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9/1/19

¿Alguien me sabría explicar quiénes serían o seríamos los que, siendo actualmente ciudadanos de Cataluña, dejarían o dejaríamos de serlo si la independencia unilateral de Cataluña se llevase a término a través de la vía eslovena?

"(...) A diferencia de Eslovenia, que en sus ambiciones secesionistas de Yugoslavia contó con la colaboración diplomática, financiera e incluso el apoyo militar de Alemania y Austria, ansiosas ambas de contar con un nuevo socio y sobre todo con un nuevo mercado, así como con el apoyo incontestable y entusiasta del Vaticano, por aquel entonces con el Papa Juan Pablo II al frente, ¿qué Estados estarían dispuestos a prestar ahora su colaboración diplomática, financiera y no hablemos ya de un posible apoyo militar a Cataluña para que se independizase de España (...)? (...)

Entrando ya de lleno en el terreno propio del conflicto armado en el que acabó derivando de forma dramática la vía eslovena, ¿me sabría alguien decir de qué fuerzas armadas dispone la Generalitat de Cataluña para hacer frente a una más que previsible, aunque en modo alguno deseable, respuesta militar por parte de España si se llegara a llevar a la práctica la independencia unilateral de Cataluña? 

Porque resulta que en la República Federal Socialista de Yugoslavia cada Estado miembro, y por tanto también Eslovenia, disponía de su propia milicia de Defensa Territorial, algo así como una Guardia Nacional fuertemente armada, equipada y muy bien entrenada, reconvertida en la Estructura Nacional de Protección Nacional, que con más de 21.000 miembros, en un país con poco más de 2 millones de habitantes y un territorio muy reducido, se enfrentó con éxito, en solo diez días de guerra, al Ejército de Yugoslavia y, después de maniobras todavía no esclarecidas que incluyeron un acuerdo bajo mano con Serbia para que pudiera enfrentarse con mayor potencia a Croacia y otro extraño acuerdo secreto con Croacia que prestó armamento a Eslovenia, sin saber que con ello Croacia se desarmaba contra Serbia, logró el ansiado triunfo bélico. 

Con un balance trágico, que tal vez pueda parecer escaso para algunos pero que no por ello resulta menos lamentable: 44 muertos y 146 heridos entre los miembros del Ejército Yugoslavo, 18 víctimas mortales y 182 heridos entre la Guardia Nacional y los civiles eslovenos, además de una docena de ciudadanos de otros países muertos en aquellos diez días de guerra, fundamentalmente periodistas extranjeros y algunos transportistas búlgaros. En total, 74 muertos, 328 heridos y miles de civiles desplazados.

¿Alguien piensa quizás que los 17.000 actuales agentes de los Mossos d’Esquadra podrían llegar a desarrollar una labor específicamente militar como la que la Guardia Nacional Eslovena llevó a cabo entonces?

Por último, habida cuenta que la República de Eslovenia ya independiente retiró la nacionalidad a más del 1% de los antiguos residentes en aquel territorio --unos 2.500, aproximadamente--, ¿alguien me sabría explicar quiénes serían o seríamos los que, siendo actualmente ciudadanos de Cataluña, dejarían o dejaríamos de serlo si la independencia unilateral de Cataluña se llevase a término a través de la vía eslovena?

No me parece en modo alguno impertinente formular esta pregunta, como me ocurre con todas las anteriores. Lo juzgo absolutamente pertinente, oportuno y conveniente. Como mínimo, para que no nos pille desprevenidos. Y me gustaría mucho que alguien con mando en plaza tuviese el valor, y sobre todo el honor, de contestarme. "                  (Jordi García-Soler, Crónica Global, 15/12/18)   

19/12/18

La diplomacia alemana coaccionó a sus socios europeos, amenazando con disminuir los fondos alemanes a la Unión Europea si ésta no reconocía a Croacia y Eslovenia (cosa que hizo en enero de 1992)... sin semejante apoyo...

"(...) Las potencias occidentales vieron a Eslovenia con complacencia y simpatía. Alemania y Austria se apresuraron a reconocer su independencia, como reconocieron la de Croacia, sin explicar nunca bien sus motivos. 

Eslovenia y Croacia eran las zonas yugoslavas más afines a los imperios centrales, a los que apoyaron en la Gran Guerra, y entre Serbia y el bloque germano-austríaco había, en cambio, una histórica rivalidad para dominar el mundo balcánico. 

