31/7/18

Director de e-notícies: Una de las cosas que no entiendo del proceso es la insistencia en pedir un referéndum. En las encuestas del CEO el sí a la independencia no ha superado nunca el 50%

"Una de las cosas que no entiendo del proceso es la insistencia en pedir un referéndum. En las encuestas del CEO el sí a la independencia no ha superado nunca el 50%. ¡Y eso que son las encuestas de la Generalitat!. Un dato significativo que, curiosamente, nunca ha sido destacado por TV3.

No es que no la haya superado sino que ni siquiera lo ha alcanzado. En el último sondeo, de este mismo viernes, a la pregunta de si Catalunya “quiere que sea un Estado independiente” el sí gana con el 46,7% y el no obtiene un 44,9: 1,8 puntos de diferencia.

Pero es que el independentismo no ha pasado nunca la barrera mágica del citado 50%. 

Hay otra pregunta similar que arroja los mismos resultados. En este caso piden si “Catalunya tendría que ser …”. Y a diferencia de la anterior en la que sólo hay dos opciones aquí hay cuatro posibles respuestas: una región de España, una comunidad autónoma, un estado federal o un estado independiente.

Pues bien, esta última tampoco ha conseguido nunca el 50%. Los mejores resultados fueron en los años previos al 9-N. En el 2013: 46,4% en febrero, 47 en junio, 48,5 en noviembre. Luego empezó a bajar. En el 2014: 45,2% en marzo, 45,3 en noviembre y 36,2 en diciembre. Ahora es del 36,1%.

¿Entonces por qué el procesismo insiste tanto en pedir un referéndum? Bueno, en primer luegar para buscar una salida al mismo lío que ellos han montado. Recuerden que el propio Puigdemont cambio la independencia unilateral (DUI) por el “referéndum o referéndum”.

En segundo lugar, porque en teoría es una de los mejores expresiones de la democracia. Como el soberanismo no es mayoritario en Catalunya -es la minoría hegemónica, que no es lo mismo- era una manera de intentar convencer también a los indecisos.

Antes del 1-O insistían, en efecto, que “esto va de democracia” no de independencia. Per era una gran trampa semántica: Los que estaban en contra dejaban de ser automáticamente demócratas. En realidad, había de ser un puro trámite: “Votem per ser lliures” (“Votemos para ser libres”) rezaba la principal propaganda electoral.

Pero sobre todo porque si Rajoy accedía -o ahora Pedro Sánchez- hubiera sentado un precedente: no hay dos sin tres. Como en Quebec, que lleva dos -todos pérdidos, por cierto- o el SNP escocés, que ya pide otro.

Mas siempre ponía como ejemplo de democracia el Reino Unido, que había accedido al referéndum escocés. Pero olvidaba en cambio que tenían al Ejército desplegado en el Ulster. Y que han suspendido la autonomía de Irlanda del Norte cuatro veces sin ni siquiera despeinarse. La penúltima, més de cinco años.  (...)

Yo lo que sigo sin entender es cómo el procesismo jugó tan mal sus cartas y, sobre todo, sus tempos. ¿Por qué pedir un referéndum si lo puedes perder?. Los referéndums hay que organizarlos cuando se ganan seguro. Y de calle."                     (Xavier Rius, director de e-notícies, 20/07/18)

El racismo de Torra viene de lejos... de aquellos polvos... sus lodos, los de 'los españoles son bestias con forma humana que destilan odio'

Viñeta publicada en el Be Negre, 1934

"El comentario del profesor Miguel Candel:

Está más claro que el agua: el dibujante, Castany (muy conocido en su época), se hace eco de la actitud xenófoba imperante en amplios sectores populares de Cataluña (no exclusivamente burgueses, ni mucho menos). 

Todavía en mi infancia, el (des)calificativo estándar hacia los oriundos de fuera de Cataluña era ése: "murciano", en reñida competencia con "charnego". En más de una ocasión me llamaron así en el colegio, sin que yo entendiera cómo podía ser murciano habiendo nacido en Barcelona... Hay querecordar que en las obras de Montjuïc para la Expo del 29 [1929] se contrató a muchos trabajadores procedentes del campo murciano (que no todo es huerta, precisamente). 

Pero esto del rechazo al "forastero" (expresión en sí misma bastante neutra: el que viene "de fuera"; muy usual, por cierto, en Mallorca) es el pan nuestro de cada día: en Nueva York, por ejemplo, existe ese sentimiento "popular" hacia los funcionarios de las Naciones Unidas (institución a la que un alcalde neoyorkino de triste recordación, un tal Koch, calificó allá por 1982, de "sexpool", que viene a significar algo así como "prostíbulo"). 

En el caso de la viñeta de Castany, la xenofobia alcanza cotas indecentes de clasismo (los murcianos llegan en autobuses de la compañía "Transmiseria") y de racismo: no hay más que ver la fealdad y deformidad de la mayoría de los rostros "murcianos", que nada tienen que envidiar a las caricaturas de judíos que se publicaban en la Alemania nazi. 

De aquellos polvos... No sé si todo esto pasa porque tiene razón Rousseau (el buen salvaje es maleado por la sociedad) o porque no la tiene en absoluto y el salvaje es simplemente salvaje. Me inclino por lo segundo con gotitas de lo primero: somos salvajes con una mezcla variable de buenos y malos sentimientos que la sociedad puede reforzar en un sentido o en el otro]. (...)"     (Salvador López Arnal, Rebelión, 21/07/18)    

Una buena descripción del 'procés'... desde la izquierda-izquierda

"(...) Con algo más de detalle.

El 27 de septiembre de 2015 el secesionismo perdió unas elecciones que ellos mismos habían intentado transformar en elecciones plebiscitarias por la independencia. Las anteriores, como se recuerdan, fueron un desastre sin paliativos para la figura de Mas y el proyecto de Convergència. La “voluntat d’un poble”, una voluntad mesiánica en forma y contenido, fue aniquilada por la ciudadanía. 

El secesionismo gobernante, a pesar del reconocimiento inicial de la derrota del 27S la misma noche electoral por una de las figuras más oportunistas e impresentables del mundo nacionalista (Antonio Baños, procuren no tomar cafés con él), no hizo ni caso de aquel resultado (“el poder soy yo” exclamaron al unísono) y siguió construyendo “estructuras de Estado”, es decir, fueron trabajando para y por sus planes y estrategias de secesión y cultura hispanofóbica (elemento central en todo el proceso), mientras, por supuesto, grupos sociales y colectivos afines secesionistas seguían chupando (para seguir viviendo muy pero que muy bien) de las arcas de la Generalitat que es Estado, no propiedad privada de unos cuantos (aunque muchos de ellos estén convencidos de lo contrario).

