26/4/18

Yo tengo amplias dificultades para hablar del tema con amigos y familiares independentistas, porque no hablamos la misma lengua y falta un mínimo de racionalismo. Es imposible sentarse a dialogar así...

"(...) Cien años después, el político español Artur Mas inició el denominado en catalán como «procés», cuya oda al absurdo habría hecho palidecer a Kafka. «En Cataluña ya no se sabe lo que está ocurriendo o lo que va a pasar», apunta el historiador Jordi Canal (Olot, 1964), que acaba de publicar «Con permiso de Kafka: el proceso independentista en Cataluña» (Península Atalaya). Sin desenlace aparente, Canal es uno de los muchos intelectuales catalanes que se han hartado de que usen su silencio en su contra. 

¿Qué tiene que ocurrir para que termine el «procés»?
Hay que actuar con la Constitución y con la Ley, pero si la oposición al independentismo quiere ganar la batalla hay que ir más allá. Hay que hacer un trabajo de explicar lo que está ocurriendo en Cataluña fuera y dentro de nuestras fronteras. Es responsabilidad del Gobierno, pero también de la oposición, de los intelectuales y de toda la sociedad. 

España ha tenido una excesiva confianza en que quien tiene la razón no debe entrar a explicar las cosas. Gracias al silencio de la otra parte, los nacionalistas han ganado una y otra vez. Han construido con mentiras un discurso positivo, creído y atractivo. Una religión.

¿El silencio favorece al mentiroso?

Tu silencio es tu debilidad. El nacionalismo ha creído que el silencio del Estado español, la no respuesta judicial y política, era un signo de debilidad. Por eso, el año pasado los independentistas se sorprendieron tanto con la fortaleza del Estado.

 Pensaban que la aplicación del 155 iba a ser algo de grandes dimensiones... En este sentido, no hay que olvidar que el nacionalismo catalán tiene aires de superioridad. Se creen más modernos, más listos, más democráticos e incluso más ricos que el resto de España.

En su libro denuncia la perversión del lenguaje que vienen realizando los nacionalistas.

Hay un trabajo de construcción de una nueva lengua. Son tramposos con las palabras. (...)


Puigdemont habla de dialogar, pero, ¿a qué se refiere? ¿Sobre qué bases se va a dialogar? Yo tengo amplias dificultades para hablar del tema con amigos y familiares independentistas, porque no hablamos la misma lengua y falta un mínimo de racionalismo. Es imposible sentarse a dialogar así.


También dicen que su «revuelta» no es violenta.

El «procés» está entrando ahora en una vía de violencia física, con una kale borroka a la catalana. Sin embargo, hay que preguntarse qué entienden por violencia. Ellos cuando afirman que no ha habido violencia se refieren a violencia física. Pero violencia también es cuando, en 1993, empezaron a señalar a historiadores, a mí por ejemplo, como autores al servicio del Estado. 

La creación de listas negras, el pintar un lazo amarillo delante de la casa de alguien para señalar que es enemigo de la patria, intimidar, excluir a la gente en su comunidad... Eso también es un tipo de violencia. Ya hemos visto lo que pasa cuando se marca a la gente, lo vimos con ETA y en los años 30 cuando se señaló a una minoría en Europa.

En su libro desmiente que lo que ocurre en Cataluña tenga algo que ver con 1714 u otros episodios.

Soy muy reacio a ver continuaciones de larga duración en las sociedades. Nosotros los catalanes no tenemos casi nada en común con los catalanes de 1714. Es una invención como muchas otras del nacionalismo. Sí tenemos nexos con la Cataluña de la República e incluso la de finales del XIX, pero no con una sociedad medieval o moderna. Cataluña como estado y como nación no ha existido nunca.

Pero el nacionalismo defiende que Puigdemont es el 130 presidente de la Generalitat.

Sí, otra mentira. Porque no ha habido 129 presidentes antes. Eso forma parte de la reinvención de la historia de Cataluña. El nacionalismo ha sabido convencer a los historiadores de que trabajasen en crear esta historia mitológica. Proclamar que hubo una Cataluña como estado y como nación en la Edad Media; y además hacer creer que era algo institucional y democrático. Se buscan continuaciones justificadoras del momento presente.

Un discurso diferenciador, que también intenta ligar con la vieja Leyenda Negra en Europa. Es lo que estamos viendo ahora con esas discusiones en Alemania, con esa facilidad para decir que hay un déficit democrático y legal en España. Se proclaman como más democráticos que el resto de españoles.

Lo que sí es distinto respecto a la historia de otras regiones españolas es el éxito allí del nacionalismo periférico.

El nacionalismo catalán surge a finales del siglo XIX debido a tres factores. 

Primero; un momento propicio, con la Guerra de Cuba, la crisis industrial en Cataluña, atentados anarquistas, crisis de las Restauración.

 Segundo; por cierto fracaso español en el proceso de la nacionalización de sus propias sociedades. 

Tercero; aparición de una serie de intelectuales, empresarios afectados por la crisis catalana, clases medias, que hacen una apuesta por un nacionalismo excluyente. El problema ha estado abierto desde la Restauración hasta hoy en día."                  (Entrevista a Jordi Canal, César Cervera, ABC, 12/04/18)

Carles Sastre: "Non se pode entender o ‘procés’ sen a crise económica. Nunha situación de abundancia, por dicilo así, non habería ‘procés’"

"(...) - Non se pode entender o ‘procés’ sen a crise económica. (...)

A crise pon en evidencia unha serie de cuestións, racha a autopercepción da clase media, o ascensor non sube e calquera persoa é susceptíbel de ir cara ao piso de abaixo. Acabou a idea de que os fillos vivirían mellor que os pais, acabou a idea de estabilidade social e económica. Dáse unha precarización da clase media. 

Sen esta crise das clases medias non se explica o fenómenos do ‘procés’. Por que? Porque a nivel de rúa chégase á conclusión que a xestión da crise que fai o Estado español é absolutamente contraria aos intereses da xente: os recortes que se fan, a dependencia dunhas clases sociais puramente extractivas, o abandono de infraestruturas importantes en Catalunya como as redes de transporte de proximidade, que son chaves para o día a día da xente… O modelo de Estado non serve, esgotouse e iso está na rúa.

Nunha situación de abundancia, por dicilo así, non habería ‘procés’. 

Así que hai unha lectura de clase. Por que se produce agora e non antes? Hai elementos, claro, como o recurso ao Estatut mais a mobilización grande vén da sensación de que non hai proxecto social posíbel dentro de España, non hai nada. 

O que se albisca como unha posíbel saída é coa independencia. De aí ven o auxe independentista: nunha situación de desesperanza, o único elemento que positiviza é este. E isto interesa ou non interesa á clase traballadora? Eu entendo que si.  (...)"          

 (Entrevista a Cales Sastre, secretario xeral da Intersindical-CSC (Confederación Sindical Catalá) , X. M. Piñeiro, Sermos Galiza, 23/04/18)

Entraste retumbando en mi clase de 7º de EGB una mañana de mayo cuando asesinaste a tres personas. Todavía recuerdo el momento en que temblaron los cristales y la clase quedó en silencio. Finalmente te marchas, ETA. No te echaré de menos. Has servido para muchas cosas. Ninguna buena...