La diplomacia alemana coaccionó además a sus socios europeos, amenazando con disminuir los fondos alemanes a la Unión Europea (CEE entonces) si esta no reconocía también a Croacia y Eslovenia (cosa que hizo en enero de 1992). 

Y Europa renunció a aplicar el plan Carrington, que incluía una cláusula de respeto a las minorías culturales dentro de sus fronteras, con lo que desapareció cualquier incentivo para mantener los vínculos entre las repúblicas yugoslavas.

 Y a partir de ahí fue el caos. Se inició el rosario de guerras, que se prolongaron hasta 2001 (...)"       (José Álvarez Junco, El País, 11/12/18)

21/5/18

Director de e-notícies: ¿Qué nos ha pasado a los catalanes? El proceso ha sido una obra de ingeniería social. Las élites soberanistas calcularon mal. Diseñaron una operación para tapar los recortes, la corrupción y su mala gestión. El problema es que, a la vista de los hechos, la cosa salió mal. Y, en política, hay que juzgar a la gente por lo que consigue, no por las intenciones...

"El exconsejero Santi Vila explica en su último libro que un día fue a comer a Sarrià -un barrio pijo en la parte alta Barcelona- y recibió un “auténtico baño de masas": peticiones de selfies, muestras de afecto e icluso invitaciones a formar un nuevo partido que recogiera el espíritu de la antigua Convergencia.

De vuelta, pilló los Ferrocarriles de la Generalitat y se bajó en la estación de Provenza, a la altura de la calle Balmes. En el andén, un grupo de “estudiantes adolescentes” le dijeron de todo: “vete a España, hijo de puta, aquí no hay sitio para cobardes y traidores”.

Unos días antes ya vio como una señora de unos cincuenta años, "vestida reglamentariamene con lazo y bufanda amarillas", lo increpó desde el coche durante un semáforo en rojo: “¡botifler, traidor!". Luego se añadió un motorista aunque, para su sorpresa, fue para defenderlo: “¿y vosotros qué?, pandilla de inútiles, ¿dónde nos habéis llevado?” (1).

Sirvan ambas anécdotas para ilustrar la situación explosiva que se vive en Catalunya. Esto es como un bosque en verano tras muchos meses de sequía. Sólo falta que alguien prenda la llama.

La pregunta es: ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Que nos ha pasado a los catalanes? La versión oficial es que el proceso ha sido un movimiento de masas tras la sentencia del Estatut. "De abajo arriba", decían.

Sin embargo, el que fuera secretario de comunicación de Mas durante cinco años -y por tanto uno de los responsables de haber estado echando leña al fuego- admite en otro  libro que “el proceso no hubiera sido posible sin la gente exigiendo en la calle, pero a su vez, esa exigencia fue espoleada por el soberanismo institucional y político que aspiraba y aspira a sacarle provecho” (2). 

La segunda confesión es todavía más atroz que la primera y ya la publicamos en su día: el propio Govern "deseaba" las cargas policiales el día del referéndum.
Por eso sospecho que el proceso ha sido más bien una obra de ingeniería social. Desde luego, hay gente que legítimamente se pasó al soberanismo. Aproximadamente, un 20% son sobrevenidos.

 El independentismo, en efecto, ha alcanzado el 40%, pero la mitad son conversos. Algunos tan ilustres como el propio Artur Mas, Raül Romeva o Ernest Maragall. A éste último lo acaban de hacer consejero de Exteriores en agradecimiento por los servicios prestados. Así cualquiera.

Recuerdo, por ejemplo, una encuesta del CEO de marzo del 2015 en la que el 24% admitía que era independentista de “de toda la vida” mientras que el 18% confesaba que se había convertido “en los últimos años”. Y estos últimos esgrimían diversas razones: “la actitud del gobierno central" (42%), el déficit fiscal (13,2%), la esperanza de mejorar (8,4%) o la crisis económica (6,2%).

Pero las élites soberanistas -con el propio Mas a la cabeza y toda su panda de asesores y gurús- calcularon mal. Diseñaron una operación para tapar los recortes, la corrupción en CDC -con una decena de casos- e incluso su mala gestión. Siempre es más fácil echarse al monte que gobernar. La prueba es también el gobierno nombrado por Quim Torra.

En el fondo, el proceso es una herencia de Pujol: aquel famoso documento que publicó El Periódico en 1990 (“La estrategia de la recatalanización”) y que se tradujo en el lema “hoy paciencia, mañana independencia”. Al fin y al cabo llevan veinte años machacando que somos un pueblo oprimido e incluso, según opinión del nuevo presidente, hasta superior.