Prácticas antidemocráticas envueltas en ropajes democráticos fue su pan nuestro de cada día. ¡La democracia soy yo!, exclamaron y exclaman. La Alicia carrolliana en pie de combate y confusión: las palabras significan lo que el poder -que son ellos- quiere que signifiquen. 

Según algunas de sus voces representativas, jugaron al póker y fueron de farol. Puede ser pero no estemos tan seguros de que jugaran. “Planes de secesión” se declina en plural, no en singular. Juegan a muchos juegos, pelean en muchas guerras.

El 6 y 8 de septiembre se pasaron por la entrepierna la Constitución y el Estatut, todos los consejos de gentes razonables que señalaban su despropósito y sectarismo. Y lo más importante: la voluntad y los sentimientos de millones y millones de trabajadores/as catalanes. Les importaron, les importan un higo. Son “los otros”. 

La actuación estelar -de estrella y de estrellada- de algunos miembros de una supuesta izquierda (Àngels Martínez, Albano Dante Fachín,…) sigue generando horror y pavor... y distancia infinita.

El día 1-O, una vez más, la izquierda no se estuvo a la altura de las circunstancias y una parte del espacio de los Comunes colaboró con el proyecto secesionista. No ha sido la única vez, por supuesto que no. ¿Recuerdan la imagen de Ada Colau mostrando su voto en blanco? Participaron en las votaciones y les dejaron locales y espacios públicos. Mejor imposible… para ellos; peor impensable, para nosotros.

 La corriente nacionalista o la tendencia marcadamente identitaria (som catalans, som catalanas, som catalans, som catalans, repiten una y mil veces, un sentimiento que no tiene nada que ver con los valores de izquierda), nos guste o no, domina (por ahora) ese espacio. Con resistencias admirables que hay que valorar y no olvidar.

En octubre se produjo un hecho en el que, probablemente, no habían pensando (uno de sus grandes errores): la reacción ciudadana y popular no secesionista. Los charnegos, los murciano, las clases trabajadoras en ación, tomando las calles. Gentes, algunas de ellas, que no se habían manifestado en su vida. Rentabilizada (parcialmente, aunque no solo) por Ciudadanos. Sin duda. 

Responsabilidad nuestra por nuestra ceguera y nuestras imprecisiones y amistades peligrosas. Salieron del armario; no creo que vuelvan (volvamos) a él. Nunca más. Estaban callados, mudos. Desde ahora hablarán (hablaremos) mucho más que antes. 

Aquí no deben mandar solo las 400 familias enriquecidas del país y los catalanes de pata negra. Su relato no vale; no dejaremos que nos impongan “su historia”.

Al secesionismo gobernante no le ha importado ni les importa un higo los millones de personas, de ciudadanos catalanes que no somos secesionistas. Sólo para sus planes de “ampliar sus bases”. En las redes nos dicen de todo y nada bonito. Eso sí, luego dicen que no hay confrontación social, que no hay ruptura, que somos un solo pueblo. Las sabidas monsergas.

El 21D volvieron a perder las elecciones. Un ley electoral, no proporcional, que no quieren cambiar por supuesto (son muy demócratas) les permite tener mayorías parlamentarias. Pero perdieron en votos. Y ganó electoralmente, por vez primera en la historia de .Cat, una fuerza no nacionalista ni catalanista.

Que fanáticos secesionistas como Eduard Pujol (una especie de Rafael Hernando pero en catalán) ocupen un lugar relevante en el secesionismo dice mucho, lo esencial, de ese mundo, de su ideología y de sus prácticas.

Un presidente prosionista fue elegido presidente de Cataluña (cree que lo sigue siendo en el “exilio”); un presidente xenófobo, profundamente hispanofóbico y clasista ha sido elegido a dedo por el huido como presidente de Cataluña. Con los votos o el apoyo de dos partidos que se dicen de izquierda. Quin riure, quin riure!

El presidente Sánchez, elegido con votos secesionistas, cree o dice creer que es posible reconducir el “unilateralismo” (es decir, el secesionismo con patada en la puerta) y llevarlos a buen puerto. Sabe lo equivocado que está. Juega a no estarlo. 

El secesionismo, que apuesta a diversos escenarios, tiene un objetivo final que algunos “sienten” próximo: la secesión, la construcción de un nuevo muro-Estado. Las quimeras envuelven mentes. Nada de federalismos, de cooperación o “historias” similares. Portazo y adiós España y a sus ciudadanos, sobre todo a los más emopobrecidos. 

Su “oposición interna” no es motivo de gran preocupación por el momento: no cuenta en las coordenadas de decisión, ya se cansarán, piensan, y algunos, además, ya se asimilarán. En breve, seremos más aseguran.

Algunas voces hablan de vuelta a un catalanismo herido de muerte. Sueños de una noche de verano. El catalanismo se ha roto y es casi imposible zurcirlo o volverlo a unir. Quedan restos muy frágiles. Un sector, el mayoritario, se ha ubicado donde ha estado siempre, en el nacional-secesionismo; otro sector, minoritario, empuja, algo desnortado, en dirección contraria. Con poca fuerza. 

Por lo demás, no conviene idealizar el pasado: el catalanismo político en sentido amplio permitía muchos silencios, comulgar con ruegas de molino, aceptar la hegemonía nacionalista y no discutir-hablar de los temas esenciales (incluida una enorme corrupción, no sólo de CDC). Por el bien del país decían. Es decir, por su bien, su discurso y su hegemonía. (...)"            (Salvador López Arnal , Rebelión, 28/07/18)

Lidia Falcón: ¿Qué plus de bondad, de inteligencia, de voluntad, de méritos, hay que reconocerles a los catalanes independentistas, para que sus deseos, emociones y sentimientos deban ser atendidos por encima, y en contra, de los que abrigan los que no lo son, y viven en Cataluña?

"(...) Un intelectual catalán decidido a convencerme de la necesidad de atender las demandas de la sociedad catalana, sin que hubiera que llegar a la secesión dramática que exigen los independentistas, además de hacer un repaso histórico exhaustivo de los agravios sufridos por la nación catalana ante la opresión del Estado Español, desde el Conde Duque de Olivares, apeló vehementemente a sus sentimientos de amor a su lengua, a su tradición y a su cultura, para diferenciarse del resto de los españoles. 

Hizo una acerba crítica de aquellos que se apoyan en el constitucionalismo, bajo una postura “neutra”, obviando la carga emocional que la nación catalana ha impostado en el corazón de sus hijos y que la aridez de un texto legal, cual la Constitución, no puede enfriar. 

No me quedó claro cuales eran esos sentimientos, si de decepción, de odio, de rechazo a todos los españoles, a la nación española, al Estado español, o de amor acendrado a su nación. Lo que sí era evidente que exigía al resto de España y a los españoles medidas excepcionales de protección, de apoyo y de respeto a las demandas catalanas, en razón de tales sentimientos.

