Las cámaras y la publicidad que con ellas se perseguía construyeron en torno al dolor un circo mediático transformado en un decepcionante sustituto de las necesidades de justicia de las víctimas.

En dichos encuentros el victimario rehúsa asumir su responsabilidad por el daño infligido y por la ilegitimidad de sus actos, aprovechando la oportunidad que el privilegiado escenario le brinda para reproducir una falsa moralidad subjetiva con la que justificar sus crímenes.

La película citada muestra la desgarradora experiencia de una víctima cuyos sentimientos han sido convertidos en mercancía en aras de un fin que se disfraza como loable. Los responsables de ese experimento lo justifican como un medio para lograr la verdad y la reconciliación, solemnes pero inalcanzables objetivos si se trafica con las emociones de seres humanos que precisan una justicia esencial tanto para el duelo individual como para el colectivo de una sociedad democrática.

Bajo ese impúdico sensacionalismo subyace una hipócrita manipulación de la realidad, pues la imprescindible distinción entre víctima y verdugo se difumina hasta hilvanar un relato legitimador del injusto sufrimiento infligido sobre la primera, ya que, se aduce, al fin y al cabo todos han sufrido y todos son culpables.

Otra de las cargas que se impone sobre la víctima es el perdón, término talismán para quienes ansían una indulgencia que banalice el mal. Al solicitarse un perdón vacío de contenido se presiona a la víctima, eximiendo de responsabilidad al criminal a cambio de una mera fórmula verbal.

Ese perdón artificial reemplaza la imprescindible aplicación de la justicia penal mediante una nueva victimización que desnivela las categorías de víctima y victimario, pues éste se niega a deslegitimar el injusto sufrimiento causado a aquélla.

Los asesinos reproducen una propaganda en la que el asesinato es presentado como necesario, expresando únicamente las razones subjetivas que en su opinión lo justificaban. De esa forma el simple reconocimiento formal del daño difícilmente aliviará a la víctima, pues su sufrimiento aparece como necesario y, por tanto, la injusticia cometida no fue tal.

La ficción y la realidad sobre el terrorismo norirlandés son relevantes en nuestro contexto, pues también aquí hay quien intenta eludir la necesaria deslegitimación de ETA y de su historia de terror con el fin de conseguir una impunidad histórica y moral que suponga que ha dado lo mismo matar que ser asesinado." (Fundación para la Libertad, citando a
Rogelio Alonso, EL DIARIO VASCO, 11/12/2010 )

25/11/10

Las víctimas se unen para pedir a ETA y Batasuna que condenen su propia historia

" Las asociaciones de damnificados exigen en ese comunicado a la organización terrorista y a Batasuna «la condena de la historia del terror de ETA». Una «condición democrática básica», entienden, para que la coalición pueda participar en las elecciones y como paso previo a que los presos etarras puedan acogerse a cualquier reinserción, que no beneficio penitenciario.

«Tal condena debe ser exigida como uno de los mínimos sin cuyo cumplimiento no es posible ni reinserción particular alguna ni participación en el juego democrático», apunta el documento titulado «No a la impunidad».

Esta 'hoja de ruta' -que ha sido consensuada por todos los colectivos a excepción de Voces contra el Terrorismo, la asociación que preside José Francisco Alcaraz- reclama que el final de la organización terrorista se consiga sin «impunidad judicial o histórica» con sus miembros.

Por ello, la declaración pone el énfasis en la política penitenciaria y que en ningún caso el Gobierno haga una aplicación «laxa de la progresión de grados», porque ello «supondría una forma de impunidad».

«La política penitenciaria no debe convertirse en una medida de gracia», explica el texto, que rechaza las «soluciones colectivas para el colectivo de presos etarras». La reinserción de los terroristas encarcelados debe ser personalizada y desde una doble vertiente, privada y pública.

En la privada, la reinserción debe pasar por una triple condición: reconocimiento del daño causado, la asunción de responsabilidades pecuniarias por indemnizaciones y colaboración con los tribunales para esclarecer otros crímenes.

La parte pública contempla la condena de la violencia y de los fines totalitarios que persiguen los etarras. Para las víctimas «la reinserción significa volverse a integrar en aquello que el delito ha roto».

Siempre en el plano penitenciario, los colectivos consideraron imprescindible que el Ejecutivo abra un «cauce de información» para mantener a las víctimas informadas sobre la situación de los presos.

