22/6/18

El nacionalismo no es de izquierdas ni popular... exacto. Se trata de un movimiento esencialmente narcisista”... un “auto enamoramiento” colectivo de los catalanes soberanistas

"(...) Muy pocas reflexiones, útiles para la dialéctica política y para el manejo del análisis periodístico, sin embargo, se han producido al margen del racional catalán, catalanista o anticatalanista.

 Además del relato histórico de Jordi Canal (‘Con permiso de Kafka’, editado por Península), hay que prestar una especial atención a ‘El golpe posmoderno’ (editorial Debate), del filólogo (en hispánica e inglesa) y periodista Daniel Gascón, director de la revista ‘Letras libres’. 

Ayer se distribuyó en librerías otro prometedor relato escrito con ojos extranjeros: el de la corresponsal de ‘Le Monde’, Sandrine Morel, titulado ‘En el huracán catalán’ (editorial Planeta).

El valor del ensayo de Gascón es que está escrito por un autor de 37 años, desprendido de prejuicios generacionales y poseedor de una capacidad de observación limpia y sin adherencias. Su lenguaje es preciso y claro, pero no resulta abrupto ni hostil. Se trata de un libro con más carácter que temperamento y, por ello, especialmente útil.

Para Daniel Gascón, “el secesionismo catalán ha unido nacionalismo y populismo”, afirmación clave para entender el éxito del fenómeno separatistaque lo hace contemporáneo pese a su anacronismo decimonónico. De ahí que el proceso “haya sido un golpe de diseño” en el que se ha “evitado la palabra revolución, pero contenía elementos revolucionarios”. 

El autor desarrolla al efecto y extensamente dos ideas igualmente medulares: el independentismo no es de izquierdas (algo en lo que abunda también el último ensayo de Jordi Gracia, titulado ‘Contra la izquierda’, editado por Anagrama) y, por ello, entre otras razones, “no es del todo convincente” que se trate de un “fenómeno popular”. Ni izquierdista ni popular: exacto.

El nacionalismo catalán mutado a separatista ha “disimulado (…) sus elementos anacrónicos, un poco decimonónicos y rancios, y su sustrato supremacista [afirmación escrita antes de que Torra fuese investido presidente de la Generalitat]”, y este disimulo de factores avejentados del fenómeno secesionista hace, según el autor de este “golpe posmoderno”, que “el independentismo” sea “un movimiento esencialmente narcisista” (lo que evoca a la tesis de Adolf Tobeña, que califica lo que ocurre como un “auto enamoramiento” colectivo de los catalanes soberanistas).

No obstante, Daniel Gascón desenmascara con elegancia “el discreto encanto del supremacismo” (capítulo 9 del ensayo, cuya lectura es particularmente instructiva). También tiene un cierto efecto catártico la alusión a “numerosos expertos e intelectuales” que han apoyado la opción separatista, “alineándose acríticamente con el ‘procés”, mencionando igualmente a los “intelectuales ‘finos’ del catalanismo” que “están imbuidos de cierta superioridad moral” y que aunque “no apoyan la táctica del ‘procés”, sí “comparten su relato del agravio”.

Nuestro autor pone palabras a percepciones muy generalizadas e inconexas en la conciencia colectiva. Como esta: “Conforme pasa el tiempo, más inverosímil resulta que unas personas pretendieran lograr la independencia con menos de la mitad de los votos, y que todavía sigan empeñadas en ello. Pero también causa perplejidad que costara tanto tiempo evidenciar este hecho”.  Muy cierto.

Pero esa constatación hay que ponerla en relación con lo que Gascón denomina “la mirada del mundo” sobre el fenómeno secesionista —una mirada “orientalista”—, en la que “algo tiene que ver la desidia comunicativa del Gobierno de Mariano Rajoy”, aunque este no sea el único motivo sino también la visión “perezosa y condescendiente anglosajona” que el filólogo y periodista explica con ejemplos de publicistas que, como John Carlin, Jon Lee Anderson o Raphael Minder, han desmentido con sus tesis el presunto cocimiento que decían tener de nuestro país, su historia y su tránsito de la dictadura a la democracia.

Daniel Gascón es constructivo en el remate de sus tesis —habrá que negociar—, pero antes advierte de que “la realidad es terca” y que, por tanto, el “simulacro se disuelve en contacto con la realidad” que no consistió en un choque de trenes sino en “un golpe contra un muro”, siendo lo más llamativo que “quien quisiera sabía que ese muro estaba allí”. 

Debió advertirlo el catalanismo que, para el autor, es otro de los “damnificados” del proceso porque se ha visto arrastrado “a una apuesta inviable y excluyente”, y al que le va a corresponder la “gestión de la frustración”.

Este ensayo está llamado a constituir un referente para la comprensión del proceso secesionista y para el debate dialéctico en el que los soberanistas —lo explica también Gascón— se han impuesto privatizando conceptos y palabras a los que han alterado su sentido auténtico."               (José Antonio Zarzalejos, El Confidencial, 07/06/18)

Uno de los efectos del independentismo catalán ha sido acelerar un proceso psicológico por el cual un numero creciente de ciudadanos desea sentirse a gusto con su condición de españoles

"(...) uno de los subproductos del fallido envite independentista catalán ha sido acelerar un proceso psicológico por el cual un numero creciente de ciudadanos desea dejar de sentirse a disgusto con su condición de españoles. 

Se equivoca quien piense que esa nueva sentimentalidad interesa o afecta únicamente a los votantes de un partido. En la ilusión con que se ha recibido el nuevo equipo de Gobierno de Sánchez, también es posible apreciar ese renacido deseo de los españoles por gustarse.

 Pero estas personas, cuidadosamente seleccionadas, que de pronto restañan nuestro amor propio, ya eran españoles y ya sabíamos de sus méritos. Como dice Proust, a menudo no hacen falta nuevos paisajes sino nuevos ojos.

 La moral colectiva de un país es un balance entre el sentimiento de orgullo que infunden los logros de la comunidad y el sentimiento de vergüenza que provocan sus taras e impotencias. En una sociedad polarizada como la española conviene recordar que ese equilibrio no se altera porque cambie el color de un gobierno. 

Por tópico que suene, desde 1978, españoles de izquierda, centro y derecha, reman juntos. 

El acierto o desacierto del Gobierno de turno es solo una pequeña parte de lo que somos. Porque España lleva siendo un buen lugar desde hace tiempo con el concurso de españoles de todas las ideologías. (...)"          (Juan Claudio de Ramón, El País, 11/06/18)

El acercamiento a la Alemania nazi por parte de sectores separatistas catalanes era congruente con las posiciones abiertamente racistas que preconizaban publicaciones afines

"(...) La mala opinión de Hitler sobre la calidad racial de los españoles pudo facilitar los contactos que un sector del separatismo catalán mantuvo con el III Reich poco antes de la Guerra Civil en busca del apoyo alemán a la independencia de Cataluña. 

La prueba documental la encontró hace años el historiador Xosé M. Núñez Seixas en el Politisches Archiv des Auswärtigen Amts [archivo político del Ministerio de Asuntos Exteriores] de Berlín, donde se conserva un extenso memorándum en español que, en mayo de 1936, el grupo separatista Nosaltres Sols! hizo llegar al Gobierno de Hitler a través del consulado alemán en Barcelona.