Recordemos que el primigenio discurso de la separación que esgrimían los independentistas tenía como principal cimiento los supuestos agravios económicos que se les infligía a los catalanes en los traspasos de impuestos y compensaciones, que dieron lugar al repetido eslogan de “España nos roba”. 

Esta rotunda acusación tuvo, como era de esperar, una airada reacción de todos aquellos que se dieron por aludidos. Es decir, la mayoría del resto de la población española.

Ante la respuesta hostil y ofendida no solo de partidos y medios de comunicación sino de trabajadores y ciudadanos, los difusores de aquel mantra se vieron reflejados en una imagen poco grata: los catalanes aprovechados y avariciosos, siempre queriendo más dinero. 

Se dieron cuenta de que no era acertado seguir insistiendo en sus demandas basándose en las supuestas diferencias económicas, difíciles además de probar. Tan poco acertado era que, en el debate televisivo que sostuvieron Josep Borrell y Oriol Junqueras, cuando éste se vio acorralado por las cifras, los datos y el análisis de aquel, se atrincheró en el supremo argumento: los catalanes demandan la independencia por un sentimiento nacional. 

El sentimiento de ser catalán. Que supongo significa sentirse diferente del resto de los españoles, por lo que no deben compartir la compañía común.

 Analicemos, pues, esta argumentación.  (...)

Legislar, y no digamos escindir un territorio, a tenor de los sentimientos expresados en un momento dado, es ciertamente un despropósito. Ya que, en cuestión de poco tiempo, según las consecuencias que se derivarán de la decisión elegida, la masa votante puede tomar la contraria. La experiencia actual con el Brexit en Gran Bretaña es enormemente ejemplar.

Pero, además, yo querría hacer reflexionar a los emotivos catalanes, que desean trocear España impulsados por sus sentimientos personales, que emociones las sentimos todas las personas. Los catalanes y los valencianos, los murcianos y los castellanos y los andaluces y los extremeños y los canarios y los gallegos y los vascos.  

Y en cada uno de esos territorios se “sienten” los agravios y las marginaciones que el poder inflinge a sus sometidos de manera distinta, y con diferentes grados de intensidad. 

 Mientras unos, profundamente ofendidos por no haber recibido las prebendas y compensaciones que creen que se merecen desean romper para siempre las fronteras comunes y los lazos que unen a pueblos desde hace muchos siglos, otros, no tan iracundos, querrán sólo que se les reconozca los méritos que poseen para ser recompensados, pero sin desvincularse de un proyecto y de un horizonte común.

¿Y quién ha de ser más atendido? ¿Cuáles son los sentimientos que deben prevalecer? ¿Por qué los catalanes han de imponer su preeminencia y no los castellanos, cuyos territorios se encuentran con una despoblación cada vez mayor, una renta per cápita la mitad de la media española y una decadencia de influencia en el poder central evidente?

 ¿Qué méritos tienen los que habitan en ese territorio del oriente español que superan a los de los demás ciudadanos?

Si se alega que son más inteligentes, más industriosos, más trabajadores, más formales y puntuales, no cabe duda de que están situándose en superioridad respecto a los demás españoles. Lo que hace tiempo se denomina supremacismo. Algunos hay que apelan incluso al ADN que nos diferencia.

Pero, además, ¿todos los catalanes abrigan los mismos sentimientos? Con sinceridad, ¿pueden los secesionistas, y los que no lo son pero que están emocionados, defender que en Cataluña todos los catalanes quieren dejar de ser españoles y enfrentarse, tan agriamente, al resto de los que hemos compartido sufrimientos y destino durante tantos siglos?

 Y, ¿los sentimientos de aquellos que, siendo catalanes, quieren seguir manteniendo la igualdad y la fraternidad con el resto de españoles, que pedían los revolucionarios franceses, no valen nada?

¿Qué plus de bondad, de inteligencia, de voluntad, de méritos, hay que reconocerles a los catalanes independentistas, para que sus deseos, emociones y sentimientos deban ser atendidos por encima, y en contra, de los que abrigan los que no lo son, y viven en Cataluña? ¿Y al resto de los españoles, no les conciernen esas reclamaciones tan ofensivas, esas demandas tan exigentes que formulan todos los días los que difunden los mensajes de rechazo, de hostilidad y hasta de odio contra ellos?

Realmente, ¿este discurso creado, alimentado y difundido por un sector de las clases sociales dominantes en Cataluña, ha de ser no sólo el único atendido por los poderes políticos sino el que se convierta en palabra de ley y nos lleve a la escisión definitiva de los territorios, condenando al resto de los ciudadanos catalanes a ser extranjeros en su propio país?  (...)

Los partidos xenófobos que están surgiendo en Europa y que pretenden, como los independentistas catalanes, trocear el continente en minúsculos Estados, que conseguirán su “libertad” entregándose indefensos al poder estadounidense, tienen el mismo discurso: somos diferentes, los otros nos quitan lo nuestro, diluyen nuestra identidad, hemos de defender la pureza de la raza, nuestro orgullo nacional, nuestro idioma.  (...)

Y mientras los ideólogos y dirigentes escisionistas parece que siguen viviendo bien, tranquilos y seguros de sí mismos, el Ayuntamiento de Barcelona acaba de descubrir que tiene que modificar a la baja los presupuestos de que dispone porque la venta de inmuebles se ha reducido notablemente. 

Ni empresas constructoras ni fondos de inversión ven seguros sus negocios mientras el baile independentista se prolongue, y los ciudadanos corrientes no se sienten tentados de invertir en una ciudad donde cada semana hay una manifestación o concentración o mitin o sembrada de cruces, que inquietan y molestan a la población.

Pero esa rebaja únicamente afectará a los pobres. Se eliminarán las ayudas sociales, se escatimará el dinero para los ambulatorios y las escuelas, se acabarán las ayudas a la vivienda, y ninguno de los fugados ni de los que siguen en el podium del gobierno lo notarán.

 Los que pagarán, como siempre, las consecuencias de la demente aventura en que se han embarcado los Puigdemont y compañía serán los trabajadores y las mujeres, obligados nuevamente a dejarse explotar más en peores condiciones y a suplir todos los servicios de cuidados que debería prestar el Estado, a costa de su esfuerzo y de su salud.

Apoyarse en los sentimientos como fuente de derecho y de legitimidad legal es tan arcaico y tan injusto como defender el poder feudal argumentando los sentimientos religiosos.

Madrid, 24 de julio 2018."           

