21/6/18

La pijería siempre ha sido muy dada a enseñar al populacho cómo debe hacer para integrarse. Ya el mismo término que usan "colonización lingüística" muestra su alto grado de ignorancia. Los colonizadores van a las colonias a robar lo que en puridad pertenece a los nativos. Que yo sepa, nadie de los trabajadores que vino a Cataluña hablando español robó el catalán, ni impidió a los catalanes hablarlo. Entonces ¿de qué colonización hablan?. Yo conozco gente que ha tenido que simular ir a votar el 1-O, porque si no quedaban señalados...

"Nos habíamos quedado en este punto. El proceso, desde su punto de vista, ¿está muerto y enterrado? Si fuera así, ¿cómo podemos/deberíamos seguir adelante en una sociedad, como la nuestra, que parece muy dividida por temáticas identitarias?

Nació muerto, el pobre. Pero ya se sabe que hay madres que se resisten a creer que su hijo ha nacido muerto, niegan la realidad. En Cataluña hay casi 2 millones de esas madres. Bueno, quizás ya menos, pero sigue habiendo. Siguen acunando el cadáver del bebé, cantándole nanas, incluso intentan darle el pecho, y eso que el pobre apesta, después de tanto tiempo fiambre. 

Allá ellas, eso sólo lo cura la psiquiatría. Respecto a cómo seguir adelante en una sociedad como la nuestra, la receta es muy sencilla: sigamos con nuestra vida como si nada. Se lo digo de verdad. 

¿A mi qué más me da que salga la iluminada de turno en TV3 -siempre en TV3- diciendo que "som república", o un prófugo de la justicia asegurando que "no ens rendirem"? No es sólo que no me preocupe, es que me importa un pimiento. No les pienso dar la satisfacción de tomarme en serio sus payasadas, simplemente me río de ellos en mis artículos.

 ¿Es que hay otra opción? ¿De verdad se puede escribir en serio sobre tales mamarrachos? Y a la gente que no escribe le recomiendo lo mismo, que se preocupe de las cosas importantes y no de esos capullos.

Algunas voces críticas opinan que el secesionismo realmente existente ha herido de gravedad al, por algunos, añorado catalanismo. ¿Es así en su opinión?
 
Me parece que ya le he dicho que el pueblo es gilipollas por definición. Antes le mandaban ser catalanista y ahora le mandan ser independentista. Y si mañana le mandan ser mexicano, todos esos que hoy gritan "independencia" se pondrán a cantar rancheras. Ni existía el catalanismo ni existe el independentismo, existe un atajo de borregos que va hacia donde le mandan. En Cataluña la tontería ni se crea ni se destruye, solamente se transforma.  (...)

Vuelvo a citarle: "Actos inútiles de consejeros inútiles nombrados por un presidente inútil, que tienen como único objetivo que salgan a TV3". ¿Por qué tanta inutilidad? Añado, insistiendo un poco, ¿qué papel cree usted que ha jugado TV3 en el que se suele llamar procesismo o ideología procesista?
 
Claro, es que me refería al acto del "traspaso de poderes" que fueron ha teatralizar a Bruselas o a la cárcel, dependiendo de donde estuviera alojado el conseller saliente. Ya me contará qué poder, o que papeles, le va a traspasar al nuevo conseller un preso o un fugado. Simple teatro para salir en TV3. Y salió, claro que salió. Vaya por delante que TV3 tiene excelentes profesionales, pero ya sabe: "que buen vasallo, si tuviera buen señor".

 No es sólo que el enfoque de las noticias en el TN sea totalmente sesgado -si los CDR atacan un acto que se celebraba, se le llama "enfrentamiento"- es que toda la programación está enfocada al procés. Hay espacios, como el "Preguntas Freqüents" o el 3/24, que si no ves nada más, acabas convencido que en el mundo no sucede nada en absoluto fuera del procés.

 ¡Pero si incluso nos han colocado a Pilar Rahola -por un pastón a pagar entre todos a tocateja- diariamente en un programa de sobremesa para marujas! Y conste que un programa para marujas es el sitio ideal para esta señora, el problema es que no se limita a hablar de la boda de su hija o de lo que cocina para su marido, que sería mucho más interesante que sus opiniones políticas. Pero bueno, supongo que de alguna manera hay que devolver los favores.

En otros artículos habla usted de la Cataluña profunda. ¿Qué Cataluña es esa? ¿A qué territorios y poblaciones se refiere? ¿Qué profundidad tiene esa Cataluña profunda?

La Cataluña profunda es la de los pueblos. También hay Cataluña profunda en las ciudades, pero se sobrelleva mejor. Me refiero a lugares donde todo el mundo se conoce y donde no llevar el lacito amarillo que te acredita como catalán de bien, supone sufrir miradas de desaprobación, eso como poco. 

Antes hablábamos del procesismo como religión, ¿no? Pues es normal que en los pueblos haya más fe, también la había cuando la religión predominante era el catolicismo en lugar del laicismo.

 "Yo sólo miro tv3", es una frase recurrente, y quien la pronuncia sólo debe leer la prensa no desafecta al régimen. ¿Para qué necesitan más? Igual si abren la perspectiva escuchan o leen algo que les hace dudar de sus ideas. Y eso nunca. La llamo Cataluña profunda porque queda mejor que llamarla Cataluña zafia, atrasada, intolerante y caciquil. Uno, que es educado.

¿Qué papel juegan los CDR en la situación actual? ¿Son comité de defensa o más bien de ataque?

El único fallo de los CDR es que no van uniformados. Unas camisas pardas les sentarían la mar de bien. Y si son diseñadas por Hugo Boss, mucho mejor.

¿Es justa la consejera de Cultura, Laura Borràs, cuando habla -coincidiendo con las reflexiones del grupo Koyné- del papel de colonizadores lingüísticos que han jugado las familias trabajadoras del resto de España que vinieron a Cataluña en los años cincuenta y sesenta (mis padres entre ellos por ejemplo)?

¡Laura Borràs! He aquí una consejera de la que no me acordaba, realmente tengo memoria selectiva, sólo recuerdo las cosas importantes. Corre por mi casa un ladrillo que escribió esta mujer, algo así como "Elogio del ensayo", que es totalmente infumable.

 En fin, con suerte si trabaja de consellera no tendrá tiempo de escribir nada más, no todo van a ser desgracias con el nuevo gobierno. Respecto a sus declaraciones, debo decir ante todo que a mi me importa un bledo el futuro del catalán. Y otro tanto el del castellano. Yo hablo y escribo como me da la gana, y si dentro de 50 años no se habla catalán (ni castellano), mucho me temo que no va a ser problema mío. 

Supongo que la señora Borràs, que no ha tenido que ensuciarse el cutis para ganarse un mendrugo de pan, pretendía que la pobre gente que venía a Cataluña en busca de un sustento, gente que ayudó a levantar Cataluña mientras vivían en barrios sin los mínimos servicios o quizás en barracas construidas con sus propias manos, se apuntara a clases de catalán y de sardanas. 

