31/7/17

Denuncia de la censura sufrida por Gregorio Morán en La Vanguardia por criticar a los medios de comunicación y opinadores afines al denominado “Procés” [Proceso] soberanista catalán. “Un muerto salvaría a Cataluña” Es el lema escondido entre los conspiradores

"La Comisión Gestora de la Asamblea Social de la Izquierda de Cataluña (ASEC/ASIC), en fecha 24 de julio de 2017, decidió emitir el siguiente comunicado:

Comunicado ASEC/ASIC (24.07.2017): Denuncia de la censura sufrida por Gregorio Morán en La Vanguardia por criticar a los medios de comunicación y opinadores afines al denominado “Procés” [Proceso] soberanista catalán

“Lo único que justifica, no sé si nuestro salario, pero al menos nuestra dignidad: con el Gobierno nunca, sea el que sea. Y no por un prurito de criticismo o de melancolía antisistema, no, nada de eso. Sólo por una cuestión de higiene”              (Gregorio Morán)
La Vanguardia, el diario más antiguo de Cataluña que aún se edita (fundado en 1881), ha decidido no publicar este sábado, 22 de julio de 2017, la columna de opinión -‘Sabatinas Intempestivas’- del periodista y escritor Gregorio Morán. Bajo el título ‘Los Medios del Movimiento Nacional’, Morán denuncia el papel de determinados medios de comunicación y opinadores con el proceso soberanista. Si bien el autor ha manifestado que no le habían explicado los motivos de la decisión, el referido diario ha esgrimido, posteriormente, que el artículo podría “ser querellable”. (...)

Desde la ASEC/ASIC denunciamos la censura sufrida, nos solidarizamos con Gregorio Morán, exigimos a La Vanguardia una rectificación inmediata y pedimos a nuestros miembros y simpatizantes que se abstengan de adquirir dicho diario mientras no haya una rectificación. Mientras tanto, invitamos a leer y a difundir el artículo censurado, “Los Medios del Movimiento Nacional”, que adjuntamos.
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 Los Medios del Movimiento Nacional

No estaba entre mis intenciones escribir sobre la situación en Cataluña. Imaginaba que un lector habitual estaría ya saturado y poco se podía añadir a lo ya dicho. Cambié de opinión a partir de varios artículos que me han conmovido y que parecen exigir cierto grado de compromiso. Basta citar los de Màrius Carol, de Xavier Vidal-Folch y el sensible y rotundo de Isabel Coixet.

 No podemos callar aunque estemos en pleno agobio veraniego y tengamos la sensación de que vivimos entre camellos pero sin ninguna experiencia de beduinos. Los artículos son un llamamiento a la responsabilidad y dejan una agridulce sensación de que estamos en un callejón de difícil salida a la que nos han llevado los talibanes que nos gobiernan y sus jaleadores, ¡que no supimos desenmascarar a tiempo!

Conozco a Màrius Carol desde hace años; fuimos amigos durante algún tiempo y luego dejamos de serlo. Punto. Me es indiferente que sea el director de este periódico, porque a lo que voy es a que su artículo del sábado –“Turbulencias”- me conmovió y al tiempo me lleno de zozobra. “Cuesta entender lo que está pasando, dice…Quedan días y veremos más cosas que no sorprenderán al mundo, pero sí que nos dejarán sin palabras a los catalanes”. 

No es una amenaza sino un desconsuelo que pretende aliviar una cita del socorrido Gaziel, que acaba en una frase inexorable: “El separatismo es una ilusión morbosa que encubre una absoluta impotencia”.

Escrito todo esto por quien tiene muchas razones para conocer la situación mejor que yo, no deja de inquietar y de obligarnos a postergar otros textos para asumir lo que se nos viene encima. Cuando el tiempo pase, nadie querrá asumir nada, y repetirán, como en antiguas épocas, “ yo era un disidente al que nadie quería hacer caso”.

 Los “nadies” en Cataluña se cuentan por miles y kilos de desvergüenza. Como en el resto de España, más o menos. Los muchachos de la CUP, más ignorantes que jóvenes, han cometido una patochada que les define. Un cartel de Franco para desprestigiar a quienes rechazan el referéndum. No hay dictador en la historia de España que haya convocado tantos referéndums como Franco y con un avasallador parecido con este en cuanto a las manipulaciones.

Entre el pasado sábado y éste ha ocurrido algo sumamente grave, dentro de las diversas gravedades de un proceso condenado al fracaso. No como dicen los fantasmas llamándolo “choque de trenes” sino a la ruptura brutal de la sociedad civil ¡No seamos petulantes, aquí no se trata de un choque de trenes, sino del enfrentamiento entre un expreso antiguo y apolillado, frente a un tranvía conducido por reclutas del servicio de transportes! Humildad por favor, abandonemos de una maldita vez el pujolismo de los delincuentes de altura y admitamos que somos un tranvía con aspiraciones de tren bala japonés.

Ahora bien, el cese de Albert Batlle como jefe de los mossos d’Esquadra y su sustitución por el delincuente legal, Joaquin Forn, –podría llamarse así a aquel que rompe la legalidad cuando le peta en función de sus intereses políticos-. 

Lo hizo en los Juegos Olímpicos del 92; la pitada al Rey; la campaña “Freedom for Catalunya”…Es decir, que a partir de ahora, quien controlará los Mossos d’Esquadra es un tipo dentro de toda sospecha, que no cumplirá la legalidad que no le exijan los ilegales. No quisiera incluir aquí su amplio currículo como talibán de la barretina.

Estamos en manos de un personal que bordea la ley, y que lo hace con el ánimo de no sólo de incumplirla, sino de imponer la suya, que no es otra que ir a la ruptura y provocar un conflicto no sólo cívico sino violento. Necesitan algún muerto que sirva de símbolo a la asonada. En ocasiones pienso que estamos rememorando las guerras carlistas a los que son tan agradecidos gran parte de estos fanáticos del enfrentamiento. “Un muerto salvaría a Cataluña”, es el lema escondido entre los conspiradores de esta farsa.

Baste decir que Artur Mas confiesa a los suyos que llegará el momento oportuno de ocupar los edificios estratégicos de Barcelona. Seamos serios, con un líder de mando único como Joaquín Forn, eso obligaría a situaciones sin salida y de alto riesgo para vidas y haciendas, no sólo para la ciudadanía pastueña que ve el panorama como si no fuera con ellos.

Nunca se hizo tan evidente, desde los tiempos del franquismo, el dilema de estar con el poder o contra el poder. Y aquí entramos los plumillas. Los fondos destinados a diarios como ‘Ara’, ‘Punt Diari’, TV3, que superan Canal Sur de Andalucía o el canal de Madrid, que ya es decir, cantidades de todos modos exorbitantes que pagamos todos los ciudadanos, desde Cádiz a Girona, y donde sobreviven 7 directivos de TV3 con salarios superiores a los 100.000 euros, podrán parecer una nadería frente a las estafas reiteradas del PP, pero describen un paisaje. Cobrando eso, ¡cómo no voy a ser independentista!

 ¡Qué simples somos cuando decimos que esos medios no los ve ni los lee nadie! Se equivocan y por eso estamos donde estamos. El columnistatertuliano podrá ser despreciado, y lo merece, pero crea opinión. En muchos casos es su única fuente de información. Son los Jiménez Losantos del Movimiento Nacional catalán. 

¿Acaso el viejo “Arriba” del franquismo, o ‘Pueblo’, o las agencias gubernamentales las leía alguien? Pero estaban ahí, presentes, supurando la bilis contra el enemigo. Ayer como hoy. Son una especie de diarios virtuales, anónimos, a los que los idiotas echan una ojeada que les basta para saber por dónde va la cosa. 

Perdónenme que eche mano de la memoria, mi pariente más querida. ¿Se acuerdan del exilio de Joan Manuel Serrat en México durante el franquismo? ¿Qué cosas venenosas no se dijeron y tanto en los medios de Barcelona como en los de toda España? ¿Quieren que les haga un repaso de las cartas al director en la prensa catalana? Por cierto, que entonces esa bazofia se firmaba; ahora los canallas son anónimos.

Mi viejo amigo el nacionalista vasco Iñaki Anasagasti inventó el feliz término de la “Brunete mediática” para designar ese macizo de la raza castizo de la pluma y la palabra, que embiste contra todo lo que ni le gusta ni entiende. Habría que recuperar ahora los Nuevos Medios del Movimiento Nacional catalán. Te crujen por una disidencia, por una opinión que no sea la de las instituciones corruptas de la Generalitat.

 ¿Se han fijado en el interés reiterativo en las fotos de Pujol hecho un pimpollo, como si apenas hubiera salido del juzgado o de la Generalitat? Un intocable. Casi siciliano, entre Toto Riina y Berlusconi. Se ha iniciado su recuperación. Los edecanes de antaño reivindican al Padrino. “¡Hizo tanto por nosotros!” Tanto, tanto que se convirtieron en una familia de comisionistas.

Nos vamos al carajo, señoras y caballeros, pero la diferencia entre Patria y Patrimonio se mantendrá intacta. Es lo que suele ocurrir con este tipo de contrarrevoluciones pletóricas de banderas, que siempre están pensando en el mañana. El presente siempre queda para los sicarios y los tontos inútiles.

Gregorio Morán"

Expertos constitucionalistas optan por el artículo 155 para el control de los Mossos

"El nombramiento de Pere Soler, un independentista acérrimo, como nuevo jefe político de los Mossos d’Esquadra ha puesto en cuestión la neutralidad y la imparcialidad de la policía autonómica catalana ante el referéndum ilegal previsto por la Generalitat para el 1 de octubre.