30/7/18

Jordi González: "Lo que está pasando es que la sociedad catalana se ha fracturado, mi propia familia". "Mi hermano piensa de una forma, yo pienso de otra, entonces para no confrontarnos no hablamos del asunto. Está pasando en muchas familias, mientras tanto los que provocan todo esto están, digamos, riéndose un poco de lo que han provocado. Yo creo que sí. No me parece que se estén tomando en serio nada"

"El periodista Jordi González, en una entrevista en 'Viva la vida' (Telecinco), ha cargado contra el proceso independentista y especialmente contra sus dirigentes, a los que acusa de "hacerlo mal a propósito" y de estar "riéndose" de la "fractura" social existente en Catalunya, que dice haber afectado también a su familia. González critica a TV3 e ironiza sobre el hincapié que hacen los independentistas en denominarse "demócratas".

"Soy catalán, hijo y nieto de catalanes por todas partes", ha reivindicado el presentador de Telecinco de inicio, además de remarcar que lo que se está viviendo en Catalunya "me parece mal, me parece un despropósito, me parece que lo están haciendo mal a propósito".

González considera que "se puede plantear cualquier cosa, incluso la independencia, pero desde la inteligencia. En un momento que la corrupción está carcomiendo los partidos más importantes en Catalunya se extiende una inmensa bandera catalana sobre toda esa porquería, y vamos a reclamar el derecho a ser un Estado".

"No sé todavía por qué sería mejor que Catalunya fuera independiente y como no lo sé, me reservo el derecho a no ser independentista. Pero entonces hay mucha gente independentista que se enfada conmigo. Son muy demócratas, pero si no pienso lo mismo que ellos se enfadan conmigo", ha ironizado.

El periodista ha dejado claro que "yo no creo en esta independencia que se está planteando porque me parece muy amateur, es un vodevil, es como absurdo". "Lo que está pasando es que la sociedad catalana se ha fracturado, mi propia familia", ha denunciado.

"Mi hermano piensa de una forma, yo pienso de otra, entonces para no confrontarnos no hablamos del asunto. Está pasando en muchas familias, mientras tanto los que provocan todo esto están, digamos, riéndose un poco de lo que han provocado. Yo creo que sí. No me parece que se estén tomando en serio nada", ha lamentado.

Jordi González ha recordado que "lo más importante es el pueblo, son las personas, esos millones de personas que salen con todo el derecho del mundo a reivindicar lo que consideran justo, que es la independencia. Muy bien, que lo reivindiquen, pero que dejen también que los que no piensen lo mismo lo expresen. Que puedan también hacer pedagogía del no en la televisión pública de Catalunya".         (e-notícies, 23/07/18)

No a la cesión de la caja de la Seguridad Social al nacionalismo. Si tal cesión tuviera lugar, el concepto de solidaridad entre españoles desaparecería. La posibilidad de que los territorios más ricos administren los dineros de las pensiones rompe la idea de España como nación de ciudadanos libres e iguales...

"(...) Junto a toda una cascada de medidas de índole social y de bajo coste, y muy deseadas por la parte más progresista de la sociedad, como pueden ser el rescate de inmigrantes, la ley de la eutanasia, el derecho a permiso por maternidad y paternidad igualitario, etc., Pedro Sánchez nos insinuó tras su reunión con el Lendakari vasco su predisposición a ceder al País Vasco la caja de la Seguridad Social, aunque luego lo desmintiera ante las presiones en el Parlamento por parte de Ciudadanos.

Si tal cesión tuviera lugar, el concepto de solidaridad entre españoles desaparecería. La posibilidad de que los territorios más ricos administren los dineros de las pensiones rompe la idea de España como nación de ciudadanos libres e iguales. 

Podemos achacar a la inconsciencia de Pedro Sánchez tal despropósito, pero si queda algo de decencia en UGT y CCOO deberían estar ya convocando manifestaciones contra esa barbaridad. Igualmente espero que tanto la Coordinadora Estatal en Defensa del Sistema Público de Pensiones como la MERP (Mesa por el Blindaje de las Pensiones en la Constitución) levanten la voz ante tal tropelía al concepto de fraternidad que el sistema de pensiones español supone.

La cesión de la caja de las pensiones es una vieja reivindicación de los nacionalismos vasco y catalán que siempre encontró la oposición sindical. Esperemos que tal barbaridad no llegue a ningún puerto.

Frotándose las manos estarían las multinacionales financieras ante el posible troceamiento de la mayor partida de los presupuestos públicos. Si las competencias sanitarias de las autonomías ya han permitido hincar el diente, mediante formulas muy “creativas”, a los dineros de la sanidad pública –ya sabemos los conflictos de la sanidad en Madrid, en Valencia, Andalucía y la privatización soterrada en Cataluña–, imagínense si se establecieran conciertos con grandes grupos financieros para la gestión de las pensiones por parte del Gobierno Vasco de turno o del de la Generalitat de Catalunya… ¡Imagínense!
Lo grave de todo esto es que, como siempre, las cosas gordas las hace el PSOE, ¡los nuestros! Perdón, ¿los nuestros?

Las grandes multinacionales financieras se concentran (pueden utilizar empresas interpuestas para disimular, pero se concentran), y, para poder optar a la gestión de los dineros públicos, nada como trocear los estados. Ellas son grandes y poderosas y negociar con estados débiles y pequeños siempre será más sustancioso.

Para Pedro Sánchez puede ser muy atractivo quitarse de encima la gestión de dineros públicos, de todos, aligerar sus preocupaciones y sus responsabilidades, pagar la hipoteca de su nombramiento. Pero, como siempre, sigue pagando apoyos coyunturales, puntuales, temporales, con elementos estratégicos para la cohesión de España, para la justicia social, para la justicia redistributiva. 

No hace nada nuevo que no haya hecho hasta la fecha su propio partido en tiempos pasados o el mismo PP. El problema es que cada vez da cosas más importantes, patrimonio de todos los españoles, a cambio de intereses espurios y partidistas propios. La caja única de las pensiones es y ha de ser intocable.

El estado es débil en España y con los dirigentes de los últimos 30 años se ha hecho más débil. Tenemos un gran déficit de estadistas.

Malos tiempos para la Política, así con mayúsculas… lo que nos viene se llama politiqueo. ¡Despertad!"                     

Nou Barris. Barcelona. 27 de junio de 2018"              

(Vicente Serrano. Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas, Crónica Popular, 3009/18)

Artículo 21 de la Constitución alemana: "Los partidos que por sus fines o por el comportamiento de sus adherentes tiendan a desvirtuar o eliminar el régimen fundamental de libertad y democracia, o a poner en peligro la existencia de la República Federal de Alemania, son in-constitucionales"... se penaliza el simple propósito de querer acabar con la República Federal...

