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28/8/20

La limpieza administrativa como legitimador estatal: el caso esloveno... 'Los borrados'. ¿El destino de los charnegos o los maketos?

 "Imagine el lector o la lectora de este artículo que ha nacido en Yugoslavia, un estado que dejó de existir en 1991. Imagine también que nació en Belgrado o en Banja Luka pero que por motivos diversos se debió trasladar a Ljubljana o a Kranj, hoy día Eslovenia, para poder desarrollar su vida. 

Continuando con el ejercicio de imaginación, suponga que lleva trabajando en su nuevo lugar de residencia ya varios años y aunque usted no tenga la nacionalidad eslovena, usted reside legalmente en ese área con todos los documentos en orden y al día porque, después de todo, Eslovenia forma parte de Yugoslavia. En un momento dado, Yugoslavia comienza a fragmentarse precisamente por el flanco en donde el lector o la lectora vive y finalmente, tras una breve guerra, el país alpino obtiene su independencia y funda la primera experiencia estatal de su historia. 

El lector experimenta incertidumbre, pero al observar que tras la tempestad todo ha vuelto a la normalidad y se puede continuar haciendo una vida en términos normales, considera que no existe ningún peligro y puede seguir residiendo en Eslovenia sin mayores dificultades. No obstante, seis meses después de la fecha de declaración de independencia, se lleva una desagradable sorpresa al enterarse de que sus documentos de residencia, seguridad social, permiso de trabajo, etc. ya no son válidos por pertenecer a un estado que ya no existe. Se pasa entonces a formar parte de un limbo legal. 

Oficialmente, no son residentes ilegales en Eslovenia y tampoco son refugiados de las Guerras de Yugoslavia, pero al mismo tiempo no están legalmente viviendo en Eslovenia, con todo lo que ello supone en términos de seguridad social, derechos sociales, laborales, económicos y políticos. En otras palabras, ni pueden abandonar Eslovenia porque sus pasaportes y otros documentos fueron emitidos por un estado que ya no existe, y por la misma razón tampoco pueden continuar sus vidas en términos normales en Eslovenia. No obstante, el lector no está solo en esta limpieza étnica administrativa, sino que se suma a otras 18.350 personas –según datos oficiales– que se han convertido en borrados o, como se dice en esloveno, en Izbrisani.   (...)

Los borrados como legitimadores del nuevo Estado esloveno

La cuestión de los borrados y la limpieza étnica administrativa llevada a cabo por el aparato estatal esloveno comienza a inicios de 1992, sin que nadie, ni tan siquiera los propios afectados, se dieran cuenta inmediatamente de lo que estaba sucediendo. Así, a diferencia de lo que sucedió en Croacia en 1991 o lo que comenzaría a suceder en Bosnia y Herzegovina a partir de 1992, no se observaron grandes y largas filas de personas errando sin rumbo tras haber sido expulsadas de las principales ciudades del país como Ljubljana, Maribor, Kranj o Koper. Incluso en un acto tan reprobable y despreciable como es el de la limpieza étnica, los eslovenos siempre supieron estar un paso por delante a sus antiguos compatriotas yugoslavos –serbios, croatas, musulmanes de nacionalidad y albaneses– y llevar a cabo la operación con gran sigilo y pulcritud administrativa, algo que el resto tan solo pudieron acometer a través del monopolio de las armas.

La historia de los borrados comienza justo el día después de la declaración de independencia de las autoridades eslovenas. Eslovenia pasaba a ser un estado independiente y como tal, todos aquellos que no tenían el permiso de residencia en regla por no ser nacionales eslovenos debían solicitar la nueva nacionalidad eslovena, siendo la fecha límite el 26 de diciembre de 1991, esto es, justo seis meses después la independencia. Según números oficiales, la medida afectó a 18.305 personas, aunque existen otras cifras que sitúan el número de afectados entre 25.000 y 40.000.

Más allá de las cifras, es relevante comprender que las personas que se vieron afectadas por esta limpieza administrativa procedían de alguna zona de la antigua Yugoslavia. La importancia de la nacionalidad radica en que para las minorías italianas y húngaras, las autoridades eslovenas bien se cuidaron de garantizarles derechos, especialmente en el terreno cultural, con el objetivo de poder recorrer el camino de ingreso a la Unión Europea sin sobresaltos o problemas añadidos. Italia era miembro fundador de la Unión Europea, mientras que Hungría había sido, junto con Polonia, uno de los dos países en comenzar a romper el monopolio comunista en Europa central y oriental, propiciando así el camino para la “reunificación europea” bajo la plataforma de la UE. 

Sin embargo, en lo referente a las minorías serbias, croatas o musulmanas de nacionalidad (bosniacos), que eran superiores numéricamente en 1991 a las minorías italianas y húngaras, las autoridades ejecutivas y legislativas de Eslovenia hicieron todo lo posible para borrar su presencia de suelo esloveno, aunque tuviese que ser a nivel administrativo. En otras palabras, Eslovenia llevó a cabo el proceso de limpieza étnica administrativa con el objetivo de fortalecer su recién obtenida soberanía nacional a costa de erosionar los derechos de ciertas minorías étnicas y así eliminar todo recuerdo de que Eslovenia había formado parte de la Federación de los Eslavos del sur.

 Si bien es cierto que el límite de los nuevos permisos y concesiones de la nacionalidad eslovena era a finales de diciembre, no fue hasta febrero de 1992 cuando la normativa comenzó a tener efecto. Un movimiento que tiene sentido porque en aquellos dos meses entre el fin del tiempo otorgado y el comienzo de la aplicación de la nueva normativa, Eslovenia se jugaba su integración en la comunidad internacional. Una vez que el objetivo de ser reconocido como un Estado de pleno derecho fue obtenido, las autoridades eslovenas no tuvieron ya ningún impedimento para poder llevar a cabo sus planes. Más aún, teniendo en consideración todo lo que estaba sucediendo al sur de sus fronteras, parecía improbable que los media o gobiernos occidentales reparasen en lo que ocurría con los borrados. Y en efecto así ocurrió. Eslovenia fue olvidada rápidamente ante el devenir de los sucesos en Croacia y especialmente en Bosnia-Herzegovina, permitiendo así a las autoridades eslovenas manejar el asunto tal y como lo deseasen.

 Se calcula que de los 200.000 residentes de otras repúblicas yugoslavas que vivían en Eslovenia en 1991, 170.000 fueron capaces de registrarse como nuevos ciudadanos en Eslovenia antes del fin del plazo de finalización, mientras que 18.305 personas fueron eliminadas de los registros a finales de febrero de 1992. Las razones que explican por qué las 18.305 personas eliminadas del registro no solicitaron la ciudadanía eslovena fueron las siguientes. Un porcentaje importantes de los afectados no se enteraron de la necesidad de solicitar la nueva ciudadanía eslovena, o bien simplemente consideraron que no era necesario solicitarla debido a que estaban viviendo en Eslovenia desde tiempo antes de la consecución de la independencia del país. A lo anterior, se debe añadir que hubo un cierto porcentaje de personas que solicitaron la ciudadanía y se les fue denegada, no pudiendo presentar las pertinentes alegaciones en el plazo indicado por las autoridades eslovenas y convirtiéndose así en apátridas debido a que las autoridades eslovenas requisaron también sus documentos nacionales que habían sido emitidos durante la época yugoslava. Además, también se debe considerar que la Ley de Ciudadanía eslovena demandaba a los extranjeros de las antiguas repúblicas yugoslavas a convertirse en ciudadanos eslovenos para así poder adquirir el permiso de residencia. No obstante, algunas personas no querían renunciar a su nacionalidad o a su pasaporte yugoslavo por diversas razones y por ello simplemente intentaron gestionar una petición de residencia y no de nacionalidad, cuestión que la ley no preveía.

En conclusión, las autoridades eslovenas reforzaron la soberanía nacional obligando a la mayoría de los antiguos ciudadanos yugoslavos a tomar la ciudadanía eslovena si querían vivir en el país alpino y borrando a aquellos que por diversas razones no pudieron completar los trámites en el plazo fijado. Para estos últimos, para los borrados, comenzaba un camino de sufrimiento que aún a día de hoy existe.

El estigma de ser un borrado

Todos aquellos que fueron eliminados del registro de residentes de Eslovenia se convirtieron en ciudadanos ilegales con todo lo que ello suponía. Sus derechos económicos, sociales, culturales y políticos fueron substraídos y tirados a la basura en un plan premeditado y bien ejecutado por las autoridades eslovenas y ante la indiferencia de las principales instituciones internacionales, especialmente la Unión Europea, que en ningún momento formuló comentario alguno sobre la situación de esas 18.350 personas.