Batasuna y su hipotética vuelta a las instituciones aparece en el documento conjunto como otra de las grandes preocupaciones. La receta de las víctimas es «tolerancia cero» con esas «identidades asesinas».

Los damnificados denuncian que el «mundo de Batasuna pide una pista de aterrizaje» cuando ni siquiera ETA ha abandonado todavía las armas y advierten de que la coalición ilegalizada va a tratar de estar presente en las próximas elecciones municipales porque ese mundo se «asfixia fuera de las instituciones». Batasuna, alertan las víctimas, hará de todo para llegar a las urnas: «Marcas blancas», «adornos semánticos», «maniobras ambiguas», «tongos» o «engaños». (...)

EL DECÁLOGO DE LAS ASOCIACIONES

1. Respeto y sensibilidad con las víctimas en la opinión pública, evitando inferir un nuevo dolor añadido, evitando asimismo una susceptibilidad justificada entre quienes tienen las heridas más sensibles.

2. Unas reglas de juego claras, comprensibles para todos, evitando capítulos de confusión pública.

3. Es imprescindible resistir a la tentación de impunidad judicial o histórica para blindarnos contra cualquier táctica engañosa promocionada por el mundo de Batasuna o ETA.

4. Antes del fin de ETA: no a la impunidad.

5. Durante el fin de ETA: no a la impunidad.

6. Tras el fin de ETA: no a la impunidad.

7. Exigencia a ETA, Batasuna y al resto de su entramado político de la necesaria condena de la historia de ETA para volver a jugar en la política democrática, a fin de evitar una nueva tentativa de banalización, relativización y legitimación a posteriori de la misma.

8. La política penitenciaria no debe convertirse en una política de gracia, porque no lo indica la ley y porque una aplicación laxa de la progresión de grados, supondría una forma de impunidad.

9. Para la reinserción de presos de ETA, hay que tener en cuenta las vertientes pública y privada. La vertiente privada exige el reconocimiento del daño personal causado, la asunción de responsabilidades pecuniarias y la colaboración, en lo posible, con la justicia para aclarar y resolver los cientos de casos de asesinatos aún no esclarecidos y pendientes de juicio. La vertiente pública exige la denuncia pública del reinsertado de la violencia terrorista, lo cual lleva a exigirle que acepte el Estado de Derecho, así como la condena de los fines totalitarios que radican en la acción terrorista para favorecer la deslegitimación del terrorismo entre los niños y jóvenes que legitiman todavía tales prácticas.

10. Las víctimas del terrorismo creemos que el hipotético final de ETA debe hacer posible el esclarecimiento de todos los atentados que están sin resolver y que suman centenares de asesinados, heridos, secuestrados y extorsionados sin autor conocido." (Fundación para la Democracia, citando a EL CORREO, 25/11/2010
)

"
Principios rectores para un modelo de fin de ETA sin impunidad

Documento firmado por la práctica totalidad de asociaciones de víctimas del terrorismo, en el que marcan los principios que deben regir un final de ETA con «ley y justicia». Exigen a la banda y a Batasuna «la condena de la historia del terror», una «condición democrática básica» para que esa coalición pueda participar en unas elecciones.Asociaciones y fundaciones de víctimas del terrorismo.
DOCUMENTO DE BASES

PRINCIPIOS RECTORES PARA UN MODELO DE FIN DE ETA SIN IMPUNIDAD

REUNIÓN DE ASOCIACIONES Y FUNDACIONES DE VICTIMAS DEL TERRORISMO

MADRID, 23 DE NOVIEMBRE DE 2010

1. INTRODUCCIÓN

En primer lugar deseamos mostrar nuestro reconocimiento a todas las víctimas de distintos grupos terroristas que han actuado en España, aunque en este documento nos centraremos en el caso de ETA.

Después de 50 años de terrorismo de ETA, la situación de debilidad que vive la organización terrorista hace suponer que podemos empezar a ver su final, aunque su decadencia puede ser aún larga y causar daño.

La debilidad de la banda no es fruto de la casualidad, sino de la actuación decidida del Estado de Derecho en la lucha antiterrorista, de los acuerdos entre los partidos democráticos, de la colaboración internacional y del hastío mayoritario con la violencia en Euskadi y Navarra, así como el compromiso decidido del resto de España. En consecuencia, es fruto de las políticas de tolerancia cero con el terrorismo y de deslegitimación del mismo puestas en marcha por los gobiernos central y vasco.