"1. Cada país cuando se refunda o vuelve a empezar se conjura contra sus fantasmas y problemas. Alemania, por ejemplo, se protege contra el hecho de que Hitler llegó al poder ganando unas elecciones, y por ello el apartado segundo del artículo 21 de su Constitución establece que «los partidos que por sus fines o por el comportamiento de sus adherentes tiendan a desvirtuar o eliminar el régimen de libertad o democracia, o a poner en riesgo la existencia de la República Federal de Alemania, son inconstitucionales». 

2. Este artículo, y otros tantos, no los pactaron los alemanes con los nazis, sino con los aliados. El Código Penal que impulsó el Gobierno de Felipe González, ya en sus últimos años, con Juan Alberto Belloch como ministro, fue pactado con los nacionalistas catalanes y precisamente a propuesta de Convergència i Unió se estableció que para que hubiera rebelión se tenían que producir evidentes situaciones de tumulto y de violencia

 Hasta entonces, funcionábamos con un Código Penal que tuvo su última reforma importante en 1973. Era caótico y disperso, pero penalizaba, como en Alemania, el simple propósito de querer acabar con la integridad del Estado, y CiU, aconsejada por el notario Alfons López Tena, argumentó que aquello era «penalizar ideas», y Felipe González, que necesitaba los escaños convergentes para mantenerse en el poder, accedió a la enmienda.

3. España, en lugar de conjurarse, como Alemania, contra sus fantasmas, los sacó a pasear, y las dificultades políticas que ha tenido para sofocar el golpe, y las que tendrá para castigarlo, tienen que ver con la frivolidad con que tantas veces han tratado los dos grandes partidos nacionales. (...)

4. Por su parte, la euroorden se concibió inicialmente como un complemento a Schengen: si no hay fronteras para nadie, tampoco para los delincuentes, es imprescindible que tampoco las haya para los mandamientos judiciales. Sin embargo, su redacción final quedó ambigua por tres recelos: el primero, el del Reino Unido, que como siempre desconfió de la vieja Europa; el segundo, el de la vieja Europa con las recién llegadas Rumanía y Bulgaria, entonces todavía infectadas de postcomunismo, de modo que podían volver «perseguibles» libertades propias de La Civilización; y el tercer recelo fue que el aborto, penalizado en Polonia, pudiera ser perseguido en toda Europa. (...)

6. Si el Tribunal Supremo reacciona con más testosterona que inteligencia, humillado porque un tribunal regional le enmienda la página, y opta por el «si no nos lo dan por rebelión, que se lo queden», Puigdemont no podrá volver a España, pero será una recurrente piedra en el zapato español. Si el juez Llarena denuncia ante la justicia europea el proceder de los jueces alemanes y su recurso es admitido a trámite, lo más probable es que lo gane.

7. Más de fondo, nuestro actual Código Penal es una invitación a que, cualquier día, los Puigdemont lo vuelvan a intentar. Si en lugar de protegernos de nuestros fantasmas los sacamos a bailar, ¿qué podría salirnos mal?"        (Salvador Sostres, ABC, 16/07/18)

23/7/18

El Juez del Tribunal Supremo propone a sus colegas alemanes calificar lo que habría pasado en Alemania si un gobierno de un Land, como pudiera ser Baviera, tras unas elecciones presentadas como plebiscitarias, que como tal pierden, vulneran la Constitución nacional y la del propio Land, violan más de diez sentencias del Tribunal Constitucional y convocan un referéndum de independencia que es declarado inconstitucional. Advertidos por su propia policía autonómica de que se podrían producir enfrentamientos violentos, asumieron tales riesgos y lanzaron a un millón de ciudadanos contra las fuerzas de seguridad del Estado, que pudo haber terminado con sangre en las calles. Pero es que esa sangre es precisamente lo que se pretendía aprovechar, para así presentar ante Europa una demanda de independencia “a lo Kosovo” de modo que la Unión Europea reconociera la independencia de hecho y, con ello, un régimen supremacista, xenófobo, sobre todos los catalanes...

"(...) Los demonios nacionales de Alemania son diferentes[5]. La historia constitucional alemana muestra las tensiones propias de la pluralidad de Estados con tensiones dentro del gran espacio pangermánico -Prusia, Austria, Baviera y demás- que a lo largo de la historia presente han vivido en permanente guerra entre sí o contra los demás países europeos. 

En dicha historia lo fundamental ha sido la fidelidad nacional frente a la traición. Para una nación en guerra permanente el demonio principal, el enemigo de su existencia, no es tanto la rebelión como la traición. Todo se agravó en este sentido tras la instauración de las dos Alemanias. 

He aquí por qué los tipos penales que protegen al estado frente a los ataques más graves se llama “alta traición” a la República Federal o a uno de sus Länder.  La traición que maneja la jurisprudencia alemana y se cita ahora por el Tribunal superior de Schleswig-Holstein es un caso de manifestación combativa contra la ampliación del aeropuerto de Frankfurt, que la fiscalía alemana calificó de alta traición. 

El Tribunal lo negó, pero no porque no hubiera traición alguna, sino porque la fuerza de los manifestantes “no era suficiente para doblegar la voluntad del Estado” y aceptó que, por lo menos, había ruptura de la paz del país, que en alemán queda más estremecedor: Landfriedensbruch

 El Tribunal añadía que no era suficiente para alcanzar el concepto de violencia que la policía del Estado del que Frankfurt es la capital tuviera que ser reforzada por la de los estados vecinos. Asunto no comparable al caso español en que, como luego veremos, el problema era ni más ni menos que la policía del Land, Cataluña, fue el instrumento principal de la conjura y el autor principal el presidente del Land.

 En realidad, el Tribunal de Schlegwig-Holstein no tendría que haber llegado hasta el aeropuerto de Frankfurt y debería haber acudido al caso del Putsh de Prusia en 1932, en el que el Reichskanzler von Papen, de modo ilegal, destituyó al gobierno autónomo del Land más grande de Alemania y se nombró a sí mismo Reichskommisar de Prusia, cambiando a los jefes superiores de la policía constituida por 90.000 efectivos. 

El gobierno legítimo se resignó ante el coup d’état para evitar una guerra civil, aunque esa fragilidad abriría el paso meses más tarde a la toma del poder ilegal por parte de Hitler. Un asunto del que se ocuparon Hans Kelsen en defensa de la constitución, antes de ser expulsado por los xenófobos nacional-socialistas, y Carl Schmitt, en el papel del mismo demonio[6].   (...)

En definitiva, a efectos de la cooperación judicial internacional, ya sea para la tradicional extradición y, aún más, para la orden europea de detención, no puede consistir ésta en la comprobación de una exacta concordancia de los hechos con el Derecho del Estado requerido y sus concretas figuras de delito. 