 Parte del documento consiste en un plan que el año anterior un dirigente de Nosaltres Sols! había presentado en persona en el Ministerio de Propaganda del III Reich. A aquella propuesta inicial se había añadido esta vez una adenda, titulada “Ampliación de nuestro proyecto”, precisando los términos de la colaboración.

Se incidía sobre todo en la confluencia de intereses entre Alemania y Cataluña frente a Francia y España, en las similitudes históricas entre el pangermanismo y el pancatalanismo y en el común rechazo al orden internacional creado por el Tratado de Versalles.

 Los autores del memorándum ofrecían fomentar la conciencia secesionista en el sur de Francia, informar a Alemania sobre objetivos militares en España y, en caso de guerra, proporcionarle grupos armados que podrían ser “instruidos por Vds.”.

 El sentido del plan presentado por “nuestra organización patriótica N. S. [Nosaltres Sols!]” se resumía finalmente en una idea muy sencilla: “Una Cataluña libre representaría para Alemania un paso definitivo en el desmoronamiento de Francia y la existencia de un país amigo en el Occidente Mediterráneo”.

El acercamiento a la Alemania nazi por parte de sectores separatistas era congruente con las posiciones abiertamente racistas que preconizaban publicaciones afines (“Fonaments cientifics del racism”, Quaderns del Separatisme) y con las declaraciones de algunos de sus líderes, como Batista i Roca, que intentó de nuevo negociar con Alemania ya en plena Guerra Civil, o los tristemente célebres hermanos Badia, tan de actualidad en estas últimas semanas por la admiración que dice profesarles Quim Torra.

 Las opiniones del nuevo presidente de la Generalitat sobre los españoles no andan muy lejos del concepto de infrahombre que utilizó Hitler al referirse al embajador de la Segunda República en Berlín.

 No es de extrañar por ello su empeño en homenajear a aquel sector del nacionalismo catalán que en los años treinta se mostró dispuesto a todo con tal de lograr, como se afirma en el memorándum entregado al Gobierno de Hitler, “la libertad total y absoluta de Cataluña”. 

Fueron, en palabras de Torra, “els pioners de la independència”, hombres como Josep y Miquel Badia, Batista i Roca, Josep Dencàs y Daniel Cardona, figuras destacadas de Estat Català y Nosaltres Sols!, que en tiempos difíciles supieron ver que la independencia era el único camino, sin que el régimen político vigente en España, dictatorial o democrático, monárquico o republicano, cambiara en nada las cosas.  

“Quina lliçó, quina bellíssima lliçó!”, exclamaba el actual presidente de la Generalitat en un artículo publicado hace cuatro años, ignorando —o no— que entre los servicios prestados a la causa por Nosaltres Sols! se encuentra esa detallada propuesta de colaboración presentada al Gobierno de Hitler poco después de la victoria del Frente Popular en España.

Estas son las amistades peligrosas que Quim Torra ha trabado en su deambular por la historia del independentismo en busca de héroes dignos de tal nombre. 

Tiene algo de ironía del destino que su afán por hacerles justicia deje al descubierto aquello que la agitprop nacionalista había intentado ocultar durante décadas de incansable labor: los orígenes supremacistas y las veleidades fascistoides de algunos de los grupúsculos que en los años treinta orbitaban en torno a Esquerra Republicana de Catalunya y Estat Català. Esa es la principal fuente de inspiración histórica de aquel a quien Pedro Sánchez ha denominado el “Le Pen español”.  

(...)  el PNV, cuyo fundador, Sabino Arana (tiene calle en Barcelona), fue pródigo en declaraciones racistas y antiespañolas —“los maketos: esos son nuestros moros”.

No en vano, los autores del memorándum de Nosaltres Sols! reservaban a “nuestros hermanos de Euskadi” un papel relevante en ese gran proyecto supremacista que buscaba el aval del III Reich. Nada tiene de particular que Quim Torra coloque a sus amistades peligrosas en el panteón de hombres ilustres del nacionalismo catalán.(...)"                 (Juan Francisco Fuentes, El País, 06/06/18)

La situación catalana se desborda por la dejación de responsabilidades de sus gobernantes, que viendo que llegaba una ola de indignación ante una crisis económica de enorme envergadura, prefirieron optar por un proyecto político que lograba un enemigo común... Madrid

"(...) la situación catalana se desborda por la incapacidad, por la dejación de responsabilidades de sus gobernantes, porque éstos, viendo lo que llegaba --una ola de indignación ante una crisis económica de enorme envergadura-- prefirieron optar por un proyecto político que lograba un enemigo común, ese conglomerado al que llaman Madrid.

Todos tenemos nuestros entornos, todos conocemos casos singulares. Pero hay un denominador común: el autónomo que cae en picado; el profesional liberal que es consciente de que nada será igual; el empresario que ha tenido que despedir personal... Todos ellos tomaron la bandera del derecho a decidir y del independentismo como una fórmula ilusionante, para abordar con cierto optimismo el futuro. 

Y sí, no nos engañemos, siempre ha existido un núcleo estructural de independentistas. Lo eran, lo son y defenderán lo mismo aunque el autogobierno sea prácticamente el mismo que el de un Estado confederal. Es legítimo, es un proyecto político que existe.

Por eso hay que ir al lugar de los hechos, al momento culminante. A junio de 2011, cuando el Govern de Artur Mas tuvo que aterrizar en helicóptero en el parque de la Ciutadella, para aprobar los presupuestos en el Parlament. Los accesos estaban bloqueados por manifestantes que mostraban su enorme cabreo por los recortes en todas las materias sociales más sensibles que había acometido el Govern de Artur Mas, y que su consejero de Economía, Andreu Mas-Colell, explica con todo lujo de detalles y admite en su libro Turbulències i tribulacions.

Artur Mas no se cortó, y estaría bien ahora que todo el independentismo reflexionara sobre sus palabras de aquel momento. Enojado, en la sesión de control en el Parlament, el 16 de junio de 2011, calificaba de “kale borroka” el asedio al Parlament del día anterior.

 “Espero que esto no acabe sólo en el ámbito de la Fiscalía, sino que pase a los tribunales y haya un castigo ejemplar para aquella gente que cometió un atentado flagrante contra nuestra democracia y nuestro Parlament”, tras calificar a los manifestantes de “auténticos cafres”. Sin embargo, el independentismo censura que se pueda hablar de “kale borroka”, cuando otros manifestantes han asediado delegaciones o subdelegaciones del Gobierno.

A partir de aquel momento, el Govern de Mas cambió sus prioridades. Quiso gestionar, quiso gobernar, pero percibió que lo tendría complicado, y optó por dejarse llevar, por animar y, después, sumarse al carro de la reivindicación y del referéndum de autodeterminación.

Lo explica Mas-Colell, no hace falta interpretar nada. Dice el exconsejero de Economía, dando cuenta de los dos relatos que se construyeron: “El asedio al Parlament representa en una sola imagen el choque de relatos que se produjo durante la crisis: los que atacaron todo lo que los gobiernos realizaban para luchar contra la crisis y que estaban plenamente convencidos de la naturaleza malvada y opresora de los gobernantes, frente a los representantes de la voluntad popular que, en Cataluña, como en todos los sitios, intentaron salir de la crisis de la mejor manera posible, siempre convencidos de que les había tocado lidiar con el asunto más antipático para un político, que es distribuir el empobrecimiento en lugar de distribuir el enriquecimiento”.