"Anuncias, ETA, que te disuelves el primer fin de semana de mayo en un acto que realizarás en Francia. Supongo que te habrá decepcionado ver que tus palabras han pasado casi desapercibidas y que ya no abres informativos ni ocupas portadas. Y espera que esto no es nada. 

Hay gente que ya está viva y es capaz de hablar y pensar por sí misma que apenas sabe nada de ti, ni le importas nada. No te preocupes, es lo que sucede cuando te mueres. Alguien que durante tantos años ha estado llevando a otros la muerte no debería sorprenderse. Para ti hace tiempo que ya comenzó el olvido.

Y, sin embargo, debo reconocer que has formado parte de mi vida. Estás presente en mis recuerdos de infancia, juventud y vida adulta. Participaste de mis veranos. Recuerdo perfectamente el calor y las ganas de comer viniendo de la piscina mientras la radio en la cocina informaba un día tras otro de que habías matado ahora un guardia, ahora un militar, ahora un policía. 

Mi madre jamás apagó la radio para que no escucháramos aquello. Eran otros tiempos y los progenitores no pretendían esconder la vida —y la muerte— a sus hijos. Ahora cambiamos de canal no vaya a ser que los niños se traumaticen. Tal vez por eso antes queríamos desde pequeños ser periodistas y ahora aspiran a probadores de videojuegos.

Entraste retumbando en mi clase de 7º de EGB una mañana de mayo cuando asesinaste a tres personas, Antonio Tevar, Antonio Noguera y Manuel Ruiz Taboada. Y casi lo logras con Joaquín Valenzuela. Todavía recuerdo el momento en que temblaron los cristales y la clase quedó en silencio.

Me acompañaste en COU una fría mañana de 1986. Entonces esperaba en casa a un compañero para ir a clase. Mataste a cinco personas: Juan Carlos González Rentero, Juan Mateo Pulido, Juan Catón Vázquez, Vicente Javier Domínguez González y Alberto Amancio Alonso Gómez. De nuevo los cristales temblaron, aunque menos.

Estudié la carrera en un lugar que tu consideras tu feudo pero donde entonces no tenías el poder de la calle. Nada más llegar mataste en Hipercor, pero a esas noticias ya estaba acostumbrado. Crecí con ellas. Lo que no conocía era tu cara social. Las calles separadas, los grupos separados, las fiestas separadas. Se podía vivir de espaldas a ti siempre que no fueras al bar equivocado. “Si entras ahí te revientan”, le advirtieron una vez a un compañero con acento andaluz. Lo de Alsasua no es nuevo.

Pasaron los años, seguí viviendo y tú también. La primera vez que me manifesté fue cuando tú asesinaste a Miguel Ángel Blanco. Una mañana de 2000, cubriendo un conflicto armado, me enteré de que habías asesinado a un familiar de un buen amigo y a otras dos personas. José Francisco Querol, Jesús Escudero y Armando Medina. Al final la guerra siempre estuvo en casa.

Dicen que no has servido para nada. No estoy de acuerdo. Has servido para amordazar, obligar a mirar hacia otro lado, hacer callar, acobardar, hacer sufrir, indignar, dividir, despreciar, insultar, difamar, desunir... Te has apropiado de una lengua inmemorial y lo intentaste con las cadenas navarras milenarias.

Por fin, ETA, te vas de mi vida. No te echaré de menos."                 (Jorge Marirrodriga, El País, 20/05/18)

El Estatut no respondía, en 2003, a una demanda de la sociedad catalana, sino a las necesidades de la propia clase política. En primer lugar, a las del propio Maragall, que quería mostrar que era tan nacionalista, o más, que Pujol...

"(...) El proceso ha dejado dos Cataluñas bien distintas y en colisión. No resultará sencillo volver a convertirlas de nuevo en una única Cataluña. Se tardará mucho tiempo. Quizás ya nunca más se pueda hacer…

- ¿Pujol plantó la semilla?

Se podría decir que plantó una semilla, la de la nacionalización, que dio más frutos de lo esperado y que se descontroló como consecuencia de las circunstancias vividas a principios del siglo XXI.

- También afirma que Maragall “tampoco está exento de responsabilidad” y que el Estatut abrió la caja de Pandora

Se creó un problema nuevo. El Estatut no respondía, en 2003, a una demanda de la sociedad catalana, sino a las necesidades de la propia clase política. En primer lugar, a las del propio Maragall, que quería mostrar que era tan nacionalista, o más, que Pujol, y dejar atrás las acusaciones de sucursalismo y de ser “malos catalanes” que el pujolismo dirigió al socialismo desde la época del caso Banca Catalana. 

A Esquerra, la reforma del Estatut le permitía utilizar su peso en el gobierno tripartito para avanzar en la extensión del independentismo. Y, desde la oposición, a CiU le daba alas tras la dolorosa derrota de 2003. Inventaron entre todos un problema que acabó por escapárseles de las manos. No puede olvidarse que, desde 2004, el PP no salía del asombro de la derrota y el PSOE del de la victoria. 

Un cóctel político que, con la llegada de las crisis de 2008 –económica y financiera, pero también de sistema político, generacional y moral-, acabó explotando. Antes de la sentencia del Constitucional, en 2010, la situación de enfrentamiento y crispación era ya muy preocupante. 

La estrategia de elaboración de un Estatuto que todos sabían que era anticonstitucional no fue gratuita, sino muy bien pensada. La movilización por la vía del agravio y el victimismo no faltó y fue exitosa, acompañada de recogidas de firmas y boicots comerciales desde otros sectores. 

Este tipo de reformas son muy delicadas y no pueden plantearse con irresponsabilidad y frivolidades. (...) "                        

(Entrevista a Jordi Cañas, profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París (EHESS), Xavier Rius, director de e-notícies, 20/04/18)

24/4/18

Los secesionistas manifiestan sus posiciones y ostentan colores amarillos en la empresa privada o pública. Los federalistas, o los no secesionistas no pueden. No tienen libertad para ello

"(...) 8. No conozco a ninguna persona secesionista que trabaje en instituciones públicas que no pueda decir lo que piensa y actuar en consecuencia, incluso en horario de trabajo. La afirmación es falsa si pensamos en ciudadanos no secesionistas (a excepción de héroes y heroínas).

En las empresas e instituciones privadas, casi pasa lo mismo. 

Los secesionistas manifiestan sus posiciones y ostentan colores amarillos (como los sindicatos ibidem); los federalistas, o los no secesionistas en general, no pueden. No tienen libertad para ellos. (...)"                 (Salvador López Arnal , Rebelión, 21/04/18)

ETA mató y luchó contra la democracia




"¿Qué supone para mí el final de ETA? Esa es la maldita pregunta a la que me enfrento a mis 30 años. Lo primero que me sale responder es que no lo sé. Demasiadas sensaciones, demasiados recuerdos se amontonan en mi cabeza. También, por qué no decirlo, cierto sentimiento de desazón, porque ya nos tienen acostumbrados a las falsas expectativas. (...)