Ha de ser un juicio sobre la criminalidad abstracta de los hechos conforme al Derecho del país[7]. Pero los “relatos” de los jueces no suelen ser fácilmente trasladables en sus respectivos leguajes técnicos especializados. Así, a más de un mes de la negativa, el magistrado del Tribunal Supremo envió el 26 de abril a sus colegas alemanes un testimonio o relato “para alemanes”, (...)

Así que el Juez del Tribunal Supremo compuso un prólogo, que por su orden era un epílogo, en el cual les propone a sus colegas  más allá del Rhin calificar lo que habría pasado en Alemania si los hechos hubieren sucedido allí y se los expone: se constituye un gobierno de un Land, como pudiera ser Baviera, tras unas elecciones presentadas como plebiscitarias, que como tal pierden, sobre un pacto de gobierno que explicita todo cuanto creen necesario para imponer la independencia y se ponen manos a la obra en el interior y en toda Europa, vulneran la Constitución nacional y la del propio Land, violan más de diez sentencias del Tribunal Constitucional y sus respectivos requerimientos formales para abstenerse de proceder y, con el concierto de su propio gobierno, sus administraciones y las organizaciones político-culturales, hacen la convocatoria de un referéndum que es declarado inconstitucional. 

Advertidos por la propia policía autonómica que depende de dicho gobierno de que se podrían producir enfrentamientos violentos, asumieron conscientemente tales riesgos y, con la colaboración de la dirección de esa fuerza armada constituida por diecisiete mil (!) policías y otros miles de municipales, igualmente armados, lanzaron a un millón de ciudadanos a un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad del Estado que pudiera haber terminado muy fácilmente con sangre en las calles. 

Pero es que esa sangre es precisamente lo que se pretendía aprovechar, para así presentar ante Europa una demanda de independencia “a lo Kosovo”, con la pretensión de que la Unión Europea reconociera la independencia de hecho y, con ello, un régimen supremacista total y xenófobo sobre todos los catalanes. 

Ese secesionismo xenófobo es el que representa muy bien el recién nombrado presidente de la Generalitat, cuyas perlas de pensamiento deberían ser también urgentemente traducidas para alemanes, pues son precisamente quiénes mejor comprenderían su significado y alcance. 

Pero en su caso, también les habría bastado un número de heridos reales suficientes -las fake news difundieren la cifra de 800, pero el sistema de salud registró sólo 4- que permitiera reclamar un procedimiento del artículo 7 del Tratado de la Unión para la denuncia de violaciones graves del Estado de Derecho, como los incoados frente a Polonia y Hungría[9].  (...)

La búsqueda de una solución de remedial secession como la de la sentencia del Tribunal de La Haya de 2010 es la esencia de este golpe de Estado que algunos por sus circunstancias acompañantes llaman “postmoderno”.

Ante ese panorama, expuesto plásticamente por el magistrado en el “prólogo para alemanes”, incluso con vídeos que muestran violencias más que suficientes para cumplir el requisito del alzamiento, se puede entender mejor el que el referéndum no era el delito, sino el instrumento de la rebelión y que la violencia o amenaza de la violencia no estaba en los pacíficos sufragistas, sino en el plan del gobierno que disponía del aparato policial armado de los conjurados. 

Algunos no ven a la policía en las manifestaciones si esta no se sitúa enfrente, sino detrás. La conclusión resulta ahora fácil: en Alemania y en cualquier país civilizado estos hechos serían tratados como un delito grave y todos estarían provisionalmente en la cárcel. 

Solo un juicio en el país de los hechos podrá establecer los delitos cometidos en concreto y las responsabilidades de sus protagonistas: Hochverrat/Rebelión, Landesverrat/Landsfriedenbruch/Sedición o la conspiración para cada uno de los anteriores.

En definitiva, el juez ha detallado unos hechos que en España son constitutivos de rebelión o de sedición, y que en Alemania son igualmente constitutivos de delito –con independencia del título que lleven– con penas igualmente graves. Conforme al principio europeo de confianza mutua, que quiere decir que las resoluciones de los demás se han de respetar como si fueran propias, y a la Decisión Marco reguladora de la orden europea de detención, la entrega resulta obligada. 

Y no puede ser de otra manera, pues lo que la ley europea comporta es la exclusión de entregar solamente por delitos leves o por conductas que no son en absoluto delito, como sería el caso de una reclamación de Irlanda a Alemania por una interrupción del embarazo que –de momento– solo allí se considera delito."             (Luis Arroyo Zapatero, Almacén de Derecho, 10/07/18)

Catalunya, dividida El 46,7% de los catalanes a favor de la independencia, pero el 44,9% en contra

"El 46,7% de los catalanes cree que Catalunya debería ser un Estado independiente, pero el 44,9% está en contra mientras que hay un 6,7% que no lo sabe y un 1,6% que no contesta, según la última encuesta del CEO.
A la pregunta "¿Cree que Cataluña debería ser ..." el porcentaje es aún menor: un 38,8% opta por un "Estado  independiente", un 22,4% por "un Estado dentro de una España federal" y un 35 , 5% por "una comunidad autónoma". El 7,8% cree que "una región de España".               (e-notícies, 20/07/18)  


"La independencia no ha llegado nunca al 50%.

 Los partidarios de la independencia de Cataluña nunca han llegado al 50%, según indica el CEO. El estudio de la Generalitat señala que actualmente los independentistas son el 46,7% de la población. Pese a vencer por casi dos puntos a los unionistas (44,9%), los partidarios de romper con España siguen sin llegar a concentrar a la mitad de los ciudadanos de Cataluña.

De hecho, la mejor cifra para el independentismo se produjo en octubre de 2017, cuando se llevó a cabo el referéndum y la posterior declaración de independencia en el Parlament. Entonces contaban con el apoyo del 48,7% de los catalanes, según el CEO.

Ya en el siguiente barómetro, en abril de este año, esta cifra había disminuido siete décimas hasta el 48% y ahora, en julio, se ha rebajado hasta el mencionado 46,7%. Por el contrario, la cifra más baja para los independentistas fue la de junio de 2017, cuando eran el 41,1%."               (e-notícies, 20/07/18)

20/7/18

Llarena, ese pequeño hombre... Para esa vergonzante retirada por la puerta de atrás, más le valdría haber recibido la bofetada por delante: y que en Luxemburgo le hubieran dicho formalmente lo que es una evidencia: que no existe un espacio moral y político europeo y que por lo tanto no puede traducirse en una euroorden de esta naturaleza. Así, de esta catástrofe podría haber surgido, al menos, una profunda crisis europea

"La catástrofe se consuma: el juez Llarena retira la euroorden contra Carlos Puigdemont: Por lo que dice el periódico "Llarena destaca 'la falta de compromiso' del tribunal alemán con unos hechos que podrían haber quebrantado el orden constitucional español, y estima que con su decisión han anticipado un enjuiciamiento para el cual no tienen cobertura normativa, sin sujetarse ni a los preceptos de la Decisión Marco sobre la Orden de Detención Europea, ni a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, ni al Manual sobre la euroorden elaborado por la Comisión Europea".