Es cierto que desde bien temprano la situación sí llamo la atención de diversas ONG de Eslovenia, como por ejemplo Unione Forense per la Tutela dei Diritti Umani, que son dos de las principales organizaciones que han puesto en marcha el proyecto “The Erased. Information and Documents”, una excelente plataforma de información y de defensa de aquellos que fueron borrados. No obstante, esta pronta atención por parte de ciertos colectivos sociales tardo tiempo en surtir efecto. Así, no sería hasta 1999 cuando el Tribunal Constitucional de Eslovenia reconoció la ilegalidad y la discordancia de la Ley de Ciudadanía de 1991 con algunos artículos de la Constitución eslovena de 1990. Además, en el 2003, el mismo Tribunal Constitucional volvió a emitir una sentencia condenatoria que como novedad traía la obligación al Estado esloveno de reparar y enmendar los daños y perjuicios a los afectados por la limpieza étnica administrativa. También desde instituciones internacionales se fueron tomando la cuestión más seriamente. En un primer momento fue el Consejo de Europa quien emitió varios informes sobre la condición de los borrados y también sobre el trato xenófobo y de marginación que los borrados recibían por una parte mayoritaria de la sociedad eslovena. Por su parte, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Asamblea General de la ONU observaba a finales de 2005 que los derechos económicos, sociales y culturales, incluyendo el derecho al trabajo, a la seguridad social, a la sanidad y a la educación de los «borrados» habían sido violados.

Afortunadamente para los borrados y gracias a la presión ejercida por parte de la sociedad civil eslovena y organismos de defensa de los derechos humanos a nivel internacional, las autoridades eslovenas comenzaron a realizar un esfuerzo, aunque bien tímido y modesto, para poder reparar el daño que habían infligido a esas personas a comienzos de la década de 1990. No obstante, y aunque es cierto que para el año 2009, 10.943 personas ya habían regularizado su situación en Eslovenia, aún restaban 13.426 con una situación ilegal en el país. Por otro lado, en términos de compensaciones económicas por esta cuestión, 6.888 peticiones fueron realizadas, siendo 5.045 aprobadas, mientras que 1.433 peticiones fueron rechazadas.

Queda claro que detrás de la limpieza étnica administrativa hubo una intencionalidad política por parte de las élites y autoridades eslovenas, como bien han demostrado declaraciones de Boris Pahor, referencia intelectual para una parte de la sociedad eslovena, o Igor Bavčar, quien fuera ministro de interior esloveno en la época en la que el fenómeno de los borrados tuvo lugar. Ambos argumentan que aquellos que fueron borrados lo fueron, bien porque eran un peligro para la independencia eslovena –caso de Pahor–, o bien debido a que simplemente no quisieron ser ciudadanos eslovenos –caso de Bavčar. Además, a lo anterior se le debe sumar el deseo de las nuevas élites eslovenas por deshacerse rápidamente de todo lo que sugiriese una conexión con la antigua Yugoslavia para así poder poner la marcha directa hacia la Unión Europea. Y es que, después de todo, Eslovenia supo vender una imagen de democracia occidental que respetaba totalmente los derechos humanos de sus ciudadanos, aunque claro está que las 18.350 personas afectadas por la limpieza étnica administrativa no estarán de acuerdo con la afirmación anterior."                    (Marcos Ferreira  , El Orden Mundial,  28/01/16)

3/8/20

Puigdemont: "Tenemos que estar pendientes de poner en tensión un cuerpo policial para tener el control de territorio? Que al final es control de personas. No solo control físico sino de personas."... o sea, control de los charnegos... la via eslovena, la que privó a los falsos eslovenos de la ciudadanía, de poder recibir tratamientos médicos gratuitos, poseer los inmuebles que habían comprado, no poder tener una cuenta en un banco...

"El ex president de la Generalitat, Carles Puigdemont, en una entrevista en Vilaweb, reclama que "tenemos que estar pendientes de poner en tensión un cuerpo policial para tener el control de territorio? Que al final es control de personas. No solo control físico sino de personas. Debemos ser capaces de preparar el control del territorio, y tenerlo a punto cuando volvemos a encontrar aquella pared que España siempre tiene preparada".

"La lección de 2017 es que cuando España, incluso en momentos tan críticos, habla de negociar, no nos lo tenemos que creer. Hemos de aprender. Y no volver a cometer este error. Esta lección la pongo al servicio de generaciones futuras: que entiendan que delante hay un estado que es trilero. Lección para relacionarse con el Estado español en el futuro", apunta por otra parte.

Puigdemont cree que "si España nos señala como único camino transitable para que Cataluña sea un estado independiente, y ejerza el derecho a la autodeterminación, el de gestionar un conflicto con España, las lecciones de octubre del 2017 son muy útiles".

El ex president cree que "nosotros no tenemos que poner la violencia. Y que la violencia es algo muy diferente de la resistencia activa y otras cosas. Nosotros hemos de preguntar cada día en España si piensa renunciar a la violencia para impedir la independencia. Del mismo modo que yo sí estoy dispuesto a renunciar a la violencia para llegar a la independencia".

Finalmente señala que "una parte de los miembros de la Guardia Civil, a diferencia de la Policía Nacional, viven aquí y se integran familiarmente. Esta gente es necesario que sientan que una República independiente también es suya, aunque ellos no la quieran".     (e-notícies, 23/07/20)


"El día después de la vía eslovena: la purga que dejó sin nacionalidad a 25.000 personas. El proceso independentista que la Generalitat ha tomado como modelo para Cataluña purgó de los registros a miles de 'falsos eslovenos'.

Es bien sabido que Eslovenia consiguió la independencia de la extinta Yugoslavia en junio de 1991 tras 10 días de conflicto armado, 76 muertos y el apoyo de estados como Alemania o el Vaticano. Pero se sabe mucho menos de lo que ocurrió justo después, de la pos-independencia. Una de las primeras acciones del recién inaugurado Gobierno constituyó una grave violación de derechos humanos, según los propios tribunales europeos: en febrero de 1992 se suprimeron en los registros civiles los nombres de todos los ciudadanos que no habían solicitado —o a los que se les había negado— la nueva ciudadanía.


La decisión afectó a aquellos que no se sentían parte de esa nueva patria, así como a aquellos que las autoridades no consideraron 'verdaderos eslovenos' por sus atecedentes culturales, políticos o étnicos. El atropello afectó a más de 25.000 individuos que fueron despojados de su estatus legal —se convirtieron en apátridas de la noche a la mañana— y que hoy, más de 25 años después, tras varias sentencias nacionales e internacionales, siguen pleiteando en los tribunales o han rehecho sus vidas en terceros países.


De acuerdo con los datos proporcionados por instituciones y organizaciones de la Unión Europea, más de un 1% de la población, al menos 25.671 personas, 'desaparecieron' de los registros de residentes permanentes. La operación fue autorizada por los responsables del Ministerio de Interior esloveno y se puso en marcha sin informar previamente a los afectados, que perdieron su derecho a trabajar, a recibir asistencia médica y a todos los beneficios sociales (pensiones, trabajos en la Administración pública, etcétera). En los casos más dramáticos, fueron directamente expulsados del país. Otros se enteraron cuando se les denegó la entrada tras regresar de un viaje al extranjero.


¿Cómo ocurrió algo así? “La respuesta es sencilla. La iniciativa la impulsaron los partidos de la derecha nacionalista. Pero también los partidos de centro-izquierda, temerosos de perder votos, no quisieron hacer nada en los años posteriores para tratar de corregir las injusticias que sufrieron los ‘borrados’ [las víctimas de esta supresión de ciudadanía]”, explica a El Confidencial Matevž Krivic, abogado, exjuez del Tribunal Constitucional esloveno y una de las personas que más se han esforzado por intentar resolver el caso. “Durante mucho tiempo, ningún Gobierno quiso enfrentarse a este problema. La opinión pública veía muy negativamente a los borrados", coincide en una entrevista vía correo la investigadora Maja Ladic, del Instituto para la Paz (Mirovni Institute) de Liubliana, "y los políticos temían perder su popularidad si intentaban resolver el problema”.


Los no eslovenos

Esta cancelación masiva golpeó en particular a personas que habían estado viviendo varios años en Eslovenia pero habían nacido en otros estados de la hoy difunta Yugoslavia socialista, y que o no habían solicitado la nacionalidad eslovena en los seis meses posteriores a la declaración de independencia del país, o habían sido rechazados por distintos motivos. Algunos de ellos habían pertenecido al Ejército Nacional Yugoslavo, aunque las organizaciones también encontraron casos de personas nacidas en Eslovenia pero cuyos padres nacieron en otras repúblicas de la hoy extinta Yugoslavia. La vieja república federal de Tito permitía —incluso potenciaba— que la población se mezclase y se desplazase libremente por el territorio. Era habitual cambiar de territorio mediante el estatus de 'residente permanente', que permitía acceder a los mismos derechos que los demás conservando la nacionalidad de su país de origen.