La posibilidad real del fin de ETA debe ser manejada, en todo caso, desde los principios que inspiran el Estado de Derecho.

Debe ser manejada, además, desde la perspectiva de que también se juega la fijación o no de los principios de la Verdad, la Memoria, la Justicia y la Dignidad de las víctimas de ETA, tanto de los asesinados, como de los heridos, como de los familiares de todos ellos. Y de toda la sociedad en cuanto que toda ella ha sido atacada por el fanatismo identitario de ETA.

Debemos atrevernos a escribir que los fanáticos de la identidad nacionalista han buscado durante largos años destruir la complejidad de la sociedad vasca y navarra para el cumplimiento de su sueño, mediante complejos mecanismos de control comunitario, adobado con procesos de intenso amedrentamiento y propaganda.

Por todo lo anterior, el futuro político de la sociedad vasca no puede escribirse sobre el proyecto político de ETA, aunque sea sin ETA y sin su violencia, porque de otra forma no habrá verdad en la Memoria, ni Dignidad, ni Justicia para sus víctimas que fueron asesinadas con el objetivo de favorecer la implantación del proyecto político de ETA.

No se trata de arrogarse de competencias ajenas, pero no cabe invocar la razón de estado para eludir un debate público, en su caso, sobre los principios rectores reales que van a regir el modelo del fin de ETA.

2. LOS PRINCIPIOS RECTORES DEL MODELO DEL FIN DE ETA

Las víctimas del terrorismo no tenemos competencia para diseñar ni ejecutar las políticas de los gobiernos, pero como cada ciudadano tenemos todo el derecho a exigir:

LA APUESTA POR LA CLARIDAD Y LA FRANQUEZA

Esto significa unos principios sobre el modelo del fin del terrorismo de ETA que incluyan:

- unas reglas de juego claras, comprensibles para todos.
- la cláusula explícita de resistirse a la impunidad judicial o histórica.
- que se evite caer en el juego semántico de ETA y Batasuna, siempre plagado de palabras torticeras, tacticismos maltintencionados y dobles sentidos para engañar.

LA APUESTA POR LA SENSIBILIDAD CON LAS VÍCTIMAS

Resulta especialmente pertinente que los poderes públicos, agentes políticos y grandes poderes y agentes mediáticos actúen con cierto autocontrol en cuanto a los usos propagandísticos del lenguaje en esta cuestión, para no inferir un dolor añadido, ni favorecer una extrema susceptibilidad entre quienes tienen las heridas más sensibles.

3. NOTAS BASICAS DE UN MODELO DE FIN DE ETA SIN
IMPUNIDAD

Las víctimas de ETA no tenemos competencia para diseñar ni ejecutar las políticas de los gobiernos, pero tenemos una especial cualificación para ejercitar nuestro derecho específico a la justicia y la dignidad debidas, así como para tener voz respecto a todo ello.

Ha de considerarse asimismo que las víctimas de ETA no nos hemos vengado y no hemos reclamado justicia privada. Nos hemos sometido a la ley en todo momento, lo cual tiene un valor extraordinariamente pedagógico respecto a la calidad democrática de nuestro futuro común. Nuestra sociedad no debería olvidar que en un Estado de Derecho el derecho a la justicia real no es negociable, ni relativo.

Si se permite algún tipo de impunidad, muchas de las víctimas no podrán completar su duelo. Resulta necesario un modelo de fin del terrorismo con ley y justicia. Precisamente por ello, y con todo el respeto, estamos cualificados para realizar una aportación que ayude a establecer los mínimos (formales y semánticos) que deben guiar a los diferentes actores que intervengan en este trayecto final.

3.1. No a la impunidad en el discurso o evitar la impunidad histórica. La necesaria reprobación de la historia de ETA es una exigencia y condición democrática básica.

Los asesinatos de ETA y toda su historia de acoso y coacción para la consecución de su proyecto político poseen, más allá de la dimensión del daño causado, una dimensión pública innegable. Porque no debemos olvidar que las víctimas de ETA lo fueron para la consecución de un fin político de los terroristas.

Su derrota pasa irremediablemente por no privatizar el daño, por no esconder la dimensión pública de lo que, en las personas asesinadas, quisieron destruir.

Por todo ello, creemos que lo primero que se debe exigir a ETA, a Batasuna y, en general, el entramado político de ETA, es la condena de la historia de terror de ETA, de toda esa historia, para garantizar que no nos encontramos con una de sus habituales jugadas puramente tácticas.