 “No lo podrán evitar”, escribió en Twitter el pasado 4 de julio cuando el president Carles Puigdemont presentó en el Teatre Nacional de Catalunya el texto –todavía no registrado oficialmente- de la Ley del Referéndum. El historial en la red social de este abogado convergente de Terrassa (Barcelona) abunda en referencias despectivas a España, a la que tacha de “país de pandereta” y los españoles: “me dan pena”, escribió en octubre de 2016.

La aceleración del proceso secesionista -con la remodelación del Ejecutivo de Puigdemont y el reforzamiento de Oriol Junqueras para llevar a cabo el pretendido referéndum de autodeterminación- ha reabierto el debate sobre las medidas legales con que cuenta el Gobierno español para evitarlo. Casi todos los escenarios contemplados por políticos y expertos en Derecho plantean la posibilidad de que, en un momento u otro, la Administración central deba asumir el mando de los Mossos si la Generalitat insiste en desobedecer las sentencias del Tribunal Constitucional que prohíben la consulta.

Los posibles mecanismos que tiene el Gobierno, según las fuentes consultadas, son el recurso al artículo 155 de la Constitución y, ya en casos mucho más extremos, los estados de excepción y sitio del artículo 116. Otras fuentes apuntan, sin mucho convencimiento, a la aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana, aprobada en 2015. Cualquiera de ellos sería inédito en 40 años de democracia y los tres implican un evidente riesgo político.

El artículo 155, que faculta al Estado a adoptar las “medidas necesarias” para obligar a una comunidad autónoma a cumplir de manera forzosa con la Constitución y las leyes, y permite al Gobierno “dar instrucciones” a “todas las autoridades” autonómicas para ello, no ha sido invocado públicamente nunca por el Ejecutivo. El Gobierno, a través de sus ministros prefiere insistir en que “no habrá referéndum” y que usará “todas las medidas legales” a su alcance contra el secesionismo, sin especificar cuáles.

El artículo 155, pese a su alcance indeterminado –menos la acción de las Fuerzas Armadas, según los expertos lo permite todo- tiene una puesta en marcha compleja: requiere una notificación al presidente del comunidad rebelde, en la que se especifiquen qué incumplimientos se observan y qué medidas se le exige que ponga en marcha para paliarlos. También necesita de la aprobación por mayoría absoluta del Senado.

Roberto Blanco, catadrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago, considera que en caso de que la Generalitat siga adelante con su plan secesionista y convierta a los Mossos en una “pieza estratégica” se estaría en el “caso típico” de aplicación del 155. Este pasaría por rescatar la competencia autonómica de policía y poner a los Mossos bajo la dependencia orgánica del ministro del Interior, todo ello durante el tiempo estrictamente necesario.  (...)

Ambos juristas rechazan la posibilidad, apuntada en algunos círculos, de que la Ley de Seguridad Nacional, de septiembre de 2015, permita al Gobierno despojar a la Generalitat –siquiera temporalmente- de la competencia sobre los Mossos. Esta normativa, pese a su indeterminación, está concebida para hacer frente a ataques terroristas y exteriores, como ciberataques, y para garantizar los servicios esenciales el suministro de recursos energéticos, agua y alimentación, medicamentos y productos sanitarios.

 “Deducir que el Gobierno declare una situación de seguridad nacional y que convierta la labor de coordinación en el mando de una policía autonómica me parece una interpretación muy forzada”, señala Vírgala.

En cualquier caso, a estos extremos solo se llegará en el caso de que, pese a lo que pueda ordenar Pere Soler, los mossos decidan desobedecer las sentencias del Tribunal Constitucional. La ley autonómica 10/1994, que regula la creación del cuerpo, reconoce su carácter jerárquico, pero señala expresamente que “en ningún caso la obediencia debida podrá amparar órdenes que entrañen la ejecución de actos que manifiestamente constituyan delito o sean contrarios a la Constitución o a las leyes”. 

 Los Mossos, como policía integral de Cataluña, tienen funciones de policía judicial, lo que les sitúa a las órdenes de los jueces y los fiscales

La norma recoge que los mossos, además de cumplir la ley, actuarán “con absoluta neutralidad política e imparcialidad”. El incumplimiento del deber de fidelidad a la Constitución o al Estatuto de Autonomía para Cataluña está considerado como una falta muy grave que puede acarrear la separación del servicio."                   ( , El País, 19/07/17)

Tarragona se opone al referéndum

"El referéndum del 1 de octubre ha llegado al pleno del Ayuntamiento de Tarragona, y lo ha hecho con una sesión tensa donde se ha aprobado una moción del PSC que rechaza el calendario del proceso independentista, se pide respeto a la legalidad vigente y se apunta que no habrá ninguna colaboración del consistorio si no se pide de forma oficial y solicitándose los informes jurídicos correspondientes.

La moción "antireferèndum", como se ha llamado popularmente, ha sido aprobada con los siete votos de los concejales socialistas, los cuatro del PP, los tres de Ciudadanos y el de la concejala no adscrita. Se han opuesto ERC, el PDECAT, la CUP, ICV y Unió. Este último partido se mostró de acuerdo con el espíritu de la moción, pero ha votado en contra por el punto donde se pedía proteger los funcionarios del Ayuntamiento.

Precisamente este punto ha traído mucha polémica durante la semana, con 170 trabajadores del consistorio firmando un manifiesto donde se pedía que se retirara de la moción. El PSC, sin embargo, la ha mantenido. Desde los partidos soberanistas han criticado duramente a los socialistas, diciendo que "ya no queda nada del PSC catalanista, ahora es sólo una sucursal del PSOE", en palabras de la cupaire Laia Estrada.

En palabras similares se expresó Albert Abelló, del PDECAT, apuntando que el actual PSC "ya sólo es la vertiente más ramplón del PSOE". Pau Ricomà, de ERC, ha pedido al alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, que "deje a la gente votar" y ha puesto en duda que los mismos socialistas "todavía crean en la vía federal".

Por el contrario, desde C's han felicitado la valentía del PSC y reiteraron que la mayoría de los ciudadanos de Tarragona "no son independentistas". Begoña Floria, portavoz del PSC, ha criticado los que quieren "dar lecciones de catalanismo" y ha pedido "respeto" a las opiniones de todos los grupos políticos.

Cerca de 200 personas han seguido el pleno, convocados por el ANC y raíz, con carteles y proclamas a favor de la 1-O. La numerosa asistencia ha hecho que se tuviera que habilitar otra sala para que todos pudieran seguir el pleno."                    (e-notícies, 21/07/17)

El derecho a decidir, ¿dónde acaba? ¿Aceptarían los independentistas que algunas zonas de Cataluña no se independizaran de España, o para ellos Cataluña supone un todo indivisible, mientras que España no?

"(...) El derecho a decidir de los independentistas empieza y termina en el derecho a dividir. Aunque si tenemos derecho a decidir sobre todo, la primera cosa sobre la que tendremos que decidir, será si admitimos o no el derecho territorial a decidir. 

Porque el mismo derecho a decidir hay sobre la independencia que sobre la unidad, y en ningún sitio está escrito que la parte tenga el derecho de imponer su voluntad al conjunto porque ese sea su deseo. Alemania e Italia por ejemplo no reconocen en sus respectivas Constituciones el derecho de autodeterminación y no sucede nada.

¿Permitirían acaso los catalanes que los aragoneses convocaran un referéndum por su cuenta para desviar el curso del Ebro de Tarragona a Castellón, sin que se les dejara opinar a ellos en un asunto tan vital para sus intereses?

¿Aceptarían los independentistas que algunas zonas de Cataluña no se independizaran de España, o para ellos Cataluña supone un todo indivisible, mientras que España no? Basta de utilizar dobles varas de medir. Ha llegado la hora de cambiar el derecho a decidir por la obligación de cumplir.

 A nadie van a engañar llamando derecho a decidir al derecho de autodeterminación de toda la vida, lo que ocurre es que, pese a que ya fracasaron dos veces, la primera cuando plantearon la consulta ilegal soberanista y la segunda cuando convocaron las elecciones plebiscitarias, ahora, haciendo de la necedad virtud, vuelven a la carga con el procés y la desconexión para mantener viva la llama reivindicativa. Que por insistir no quede. 

La independencia es el negocio de la estelada. Una cortina de humo para tapar las corruptelas (el 3%), las políticas neoliberales y los recortes de sus dirigentes, que no conformes con eso, ambicionan más poder. 

Echar la culpa de la explotación de los trabajadores catalanes a los temporeros andaluces, tiene guasa, aunque gracia ninguna. Se trata de fundar un nuevo país dejándolo en las mismas manos de siempre. 

Pero como ninguna bandera promueve la justicia social, el reparto de riqueza, unas condiciones laborales dignas, etc., eso lo dejan aparcado para después, cuando sean libres. Que nunca es tarde, si la dicha es pésima. (...)"                         (Andrés Herrero , InfoLibre, 03/06/2017)

Agradecería que la familia Pujol adoptara un perfil bajo y un aire contrito. Encontraría natural que los chicos se alistaran en la legión o entrasen en un monasterio trapense...

"Los Pujol parecen definitivamente instalados en el delirio y la desfachatez. Abrió fuego la matriarca del clan cuando dijo que no tenían ni cinco y que sus pobres hijos iban por el mundo con una mano delante y otra detrás (lo cual, en su caso, no equivale a la desnudez, pues los fajos de billetes tapan muy bien las vergüenzas). 