Es un párrafo sorprendente: si a juicio de Llarena, el tribunal alemán no se sujeta a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea su obligación era apelar al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Pero España está llena de hombres pequeños. Y de toreros, como se sabe. De grandes toreros de salón.

 Que nunca rematan. Es probable que en Luxemburgo le hubieran partido la cara. Pero, al menos, solo la cara.

Para acabar de rematar sus incongruencias y sus pequeñeces, Llarena retira la euroorden en lo que afecta al resto de prófugos. O sea, admite que sus argumentos serían igualmente rechazados en Bélgica y Escocia que en Alemania. Que es lo mismo que decir en Europa. 

Para esa vergonzante retirada por la puerta de atrás, más le valdría haber recibido la bofetada por delante: y que en Luxemburgo le hubieran dicho formalmente lo que es una evidencia: que no existe un espacio moral y político europeo y que por lo tanto no puede traducirse en una euroorden de esta naturaleza. Así, de esta catástrofe podría haber surgido, al menos, una profunda crisis europea.

Lo que ahora queda es un Estado perplejo y humillado, con un juicio en el inmediato porvenir que ya ha sido juzgado."               (Arcadi Espada, El Mundo, 19/07/18)

Si los de IU se proclamasen "hispánicoconstitucionalistas y jacobinos" harían lo que históricamente han de hacer, ser útiles a millones de ciudadanos de las provincias vascas y catalanas

"(...) De “Matustschenko, mariner del Potemkin”:

En realidad, estas alturas de la vida, me interesa poco lo que pueda decir o venir de IU, politiqueos aparte. Lo digo en serio. 

Si estos de IU abreviasen con lo que decía sobre "somos, nada más y nada menos que rojas y rojos ...", y en vez de "federalistas" (que es lo que ahora predican, por desnortados y avergonzados ex-leninoautodeterministas   "ibéricos",   y   porque   ahora   es   la   cantinela   que   toca   ...)   se   proclamaran "hispánicoconstitucionalistas   y   jacobinos",   no   sólo   me   interesa   a   mí,   sino   que   harían   lo   que históricamente   han   de   hacer,   y   ,   por   ejemplo,   serían   -social   y   políticamente-   útiles   a   millones   de ciudadanas y ciudadanos de las provincias vascas y catalanas. 

Porque   yo,  camaradas,  y  a   fuerza   de  buscarme  la   ruina  entre   los   "míos",  confieso  que   soy  jacobino. Y soy jacobino en sentido republicano, a la Azaña, a la Negrín, a la Joseph Pérez, a la (¡glup!) De Gaulle, de  modo  que (algún  día)  todo el  mundo, en España, pueda  tener los  mismos  derechos  y los mismos servicios públicos (Sanidad, Escuela, Correos, y agua, gas, y electricidad, españolamente nacionalizadas). 

Quiero,   pues,   que   todas   las   personas   que   forman   la   ciudadania   española,   vivan   donde   vivan,   tengan derechos iguales. Cosas estas ¡ay¡ que no sostienen ni defienden las gentes de IU . .. (...)"                (Salvador López Arnal, Rebelión, 07/07/18)

Tabarnia (Barcelona+Tarragona) presenta un déficit fiscal de 4.659 millones de euros dentro de Cataluña, según un informe de CCC... o sea, Cataluña roba a Barcelona y Tarragona




" Uno de los grandes mantras del nacionalismo catalán era que España no publicaba las balanzas fiscales como sí hacían el resto de países europeos. 

Una vez se ha demostrado que la premisa no era cierta y que ningún Estado del continente las publica, desde el nacionalismo siguen denunciando una supuesta situación de agravio por un elevado déficit fiscal de la Administración central del Estado con Cataluña.

Con el objetivo de combatir esta otra premisa del nacionalismo, la entidad Convivència Cívica Catalana ha elaborado un informe que demuestra que la región ficticia de Tabarnia sufre un déficit fiscal de 4.659 millones de euros respecto a la Generalitat. “El déficit fiscal que tiene Tabarnia es similar al que tiene Cataluña con España”, explica a Crónica Global el coordinador del informe.

Se trata, en ambos casos, a una situación equiparable a la que existe en el resto de Europa entre las regiones más prósperas y las que menos. Y, aseguran, no tiene ningún elemento de "agravio" real más allá de la solidaridad interterritorial.

Cataluña roba a Tabarnia

De acuerdo con el informe, titulado Las balanzas fiscales dentro de Cataluña, la Administración catalana obtiene de Tabarnia el 82% de sus ingresos, pero sólo retorna a la región el 66% de sus gastos.

Tabarnia es la región más desarrollada, industrial y que más riqueza genera y, ateniendo a la lógica del nacionalismo, verían cómo todos sus esfuerzos se van a las zonas improductivas de la Cataluña interior. Este argumento, como todo el ideario que hay detrás de la idea de Tabarnia, saca a relucir las contradicciones del nacionalismo catalán. “La Generalitat no publica las balanzas fiscales que tanto reclama al Estado español, ocultan los flujos fiscales dentro de Cataluña”, sostienen.

Un tabarnés aporta 838 euros más

Los ciudadanos y empresas de Tabarnia aportan 23.843 millones a las arcas catalanas. Sin embargo, el Govern únicamente destina 19.184 millones en gastos e inversiones. En términos per cápita, de media cada tabarnés aporta al Govern 838 euros más de lo que recibe.

El informe también pone de relieve que las comarcas que conforman Tabarnia representan un 78% del PIB catalán, pero en infraestructuras reciben menos de la mitad (47%): “El Gobierno catalán incumple claramente esa regla dentro de Cataluña en la distribución de sus propias inversiones, de modo que las comarcas más dinámicas obtienen un retorno en una proporción sustancialmente por debajo de su PIB", explican.

La misma metodología

Los autores del análisis explican que han utilizado la misma metodología que emplea el nacionalismo catalán para calcular su déficit fiscal respecto al Estado central. No obstante, destacan que hay “más información a nivel autonómico” que a “nivel provincial”.

Su conclusión principal es que existe una “transferencia fiscal” muy relevante desde Tabarnia hacia la Cataluña interior y que, en términos relativos, genera "un déficit fiscal equiparable al de Cataluña dentro de España”. Insisten en que su objetivo es sacar a relucir las “incoherencias” del nacionalismo, que tampoco da a conocer ni comparte sus balanzas fiscales internas."          (Crónica Global, Laura Fábregas, 19/07/18)


"En los últimos tiempos ha aparecido un concepto nuevo en la política catalana, que ha ido cobrando fuerza tanto en medios de comunicación como en redes sociales.