De no hacerse así, uno de sus objetivos clave para el futuro será seguir utilizando su depurada capacidad propagandística para establecer que esa historia del terror ha sido una historia legítima, y volverán a ofender gravemente a tantas familias rotas que ellos han provocado.

Si los responsables del daño causado no asumen su responsabilidad y no denuncian la historia del terror pretenderán relativizar nuestra memoria y verdad, como si fuera una opción más. Como si la sociedad democrática fuera un supermercado de las ideas, y la identidad asesina una opción más, banalizando una vez más, el mal y la historia de su terror.

Existe en la actualidad la tentación de banalizar lo que debemos exigir a ese mundo, precisamente por ello, es preciso tener muy claro que una narrativa que justifique a posteriori el terror de ETA significa tanto como justificar cada uno de los asesinatos que componen esa historia de terror. Significa tanto como decir que cada uno de esos asesinatos estaba bien, que había que cometerlo o que cometerlo no tiene valor. Sería tanto como volver a asesinar a cada una de las víctimas asesinadas.

Puede existir en la sociedad la tentación de establecer directamente un paréntesis, como si nada hubiera ocurrido, siguiendo la tendencia de una parte de la sociedad vasca y navarra que ha vivido así, de espaldas a la violencia fanática, neutral con esta grave y pertinaz vulneración de los derechos humanos contra una parte de sus vecinos. Sería conveniente evitar el establecimiento de un nuevo gran tabú comunitario: el de la repugnancia a escuchar la verdad del horror y sus ramificaciones en forma de violencia de persecución, la extorsión, los miles de niños que crecieron con un silencio obligado por la amenaza de muerte de sus padres....Los asesinatos son sólo la punta del iceberg de una trama completa de horror muchas veces consentido y difuso a la que debemos asomarnos colectivamente.

Es siempre eficaz socialmente enterrar bien a los muertos. Simbólicamente exige plasmar que fueron asesinados, y que lo fueron, ya lo hemos indicado, porque eran tenidos por los asesinos como un obstáculo para conseguir su fin político. Esa verdad tiene que traslucir con claridad en la narrativa que se escriba del pasado de ETA. De no ser así, construiremos el futuro sobre un engaño a sabiendas. (1)

3.2. Compromiso contra la impunidad jurídica

La historia de terror de ETA no tiene ninguna legitimación posible, debe ser condenada. Y esa condena debe ser exigida, mayoritariamente de forma pública, como pública es la estrategia terrorista.

Tal condena debe ser exigida como uno de los mínimos, sin cuyo cumplimiento no es posible ni reinserción particular alguna, ni participación alguna en el juego democrático. El mínimo, el primer límite, está en la condena de la historia de terror de ETA.

Hay mucha gente temerosa de exigir esto a ETA, como si fuera imposible. Pues bien, creemos que ya es hora de sacudirse los miedos y hasta el último gramo de tolerancia hacia una estrategia cruel y asesina.

3.3. Tolerancia cero con las identidades asesinas

Los representantes de la identidad asesina de ETA se asfixian fuera de las instituciones. La intención de Batasuna o de cualquier otra “marca blanca” del entramado político de ETA de presentarse a las elecciones municipales que se celebrarán el año próximo están trufadas de adornos semánticos y maniobras ambiguas que hacen imposible comprobar que no haya tongo o engaño, como ha sido habitual en todos estos años.

En el contexto político actual, existe una necesidad urgente de evaluar correctamente las pretensiones de ETA y Batasuna respecto a las elecciones locales y forales que se celebrarán en el año 2011. (2)

3.4. La política penitenciaria no debe convertirse en una política de gracia.

Un derecho inherente e irrenunciable a la condición de víctima del terrorismo, en cuanto ciudadanos con derechos completos, es el derecho a la Justicia.

La política penitenciaria sobre el colectivo de presos de ETA no debe considerarse como un instrumento de futura utilización para equivaler a políticas de gracia, porque las leyes no lo indican así.

Una política penitenciaria que llegara a basarse en la excarcelación anticipada de presos juzgados y sentenciados, enmascarándolo en una aplicación laxa de la progresión de grados, supondría una forma de impunidad.