La pijería siempre ha sido muy dada a enseñar al populacho cómo debe hacer para integrarse. Ya el mismo término que usan "colonización lingüística" muestra su alto grado de ignorancia. Los colonizadores van a las colonias a robar lo que en puridad pertenece a los nativos. 

Que yo sepa, nadie de los trabajadores que vino a Cataluña hablando español -como si las clases altas de Barcelona no lo hablaran entre sí, mucho antes de la llegada de la emigración- robó el catalán, ni impidió a los catalanes hablarlo. Entonces ¿de qué colonización hablan? ¿Se refiere la consellera a que los charnegos tenían más hijos y por tanto se expandía más el castellano? Pues no protestes tanto y folla más, hija.

Vuelvo a citarle: "[Cataluña] Tierra de acogida, decían, ahora sé que a modo de broma, de este país que empieza a dar miedo. En la ciudad lo ignoramos, pero debe ser muy dura la vida en los pueblos para los que no comulgan con el pensamiento único". ¿Da miedo realmente? ¿Es tan dura la vida en los pueblos si uno no comulga con el pensamiento (único) nacionalista-y-secesionista? 

Yo conozco gente que ha tenido que simular ir a votar el 1-O, porque si no quedaban señalados. O a otros, con negocio propio, a quienes les ha pasado el alcalde a "recordarles" que a día siguiente hay huelga en favor de los presos, que a ver qué piensan hacer. Los que en esos lugares no esconden que son del PSC, o del PP, o de C’s, o que simplemente no comulgan con el rebaño, son unos héroes.  (...)

¿No les falta un poco de humor, de sano humor como el suyo, a algunas patums (con perdón) del mundo secesionista? Por ejemplo, hoy miércoles, 13 de junio, El Roto ha publicado una viñeta en El País y Toni Soler y Antonio Baños se han subido inmediatamente a las cumbres abismales de la descortesía, directamente del insulto: desgraciado, miserable, hipoputa, catalanófobo y algún cumplido más que he olvidado. ¿Hay para tanto? ¿No había que encajar un poco mejor las críticas? 

La primera víctima del procés fue el sentido del humor. Murió asesinado vilmente, a manos de tanto fundamentalista. Toni Soler y Antonio Baños son amigos, o por lo menos compañeros de los de gintònic de a 10 euros, y eso curte, o sea que saltan al unísono. 

 Sucede que los lacistas -de hecho, los políticos en general- soportan muy bien la crítica "seria", con ello quiero decir que les resbala largamente. Les molesta mucho más la crítica irónica y mordaz. Lo del Roto es un ejemplo claro: si sale alguien a decir que los lazos sirven para identificasr a los de un bando y los del otro, no pasa nada; ahora bien, si eso mismo lo dices con humor, no lo soportan. Esa es una de las razones por las que me gusta usa la ironía en mis artículos: por joder. La otra razón es que al procés no hay manera de tomarlo en serio. 

No son frecuentes voces críticas como la suya en el panorama periodístico catalán. ¿No teme quedar un poco aislado o que le hagan la vida imposible? Me parece que en algún lugar han preguntado, muy alarmados, si usted alquilaba una casa en el pueblo. 

Jajaja, sí, fui a Amer -la patria chica del Vivales- a ayudar a un familiar en una mudanza, y por la noche le llamó un tipo del CDR local, amigo suyo, preguntándole si era cierto el rumor de que quería alquilar la casa "a Albert Soler". O sea, como si la pretendiera alquilar a un terrorista o a un pederasta que acaba de salir de prisión. 

Al responderle que no, el tipo se tranquilizó y dijo que haría unas cuantas llamadas a gente del pueblo para "calmar los ánimos". ¡Calmar los ánimos! ¡Porque se rumoreaba que un periodista podía ir a vivir a Amer! Así estamos. Ahora bien, respondiendo a su pregunta: no, no temo quedar aislado ni que me hagan la vida imposible. ¿Cómo me la podrían hacer imposible? Mire, yo tengo mi familia y mis amigos, con eso me basta.

 Bueno, no estarían de más algunas amantes ocasionales, pero no creo que su falta se deba a lo que escribo. Pero como no tengo interés ni en tener más dinero, ni ningún cargo, ni ninguna subvención, ni nada, difícilmente puede nadie hacerme la vida imposible. Me corro alguna juerga con los amigotes una vez a la semana, y así será mientras el cuerpo y mi mujer lo aguanten. 

 Encima, me lo paso divertido escribiendo, o sea trabajando, en el periódico tengo excelentes compañeros -de todas las opciones políticas- y un director que nunca me ha dicho sobre qué puedo o no puedo escribir. 

 ¿Se puede pedir más? Quizás una amante ocasional, pero eso ya lo he dicho antes. Tengo una vida mucho más feliz, plena y divertida que el 99% de la población mundial. Y de salud, como nunca. O sea que si alguien espera que me vayan las cosas mal, va a tener que joderse. 

Me alegra mucho lo que me cuenta y me tranquiliza. Por la misma senda que la pregunta anterior: ¿son comentados sus artículos en las que solemos llamar redes sociales? ¡No deben decirle cosas muy afables en algunos casos! ¿Se ha sentido amenazado? 

Curiosamente, recibo más ánimos y elogios que críticas, no solo en las redes, sino también por la calle. Y va en aumento, me parece que la gente empieza a perder el miedo. Es inevitable que alguna vez alguien -normalmente desde el anonimato de las redes- me insulte, pero no pasa nada, yo le respondo "me cago en la puta que te parió" y ya estamos igual.

 No sé si le he comentado que soy muy educado, eso me lleva a responder siempre en su mismo tono a la gente que se me dirige. Y si me insultan por la calle, lo mismo pero a gritos: "me cago en la puta que te parió". Y si alguien intentara agredirme, pues yo lo intentaría a mi vez con él. Donde fueres, haz lo que vieres. 

Mil gracias por su tiempo y por sus reflexiones. Y que conste que yo también soy de los que elogian sus artículos y los recomiendan. "        (Entrevista a Albert Soler, Salvador López Arnal, Rebelión, 18/06/18)

Sandrine Morel, corresponsal de Le Monde: Los nacionalistas catalanes han copiado de los independentistas eslovenos no sólo el referéndum, sino también la campaña mediática... como las consignas de que el Estado había enviado a Cataluña “hordas de españoles con el único objetivo de «disolver a los catalanes»” y que “hace trescientos años que estamos oprimidos”

"Le aviso, querido lector, que este libro le va a producir malestar, irritabilidad y desazón. No porque sea un libro mentiroso, o de un estilo pedestre o esté lleno de erratas, sino porque cuenta, con brevedad y ritmo de reportaje periodístico, todos y cada uno de los pasos dados por el separatismo catalán para conseguir la secesión, así como la abulia del Gobierno nacional ante un plan que ha durado años y ha sido anunciado repetidas veces por sus protagonistas.