Podían haber sido responsables, mantener el pulso, escuchar y gestionar mejor ese empobrecimiento, tener cintura y asumir que los compromisos electorales a veces es mejor dejarlos en un cajón --no eliminar el impuesto de sucesiones, por ejemplo-- y asumir que gobernar --toda la sociedad debería también valorar más lo que significa eso-- es ingrato en muchas ocasiones.

Sin embargo, la opción fue otra. Y ahora no hay valentía para reconocer que es necesaria una rectificación en toda regla, y que se debe volver a gobernar, con humildad, explicando a los suyos que se trató de un proyecto erróneo, equivocado, que no llevaba a ninguna parte. ¿Lo harán en algún momento?"       (Manel Manchón, Crónica Global, 21/04/18)

21/6/18

La pijería siempre ha sido muy dada a enseñar al populacho cómo debe hacer para integrarse. Ya el mismo término que usan "colonización lingüística" muestra su alto grado de ignorancia. Los colonizadores van a las colonias a robar lo que en puridad pertenece a los nativos. Que yo sepa, nadie de los trabajadores que vino a Cataluña hablando español robó el catalán, ni impidió a los catalanes hablarlo. Entonces ¿de qué colonización hablan?. Yo conozco gente que ha tenido que simular ir a votar el 1-O, porque si no quedaban señalados...

"Nos habíamos quedado en este punto. El proceso, desde su punto de vista, ¿está muerto y enterrado? Si fuera así, ¿cómo podemos/deberíamos seguir adelante en una sociedad, como la nuestra, que parece muy dividida por temáticas identitarias?

Nació muerto, el pobre. Pero ya se sabe que hay madres que se resisten a creer que su hijo ha nacido muerto, niegan la realidad. En Cataluña hay casi 2 millones de esas madres. Bueno, quizás ya menos, pero sigue habiendo. Siguen acunando el cadáver del bebé, cantándole nanas, incluso intentan darle el pecho, y eso que el pobre apesta, después de tanto tiempo fiambre. 

Allá ellas, eso sólo lo cura la psiquiatría. Respecto a cómo seguir adelante en una sociedad como la nuestra, la receta es muy sencilla: sigamos con nuestra vida como si nada. Se lo digo de verdad. 

¿A mi qué más me da que salga la iluminada de turno en TV3 -siempre en TV3- diciendo que "som república", o un prófugo de la justicia asegurando que "no ens rendirem"? No es sólo que no me preocupe, es que me importa un pimiento. No les pienso dar la satisfacción de tomarme en serio sus payasadas, simplemente me río de ellos en mis artículos.

 ¿Es que hay otra opción? ¿De verdad se puede escribir en serio sobre tales mamarrachos? Y a la gente que no escribe le recomiendo lo mismo, que se preocupe de las cosas importantes y no de esos capullos.

Algunas voces críticas opinan que el secesionismo realmente existente ha herido de gravedad al, por algunos, añorado catalanismo. ¿Es así en su opinión?
 
Me parece que ya le he dicho que el pueblo es gilipollas por definición. Antes le mandaban ser catalanista y ahora le mandan ser independentista. Y si mañana le mandan ser mexicano, todos esos que hoy gritan "independencia" se pondrán a cantar rancheras. Ni existía el catalanismo ni existe el independentismo, existe un atajo de borregos que va hacia donde le mandan. En Cataluña la tontería ni se crea ni se destruye, solamente se transforma.  (...)

Vuelvo a citarle: "Actos inútiles de consejeros inútiles nombrados por un presidente inútil, que tienen como único objetivo que salgan a TV3". ¿Por qué tanta inutilidad? Añado, insistiendo un poco, ¿qué papel cree usted que ha jugado TV3 en el que se suele llamar procesismo o ideología procesista?
 
Claro, es que me refería al acto del "traspaso de poderes" que fueron ha teatralizar a Bruselas o a la cárcel, dependiendo de donde estuviera alojado el conseller saliente. Ya me contará qué poder, o que papeles, le va a traspasar al nuevo conseller un preso o un fugado. Simple teatro para salir en TV3. Y salió, claro que salió. Vaya por delante que TV3 tiene excelentes profesionales, pero ya sabe: "que buen vasallo, si tuviera buen señor".

 No es sólo que el enfoque de las noticias en el TN sea totalmente sesgado -si los CDR atacan un acto que se celebraba, se le llama "enfrentamiento"- es que toda la programación está enfocada al procés. Hay espacios, como el "Preguntas Freqüents" o el 3/24, que si no ves nada más, acabas convencido que en el mundo no sucede nada en absoluto fuera del procés.

 ¡Pero si incluso nos han colocado a Pilar Rahola -por un pastón a pagar entre todos a tocateja- diariamente en un programa de sobremesa para marujas! Y conste que un programa para marujas es el sitio ideal para esta señora, el problema es que no se limita a hablar de la boda de su hija o de lo que cocina para su marido, que sería mucho más interesante que sus opiniones políticas. Pero bueno, supongo que de alguna manera hay que devolver los favores.

En otros artículos habla usted de la Cataluña profunda. ¿Qué Cataluña es esa? ¿A qué territorios y poblaciones se refiere? ¿Qué profundidad tiene esa Cataluña profunda?

La Cataluña profunda es la de los pueblos. También hay Cataluña profunda en las ciudades, pero se sobrelleva mejor. Me refiero a lugares donde todo el mundo se conoce y donde no llevar el lacito amarillo que te acredita como catalán de bien, supone sufrir miradas de desaprobación, eso como poco. 

Antes hablábamos del procesismo como religión, ¿no? Pues es normal que en los pueblos haya más fe, también la había cuando la religión predominante era el catolicismo en lugar del laicismo.

 "Yo sólo miro tv3", es una frase recurrente, y quien la pronuncia sólo debe leer la prensa no desafecta al régimen. ¿Para qué necesitan más? Igual si abren la perspectiva escuchan o leen algo que les hace dudar de sus ideas. Y eso nunca. La llamo Cataluña profunda porque queda mejor que llamarla Cataluña zafia, atrasada, intolerante y caciquil. Uno, que es educado.

¿Qué papel juegan los CDR en la situación actual? ¿Son comité de defensa o más bien de ataque?

El único fallo de los CDR es que no van uniformados. Unas camisas pardas les sentarían la mar de bien. Y si son diseñadas por Hugo Boss, mucho mejor.

¿Es justa la consejera de Cultura, Laura Borràs, cuando habla -coincidiendo con las reflexiones del grupo Koyné- del papel de colonizadores lingüísticos que han jugado las familias trabajadoras del resto de España que vinieron a Cataluña en los años cincuenta y sesenta (mis padres entre ellos por ejemplo)?

¡Laura Borràs! He aquí una consejera de la que no me acordaba, realmente tengo memoria selectiva, sólo recuerdo las cosas importantes. Corre por mi casa un ladrillo que escribió esta mujer, algo así como "Elogio del ensayo", que es totalmente infumable.

 En fin, con suerte si trabaja de consellera no tendrá tiempo de escribir nada más, no todo van a ser desgracias con el nuevo gobierno. Respecto a sus declaraciones, debo decir ante todo que a mi me importa un bledo el futuro del catalán. Y otro tanto el del castellano. Yo hablo y escribo como me da la gana, y si dentro de 50 años no se habla catalán (ni castellano), mucho me temo que no va a ser problema mío. 