Prosiguió la visión demencial de las cosas con una entrevista radiofónica a Josep Pujol en la que dijo que sí, que vale, que su padre podía tener ciertos claroscuros morales, pero que había sido un presidente first class y que él prefería a un presidente first class con claroscuros morales que un presidente de chichinabo. 

A continuación, el aludido dio a conocer un texto fundamental sobre la necesidad de perseverar en el prusés para que no nos ningunearan los españoles y nos condujeran a la extinción como pueblo. Y hace unos días, la guinda del pastel la puso el benjamín de la familia, cuando se le ocurrió comparar la actitud del Gobierno español con su augusto padre con la que mantiene China hacia el dalái lama, aprovechando la ocasión para añadir que su familia no era una organización criminal ni nada que se le pareciera.

Por menos de lo que ha hecho Pujol padre, los personajes de las novelas de Arthur Schnitzler se volaban la cabeza. Yo no pido tanto, pero sí agradecería que la familia Pujol adoptara un perfil bajo y un aire contrito.

Encontraría natural que los chicos se alistaran en la legión o entrasen en un monasterio trapense como hermanos legos (a la manera de Sebastian Flyte al final de la novela de Evelyn Waugh Retorno a Brideshead), mientras las chicas se metían monjas y se iban a explicar el hecho diferencial catalán a alguna tribu africana. En vez de eso, siguen negando a coro que sean una pandilla de mangantes y comisionistas, y lo hacen con una arrogancia francamente ofensiva.

La comparación de Pujol con el dalái lama, aunque ingeniosa, no se sostiene por ninguna parte, y creo que desde el Tíbet se debería reaccionar con firmeza. El dalái lama es un hombre de paz que no tiene nada que ver con el principal responsable de la Cataluña que ahora padecemos, con el hombre que ha dedicado su vida a dividir a los catalanes y a enfrentarlos con el resto de los españoles, con el sujeto más funesto de la historia reciente de Cataluña. A ver si se celebra de una vez el juicio contra la banda de los Pujol y nos libramos de todos ellos para siempre: en Soto del Real quedan muchas plazas libres."                (Ramón de España, Crónica global, 08/07/17)

Una autonomía reforzada, según las encuestas, sería la opción preferida por la mayoría de la población... pues vaya

"El 62% de los catalanes y el 85% del resto de ciudadanos españoles considera que la independencia de Cataluña tiene “muy pocas o nulas probabilidades de hacerse realidad”, según el sondeo de Metroscopia publicado en EL PAÍS el pasado día 28. Porcentajes similares (60% y 79%) consideraban que “tal como están las cosas” lo mejor sería que el Govern optase por una “estrategia negociadora”. (...)

A la vista de los resultados electorales y de las encuestas, muchas personas se preguntan por qué no aceptar la votación en esos términos para resolver de una vez el problema. La respuesta es: porque no se resolvería. 

Si el Estado aceptase un referéndum vinculante sobre o no a la separación, opción con incierto desenlace, quedaría sentado un precedente a invocar en cualquier situación futura más propicia. Y ello con independencia del resultado.

Es cierto que casi la mitad de los catalanes son favorables a la separación (47,8%, en las plebiscitarias de 2015), pero algo más de la mitad están en contra. De ahí el afán de los partidos independentistas por superar el 50% en alguna votación, para legitimar la continuidad del procés. 

Para lo que necesitan captar el voto de los sectores que defienden el referéndum pero dudan sobre la secesión, como el grupo de Ada Colau, que han asumido como seña de identidad de la izquierda la adhesión al principio de autodeterminación.

Pero ese principio solo es aplicable a situaciones coloniales o de opresión manifiesta, y de ahí su empeño en magnificar errores reales o supuestos del Gobierno con paralelismos absurdos o desmesurados. Como la pregunta insidiosa de Puigdemont a Rajoy sobre si pensaba recurrir a la fuerza “contra Cataluña”. Invocación que esconde el anhelo de un clima de tensión que radicalice a los dubitativos.

Es cierto que, como dijo Raimon, “al final será necesario votar para desencallar la situación”. Al final, porque como explicaba ayer aquí el politólogo Matt Qvortrup, un referéndum sin acuerdo previo negociado entre las partes, es entre improductivo y peligroso. 

Y para acordarlo será necesario no dejar fuera las salidas intermedias,incluyendo una autonomía reforzada que según las encuestas sería la opción mayoritaria. Porque a diferencia de la independencia, no sería irreversible y permitiría modular las demandas ciudadanas, evitando el todo o nada. Lo que a su vez favorecería el acuerdo entre ambos Gobiernos, como recomienda el Consejo de Europa."             ( , El País, 08/06/17) 

Los términos del concierto vasco entre el Gobierno central-PNV-Gobierno de Vitoria implica un agravio manifiesto al resto de las comunidades autónomas

"Los términos del acuerdo entre el Gobierno central-PNV-Gobierno de Vitoria (es a tres bandas y no a dos, como se está escribiendo, de ahí que haya habido dos actos de firma, uno público y otro clandestino) resultan tan excesivos en las contrapartidas que obtienen los nacionalistas a cambio de salvar no los Presupuestos, sino el grueso de la actual legislatura, que se convierten en temerarios, es decir, en imprudentes.

 También lo es porque el pacto altera la naturaleza técnica del modelo del cupo, que es la concreción compensatoria del sistema de concierto económico mediante criterios previamente acordados que no deben admitir más que meros ajustes. Y, por fin, lo es porque implica un agravio manifiesto al resto de las comunidades autónomas.

Consigue, eso sí, que Mariano Rajoy haya salvado las enmiendas a la totalidad a los Presupuestos Generales del Estado para 2017, forme una mayoría de hecho de 175 diputados y remita un mensaje absolutamente letal a Carles Puigdemont, cuya apuesta por el referéndum unilateral queda poco menos que ridiculizada frente a la rentabilidad de la negociación ante un interlocutor débil. 

Y logra, a fin de cuentas, que Ciudadanos asuma el acuerdo, aunque se sustancie en una comisión mixta integrada por el Gobierno central, el vasco y las diputaciones forales. Un acuerdo que no requiere la aprobación del Congreso.

Vayamos por partes:

1) El Estado pagará a la comunidad autónoma vasca 1.400 millones por un cálculo excesivo de lo abonado por Vitoria a Madrid por la prestación allí de las competencias que aún desempeña. El Gobierno había cifrado en 1.600 la deuda vasca contraída desde 2007 a 2017, y ahora la deja en 200 millones de euros. Bastaría este error grosero de cálculo para reclamar una explicación cabal de cómo es posible confundirse tanto en la aproximación a la cifra que se decía debida con la que ahora se exige.

2) La recuperación de esta cantidad por el País Vasco será progresiva: 10% en 2017, 15% en 2018, 20% en 2019, 25% en 2020 y 30% en 2021. Nótese que el flujo de devolución prácticamente coincide con el itinerario de la XII Legislatura.

3) Desciende también el cupo para este y los próximos años. Estaba calculado en 1.200 millones, pero el acuerdo lo deja en poco más de 900 para 2017.

4) La inversión del Estado para el TAV —que llegará a las tres capitales vascas— es de 3.300 millones de euros, con el objetivo de que entre en servicio el año 2023.

5) El Gobierno retira recursos de inconstitucionalidad contra leyes vascas, desbloquea ofertas de empleo público, en particular en la Ertzaintza (que aumentará sustancialmente su plantilla), se compromete a suprimir una veintena de pasos a nivel, rebaja la tarifa eléctrica industrial con un menor coste de 50 millones de euros para las empresas vascas y concede subvenciones para entidades culturales como Artium, la Asociación Bilbaína de Amigos de la Opera (ABAO) o el Museo Marítimo.

Estas contrapartidas garantizan, según el portavoz del Gobierno vasco, “15 años de paz fiscal”, pero son imprudentes por su innecesaria dimensión y cuantía, que las hacen temerarias para el Gobierno vasco. Es igualmente temeraria la rectificación en la liquidación del cupo. Así lo explica Alberto Ayala, analista de ‘El Correo’ y de referencia en Euskadi: 

“Indiscutible desde el punto de vista de las ventajas económicas que aporta a Euskadi, el acuerdo resulta bastante más cuestionable política y metodológicamente. El PNV es plenamente consciente de que acaba de dar un oxígeno imprescindible para su supervivencia a un Rajoy cercado por la corrupción. 

Pero es que, además, el hecho de que una cuestión presuntamente técnica deba resolverse otra vez en base al interés político de los gobernantes de turno en Madrid y Vitoria erosiona la propia credibilidad del modelo”.

Esta es la gran cuestión: el concierto económico es una realidad jurídica y fiscal, de carácter bilateral, desde 1878; se recogió como opción constituyente del País Vasco en el Estatuto de 1979, basándose para ello en la Disposición Adicional Primera, regía en Álava y —el convenio— en Navarra, sin solución de continuidad desde el siglo XIX, y su carácter contributivo viene determinado por criterios técnicos —aplicación de un porcentaje del 6,24% de la renta estatal que debía pagar el País Vasco con los ajustes pertinentes— y no de carácter político.

 No atenerse a este principio, efectivamente, altera el modelo y lo pone en peligro, no solo en el sistema constitucional español sino ante la Unión Europea.