Llorar porque pienso en lo muchísimo que sufrió mi familia el día que se hizo realidad algo que siempre temieron que pasara: que mi tío, hermano de mi abuela, fuera asesinado. El 19 de octubre de 1993 dos terroristas, uno de ellos identificado como Juan Luis Aguirre Lete, le dispararon doce veces: siete balas alcanzaron su cuerpo.

 Le remataron en el suelo, a pocos metros de su casa. Por aquel entonces mi tío, Dionisio Herrero Albiñana, era general de división de Sanidad del Ejército del Aire. Nunca quiso guardaespaldas, pese a que estaba amenazado. Quería vivir con la máxima normalidad, disfrutando, como hacía, de curar a la gente, de su familia y de sus amigos.



Su recuerdo me vino a la mente de inmediato el día que ETA anunció que iba a desarmarse. Esa noticia también provocó en mí la necesidad inmediata de hablar con mi madre y con mi abuela. Las admiro profundamente por cómo llevaron y llevan el asesinato. Sucedió en la década de los 90, cuando todavía sonaba aquello de "algo habrá hecho". Félix Ovejero recordaba con maestría en una columna de El País aquella etapa, cuando coleaban los "supuestos morales implícitos en el retintín: ETA administraba justicia; algo peor: era infalible". 

Por aquel entonces la gente también tenía miedo. Recuerdo lo que me impactó cuando mi madre me confesó que muchos de sus compañeros sólo se atrevieron a darle el pésame en privado, cuando nadie les veía. O incluso en el cuarto de baño del trabajo. Nadie de mi familia ocultó ni quiénes eran ni lo que les habían hecho.



Mi madre no nos contó de inmediato lo que había pasado. Mi hermano y yo teníamos cinco y siete años, por lo que creyó que era mejor que no supiéramos, al menos en ese momento, que era ETA la que se había llevado a mi tío, la que había destrozado nuestra familia.

 Pero por aquel entonces, antes de ser consciente de lo que había pasado, yo ya vivía con miedo. Recuerdo cómo era incapaz de dormir cada vez que veía en los balcones los pocos crespones negros que la gente se atrevía a colgar cuando ETA volvía a matar. Me quedé petrificada la primera vez que vi a aquellos señores encapuchados exigiendo ante las cámaras sus objetivos.

 Todo aquello me daba tanto, tanto miedo, que le decía a mi hermano pequeño que no pasaba nada porque nunca matarían en Alcalá de Henares, donde vivíamos, "porque era una ciudad que no salía en el mapa". Él no me decía nada. A veces pienso que sabía que, por mucho que yo fuera su hermana mayor, no tenía ningún sentido lo que le estaba diciendo y que, en realidad, me estaba protegiendo a mí misma.



Por eso el final de ETA para mí también es felicidad. La que surge dentro de mí al pensar que nuestros hijos no tendrán que vivir con ese miedo. Habrá otros, sí, pero no el de ETA.

Y luego está lo que significa para mí que mataran a mi tío.

 Cuando me lo contaron mis padres, mi abuela me dio todo lo que había guardado de aquellos días: recortes de periódicos, grabaciones del telediario y el maletín que su hermano llevaba cuando le asesinaron. Recuerdo a la perfección lo paralizada que me quedé al ver a Ana Blanco contando en el telediario cómo había sido asesinado Dionisio Herrero Albiñana. Ahí estaba ella, esa periodista a la que tantísimo admiraba, contando cómo habían arrancado la vida a mi tío. 

Y fue ahí cuando pensé, por primera vez, que quería dedicarme al periodismo. Quería serlo para contar lo terrible que es el terrorismo. Para que nunca nadie más tuviera que quedarse solo, en silencio, después de que le hubieran arrebatado a un ser querido. Para contar la verdad.

Por desgracia, después del asesinato de mi tío vinieron muchos más. Otras 110 personas fueron asesinadas por ETA hasta que, en 2011, la banda anunció que no volverían a matar. Aquel día también lloré, pensé en las 829 personas asesinadas, en las mil y una treguas que nunca culminaron en la paz, en el temor que sentía a que lograran objetivos tan crueles como aquella Nochebuena de 2003, cuando intentaron volar un tren en Chamartín. 

Aunque en realidad lloraba con confianza cero en que cumplieran con su compromiso de no volver a matar. Hoy, 7 años después, esa sensación ha vuelto. Esa mezcla de angustia que parece que sólo se termina al romper a llorar, esa felicidad contenida, esa ilusión por que vivir en paz llegue a nuestro día a día.


Y, en definitiva, la satisfacción de saber que, de alguna manera, el asesinato de mi tío tuvo algún sentido."                     (Laura Riestra  Redactora de El Huffington Post, Huf Post,07/04/17)

El racismo del “hogar de Breogán”


"El racismo supremacista ario es algo que no solamente está en las bases del nazismo, con Auschwitz como punto culminante, sino que también lo está en las del nacionalismo regionalista (catalanista, galleguista y bizcaitarra), tan bien asentado actualmente en las instituciones políticas españolas.

En el caso del galleguismo la vía de penetración del racismo más grosero (arianista) fue el celtismo.

El celtismo es un movimiento ideológico decimonónico, no exclusivo de Galicia, pero que el galleguismo va a utilizar como justificación del “hecho diferencial” gallego. Lo celta va a ser el núcleo a partir del cual Galicia, en la concepción nacionalista, quede recortada como realidad nacional fragmentaria (“sitio distinto”), y desconectada, incluso confrontada, con el resto de España. 

Una desconexión nacionalista respecto a la historia de España que se ha llegado a normalizar, en buena parte de la historiografía, y por la que la “Historia de Galicia” se ha convertido, en realidad, en una historia del galleguismo (la historia de Galicia entre los siglos XVI y XVIII -los llamados “siglos oscuros”- carece de interés para esta historiografía, es como si no existiera).

Fue en el libro Historia de Galicia, de Verea y Aguiar, publicado en 1838, en donde por primera vez aparece el celtismo como base reivindicativa del “hecho diferencial” gallego. Así lo advierte su autor en la dedicatoria inicial, dirigida al rectorado y claustro de la Universidad de Santiago, afirmando que su libro es “fruto de mis tareas en la vindicación de los derechos históricos de la respetable Galicia”. 

La impronta celta sobre Galicia es tal que el propio topónimo se debe, según Verea y Aguiar, a dicha influencia: “Galicia fue un pueblo, tan radicalmente céltico, que aún no pudo borrarse su nombre tan espresivo [sic] de aquella antigüedad; y por tanto participante de aquellas prerrogativas que constituyen grande la nación céltica” (Historia de Galicia, p. 15, Ferrol, 1838).