Supongo que la señora Borràs, que no ha tenido que ensuciarse el cutis para ganarse un mendrugo de pan, pretendía que la pobre gente que venía a Cataluña en busca de un sustento, gente que ayudó a levantar Cataluña mientras vivían en barrios sin los mínimos servicios o quizás en barracas construidas con sus propias manos, se apuntara a clases de catalán y de sardanas. 

La pijería siempre ha sido muy dada a enseñar al populacho cómo debe hacer para integrarse. Ya el mismo término que usan "colonización lingüística" muestra su alto grado de ignorancia. Los colonizadores van a las colonias a robar lo que en puridad pertenece a los nativos. 

Que yo sepa, nadie de los trabajadores que vino a Cataluña hablando español -como si las clases altas de Barcelona no lo hablaran entre sí, mucho antes de la llegada de la emigración- robó el catalán, ni impidió a los catalanes hablarlo. Entonces ¿de qué colonización hablan? ¿Se refiere la consellera a que los charnegos tenían más hijos y por tanto se expandía más el castellano? Pues no protestes tanto y folla más, hija.

Vuelvo a citarle: "[Cataluña] Tierra de acogida, decían, ahora sé que a modo de broma, de este país que empieza a dar miedo. En la ciudad lo ignoramos, pero debe ser muy dura la vida en los pueblos para los que no comulgan con el pensamiento único". ¿Da miedo realmente? ¿Es tan dura la vida en los pueblos si uno no comulga con el pensamiento (único) nacionalista-y-secesionista? 

Yo conozco gente que ha tenido que simular ir a votar el 1-O, porque si no quedaban señalados. O a otros, con negocio propio, a quienes les ha pasado el alcalde a "recordarles" que a día siguiente hay huelga en favor de los presos, que a ver qué piensan hacer. Los que en esos lugares no esconden que son del PSC, o del PP, o de C’s, o que simplemente no comulgan con el rebaño, son unos héroes.  (...)

¿No les falta un poco de humor, de sano humor como el suyo, a algunas patums (con perdón) del mundo secesionista? Por ejemplo, hoy miércoles, 13 de junio, El Roto ha publicado una viñeta en El País y Toni Soler y Antonio Baños se han subido inmediatamente a las cumbres abismales de la descortesía, directamente del insulto: desgraciado, miserable, hipoputa, catalanófobo y algún cumplido más que he olvidado. ¿Hay para tanto? ¿No había que encajar un poco mejor las críticas? 

La primera víctima del procés fue el sentido del humor. Murió asesinado vilmente, a manos de tanto fundamentalista. Toni Soler y Antonio Baños son amigos, o por lo menos compañeros de los de gintònic de a 10 euros, y eso curte, o sea que saltan al unísono. 

 Sucede que los lacistas -de hecho, los políticos en general- soportan muy bien la crítica "seria", con ello quiero decir que les resbala largamente. Les molesta mucho más la crítica irónica y mordaz. Lo del Roto es un ejemplo claro: si sale alguien a decir que los lazos sirven para identificasr a los de un bando y los del otro, no pasa nada; ahora bien, si eso mismo lo dices con humor, no lo soportan. Esa es una de las razones por las que me gusta usa la ironía en mis artículos: por joder. La otra razón es que al procés no hay manera de tomarlo en serio. 

No son frecuentes voces críticas como la suya en el panorama periodístico catalán. ¿No teme quedar un poco aislado o que le hagan la vida imposible? Me parece que en algún lugar han preguntado, muy alarmados, si usted alquilaba una casa en el pueblo. 

Jajaja, sí, fui a Amer -la patria chica del Vivales- a ayudar a un familiar en una mudanza, y por la noche le llamó un tipo del CDR local, amigo suyo, preguntándole si era cierto el rumor de que quería alquilar la casa "a Albert Soler". O sea, como si la pretendiera alquilar a un terrorista o a un pederasta que acaba de salir de prisión. 

Al responderle que no, el tipo se tranquilizó y dijo que haría unas cuantas llamadas a gente del pueblo para "calmar los ánimos". ¡Calmar los ánimos! ¡Porque se rumoreaba que un periodista podía ir a vivir a Amer! Así estamos. Ahora bien, respondiendo a su pregunta: no, no temo quedar aislado ni que me hagan la vida imposible. ¿Cómo me la podrían hacer imposible? Mire, yo tengo mi familia y mis amigos, con eso me basta.

 Bueno, no estarían de más algunas amantes ocasionales, pero no creo que su falta se deba a lo que escribo. Pero como no tengo interés ni en tener más dinero, ni ningún cargo, ni ninguna subvención, ni nada, difícilmente puede nadie hacerme la vida imposible. Me corro alguna juerga con los amigotes una vez a la semana, y así será mientras el cuerpo y mi mujer lo aguanten. 

 Encima, me lo paso divertido escribiendo, o sea trabajando, en el periódico tengo excelentes compañeros -de todas las opciones políticas- y un director que nunca me ha dicho sobre qué puedo o no puedo escribir. 

 ¿Se puede pedir más? Quizás una amante ocasional, pero eso ya lo he dicho antes. Tengo una vida mucho más feliz, plena y divertida que el 99% de la población mundial. Y de salud, como nunca. O sea que si alguien espera que me vayan las cosas mal, va a tener que joderse. 

Me alegra mucho lo que me cuenta y me tranquiliza. Por la misma senda que la pregunta anterior: ¿son comentados sus artículos en las que solemos llamar redes sociales? ¡No deben decirle cosas muy afables en algunos casos! ¿Se ha sentido amenazado? 

Curiosamente, recibo más ánimos y elogios que críticas, no solo en las redes, sino también por la calle. Y va en aumento, me parece que la gente empieza a perder el miedo. Es inevitable que alguna vez alguien -normalmente desde el anonimato de las redes- me insulte, pero no pasa nada, yo le respondo "me cago en la puta que te parió" y ya estamos igual.

 No sé si le he comentado que soy muy educado, eso me lleva a responder siempre en su mismo tono a la gente que se me dirige. Y si me insultan por la calle, lo mismo pero a gritos: "me cago en la puta que te parió". Y si alguien intentara agredirme, pues yo lo intentaría a mi vez con él. Donde fueres, haz lo que vieres. 

Mil gracias por su tiempo y por sus reflexiones. Y que conste que yo también soy de los que elogian sus artículos y los recomiendan. "        (Entrevista a Albert Soler, Salvador López Arnal, Rebelión, 18/06/18)

Sandrine Morel, corresponsal de Le Monde: Los nacionalistas catalanes han copiado de los independentistas eslovenos no sólo el referéndum, sino también la campaña mediática... como las consignas de que el Estado había enviado a Cataluña “hordas de españoles con el único objetivo de «disolver a los catalanes»” y que “hace trescientos años que estamos oprimidos”

"Le aviso, querido lector, que este libro le va a producir malestar, irritabilidad y desazón. No porque sea un libro mentiroso, o de un estilo pedestre o esté lleno de erratas, sino porque cuenta, con brevedad y ritmo de reportaje periodístico, todos y cada uno de los pasos dados por el separatismo catalán para conseguir la secesión, así como la abulia del Gobierno nacional ante un plan que ha durado años y ha sido anunciado repetidas veces por sus protagonistas.