La medida tuvo efectos dramáticos. “En 1993, la policía irrumpió en nuestro apartamento y nos pidió entregarles todos nuestros pasaportes. También el de nuestra hija más pequeña, nacida en Eslovenia y que no había vivido en ningún otro lugar. Fue un 'shock”, explica una mujer bosnia, según el testimonio recogido por el Instituto para la Paz de Liubliana. “En 1991, solicité la nueva ciudadanía para toda mi familia. Aceptaron las peticiones de mi mujer y de mis hijos, pero la mía no, porque faltaban algunos papeles. Les respondí que no podía viajar para recuperar estos documentos porque había sufrido un grave accidente de tránsito y me borraron”, contó otro ciudadano nacido en Serbia y que llevaba más de 30 años viviendo y trabajando en Eslovenia cuando fue objeto de la cancelación.


“Han perdido el derecho a votar, a ser elegidos, incluso a recibir una pensión después de las décadas transcurridas en Eslovenia”, rezaba, por su parte, un informe de 1996 del Instituto Helsinki Monitor. “Tampoco tienen derecho a recibir tratamientos médicos gratuitos por los cuales han pagado impuestos toda su vida (…) o poseer inmuebles que han comprado”, continúa el testimonio. No poder poseer una cuenta en un banco o tener acceso a cuidados médicos, hasta el fenómeno de las familias rotas por la expulsión del país de un familiar, fueron otras consecuencias de la medida para miles de individuos.


El fin de las hostilidades y el desmoronamiento definitivo de Yugoslavia tampoco acarrearon una solución definitiva al problema. Porque el asunto se escondió durante mucho tiempo bajo la alfombra. El tema empezó a sacudir a la opinión pública en 2012, gracias a una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En el procedimiento conocido como Kuric v. Slovenia, la Gran Sala del TEDH reconoció que los demandantes habían sufrido discriminación y dispuso un plazo de un año para la creación de un plan nacional de indemnizaciones para las víctimas. “Sin el pronunciamiento del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el problema probablemente nunca se habría encarado”, opina Lalic.

Una rabia que persiste

Incluso después de la intervención de la corte europea, solo unos pocos, menos de la mitad, recuperaron los derechos perdidos. “De esos 25.671, solo 11.000 han recuperado su estatus legal en la actualidad. Unos 3.000 fallecieron y, para los restantes 12.000, el Tribunal Constitucional esloveno pidió ya en el lejano 2003 una regularización de su estatus. Pero esto fue ignorado hasta 2010, cuando la ley sobre los borrados fue parcialmente enmendada”, sostiene Krivic. “Los casos más graves son los de los apátridas, que todavía existen. Es el caso de algunos niños nacidos en Eslovenia fruto de uniones de personas de otras repúblicas yugoslavas”, señala la investigadora Ladic.


La batalla de los borrados, de hecho, también ha generado en estos años multitud de debates jurídicos y legislativos dentro y fuera de Eslovenia. Desde 1992 ha habido, en total, dos sentencias del Tribunal Constitucional esloveno, tres leyes nacionales, dos pronunciamientos del TEDH, un esquema de compensaciones (en 2014), un referéndum poco tiempo después y numerosos informes académicos. Algo que, sin embargo, no ha resuelto la indignación y la rabia de muchos de los afectados. Todavía hay casos que se reportan al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, asegura Krivic. “Es una vergüenza para Eslovenia”, insiste el juez. Las compensaciones económicas para las víctimas se siguen peleando en los tribunales a día de hoy y el tema sigue ocupando estos días a la opinión pública de la joven república, la más próspera de la extinta Yugoslavia.


Esto se debe, en parte, a que las indemnizaciones han sido escasas. En concreto, según cifras enviadas por el Gobierno esloveno a El Confidencial, 8.176 individuos han presentado solicitudes y 5.792 han obtenido hasta la fecha una indemnización por los daños sufridos, tras el establecimiento del esquema de compensaciones de 2014. “En total, el Estado aprobó indemnizaciones por unos 26,4 millones de euros, el equivalente a un promedio de 4.500 euros por cada individuo damnificado. Nadie recibió más de 13.000 euros”, afirma Ladic. “El Estado se ha esforzado en los últimos cinco años para dar una justa reparación”, sostiene, por su parte, una portavoz del Gobierno esloveno.


Con el paso de los años se han conocido además detalles escabrosos sobre cómo se llegó a esa decisión entre 1991 y 1992. De acuerdo con la documentación recabada por el Instituto para la Paz de Liubliana, el entonces ministerio del Interior sabía qué consecuencias tendría el acto. “Tenemos que ignorar los derechos que estas personas tienen ahora”, se lee en una carta del ministro de la época, Igor Bavčar. Una misiva en la que, haciendo sus recomendaciones al Gobierno esloveno, el organismo se dice consciente también de que estas personas poseen familiares en Eslovenia y, por tanto, tienen un arraigo en el país.


El caso ha manchado el expediente internacional de Eslovenia. Ha llegado a ser el Estado de los 47 miembros del Consejo de Europa con el porcentaje per cápita más alto de denuncias por violaciones de derechos humanos, según un informe del TEDH de 2014, con 148 violaciones por cada millón de individuos. Hasta 2016, Eslovenia había perdido el 94% de los procesos en los que era parte, una tasa equivalente solo a la de Rusia." (Irene Savio, El Confidencial, 12/012/18)

16/1/19

Antes de que la ocurrencia eslovena de Torra caiga en el olvido... una pequeña reflexión sobre lo que este pequeño país ex yugoslavo puede tener de modélico para el caso catalán. La pregunta que podemos hacernos es si en la Europa posterior a la caída del Muro el mero hecho de lograr la independencia proporciona per se una democracia de mayor calidad, un grado menor de corrupción, más felicidad general, o una riqueza superior a la media... Eslovenia se situó en la posición número 36, dentro del grupo de las democracias defectuosas... Croacia y Eslovenia eran los países más corruptos de la Unión Europea... y se sitúa en la posición número 62 del índice de felicidad...

"(...) Antes de que la ocurrencia eslovena caiga en el olvido, no está de más una pequeña reflexión sobre lo que este pequeño país ex yugoslavo puede tener de modélico para el caso catalán. La pregunta que podemos hacernos es si en la Europa posterior a la caída del Muro el mero hecho de lograr la independencia proporciona per se una democracia de mayor calidad, un grado menor de corrupción, más felicidad general, o una riqueza superior a la media.

En el Democracy Index de 2017 de la revista The Economist, Eslovenia se situó en la posición número 36, dentro del grupo de las democracias defectuosas (flawed democracies). 

Significativamente, en el selecto club de las las 19 democracias plenas del mundo que encabezaba Noruega y cerraba España no había ninguna república ex yugoslava ni ex soviética. La asociación Freedom House también mide la democracia de los países. 

En 2018 Eslovenia obtuvo una puntuación de 2,07 en una escala que va del 1 (máxima democracia) al 7 (mínima democracia). Desde el 1,89 de 2013 el índice de Eslovenia lleva cuatro años seguidos empeorando.

El epígrafe donde Eslovenia puntuó peor en el índice de Freedom House es el de la corrupción (2,75). 
En este ámbito Eslovenia no está en una situación especialmente boyante. Según la edición del 8 de mayo de 2013 del periódico digital bruselense EUobserver, Croacia y Eslovenia eran los países más corruptos de la Unión Europea.

 El periódico citaba una encuesta de la compañía Ernst & Young en la que el 96 por ciento de los entrevistados eslovenos declaró que las prácticas corruptas eran frecuentes en el mundo empresarial de su país –muy por delante de España, donde el porcentaje era del 65, y a una distancia sideral del 10 por ciento de Suiza. (No había ninguna república ex yugoslava o ex soviética que se acercara a este guarismo.) 
Si Eslovenia no es una democracia modélica ni un país libre de corrupción, tampoco es una sociedad especialmente feliz. El World Happiness Report tiene un sofisticado índice de felicidad que combina variables como el PIB por habitante, la esperanza de vida, el sentimiento de libertad o la percepción de corrupción. Tomando los datos de 2014-2016, Eslovenia se sitúa en la posición número 62 del ranking, muy lejos del podio que ocupan Noruega, Dinamarca e Islandia y 28 escalones por debajo de España. (La primera república ex yugoslava o ex soviética de la lista es Uzbekistán, que ocupa el puesto 47.)  