Su autora, la periodista Sandrine Morel, es corresponsal del diario francés Le Monde en España desde 2010 y ha cubierto todo el ‘procés’. Ha entrevistado a Mariano Rajoy, Artur Mas y Carles Puigdemont, y se ha reunido con directores generales de TV3, asesores de Moncloa, diputados de la CUP, alcaldes, taxistas y manifestantes de las Diadas.

Desde su primera entrevista a Mas, hecha en 2012, le queda claro que los aceleradores del ‘derecho a decidir’ fueron la crisis económica y los recortes aplicados por el Gobierno catalán. Para escapar de la quema y cumplir su deseo de pasar a la historia, Mas optó por cabalgar el tigre de la independencia. Su egoísmo se lo resumió a Morel con estas frases: “España es el Titanic. No se nos puede negar nuestro bote salvavidas”.

A partir de entonces, Morel asistió a un proceso de manipulación de masas diseñado desde el poder. Los mismos políticos que decían en público que en España perviven los modos de la dictadura franquista, les reconocían a ella y a sus colegas que estaban seguros de que no sufrirían represión ni castigos por sus actos, aunque convirtiesen a Cataluña en “Vietnam”, porque, a fin de cuentas, el Estado español es una democracia.

Año tras año, las Diadas se transforman en “espectáculos narcisistas”. El independentismo “habla cada vez menos de dinero y cada vez más de dignidad”. La mentira sale de los libros de texto de las escuelas e infecta la sociedad, como las consignas de que el Estado había enviado a Cataluña “hordas de españoles con el único objetivo de «disolver a los catalanes»” y que “hace trescientos años que estamos oprimidos”.

Uno de los aciertos del nacionalismo es la indefinición de la nueva república. “La independencia es una cáscara vacía en la que cada cual mete sus sueños, sus deseos, imaginando, acertada o equivocadamente, que se harán realidad”; por eso, se adhieren a este movimiento planeado por la burguesía desde los anticapitalistas de la CUP a los jubilados andaluces que quieren aumentar su pensión. 

Aparte de la superioridad cultural y hasta racial, los golpistas inculcan dos ideas fundamentales en su masa: un “espíritu de comunidad” que la moviliza, junto con la certeza de que todo lo que se haga será de balde, que no pasará nada.

Sin embargo, en sus estancias en Cataluña, Morel ha constatado la imparable división social. Los catalanes no separatistas –incluso los que estaban resignados a ser ciudadanos de segunda en su tierra y los que se pretenden cosmopolitas y dicen rechazar todas las banderas– que antes callaban, ahora no lo hacen. 

La aparente unanimidad del ‘poble’ catalán se basaba en el silencio de los que temían ser tachados de ‘malos catalanes’. Pero eso se ha roto.

Vayamos ya a la parte más interesante de En el huracán catalán. Aunque Morel no lo menciona, entre los elementos que incluyó el catalanismo en su plan, se encuentra el modelo esloveno para tratar con los medios de comunicación extranjeros y, a través de ellos, transmitir sus mensajes al mundo.

 En 1988, el Gobierno de la República de Eslovenia, todavía parte de la República Socialista Federativa de Yugoslavia, empezó a preparar su secesión y entre sus decisiones estuvo la contratación de diversas agencias de comunicación en Europa y Estados Unidos. Además, mimó a los corresponsales que entraron en el país para cubrir, primero, el referéndum ilegal (1990) y, luego, la proclamación de independencia (1991).

Los nacionalistas catalanes han copiado de los eslovenos no sólo el referéndum, sino también la campaña mediática. Los periodistas son buscadores de noticias, de declaraciones y de imágenes, y la Generalitat de Mas y Puigdemont montaron una descomunal estructura (pagada con fondos públicos) para facilitárselas. 

Confidencias, despachos abiertos, dossieres, vídeos, listas de Whatsapp…; y en varios idiomas. Este canal lo usaban los conspiradores también para “transmitirnos la imagen más negativa posible del Estado español”. Y al que se salía de la cola, “reprimendas en público a través de Twitter, en los casos de presión más flagrantes”.

La revelación más destacada de Morel es la amenaza que le hizo “un director de comunicación” del PDeCAT en junio de 2017, durante una conversación en la que el apparatchik se sintió “molesto” por el “escepticismo” de la corresponsal sobre el éxito de la consulta del 1 de octubre: “Si compramos dos páginas de publicidad en Le Monde, escribirás lo que tus jefes te digan”. Ante el enfado de Morel, el susodicho trató de disculparse con un “Bueno, así funcionan las cosas aquí”. 

Si los catalanistas tratan así a quienes quieren seducir, ¡cómo tratarán a los ‘malos catalanes’ que se oponen a sus planes!

Todo lo anterior explica que la primera frase del libro de Morel sea la siguiente: “Nunca he sentido que se escrutara y se juzgara tanto mi trabajo como en el asunto de la independencia de Cataluña”. Pero, hay que resaltarlo, desde un solo lado del conflicto, ya que el Gobierno nacional destacó por su inoperancia, tanto en el aspecto administrativo como en el comunicativo.

Mientras los nacionalistas iban cumpliendo cada una de las fases de su plan, Moncloa anunciaba a los corresponsales extranjeros, primero, que no se realizaría el referéndum, porque los golpistas carecían de infraestructura y, después, que los funcionarios no colaborarían porque se exponían a perder sus empleos ganados en una ardua oposición. “La comunicación del Gobierno español no iba más allá de los meros argumentos jurídicos”, confiesa Morel.

 Por ejemplo, Rajoy sólo le concedió una entrevista en 2013, en la que respondió con frases hechas a las preguntas sobre el separatismo rampante (cumplir la ley, España como Estado-nación más antiguo de Europa, la igualdad entre los españoles…); la entonces vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría se negó a concederle siquiera una; y entre 2012 y 2016 sólo tuvo una reunión con el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, en la que éste dijo a los periodistas, como quien espanta una mosca, que en Moncloa estaban negociando con Barcelona y que no habría referéndum. Su conclusión es que “Rajoy no ha hecho política”.                 (Pedro Fernández Barbadillo es periodista y escritor, Somatemps, 13/06/18)

Los partidos catalanes denuncian un ataque a sus sedes cada 4 días en 2018. Los socialistas, los más atacados...

"Un ataque en la sede de un partido catalán cada cuatro días. Ese es el balance que arroja el registro de denuncias a los Mossos d'Esquadra durante los primeros cuatro meses de 2018, al que este diario ha tenido acceso en exclusiva. 31 "incidentes" -según la calificación usada por los Mossos- en total desde el primer día del año hasta el 30 de abril, de los cuales hasta un tercio fueron denunciados por el PSC.   Los datos suministrados por el Departamento de Interior no desglosan los incidentes por tipología.

Los socialistas, con 10 denuncias, ostentan el récord de acciones puestas en conocimiento de la policía, seguidos de Ciudadanos con 8 y ERC, con 6 en total. Los tres son partidos de amplia implantación territorial, aunque algunos de los ataques se han producido varias veces en la misma ciudad. En el caso de los republicanos, han denunciado hasta tres ataques en sedes situadas en Barcelona.