Su autora, la periodista Sandrine Morel, es corresponsal del diario francés Le Monde en España desde 2010 y ha cubierto todo el ‘procés’. Ha entrevistado a Mariano Rajoy, Artur Mas y Carles Puigdemont, y se ha reunido con directores generales de TV3, asesores de Moncloa, diputados de la CUP, alcaldes, taxistas y manifestantes de las Diadas.

Desde su primera entrevista a Mas, hecha en 2012, le queda claro que los aceleradores del ‘derecho a decidir’ fueron la crisis económica y los recortes aplicados por el Gobierno catalán. Para escapar de la quema y cumplir su deseo de pasar a la historia, Mas optó por cabalgar el tigre de la independencia. Su egoísmo se lo resumió a Morel con estas frases: “España es el Titanic. No se nos puede negar nuestro bote salvavidas”.

A partir de entonces, Morel asistió a un proceso de manipulación de masas diseñado desde el poder. Los mismos políticos que decían en público que en España perviven los modos de la dictadura franquista, les reconocían a ella y a sus colegas que estaban seguros de que no sufrirían represión ni castigos por sus actos, aunque convirtiesen a Cataluña en “Vietnam”, porque, a fin de cuentas, el Estado español es una democracia.

Año tras año, las Diadas se transforman en “espectáculos narcisistas”. El independentismo “habla cada vez menos de dinero y cada vez más de dignidad”. La mentira sale de los libros de texto de las escuelas e infecta la sociedad, como las consignas de que el Estado había enviado a Cataluña “hordas de españoles con el único objetivo de «disolver a los catalanes»” y que “hace trescientos años que estamos oprimidos”.

Uno de los aciertos del nacionalismo es la indefinición de la nueva república. “La independencia es una cáscara vacía en la que cada cual mete sus sueños, sus deseos, imaginando, acertada o equivocadamente, que se harán realidad”; por eso, se adhieren a este movimiento planeado por la burguesía desde los anticapitalistas de la CUP a los jubilados andaluces que quieren aumentar su pensión. 

Aparte de la superioridad cultural y hasta racial, los golpistas inculcan dos ideas fundamentales en su masa: un “espíritu de comunidad” que la moviliza, junto con la certeza de que todo lo que se haga será de balde, que no pasará nada.

Sin embargo, en sus estancias en Cataluña, Morel ha constatado la imparable división social. Los catalanes no separatistas –incluso los que estaban resignados a ser ciudadanos de segunda en su tierra y los que se pretenden cosmopolitas y dicen rechazar todas las banderas– que antes callaban, ahora no lo hacen. 

La aparente unanimidad del ‘poble’ catalán se basaba en el silencio de los que temían ser tachados de ‘malos catalanes’. Pero eso se ha roto.

Vayamos ya a la parte más interesante de En el huracán catalán. Aunque Morel no lo menciona, entre los elementos que incluyó el catalanismo en su plan, se encuentra el modelo esloveno para tratar con los medios de comunicación extranjeros y, a través de ellos, transmitir sus mensajes al mundo.

 En 1988, el Gobierno de la República de Eslovenia, todavía parte de la República Socialista Federativa de Yugoslavia, empezó a preparar su secesión y entre sus decisiones estuvo la contratación de diversas agencias de comunicación en Europa y Estados Unidos. Además, mimó a los corresponsales que entraron en el país para cubrir, primero, el referéndum ilegal (1990) y, luego, la proclamación de independencia (1991).

Los nacionalistas catalanes han copiado de los eslovenos no sólo el referéndum, sino también la campaña mediática. Los periodistas son buscadores de noticias, de declaraciones y de imágenes, y la Generalitat de Mas y Puigdemont montaron una descomunal estructura (pagada con fondos públicos) para facilitárselas. 

Confidencias, despachos abiertos, dossieres, vídeos, listas de Whatsapp…; y en varios idiomas. Este canal lo usaban los conspiradores también para “transmitirnos la imagen más negativa posible del Estado español”. Y al que se salía de la cola, “reprimendas en público a través de Twitter, en los casos de presión más flagrantes”.

La revelación más destacada de Morel es la amenaza que le hizo “un director de comunicación” del PDeCAT en junio de 2017, durante una conversación en la que el apparatchik se sintió “molesto” por el “escepticismo” de la corresponsal sobre el éxito de la consulta del 1 de octubre: “Si compramos dos páginas de publicidad en Le Monde, escribirás lo que tus jefes te digan”. Ante el enfado de Morel, el susodicho trató de disculparse con un “Bueno, así funcionan las cosas aquí”. 

Si los catalanistas tratan así a quienes quieren seducir, ¡cómo tratarán a los ‘malos catalanes’ que se oponen a sus planes!

Todo lo anterior explica que la primera frase del libro de Morel sea la siguiente: “Nunca he sentido que se escrutara y se juzgara tanto mi trabajo como en el asunto de la independencia de Cataluña”. Pero, hay que resaltarlo, desde un solo lado del conflicto, ya que el Gobierno nacional destacó por su inoperancia, tanto en el aspecto administrativo como en el comunicativo.

Mientras los nacionalistas iban cumpliendo cada una de las fases de su plan, Moncloa anunciaba a los corresponsales extranjeros, primero, que no se realizaría el referéndum, porque los golpistas carecían de infraestructura y, después, que los funcionarios no colaborarían porque se exponían a perder sus empleos ganados en una ardua oposición. “La comunicación del Gobierno español no iba más allá de los meros argumentos jurídicos”, confiesa Morel.

 Por ejemplo, Rajoy sólo le concedió una entrevista en 2013, en la que respondió con frases hechas a las preguntas sobre el separatismo rampante (cumplir la ley, España como Estado-nación más antiguo de Europa, la igualdad entre los españoles…); la entonces vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría se negó a concederle siquiera una; y entre 2012 y 2016 sólo tuvo una reunión con el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, en la que éste dijo a los periodistas, como quien espanta una mosca, que en Moncloa estaban negociando con Barcelona y que no habría referéndum. Su conclusión es que “Rajoy no ha hecho política”.                 (Pedro Fernández Barbadillo es periodista y escritor, Somatemps, 13/06/18)

Los partidos catalanes denuncian un ataque a sus sedes cada 4 días en 2018. Los socialistas, los más atacados...

"Un ataque en la sede de un partido catalán cada cuatro días. Ese es el balance que arroja el registro de denuncias a los Mossos d'Esquadra durante los primeros cuatro meses de 2018, al que este diario ha tenido acceso en exclusiva. 31 "incidentes" -según la calificación usada por los Mossos- en total desde el primer día del año hasta el 30 de abril, de los cuales hasta un tercio fueron denunciados por el PSC.   Los datos suministrados por el Departamento de Interior no desglosan los incidentes por tipología.

Los socialistas, con 10 denuncias, ostentan el récord de acciones puestas en conocimiento de la policía, seguidos de Ciudadanos con 8 y ERC, con 6 en total. Los tres son partidos de amplia implantación territorial, aunque algunos de los ataques se han producido varias veces en la misma ciudad. En el caso de los republicanos, han denunciado hasta tres ataques en sedes situadas en Barcelona.

El partido de Inés Arrimadas sufrió dos ataques en Barcelona, L'Hospitalet y Lleida, en diferentes fechas a lo largo de los cuatro meses. El PSC también recibió un ataque doble en la localidad de Vilanova i la Geltrú, el 26 y 27 de marzo. El PP denunció 3 ataques en total, en L'Hospitalet, Sant Cugat y Cerdanyola. 