 Si nos fijamos en el PIB por habitante, Eslovenia sigue siendo claramente más pobre que la media europea. Si la Unión Europea de 28 miembros tiene un índice 100, Eslovenia está en el 85, por detrás del 92 de España y a años luz del 253 de Luxemburgo, el 156 de Suiza o el 146 de Noruega. (Ninguna república ex yugoslava ni ex soviética se acerca mínimamente al 100.)

En resumen: la gran determinación del pueblo esloveno le llevó a la ansiada y probablemente merecida independencia, pero con la perspectiva que dan los lustros transcurridos desde entonces ya podemos decir que la independencia en sí misma no ha convertido a Eslovenia en la Noruega o en la Suiza –ni siquiera en la Holanda– del Este de Europa."              

9/1/19

¿Alguien me sabría explicar quiénes serían o seríamos los que, siendo actualmente ciudadanos de Cataluña, dejarían o dejaríamos de serlo si la independencia unilateral de Cataluña se llevase a término a través de la vía eslovena?

"(...) A diferencia de Eslovenia, que en sus ambiciones secesionistas de Yugoslavia contó con la colaboración diplomática, financiera e incluso el apoyo militar de Alemania y Austria, ansiosas ambas de contar con un nuevo socio y sobre todo con un nuevo mercado, así como con el apoyo incontestable y entusiasta del Vaticano, por aquel entonces con el Papa Juan Pablo II al frente, ¿qué Estados estarían dispuestos a prestar ahora su colaboración diplomática, financiera y no hablemos ya de un posible apoyo militar a Cataluña para que se independizase de España (...)? (...)

Entrando ya de lleno en el terreno propio del conflicto armado en el que acabó derivando de forma dramática la vía eslovena, ¿me sabría alguien decir de qué fuerzas armadas dispone la Generalitat de Cataluña para hacer frente a una más que previsible, aunque en modo alguno deseable, respuesta militar por parte de España si se llegara a llevar a la práctica la independencia unilateral de Cataluña? 

Porque resulta que en la República Federal Socialista de Yugoslavia cada Estado miembro, y por tanto también Eslovenia, disponía de su propia milicia de Defensa Territorial, algo así como una Guardia Nacional fuertemente armada, equipada y muy bien entrenada, reconvertida en la Estructura Nacional de Protección Nacional, que con más de 21.000 miembros, en un país con poco más de 2 millones de habitantes y un territorio muy reducido, se enfrentó con éxito, en solo diez días de guerra, al Ejército de Yugoslavia y, después de maniobras todavía no esclarecidas que incluyeron un acuerdo bajo mano con Serbia para que pudiera enfrentarse con mayor potencia a Croacia y otro extraño acuerdo secreto con Croacia que prestó armamento a Eslovenia, sin saber que con ello Croacia se desarmaba contra Serbia, logró el ansiado triunfo bélico. 

Con un balance trágico, que tal vez pueda parecer escaso para algunos pero que no por ello resulta menos lamentable: 44 muertos y 146 heridos entre los miembros del Ejército Yugoslavo, 18 víctimas mortales y 182 heridos entre la Guardia Nacional y los civiles eslovenos, además de una docena de ciudadanos de otros países muertos en aquellos diez días de guerra, fundamentalmente periodistas extranjeros y algunos transportistas búlgaros. En total, 74 muertos, 328 heridos y miles de civiles desplazados.

¿Alguien piensa quizás que los 17.000 actuales agentes de los Mossos d’Esquadra podrían llegar a desarrollar una labor específicamente militar como la que la Guardia Nacional Eslovena llevó a cabo entonces?

Por último, habida cuenta que la República de Eslovenia ya independiente retiró la nacionalidad a más del 1% de los antiguos residentes en aquel territorio --unos 2.500, aproximadamente--, ¿alguien me sabría explicar quiénes serían o seríamos los que, siendo actualmente ciudadanos de Cataluña, dejarían o dejaríamos de serlo si la independencia unilateral de Cataluña se llevase a término a través de la vía eslovena?

No me parece en modo alguno impertinente formular esta pregunta, como me ocurre con todas las anteriores. Lo juzgo absolutamente pertinente, oportuno y conveniente. Como mínimo, para que no nos pille desprevenidos. Y me gustaría mucho que alguien con mando en plaza tuviese el valor, y sobre todo el honor, de contestarme. "                  (Jordi García-Soler, Crónica Global, 15/12/18)   

19/12/18

La diplomacia alemana coaccionó a sus socios europeos, amenazando con disminuir los fondos alemanes a la Unión Europea si ésta no reconocía a Croacia y Eslovenia (cosa que hizo en enero de 1992)... sin semejante apoyo...

"(...) Las potencias occidentales vieron a Eslovenia con complacencia y simpatía. Alemania y Austria se apresuraron a reconocer su independencia, como reconocieron la de Croacia, sin explicar nunca bien sus motivos. 

Eslovenia y Croacia eran las zonas yugoslavas más afines a los imperios centrales, a los que apoyaron en la Gran Guerra, y entre Serbia y el bloque germano-austríaco había, en cambio, una histórica rivalidad para dominar el mundo balcánico. 

La diplomacia alemana coaccionó además a sus socios europeos, amenazando con disminuir los fondos alemanes a la Unión Europea (CEE entonces) si esta no reconocía también a Croacia y Eslovenia (cosa que hizo en enero de 1992). 

Y Europa renunció a aplicar el plan Carrington, que incluía una cláusula de respeto a las minorías culturales dentro de sus fronteras, con lo que desapareció cualquier incentivo para mantener los vínculos entre las repúblicas yugoslavas.

 Y a partir de ahí fue el caos. Se inició el rosario de guerras, que se prolongaron hasta 2001 (...)"       (José Álvarez Junco, El País, 11/12/18)

13/12/18

Torra visita Eslovenia. La patria de los 'borrados'. Fueron declarados 'apátridas' todos los que no eran 'eslovenos puros'. ¿Habrá pedido información sobre el procedimiento de limpieza étnica administrativa utilizado en Eslovenia para aplicarlo a los charnegos el día de la independencia catalana?

"Eslovenia pasa página con los ‘borrados’. 

Dieciocho años después de eliminar a 25.000 ciudadanos del registro civil, el Estado esloveno se disculpa pero se lava las manos con una ley que descarta compensaciones

Imaginemos un  improbable futuro en el que Extremadura se independiza pacíficamente de España y en el resto del país se desencadena una guerra civil en la que el resto de regiones lucha por su emancipación. 

Un buen día, un joven nacido en Madrid pero que ha pasado toda su vida en Badajoz va a sacarse el carné de conducir y los funcionarios del registro le arrebatan su documento de identidad, lo destruyen y le dicen que ahora es un extranjero ‘sin papeles’, y que su antigua nacionalidad, la española, ya no existe. 

Y se convierte en ciudadano de ninguna parte. En este escenario esperpéntico han vivido durante casi dos décadas 25.671 personas (según cifras del Gobierno, aunque podrían ser muchas más) que fueron eliminadas del registro en Eslovenia.

En 1992, este pequeña república de apenas dos millones de habitantes obtuvo su independencia de Yugoslavia sin sufrir los sangrientos conflictos que asolaron el resto de la región y convirtiéndose en un país modélico: de hecho, es por ahora el único que ha conseguido entrar en la Unión Europea. Sin embargo, debajo de esa cara amable se ha escondido durante años uno de los más graves atentados contra los derechos humanos cometidos en suelo europeo.

Tras la emancipación, Eslovenia dio la ciudadanía automáticamente a todos los eslovenos étnicos y el permiso de residencia permanente a húngaros, austriacos e italianos, tres importantes minorías presentes en el país, pero dio una moratoria de seis meses para los que consideraba ciudadanos de otras repúblicas de la antigua Yugoslavia.

Muchos no consiguieron los documentos que les pedían porque tenían que solicitarlos en países que estaban siendo destruidos por la guerra, otros pensaban que no necesitaban la ciudadanía porque llevaban años residiendo en Eslovenia, y algunos no entendieron en qué consistía el proceso y sus posibles consecuencias o ni siquiera se enteraron del mismo por su deficiente difusión. 

Incluso a niños nacidos más tarde -según los afectados, 5.600- se les consideró apátridas por tener padres “extranjeros”. Así que se vieron forzados a abandonar el país donde tenían toda su vida o a quedarse ilegalmente y sin acceso a los derechos humanos básicos como la educación o la sanidad.
Se dieron casos como el de Irfan, que había nacido, ido a la escuela y formado una familia en Eslovenia, y que en 1991 sufrió un accidente de coche que lo dejó postrado en el hospital durante varios meses. 