Sin la labor de TV3 y de la escuela seguramente tampoco habríamos llegado hasta aquí. No es el momento ni el lugar -ni tendría espacio suficiente- para abordar la polémica sobre el supuesto “adoctrinamiento” en las escuelas.

Pero hay que recordar que, unos día antes del referéndum, hubo un acto en Palau con directores de centros educativos que, llaves en mano, exigían poder votar. En realidad, se comprometieron hasta a abrir las escuelas pese a la prohibición del TC.

Por supuesto, puede resultar también un caso aislado pero siempre recordaré aquel director de un instituto de Vilafranca que, sin venir a cuento, soltó un míting en TV3 para sorpresa incluso del presentador.

“Vamos -dijo entonces- hacia un camino de poder tomar nuestras propias decisiones” y defendió “el marcó mental y político de nuestra nación”. No tengo ninguna duda de que, por la convicción con la que habló, él mismo contribuyó como profesor o como director a impulsar el citado marco. Hasta agradeció a la cadena púlbica que apostar por “el futuro proyecto nacional de educación”.

El problema es que, a la vista de los hechos, la cosa salió mal. De momento, el proceso sólo es una nueva página gloriosa en la historia del catalanismo -como el Memorial de Greuges, el Tancament de Caixes o la Solidaritat Catalana- pero sin resultados tangibles. Y, en política, hay que juzgar a la gente por lo que consigue, no por las intenciones.

(1) Santi Vila: "D'herois i traïdors". Editorial Pòrtic. Barcelona, marzo 2018, págs. 70-72
(2) Josep Martí: "Cómo ganamos el proceso y perdimos la República", ED Libros, Barcelona, abril 2018, pág. 42"                 (Xavier Rius, director de e-notícies, 19/05/18)

11/12/17

Si el Procés nació, gubernamentalmente, para detener el 15M, lo ha conseguido. La democracia ya no es económica, sino únicamente electoral. Quería, vamos, detener una crisis de representatividad a toda milk

"(...) 2- Minuto y resultado. Entre los usuarios del Procesismo está surgiendo la autocalificación de demòcrates. Desglosemos el concepto. Se utiliza demócrata para especificar que a) se apoya a un Govern, hoy desaparecido, elegido democráticamente, y que b) se apoya la defensa de un referéndum democrático.

 Mola. Si bien es una concepto de democracia que, verbigracia, excluye la democracia económica. Si el Procés nació, gubernamentalmente, para detener el 15M, lo ha conseguido. La democracia ya no es económica, sino únicamente electoral. 

Que es, me temo, lo que pretendía el Govern hace 5 años. Quería, vamos, detener una crisis de representatividad a toda milk. Por vía electoral, en Cat, como en Esp, hoy se vota, tranquilamente, a personas que deciden qué es democracia y qué es ley.

 Frente a esa idea de democracia, tenemos otra, su opuesta. Tampoco es económica. La vertebra otro gobierno. El Gobierno. Es una democracia más sustentada en la legalidad que en la Constitución. Es decir, en el marco de democracia y de ley que vaya especificando el Gobierno.

 Tras cinco años de Proces disponemos en el mercado, por tanto, de dos ideas de democracia. Y las dos restrictivas. ¡Yupi! (...)"              (Guillem Martínez, CTXT, 21/11/17)

6/10/16

¿Es posible la independencia de Cataluña? Sí, con el apoyo del 80% de la población

"Es sabido que el destino histórico de aquel Estado que en su día respondiera por República Federativa de Yugoslavia se decidió no en los cuarteles de Belgrado ni tampoco en las calles y plazas de Zagreb, sino en algún pulcro despacho oficial de Berlín. 

Sin el plácet de Alemania, también es sabido, Croacia nunca habría osado dar el último paso, el que condujo a la guerra civil y, a la postre, a la voladura controlada del país. Es una regla no escrita: en la región oriental de Europa nada se mueve sin el consentimiento expreso de Rusia. En la occidental, Alemania y, de modo accesorio, Francia asumen, aunque siempre de modo mucho más discreto, ese mismo papel de gendarmes locales.

 Los Balcanes caían justo en las lindes de esas dos jurisdicciones. Y lo que sirvió para Yugoslavia igual servirá para España. La única posibilidad real de que Cataluña consume la independencia pasa por que la causa de los secesionistas logre la neutralidad, como mínimo la neutralidad, de alguno de los grandes decisores que dominan el tablero europeo.