El partido de Inés Arrimadas sufrió dos ataques en Barcelona, L'Hospitalet y Lleida, en diferentes fechas a lo largo de los cuatro meses. El PSC también recibió un ataque doble en la localidad de Vilanova i la Geltrú, el 26 y 27 de marzo. El PP denunció 3 ataques en total, en L'Hospitalet, Sant Cugat y Cerdanyola. 

La lista la cierran PDeCAT, Podem y CUP, que informaron de un ataque a sus sedes cada uno, en Rubí, Tarragona y Figueres respectivamente.
Territorialmente, la mayor parte de los ataques, hasta 24, se produjo dentro de la Barcelona metropolitana, en la que vive cerca de la mitad de la población catalana. Tampoco se registraron incidentes en municipios pequeños, siendo los menores Sant Sadurní d'Anoia, donde el PSC sufrió un ataque el 25 de marzo, o Vallirana, donde Ciudadanos denunció otro tres días después. (...)"           (Arturo Puente, eldiario.es, 10/06/18)

Un fenómeno curioso en los últimos años es la predisposición de los izquierdistas escoceses a apoyar la independencia mientras insisten en que ellos no son nacionalistas

"(...) El domingo Euan McColm explicaba en el Scotsman lo que le pasa a la izquierda con el nacionalismo escocés: La izquierda aprende a entender poco a poco las realidades del nacionalismo”:

Un fenómeno curioso en los últimos años es la predisposición de los izquierdistas escoceses a apoyar la independencia mientras insisten en que ellos no son nacionalistas

 Puede parecer que hay diferencias irreconciliables entre socialismo y nacionalismo, pero son obviadas fácilmente por los radicales de izquierda, los verdes y otros miembros [separatistas] que han apoyado alegremente al SNP (…). 

El socialismo pro-Sí de los izquierdistas es de un tipo curioso, que exige solidaridad entre la clase trabajadora hasta la frontera con Inglaterra, pero no más allá. Quien cuestione esta lógica es un “conservador azul” a quien se puede rechazar tranquilamente.

También sorprende la asunción de los izquierdistas separatistas de que podrían moldear una Escocia independiente (…) creen que la secesión de Inglaterra crearía un clamor entre la gente a favor de políticas radicales a pesar de que, hasta ahora, no ha mostrado ningún interés en ellas. 

Estos “construye-naciones”, a rebufo de partidos autodenominados nacionalistas, se enfadan bastante si uno se atreve a sugerir que también ellos son nacionalistas. “No somos nacionalistas”, dicen, “sólo queremos construir una nación nueva y más justa, sin la perniciosa influencia de Westminster “[léase Madrid]. Que es el tipo de cosas que dicen los nacionalistas.(…)

Quizás algunos puedan volver sobre la cuestión fundamental de si el nacionalismo y el socialismo son compatibles.

Sabemos por la experiencia de la vida bajo gobiernos conservadores en Westminster y del SNP en Holyrood, que cuando hay que apretarse el cinturón, son los pobres a quienes más se les aprieta. Los nacionalistas pueden gritar contra la austeridad Tory, pero su doble moral se nos atraganta. (…) Si la visión de los nacionalistas de izquierda es que, por supuesto, los primeros tiempos de una nueva nación requerirían un grado de privaciones financieras, ¿sobre quiénes creen que recaerían? (…) ¿Se tornaría el SNP, que ha construido su éxito electoral sobre los votantes de clase media, contra esos votantes y les quitaría los beneficios que les ha dado?

Hay una visión indefendiblemente ingenua que cree que sí, que un voto por la independencia crearía un sentido de unidad nacional y propósito y que la prosperidad brotaría de ellos. Sabemos por los resultados de los referenda de independencia y del Brexit que las cosas no funcionan así. Es más probable que los primeros tiempos de una nación serían campo abonado para políticas más severas (…) y cuando llegan los recortes, serán aquellos que obtienen “algo por nada” quienes sufrirán el impacto. 

 Así ha sido siempre. Un fácil “pero haríamos las cosas diferente en Escocia” ni siquiera empieza abordar de manera creíble la inconsistencia entre la fantasía socialista y la realidad nacionalista”

Doncs és exactament el que passa a Espanya. Por eso el PSC-PSOE se ha ido a la porra."             (Dolça Catalunya, 04/06/18)

20/6/18

¿Por qué vamos a callarnos los charnegos? ¿Qué haríamos si nos enfrentáramos a un presidente de extrema derecha en España que nos insultara como hace Torra? ¿Por qué no declaramos persona non grata al presidente Torra en ciudades y pueblos?

"Mi compañera está de los nervios. ¡Cuando le hablo de ERC y de la CUP, arroja chispas por su boca, su cara y su alma! Está desesperada, no logra entenderlo. Si le hablo del PDCat o del núcleo servil de Puigdemont, ni les cuento. Padres andaluces y extremeños, hermanas aragonesas, primos gallegos y murcianos, antiguas novias (¡no me lo ha dicho nunca... pero lo sé!) valencianas, vascas y madrileñas, ella misma es palentina… Ha leído no diré que todos pero sí unos cuantos artículos del presidente (demediado) Joaquim Torra, el dirigido desde Berlín por el ex presidente sionista. Dice que no puede ser, que no puede más.
Uno de los fragmentos que más le ha dolido: “Ahora miras a tu país [Cataluña o Países Catalanes para JT] y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeras, víboras, hienas. Bestias con forma humana que destilan odio. Todos conocemos alguna. Abundan las bestias. Viven, mueren se multiplican” (de un artículo de 2012 publicado en El Món que lleva por título: “La lengua y las bestias”).
¿Quién destila odio, grita enfurecida y muy dolida? ¿Quién piensa y escribe realmente como una bestia, como una víbora, como un político carroñero, como una hiena insaciable, como un etnicista vomitivo? ¿Dónde viven, mueren y se multiplican verdaderamente las bestias, las bestias más peligrosas? Qué hacer, ella siempre tan leninista, me ha preguntado finalmente.  (...)

ha sido elegido con los votos del PdCat y ERC y el apoyo explícito de la CUP. Hay que esperar, no queda otra. Hay que resistir, hay que organizarse, hay que generar cultura federalista… Así iba diciendo cuando sin más, de golpe, se me ha encendido una lucecita.

¿Qué lucecita? Esta: ¿por qué vamos a callarnos? ¿Por qué vamos a paralizarnos y permanecer mudos? ¿Qué haríamos si nos enfrentáramos a un presidente de extrema derecha de otro país cualquiera? 

Cabe, desde luego que cabe, un recurso mínimo, de dignidad, de rechazo de lo que debe ser rechazado: ¿por qué no organizamos una campaña para que el presidente (demadiado) Torra sea nombrado persona non grata en ciudades y pueblos? ¿Que no se merece ese tratamiento? 