Cuando acabó su convalecencia y fue al registro a poner sus papeles en regla, los funcionarios destruyeron su documento de identidad porque sus padres eran de Bosnia. Aunque jamás en su vida hubiera pisado suelo bosnio. Hoy, dejado de lado por su familia, malvive con una exigua pensión de invalidez de 200 euros que le ha concedido el Estado esloveno ya que las consecuencias del accidente, que no pudo tratar adecuadamente, le impiden trabajar.

O como el de Aleksandar Todorovic, originario de Serbia y hasta el año pasado la cara visible de los borrados, que el 1993 fue a inscribir a su hija recién nacida y se encontró con que los funcionarios le quitaron todos sus documentos. Una semana después llegó la partida de nacimiento con el nombre de la madre, eslovena, y un espacio en blanco en el nombre del padre. Su hija no era legalmente suya. “Es la muerte civil de una persona”, lamentaba antes de retirarse de los focos.

Cada uno de los llamados ‘borrados’ cuenta una tragedia personal distinta de lo que ha supuesto para ellos vivir indocumentados en el sitio que consideraban su hogar, a lo que se ha unido la incomprensión y el escarnio social. Durante años, la derecha eslovena consiguió hacer calar en la sociedad la creencia de que ellos mismos se lo habían buscado por ser “traidores a la patria” y no querer nacionalizarse.

Durante todo este tiempo ni siquiera han logrado formar un frente unido, ya que muchos optaron por abandonar el país, otros fueron consiguiendo permisos de residencia como extranjeros con el paso del tiempo y la enmienda hecha a la Ley de Extranjería en 1999 y otros, como admite Irfan, no han luchado “por vergüenza”, por miedo al rechazo social. De hecho, en 2004 se celebró un referéndum en el que el 94 por ciento de los votantes rechazó una ley compensatoria para los borrados.

Los que han intentado hacerse oír han recibido el silencio por respuesta tanto del Estado esloveno como de la Unión Europea, a la que han pedido ayuda en varias ocasiones, a pesar de que el Tribunal Constitucional de Eslovenia emitió dos sentencias (la última en 2003) contra la ley que permitió el borrado.

No fue un simple error administrativo. “El borrado de estas personas se hizo en secreto”, explica Blaz Kovac, gerente de proyectos de Amnistía Internacional Eslovenia, una de las organizaciones más activas en la lucha por restaurar los derechos humanos de los ‘izbrisani’, como se les conoce en Eslovenia. 

Muchos afectados aseguran que el borrado fue una maniobra para crear un estado solo con “eslovenos puros”, y sobre esto Kovac destaca que cuando la Ley de Extranjeros fue aprobada en 1992 “el problema ya era conocido por el Parlamento”. “De hecho, antes de que se aprobara la ley un grupo de diputados propuso una enmienda para que los otros yugoslavos recibieran el permiso de residencia permanente en Eslovenia y fue rechazado por un voto”, apunta.

Solo en 2010, dieciocho año después, el Parlamento y el Gobierno esloveno han pedido disculpas por lo que reconocen que ha sido “una injusticia” y “un doloroso capítulo en la historia” del joven país. “Esta es la mayor violación de los derechos humanos y de las libertades fundamentales desde que Eslovenia obtuvo su independencia”, ha reconocido el Ejecutivo.

En junio de este año el Gobierno de centro-izquierda promulgó una nueva Ley de Extranjeros que pretende corregir los errores del pasado y “restaurar la dignidad humana de los borrados”. Ahora tienen tres años para demostrar que Eslovenia es “el centro de sus intereses vitales”, es decir, el lugar donde tienen (o tenían en 1992 pero se vieron a obligar a abandonar el país) su familia, su trabajo o su vivienda. De esa forma obtendrán la residencia permanente de manera retroactiva a partir del el día en que fueron eliminados del registro.

¿Es este el final del problema? “A los ojos del Estado, probablemente. A los ojos de la sociedad, en su mayoría. A los ojos de los borrados, rotundamente no. La nueva ley solo devuelve estatus legales y no provee medidas adicionales, apoyo social, integración, vivienda o compensaciones”, afirma Kovac.

El Gobierno ha reconocido el daño causado a los borrados, pero ha rechazado establecer indemnizaciones o cualquier tipo de compensación para los afectados. De hecho, la ministra del Interior, Katarina Kresal, tuvo mucho cuidado en insistir en ello, ya que los conservadores eslovenos auguraban una avalancha de denuncias que, estimaban, acabaría costándole al país más de 400 millones de euros.  (...)

En todo caso, a muchos todavía les queda enfrentarse a “nuevos y complicados” procedimientos legales para obtener la residencia en Eslovenia de forma retroactiva. Aunque suponga un paso de gigante comparado con lo que se ha hecho hasta ahora, lo cierto es que mientras el borrado de hizo de manera automática y masiva, la restauración del estatus se lleva a cabo caso por caso y con muchas trabas.

“Se necesita una solicitud especial, hay que pagar tasas administrativas, hay que demostrar que todo lo afirmado es cierto y cumplir todos los requisitos”, dice Kovac, y quienes lo tienen más difícil son las alrededor de 13.000 personas que abandonaron el país dejándolo todo tras ser eliminadas del registro.

El Gobierno asegura que con la nueva legislación se ha flexibilizado el antiguo requisito de vivir en Eslovenia sin interrupción para restaurar el estatus de residentes, pero el portavoz de Aministía Internacional dice que se puede interpretar que la ausencia máxima permitida es de diez años, lo que deja a muchos fuera. Además, alerta la organización, toda la información sobre el proceso se ha distribuido solo en esloveno, una lengua que no todos los borrados dominan.

“Si nuestros temores son ciertos, a la mayoría de los borrados que aún viven fuera se les denegará la re-entrada y la estancia. Esperamos que nos estemos equivocando, aunque otros tres abogados que tratan temas de sociedad civil piensan de la misma manera”, asegura Kovac.

Así que todavía hoy miles de personas lo tienen muy difícil para que se reconozca la injusticia que se hizo con ellos y que ha sido ignorada durante años. Se estima que 1.300 de ellos murieron sin que ni siquiera se les restaurara el permiso de residencia, y todo ello en un Estado miembro de la Unión Europea. 

Y ni siquiera se ha hecho una investigación para encontrar a los culpables, algo que muchas ONG reclaman pero que quizás haya quedado aparcado para siempre con una ley que se limita a lo legal y deja de lado por completo la dimensión humana del problema."           (Pilar López, Periodismo Humano)


"Los borrados como legitimadores del nuevo Estado esloveno.

La cuestión de los borrados y la limpieza étnica administrativa llevada a cabo por el aparato estatal esloveno comienza a inicios de 1992, sin que nadie, ni tan siquiera los propios afectados, se dieran cuenta inmediatamente de lo que estaba sucediendo. 

Así, a diferencia de lo que sucedió en Croacia en 1991 o lo que comenzaría a suceder en Bosnia y Herzegovina a partir de 1992, no se observaron grandes y largas filas de personas errando sin rumbo tras haber sido expulsadas de las principales ciudades del país como Ljubljana, Maribor, Kranj o Koper. Incluso en un acto tan reprobable y despreciable como es el de la limpieza étnica, los eslovenos siempre supieron estar un paso por delante a sus antiguos compatriotas yugoslavos –serbios, croatas, musulmanes de nacionalidad y albaneses– y llevar a cabo la operación con gran sigilo y pulcritud administrativa, algo que el resto tan solo pudieron acometer a través del monopolio de las armas.

La historia de los borrados comienza justo el día después de la declaración de independencia de las autoridades eslovenas. Eslovenia pasaba a ser un estado independiente y como tal, todos aquellos que no tenían el permiso de residencia en regla por no ser nacionales eslovenos debían solicitar la nueva nacionalidad eslovena, siendo la fecha límite el 26 de diciembre de 1991, esto es, justo seis meses después la independencia. Según números oficiales, la medida afectó a 18.305 personas, aunque existen otras cifras que sitúan el número de afectados entre 25.000 y 40.000.

Más allá de las cifras, es relevante comprender que las personas que se vieron afectadas por esta limpieza administrativa procedían de alguna zona de la antigua Yugoslavia. La importancia de la nacionalidad radica en que para las minorías italianas y húngaras, las autoridades eslovenas bien se cuidaron de garantizarles derechos, especialmente en el terreno cultural, con el objetivo de poder recorrer el camino de ingreso a la Unión Europea sin sobresaltos o problemas añadidos.  (...)
Sin embargo, en lo referente a las minorías serbias, croatas o musulmanas de nacionalidad (bosniacos), que eran superiores numéricamente en 1991 a las minorías italianas y húngaras, las autoridades ejecutivas y legislativas de Eslovenia hicieron todo lo posible para borrar su presencia de suelo esloveno, aunque tuviese que ser a nivel administrativo.
 En otras palabras, Eslovenia llevó a cabo el proceso de limpieza étnica administrativa con el objetivo de fortalecer su recién obtenida soberanía nacional a costa de erosionar los derechos de ciertas minorías étnicas y así eliminar todo recuerdo de que Eslovenia había formado parte de la Federación de los Eslavos del sur. (...)
En conclusión, las autoridades eslovenas reforzaron la soberanía nacional obligando a la mayoría de los antiguos ciudadanos yugoslavos a tomar la ciudadanía eslovena si querían vivir en el país alpino y borrando a aquellos que por diversas razones no pudieron completar los trámites en el plazo fijado. Para estos últimos, para los borrados, comenzaba un camino de sufrimiento que aún a día de hoy existe. 