Existe en la opinión pública española la tentación de pedir a las víctimas del terrorismo “generosidad”, instándoles a que sacrifiquen sus legítimas reclamaciones y renuncien a su justa reivindicación de justicia. Esta petición es una forma de chantaje moral, especialmente injusta teniendo en cuenta la naturaleza de los delitos y de la naturaleza de su duelo, todavía en parte pendiente y dependiente de un fin de la violencia sin impunidad.

3.5. El cumplimiento íntegro de las penas y de la ley

La Constitución de 1978, la ley General Penitenciaria, el Código Penal y el Reglamento Penitenciario suponen nuestra referencia en esta cuestión. Debe quedar claro que la reinserción significa, precisamente, el cumplimiento íntegro de las penas conforme a la ley.

No debemos olvidar que la reinserción social no es una finalidad absoluta de las penas privativas de libertad, sino que se trata de una orientación armonizable con otras finalidades de la pena y con la exigencia de justicia prevista en el art. 1 de la Constitución Española.

Para los casos que nos ocupan, la reinserción debe implicar un trabajo de asunción subjetiva de la responsabilidad con respecto al daño causado y una vertiente pública. Lógicamente se trata de casos individualizados porque no serían aceptables soluciones colectivas para el colectivo de presos etarras.

La experiencia comparada nos indica que resulta mucho más fácil para un terrorista dejar el terrorismo que profundizar realmente en el significado de su responsabilidad personal, profunda, con respecto a las víctimas que ha provocado.

Pero incluso reducir la exigencia a los terroristas que estén dispuestos a romper con la organización terrorista ETA al plano de actuaciones relevantes en el ámbito privado: escribir una petición de perdón, escribir el reconocimiento del daños personal causado o el pago de indemnizaciones pendientes no es suficiente, porque los asesinatos perpetrados por ETA para la consecución de su proyecto político poseen, además, una dimensión pública innegable .

La reinserción significa volverse a integrar en aquello que el delito ha roto. Lo que ha roto el delito terrorista de los miembros de ETA, además de la vida de familias enteras, son las reglas fundamentales de la convivencia aprobadas en derecho, atentando contra el Estado de Derecho y la Democracia basada en el pluralismo.

Los delitos de terrorismo tienen una dimensión pública, política, y es necesario que exista una satisfacción pública, política, del daño causado. Y esa satisfacción se puede dar si:

a) el arrepentido da un paso firme en pro de su reinserción, no un mero desenganche de la banda a la que pertenecía sin cuestionar nada de lo hecho ni plantearse realmente que ha supuesto su vida para él y sobre todo para sus víctimas.

b) El terrorista denuncia públicamente la violencia, los fines totalitarios que están en el núcleo de acción de toda organización terrorista, y a ser posible, colabora activamente con las autoridades para el esclarecimiento de los varios cientos de crímenes pendientes de resolver.

c) Todo ello conduce a que deben expresar su aceptación del Estado de Derecho.

La reinserción pública se convierte en un instrumento más de la deslegitimación del terrorismo, especialmente en los lugares donde todavía existen niños que justifican este tipo de asesinatos.

Consideramos además necesario establecer un cauce de información sobre la situación procesal de los delitos terroristas.

3.6. Contra la banalizacion del mal en la comunicación publica

Para los terroristas resulta relevante que las víctimas resulten irrelevantes para la sociedad. De hecho los terroristas etarras han utilizado toda su capacidad de influencia para que las víctimas y sus familias resultaran estigmatizadas y marginadas en sus entornos comunitarios durante años. Muchas de ellas se vieron forzadas a marcharse de sus hogares a lo largo de varias décadas y todavía hay focos comunitarios donde la estigmatización se mantiene casi intacta.

Un comunitarismo mal entendido y el poder del miedo generó un régimen de tolerancia hacia los propagadores de la identidad asesina en muchos rincones del País Vasco y Navarra, sin apenas resistencia, con enorme autocensura y miedo para ejercitar la crítica a los asesinos. La banalización comunitaria de los actos de los fanáticos permitió echar profundas raíces a esta subcultura de la violencia terrrorista.

Cualquier eventual exención de responsabilidades por la banalización de las palabras y los conceptos relativos al modelo de fin del terrorismo siempre supondrá una desvalorización de los humanos atacados, una banalización de los derechos humanos vulnerados de las víctimas.