La lista la cierran PDeCAT, Podem y CUP, que informaron de un ataque a sus sedes cada uno, en Rubí, Tarragona y Figueres respectivamente.
Territorialmente, la mayor parte de los ataques, hasta 24, se produjo dentro de la Barcelona metropolitana, en la que vive cerca de la mitad de la población catalana. Tampoco se registraron incidentes en municipios pequeños, siendo los menores Sant Sadurní d'Anoia, donde el PSC sufrió un ataque el 25 de marzo, o Vallirana, donde Ciudadanos denunció otro tres días después. (...)"           (Arturo Puente, eldiario.es, 10/06/18)

Un fenómeno curioso en los últimos años es la predisposición de los izquierdistas escoceses a apoyar la independencia mientras insisten en que ellos no son nacionalistas

"(...) El domingo Euan McColm explicaba en el Scotsman lo que le pasa a la izquierda con el nacionalismo escocés: La izquierda aprende a entender poco a poco las realidades del nacionalismo”:

Un fenómeno curioso en los últimos años es la predisposición de los izquierdistas escoceses a apoyar la independencia mientras insisten en que ellos no son nacionalistas

 Puede parecer que hay diferencias irreconciliables entre socialismo y nacionalismo, pero son obviadas fácilmente por los radicales de izquierda, los verdes y otros miembros [separatistas] que han apoyado alegremente al SNP (…). 

El socialismo pro-Sí de los izquierdistas es de un tipo curioso, que exige solidaridad entre la clase trabajadora hasta la frontera con Inglaterra, pero no más allá. Quien cuestione esta lógica es un “conservador azul” a quien se puede rechazar tranquilamente.

También sorprende la asunción de los izquierdistas separatistas de que podrían moldear una Escocia independiente (…) creen que la secesión de Inglaterra crearía un clamor entre la gente a favor de políticas radicales a pesar de que, hasta ahora, no ha mostrado ningún interés en ellas. 

Estos “construye-naciones”, a rebufo de partidos autodenominados nacionalistas, se enfadan bastante si uno se atreve a sugerir que también ellos son nacionalistas. “No somos nacionalistas”, dicen, “sólo queremos construir una nación nueva y más justa, sin la perniciosa influencia de Westminster “[léase Madrid]. Que es el tipo de cosas que dicen los nacionalistas.(…)

Quizás algunos puedan volver sobre la cuestión fundamental de si el nacionalismo y el socialismo son compatibles.

Sabemos por la experiencia de la vida bajo gobiernos conservadores en Westminster y del SNP en Holyrood, que cuando hay que apretarse el cinturón, son los pobres a quienes más se les aprieta. Los nacionalistas pueden gritar contra la austeridad Tory, pero su doble moral se nos atraganta. (…) Si la visión de los nacionalistas de izquierda es que, por supuesto, los primeros tiempos de una nueva nación requerirían un grado de privaciones financieras, ¿sobre quiénes creen que recaerían? (…) ¿Se tornaría el SNP, que ha construido su éxito electoral sobre los votantes de clase media, contra esos votantes y les quitaría los beneficios que les ha dado?

Hay una visión indefendiblemente ingenua que cree que sí, que un voto por la independencia crearía un sentido de unidad nacional y propósito y que la prosperidad brotaría de ellos. Sabemos por los resultados de los referenda de independencia y del Brexit que las cosas no funcionan así. Es más probable que los primeros tiempos de una nación serían campo abonado para políticas más severas (…) y cuando llegan los recortes, serán aquellos que obtienen “algo por nada” quienes sufrirán el impacto. 

 Así ha sido siempre. Un fácil “pero haríamos las cosas diferente en Escocia” ni siquiera empieza abordar de manera creíble la inconsistencia entre la fantasía socialista y la realidad nacionalista”

Doncs és exactament el que passa a Espanya. Por eso el PSC-PSOE se ha ido a la porra."             (Dolça Catalunya, 04/06/18)

20/6/18

¿Por qué vamos a callarnos los charnegos? ¿Qué haríamos si nos enfrentáramos a un presidente de extrema derecha en España que nos insultara como hace Torra? ¿Por qué no declaramos persona non grata al presidente Torra en ciudades y pueblos?

"Mi compañera está de los nervios. ¡Cuando le hablo de ERC y de la CUP, arroja chispas por su boca, su cara y su alma! Está desesperada, no logra entenderlo. Si le hablo del PDCat o del núcleo servil de Puigdemont, ni les cuento. Padres andaluces y extremeños, hermanas aragonesas, primos gallegos y murcianos, antiguas novias (¡no me lo ha dicho nunca... pero lo sé!) valencianas, vascas y madrileñas, ella misma es palentina… Ha leído no diré que todos pero sí unos cuantos artículos del presidente (demediado) Joaquim Torra, el dirigido desde Berlín por el ex presidente sionista. Dice que no puede ser, que no puede más.
Uno de los fragmentos que más le ha dolido: “Ahora miras a tu país [Cataluña o Países Catalanes para JT] y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeras, víboras, hienas. Bestias con forma humana que destilan odio. Todos conocemos alguna. Abundan las bestias. Viven, mueren se multiplican” (de un artículo de 2012 publicado en El Món que lleva por título: “La lengua y las bestias”).
¿Quién destila odio, grita enfurecida y muy dolida? ¿Quién piensa y escribe realmente como una bestia, como una víbora, como un político carroñero, como una hiena insaciable, como un etnicista vomitivo? ¿Dónde viven, mueren y se multiplican verdaderamente las bestias, las bestias más peligrosas? Qué hacer, ella siempre tan leninista, me ha preguntado finalmente.  (...)

ha sido elegido con los votos del PdCat y ERC y el apoyo explícito de la CUP. Hay que esperar, no queda otra. Hay que resistir, hay que organizarse, hay que generar cultura federalista… Así iba diciendo cuando sin más, de golpe, se me ha encendido una lucecita.

¿Qué lucecita? Esta: ¿por qué vamos a callarnos? ¿Por qué vamos a paralizarnos y permanecer mudos? ¿Qué haríamos si nos enfrentáramos a un presidente de extrema derecha de otro país cualquiera? 

Cabe, desde luego que cabe, un recurso mínimo, de dignidad, de rechazo de lo que debe ser rechazado: ¿por qué no organizamos una campaña para que el presidente (demadiado) Torra sea nombrado persona non grata en ciudades y pueblos? ¿Que no se merece ese tratamiento? 

¿Cómo que no se merece ese tratamiento? ¿Una persona como él, de esas características político-culturales, de esa concepción racista, supremacista e hispanofóbica del mundo, es alguien que pueda ser bienvenido? ¿Dónde puede ser bienvenido?

¿No obraríamos del mismo modo si Rajoy, Rivera, Aguirre, Sánchez o quien fuera hubieran dicho cosas como las que ha afirmado una y cien veces, por activa y pasiva, el presidente etninista de .Cat, de la Cataluña que en él se reconoce? ¿A qué esperamos?

¿Que necesita un margen de confianza? Por favor, por favor,… Debemos ser pacientes, prudentes y temperadas pero no idiotas. No en nuestro nombre. No queremos un presidente que nos insulte, con toda la zafiedad del mundo, hasta lo más hondo.