Se trata de Tabarnia, un territorio que agruparía a las comarcas de Cataluña en torno a las ciudades de Barcelona y Tarragona caracterizadas por un mayor nivel de desarrollo industrial y población urbana junto con un menor porcentaje de voto nacionalista.

Convivencia Cívica Catalana (CCC) analiza en un informe algunas de las principales variables a nivel económico de este territorio, incluida su balanza fiscal con el gobierno de Cataluña.

Una de las principales conclusiones del análisis efectuado es que la administración catalana obtiene de Tabarnia el 82% de sus ingresos pero destina a este territorio sólo el 66% de sus gastos.

Ello significa, en términos relativos, que el gobierno catalán impone a Tabarnia un déficit fiscal más elevado que el de Cataluña dentro de España.

En valores absolutos, Tabarnia presenta un déficit fiscal de 4.659 millones de euros dentro de Cataluña. Sus ciudadanos y empresas aportan al gobierno catalán 23.843 millones pero solo reciben de él en gastos e inversiones 19.184 millones.

En términos per cápita, de media cada ciudadano de las comarcas que componen Tabarnia aporta al gobierno de Cataluña 838 euros más de lo que recibe.

El estudio de las balanzas fiscales dentro de Cataluña evidencia en términos generales que el gobierno catalán extrae recursos de forma significativa desde las zonas no nacionalistas de Cataluña para transferirlos hacia las de voto más nacionalista.

Por otra parte, el análisis también pone de relieve que las comarcas que conforman Tabarnia aportan más de tres cuartas partes del PIB de Cataluña (en concreto, un 78%), pero reciben menos de la mitad (47%) de las inversiones reales del gobierno autonómico de Cataluña en materia de infraestructuras.

Se trata de una diferencia muy sustancial: 30 puntos porcentuales por debajo de la aportación al PIB. Ello es políticamente relevante ya que, como es conocido, una de las principales exigencias del gobierno catalán al gobierno central es que invierta en infraestructuras en Cataluña en una proporción igual al PIB de Cataluña dentro de España.

Sin embargo, el gobierno catalán incumple claramente esa ‘regla’ dentro de Cataluña en la distribución de sus propias inversiones, invirtiendo en las comarcas más dinámicas económicamente en una proporción sustancialmente por debajo de su PIB.

Convivencia Cívica Catalana lamenta “que el ejecutivo autonómico catalán se niegue a publicar las balanzas fiscales de las provincias y comarcas catalanas”.
“No parece coherente reclamar transparencia para conocer los flujos fiscales dentro de España mientras se oculta esa misma información dentro de Cataluña”, concluye esta entidad cívica."          (El Catalán, 19/07/18)

19/7/18

Director de e-notícies: ¡durante el franquismo la mayoría de catalanes eran franquistas!

"El presidente Torra lo ha vuelto a hacer. Después de su reunión con el presidente flamenco ha afirmado, tras la denuncia del fotoperiodista Jordi Borràs, que “no puede pasar que el fascismo corra impune por las calles de Catalunya” y que “Europa no entiende nada de lo que está pasando con este revival franquista”.  (...)

El presidente ha aprovechado el incidente para volver a vender la idea de que, en Catalunya, estamos rodeados de fascistas. Es un mensaje que emana desde las altas instancias del Govern y del que TV3 y Catalunya Ràdio hacen correa de transmisión.

A mí, francamente, no me lo parece. Como cuando decían que España es una dictadura. No veo controles militares por las calles, gente encañonada en las esquinas o tanques desplegados por el centro de la ciudad. Supongo que los miles de turistas que nos visitan tampoco percibirán la “crisis humanitaria” de la que hablaba un día en el Parlament. Aquí nos va más bien el tapeo, la cañita, las aceitunas.

Pero da igual. La portavoz del Govern, Elsa Artadi, ya dijo la semana pasada en rueda de prensa que “hay violencia por entornos fascistas en Catalunya”. Cuando le pregunté si no confundían a todo el que va con una bandera española con una facha me dijo que no, que sólo “los que van a manifestación y levantando el brazo”.

Cayó en la trampa: ¿Ustedes han visto muchos saludos fascistas en manifestaciones de SCC? Yo cubrí la del pasado 29 de octubre en Barcelona -aquella en la supuestamente había un millón de personas- y no vi ninguno. Es que ni una miserable bandera con el aguilucho para llevarme a la boca.

El problema es que no som un sol poble como creían en Palau y a alguien hay que echarle la culpa de los tropiezos del proceso. No se la van a echar a ellos mismos. No lo han hecho nunca.

¡Ahora han salido antifranquistas de debajo las piedras!  (...)

Vamos a dejar las cosas claras en otro punto: ¡durante el franquismo la mayoría de catalanes eran franquistas!. Como en el resto del Estado, por otra parte. Un régimen como aquel no podría haber aguantado durante 40 año sin el apoyo de las clases medias. Les dio estabilidad y progreso. El famoso 600.

Y para retroceder un poco más: en la batalla del Ebro había catalanes a un lado y otro de primera línea. Aunque en uno los curtidos del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat y en el otro los pobres chavales de la quina del Biberón. En cuanto les pegaban un tiro pedían por su madre. Eran unos críos. Ya podría haberse ahorrado Negrín la ofensiva. ¿Total, para qué?.

Un franquista ilustre, José María Fontana (1911-1984) hasta dedicó un libro a la participación catalana en el bando franquista: “Los catalanes en la Guerra de España” (Barcelona, 1951). Muchos años después, el escritor y entonces diputado de ICV Ignasi Riera hizo otra aportación bibliográfica -sin voluntad de comparación- con su “Els catalans de Fanco” (1998). 

Créanme, había un montón.

En realidad, los hijos de la burguesía catalana se hicieron de izquierdas porque sus padres eran de derechas. Y entonces ser de derechas era ser franquista. La desaparecida Esther Tusquets (1936-2012) describe este peculiar fenómeno en un libro delicioso: “Habíamos ganado la guerra” (2007).

Todavía recuerdo una entrevista de L’Avenç al editor Xavier Folch -editor, factótum del PSUC y director del Ramon Llull con el tripartito- en octubre del 2010 en la que explica que nació en Burgos porque su familia era “anti-republicana”. Todavía le duele. No dice “franquista”, dice “anti-republicana”.

Quizá recordar por último que las tropas de Franco entraron en Barcelona sin pegar un sólo tiro. En Madrid al menos tuvieron la gentileza de aguantar hasta el golpe de Casado. Aunque después de tres años de guerra, hambre y bombardeos era comprensible. Franco murió entubado pero en la cama. Los portugueses al menos hicieron una revolución para derrocar la dictadura."                       (Xavier Rius, director de e-notícies, 17/07/18)