Alfredo Brañas, en su obra capital El Regionalismo, también va a reivindicar un “celticismo” que, impugnando a la escuela de Pezrón (que identifica a galos y a celtas, siendo Francia su cuna), defiende el origen peninsular, castizo, de los celtas de España. A esta escuela pertenecen Masdeu, Larramendi, Sabau, así como también, precisa Brañas, Verea y Aguiar, Vicetto y Murguía: 

“Después de leer a Verea y Aguiar, Martínez Padín , Murguía, Huerta, Vicetto, y en general a todos los historiadores gallegos […] no admite discusión que ya en aquellas remotas edades latía en el corazón de los gallegos el sentimiento regionalista, germen del vigoroso y lozano espíritu patriótico que hoy nos anima y reconstituye, a pesar de nuestras miserias y debilidades” (Alfredo Brañas, El Regionalismo, ed. La Voz de Galicia, 1981, pp. 224-225).

Ahora bien, será sobre todo de la mano de, precisamente, Vicetto y Murguía (desde la “cova céltica”, en la que se reunían en La Coruña), en sus correspondientes Historias de Galicia, como el mito del celtismo adquirirá ya tintes racialistas supremacistas en relación al resto de España, representando Pondal, en este sentido, la completa apoteosis reivindicativa del celtismo hasta el punto de considerar a Galicia (así en el himno autonómico actual, con letra tomada de la Queixume dos Pinos de Pondal) como grey céltica, como la “nación de Breogán”, desconectada ab origen del resto de España y perteneciente, vía racial, al conjunto de “naciones célticas” del área de difusión “atlántica” (según la concepción posterior de Risco).

Un mito que ha valido pues, y sigue valiendo, para justificar la premisa fragmentaria fundamental del galleguismo: los gallegos son la “nazón descendiente de Breogán”, siendo así que cualquier otra influencia (íbera, semita, etc.) será vista como exógena, incluso hostil, sobre todo si proviene de “la meseta”, toda vez que Galicia se identifica íntegramente con la nación celta.

Breogán, por su parte, es una figura legendaria (que el evemerismo medieval quiso hacer real), procedente del libro Lebor Gabála (Libro de las Invasiones) perteneciente al ciclo mitológico irlandés -de ahí la toman, tamizada por Macpherson, Murguía y Pondal-, y en el que se narran las diversas oleadas emigratorias que van ocupando, in illo tempore, la isla de Irlanda. El libro de H. D’Arbois de Jubainville, El ciclo mitológico irlandés y la mitología celta (ed. Visión libros, 1986), sigue siendo de referencia obligada como análisis del Libro de las Invasiones y su interpretación desde el evemerismo medieval.

Un mito céltico, por lo demás, cuyo supremacismo racial engranará (en el galleguismo) con el mito antisemita de la raza aria, buscando con su cultivo el que Galicia no se degrade, así lo dirán Murguía, Pondal, Risco sin tapujos, dejándose arrastrar por el predominio de castas inferiores (negros, bereberes, semitas) propias de otras regiones españolas (fuertemente contaminadas de semitismo):

 “Y es que esta raza [la gallega], que por una serie de circunstancias forma en España el pueblo sensato y pacífico por excelencia, digno por su misma sensatez de mejor suerte, está destinado a servir, con su cordura y pacíficos instintos, de contrapeso a las exageraciones y locuras de otros pueblos y otras razas revueltas y levantiscas, que llenas de la sangre semita que circula por sus venas, parece que viven en la civilización a despecho suyo, y que solo ansían volver a sus desiertos, a la soledad de sus tiendas y a la vida de la tribu, que es la única que les cuadra, comprenden y practican” (Manuel Murguía, en la revista La Ilustración Gallega y Asturiana, 1879).

En esta misma línea, por si no quedaba suficientemente claro, concluye Murguía su discurso de los Juegos Florales de Tuy, en 1891, diciendo que hay que extirpar de España a la “raza semítica” en tanto que obstáculo para homologarnos con los “hombres europeos”: “Pensemos que no en balde tenemos en Galicia los restos de aquel celeste guerrero [Santiago Matamoros], enemigo de la gente de Mahoma. 

Hombres europeos, hombres de Cristo, la victoria es para nosotros. Los hombres del Corán, los semitas que aún van errantes como sombras por las tierras de España, solo importan porque son un peligro o un estorbo. He dicho” (Risco, Manuel Murguía, Ed. Galaxia, 1976, p. 90).

En todo caso, sin duda, será Pondal quien lleve más lejos la “bardomía” celtista, autoproclamándose, con tanta solemnidad como arrogancia, bardo de la “nación gallega”, y expresando sin disimulos, en múltiples lugares, ese supremacismo racial de la raza gallega en unos términos bien directos y sinceros, de un maniqueísmo grosero y jactancioso. Así, en su poema titulado precisamente Da Raza (poema 22 de la colección Novos Poemas) dirá lo siguiente:

“Vosotros sois de los cíngaros,de los rudos iberos,de los vagos gitanos,de la gente del infierno;[…]Nosotros somos de los celtas,nosotros somos gallegos”.

El orensano Vicente Risco, por su parte, ya en la primera mitad del siglo XX, continuará en esta línea de exaltación de los valores arios de la raza celta e insistirá en el elemento rubio (“loiro”) como característica de la población gallega que, por su superioridad (así lo dice abiertamente), resiste cualquier tipo de infiltración de razas exógenas (íbera, romana): 

“sea por la mejor adaptación a la tierra, sea por la superioridad de la raza, lo cierto en que ni la infiltración romana, ni la infiltración ibérica consiguieron destruir el predominio del elemento rubio centroeuropeo en el pueblo gallego. La raza gallega sigue siendo la bella raza celta” (V. Risco, Teoría nacionalista, pp. 58-59, ed Akal, 1981).

E interpretando a Murguía, en una biografía que escribe sobre él y que será publicada, significativamente, en el año 1933, dirá Risco lo siguiente: “pero el predominio absoluto del elemento étnico europeo y nórdico en la población gallega tiene para Murguía una significación capital: venía a representar para él la superioridad de la raza gallega por encima de todas las demás de la Península” (Risco, Manuel Murguía, p. 29, Galaxia, 1976).

 Una superioridad que se cifra, de nuevo, en el carácter ario de la raza gallega, tal como se prueba, dice Risco, en las “últimas investigaciones” (refiriéndose con ello a Gobineau), y que Murguía había leído ya en sus “maestros arianistas”.

En definitiva, concluye Risco reexponiendo a Murguía, la regeneración de la vida peninsular vendrá de la mano de los “hijos de Breogán”, precisamente por su carácter ario y rubio, siendo así que “esto fundamenta la superioridad de la Raza Gallega en la Península, puesto que el predominio suevo-celta entre nosotros se opone al predominio del elemento moreno de origen africano en las otras regiones, especialmente del Duero y del Ebro para abajo” (Risco, Manuel Murguía, p. 33, Galaxia, 1976).