¿Cómo que no se merece ese tratamiento? ¿Una persona como él, de esas características político-culturales, de esa concepción racista, supremacista e hispanofóbica del mundo, es alguien que pueda ser bienvenido? ¿Dónde puede ser bienvenido?

¿No obraríamos del mismo modo si Rajoy, Rivera, Aguirre, Sánchez o quien fuera hubieran dicho cosas como las que ha afirmado una y cien veces, por activa y pasiva, el presidente etninista de .Cat, de la Cataluña que en él se reconoce? ¿A qué esperamos?

¿Que necesita un margen de confianza? Por favor, por favor,… Debemos ser pacientes, prudentes y temperadas pero no idiotas. No en nuestro nombre. No queremos un presidente que nos insulte, con toda la zafiedad del mundo, hasta lo más hondo.

No es nuestro presidente. Es una deshonra al país real y a sus instituciones. Un horror, un verdadero horror, para las mujeres que amamos la fraternidad y las relaciones de cercanía entre ciudadanas y pueblos."            (Rosa Guevara Landa , Rebelión, 23/05/18)

Lluís Bassets: "La independencia ha sido derrotada"... "el proceso ha terminado y ha terminado mal". No son tablas, es una derrota

"La última ocurrencia son las tablas. El procés ha terminado, sí, pero no en una derrota sino en tablas. El independentismo no tenía suficiente fuerza y cometió numerosos errores, sobre todo de cálculo —nos dicen— pero el Estado tampoco ha conseguido la aniquilación del movimiento. El balance final, por tanto, queda igualado: no es una victoria pero tampoco es una derrota.

No habría objeción en admitir las tablas si no se tradujera inmediatamente en la necesidad de "prepararse para el siguiente conflicto, que es inevitable". Entre quienes sostienen tal teoría hay intelectuales nada proclives a las fantasías, que recomiendan acumular más fuerzas y cuidar más las alianzas, especialmente con los movimientos sociales y las izquierdas alternativas, sin darse cuenta de que el error básico e inicial no es de evaluación de fuerzas sino de estrategia.

Si la independencia no ha llegado no ha sido por un déficit cuantitativo, como sería alcanzar la mayoría de votos de una hipotética consulta que, de otra parte, no se ha producido en condiciones aceptables —y hoy ya sabemos que tampoco se producirá—, sino cualitativo, como ha sido optar por el camino inviable de la unilateralidad, la ruptura de la legalidad y una confrontación con España para la que no existen ni existirán nunca suficientes fuerzas de todo tipo, incluyendo la inevitable capacidad coercitiva que se necesita en los procesos de destrucción de una legalidad y generación de otra nueva.

El secesionismo planteó la partida desde el inicio en unos términos bélicos que solo abocan a la victoria total o la aniquilación (independencia o sumisión, fue el dilema enunciado por Jordi Pujol para dar su luz verde al proceso secesionista), y precisamente porque sus dirigentes no han tomado conciencia ni han aceptado la realidad de la derrota, todavía siguen tentados por la idea de las tablas o incluso del armisticio, que aplazaría la confrontación definitiva para una mejor ocasión en que vuelvan a darse condiciones.

Los mayores disparates que se están produciendo estos días tienen su origen en esta nueva fantasía del procesismo que se prolonga a sí mismo tras su derrota. Tienen su justificación en la presión que viene de abajo, desde las bases sometidas a un fuerte adoctrinamiento durante seis años, que se niegan ahora a regresar a sus casas con las manos vacías y exigen la implementación de la república inexistente o al menos la permanente movilización de la comunidad independentista ofendida por la negación de su derecho a la autodeterminación y por la represión sufrida por sus dirigentes.

El error no puede ser más flagrante. La fuga hacia adelante secesionista ha conseguido con enormes esfuerzos la actual acumulación de fuerzas, pero a costa de estimular el surgimiento de una fuerte reacción hostil entre los catalanes constitucionalistas, hasta alumbrar el fantasma de una Cataluña definitivamente dividida en dos, independentistas y unionistas, en la que el instrumento propagandístico creado para demonizar la oposición a la independencia está fructificando en forma de una pesadilla etnicista auténticamente nociva para Cataluña, su lengua, su cultura e incluso su autogobierno.

En tales condiciones es bien fácil prever el retroceso que se avecina para el autogobierno de Cataluña. La independencia ha sido derrotada. El autogobierno ha quedado gravemente lesionado en el doble lance de su intrumentalización política independentista —Mossos d'Esquadra, modelo escolar, finanzas autonómicas y TV3— y de la intervención por el artículo 155.

 Y la eventualidad de una reforma constitucional que convenga a Cataluña ha quedado también erosionada por la división entre los catalanes y la reacción anticatalanista en el conjunto de España.

Para salir del atolladero, es condición indispensable admitir la derrota. No ha habido ni habrá una transición nacional catalana tal como la imaginó Artur Mas. Solo quedan cenizas de las sucesivas hojas de ruta para ejercer el derecho a decidir y para declarar la independencia unilateral. 

El proceso independentista, el procés, ha terminado y ha terminado mal, con seis meses de autogobierno intervenido; la inevitable represión que se produce cuando unos dirigentes políticos vulneran la legalidad constitucional de forma tan descarada; y el enorme resentimiento acumulado entre quienes creyeron en la facilidad y gratuidad de una independencia conseguida entre los parabienes de la comunidad internacional.

Admitamos, en todo caso, que esas tablas de salvación a las que se agarran los derrotados podrían tener un sentido si se separan del estricto desenlace del procés y se entienden como el equilibrio histórico entre una Cataluña sin fuerza suficiente para irse y una España sin fuerza suficiente para prescindir de ella o someterla. 

Quizás es pronto todavía para que los dirigentes reconozcan la verdad de los hechos, den por terminado el procés y regresen sin dudar un minuto más a la normalidad constitucional y estatutaria, a la recuperación del autogobierno en su integridad y a la minimización de las penas que inevitablemente comportarán los delitos cometidos.

No es fácil tan vasta tarea. También precisa de una cierta acumulación de fuerzas, aunque esta vez en el campo central del catalanismo transversal y plural sometido a la demolición por parte del independentismo. Regresar al unitarismo, en definitiva. La tragedia de la derrota es que sitúa a la tercera vía, la del catalanismo posibilista, como la única salida para quienes lo querían todo y están a punto de dejarnos sin nada."               (Lluís bassets, El País, 18/06/18)

La grosera sustitución de la perspectiva de clase por la nacional durante seis largos años ha permitido llenar de bruma las relaciones sociales en Cataluña. Esta pseudo-revolución de ricos contra pobres ha conseguido desviar la atención de los verdaderos problemas.

"(...) Lo cierto es que el conservadurismo va ganado la batalla. Se impone la huida del derecho del trabajo, el trasvase de las rentas de los trabajadores a las del capital, la involución en el respeto de dos de los derechos básicos de los trabajadores: el de negociación colectiva, dejando inermes a los trabajadores, y el de huelga con las nuevas amenazas punitivas del código penal.

 La izquierda política no es capaz de hacer frente a esta ofensiva. 