El acuerdo entre los gobiernos de Bilbao y Vitoria, el PP (sin su concurso PNV-PSE no hubiesen podido aprobar el Presupuesto vasco de este año) y el PNV proporciona a precio de oro la subsistencia política de Rajoy en uno de sus peores momentos por la emergencia de la corrupción de su partido en Madrid y trata de desactivar la política secesionista en Cataluña liderada por Puigdemont, aunque lo hace a costa de pervertir el concierto y desafiar la ecuanimidad en el trato con las demás comunidades autónomas.
 Todo ha salido demasiado caro: para el Estado ahora, y más adelante cuando los demás territorios reclamen tratos similares; también para el PNV, porque su avaricia ha roto el saco al desnaturalizar el sistema paccionado de financiación y politizarlo. Y para el propio Rajoy, que entroniza a los nacionalistas vascos como el ‘tercer partido‘ de la legislatura.!                 (José Antonio Zarzalejos, El Confidencial, 04/05/17)

28/7/17

Salvo a Pasqual Maragall y a su camarilla, el Estatut no le interesaba prácticamente a nadie

"(...) El prusés, como ya han señalado algunos analistas, es consecuencia perversa de dos causas fundamentales: una, la insatisfacción general que produjo la crisis económica, el estallido de la burbuja inmobiliaria, la corrupción, el desempleo, el empobrecimiento general de la sociedad; en el resto de España esa insatisfacción o indignación cristalizó en el movimiento del 15M y el nacimiento de Podemos; en Cataluña asestó una grave herida al narcisismo nacional supremacista de una sociedad, narcisismo que –y ésta es la otra causa-motor del prusés— ha sido larga y sistemáticamente alimentado durante décadas de adoctrinamiento por tierra, mar y aire, desde el parvulario hasta la universidad, para la Formación de un Espíritu Nacional. 

Con la sustanciosa contribución del éxito económico y las victorias del Barça​. Si algo bueno ha tenido el prusés ha sido mostrarnos lo extraordinariamente sencillo que es, teniendo tiempo por delante, ir formando, o formateando, la maleable mentalidad de una masa obediente y adecuadamente gregaria.

Todo esto ya lo he dicho por activa y por pasiva. Pero no sé para qué me empeño en razonar, para qué insisto, con la máxima humildad y acierto, en diagnosticar lo que sucede, si tú en vez de leerme con atención te empeñas en situar la herida narcisista en “la sentencia del Estatut”: en la terrible, la ignominiosa afrenta de que el PP recogiese en algunas mesas petitorias firmas contra el Estatut, y en que un tribunal superior, concebido, entre otras funciones, precisamente para velar por la legitimidad de las normas nuevas autonómicas o municipales, corrigiese el texto en algunos extremos ciertamente conflictivos –conflictividad nada extraña, teniendo en cuenta quién lo redactó, y para complacer a quiénes—.

Salvo a Pasqual Maragall y a su camarilla, el Estatut no le interesaba prácticamente a nadie; no había un clamor popular que lo reclamase; se lo sacó Maragall como un naipe de la manga para que ERC le dejase gobernar el tripartit; y sólo mediante severa presión sobre la ciudadanía se logró que lo votase un número más o menos aceptable de ciudadanos, que ni siquiera sabía qué cambios introducía el nuevo texto. 

La gente se encogía de hombros de forma tan ostentosa que el señor Joan Saura se inventó un Bus del Estatut para circular por toda la región difundiendo la buena nueva, como Trotski en el tren. Daba alipori.

Pero tú –y no sólo tú—, contumaz en el error, insistes en que las firmas del PP y la sentencia del Constitucional, que le dio vía libre tras depurarlo de sus excesos, fueron afrentas intolerables, y casus belli, y el Big Bang del prusés. Lamento decir que por más que repitas ese mantra, no dejará de ser falso. Aunque para las mentalidades convenientemente adoctrinadas durante décadas es fácil, desde luego, considerar que cualquier nimiedad es un agravio humillante.

 Recuérdese, por ejemplo, que convertir la homogeneización europeísta de las matrículas de los automóviles en una muestra de totalitarismo recentralizador sólo requirió diez editoriales y cien artículos en los medios de formación de masas generosamente regados con dinero público.

Un último apunte: ya en el primer artículo del pacto del Tinell (2004), que es la base para la redacción del Estatut​, una cláusula comprometía a todos los firmantes a negarse a cualquier pacto de gobierno o acuerdo de legislatura con el PP, tanto en Cataluña como en toda España. 

Por más que te disguste el PP, habrás de admitir que hay algo sectario y muy poco democrático en cerrarle la puerta en las narices al partido mayoritario en España (a la sazón en el Gobierno y con mayoría absoluta) a la hora de confeccionar un guiso (el Estatut) potencialmente indigesto y sospechoso, y luego exigirle que se lo coma sin rechistar. Bueno, pues si estás de acuerdo con ello, la próxima vez que menciones el Estatut te ruego que menciones también el Tinell."           (Ignacio Vidal-Folch , Crónica Global, 18/07/17)

Nuestro problema no está en la limpieza de sangre del racismo, sino en la herencia religiosa y burguesa que define a quien es “de casa” o charnego asimilado

"(...) Polifemo y la mujer barbuda (Roca Editorial, 2016) es un texto que no alcanza las 150 páginas, escrito por una profesora políglota de la Catalunya profunda, de Súria, vecina a Manresa, que por esos azares de la vida, la familia, el trabajo y la voluntad, se apellida Fernández Díaz, y que ha sufrido antes de la desoladora enfermedad otra menos traumática pero no menos engorrosa. 

Apellidarse Fernández Díaz –como los hermanos Dalton de la política barcelonesa– y no pertenecer al cogollo oligárquico que lo per­dona todo salvo la ­modestia, y cuyas consecuencias pueden traducirse en despidos, desdenes, ninguneos y esas minucias sociales humillantes que no recibirán nunca los Vila d’Abadal, no los chorizos mafiosos como los Pujol o Millet. 

Desterrado el fanatismo euskaldún, por consunción, mucho maqueto reconvertido y demasiada sangre derramada, queda este nuestro, paleto, casteller y sardanístico, que ha llevaba a más de uno a retirarle poco menos que la cláusula de ciudadanía catalana al expresident Montilla. 

(Lo he presenciado en sesión de fuste). 

Nuestro problema, dicho sin ningún respeto, no está en la limpieza de sangre del racismo, sino en la herencia religiosa y burguesa que define a quien es “de casa” o charnego asimilado. La familia entre nosotros tiene mucho de siciliana, con permiso de los jefes fieles al canon de ser la sal de la tierra.  (...)"               ( , La Vanguardia, 15/07/17)

Juan Marsé: No habrá referéndum”, dice, "pero el mal ya está hecho. Están registrados los buenos catalanes y los malos catalanes

"(...) Marsé explica: "Lo que se propone el Govern es rigurosamente incompatible con un Estado de Derecho. No necesito otro argumento para rechazar tal propuesta. Yo no soy nacionalista y todas las banderas me repugnan. Soy más bien provinciano, incluso comarcal. Soy pueblerino, digamos hortelano. Con el huerto me basta".

 "Está bien claro: que un grupúsculo antisistema como la CUP, una panda de impresentables llenos de estulticia y roña ideológica, tenga agarrado al despeinado president Puigdemont por los cataplines y pueda determinar los presupuestos generales de la Generalitat y las derivas más delirantes (como pedir que la Catedral se convierta en un mercado) que adornen el proyecto de secesión, muestra hasta qué punto la sociedad catalana está abocada al futuro más incierto, ridículo y calamitoso".

 "La triste realidad", dice Marsé, "es que el señor Puigdemont y el señor Junqueras, dos luminarias políticas que pasarán a la historia del esperpento ibérico, comparten, como ha escrito Valentí Puig, una aparatosa ignorancia sobre el Estado de Derecho y sobre la política, y, en concreto, sobre la historia política de Cataluña y de toda España". 

Le repugna "el relato maniqueo del Govern, la desvergüenza y la impunidad con la que Puigdemont y Junqueras mienten al hablar en nombre del pueblo, al apelar reiteradamente y del modo más miserable del mandato del pueblo que dicen haber recibido. Y de esa empanada mental que llaman el derecho a decidir… Sí, vale, pero ¿a decidir qué? ¿Que nos vamos de España y de Europa?".

"Hay otra cuestión de fondo", añade el autor de Últimas tardes con Teresa, "desde hace demasiado tiempo nos mandan políticos, tanto desde Madrid como desde Barcelona, que o bien son unos incompetentes o unos corruptos. Mucho me temo que seguiremos así, es decir, que van a seguir defraudándonos o robándonos, de modo que me da igual que me roben desde Madrid o desde Barcelona".

"No habrá referéndum”, dice, "pero el mal ya está hecho. Están registrados los buenos catalanes y los malos catalanes. Pero habrá nuevas elecciones, necesarias para la futura estabilidad de la política catalana. Esa es la salida del callejón sin salida".

E, irónicamente, da Marsé esta "última noticia": "El peinado del president Puigdemont ha sido declarado de Interés Turístico Internacional, y el Procés de interés turístico comarcal. Parece que no lo ven claro. El peinado, quiero decir". (...)"                   (El País, 24/07/17)

27/7/17

La verdad es que da risa si no fuera patético: ¡a un escritor se le declara persona non grata en una librería de Barcelona!

"(...) En 1979 publiqué la primera biografía de Adolfo Suárez, a la sazón presidente del Gobierno. Tras muchos avatares y ya descabalgado del poder, le oí decir que era la mejor y más objetiva que le habían hecho. La verdad es que luego se ensañaron con él esos carniceros que trabajan en los mataderos políticos.