He aquí pues, concluimos, y creo que esta selección de textos habla por sí misma, los “padres fundadores” del nacionalismo gallego. Como tales se les conoce, y reconoce, hoy día."                          (Pedro Insua , profesor de Filosofía y autor de los libros ‘Hermes Católico’ y ‘Guerra y Paz en el Quijote’, El Español, 27/02/18)

Los obispos vascos y navarros piden perdón por sus “complicidades” con el terrorismo de ETA... pero, la iglesia vasca no se disuelve, ¿debería?

"Los obispos del País Vasco, el arzobispo de Navarra, y el prelado de Bayona (Francia) impusieron su voz respecto a la posición oficial expresada dos horas antes, en conferencia de prensa, por el portavoz de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo.

 “Somos conscientes de que se han dado entre nosotros complicidades y omisiones por las que pedimos sinceramente perdón”, dijeron. La declaración causó desolación entre varios prelados.

 Apenas cuatro horas después de que se conociera el comunicado de ETA, los tres prelados del País Vasco español (Bilbao, Vitoria y San Sebastián), más los dos de Navarra y el de Bayona emitían un largo comunicado, que muchos de sus compañeros reconocieron más tarde desconocer pese a que todos ellos asistían desde el lunes pasado a una asamblea plenaria en Madrid. Ni siquiera se esperaba el comunicado, lamentó uno de los presentes.

Lo cierto es que los obispos españoles han vuelto a hablar con sensibilidades distintas ante el problema del terrorismo etarra. Media hora antes del mediodía, el portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), José María Gil Tamayo, abandonó el plenario para afirmar, en primer lugar, la alegría por la anunciada disolución de ETA, con la severa advertencia de que toda “petición de perdón exige un compromiso de reparación”.

Apenas una hora más tarde irrumpió el largo comunicado firmado por el arzobispo de Navarra, Francisco Pérez González, los tres obispos del País Vasco (Mario Iceta, de Bilbao; José Ignacio Munilla, de San Sebastián; Juan Carlos Elizalde, de Vitoria), además de Marc Aillet, prelado de Bayona (Francia), y el obispo auxiliar de Pamplona, Juan Antonio Aznárez. 

“A lo largo de todos estos años, muchos de los hombres y mujeres que conforman la Iglesia han dado lo mejor de sí mismos en esta tarea, algunos de forma heroica. Pero somos conscientes de que también se han dado entre nosotros complicidades, ambigüedades, omisiones, por las que pedimos sinceramente perdón”, señalaron.

Inmediatamente, la posición oficial del episcopado pasó a segundo término y el foco se centró en ese párrafo. La disolución de ETA “es la victoria de la democracia y de toda la sociedad española”, había afirmado el portavoz de la CEE. “La gran tarea que queda es la reconciliación; es el trabajo más difícil, más costoso y que lleva más tiempo, el que exige más generosidad.

 La Iglesia ha ayudado y seguirá ayudando para que sea posible un clima de entendimiento y convivencia pacífica del pueblo vasco y la sociedad española. El sufrimiento no termina con una declaración de que ha acabado la pesadilla horrible, de sangre, de utilización de una violencia siempre maligna”, añadió.

Por su parte, los prelados del País Vasco, Navarra y Bayona consideran que la “deseada” disolución de ETA “ofrece nuevas posibilidades para la normalización” y defienden que es el momento de “atender las peticiones de los familiares de los presos inmersos en diversas necesidades humanitarias”. 

Recalcan también la importancia de que el “retorno de los excarcelados a sus lugares de origen se realice de forma que las víctimas del terrorismo no se sientan humilladas”, en referencia a los homenajes que ha organizado la izquierda abertzale para recibir a presos excarcelados.Los obispos vascos también muestran su solidaridad con todas las víctimas de la violencia y con sus familiares y, “de un modo especial”, con aquellos cuyos atentados no han podido todavía ser esclarecidos.

Las discrepancias del grueso del episcopado español frente a los prelados vascos viene de lejos, pero tuvieron su momento más delicado cuando en 2002 emitieron una pastoral advirtiendo contra la ilegalización de Batasuna. 

El entonces presidente Aznar calificó de inmoral la posición del episcopado, sin distinción, un conflicto que la CEE se vio obligada a zanjar haciendo su propia pastoral. Hasta el nuncio del Vaticano en Madrid terció en la disputa. No llegó a condenar la pastoral vasca, pero sí dijo que tenía “aspectos de inoportunidad”.            (Juan G. Bedoya, El País, 20/04/18)


 "La Iglesia vasca no se disuelve.

 (...) Coincidiendo con el anuncio de disolución de la banda de asesinos nacionalistas, los obispos del País Vasco, Navarra y Bayona emitieron este viernes un comunicado en el que piden perdón. Aunque no sé cómo lo sabe, el editorial de este periódico determinaba que era un «sincero perdón». 

El anuncio de la banda supone un importante progreso moral: por primera vez reconoce que algunos de sus asesinatos no estuvieron bien y pide perdón por ellos. O sea que ETA ya nunca pedirá perdón a todas sus víctimas. Hummm... Lo reconozco. Este titular deberá esperar quince días, que son los que faltan para que se produzca la disolución efectiva de la banda en el paisaje (¡pobre paisaje lo que le espera!) y su último comunicado, donde quizá lo dé todo.

El comunicado de los obispos vasconavarroiparraldes no anuncia su disolución (también debo ser prudente: a lo mejor quieren esperar quince días para coincidir con el brazo militar), pero la noticia que trae es sensacional. Una de las grandes noticias españolas del último tiempo. Está contenida en este párrafo: «Somos conscientes de que también se han dado entre nosotros complicidades, ambigüedades, omisiones... por las que pedimos sinceramente perdón». En todos los periódicos los titulares están mal puestos. 

Dos ejemplos: «Los obispos vascos se disculpan por sus 'complicidades' con el terrorismo». «Los obispos vascos piden también perdón por sus complicidades con ETA». Los titulares padecen de un efecto simpático. El adverbio del segundo permite advertirlo con claridad. También. El efecto está lógicamente condicionado por la sincronía. 

Y provoca la importante consecuencia de colocar a los obispos en el perímetro moral de los asesinos. Tal vez no andaba tan incierto el editorial del periódico como yo pensaba. Si los obispos han elegido pedir también perdón (y el mismo día) debe de ser una petición sincera, porque significa que aceptan ser parte de ETA, y entiéndase parte como debe entenderse, aunque en realidad me importa un rudo pimiento cómo se entienda. 

Vuelvo al centro. La petición de perdón de los obispos no es el titular que corresponde a esta fase de la formación social capitalista. El titular correcto y el que daría exacta noticia del asombro sería de este estilo: «La Iglesia vasca reconoce su complicidad con ETA». No aclara la Iglesia en cuál de las tres versiones descritas por el diccionario:

1. Que manifiesta o siente solidaridad o camaradería. Un gesto cómplice.
2. m. y f. Participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas.
3. m. y f. Persona que, sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos.

Es muy importante la versión de que se trate. La primera actúa únicamente en la esfera moral. Pero las dos restantes entrañan claras responsabilidades penales. Tal vez prescritas, pero indiscutibles. Ya comprendo que urgida por la pasión redentora la Iglesia vasca se haya comportado de un modo omnicomprensivo.