Un avatar que sólo se podría materializar si el Estado cometiera la torpeza de recurrir al uso desmesurado de la fuerza en respuesta a las inminentes provocaciones de la Generalitat, esos renovados gestos de insubordinación frente al orden legal que no tardarán en producirse. 

Con una cierta ingenuidad pueril, los de la CUP acaban de reconocer que ese, el de una espiral de violencia institucional inducida que internacionalice el choque con Madrit, es el escenario óptimo que, en la medida de sus posibilidades, tratarán de forzar a partir de ahora. Por lo demás, algo en extremo improbable dado el carácter pequeñoburgués y refractario a la épica sacrificial que caracteriza al grueso del movimiento catalanista. 

Así, descartadas las estampas más o menos belicosas de confrontación física abierta, tan contrarias a la idiosincrasia local, su ansiada internacionalización del conflicto solo podría pasar por la celebración de un referéndum unilateral de independencia que contase, asunto trascendental, con la participación de los discrepantes con el proyecto de ruptura con España.

La paradoja es que necesitan que los refractarios a la secesión legitimen de puertas afuera la quiebra del orden constitucional a través de su concurso en ese plebiscito. Ellos entienden, y no se equivocan, que Europa únicamente podría llegar a mostrarse complaciente en alguna medida con la fractura de la soberanía española si, y solo si, en el seno de la sociedad catalana el acuerdo al respecto alcanzase una mayoría muy reforzada, del orden del ochenta por cierto de la población. 

 Ahora mismo, sin embargo, los separatistas representan una mayoría muy escasa del censo, poco, muy poco más de la mitad. Y con eso se pueden organizar impresionantes manifestaciones, sí, pero no se rompe un Estado. Para partir la columna vertebral de un país hay que tener detrás al ochenta o al noventa por ciento de la gente. Algo que a día de hoy distan de poseer. (...)

A efectos políticos, el 9-N no supuso nada más que una pachanguita folclórica e intrascendente. Nadie, empezando por ellos mismos, se tomó en serio aquella performance por la sencilla razón de que la tercera Cataluña, esa que ni se entusiasma con los españolistas ni con los separatistas, no se prestó a participar en el juego. 

Y esa tercera Cataluña, nos guste o no, es la que al final acabará decidiendo el ganador de la partida. ¿Y qué harán llegado el caso? Sospecho que ni la propia Colau lo sabe a estas horas."                 (José García Domínguez, Libertad Digital, en Caffe Reggio, 14/09/16)

19/6/15

Por qué la izquierda no debe apoyar el independentismo

"(...) ¿Por qué niego yo que la izquierda deba apoyar o simpatizar con el independentismo? Por dos razones fundamentales.

La primera es que todas estas cosas “nacionales” no son más que rémoras que dividen y que desvían la atención de los principios claros que debería tener la acción de la izquierda. Una delimitación geográfica y política, una nación, es una conceptualización que intrínsecamente no es ni de derechas ni de izquierdas, y por lo tanto es algo ajeno al debate político de valores.

Estar luchando por la construcción de una nueva nación sólo es razonable si esta construcción tiene efectos que estén acordes con nuestros valores y principios políticos, como por ejemplo si se tratase de oponerse a un estado dictatorial o tiránico, o si esta construcción fuese el camino para mejorar la vida de amplios sectores sociales aplastados por una realidad nacional determinada.

En el resto de los casos (como son los casos que nos encontramos en Europa) estar luchando por una construcción nacional no es más que sentimentalismo, que puede ser respetable pero que en cualquier caso es una pérdida de tiempo que nos desvía de lo principal.

Además, cuando se lucha tanto por una construcción nacional como por unas ideas políticas, estos dos ejes llevan continuamente a conflictos que van a exigir situarse entre la defensa de los planteamientos político-sociales y la defensa de los planteamientos nacionales, en muchas ocasiones contradictorios.

¿Apoyo a otros independentistas que son de derechas? ¿O apoyo a unionistas de izquierdas? Y lo siento para quien no quiera escuchar esto pero la gran mayoría de las veces los nacionalistas-independentistas de izquierdas prefieren apoyar el independentismo de derechas que a otros partidos de izquierdas. Y así, las ideas de cambio social quedan relegadas indefinidamente y nunca se llevan a cabo. (...)

Pero hay una segunda razón que todavía es mucho más poderosa, si cabe, que la primera.

Creo que todo el mundo ya debería ser consciente en qué momento histórico vivimos, pero lo voy a recordar porque parece que no acaba de estar muy claro.

Hoy en día vivimos en una creciente dictadura financiera patrocinada y dirigida por los mercados internacionales, extendida por todos los países que tienen gobiernos conservadores o ex socialdemócratas (que son todos los de occidente y casi todos los del resto del mundo).