Pero sí tengo bien fijo en mi memoria que cuando apareció el libro –crítico con el proceso de transición y sus protagonistas– un columnista de postín que aún ejerce de tertuliano y de lo que le echen, porque la edad no consiente gollerías ni dejadeces, publicó en el hoy fenecido Informaciones, creo, una columna en la que apuntaba, con nombre y apellido, que gente como yo no debería vivir en España. 

Un modo, creo, de solicitar mi destierro, imagino. Guardo el recorte pero me da pereza buscarlo. No merecen la pena ni el personaje ni el asunto.

Ahora que todo es parecido, pero al revés, una librería de Barcelona que nunca visité, Calders, acaba de declararme públicamente “persona non grata”, pero no sólo en la librería, propiedad de una navarra soberanista a la que no conozco de nada, ni a ella ni a la librería –los conversos son los más peligrosos–; amplía el decreto al pasadizo en que se encuentra la tienda.

 La verdad es que da risa si no fuera patético: ¡a un escritor se le declara persona non grata en una librería de Barcelona!

Pero más allá de lo ridículo de la situación, parece que se han indignado porque en una conversación privada con Juan Goy­tisolo, y ante mi sorpresa porque hubiera avalado ante la francesa Gallimard una novela tan mediocre como Incierta gloria del arrebatado comunista, católico y catalanista Joan Sales, me contó la historia del año 1963, no precisó la fecha, cuando presionado por algunos amigos que recién habían asumido cierto furor catalanista, hizo las gestiones para que la publicaran en París. 

Al parecer hace unos años el propio Goytisolo defendió la novela, lo que no me extraña nada por razones que no vienen al caso. Pero el fondo del asunto no es si Goytisolo dijo o dejó de decir, sino que un hermanastro de la novelística del ínclito José María Gironella ( Un millón de muertos), justamente olvidado, se convirtiera en pieza de culto de la deteriorada y subsidiaria inteligencia catalanista de los últimos años.

 Donde no hay no se puede sacar. Y por si cupiera alguna duda, convoco a los descubridores recientes de Joan Sales e Incierta gloria a la deslumbrante y demoledora correspondencia (publicada en el 2008) entre el fanático Sales y Mercè Rodoreda, que sí sabía escribir, en su estilo, sin pretensiones de salvar la lengua ni Catalunya, sino la prosa en catalán. 

El olvido. La historia surrealista de la librería Calders me trajo a la memoria un almuerzo, mano a mano, con Jordi Pujol, aún presidente de la Generalitat. En un momento en que la conversación se fue calentando, porque con Pujol o le interrumpías el discurso o aquello era un oratorio, le ­reproché su arrogancia como representante de toda la Catalunya existente.

 “Usted decide quién es un buen o un mal catalán, ¿quién le permite tamaño dislate de ha­cerse el justiciero del país?”. Recuerdo ­vivamente el momento, porque al salir redacté notas del día, del momento y de su ­indignación.

“¿Qué le lleva a atribuirme eso a mí, si yo jamás dije algo semejante?”. Y con ese cinismo que le caracteriza me espetó: “Dígame un caso donde yo calificara a alguien de buen o mal catalán”. La memoria vino a mi encuentro porque no hacía mucho que había fallecido Pere Calders; de no haber sido así hubiera quedado en cueros. “Hace unas semanas usted declaró a quien quisiera oírlo, es decir, fue transcrito por toda la prensa catalana, que ‘Pere Calders era un bon català’”.

 Se me quedó mirando, como si hubiera sido pillado en un renuncio, porque a buen seguro que apenas tenía idea de Calders, exiliado, ateo, escritor de cuentos, algunos magníficos, pero del que no recordaba nada, aunque con toda seguridad le había concedido alguna medalla o distinción honorífica que Calders se pasaba por sus partes más nobles. 

Unos instantes de silencio, esas pausas pujolianas, cuando el tema no le interesa y le puede dejar en mal lugar. Cambió de tema.

Me lo confesó. No leo desde que leí a Mounier, dijo en un gesto de sinceridad que le honra. Porque los políticos no leen, más exactamente, no tienen tiempo para leer. La política es un pulpo que lo traga todo. Rajoy, me apuesto a que no leyó otra cosa que las mil veces que repitió los textos de las oposiciones a registrador de la propiedad. 

 Los resúmenes de Presidencia sí, son obligatorios. Pero sólo recuerdo el caso de Mitterrand, que no se acostaba sin dedicar su hora o media hora para saber lo que se cocía en la literatura francesa. (...)

Todo esto me lleva a pensar ¿para quién escribimos? Si para esas energúmenas que declaran persona non grata a los que tratamos de romper las vanidades y los silencios. O para los amigos, fieles y reducidos.

 Cada vez que pienso en los amigos de los que yo gozaba cuando llegué por primera vez a Barcelona en 1969, y los más fieles y pacientes de comienzos de los 90, y miro atrás, me doy cuenta de que quizá los patanes y los arrugados, sin saberlo, tienen razón; nos nacen en un país y nuestra capacidad de elección es tan limitada que al final nos quedamos donde estamos, aguantando el tirón y tratando de explicar a los más frescos de edad que la transición fue la operación más sucia y desvergonzada desde la Restauración canovista.

Pero con una diferencia, entonces la izquierda no entró al trapo y no se mojó tanto como los recién nacidos."                        (Gregorio Morán, La Vanguardia, 01/07/17)

El interés del referéndum no es su realización, sino su gestión. Servirá para situar fuera de la catalanidad a los Comuns, y para que el PDeCAT reedite una lista conjunta con ERC

"(...) Hoy es un día histórico en Cat, etc. En el que volverá a no producirse ningún texto que selle ningún cambio. Se trata, por tanto, de declaraciones. En el momento en el que escribo estas líneas, se está presentando la Llei del Referèndum en el Parlament. Fuera del hemiciclo. (...)

 En el acto, diputados del PDeCAT y de las CUP, al cederse la palabra, se denominan company. A los del PDeCaT, en el momento de hacerlo, les viene la risa. No es una palabra de su cultura.  (...)

La cosa Procés, de hecho, recientemente se ha centralizado en un núcleo efectivo de cinco personas. Sin CUP, que hoy está aportando todo el vocabulario rupturista al acto. Puigdemont y Junqueras son dos de ellas.

 El resto también son de ERC y PDeCAT. Se trata de un grupo de dirigentes. Es decir, no es un grupo de técnicos. Un indicio de que no hay una voluntad técnica, sino tan solo cultural. Es decir, propagandística.

 Una fuente que he utilizado en mi libro --muy buena-- me explica que ese núcleo tiene una férrea voluntad de desobediencia. Otra fuente que he utilizado en el libro --muy buena-- me dice que hay una férrea voluntad de escaquearse.

 De lo que deduzco que pueden ocurrir, sincrónicamente, las dos cosas. Según el día. Algo, por otra parte, normal, cuando el contexto y la hoja de ruta no son legales ni efectivos, sino culturales. Es decir, sustentados en declaraciones. Volubles.

 No obstante, es necesario constatar que la desobediencia ya se ha producido. Es decir, el Estado ha condenado por desobediencia a cuatro políticos, si bien, en ese trance, rechazaron esa acusación. En sus juicios explicaron que lo suyo eran declaraciones. Es decir, objetos amparados por la libertad de expresión.

 Es posible deducir que, cuando se habla de que esas otras cinco personas que ahora dirigen el Procés quieren optar por la desobediencia, en realidad es que quieren optar por esa desobediencia, consistente en que el Estado juzgue delitos de opinión, no hechos. Es importante saber que una parte de PDeCat no quiere ni eso. (...)

¿Hay voluntad de una ruptura frontal y más efectiva? Desde la última vez que les escribí, se han creado indicios más de que no. Por el tema urnas. Tema urnas: el Govern ha declarado desierto el concurso para adjudicar la compra de urnas para el referéndum. Ha argumentado que se suspendió porque las empresas participantes carecían de solvencia económica.

 Una de las empresas ha contestado que el concurso carecía de fecha de pago y de entrega. Es decir, carecía de voluntad. Es sencillo, por cierto, adquirir urnas. Las puede adquirir una entidad --verbigracia, la ANC--. 

O, mejor y propagandísticamente más efectivo, las pueden adquirir los votantes. En ambos casos se donarían al Govern. Tampoco se ha hecho eso. Es posible que se acabe haciendo. No por su efectividad, sino por su carácter declarativo y cultural. Es decir, propagandístico. (...)

Más discreto e ilustrativo para el caso ha sido el caso de la gestión del voto de catalanes en el extranjero. De un número que iría entre las 180.000 o 190.000 personas, sólo se han apuntado en el registro para poder votar en el referéndum unas 5.000.

 La sociedad catalana, como la española, o la de Camerún, es una sociedad emigrante desde 2008. Como sucede en la sociedad española y en la camerunesa, emigran los mejores y mejor preparados.(...)

 Es normal que no participen de un proyecto propagandístico gubernamental. Lo divertido es que el Govern, a su vez, aparte de ese registro, no ha hecho nada de lo que había prometido al respecto. No ha elaborado, por ejemplo, el sistema informático que garantizaba el voto en el extranjero. Y no lo ha hecho por lo mismo que no ha comprado urnas. Implica penas de cárcel.

 Sin residentes en el extranjero que puedan participar, el referéndum es un objeto de consumo interno. Es decir, cultural. No es necesario hacerlo. Es necesario defenderlo. Es, por tanto, la campaña electoral de las siguientes autonómicas.