 Pero una vez descargada, a la imborrable manera de aquel Laín Entralgo, debería aclarar este punto. Y no hay que descartar que la Fiscalía pueda ayudarla. Pero no debo desviarme en consideraciones terrenales. Hay que volver a la magnitud exacta de la tragedia. Se puede calibrar leyendo el punto 4 del comunicado.

 Que dice: «Además del inmenso y prolongado sufrimiento infligido por la violencia, nuestro pueblo ha padecido un daño espiritual y social incalculable, provocado por las ideologías totalitarias e idolátricas que alimentaron el fenómeno terrorista. 

En el momento presente, nuestra sociedad tiene que afrontar el reto de la reconstrucción moral y de la reconciliación. La Iglesia quiere contribuir a esta tarea consciente de que la reconstrucción moral está en íntima conexión con los valores evangélicos». Es decir: la Iglesia vasca (sinécdoque) se adhirió a las ideologías idolátricas y traicionó los valores evangélicos sobre los que ahora pretende basar la reconstrucción moral de la sociedad vasca. Pas mal! Cada vez lo veo más como el periódico. Cada vez más sincero.

Explícito y bien titulado el reconocimiento de la idolatría, ya estamos mejor preparados para abordar la cuestión concreta del perdón y su sinceridad. Sobre el perdón yo he mantenido siempre con algunas víctimas la discrepancia contenida en uno de mis más célebres aforismos: «El problema de los que exigen perdón a ETA es que habrán de dárselo». Pero dejemos eso ahora. 

El perdón a los etarras ha concitado una vasta literatura. Por ejemplo: para la hipótesis de que ETA llegue a pedir perdón en forma, y aunque sea en el último minuto, se ha insistido siempre en varias condiciones previas. Casi todas tienen una textura de sinceridad y otras gelatinas que me resulta poco manejable. Pero una me ha parecido de interés: la obligación de que ETA aclare todos aquellos crímenes, con sus complicidades, que no han sido expuestos. Muchos asesinatos de la banda nacionalista son de autor desconocido

. Pero eso solo es la punta del hielo. Hay una hermética y terrible historia sumergida de ETA que solo ETA conoce y de la que debe dar cuenta. Entre las más elementales condiciones para el otorgamiento del perdón está el reconocimiento de la culpa. 

Y reconocer la culpa es, primero, exponerla en toda su dimensión. ¡Tenemos que saber de qué estamos hablando! Ni siquiera veo que se trate de una exigencia moral. Yo la veo puramente mecánica, lógica, sucesiva. Primero una cosa y luego otra.

O sea que ya se sabe por dónde muerdo. Después de la importante noticia, genérica, panorámica, que dio ayer la Iglesia vasca es el momento de entrar en los detalles. No debería amilanarle a la Iglesia el conocido refrán: «El diablo está en los detalles».

 Personas con más autoridad que el anónimo refranero, como Flaubert o Mies van der Rohe (©Los días y las frases) han sostenido que es precisamente el buen Dios el que está en los detalles. Hay que ponerse. He insinuado que la Iglesia vasca no parece tener intención de disolverse y dispone, así, de mucho más de quince días (y no hablemos si entra en liza su complicidad con lo eternal) para dar detallada noticia de lo que fueron esas complicidades. 

Nombres, apellidos, fechas, circunstancias, texto y contexto de su caída sin fondo en la idolatría. Como detalla la estupenda guía del Opus Dei, las imprescindibles 4C para una buena confesión:

Clara: señalar cuál fue la falta específica, sin añadir excusas.

Concreta: decir el acto o pensamiento preciso, no usar frases genéricas.

Concisa: evitar dar explicaciones o descripciones innecesarias.

Completa: sin callar ningún pecado grave, venciendo la vergüenza. (...)"                   (Arcadi Espada, El Mundo,22/04/18)

23/4/18

ETA: miserables hasta su final... pide perdón a los asesinados vascos... a los gallegos, a los madrileños, no. Terrorismo racista, de principio a fin. Reconocer que eres un imbécil que has perdido el tiempo miserablemente segando vidas ajenas debería ser el paso previo al suicidio. A buenas horas, mamarrachos...

 "Me reconfortó que un preso de ETA me pidiera perdón a la cara, pero lo de ahora solo es un papel”.

Josu Elespe estaba trabajando en Ataún (Gipuzkoa) el 20 de marzo de 2001 cuando recibió la llamada: "Ha habido un atentado". Trató de hablar con su madre, pero nadie contestó. Lo intentó con otro amigo: "Es tu padre", escuchó al otro lado del teléfono. Mientras recorría los 40 kilómetros que separan Ataún de Lasarte, lo oyó en la radio. Su padre, Froilán, estaba muerto. Fue el primer concejal socialista asesinado por ETA. 

Díez años y medio después se reunió personalmente con un preso disidente de la banda, adscrito a la llamada vía Nanclares, dentro del programa de encuentros entre presos y víctimas del terrorismo impulsado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. No vio a la persona que mató a su padre, pero un histórico de la organización le pidió perdón por lo ocurrido. La experiencia le sirvió; la vivió como algo positivo. 

Cuando leyó el comunicado de ETA del viernes en el que la banda lamenta el daño causado a lo largo de su sanguinaria historia y pide perdón a algunas víctimas, no sintió lo mismo. “Esto es solo un papel. Es mejor que nada, claro. Es un avance, pero no es lo que yo habría querido. Y hay cosas que no me gustan nada. ETA sigue justificándose”.  (...)

R. Chirría muchísimo la distinción entre víctimas relacionadas con el conflicto y las que no. A unas se les pide perdón y a otras no, incidiendo en la idea esta que maneja siempre ETA de que ha habido un conflicto con dos bandos en el que todos hemos sufrido, en el que todos de alguna forma hemos sido malos. Esto no es aceptable. Una banda terrorista ha matado gente durante 40 años, eso es lo que ha pasado. 

Y el dolor de los terroristas es sobre todo autoinfligido. En el caso de los presos ha sido buscado por ellos, que son los que han matado. El Estado les ha castigado por cometer un delito, simplemente. Si quieren pedir perdón, tienen que pedir perdón a todas las víctimas por igual y sin justificarse.

P. ¿Qué opina sobre la reflexión que hacen sobre la violencia?

R. En este punto siguen las contradicciones. Por un lado reconocen la responsabilidad directa de ETA en el dolor causado, pero luego añaden que “nada de todo ello debió producirse jamás o no debió prolongarse tanto en el tiempo”. Esto último le quita valor a todo lo anterior. Si dices que no debió prolongarse la violencia, de alguna forma estás justificando que en un primer momento fue necesaria. 

Hay varios puntos así en el comunicado, momentos en los que dan un paso adelante y otro atrás. También justifican su historial cuando mencionan Gernika. Además, critican la batalla del relato pero en realidad están defendiendo su propio relato, ese en el que ellos se han visto abocados a matar porque no había más remedio. Siempre quieren acabar con la dichosa idea del empate.

