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25/9/14

Escocia ha despertado el nacionalismo... inglés. Y la custión West Lothian

"(...) South of the border, en Westminster, reina el caos. Cameron se ha comprometido a honrar su promesa de devo-max a Escocia en enero de 2016 (conceder amplios poderes fiscales, de gasto y bienestar, como los que tiene ya la Generalitat). 

Pero ha destapado la caja de los truenos generando una discusión sobre la estructura administrativa del país, un problema extraordinariamente complicado que requiere amplios consensos entre los grandes partidos que ,con unas elecciones nacionales a la vuelta de la esquina, va a ser casi imposible lograr. Las consecuencias del referendum en el resto del país son complejas:

- la cuestión west Lothian: Cameron dice ahora que quiere unir la devo-max a la prohibición de que los diputados escoceses puedan votar y decidir, como hasta ahora, en asuntos que atañen sólo a los ingleses (los diputados ingleses no pueden decidir sobre asuntos “devueltos” a Escocia).
 Opina por ejemplo que no tiene sentido que puedan votar los tipos impositivos para los ingleses cuando sólo el parlamento escocés va a decidir los tipos impositivos para los escoceses  Miliband, líder del Labour, se niega porque señala que se crearían “dos clases de diputados“… y porque no podría gobernar sin el apoyo de sus 41 diputados escoceses en cuestiones inglesas.

- la rebelión tory: la bancada tory exige que la devolución de poderes fiscales a Escocia vaya acompañada de una reducción de los fondos asignados al para el Tesoro escocés, pues serán ellos quienes podrán ya recaudar.

-el separatismo escocés quiere más: envalentonada por el resultado, Nicola Sturgeon -sucesora de Salmond- irá a por máximos, lo que ya se conoce como devo super max. Más gasolina (agravios y victimismo) para nutrir el separatismo escocés.

-el té para todos y la reforma constitucional: la gente del resto del RU -Inglaterra, Gales, Irlanda del Norte- no entenderán por qué no pueden tener los mismos poderes que se van a devolver a Escocia. Comienza a emerger la necesidad de llevar a cabo una reforma constitucional en sentido federal, como la que ya existe en España. Asuntos de tanto calado requieren tiempo, pero tras la promesa realizada al final de la campaña por el NO, ahora debe suceder a ritmo de sprint.  Miliband ya pide una “convención constitucional” para considerar la cuestión este otoño, y las elecciones generales asoman en el horizonte.

- la rebelión inglesa: el reto no está en Cardiff ni en Belfast sino en Londres. ¿Cómo construir un federalismo equilibrado para todo el país cuando Inglaterra representa el 85% de la población del RU?. Además el referéndum ha despertado la bestia dormida del nacionalismo inglés. 

 Muchos tories están furiosos por las concesiones a Escocia en los últimos días de la campaña. Se pide ya la creación de un Parlamento Inglés. Si Cameron no consigue el “english votes for english laws” tendrá problemas; si lo consigue, el RU puede ser ingobernable (imaginen un gobierno laborista sin mayoría sobre asuntos ingleses). Mientras tanto, el UKIP de Nigel Farage explotará el resentimiento inglés generado en este proceso.

El referéndum escocés ha envenenado el futuro de Gran Bretaña. Su Constitución no escrita ha sido arrojada al aire y nadie sabe dónde van a caer las piezas. El voto sobre este asunto no ha traído unidad, como proclama Artur Mas, sino inestabilidad, ensimismamiento, deterioro de la convivencia e incertidumbre. Es el fruto del nacionalismo y la irresponsabilidad, y sólo beneficia a los políticos. (...)"      (Dolça Catalunya, 22/09/2014)

20/12/07

La West Lothian Question en España

“(..) Se trata, en concreto, de un problema de teoría de la democracia conocido como la West Lothian question. Fue formulada por vez primera a finales de los años setenta, cuando se comenzó a debatir la posibilidad de dotar a Escocia de autonomía, por un político llamado Tam Dalyell, que era diputado liberal precisamente por la circunscripción de West Lothian, cerca de Edimburgo. El problema puede enunciarse así: si el Parlamento escocés recibe competencia sobre un amplio número de materias, incluidas aquellas que afectan más directamente a la vida de los ciudadanos, ¿por qué debería seguir habiendo diputados escoceses en el Parlamento del Reino Unido, con poder para deliberar y votar sobre asuntos que no conciernen ya a Escocia, sino sólo a las otras partes del país (Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte)? En otras palabras, ¿por qué los escoceses deberían tener voz en los asuntos de los ingleses, galeses y norirlandeses, mientras que éstos no la tienen en los asuntos de los escoceses? (...)

Llegados a este punto, sólo resta hacer dos observaciones adicionales. Una es que invocar la West Lothian question no es neocentralista ni jacobino, por usar un término que sólo en la jerga política catalana tiene una connotación abiertamente peyorativa. El problema de democracia que se acaba de exponer puede no surgir en el sistema más descentralizado que quepa imaginar, siempre que todos los territorios que lo componen tengan similares competencias y prerrogativas. El problema no deriva del grado de descentralización, sino de la asimetría, es decir, de que algún territorio disfrute de una posición (asunción de competencias estatales, blindaje competencial, administración de justicia propia, etcétera) que los otros territorios no tienen. Es precisamente la asimetría lo que impide hallar una solución satisfactoria a la West Lothian question, pues no está dicho que sea posible tratar como iguales a ciudadanos de territorios desiguales.

No digo que el respeto por la Constitución no sea importante, ni que el uso de la palabra "nación" -o de sus derivados- sea trivial. No lo creo. Ahora bien, discutir sólo de esto puede crear una cortina de humo que impida ver algo aún más importante: que el nuevo Estatuto catalán, tan celoso ante cualquier atisbo de intromisión, permitiría a los catalanes seguir participando como hasta ahora en los asuntos de los demás españoles, los cuales, sin embargo, carecerían de capacidad decisoria con respecto a Cataluña. Y esto equivaldría, ni más ni menos, a admitir la existencia de ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Las constituciones nacen y mueren, e incluso naciones seculares pueden un día sufrir una dolorosa amputación; pero los postulados básicos de la democracia son los que son.” (LUIS MARÍA DÍEZ-PICAZO : El Estatuto de Cataluña y la 'West Lothian question'. EL PAÍS - Opinión - 18-11-2005, pp. 14)