La banalidad y frivolidad a la hora de utilizar algunos de los conceptos claves sobre los que pivota la definición de un modelo sobre el fin de ETA afecta profundamente a la sensibilidad de los más afectados por los efectos del terrorismo. En especial, sus siguientes manifestaciones:

-La invitación al perdón de la víctima como excusa para saltarse el derecho a la justicia, especialmente ofensivo cuando lo proclaman laicistas declarados. Un ejemplo paradigmático de la separación del plano legal y el moral, es que el Papa Juan Pablo II perdonó a Ali Agca, pero el preso siguió cumpliendo su pena.

-El recurso a la palabra “conflicto” para eludir la responsabilidad por la historia asesina de ETA.

-Los espacios imaginarios de equidistancia entre víctimas y victimarios para evitar sacar conclusiones que comprometen a la comunidad en las políticas de justicia y reparación.

-La predisposición de ciertos sectores de la opinión pública a juzgar con dureza extrema las palabras de las víctimas del terrorismo y con extrema indulgencia las de los asesinos y la organización terrorista.

4. ¿Y SI SE DIERA UN MODELO CON IMPUNIDAD?

En ese caso, las víctimas no podrían desarrollar un papel de deslegitimación ética, social y política que necesitará muy especialmente la sociedad vasca y navarra tras el fin de ETA, puesto que la aplicación de cualquier tipo de impunidad forzaría a elaborar un tipo de discurso en el que se diluyera el fondo de verdad objetiva de las víctimas.

La colaboración en el ejercicio público de memoria no resultaría coherente puesto que cualquier iniciativa institucional de investigación y preservación de la memoria se vería contaminada sustancialmente por el fondo de impunidad y necesitaría subterfugios eufemísticos. La reparación de las secuelas del terrorismo sería, como la culminación del duelo, una tarea incoherente y contradictoria.

En un modelo que tolerara dosis de impunidad, el pretendido apoyo a las víctimas del terrorismo se convertiría en un grotesco sarcasmo, por mucho que se utilizasen con éxito fórmulas retóricas, propagandísticas y de control mediático que lo enmascarase.

5. EPILOGO

El mundo de Batasuna pide una pista de aterrizaje. La piden con derecho a la impunidad, llamando a las excarcelaciones cuestión técnica y se suponen con derecho a legitimar un relato de la historia del terrorismo. Y antes y después, mesas y negociaciones políticas para defender, como mínimo, su propia esencia. El mundo de ETA, por otra parte, no ha renunciado a volver a su estrategia clásica del terror.

La victoria sobre ETA significa la victoria del Estado de Derecho sobre el totalitarismo, el fanatismo y la exclusión que supone el modelo de ETA y su mundo. La victoria sobre ETA debe evitar la legitimación de la historia del terrorismo y permitir cerrar en buena parte, y en paz, el duelo personal y comunitario de tantas heridas y tanto horror.

Suscrito por: Fundación Fernando Buesa, Fundación Miguel Ángel Blanco, Fundación Gregorio Ordoñez, Fundación Alberto Jiménez Becerril, Fundación Tomás Caballero, Fundación Víctimas del Terrorismo, Fundación de Victimología
Federación de Asociaciones de Víctimas del Terrorismo de España, Covite, Asociación Víctimas del Terrorismo, Asociación Andaluza de Víctimas del Terrorismo, Asociación Murciana de Víctimas del Terrorismo, Asociación Valenciana de Víctimas del Terrorismo, Avocación Gallega de Víctimas del Terrorismo, Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo, Asociación Extremeña de Víctimas del Terrorismo, Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas, Asociación de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Víctimas del Terrorismo, Asociación de Ayuda a Víctimas del Terrorismo y Pro Derechos Humanos, Asociación Dignidad y Justicia, Asociación Ayuda 11M
Asociación 11M Afectados

NOTAS:
(1) "...los que hoy son terroristas puede que mañana no lo sean, siempre y cuando ganen la batalla política". Pernando Barrena. 2007.

(2) "Hay más razones que nunca para la lucha armada, pero menos condiciones objetivas y subjetivas que nunca". Tasio Erkizia. 2010. Una de la condiciones a las que hace referencia es volver a entrar en las instituciones democráticas.

Asociaciones y fundaciones de víctimas del terrorismo, 24/11/2010 (Fundación para la Libertad)

«Es una forma de chantaje moral pedir generosidad a las víctimas del terrorismo»

"Maite Pagazaurtundua pide que a las víctimas no les hurten el derecho a la justicia. La presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, hermana del jefe de la Policía Local de Andoain, Joseba Pagazaurtundua, asesinado por ETA el 8 de febrero de 2003, mantiene que es «una forma de chantaje moral» la tentación de pedir generosidad a las víctimas del terrorismo, «instándoles a que sacrifiquen sus legítimas reclamaciones y renuncien a su justa reivindicación de justicia». (...)