P. A usted un miembro de ETA le ha pedido perdón cara a cara. ¿Qué valor le da frente a este comunicado?

R. La diferencia es abismal. Cuando alguien acepta a hablar contigo cara a cara, en ese momento hay solo dos personas encontrándose, no es un discurso político preparado, es algo humano. La persona con la que yo me encontré había hecho un recorrido ético íntimo que me pareció sincero. Se enfrentó a ver el dolor que había causado de cerca, mirándome a los ojos, algo que no ocurre con este comunicado. 

De mi encuentro salí reconfortado. Tras leer este comunicado no siento nada. ETA dice esto ahora porque toca, porque es lo que tienen que decir en este momento, y ya está.  (...)

P. ¿Anima a los terroristas a pedir perdón personalmente?

R. Cuando la víctima esté dispuesta, que no todas lo quieren, claro. Les animo a pedir perdón cara a cara, les animo a mirarse dentro, a analizar su conciencia. Si quieren respetar a las víctimas, que se lo expresen en directo, desde un punto de vista humano, no de forma política a través de un papel. Esto ayudaría mucho a la convivencia. (...)

P. El caso de su padre, por ejemplo, es uno de los más de 300 crímenes sin resolver de la banda terrorista.

R. Solo ellos pueden ayudar en este tema. ¿Van a hacerlo, van a colaborar? La única posibilidad de saber qué pasó en estos casos está en sus manos."               (Mónica Ceberio, El País, 20/04/18)


"Qué menos que pedir perdón”.

(...)  Iñaki García Arrizabalaga, hijo de Juan Manuel García Cordero, delegado de Telefónica en Gipuzkoa, asesinado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas en San Sebastián en 1980: (...)

Si yo fuera hijo de un guardia civil, me sentiría ofendido. Pero me quedó con una frase: “Ojalá nada de esto hubiera sucedido”. Esto es importante, aunque sea una obviedad, porque se reconoce que esto nunca debió haber pasado, y se dice por primera vez. En vez de enorgullecerse, como hasta ahora, cambia el discurso. Pero, cuidado, tampoco los elevemos a los altares por este comunicado. ETA es la que ha causado este sufrimiento. Qué menos que esto”.

"No le doy valor después de todo lo que han hecho"

Ángel Chaparro, policía nacional reconocido como víctima del terrorismo. Se salvó de milagro de una bomba-lapa colocada en los bajos de su coche. Estuvo destinado en Bizkaia desde 1974 a 1987:

“En mi caso, a mí me da igual. No le doy valor a que pidan perdón después de todo lo que han hecho. Ahí está el caso de Alsasua. Ese mundo nos sigue odiando y nos va a seguir odiando siempre. Supongo que lo de pedir perdón es simplemente algo que les va bien en este momento”.

"Es la primera vez que hablan de perdón, y eso es una buena noticia"

Maixabel Lasa, viuda de Juan Mari Jáuregi, exgobernador civil de Gipuzkoa, asesinado el 29 de julio de 2000:

"Te genera sentimientos encontrados. Por un lado, es la primera vez que hablan de perdón como organización, y eso está bien, es una buena noticia. Por otro, hablan del sufrimiento de todos, incluyéndose, incluyendo a sus presos, cuando eso es algo que se han buscado ellos. No se puede comparar al dolor de las víctimas, que eran inocentes. 

A ETA le cuesta mucho decir que no tenía que haber existido. Qué menos que pedir perdón, claro, por el daño causado. No han conseguido nada con toda esa violencia. 

Me molesta también la distinción entre víctimas, que a unas les pidan perdón y a otras les ofrezcan respeto. Eso es terrible. De alguna manera, siguen justificando lo que han hecho. Supongo que por ejemplo mi marido está dentro de esta última categoría, la de los "enemigos" de Euskal Herria. 

Pero bueno, me quedo con que era un paso necesario, con que la convivencia en Euskadi ahora es mucho mejor, y a eso nos tenemos que agarrar. Espero que las generaciones futuras se queden con la idea de que el uso de la violencia no lleva a nada y está mal".

“Yo no puedo perdonar, porque me han destrozado la vida”

Hortensia Gómez, madre de Alberto Alonso, guardia civil asesinado por ETA a los 23 años el 25 de abril de 1986.

“No puedo perdonarles. ¿Cómo voy a hacerlo? Han destrozado mi vida y la de mi familia. Y ahora piden perdón, después de tantos años… Ni siquiera me lo creo. Seguro que quieren algo, no creo que sea de corazón, de verdad. Yo soy católica, pero cuando mataron a mi niño perdí toda la fe. Mi marido se murió un año y medio después del atentado, con 46 años. 

Mis otros dos hijos no han vuelto a vivir, están destrozados también. Yo tengo 75 años y sigo llorando, pensando en por qué me arrebataron a mi hijo, pensando que ahora tendría 55 años, el pobrecito. 

Sigo igual, como el primer día. Bueno, como el primer día no, porque el primer día ni te enteras. Pero no he conseguido superarlo y no puedo perdonar. Hoy, de hecho, me han amargado la mañana”.               (Mónica Ceberio, El País, 20/04/18)


"Aunque ya no pinte nada, pues el terrorista que deja de matar se convierte ipso facto en lo que siempre ha sido, un cazurro cerril e intolerante, ETA sigue intentando hacerse notar, aunque sea a costa de su demorada disolución. 

Ahora prepara una performance para despedirse definitivamente de su público y de sus víctimas, y previamente ha publicado una especie de manifiesto en el que pide perdón a la gente que mató --pero no a toda, solo a los que no tenían nada que ver con el conflicto-- sin reconocer que su actividad criminal, además de infame, no ha servido para nada

 Supongo que es muy duro darte cuenta de que has echado tu vida a los cerdos y que por eso se agarran los terroristas a la supuesta labor didáctica llevada a cabo durante varias décadas. Reconocer que eres un imbécil que ha perdido el tiempo miserablemente segando vidas ajenas debería ser el paso previo al suicidio.

 Y los etarras (y sus fans) quieren seguir viviendo y, a ser posible, seguir amargándoles la vida a sus vecinos, como quedó demostrado en el linchamiento de Alsasua que miles de miserables, congregados en manifestación hace unos días, consideran una simple reyerta de bar y no la muestra de odio que en realidad fue.

A las excusas a medias de la banda terrorista se han unido las del clero vasco, siempre tan comprensivo con sus gudaris de estar por casa. Ya lo dijo Savater hace años: en Euskadi, si no quieres que te maten, lo mejor es ser cura o del PNV. O las dos cosas a la vez, añado. Basta con leer la novela de Fernando Aramburu Años lentos para comprender la implicación de una parte de la clerigalla vasca en la poco edificante carrera de ETA. 

Ya solo falta que a la serie de excusas poco convincentes se una la sociedad vasca en pleno, en la que detecto mucha prisa por pasar página lo más rápido posible, una prisa mitigada por las víctimas de ETA, a las que pronto acusarán de generar alarma social por no querer participar en el gran acto de amnesia colectiva que propugna el PNV.