Todos aquellos que fueron eliminados del registro de residentes de Eslovenia se convirtieron en ciudadanos ilegales con todo lo que ello suponía. Sus derechos económicos, sociales, culturales y políticos fueron substraídos y tirados a la basura en un plan premeditado y bien ejecutado por las autoridades eslovenas y ante la indiferencia de las principales instituciones internacionales, especialmente la Unión Europea, que en ningún momento formuló comentario alguno sobre la situación de esas 18.350 personas. (...)"                   (Marcos Ferreira, EOM, 28/01/16)


"Tribunal falla contra Eslovenia en el caso de ciudadanos "Borrados".

 Antes de que Eslovenia recuperara su independencia el 25 de junio de 1991, Mustafa Kurić y siete otros querellantes eran ciudadanos de la ex República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFSY). Como ciudadanos de la RSFY, ejercitaron su derecho legal de residencia en Eslovenia, a pesar de no ser de esa región originalmente. 

Sin embargo, no se postularon para la ciudadanía antes de la fecha límite señalada del 25 de diciembre de 1991. De esa manera, el 26 de febrero de 1992, sus nombres fueron borrados del registro de residentes. 

En su denuncia, señalaron que el haber borrado sus nombres resultó en consecuencias graves y de largo plazo para ellos. Fueron privados de sus documentos, algunos fueron desalojados de sus viviendas, ya no podían trabajar ni viajar, fueron privados de sus pertenencias y pasaron varios años en condiciones que amenazaba su salud. 

El número de ciudadanos sin el derecho a residir en Eslovenia en 1992 superó los 25.000. Algunos de los "borrados" dejaron Eslovenia por su propia cuenta, algunos fueron deportados, mientras que otros han adquirido el derecho de residencia basada en una decisión de la Corte Constitucional del1999 y cambios legislativos en el 2010. 

 El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), en una sentencia de Cámara (que cuenta con siete jueces) del 13 de julio de 2010, falló que las autoridades eslovenas habían violado el derecho a la vida privada y familiar de los "borrados" (artículo 8) y no proporcionó un procedimiento que permita reclamar sus derechos (artículo 13).

 El caso fue remitido a la Gran Sala del tribunal, que confirmó el 26 de julio por unanimidad el veredicto de la Cámara y señaló que sí existía un caso de discriminación de personas apátridas. Los jueces destacaron que los querellantes fueron privados de una personalidad jurídica, que les garantizaba el acceso a los numerosos derechos - seguro de salud, derecho a una pensión, prestaciones sociales, el derecho a renovar sus papeles (como tarjetas de identificación o licencias de conducir). Por otra parte, han perdido la posibilidad del empleo legal. (...)"            (Liberties, mayo, 2014)

12/12/18

Lo que hizo Torra en Eslovenia, y Comín cuando anunció que el tramo final de la independencia sería "dramático" y se pagaría "un precio alto e injusto", no es introducir la violencia, sino los muertos. Y aún se debe afinar algo más: no matanzas sarajevas, sino una cosa más razonable y asumible. Una cosa eslovena... 60 muertos. Una cifra modesta, atendiendo a la dimensión histórica del objetivo... con 60 muertos bastaría...

"(...) Así pues lo que hizo El Valido en Eslovenia y el ex consejero Comín en Bélgica cuando anunció que el tramo final de la independencia sería "dramático" y se pagaría "un precio alto e injusto", no es introducir la violencia, sino los muertos. 

Y aún se debe afinar algo más: no matanzas sarajevas, por así decirlo, sino una cosa más razonable y asumible. Una cosa eslovena. Eslovenia y Cataluña siempre se han tenido un cierto faible mutuo, no en vano Liubliana se da un cierto aire a la propia Barcelona y no en vano, tampoco, ambas comunidades tienen una excelente opinión de sí mismas y, en especial, de sus autosonrisas. 

El Valido venía a plantear lo que en catalán se llama un capmàs, un tanto alzado: 60 muertos. Una cifra modesta, atendiendo a la dimensión histórica del objetivo. Una matanza con seny. Deduje al leerle que, en su fanatismo, se dirigía a las masas que hace un año desertaron de la plausibilidad del reto: bueno, la verdad es que 60 muertos entre dos millones, es un 0,003 de probabilidad estadística. 

Y eso sin contar que algunos bien podrían estar en el otro bando, con lo que aún se relativiza más el riesgo. Las cuentas de El Valido incluían una previsión relacionada: que con 60 muertos bastaría. Y es en este bastaría, más que en los muertos, donde está la clave de bóveda de su llamada al sacrificio.

Hace muchos años Ángel Colom, un histórico del nacionalismo y de la agitación callejera, dijo con énfasis que "la independencia de Cataluña no valía ni un solo muerto". En más de cinco años de Proceso no se lo he vuelto oír a ninguno de los insurrectos."                 (Arcadi Espada, El Mundo, 11/12/18)

La vía eslovena de Torra consiste en: Nueva declaración de independencia... Control del territorio... Desatar hostilidades... Si tiene que haber muertos, se asume que los haya... Acusación por rebelión... y a la cárcel... ¿globo sonda sobre los efectos políticos del martirio?

"Es bien conocida la irresponsable apelación de Torra a la “vía eslovena”.


(...) Como sabe cualquiera que haya leído  sobre el asunto de Eslovenia (vuelvo a citar “La fábrica de las fronteras“, de Francisco Veiga; y vuelvo a advertir de los escalofríos que produce su portada, por eso lo tengo medio escondido en casa), se trató de un plan con una preparación meticulosa de la secesión, compra de armamento y organización de fuerzas para asumir el control efectivo del territorio, propaganda internacional y una guerra, muertos incluidos.
Así que Torra está anunciando:
  1. Nueva declaración de independencia o convalidación-ratificación-alzamiento de la suspensión de la declaración de independencia o lo que fuese.
  2. Control del territorio. Lo primero que hicieron los eslovenos tras declarar la independencia fue tomar el control de fronteras y aduanas.
  3. Desatar hostilidades. Está documentado que a primeras horas de la tarde del día 27 de junio de 1991, los eslovenos derribaron un helicóptero del JNA (el ejército), que sobrevolaba Ljubljana. Os ahorro enlaces; bueno, aquí, página 268 y siguientes.
  4. Si tiene que haber muertos, se asume que los haya. Eso es lo que uno entiende por “todas las consecuencias“, no hace falta tener altas capacidades. (...)
 CONCLUSIÓN. Después vendrán los lloros (...)

“Artículo 472.

Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes:
(…)

5.º Declarar la independencia de una parte del territorio nacional.”

Estos hechos -la conspiración está prevista en el artículo 477- han sido anunciados por el Presidente de la Generalitat, no por un indocumentado en una barra de bar.

Lo dicho: después vendrán los lloros."                 (

11/12/18

El nacionalismo catalán acarició el modelo bávaro, el lituano, el escocés o el quebequés. Siempre hay uno a mano para cada circunstancia. El penúltimo fue Kosovo... ahora es Eslovenia... ¿Por qué no la de Padania? Incuestionablemente la más parecida en el efecto cómico...

"(...) Antes de esta nueva moda, el nacionalismo acarició el modelo bávaro, el lituano, el escocés o el quebequés. Siempre hay uno a mano para cada circunstancia y momento. El penúltimo fue Kosovo —evocado sin citarlo directamente en el preámbulo de la pretendida ley del referéndum— y ahora recalamos en Eslovenia.

El modelo esloveno, según la lectura light que del mismo hacen sus nuevos fans, consiste en declarar la independencia y suspender su aplicación durante un tiempo, tirar la piedra y esconder la mano. 

Como si lo primero fuera un juego de niños y lo segundo, algo fácil una vez se ha sacado el genio de la botella.

Una versión ingenuista de este modelo la sintetizó horas antes el eurodiputado posconvergente Ramon Tremosa: Eslovenia “hizo una cosa muy interesante”, sostiene, unas “elecciones al Parlamento esloveno con una especie de Junts pel Sí, que sacó mayoría absoluta, intentó negociar con Belgrado, no hubo manera, convocó un referéndum unilateral, lo ganó y después declaró la independencia y la suspendió durante unos meses con el fin de negociar un referéndum acordado con Belgrado”.