Primero, por su inconcebible división en el diagnóstico de lo esencial, que debería ser la recuperación de la presencia y la fuerza organizada de los trabajadores para recuperar su peso como clase en la sociedad. 

Segundo, por la incomprensible deriva de una parte de esa izquierda que sustenta la idea de que nuestra democracia es herencia directa del franquismo. O no saben lo que fue o se equivocan profundamente: la principal tarea hoy de la izquierda española –y europea- debería ser la defensa de nuestro Estado social y democrático de derecho, que tanta lucha y esfuerzo costó conseguir. 

Socavarlo, contribuyendo a esa especie de que España es una democracia fallida o poco menos, solo favorece a la derecha económica y política más ultramontana, interesada en todo lo que huela a deterioro del Estado.

Si en el conjunto de España las políticas desarrolladas durante la crisis han supuesto un retroceso de las condiciones de vida y trabajo y de las organizaciones obreras, en Cataluña han tenido más éxito que en ningún otro lugar.

 El proceso secesionista tiene su origen en la necesidad de la burguesía catalana de perpetuarse en el poder en el momento en que en Cataluña se ponían en práctica los más brutales recortes sociales como continuación de la para entonces consolidada deriva privatizadora de la enseñanza y la sanidad pública. Cataluña es, de lejos, la comunidad autónoma con la administración más corrupta durante decenios. 

Si Artur Mas, el adalid de los recortes y máximo dirigente de los convergentes, no quería entrar de nuevo en el Parlament bajando de un helicóptero quería hacer olvidar los estragos del 3%, tenía que agitar un espantajo: “España nos roba” y si somos independientes viviremos estupendamente sin el lastre de los españoles. 

No es de extrañar que la burguesía catalana, con gran tradición de brutalidad con los trabajadores – la misma que les perseguía a tiros en los años veinte y que se aprovechó como ninguna otra con las ventajas del franquismo- se pusiera inmediatamente manos a la obra. Y que el miedo de las clases medias catalanas a las consecuencias de la crisis, bien agitado por la propaganda institucional, hiciera el resto del trabajo. 

La agitación de los más bajos instintos supremacistas e insolidarios siempre es rentable para las derechas en momentos de crisis.

De manera paulatina pero constante, el objetivo ha sido el desgaste y la demolición del Estado para construir un enemigo externo. La provocación continua, el doble lenguaje y la insistencia en la diferencia (naturalmente, la superioridad frente a todo lo español) han sido el mensaje avasallador en una sociedad, al principio perpleja y después, en una parte, beligerante. 

La grosera sustitución de la perspectiva de clase por la nacional durante seis largos años ha permitido llenar de bruma las relaciones sociales en Cataluña. 

Esta pseudo-revolución de ricos contra pobres ha conseguido desviar la atención de los verdaderos problemas. Porque no se trata sólo de los “pobres” españoles, sino sobre todo de una acción política calculada y perseverante contra los trabajadores catalanes, hasta el punto de que su voz ha quedado callada, sus problemas inéditos y sus organizaciones de clase mareadas en un papel subsidiario de los intereses de las clases dominantes.

 No se olvide que la emancipación no puede ir nunca de la mano de la insolidaridad y que democracia es incompatible con desigualdad. (...)

La resistencia, tras las últimas elecciones, a admitir que la independencia ilegítima y antidemocráticamente proclamada fue un absoluto fracaso político, jurídico y de reconocimiento internacional, conduce ahora a la consolidación de la división y el enfrentamiento social.

 El victimismo se recrudece para intentar que quienes a sabiendas rompieron el orden democrático no asuman su responsabilidad. Las continuas invocaciones totalizadoras al conjunto del “pueblo de Cataluña”, los repetidos intentos de uniformización de la sociedad en el altar de la patria, sólo pretenden enmascarar un nuevo bonapartismo del que su principal víctima son, como siempre, las clases trabajadoras. 

El nuevo culto al líder, ahora en la persona de un aventurero como Puigdemont, junto con la asfixiante intimidación del disidente, produce escalofríos en quienes conservamos la memoria.

Y estos son los que van diciendo que España no es un país democrático. Han engañado a muchos y tienen a su favor el desastre de gobierno del Partido Popular que todos padecemos. Confundir un gobierno de derechas, por muy inútil que sea, con un Estado democrático puede ser un buen argumento de propaganda que, si se repite muchas veces puede llegar a ser creído. 

Creer que por invocar la república (su furor de apropiación no tiene límites) son herederos de los valores republicanos, -basados, estos sí, en los derechos de los ciudadanos y no de los territorios, y en el respeto, la igualdad y la solidaridad- puede contentar a los que se han creído la mentira de que la guerra del 36 la libró España contra Cataluña y no las clases trabajadoras de toda España contra la reacción y el fascismo, presentes -y bien presentes- también en Cataluña. 

Pensar que la división de los trabajadores en una Europa constantemente amenazada en su modelo de democracia social es un buen negocio, puede ser compartido por gentes como la Liga Norte, la ultraderecha europea o los conservadores del Brexit.

 Pero que la izquierda caiga en esas trampas no sólo es inconcebible, sino que constituiría una grave traición a la clase que dice defender. Sustituir el avance democrático en la igualdad por el debate identitario ha sido -y es aún- la mayor victoria en años de la derecha económica y política catalana sobre los trabajadores. ¿Seguiremos así o nos caeremos del guindo alguna vez?"           (Juan Ignacio Marín , Metiendo bulla, en Rebelión, 21/05/18)

Aceptar que Cataluña es una nación (cultural) y que, por tanto, tiene derecho a constituirse en Estado (nación política) es contrario a los intereses de las clases trabajadoras de Cataluña y de toda España

"(...) Entremos en el tema de frente. ¿Es España una nación de naciones? Seguramente, podríamos dar muchas vueltas sobre el concepto nación y hasta podríamos encontrar una definición que permitiera esa afirmación.

 ¿Podríamos?

España es una nación política y se configura como tal a partir de la Constitución de Cádiz, donde los derechos forales se superan, con sus aciertos y con su sufrida historia durante el siglo XIX. 

Cuando Marx habla en sus artículos para el New York Daily Tribune de La España Revolucionaria, y sitúa la primera revolución del siglo XIX entre el 1808 y 1814, no parece dar a entender que existieran identidades oprimidas desde 1714. Tal vez se lo pasó por alto.

Yo, particularmente, diría que España es una nación de nociones, que cada uno es libre de sentirla a su manera: es decir, España no es patrimonio de nadie, no necesita nacionalistas, ni nacionalismo españolista, y, como dice Guerra –a la vejez viruelas, ahora despierta siendo, como es, corresponsable de la deriva del nacionalismo- el concepto de “patria es la igualdad entre todos los españoles”. Y yo añadiría que el único patriotismo posible es el patriotismo constitucional.

Esa izquierda, al alimentar la defensa de la plurinacionalidad de España con la consabida mochila del derecho de autodeterminación, y, ahora, una vez pasado por maquillaje, el dret a decidir, lo único que hace es alimentar a los nacionalismos de corte identitario o herderiano, xenófobo, por si no se entiende.