Tan duro como reconocer que te has pasado la vida haciendo el imbécil es admitir que has convivido con la miseria moral de tu sociedad durante un montón de años. Salvo cuatro gatos, triste es reconocerlo, el País Vasco se compone de ciudadanos en diferente grado de putrefacción moral: los asesinos, los que les aplaudían, los que no aprobaban sus métodos, pero los encontraban disculpables, y los que no estaban de acuerdo con la situación, pero callaban como muertos y seguían comiendo pintxos tranquilamente.

Tras las disculpas de los asesinos y sus curas, debería llegar la del País Vasco en pleno, que como sociedad se ha tirado décadas ofreciendo una imagen deplorable. Dudo que lleguen algún día esas disculpas, ese reconocimiento de la enfermedad moral sufrida durante demasiado tiempo. Me temo que triunfarán los partidarios de pasar página velozmente, como si los casi 900 muertos del conflicto fuesen un detalle menor y hasta inevitable. 

Y que el odio sobrevivirá y habrá más episodios como el de Alsasua, aunque la prioridad pública será el mantenimiento del injusto cupo, de ese chollo que, sin los muertos de ETA, tal vez habría pasado a mejor vida hace años. En cuanto a que haya que sobornar a una comunidad para que no abandone la casa común, más vale no darle muchas vueltas, pues resulta un pelín deprimente."          (Ramón de España, Crónica global, 22/04/18)

"(...) ETA, por vez primera, no sólo reconoce el daño causado a sus víctimas. Dice, incluso, que “nada de todo ello debió producirse jamás” o que “no debió prolongarse tanto en el tiempo”. Es un paso en su trayectoria. Pero llega con retraso porque la sociedad vasca, liderada por sus instituciones democráticas, ha avanzado mucho más en el reconocimiento a las víctimas y en el discurso político sobre ellas. (...)

El relato que ETA trata de imponer no se sostiene. La inmensa mayoría de la sociedad vasca y de los partidos que la representan saben que ETA no sólo no tuvo justificación sino que trató de desestabilizar las instituciones democráticas y autonómicas recién nacidas. 

La mayor cantidad de asesinatos se produjo en 1978, año de aprobación de la Constitución; en 1979, en que se refrendó el Estatuto; y en 1980, en que se formó el primer Gobierno vasco tras la Guerra Civil. ETA fue una de las excusas de Tejero para intentar el golpe del 23-F. Fue, además de terrorista, una organización reaccionaria, al atentar contra los avances democráticos de vascos y españoles. En su comunicado no hay autocrítica sobre ello.

Su comunicado muestra, también, insensibilidad en el trato a las víctimas al distinguirlas. Muestra “respeto” para “los muertos, los heridos y las víctimas que han causado las acciones de ETA”. Y las distingue de las “víctimas que no tenían una participación directa en el conflicto”, a las que pide “perdón”. Una distinción que ha generado malestar en las asociaciones de víctimas. También en la generalidad de la sociedad vasca, que no hace esas distinciones desde hace tiempo.

ETA va a desaparecer. Pero a la izquierda abertzale le queda una tarea importante en el reconocimiento del daño injusto causado a las víctimas y su relato. Es clave para afianzar la convivencia, la gran tarea pendiente de la sociedad vasca. (...)"                (Luis R. Aizpeolea, El País, 20/04/18)


"El perdón no me dice nada".

(...) Él es Josu Puelles, hermano de la última víctima de la organización terrorista en España, el policía nacional vasco Eduardo Puelles, asesinado en 2009. Es vicepresidente de Covite. Ella es Rosa Rodero, viuda del ertzaina Joseba Goikoetxea, que sufrió un atentado en 1993.(...)

 

¿Acepta el perdón de ETA? 

 

 Rosa Rodero: El perdón no me dice nada... Pero, bueno, me alegro de que se haya hecho. hasta ahora nadie ha sido capaz de hacerlo en este país. Es un pasito más para la paz en Euskadi. De todos modos, deja a algunas víctimas fuera y no me parece lógico.


Josu Puelles: Ni yo ni mi familia, como muchas víctimas, hemos solicitado el perdón de nadie. No queremos el perdón de la banda terrorista. Esto es hipócrita y cínico desde el punto de vista moral y ético. Enmascaran tras el perdón una retórica en la que hablan de unas víctimas que han de ser reconocidas y otras no. El perdón no es genuino, no es generalizado. (...)

 

ETA justifica su actividad por el bombardeo de Gernika.


R.R.: Me parece absurdo. Todo puede venir de la represión franquista y es cierto que esos señores nunca han pedido perdón, pero en la democracia ETA tuvo que haber desaparecido. No se hicieron las cosas y así nos ha ido. La memoria se tiene que escribir como se tiene que escribir.


J.P.: Es un delirio. ETA es el último reducto del franquismo. El único muro contra la libertad en el País Vasco en la democracia ha sido ETA. ETA no es una respuesta a la Guerra Civil. Es un delirio mezclar las cosas. Por eso, duele especialmente el 'totum revolutum' del plan de paz del Gobierno vasco, Aquí hay que focalizar en 858 asesinados y 50 años de terrorismo. (...)

 

¿Cómo espera que se produzca el final de ETA?


J.P.: ¿El final? Su objetivo ha sido derrocar la democracia, por lo que su final debería ser el acatamiento de la democracia. Y colaboración con la justicia. Que se aclaren 300 asesinatos pendientes de resolver, cosa que ETA en ningún momento se ha planteado. Lo demás será propaganda terrorista. (...)"                (Iker Rioja, diarionorte.es, 20/04/18)


 "Asociaciones de víctimas consideran "humillantes" e insuficientes las disculpas de ETA.

 (...) "Para ETA los asesinatos de guardias civiles, policías, políticos, jueces y periodistas están justificados en los términos en los que expresa su comunicado y quizás no está justificada la muerte de quien le dio una patada a una mochila que contenía una bomba", ha dicho Alonso, y ha añadido que "pretende escribir el pasado en términos de justificación de la actividad terrorista y repartir responsabilidades para diluir las suyas en lo que ha ocurrido". 

Entre otras cosas, ha añadido, "reconocer el daño causado es reconocer que se es una organización terrorista" y no una "organización socialista revolucionaria vasca de liberación nacional", como se autodefine.

 "No muestra arrepentimiento con la acción terrorista y pretende justificarla, la contextualiza y la enmarca dentro de un falso conflicto en el que equipara la acción legítima en defensa de la democracia y el Estado de Derecho con la acción criminal de una organización terrorista", ha sentenciado.

La eurodiputada de UPyD, Maite Pagazaurtundúa, también se ha alineado con este relato:

Es su historia del terror lo que ETA debe condenar sin esconderse más en manipulaciones. Evitan condenar su pasado tras “la teoría del conflicto”.

Para entender la letra pequeña del comunicado en el que no piden perdón todas las víctimas se puede recordar esta nota de la dirección de ETA “La vida de nuestros luchadores vale cien veces más que la de un hijo de un txakurra". Operación de propaganda para beneficiar a Otegi.