Esta dictadura no se está implantando sola, se está implantando porque los políticos que gobiernan los países de la tierra han realizado políticas en los últimos 20 o 30 años que han ido otorgando más poder a los mercados y grandes multinacionales en detrimento de los estados.

En Europa y desde que la crisis comenzó (y quizá antes) hay un país que representa el brazo político de los intereses financieros internaciones, y este país es Alemania con el gobierno de la señora Merkel al frente. Alemania, con sus políticas de control de la inflación por encima de todo, de “independencia” del banco central, de rechazo a la financiarización de la deuda, de austeridad y reducción del estado del bienestar, de reducción de los costes laborales, etc.

Está beneficiando los intereses de estos mercados financieros, que son los dueños de los países gracias a que son indispensables para la financiación de la deuda pública, y de los grandes grupos económicos, que han conseguido a su disposición países con mano de obra barata y con empresas y servicios públicos a punto de privatizar.

Esta política, que acabará extendiéndose por toda Europa, hoy está siendo claramente aplicada en el sur de Europa en países como Grecia, Portugal, España, Irlanda, Italia y Chipre, y en breve comenzará (si no ha comenzado ya) a extenderse por los países del centro como Francia, Bélgica, etc. Para finalmente llegar a Alemania y a los países satélites (Austria, Holanda). Lamentablemente la mayoría de nuestros vecinos del norte no se dan cuenta de esto.

Bien, esta es la situación, y ahora en base a esto vamos a analizar las cosas. Imaginemos que una región de un país de Europa se independiza, vamos a poner como ejemplo la región de Padania en Italia (uso ésta para no usar Cataluña o el País Vasco), región que ocupa la zona norte de Italia.

Bien, ¿qué creéis que pasaría si Padania se independizase y crease un nuevo estado? Imaginemos un proceso ejemplar, con una magnífica voluntad de todas las partes que realizasen este complicadísimo ejercicio, imaginemos que se hace sin perjudicar a nadie, imaginemos que todos los países de la UE aceptan esto, imaginemos que se reconoce internacionalmente, etc. Todo esto no sería así pero imaginemos una situación edulcorada como esta.

Pues lo primero que haría la Padania independiente sería intentar patéticamente ganarse las simpatías de las naciones poderosas y presentarse ante la comunidad internacional como un país “serio”. Por su situación de país europeo lo primero que buscaría sería el favor y el reconocimiento de Alemania, pues entendería que es el mejor aliado para garantizar su viabilidad y reconocimiento.

La nueva república sería la primera de la fila para realizar todas y cada una de las políticas consideradas adecuadas por Alemania, sería el alumno aventajado de la señora Merkel y el ministro Schäuble.

Un estado pequeño y débil (débil porque es nuevo, y esto siempre hace débil a nivel internacional) sería incapaz de resistirse a las indicaciones de los grandes países. En política económica sería un esclavo de Alemania, en política internacional un seguidor fiel de EE.UU. y entusiasta miembro de la OTAN. Esta es la puñetera realidad por mucho que algunos hagan cábalas absurdas sobre independizar nuevos estados “socialistas”.

Hay que recordar también que cualquiera de las naciones nuevas nacería con una deuda pública altísima, pues la deuda del país originario sería convenientemente dividida. Hay quien compara la posible creación de nuevos estados en Europa con los nuevos estados que nacieron tras la caída del muro de Berlín pero esto es una barbaridad. Los países comunistas no tenían casi deuda pública y los nuevos estados nacieron sin ella.

Hoy día los nuevos estados nacerían con mucha deuda pública y por lo tanto serían prisioneros de los mercados internacionales, lo que ahondaría en su debilidad y en su sometimiento al austericidio germánico. Si se quiere reconocimiento internacional se deberá tragar con todo, porque si alguien pensase en no pagar o no reconocer la deuda sería automáticamente no reconocido por las grandes potencias y marginado de la escena internacional.

Que nadie se equivoque. Hoy los estados-nación están enormemente debilitados, la soberanía nacional como concepto está en proceso de extinción, pero si hoy hay algo que se opone a la dictadura del mercado eso es precisamente los estados-nación. Son las tradiciones sociales y el orgullo de naciones antiguas que siempre han sido independientes las únicas que pueden plantar cara parcialmente a los poderes financieros del mundo y a las exigencias alemanas.