Aceptar que Cataluña es una nación (cultural) y que, por tanto, tiene derecho a constituirse en Estado (nación política) es contrario a los intereses de las clases trabajadoras de Cataluña y de toda España. 

El nacionalismo catalán –que sí que existe, son los nacionalistas los que crean la nación identitaria– no es un problema de hace cinco años, es un problema viejo, que hay que resolver. Pero la solución nunca será concederle una tras otra todas las reivindicaciones insolidarias que reclame.

Es hora de la existencia de una izquierda que diga, alto y claro, que España es diversa y plural, pero que, a la par, diga que no, que no es plurinacional, que queremos un Estado integral, como definía la Segunda República Española, y que se necesita una reforma constitucional que cierre el sistema autonómico -declarando la autonomías existentes, delimitando las competencias de las tres administraciones (estatal, autonómica y municipal), que implante un sistema fiscal igualitario, compensado y solidario para todas las autonomías, eliminando conciertos y cupos-, eliminando también, entre otras, la disposición transitoria cuarta.

Y ahí seguimos, pero como no creemos en milagros, sabemos que Garzón no sufrirá una cura de su ceguera consuetudinaria ante el nacionalismo, la misma que muchos progres. No caerá del caballo ni se le aparecerá Lenin, no. ¡Deberemos espabilar! (...)"           (Vicente Serrano. Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista, Crónica Popular, 25/05/18)

19/6/18

La ANC prepara una campaña de boicot a empresas no independentistas

 "Una relación de empresas que han demostrado su “compromiso” con la independencia y que serían la alternativa a las grandes compañías del Ibex 35. La Assemblea Nacional Catalana ( ANC) quiere liderar la campaña de “consumo responsable con la república”, que ya había arrancado al margen de la entidad en octubre, cuando varias empresas decidieron trasladar sus sedes sociales de Catalunya a ciudades como Madrid.

El objetivo de aquella iniciativa era “conseguir más soberanía económica”, con el consecuente desfavorecimiento de las grandes empresas del Ibex 35 “que apoyan al Estado español y se oponen a la independencia”.

Ahora la ANC quiere tener la sartén por el mango y encabezarla. Según fuentes de la entidad, uno de los primeros pasos será crear una web donde se listarían todas aquellas empresas que “han demostrado su compromiso con la república”, con la pretensión que acabe siendo una comunidad de intercambio virtual.

La propuesta la sacará adelante la comisión Fem República de la Assemblea y recopilará empresas de varios ámbitos, como por ejemplo entidades bancarias, aseguradoras, o pertenecientes al sector de la telefonía, de la electricidad o del gas.

El secretariado nacional de la ANC, reunido el sábado pasado en Caldes de Malavella, y con una orden del día apretada, aprobó ponerse al frente de la cuestión. “Ha habido varias peticiones desde octubre para que nosotros tratáramos de liderar algún tipo de movimiento para debilitar las empresas del Íbex e intentar fortalecer las empresas que apuestan por Catalunya.

 La forma de hacerlo es complejísima y se está estudiando”, aseguran fuentes de la Assemblea. No obstante, lo que sí tiene claro la asociación es que la base será fomentar y potenciar el consumo de la ciudadanía catalana de estas últimas compañías.

De hecho, la ANC reanudará un trabajo que ya había cristalizado en una breve guía en enero, que ya presentaba “14 alternativas a las grandes empresas del Ibex”, y en unas actuaciones que los Comités de Defensa de la República ( CDR) y Òmnium Cultural también habían ayudado a propagar. Pero la iniciativa se fue apagando a medida que fue pasando el tiempo.

En todo caso, la entidad que preside Elisenda Palizue ya hace unas semanas que se ha puesto manos a la obra. A finales de mayo, se organizaron “jornadas de consumo republicano”, por ejemplo, en Valls, con la participación del miembro del secretariado nacional Joan Canadell. 

Este empresario es, junto con el también componente de la dirección de la Assemblea David Fernàndez, fundador del Círculo Catalán de Negocios, una entidad empresarial que se define como “catalizador del movimiento soberanista entre el empresariado catalán”.

Si bien la ANC y Òmnium ya hicieron una “acción directa y pacífica” el 20 de octubre, cuando llamaron a la ciudadanía a retirar pequeñas cantidad de dinero de los bancos, la campaña que se reanuda ahora se presume de más alcance.
El secretariado nacional también aprobó el sábado la creación de “consejos municipales de la república” en cada una de las localidades catalanas “para desplegarla”. (...)"               (Alex Tort, La Vanguardia, 15/06/18)

Los independentistas no nacionalistas (partidarios de una independencia para dotar a la sociedad catalana de herramientas para hacer políticas sociales) parecen haber perdido su combate. La independencia (o más bien la retórica sobre la independencia) ha acabado siendo el fin de toda acción política emprendida por las fuerzas políticas partidarias de la construcción de un estado propio...

"En los últimos tiempos hemos asistido a un fecundo debate en torno al momento de arranque del procésy las razones que posibilitaron el crecimiento tan espectacular del independentismo. 

 De cierto modo se ha querido profundizar en los análisis que fijaban aquel arranque en la sentencia del Estatuto de 2010 y que hasta hace poco habían sido mayoritarios. 

Quien ha reflexionado sobre ello (estoy pensando en Guillem Martínez, en Ignacio Sánchez Cuenca, o Jordi Amat), no han menospreciado el impacto disruptivo de aquella sentencia, pero han aportado la idea de la existencia de unas circunstancias políticas y unas tendencias culturales que venían de antes, así como han remarcado el peso de las condiciones del contexto y no precisamente solo de lo inmediato. 

(...) ERC se adentró en una profunda labor de redefinición de sus postulados tradicionales. De la mano de Carod y Puigcercós primero hacía un movimiento de emancipación del nacionalismo tradicional optando para una mayoría de izquierdas y luego definía un ambicioso proyecto de ensanchamiento de sus bases. 

Tanto a nivel social, a través de la integración de cuadros y dirigentes en UGT, como a nivel geográfico, apostando fuerte por el área metropolitana de Barcelona. Esta redefinición llevaría a valorizar la idea de un independentismo anclado a la izquierda, que se concebía a sí mismo como no nacionalista.

La independencia, en definitiva, era únicamente un instrumento, no un fin. La meta no era construir un estado-nación clásico sino acercar las decisiones a la ciudadanía y dotar a la sociedad catalana de herramientas para hacer políticas sociales que —según la lectura que se hizo sobre todo después de los recortes en el Estatuto en 2005 y 2006— la pertenencia al Estado español no garantizaría.

 Este fue el discurso que se impulsó y que arraigó profundamente en sectores amplios de la población, más aun después de la crisis económica de 2008, de la Sentencia sobre el Estatuto y sobre todo de los recortes de 2010-2011.