No es nuestro presidente. Es una deshonra al país real y a sus instituciones. Un horror, un verdadero horror, para las mujeres que amamos la fraternidad y las relaciones de cercanía entre ciudadanas y pueblos."            (Rosa Guevara Landa , Rebelión, 23/05/18)

Lluís Bassets: "La independencia ha sido derrotada"... "el proceso ha terminado y ha terminado mal". No son tablas, es una derrota

"La última ocurrencia son las tablas. El procés ha terminado, sí, pero no en una derrota sino en tablas. El independentismo no tenía suficiente fuerza y cometió numerosos errores, sobre todo de cálculo —nos dicen— pero el Estado tampoco ha conseguido la aniquilación del movimiento. El balance final, por tanto, queda igualado: no es una victoria pero tampoco es una derrota.

No habría objeción en admitir las tablas si no se tradujera inmediatamente en la necesidad de "prepararse para el siguiente conflicto, que es inevitable". Entre quienes sostienen tal teoría hay intelectuales nada proclives a las fantasías, que recomiendan acumular más fuerzas y cuidar más las alianzas, especialmente con los movimientos sociales y las izquierdas alternativas, sin darse cuenta de que el error básico e inicial no es de evaluación de fuerzas sino de estrategia.

Si la independencia no ha llegado no ha sido por un déficit cuantitativo, como sería alcanzar la mayoría de votos de una hipotética consulta que, de otra parte, no se ha producido en condiciones aceptables —y hoy ya sabemos que tampoco se producirá—, sino cualitativo, como ha sido optar por el camino inviable de la unilateralidad, la ruptura de la legalidad y una confrontación con España para la que no existen ni existirán nunca suficientes fuerzas de todo tipo, incluyendo la inevitable capacidad coercitiva que se necesita en los procesos de destrucción de una legalidad y generación de otra nueva.

El secesionismo planteó la partida desde el inicio en unos términos bélicos que solo abocan a la victoria total o la aniquilación (independencia o sumisión, fue el dilema enunciado por Jordi Pujol para dar su luz verde al proceso secesionista), y precisamente porque sus dirigentes no han tomado conciencia ni han aceptado la realidad de la derrota, todavía siguen tentados por la idea de las tablas o incluso del armisticio, que aplazaría la confrontación definitiva para una mejor ocasión en que vuelvan a darse condiciones.

Los mayores disparates que se están produciendo estos días tienen su origen en esta nueva fantasía del procesismo que se prolonga a sí mismo tras su derrota. Tienen su justificación en la presión que viene de abajo, desde las bases sometidas a un fuerte adoctrinamiento durante seis años, que se niegan ahora a regresar a sus casas con las manos vacías y exigen la implementación de la república inexistente o al menos la permanente movilización de la comunidad independentista ofendida por la negación de su derecho a la autodeterminación y por la represión sufrida por sus dirigentes.

El error no puede ser más flagrante. La fuga hacia adelante secesionista ha conseguido con enormes esfuerzos la actual acumulación de fuerzas, pero a costa de estimular el surgimiento de una fuerte reacción hostil entre los catalanes constitucionalistas, hasta alumbrar el fantasma de una Cataluña definitivamente dividida en dos, independentistas y unionistas, en la que el instrumento propagandístico creado para demonizar la oposición a la independencia está fructificando en forma de una pesadilla etnicista auténticamente nociva para Cataluña, su lengua, su cultura e incluso su autogobierno.

En tales condiciones es bien fácil prever el retroceso que se avecina para el autogobierno de Cataluña. La independencia ha sido derrotada. El autogobierno ha quedado gravemente lesionado en el doble lance de su intrumentalización política independentista —Mossos d'Esquadra, modelo escolar, finanzas autonómicas y TV3— y de la intervención por el artículo 155.

 Y la eventualidad de una reforma constitucional que convenga a Cataluña ha quedado también erosionada por la división entre los catalanes y la reacción anticatalanista en el conjunto de España.

Para salir del atolladero, es condición indispensable admitir la derrota. No ha habido ni habrá una transición nacional catalana tal como la imaginó Artur Mas. Solo quedan cenizas de las sucesivas hojas de ruta para ejercer el derecho a decidir y para declarar la independencia unilateral. 

El proceso independentista, el procés, ha terminado y ha terminado mal, con seis meses de autogobierno intervenido; la inevitable represión que se produce cuando unos dirigentes políticos vulneran la legalidad constitucional de forma tan descarada; y el enorme resentimiento acumulado entre quienes creyeron en la facilidad y gratuidad de una independencia conseguida entre los parabienes de la comunidad internacional.

Admitamos, en todo caso, que esas tablas de salvación a las que se agarran los derrotados podrían tener un sentido si se separan del estricto desenlace del procés y se entienden como el equilibrio histórico entre una Cataluña sin fuerza suficiente para irse y una España sin fuerza suficiente para prescindir de ella o someterla. 

Quizás es pronto todavía para que los dirigentes reconozcan la verdad de los hechos, den por terminado el procés y regresen sin dudar un minuto más a la normalidad constitucional y estatutaria, a la recuperación del autogobierno en su integridad y a la minimización de las penas que inevitablemente comportarán los delitos cometidos.

No es fácil tan vasta tarea. También precisa de una cierta acumulación de fuerzas, aunque esta vez en el campo central del catalanismo transversal y plural sometido a la demolición por parte del independentismo. Regresar al unitarismo, en definitiva. La tragedia de la derrota es que sitúa a la tercera vía, la del catalanismo posibilista, como la única salida para quienes lo querían todo y están a punto de dejarnos sin nada."               (Lluís bassets, El País, 18/06/18)

La grosera sustitución de la perspectiva de clase por la nacional durante seis largos años ha permitido llenar de bruma las relaciones sociales en Cataluña. Esta pseudo-revolución de ricos contra pobres ha conseguido desviar la atención de los verdaderos problemas.

"(...) Lo cierto es que el conservadurismo va ganado la batalla. Se impone la huida del derecho del trabajo, el trasvase de las rentas de los trabajadores a las del capital, la involución en el respeto de dos de los derechos básicos de los trabajadores: el de negociación colectiva, dejando inermes a los trabajadores, y el de huelga con las nuevas amenazas punitivas del código penal.

 La izquierda política no es capaz de hacer frente a esta ofensiva. 

Primero, por su inconcebible división en el diagnóstico de lo esencial, que debería ser la recuperación de la presencia y la fuerza organizada de los trabajadores para recuperar su peso como clase en la sociedad. 

Segundo, por la incomprensible deriva de una parte de esa izquierda que sustenta la idea de que nuestra democracia es herencia directa del franquismo. O no saben lo que fue o se equivocan profundamente: la principal tarea hoy de la izquierda española –y europea- debería ser la defensa de nuestro Estado social y democrático de derecho, que tanta lucha y esfuerzo costó conseguir. 

Socavarlo, contribuyendo a esa especie de que España es una democracia fallida o poco menos, solo favorece a la derecha económica y política más ultramontana, interesada en todo lo que huela a deterioro del Estado.

Si en el conjunto de España las políticas desarrolladas durante la crisis han supuesto un retroceso de las condiciones de vida y trabajo y de las organizaciones obreras, en Cataluña han tenido más éxito que en ningún otro lugar.