 Esta mañana a primera hora, el interés del referéndum no es su realización --sin excluir futuribles, parece como que no--, sino su gestión. Sí servirá para situar fuera de la catalanidad a los Comuns, y sí servirá --tomen nota; ese es el objeto PDeCAT-- para reeditar una lista conjunta con ERC, que vuelva a paliar la brutalidad de su progresiva desaparición.  (...)

Sí, ha dimitido un conseller por pronunciarse escéptico, en una entrevista a un medio concertado, ante el advenimiento del referéndum. Fue divertido, además una declaración aledaña. Venía a decir que estaba dispuesto a ir a la trena, pero no a perder su patrimonio. 

Que es lo que le puede pasar a Mas: el Tribunal de Cuentas evalúa pedirle a él y a los otros tres condenados 5 millones de euros. Lo que, me dicen, ha afectado a Mas. (...)

La partida. Es poco probable que, visto lo visto, se realice el referéndum. No hay voluntad de crear sistemas informáticos, por ejemplo. Y hay terror a perder el patrimonio. El patrimonio, en fin, es algo importante en la vocación de un político español. (...)"          (Guillem Martínez  , CTXT, 04/07/17)

Borrell: El 'New York Times' difícilmente aceptaría un referéndum de autodeterminación en un estado de EEUU

"El llamado 'procés' hacia la independencia se dirige a marchas forzadas hacia un callejón sin salida en medio del entusiasmo de muchos, el expreso rechazo de unos pocos, el silencio más o menos temeroso de otros y la impasible actitud del Gobierno de España.

 Y también, como es lógico, con una creciente atención internacional hacia el desafío lanzado al ordenamiento constitucional de un país democrático miembro de la UE. 

Lo que ocurre en Catalunya tiene sus características propias pero también responde a las consecuencias sociales de la crisis económica y el resurgir de los nacionalismos en Europa, donde han aumentado las tendencias centrífugas y fragmentarias en el interior de los países y entre países ('brexit'). 

En este contexto se presenta a la sociedad catalana como una especie de jardín de las delicias en el que las malas hierbas solo crecen como consecuencia de pertenecer a un Estado del que hay que separarse cuanto antes. 

Aunque sea mediante leyes de «desconexión» aprobadas por procedimientos inaceptables en el normal funcionamiento de un Parlamento democrático, y sin ni siquiera la mayoría absoluta de votos en las elecciones autonómicas a las que se dieron un carácter refrendario.

Algunas instituciones de la sociedad civil, y el manifiesto de 100 personalidades catalanas, han advertido de que este camino no lleva a ninguna parte. Pero sorprende que haya tantos catalanes que crean que es posible declarar de forma unilateral la independencia y que la UE, y antes que ella toda la comunidad internacional, la acogería con los brazos abiertos.

 

EL EXPOLIO FISCAL


Buena parte de esa dinámica se debe al éxito de la narrativa independentista acerca del expolio fiscal, y los millones que «España nos roba», basada en las falaces historias acerca de las inventadas balanzas fiscales alemanas. Por eso es preocupante que medios de reconocido prestigio como el 'New York Times' (NYT), en un reciente y comentado editorial, informen erróneamente sobre las raíces económicas del problema de la relación entre Catalunya y España. 

En efecto, en ese editorial se decía que «Catalunya contribuye con casi una quinta parte al PNB español, pero solo recibe el 9,5 % del presupuesto español». Esta forma de presentar las cosas sugiere que Catalunya recibe menos de la mitad de los impuestos que paga, que es lo que Oriol Junqueras hace tiempo que viene predicando.

Pero la realidad es bien distinta, tal y como explican los informes de la Generalitat. La contribución de Catalunya al PIB español es desde hace 10 años del orden del 19%. Y su contribución a la recaudación fiscal del Estado es también del orden del 19%. O sea, que aporta de forma proporcional a su riqueza relativa. 

Y recibe del orden del 15% del total de los recursos globales del Estado, una proporción cercana al porcentaje de su población que es el 16%. Incluso si solo se consideran los recursos que efectivamente se gastan en territorio catalán y que excluyen muchos gastos que también benefician a los catalanes, o que en todo caso tendría que asumir la Catalunya independiente –como Defensa y representación exterior– la proporción de lo recibido desde el año 2012 ha sido una media del 14%

Por lo tanto, hay un problema que, sin tener en cuenta el carácter progresivo de cualquier sistema fiscal, se puede cifrar en 1 o 1,5 puntos del PIB. Muy lejos de la incorrecta información del 'NYT'.

 

SECESIÓN INCONSTITUCIONAL


En España existe un ordenamiento jurídico constitucional y una separación de poderes tan respetable como en EEUU. ¿Aconsejaría el 'NYT' que Washington aceptara referéndums de autodeterminación en algunos estados federados? Supongo que no, porque la Constitución americana declara que la unidad del país es incuestionable.

 Y así lo dijo la corte suprema de Alaska en el 2006: «La secesión de un Estado es claramente inconstitucional y por lo tanto es impropio un referéndum al respecto». Lo mismo ha dicho en el 2015 el Tribunal Constitucional italiano ante una ley del Parlamento del Véneto para convocar un referéndum de autodeterminación, cuando los independentistas tenían el 60% de los votos. Y lo mismo establecen las Constituciones francesa y alemana. 

Es evidente que un periódico tiene el derecho a dar consejos a los gobiernos, tanto como el deber de dar una información que sea correcta. Pero en este caso debería poder entender que ningún Gobierno español autorizará lo que la Constitución no permite. Como tampoco lo harían nuestros amigos americanos en su casa."                 (Josep Borrell , Expresidente del Parlamento Europeo, El Periódico, 03/07/17)

26/7/17

Isabel Coixet: me resulta extremadamente difícil dirimir cuáles son las diferencias reales entre un partido centralista de derechas y otro catalanista y nacionalista. Ambos se han ocupado de crear la corrupción institucionalizada... y un referéndum convocado unilateralmente sin censo y sin ningún control, con el argumento de que basta la mitad más uno para declarar la independencia, no, gracias

"(...) La situación que vivimos en Cataluña en estos últimos tiempos posee particularidades que a mí, y sospecho que a mucha más gente, me parecen especialmente dañinas. Aquí enumero algunas; siéntanse libres de tachar las que quieran y añadir las suyas.

Desde hace mucho tiempo se promueve y fomenta continuamente el desprecio hacia los otros territorios del Estado español. Esto es una especie de cansina vuelta al patio del colegio: ese es tonto; el de más allá, un vagazo. Como persona viajada que soy puedo dar fe de que la tontería y la pereza no son patrimonio exclusivo de ningún pueblo del mundo. Si así fuera, ya me tendrían pidiendo asilo en la tierra de los perezosos. La pereza está muy infravalorada.

Se anteponen, antes que cualquier debate sobre qué hacer para mejorar la vida de los ciudadanos, las ventajas de una mítica tierra de promisión que pasa indefectiblemente por la “desconexión” de España, que, según sus partidarios, es algo con lo que soñamos desde la más tierna infancia los ocho millones de catalanes, ya que vivimos esclavizados, amordazados y sojuzgados por el perverso Gobierno central.

Inciso: vamos a ver, el Gobierno central que tenemos se las trae y no voy a ser yo la que diga lo contrario. La torpeza que siguen demostrando hacia la situación en que estamos es solo comparable a la actitud de las avestruces ante los avances de una manada de pumas. Pero de ahí a hablar de esclavitud y sojuzgamiento hay un trecho. Y en un mundo donde tanta gente es esclavizada y sojuzgada de verdad, que desde el Govern se hable en esos términos es sonrojante.

Que existe en muchos sectores de la población un sentimiento genuinamente nacionalista es innegable y merece el máximo respeto. Personas como Puigdemont o Junqueras han confesado —y les creo— la enorme ilusión que les hace la existencia de un Estado independiente. Es cuando imponen sus aspiraciones, asumiendo que todos las compartimos, cuando empiezan los problemas. No se han molestado en averiguar qué pensamos y por qué los que no compartimos esa ilusión.

A mí me resulta extremadamente difícil dirimir cuáles son las diferencias reales entre un partido centralista de derechas y otro catalanista y nacionalista. Ambos, con diferentes acentos y talantes, se han ocupado de crear el nefasto campo de cultivo de la corrupción institucionalizada. Que Ignacio González y uno de los Pujol junior compartan cárcel tiene algo de justicia poética, pero ahora necesitamos justicia de la más prosaica para salir de este callejón sin salida que amenaza con enquistarse para los restos.

El debate sobre las esencias patrias ha engullido el debate sobre qué clase de sociedad queremos. Con la independencia, esto va a ser una mezcla de Shangri-La, Legoland y Ganímedes. Todavía estoy esperando que alguien me cuente cómo va a ser la nueva república independiente catalana. Si alguien tiene pistas, por favor que las comparta. A mí Legoland me gusta mucho, pero no quiero vivir en ella, debe de ser incomodísimo.

El baile de cifras de las balanzas comerciales e impuestos que se baraja para convencer al votante de las bondades de la absoluta necesidad de la independencia porque “España nos roba”. Este concepto ha calado en un gran sector de la población que se siente genuinamente nacionalista y que quiere y necesita encontrar alguna explicación para la crisis económica y que, por razones que se me escapan, está convencida de que ser catalán es mucho mejor que ser español. 