El discurso contenía una contradicción intrínseca en el momento en el que quien lo impulsaba aceptaba compartir proyecto —y tarea de gobierno— con quien aplicaba estos mismos recortes. 

De otro modo —sin la conceptualización de la independencia como sinónimo de cambio, no como reivindicación nacional clásica—, no se entendería ni la envergadura de la gran Diada de 2012 ni la popularidad de un concepto como el derecho a decidir, tampoco la eclosión y consolidación de la CUP en el escenario político catalán o ciertas simpatías que el procés ha despertado en algunos sectores de la izquierda no independentista.

Queda por preguntarse hasta qué punto en los últimos años esta idea tan aparentemente prometedora de un independentismo no nacionalista, democrático y de cambio ha desplegado sus posibilidades y ha podido influir realmente las suertes políticas del país. 

Las evidencias de las que disponemos parecen apuntar más bien al contrario: lejos de ser un instrumento, la independencia (o más bien la retórica sobre la independencia) ha acabado siendo el fin de toda acción política emprendida por las fuerzas políticas partidarias de la construcción de un estado propio. 

Y, probablemente, el elemento más inquietante es que haciendo esto se han asumido unos costes altísimos en términos de polarización civil y subordinación a una visión meramente nacionalista, esencialista y conservadora de la que la elección de Torra es únicamente el último epifenómeno. 

Hoy, en definitiva, los independentistas no nacionalistas, parecen haber perdido su combate. Y sin embargo, tal vez deberían volver a pensar en por qué querían la independencia. 

Si realmente era sólo un instrumento para el cambio y para la mejora de la vida de la ciudadanía, seguro que encontrarían herramientas nuevas y diversas para avanzar hacia estos objetivos."               (Paola Lo Cascio, El País, 23/05/18)

Primero te insultan, y lo hace nada menos que el presidente de la Generalitat y de un modo como no se conocía en España desde el nacionalcatolicismo virulento de los años cuarenta. Después de esa coz ideológica de racismo y xenofobia, solicita negociación, diálogo y buen rollo. Siento un desprecio ontológico hacia los actuales defensores del diálogo sin condiciones, porque son los que crearon "las condiciones". Las de Una minoría bien engrasada que está intentando silenciar, y últimamente desterrar, a unos ciudadanos que se creían vivir en una sociedad madura, valiente e integradora...

"Parece una variante de la ducha escocesa, del frío al calor, del calor al frío. Pero en este caso aplicado a la vida social y con escasa visibilidad política, si es que la política trata de afrontar problemas. 

Primero te insultan, y lo hace nada menos que el presidente de la Generalitat y de un modo como no se conocía en España desde el nacionalcatolicismo virulento de los años cuarenta y cincuenta, aquel que los viejos del lugar denominábamos preconciliar para diferenciarlo de la Iglesia que evoluciona a partir del Concilio Vaticano II de los sesenta.

Después de esa coz ideológica de racismo y xenofobia, toca el calor ficticio de solicitar negociación, diálogo y buen rollo. Eso sí, "sin condiciones previas", o sea que después de darte una patada en los cojones del sentimiento, amén de dinamitar el frágil equilibrio de una legalidad muy deteriorada, te proponen que “pelillos a la mar” y que lo sienten si has interpretado los insultos como lo que son, que ellos, la reserva de la raza aria, quieren hablar contigo como de igual a igual, quizá porque dada tu naturaleza de ser inferior no tienes razones que te obliguen ni principios a los que atenerte.

A mí me parece que el principio del diálogo solo tiene sentido si no se juega sucio. Insisto siempre en eso porque conviene recordarlo: había un mantra entre los sectores más desconectados de la realidad pero más beneficiados por ella que pedían diálogo con ETA incluso en los funerales de sus víctimas.

 Diálogos sin condiciones previas, por supuesto. Incluso un vicepresidente de la Generalitat, el eterno funcionario Carod-Rovira, hijo a su vez de un servidor del Estado, desarrolló un diálogo sorprendente e impune según el cual ETA podía matar siempre que no fuera a catalanes.

Siento un desprecio ontológico hacia los actuales defensores del diálogo sin condiciones, porque son los que crearon "las condiciones". También fueron los mismos que predicaron la lucha armada en aquellos años de plomo del franquismo, idénticos a los que luego recogieron la falaz bandera de una sociedad catalana ideal, con dos opciones ubicadas en la plaza de Sant Jaume, el Palau de la Generalitat (Pujol) y el ayuntamiento (PSC). 

Ellos que sabían, gracias a sus emolumentos, que eran lo mismo, que sólo cambiaban las palabras, ni siquiera los pasados. Luego se lanzaron a la bonita invención de una izquierda catalanista; cuanto más catalanista, más de izquierda, aseguraban.

 Y ahora que ven amenazados los sueños de su ambición han desaparecido como por ensalmo los catalanes "emprenyats" (cabreados), es decir, ellos, y claman por un diálogo que se visualizó como roto el día que el president Mas "el astuto", según la zafia marinería del viaje a Ítaca que embarrancó, fue a tratar con el Estado y dijo aquellas palabras que embelesaron a los implicados: "O sí o sí".
¿Cómo se construye un clima de diálogo si empiezas insultando al contrario? A esto hay que añadir que has puesto negro sobre blanco unas condiciones inasumibles por el adversario sin dinamitar el Estado de derecho

Un Estado de derecho muy flaquito y deteriorado por los achaques desde que nació, sietemesino él, pero que un puñado de racistas y xenófobos, aunque fueran la mayoría, que por cierto están muy lejos de ser, no podrían tumbar por mucho Consejo Nacional del Movimiento, lacitos y grandilocuencia. Una mitad parlamentaria muy dada al compadreo y el miedo a palabras como "traidor" y generosa con otras como "corrupto".

Una minoría bien engrasada está intentando silenciar, y últimamente desterrar, a unos ciudadanos que se creían vivir en una sociedad madura, valiente e integradora.

 En esa pelea estamos y en esa pelea irán apareciendo elementos a los que no damos la importancia que tienen. La exhibición de símbolos, por ejemplo, con tantas reminiscencias fascistas y autoritarias. La amalgama de viejos restos de todos los naufragios como es el caso de Ernest Maragall o Toni Comín, el pianista sin teclado, célebres desconocidos si no fuera por la usurpación patrimonial del apellido paterno. ¡Hay quien dice que en Cataluña se puede vivir del apellido, como en Jerez de la Frontera!

Y por si fuera poco, ahora gustan de llenar las playas de cruces amarillas de buen tamaño, imagino que de madera o compradas a los chinos como las urnas. El símbolo por excelencia del cristianismo convertido en juguete de unos descerebrados que juegan a ser Ku Klux Klan. Hasta a los ateos nos produce vergüenza ajena.

 Sería una banalidad pensar que el Abad de Montserrat, que vive de eso, llamara a abandonar la utilización torticera y fascista de una de las metáforas más sensibles del mundo de los creyentes. Las playas, cementerios. ¿Hay quien dé más?"               (Gregorio Morán, Crónica Global, 26/05/18)