-¿Qué papel tendrían que tener las víctimas en ese escenario?

-No nos arrogamos competencias que nos son ajenas. No queremos ni más ni menos que se cierre bien ese capítulo atroz de la historia de nuestra sociedad.

-¿Qué significa cerrar bien?

-Que no puede haber legitimación de la historia del terror, impunidad o una relativización del victimario y de la víctima. Quien tiene que evolucionar y un enorme recorrido por hacer es el que ha ofendido a tanta gente, pero ellos siempre intentan trasladar sus responsabilidades a los demás, diferir y repartir sus responsabilidades y no asumirlas. Además del terror han hecho todo tipo de tongos a lo largo de todos estos años. Y no hay que aceptar ya más ese juego porque no sirve para nada.

-¿Cree que los comunicados de ETA y las opiniones de quienes creen ver un nuevo escenario son también tongo?

-No tenemos ningún elemento para poder ver que no lo es. No hay elementos de anclaje real en todo lo que dicen que sirvan de comprobación de que no es un elemento táctico. Deja muchísimo que desear todo lo que dicen, pero además eso es lo que lo hace más sospechoso.

-Ustedes hablan de cumplimiento íntegro de las penas, por lo tanto, nunca aceptarían ningún tipo de amnistía.

-Es que no se puede, es ilegal. No se trata de admitir o no, se trata de que nuestras leyes no lo dicen. Del mismo modo que también imposibilitan la pena de muerte. ¿Admitiríamos la pena de muerte? No, no se puede ni plantear, está en contra de los fundamentos de nuestro ordenamiento.

-¿Cómo abordan el tema de la reinserción?

-Se plantea que la política penitenciaria no debe convertirse en una política de gracia. Existe en la opinión pública española la tentación de pedir a las víctimas del terrorismo generosidad, instándoles a que sacrifiquen sus legítimas reclamaciones y renuncien a su justa reivindicación de justicia.

El documento establece que los delitos del terrorismo tienen una dimensión pública, política ,y es necesario que exista una satisfacción pública, política, del daño causado. Y esa satisfacción se puede dar si el arrepentido da un paso firme en pro de su reinserción, no un mero desenganche de la banda a la que pertenecía, sin plantearse realmente qué ha supuesto su vida para él y sobre todo para sus víctimas; si el terrorista denuncia públicamente la violencia y los fines totalitarios, y a ser posible que colabore con las autoridades para el esclarecimiento de los varios cientos de crímenes pendientes de resolver.

Porque hay cientos de crímenes que no tienen asesino conocido. Nosotros lo que hacemos es establecer coherentemente las premisas que nos parece que pueden funcionar para que las cosas sean lo que tienen que ser y no un chanchullo. La reinserción pública así entendida es un instrumento más de la deslegitimación del terrorismo especialmente en los lugares donde todavía existen niños que justifican este tipo de asesinatos.

-¿Qué es lo que buscan con esta reflexión?

-Queremos que no exista ningún tipo de fraude sobre el espíritu de cada una de las leyes. Que no se nos hurte el derecho a la justicia. Sé que es muy difícil de entender para una parte de la sociedad porque son muchos años de propaganda para que la gente vaya asumiendo lo que a ETA le ha ido interesando. Sobre todo es como si ETA hubiera invertido muchas palabras para buscarse la cláusula de la impunidad.

ETA ha invertido tantos años en esto, que a la gente le da miedo pensar que lo que se plantea en este documento es lo mínimo que hay que pedir para reinsertar a un preso etarra, por ejemplo. Hay mucha gente que no tiene el pensamiento libre porque son muchos años de influencia de ETA en la vida pública y en la conciencia de los ciudadanos.

-Maixabel Lasa dijo hace poco que estaría dispuesta a dar una segunda oportunidad al asesino de su marido. ¿Usted se ha plantado algo semejante alguna vez?

-El que no se ha planteado semejante cosa es el asesino de mi hermano. Es muy prematuro hablar de algo así, todavía no se ha celebrado el juicio... A quienes hay que pedir si son capaces de recapacitar es a quienes han causado el daño. No hay que empezar la casa por el tejado.
" (Fundación para la Libertad, citando a EL DIARIO VASCO, 25/11/2010 )