Menos cuentos de hadas. Y más diferencias con Cataluña: en Belgrado (la capital serbia) mandaba un dictador, Slobodan Milosevic, y España es una democracia; en el referéndum de 1990 participó un 93,3% del electorado, y no un 40%; hubo garantías, mientras en Cataluña, ninguna; y la declaración unilateral de independencia (DUI) de 25 de junio de 1991 tuvo el apoyo del 94% de los diputados (no de la mitad dispensada a las leyes de ruptura), además de las simpatías de Bonn y Washington (y no la unanimidad europea en contra, como ahora).

Y sobre todo, dos días después de la tal DUI, Eslovenia (21.000 uniformados) se lio a tiros contra 20.000 efectivos del Ejército (ex)yugoslavo. Fue una guerra de los diez días, hasta el de San Fermín, seguida de un alto el fuego: murieron, pequeño detalle, 74 personas de ambos bandos y extranjeros, estos, periodistas y camioneros. Mientras fallecerían a miles en la guerra vecina de Croacia, la república que centraba la atención de Serbia: aquí no hay nada de eso.

Por la paz de Brioni, Milosevic retiró sus tropas, cedió todo el poder militar y fronterizo a Liubliana y acordó un plazo de tres meses antes de oficializarse la independencia de Eslovenia: no se negoció nada. Al final, la comunidad internacional validó el proceso, al esfumarse Serbia de la mesa, como de otra forma hizo con Kosovo.

La pregunta clave para el eurodiputado Tremosa es si la guerra y sus muertos fueron efectivamente “una cosa muy interesante”. ¿De verdad no le tiembla la voz cuando lo dice?
De lo trágico a lo ridículo, el otro modelo más cercano es el de la Padania. La secuencia fue inversa: la DUI se proclamó el 15 de septiembre de 1996 en la isla del Lido de Venecia, ante unas 10.000 personas, incluido el emisario Àngel Colom i Colom.

Como nadie reconoció la DUI ni nadie se dio por enterado de que habían ofendido a la bandera italiana (“pliéguese y mándese a Roma”, ordenó el corrupto líder de la Lega, Umberto Bossi), el secesionismo norditaliano convocó un referéndum donde votaron el 25 de mayo de 1997 casi 5 millones de ciudadanos (por 20 millones de habitantes), con un 97% a favor, a la búlgara.

Como tampoco hubo nada, el empeño acabó evaporado. De aquella República Federal de Padania apenas queda nada más que nostálgicos despistados y alguna decepción. Y un concurso de belleza: Miss Padania."                       (Xavier Vidal-Folch, El País, 11/10/17)

11/10/17

El nacionalismo ha acariciado el modelo bávaro, el lituano, el escocés o el quebequés. Siempre hay uno a mano para cada circunstancia y momento.. ahora toca el esloveno... después del de Padania, que con un referéndum con el 97% a favor en 1997... acabó en nada...

"Hacer como que se declara una independencia que no se deletrea oficialmente y suspender sus efectos “por unas semanas” inconcretas. Es la surrealista conclusión esencial de ayer.

Parece que con el discurso de Carles Puigdemont —y con él, el del conjunto del secesionismo—, ha quedado prendado y prisionero del modelo de Eslovenia. De aurora boreal, los Balcanes como ejemplo. Acuérdense de su final: tuvo un desenlace trágico.

Antes de esta nueva moda, el nacionalismo acarició el modelo bávaro, el lituano, el escocés o el quebequés. Siempre hay uno a mano para cada circunstancia y momento. El penúltimo fue Kosovo —evocado sin citarlo directamente en el preámbulo de la pretendida ley del referéndum— y ahora recalamos en Eslovenia.

El modelo esloveno, según la lectura light que del mismo hacen sus nuevos fans, consiste en declarar la independencia y suspender su aplicación durante un tiempo, tirar la piedra y esconder la mano. Como si lo primero fuera un juego de niños y lo segundo, algo fácil una vez se ha sacado el genio de la botella.

Una versión ingenuista de este modelo la sintetizó horas antes el eurodiputado posconvergente Ramon Tremosa: Eslovenia “hizo una cosa muy interesante”, sostiene, unas “elecciones al Parlamento esloveno con una especie de Junts pel Sí, que sacó mayoría absoluta, intentó negociar con Belgrado, no hubo manera, convocó un referéndum unilateral, lo ganó y después declaró la independencia y la suspendió durante unos meses con el fin de negociar un referéndum acordado con Belgrado”.

Menos cuentos de hadas. Y más diferencias con Cataluña: en Belgrado (la capital serbia) mandaba un dictador, Slobodan Milosevic, y España es una democracia; en el referéndum de 1990 participó un 93,3% del electorado, y no un 40%; hubo garantías, mientras en Cataluña, ninguna; y la declaración unilateral de independencia (DUI) de 25 de junio de 1991 tuvo el apoyo del 94% de los diputados (no de la mitad dispensada a las leyes de ruptura), además de las simpatías de Bonn y Washington (y no la unanimidad europea en contra, como ahora).

Y sobre todo, dos días después de la tal DUI, Eslovenia (21.000 uniformados) se lio a tiros contra 20.000 efectivos del Ejército (ex)yugoslavo. Fue una guerra de los diez días, hasta el de San Fermín, seguida de un alto el fuego: murieron, pequeño detalle, 74 personas de ambos bandos y extranjeros, éstos, periodistas y camioneros. Mientras fallecerían a miles en la guerra vecina de Croacia, la república que centraba la atención de Serbia: aquí no hay nada de eso.

Por la paz de Brioni, Milosevic retiró sus tropas, cedió todo el poder militar y fronterizo a Liubliana y acordó un plazo de tres meses antes de oficializarse la independencia de Eslovenia: no se negoció nada. Al final, la comunidad internacional validó el proceso, al esfumarse Serbia de la mesa, como de otra forma hizo con Kosovo.

La pregunta clave para el eurodiputado Tremosa es si la guerra y sus muertos fueron efectivamente “una cosa muy interesante”. ¿De verdad no le tiembla la voz cuando lo dice?
De lo trágico a lo ridículo, el otro modelo más cercano es el de la Padania. La secuencia fue inversa: la DUI se proclamó el 15 de septiembre de 1996 en la isla del Lido de Venecia, ante unas 10.000 personas, incluido el emisario Àngel Colom i Colom.

Como nadie reconoció la DUI ni nadie se dio por enterado de que habían ofendido a la bandera italiana (“pliéguese y mándese a Roma”, ordenó el corrupto líder de la Lega, Umberto Bossi), el secesionismo norditaliano convocó un referéndum donde votaron el 25 de mayo de 1997 casi 5 millones de ciudadanos (por 20 millones de habitantes), con un 97% a favor, a la búlgara.

Como tampoco hubo nada, el empeño acabó evaporado. De aquella República Federal de Padania apenas queda nada más que nostálgicos despistados y alguna decepción. Y un concurso de belleza: Miss Padania."                ( , El País, 11/10/17) 

18/4/16

La limpieza étnica eslovena: los borrados. Nada de doble nacionalidad... o esloveno, o apátrida

"Imagine el lector o la lectora de este artículo que ha nacido en Yugoslavia, un estado que dejó de existir en 1991. Imagine también que nació en Belgrado o en Banja Luka pero que por motivos diversos se debió trasladar a Ljubljana o a Kranj, hoy día Eslovenia, para poder desarrollar su vida. 

Continuando con el ejercicio de imaginación, suponga que lleva trabajando en su nuevo lugar de residencia ya varios años y aunque usted no tenga la nacionalidad eslovena, usted reside legalmente en ese área con todos los documentos en orden y al día porque, después de todo, Eslovenia forma parte de Yugoslavia.

 En un momento dado, Yugoslavia comienza a fragmentarse precisamente por el flanco en donde el lector o la lectora vive y finalmente, tras una breve guerra, el país alpino obtiene su independencia y funda la primera experiencia estatal de su historia. El lector experimenta incertidumbre, pero al observar que tras la tempestad todo ha vuelto a la normalidad y se puede continuar haciendo una vida en términos normales, considera que no existe ningún peligro y puede seguir residiendo en Eslovenia sin mayores dificultades.

 No obstante, seis meses después de la fecha de declaración de independencia, se lleva una desagradable sorpresa al enterarse de que sus documentos de residencia, seguridad social, permiso de trabajo, etc. ya no son válidos por pertenecer a un estado que ya no existe. Se pasa entonces a formar parte de un limbo legal. 