Es gracias a estados como Francia, Italia o España y a sus resistencias a aceptar la destrucción de su soberanía por lo que no estamos ya como la Latinoamérica de los 90, con toda su estructura social destruida y con países totalmente dualizados entre pocos ricos y muchos pobres.

Con una España dividida en 4 ó 5 estados, con una Francia parcelada en distintas repúblicas, con una Italia partida entre norte, centro y sur; tendríamos una Europa dominada por una gran Alemania llena de satélites y de republiquitas pelotas deseosas de estar al lado del imperio.

Sería algo parecido a lo que deseaban los nacionalistas alemanes de principios del siglo XX, una gran Alemania rodeada de estados débiles y colaboracionistas, que se haría realidad de una manera distinta y basada en un imperialismo económico pero que al final degeneraría en relaciones de dependencia diplomática y política.

Seamos claros, esto es una cuestión de soberanía popular. Somos ciudadanos y queremos decidir, no que decidan por nosotros. Nuestro problema hoy es, precisamente, que nuestra soberanía está siendo anulada por la dictadura de los mercados. Nuestro voto no vale para nada porque los partidos que llegan a gobernar son tributarios de los poderes financieros, y la evidencia de eso es que los programas que votamos luego no se cumplen o directamente se violan sin la menor vergüenza.

Hay quienes desde comunidades españolas dicen “es que España no nos deja decidir”. De verdad, hay que ser necio ¿cómo que decidir? Para su información, señor, usted no decide nada, y la cuestión aquí es que cuando su comunidad o país se independice decidirá todavía menos.

Decidirá el hedge fund de turno, la señora Merkel y su ministro de finanzas, y los cuatro grandes empresarios que queden en el nuevo país convertidos en mesías por su patriotismo. Pero el ciudadano no decidirá un carajo, todavía menos que ahora porque sólo decidirá para elegir a un gobierno irrelevante de un país irrelevante y débil.

En este contexto un estado pequeño es todavía mucha peor opción que uno grande, pues en este mundo la soberanía desaparece por centrifugación. Si bien a la hora de construir construcciones políticas mayores debemos ser absolutamente cuidadosos de la naturaleza de esta construcción y asegurarnos que no perdemos soberanía por hacerlo, cuando se habla de crear nuevos estados la situación es absolutamente clara. Construir un estado más pequeño en el mundo de la globalización es un error mayúsculo si lo que se quiere es una política social o un estado igualitario. Esto no es el siglo XIX.

Cuidado, esto no es una oda al estado-nación. El estado-nación es una construcción que se está quedando obsoleta. Debemos buscar mecanismos alternativos al mismo para poder garantizar la redistribución y la cohesión social y buscar las estructuras adecuadas para que las políticas monetarias y económicas tengan funcionalidad y puedan ser aplicadas con independencia.

Pero destruir hoy en día un estado-nación democrático para construir otro más pequeño, débil e irrespetado es una locura absoluta que sólo puede beneficiar a las élites políticas y económicas. Que la izquierda política apoye eso es un disparate que va contra los principios que se dicen defender. Quien lo haga, o es un aprendiz de brujo que no sabe lo que hace, o bien es el caballo de Troya infiltrado en la izquierda para no dejarla actuar." (La república heterodoxa, 19/12/2012)

26/11/14

El juez Vidal asegura que "se esta trabajando" para que Israel y Alemania financien la secesión de Cataluña

"El juez estrella del secesionismo catalán, Santiago Vidal, se ha mostrado convencido de que “hay datos objetivos” para sostener que en un período de tres años “Cataluña habrá conseguido hacer el paso de nación a estado”.

En una entrevista en el diario Delta que el Ara recoge, Vidal no descarta que este nuevo estado catalán sufrirá “cuatro o cinco años difíciles por problemas de liquidez” que se solventarán cuando “otro estado con solvencia, se habla básicamente de Israel y Alemania, nos hagan de banco temporalmente”.

“No podremos acudir al Banco Central Europeo para financiar las deudas, porque aún no seremos un estado miembro de la Unión Europea”, prosigue el juez.

El magistrado reconoce que en una Cataluña independiente sería expulsada de la Unión Europea, pero augura que ostentará un estatus de “estado libre asociado” hasta que en 2017 “se dará la construcción jurídica de este nuevo estado” a través de un pacto con Madrid o con el Tribunal Internacional de Justicia.