Ante esto, déjenme que les dé una noticia en exclusiva: ninguna de las dos cosas es una bicoca, pero hay cosas bastante peores. Se me ocurren bastantes. Llegado este punto, honestamente yo ya no sé si España me roba más que Amazon, Zalando o el operario que me ha soplado 400 euros por arreglarme en cinco minutos el aire acondicionado. Yo, sinceramente, me he perdido en este debate de cifras y competencias. (...)

Los que no pensamos que la independencia sea la mejor de las ideas inmediatamente somos descalificados como fascistas, vendidos al Gobierno central y un sinfín de lindezas. O, en el mejor de los casos, somos invisibles y se nos barre del ágora pública.

 Otro notición: no ser independentista no significa ser fascista ni de Ciudadanos ni del PP. Significa simplemente que pensamos que ser catalán y ser español no son conceptos antagónicos. Respecto a la consulta, si los partidos políticos lo acuerdan, si se cambia la Constitución —que se puede cambiar— y se establece un marco legal, ¿por qué no?

Pero un referéndum convocado unilateralmente sin censo y sin ningún control, con el argumento de que basta la mitad más uno para declarar la independencia, no, gracias. Quiero recordar aquí que cuando se convocó el referéndum en Quebec, los porcentajes requeridos para una decisión de ese calibre fueron establecidos por la Corte Suprema con la premisa de que a partir de una clara y rotunda mayoría (no la mitad más uno) habría una obligación por parte del resto del país a renegociar el encaje de Quebec en Canadá. (...)

Y ahora viene la coletilla definitivamente naíf (o buenista o ingenua o boba) de este texto, lo digo por si quieren abandonar ahora: este no es el momento de crear más fronteras, ni muros ni barreras. Este, quizás más que nunca en la historia, es el momento de tender puentes, de centrarnos en las cosas que tenemos en común, de solventar las diferencias y las injusticias con auténtica y genuina voluntad de diálogo, de enfrentarnos juntos, todos los europeos en un marco federal, sin distinciones de pasaportes, a los desafíos de un mundo descabezado, convulso, ardiente, complejo y terrible.

Es el momento de dejar de estar absortos en nuestro ombligo y de elevar la vista más allá de los límites de lo que consideramos nuestro, más allá de nuestras banderas —por mucho que las amemos—, nuestros agravios —por muchos que tengamos—, nuestro pasado. Yo no poseo demasiadas certezas, pero he vivido lo bastante para saber que construir, sumar y amar siempre es infinitamente mejor que destruir, restar y odiar."                      ( , directora de cine, El País,  19/07/17)

La izquierda no tiene por enemigos ni a la democracia española ni a la democracia europea

"Cataluña vive hoy en un mar de confusiones. La primera y más patética es haber situado un problema insoluble en el centro del debate público y de la vida oficial catalana y española. 

Ni Cataluña puede presentarse al mundo como una nación oprimida, ni el sistema político español puede ser definido con la palabra vacía de autoritario o despótico.

 Lo demuestra de manera suficiente que las fuerzas que utilizan estas expresiones simplificadoras participan de la vida parlamentaria, exponen sus posiciones en el debate público y presentan, si es necesario, una moción de censura al partido que gobierna.

 España es, no hace falta decirlo, una democracia perfectible y necesitada de reformas que van más allá de la cosmética. Precisa, ciertamente, de reformas políticas y del régimen autonómico del mismo modo que las necesita en otros muchos terrenos.(...)

 España necesita reformas radicales en todo lo que tiende a incrementar la igualdad social, la transparencia y la pulcritud en el uso de los recursos públicos. Si la actual mayoría parlamentaria del Partido Popular y Ciudadanos no es capaz de canalizar las aspiraciones que mencionábamos, el deber de la izquierda es movilizar y hacer política para desplazarlos, promover el debate público, convencer a la ciudadanía, ganar las elecciones y formar Gobierno.

 Esta y no otra es la vía de la democracia y la vía europea en lo que tiene de mejor y más fecundo. La secesión que se nos propone es la vía de un Brexit casero y de una forma de conflicto que, gane quien gane, no fortalecerá la democracia ni la libertad.

 Ya tenemos suficientes indicios de esto último en el secreto y la alevosía con los que el Gobierno de la Generalitat actúa en sede parlamentaria y en los medios subvencionados. (...)

Ahora bien, desautorizar la vía que sigue la actual presidencia de la Generalitat, en un abuso clarísimo del propio mandato parlamentario y de la precaria mayoría y ley electoral que lo sostiene, no significa que no tengamos nada que decir sobre el actual momento político que vive el país. Lo sintetizo en los siguientes puntos:

Primero. La izquierda no tiene por enemigos ni a la democracia española ni a la democracia europea. (...)

El lenguaje y la construcción de la idea de un enemigo eterno o de la nación —sea la que sea— por encima de todo le son completamente ajenos.

 Segundo. La izquierda catalana está comprometida desde siempre con la defensa de la identidad nacional, la lengua y el respeto a la diferencia de los catalanes y otras sociedades próximas y lejanas. (...)

Sin falsos espejismos políticos, la izquierda catalana se siente sólidamente solidaria y unida, además, a todos los que defienden la lengua y cultura catalanas en Baleares y el País Valenciano, de los que no queremos separarnos con decisiones que les son del todo ajenas. 

Tercero. El actual debate sobre la independencia y la tapadera que lo disfraza de un referéndum no garantizan la identificación de los problemas materiales (flujos fiscales, infraestructuras y equipamientos), el desarrollo federal de la autonomía o los problemas simbólicos de una sociedad que sufrió una opresión particular e intensa durante las dos dictaduras españolas del siglo XX. 

Estos problemas no se resolverán con una votación. Es la labor de un debate público que nos ha sido secuestrado, que necesita de políticas inteligentes y de alianzas y complicidades constantes, lo más amplias posibles.  (...)

Cuarto. Por todo ello, hay que negarse a aceptar que los valores de la izquierda impliquen rendirse a un debate con las cartas marcadas y empapado de nacionalismo, claudicar de un debate público imposible, enfrentarnos con el resto de los españoles e imponer la salida inevitable de la Unión Europea.  (...)

Quinto. Finalmente, queremos advertir de la grave división de los catalanes y catalanas que supone la actual deriva independentista y nacionalista en Cataluña. El paliativo no puede ser un referéndum que, gane quien gane, habrá tenido la responsabilidad de dividir a los catalanes y españoles, de hacernos más tribales y menos civilizadamente deliberativos.

 Un referéndum que dificultará todavía más aquellas reformas que pueden hacer más libres y solidarios los futuros de los pueblos de España y de Europa, de una comunidad que con las lenguas y hablas de cada cual seguirá inevitablemente unida el día siguiente de una fractura estéril y prescindible."                ( , El País, 04/07/17) 

La efervescencia independentista en Cataluña responde en mucho al proceso de decadencia de las sociedades occidentales. España sólo es otra ficha más en el dominó de esa decadencia global de Occidente

"(...) Como ya he comentado muchas veces, creo que la efervescencia independentista en Cataluña responde en mucho al proceso de decadencia de las sociedades occidentales, decadencia que ya se ha manifestado de manera particularmente evidente en Grecia, Reino Unido, EE.UU., e incluso Francia

España sólo es otra ficha más en el dominó de esa decadencia global de Occidente, fruto de una crisis que no puede acabar nunca; y es sólo cuestión de tiempo que España sufra una convulsión, previsiblemente peor que las de nuestros vecinos. 

El sentimiento de desconexión con las élites que experimentan la mayoría de los ciudadanos hace que todo lo que tenga que ver con el Estado se vea como ineficiente y corrupto, y que cada vez menos personas, tanto en España como en Cataluña, están de acuerdo con un continuismo que tiene una imagen cada vez más retrógrada y despreciable.

(...) Contrariamente a lo que se defiende desde el campo independentista, la secesión de España supondría una caída económica más que considerable tanto para España como para Cataluña. 

El grado de interconexión de las dos economías es total, pues Cataluña forma parte de España, la mayoría de sus "exportaciones" van a España y para España Cataluña es un motor económico fundamental. 

Ya desde el punto de vista meramente logístico, el proceso de secesión tiene una complejidad astronómica: desde la gestión de la red eléctrica, enormemente interconectada entre ambos territorios, hasta las redes de gas, carreteras, puertos, aeropuertos, cuencas fluviales, recursos hídricos y así un largo etcétera. 

Además, tal secesión no se verificaría de grado: al margen de que más de un líder independentista pueda acabar en una cárcel española, y de que acabara produciéndose cierta violencia hasta la consumación de la separación, es evidente que, por una cuestión de orgullo nacional y sabiendo cómo son nuestros líderes, España no ayudará a Cataluña a hacer más sencillo el proceso, ni tan siquiera en aquellas cosas en las que la no-colaboración perjudicase claramente a los españoles. 

Antes al contrario, se pondrán todo tipo de obstrucciones y pegas, y entre otras España intentaría endosarle al nuevo Estado tanta deuda nacional como le fuera posible (si le dejan). 

Y por si fuera poco, esta eventual secesión de Cataluña pasaría en medio de una grave crisis económica mundial, que no sólo agravaría los problemas económicos internos sino que además mermaría el apoyo internacional al proceso de transición (como mínimo, el apoyo económico). 

Teniendo en cuenta que la siguiente oleada recesiva muy probablemente será el inicio del largo descenso energético, la trayectoria será siempre descendente para los países occidentales, pero en el caso de Cataluña y España ese descenso sería más rápido que el de otros países de nuestro entorno (lo cual, no nos engañemos, a ellos les vendría muy bien, por lo que se supone de aumento de recursos disponibles para ellos).  (...)