 El proceso secesionista tiene su origen en la necesidad de la burguesía catalana de perpetuarse en el poder en el momento en que en Cataluña se ponían en práctica los más brutales recortes sociales como continuación de la para entonces consolidada deriva privatizadora de la enseñanza y la sanidad pública. Cataluña es, de lejos, la comunidad autónoma con la administración más corrupta durante decenios. 

Si Artur Mas, el adalid de los recortes y máximo dirigente de los convergentes, no quería entrar de nuevo en el Parlament bajando de un helicóptero quería hacer olvidar los estragos del 3%, tenía que agitar un espantajo: “España nos roba” y si somos independientes viviremos estupendamente sin el lastre de los españoles. 

No es de extrañar que la burguesía catalana, con gran tradición de brutalidad con los trabajadores – la misma que les perseguía a tiros en los años veinte y que se aprovechó como ninguna otra con las ventajas del franquismo- se pusiera inmediatamente manos a la obra. Y que el miedo de las clases medias catalanas a las consecuencias de la crisis, bien agitado por la propaganda institucional, hiciera el resto del trabajo. 

La agitación de los más bajos instintos supremacistas e insolidarios siempre es rentable para las derechas en momentos de crisis.

De manera paulatina pero constante, el objetivo ha sido el desgaste y la demolición del Estado para construir un enemigo externo. La provocación continua, el doble lenguaje y la insistencia en la diferencia (naturalmente, la superioridad frente a todo lo español) han sido el mensaje avasallador en una sociedad, al principio perpleja y después, en una parte, beligerante. 

La grosera sustitución de la perspectiva de clase por la nacional durante seis largos años ha permitido llenar de bruma las relaciones sociales en Cataluña. 

Esta pseudo-revolución de ricos contra pobres ha conseguido desviar la atención de los verdaderos problemas. Porque no se trata sólo de los “pobres” españoles, sino sobre todo de una acción política calculada y perseverante contra los trabajadores catalanes, hasta el punto de que su voz ha quedado callada, sus problemas inéditos y sus organizaciones de clase mareadas en un papel subsidiario de los intereses de las clases dominantes.

 No se olvide que la emancipación no puede ir nunca de la mano de la insolidaridad y que democracia es incompatible con desigualdad. (...)

La resistencia, tras las últimas elecciones, a admitir que la independencia ilegítima y antidemocráticamente proclamada fue un absoluto fracaso político, jurídico y de reconocimiento internacional, conduce ahora a la consolidación de la división y el enfrentamiento social.

 El victimismo se recrudece para intentar que quienes a sabiendas rompieron el orden democrático no asuman su responsabilidad. Las continuas invocaciones totalizadoras al conjunto del “pueblo de Cataluña”, los repetidos intentos de uniformización de la sociedad en el altar de la patria, sólo pretenden enmascarar un nuevo bonapartismo del que su principal víctima son, como siempre, las clases trabajadoras. 

El nuevo culto al líder, ahora en la persona de un aventurero como Puigdemont, junto con la asfixiante intimidación del disidente, produce escalofríos en quienes conservamos la memoria.

Y estos son los que van diciendo que España no es un país democrático. Han engañado a muchos y tienen a su favor el desastre de gobierno del Partido Popular que todos padecemos. Confundir un gobierno de derechas, por muy inútil que sea, con un Estado democrático puede ser un buen argumento de propaganda que, si se repite muchas veces puede llegar a ser creído. 

Creer que por invocar la república (su furor de apropiación no tiene límites) son herederos de los valores republicanos, -basados, estos sí, en los derechos de los ciudadanos y no de los territorios, y en el respeto, la igualdad y la solidaridad- puede contentar a los que se han creído la mentira de que la guerra del 36 la libró España contra Cataluña y no las clases trabajadoras de toda España contra la reacción y el fascismo, presentes -y bien presentes- también en Cataluña. 

Pensar que la división de los trabajadores en una Europa constantemente amenazada en su modelo de democracia social es un buen negocio, puede ser compartido por gentes como la Liga Norte, la ultraderecha europea o los conservadores del Brexit.

 Pero que la izquierda caiga en esas trampas no sólo es inconcebible, sino que constituiría una grave traición a la clase que dice defender. Sustituir el avance democrático en la igualdad por el debate identitario ha sido -y es aún- la mayor victoria en años de la derecha económica y política catalana sobre los trabajadores. ¿Seguiremos así o nos caeremos del guindo alguna vez?"           (Juan Ignacio Marín , Metiendo bulla, en Rebelión, 21/05/18)

Aceptar que Cataluña es una nación (cultural) y que, por tanto, tiene derecho a constituirse en Estado (nación política) es contrario a los intereses de las clases trabajadoras de Cataluña y de toda España

"(...) Entremos en el tema de frente. ¿Es España una nación de naciones? Seguramente, podríamos dar muchas vueltas sobre el concepto nación y hasta podríamos encontrar una definición que permitiera esa afirmación.

 ¿Podríamos?

España es una nación política y se configura como tal a partir de la Constitución de Cádiz, donde los derechos forales se superan, con sus aciertos y con su sufrida historia durante el siglo XIX. 

Cuando Marx habla en sus artículos para el New York Daily Tribune de La España Revolucionaria, y sitúa la primera revolución del siglo XIX entre el 1808 y 1814, no parece dar a entender que existieran identidades oprimidas desde 1714. Tal vez se lo pasó por alto.

Yo, particularmente, diría que España es una nación de nociones, que cada uno es libre de sentirla a su manera: es decir, España no es patrimonio de nadie, no necesita nacionalistas, ni nacionalismo españolista, y, como dice Guerra –a la vejez viruelas, ahora despierta siendo, como es, corresponsable de la deriva del nacionalismo- el concepto de “patria es la igualdad entre todos los españoles”. Y yo añadiría que el único patriotismo posible es el patriotismo constitucional.

Esa izquierda, al alimentar la defensa de la plurinacionalidad de España con la consabida mochila del derecho de autodeterminación, y, ahora, una vez pasado por maquillaje, el dret a decidir, lo único que hace es alimentar a los nacionalismos de corte identitario o herderiano, xenófobo, por si no se entiende.

Aceptar que Cataluña es una nación (cultural) y que, por tanto, tiene derecho a constituirse en Estado (nación política) es contrario a los intereses de las clases trabajadoras de Cataluña y de toda España. 

El nacionalismo catalán –que sí que existe, son los nacionalistas los que crean la nación identitaria– no es un problema de hace cinco años, es un problema viejo, que hay que resolver. Pero la solución nunca será concederle una tras otra todas las reivindicaciones insolidarias que reclame.

Es hora de la existencia de una izquierda que diga, alto y claro, que España es diversa y plural, pero que, a la par, diga que no, que no es plurinacional, que queremos un Estado integral, como definía la Segunda República Española, y que se necesita una reforma constitucional que cierre el sistema autonómico -declarando la autonomías existentes, delimitando las competencias de las tres administraciones (estatal, autonómica y municipal), que implante un sistema fiscal igualitario, compensado y solidario para todas las autonomías, eliminando conciertos y cupos-, eliminando también, entre otras, la disposición transitoria cuarta.

Y ahí seguimos, pero como no creemos en milagros, sabemos que Garzón no sufrirá una cura de su ceguera consuetudinaria ante el nacionalismo, la misma que muchos progres. No caerá del caballo ni se le aparecerá Lenin, no. ¡Deberemos espabilar! (...)"           (Vicente Serrano. Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista, Crónica Popular, 25/05/18)