Vidal fue también el encargado de redactar la nueva Carta Magna de la futura "República de Cataluña" que calificó en su momento de una Constitución "muy similiar" a la de los "países nórdicos".          (Crónica Global, 24/11/2014)

10/9/13

"Tenemos menos poder y somos menos independientes que en Yugoslavia. En Yugoslavia éramos relativamente fuertes, pero no en Europa"

"Aquél año, 1990, bien puede ser descrito como una competición entre legitimidades en la que las élites eslovenas tenían que ofrecer algo más que la idea de liberar a su población de una federación opresora que se aprovechaba de la laboriosidad de sus gentes para subvencionar a las regiones pobres del sur. 

Había que dar una dirección política a la indignación, tomando en cuenta, por un lado, que la pertenencia a la federación yugoslava había dado a Eslovenia su forma, de la que sus habitantes estaban tan orgullosos. A nivel de las élites, el nuevo régimen se construyó no como ruptura, sino como extensión de las élites comunistas locales. 

A su vez, había que considerar que Eslovenia no tenía precedentes como estado independiente y que su viabilidad como tal era dudosa. Si Yugoslavia, un país de casi 24 millones de habitantes, había sufrido enormemente el período de contracción de la economía mundial iniciado a finales de los sesenta, ¿qué se podría esperar para el futuro de Eslovenia? (...)

Dos meses después, los comunistas eslovenos celebraron su último congreso, en el que cambiaron la denominación de su organización por la de Partido de la Reforma Democrática. En él, su hasta entonces presidente fue nominado a la presidencia de la república y, tras su elección en abril, se dio de baja como militante para representar los intereses de toda la nación. 

Pero sobre todo interesa recordar el lema de aquel evento, “Evropa zdaj!” (¡Europa ahora!), y el material propagandístico elaborado, llamativo para la época y difundido a todo color.  (...)

¿Por qué Eslovenia y no toda Yugoslavia? Se pueden encontrar excusas y razones. Empezando por las primeras, se puede rescatar una reflexión realizada en ese mismo volumen por el filósofo Tine Hribar, muy influyente en los círculos nacionalistas, que descartaba la posibilidad de democratizar Yugoslavia a través del proceso de integración europeo porque aunque “la idea es buena, suena demasiado bien para ser cierta. Los eslovenos no pueden simplemente avanzar del nivel subnacional al transnacional. 

Ellos no pueden saltarse el nivel nacional sin poner en peligro su identidad étnica… Sólo una nación soberana puede entregar parte de su soberanía de una forma soberana y transferirla a una comunidad transnacional”. 

En el apartado de las razones, hacía tiempo que en Yugoslavia se había desencadenado el mecanismo de desapego entre regiones ricas y pobres, especialmente tras el inicio de la crisis sistémica de la federación en los años ochenta.

 La independencia política con respecto a Yugoslavia permitía romper con la obligación de financiar una parte de las necesidades del sur de la federación a la vez que no se rompía completamente la relación de explotación norte-sur que tanto benefició al desarrollo económico de Eslovenia. 

 Esa posición ayudaría a que el pequeño país se convirtiera, después de 2004, en un “intérprete” de los Balcanes para la Unión Europea, fungiendo en no pocas ocasiones como proxy político de las grandes potencias en la región.

Como contrapartida, fue desde Europa que se facilitó la salida de Eslovenia de la federación yugoslava, primero, dándole trato de igualdad en las negociaciones de Brijuni de julio de 1991. Allí, mientras los mediadores europeos lograron que seconcediera a las autoridades federales una moratoria de tres meses a la declaración de independencia, los representantes de Serbia y Eslovenia negociaban una retirada anticipada del ejército federal.

 Pocos meses después, Alemania terminaría forzando el reconocimiento diplomático del nuevo país utilizando todas sus herramientas de presión en un tenso Consejo Europeo el 15 de diciembre de 1991. (...)

Por el otro, en los últimos 23 años, Eslovenia ha carecido de algo parecido a un sistema de partidos estable. A nivel institucional, este período ha sido un ir y venir de elecciones anticipadas, coaliciones imposibles, cambios de socios constantes… y, sin embargo, las élites han permanecido con más bien pocos cambios y han sabido mantenerse pese al baile de siglas. 

Todas ellas, además, compartiendo la visión en torno a la necesidad de seguir adelante con lo que dictan las instituciones europeas, pues poco puede decir Eslovenia en Bruselas y Estrasburgo con su peso relativo.  (...)

Pero la oposición creciente al régimen de la independencia podría terminar articulándose como oposición al actual proceso de integración europeo. La crisis económica actual es, en buena medida, una consecuencia de la dependencia del país de las exportaciones exportaciones a la UE, como indica Catherine Samary. Pero sobre todo, son las recetas a esa problemática las que más chocantes resultan a la población. (...)