La enorme carga de la deuda, las espurias rencillas entre Cataluña y España, la enorme complejidad de los ajustes en la gestión de tantas infraestructuras y administraciones, y todo eso con el trasfondo de una crisis económica draconiana, podría servir no sólo para producir una fuerte caída inicial de la que nunca nos recuperaríamos, sino que probablemente pondría, tanto a Cataluña como a España en una vía de descenso más rápido de la que tendrían yendo juntas por la Historia. 

Así pues, la independencia de Cataluña nos llevaría a un colapso rápido pero en mejores condiciones que los colapsos que sucederán posteriormente. Por tanto, en una última paradoja, el proceso secesionista catalán supondría una gran ventaja y algo deseable tanto para Cataluña como para España. 

Aunque dudo mucho de que ningún representante político osara jamás plantear el debate en estos términos."                (The Oil crash, 05/07/17)

21/7/17

Carta abierta a Pau Llonch: de catalán (charnego) a catalán... soy de Badalona, hijo de un granadino y de una albaceteña, he conocido el clasismo y el racismo xenófobo... y precisamente porque la alta burguesía no está interesada, no va a haber independencia en Cataluña; no, mientras eso no cambie. Eso, y no la eventualidad de un referéndum, es lo más importante

"Querido Pau Llonch: 

No nos conocemos, pero me vas a permitir que me sienta interpelado por el contenido de tu carta al coordinador de IU: soy de Badalona, hijo de un granadino y de una albaceteña; en los últimos años he vivido consecutivamente en tres pueblos del Maresme, comarca donde finalmente resido con mi mujer y mi hija. 

Licenciado en la UdG, he conocido el clasismo y el racismo xenófobo de unos y otros, tanto en el área metropolitana de Barcelona como en las comarcas gerundenses, y unos y otros me han afeado, por poner un ejemplo ilustrativo, que cambie de nombre según dónde y con quién me encuentre (Javier para castellanoparlantes, Xavier para catalanoparlantes); cuando lo cierto es que la primera vez que alguien me lo tradujo fue en la EGB: mi profesora y tutora de mi colegio público de barrio periférico (mis padres me pusieron Francisco Javier pero, francamente, nunca me ha importado; para mí no es más que una etiqueta con la que nunca, en ninguno de los dos casos, he de sentirme incómodo). 

Dicho esto, Pau, me gustaría hacer algunas precisiones al texto que diriges como una invectiva (y está siendo costumbre en estos días de absoluta falta de estrategia) a Alberto Garzón, a quien tampoco conozco pero también he leído y por quien asimismo siento una considerable simpatía.

 Si no te importa, iré replicando uno a uno los seis puntos de tu escrito, por lo demás, argumentado, cosa que se agradece precisamente por inusual. Así, aunque no lleguemos a ponernos de acuerdo, y aunque yo limite mi réplica aquí a unos simples fogonazos, al menos unos y otros dejaremos de atribuirnos falazmente posiciones que no defendemos.
  1. Precisamente porque la alta burguesía no está interesada, no va a haber independencia en Cataluña; no, mientras eso no cambie. Eso, y no la eventualidad de un referéndum, es lo más importante.

    El referéndum de octubre no lo es, porque un referéndum unilateral no existe (para hacerlo, se te presupone soberanía; en caso contrario tienes otro 9-N con las consiguientes elecciones “plebiscitarias” que son igual de farsa pero más garantistas pero no resuelven nada porque no son referéndum, y etcétera).

    Saberlo y aun así defenderlo es simplemente expresión de la voluntad de ganar posiciones políticas de cara al próximo envite electoral. Muy legítimo, por supuesto, pero poco honesto si se presenta como ejercicio democrático: no lo es, porque no es lo que se pretende; porque no existe el referéndum unilateral.

    Lo importante es, como digo, esclarecer si acaso es posible la independencia de Cataluña, actualmente Comunidad Autónoma. Eso es lo importante: si quieres la independencia, gánala en la calle y cambia las instituciones, pero no participes del circo que se han montado unos y otros para salvar el pellejo (en realidad, Jorge Moruno ha agotado con verdadera pedagogía este asunto).
  1. Como enseñaba el injustamente desdeñado Trotsky, en política los tiempos son fundamentales: vuestras prisas, que se han alimentado durante décadas de un falso victimismo (“Cataluña, colonia de España”), son ahora pueriles; como decía Lenin, tales prisas son típicas de la enfermedad mental del izquierdismo: sin aliados, nada.

    Y ojo, es falso que ahora no se mantenga el tal argumentario. Como te decía, soy de Badalona y licenciado en la UdG, y sé que el racismo xenófobo es recurrente, algo más que latente (no voy a ser yo el equidistante en esto: lo del proto-fascista Albiol, por cierto catalán y muy votado, no tiene parangón, pero la inquina contra la Barcelona “xava” una vez pasada la “frontera” del Maresme-La Selva es impresentable; seguro que estarás de acuerdo conmigo).

     También sé que en estos días de todo o nada (los de la CUP lo queríais todo e hicisteis una gran astracanada) lo poco que llevo dicho sonará a españolismo rancio. No importa, de verdad, algunos estamos acostumbrados; pero es irritante que encabeces tu artículo con una cita que habla de opresión para referirte al, si quieres, fallido Estado de las Autonomías; repito: opresión (voy a dejar de lado las mil abstracciones de contexto que cometes con ello).
  1. El carril central del proceso es institucional-mediático, no nacional-popular; en todo caso, si tiene algo de lo segundo, ha sido construido por arriba, puesto que la burguesía convergente ha sabido hacer concesiones (como la burguesía y nobleza británicas que explican Engels y Marx en sus textos políticos; puestos a hablar de lecturas, te sugiero a Antoine Artous, “Marx, el Estado y la política”, del que podríamos aprender un poco todos); burguesía que ha sabido hacer concesiones, decía, para no perder su control hegemónico en el proceso.

     No darse cuenta de esto (pretender que las instituciones catalanas no son gobernadas por burgueses y aun por antiguos nobles terratenientes) es, otra vez, enfermedad infantil: en cuanto termine la inmensa cortina de humo que algunos honestamente habéis abrazado sin advertir su insustancialidad, los Mossos nos seguirán persiguiendo, a ti y a mí, mandados por el Saura o el Felip Puig (poco importa) de turno.
  1. La única alternativa que le queda a un proyecto que debiera purgar de su pasado el victimismo (y las prisas que esto alienta) es seguir peleando hasta lograr alianzas; pelead, si queréis, y no sólo institucionalmente, para cambiar la correlación de fuerzas.

    Y por cierto, dejad de soñar con ERC: son el verdadero PSOE catalán. Arrastradlo, si podéis, pero no fantaseéis con un Junqueras que sólo quiere verse president (autonómico, por supuesto).
  1. Rápido te ventilas la infumable consulta-movimiento sin garantías jurídicas; remito a este texto y subsano con ello las afirmaciones de mi punto 1 que pudieran parecer lapidarias.
  1. Lo que clarifica Delgado es el maniqueísmo del conmigo o contra mí; lo más opuesto al pensamiento crítico (pensamiento crítico, coincidirás conmigo, bastante proscrito en los principales medios catalanes de Cataluña si lo que se critica es el procesismo y sobre todo si se lo critica desde la izquierda; coincidirás, digo, si tienes la deferencia de no serme abstracto en esto).

    Decía Delgado en una entrevista con Albano Dante en La Klau (cómo echo de menos al Dante de Cafè amb llet…) que el encabezado de la pregunta “La República del 48%?” era tendencioso, pues hacía monárquicos al resto... Bueno, podrían comentarse muchas cosas, pero digamos simplemente que lo que seguramente sabía Delgado y no quiso decir es que el encabezado señalaba, por encima de todo, que no tenéis suficientes aliados y que así no se construye nada.

     La concreción es justamente no ignorar, como sí hace Arregui en su breve libelo, que en Cataluña también hay fascistas catalanes, que hay xenofobia, que te cuestionan porque un día decides hablarle también en castellano a tu hija porque sabes que los libros de texto en castellano son basura y que vas a tener que complementar rigurosamente su enseñanza; lo abstracto es olvidar que eso no es minoritario, olvidar que protestar ante eso (y ni se te ocurra cuestionar la inmersión lingüística obligatoria en catalán) es exponerse a que te tilden de fascista o españolazo (supongo que nunca te encontrarás en esa miserable tesitura porque se te presupone catalanidad; no así a los hijos de los venidos del sur, que no podemos permitirnos según qué coqueteos; un botón: el otro día me confiaron que se criticaba a Sopa de Cabra porque habían cantado un par de canciones en castellano… uno de los mejores grupos de rock en catalán… ); abstracto es también olvidar al carpetovetónico ciudadano de la Cataluña interior, etc. etc. etc.
Mi querido Pau, construyes una abstracción y adornas así tu posición. Esto es típico de quien no sabe abordar, en efecto, la cuestión nacional. Y además disparando contra tus aliados… Piensa que el “lo quiero todo y lo quiero ya” es un capricho muy liberal-burgués, piensa, si quieres, que la crítica no es arrogancia, perdonavidas, ni expresión de una cínica superioridad moral.

 Es, sencillamente, que los tiempos son los que son, que están los aliados que están, que los adversarios son como son, y que hacer caso omiso de todo ello es una inmensa abstracción; de la peor, de la que es, con o sin Pujol, sencillamente irreal."