El crecimiento de la oposición al sistema será el de la oposición a esta Europa precisamente por las características de esta Eslovenia, que el profesor Jože Mencinger, vicepresidente económico del gobierno secesionista (aunque abandonó el cargo pocas semanas antes de la independencia, entre otras cosas, por la llegada de Jeffrey Sachs a Eslovenia) definía de este modo: 

”Yo diría que somos una región de Europa. Tenemos menos poder y somos menos independientes que en Yugoslavia. En Yugoslavia éramos relativamente fuertes, pero no en Europa. Económicamente, está claro que perdimos todos los atributos que hacen de un país una entidad económica: no tenemos dinero, casi no tenemos política fiscal, no  tenemos  nuestro propio sistema económico y tampoco tenemos fronteras”.                 (Carlos González Villa, Eurasian Hub, 6 de septiembre, 2013)

Los alemanes quieren independizar a Cataluña y al norte de Italia

"Hace unos meses era la Fundación Ebert –patrocinada políticamente por la socialdemocracia y económicamente por grandes magnates de la industria y las finanzas alemanas– la que presentaba los posibles escenarios del futuro de la UE, uno de los cuales contempla la ruptura de algunos de los Estado-nación actuales.

 Lo que daría lugar a “una Europa matriz con Alemania en el centro y un euro restringido a las economías más sólidas”. (...)

El informe de la Fundación Ebert precisaba de forma concreta como un claro ejemplo de ese posible nuevo mapa político europeo los casos de “Cataluña y la Italia del norte”. Un escenario en el que, afirmaban, “no son los Estados los que rompen con la unión monetaria, sino las regiones prósperas las que rompen con los Estados para intentar incluirse en una zona de integración central”. Se les olvidó añadir que, por supuesto, bajo hegemonía alemana.
Han pasado apenas unos meses desde que se hiciera público el informe, y los halcones de Berlín han vuelto a insistir en exponer su programa de empobrecimiento y fragmentación. Esta vez por boca de Bernd Lucke, profesor de Economía de la Universidad de Hamburgo y cofundador del partido euroescéptico alemán Alternative frür Deutschland (Alternativa para Alemania). (...)

De entrada, una afirmación tajante: “si un día, algo muy poco probable, yo fuese canciller federal, llevaría a Bruselas un programa para que los países del sur de Europa abandonasen el euro de forma no traumática para el sistema y regresasen a sus antiguas monedas. Así podrían abordar la tarea de recuperar competitividad desde una perspectiva más real”.  (...)

Como tampoco se limita a exponer medidas económicas, sino que no duda en saltar a un terreno político tan sensible como la misma integridad territorial de España y la configuración de nuestro actual Estado: “Hay muchas formas de hacerlo, varios proyectos diferentes [para los países que abandonen el euro].

 El objetivo es que los que no puedan financiarse tomen distancia para crear así una línea de contención del problema. Y no es necesario pensar en países enteros. Cataluña, País Vasco y el norte de Italia podrían permanecer en el euro, por ejemplo, pero está claro que Grecia o Andalucía no forman parte de esta realidad. Empeñarnos en lo contrario es negar la evidencia. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta, más caro nos costará a todos”.
Países enteros no, que son difíciles de dominar y digerir. Mejor pensemos en países divididos y fragmentados. Cataluña y Euskadi sí, Andalucía no. El viejo sueño napoleónico de trazar una línea divisoria en el Ebro para anexionar a Francia los territorios que quedan al norte reaparece 200 años después, sólo que esta vez en versión germánica.

Lo preocupante del asunto es que mientras lo de Napoleón no dejó de ser nunca un proyecto sobre el papel, la burguesía monopolista alemana ya ha ensayado recientemente, y con éxito, en la antigua Yugoslavia o en Checoslovaquia esta táctica de dividir y fragmentar para dominar y explotar mejor.

La brutal y desvergonzada franqueza con la que está gente habla de empobrecer a la población del sur de Europa o de romper y dividir países como España e Italia no conoce límites.

 ¿Pero quiénes se han creído ellos que son, sino una burguesía criminal y degenerada que ha llevado por dos veces  a Europa a la mayor carnicería que ha conocido jamás la humanidad? ¿Con su trayectoria de barbarie y crueldad, qué lecciones de progreso y bienestar creen que pueden venir a dar?.

Alemania sólo defiende sus intereses y no los de Europa, pero Europa no sé si se percata de esta realidad y se deja llevar."               (Baal, 07/09/2013)