Oficialmente, no son residentes ilegales en Eslovenia y tampoco son refugiados de las Guerras de Yugoslavia, pero al mismo tiempo no están legalmente viviendo en Eslovenia, con todo lo que ello supone en términos de seguridad social, derechos sociales, laborales, económicos y políticos. 

En otras palabras, ni pueden abandonar Eslovenia porque sus pasaportes y otros documentos fueron emitidos por un estado que ya no existe, y por la misma razón tampoco pueden continuar sus vidas en términos normales en Eslovenia. No obstante, el lector no está solo en esta limpieza étnica administrativa, sino que se suma a otras 18.350 personas –según datos oficiales– que se han convertido en borrados o, como se dice en esloveno, en Izbrisani.

 La cuestión de los borrados y la limpieza étnica administrativa llevada a cabo por el aparato estatal esloveno comienza a inicios de 1992, sin que nadie, ni tan siquiera los propios afectados, se dieran cuenta inmediatamente de lo que estaba sucediendo. 

Así, a diferencia de lo que sucedió en Croacia en 1991 o lo que comenzaría a suceder en Bosnia y Herzegovina a partir de 1992, no se observaron grandes y largas filas de personas errando sin rumbo tras haber sido expulsadas de las principales ciudades del país como Ljubljana, Maribor, Kranj o Koper.

 Incluso en un acto tan reprobable y despreciable como es el de la limpieza étnica, los eslovenos siempre supieron estar un paso por delante a sus antiguos compatriotas yugoslavos –serbios, croatas, musulmanes de nacionalidad y albaneses– y llevar a cabo la operación con gran sigilo y pulcritud administrativa, algo que el resto tan solo pudieron acometer a través del monopolio de las armas.

La historia de los borrados comienza justo el día después de la declaración de independencia de las autoridades eslovenas. Eslovenia pasaba a ser un estado independiente y como tal, todos aquellos que no tenían el permiso de residencia en regla por no ser nacionales eslovenos debían solicitar la nueva nacionalidad eslovena, siendo la fecha límite el 26 de diciembre de 1991, esto es, justo seis meses después la independencia. Según números oficiales, la medida afectó a 18.305 personas, aunque existen otras cifras que sitúan el número de afectados entre 25.000 y 40.000.

Más allá de las cifras, es relevante comprender que las personas que se vieron afectadas por esta limpieza administrativa procedían de alguna zona de la antigua Yugoslavia. La importancia de la nacionalidad radica en que para las minorías italianas y húngaras, las autoridades eslovenas bien se cuidaron de garantizarles derechos, especialmente en el terreno cultural, con el objetivo de poder recorrer el camino de ingreso a la Unión Europea sin sobresaltos o problemas añadidos.(...) 

Sin embargo, en lo referente a las minorías serbias, croatas o musulmanas de nacionalidad (bosniacos), que eran superiores numéricamente en 1991 a las minorías italianas y húngaras, las autoridades ejecutivas y legislativas de Eslovenia hicieron todo lo posible para borrar su presencia de suelo esloveno, aunque tuviese que ser a nivel administrativo. 

En otras palabras, Eslovenia llevó a cabo el proceso de limpieza étnica administrativa con el objetivo de fortalecer su recién obtenida soberanía nacional a costa de erosionar los derechos de ciertas minorías étnicas y así eliminar todo recuerdo de que Eslovenia había formado parte de la Federación de los Eslavos del sur. 

Si bien es cierto que el límite de los nuevos permisos y concesiones de la nacionalidad eslovena era a finales de diciembre, no fue hasta febrero de 1992 cuando la normativa comenzó a tener efecto. Un movimiento que tiene sentido porque en aquellos dos meses entre el fin del tiempo otorgado y el comienzo de la aplicación de la nueva normativa, Eslovenia se jugaba su integración en la comunidad internacional.

 Una vez que el objetivo de ser reconocido como un Estado de pleno derecho fue obtenido, las autoridades eslovenas no tuvieron ya ningún impedimento para poder llevar a cabo sus planes. Más aún, teniendo en consideración todo lo que estaba sucediendo al sur de sus fronteras, parecía improbable que los media o gobiernos occidentales reparasen en lo que ocurría con los borrados. 

  Y en efecto así ocurrió. Eslovenia fue olvidada rápidamente ante el devenir de los sucesos en Croacia y especialmente en Bosnia-Herzegovina, permitiendo así a las autoridades eslovenas manejar el asunto tal y como lo deseasen.

Se calcula que de los 200.000 residentes de otras repúblicas yugoslavas que vivían en Eslovenia en 1991, 170.000 fueron capaces de registrarse como nuevos ciudadanos en Eslovenia antes del fin del plazo de finalización, mientras que 18.305 personas fueron eliminadas de los registros a finales de febrero de 1992. 

Las razones que explican por qué las 18.305 personas eliminadas del registro no solicitaron la ciudadanía eslovena fueron las siguientes. Un porcentaje importantes de los afectados no se enteraron de la necesidad de solicitar la nueva ciudadanía eslovena, o bien simplemente consideraron que no era necesario solicitarla debido a que estaban viviendo en Eslovenia desde tiempo antes de la consecución de la independencia del país. 

A lo anterior, se debe añadir que hubo un cierto porcentaje de personas que solicitaron la ciudadanía y se les fue denegada, no pudiendo presentar las pertinentes alegaciones en el plazo indicado por las autoridades eslovenas y convirtiéndose así en apátridas debido a que las autoridades eslovenas requisaron también sus documentos nacionales que habían sido emitidos durante la época yugoslava. 

Además, también se debe considerar que la Ley de Ciudadanía eslovena demandaba a los extranjeros de las antiguas repúblicas yugoslavas a convertirse en ciudadanos eslovenos para así poder adquirir el permiso de residencia. No obstante, algunas personas no querían renunciar a su nacionalidad o a su pasaporte yugoslavo por diversas razones y por ello simplemente intentaron gestionar una petición de residencia y no de nacionalidad, cuestión que la ley no preveía.

 En conclusión, las autoridades eslovenas reforzaron la soberanía nacional obligando a la mayoría de los antiguos ciudadanos yugoslavos a tomar la ciudadanía eslovena si querían vivir en el país alpino y borrando a aquellos que por diversas razones no pudieron completar los trámites en el plazo fijado. Para estos últimos, para los borrados, comenzaba un camino de sufrimiento que aún a día de hoy existe.

Todos aquellos que fueron eliminados del registro de residentes de Eslovenia se convirtieron en ciudadanos ilegales con todo lo que ello suponía. Sus derechos económicos, sociales, culturales y políticos fueron substraídos y tirados a la basura en un plan premeditado y bien ejecutado por las autoridades eslovenas y ante la indiferencia de las principales instituciones internacionales, especialmente la Unión Europea, que en ningún momento formuló comentario alguno sobre la situación de esas 18.350 personas.

Es cierto que desde bien temprano la situación sí llamo la atención de diversas ONG de Eslovenia, como por ejemplo Unione Forense per la Tutela dei Diritti Umani, que son dos de las principales organizaciones que han puesto en marcha el proyecto “The Erased. Information and Documents”, una excelente plataforma de información y de defensa de aquellos que fueron borrados. No obstante, esta pronta atención por parte de ciertos colectivos sociales tardo tiempo en surtir efecto.  (...)

Afortunadamente para los borrados y gracias a la presión ejercida por parte de la sociedad civil eslovena y organismos de defensa de los derechos humanos a nivel internacional, las autoridades eslovenas comenzaron a realizar un esfuerzo, aunque bien tímido y modesto, para poder reparar el daño que habían infligido a esas personas a comienzos de la década de 1990. No obstante, y aunque es cierto que para el año 2009, 10.943 personas ya habían regularizado su situación en Eslovenia, aún restaban 13.426 con una situación ilegal en el país. Por otro lado, en términos de compensaciones económicas por esta cuestión, 6.888 peticiones fueron realizadas, siendo 5.045 aprobadas, mientras que 1.433 peticiones fueron rechazadas.

Queda claro que detrás de la limpieza étnica administrativa hubo una intencionalidad política por parte de las élites y autoridades eslovenas, como bien han demostrado declaraciones de Boris Pahor, referencia intelectual para una parte de la sociedad eslovena, o Igor Bavčar, quien fuera ministro de interior esloveno en la época en la que el fenómeno de los borrados tuvo lugar.

 Ambos argumentan que aquellos que fueron borrados lo fueron, bien porque eran un peligro para la independencia eslovena –caso de Pahor–, o bien debido a que simplemente no quisieron ser ciudadanos eslovenos –caso de Bavčar. 

 Además, a lo anterior se le debe sumar el deseo de las nuevas élites eslovenas por deshacerse rápidamente de todo lo que sugiriese una conexión con la antigua Yugoslavia para así poder poner la marcha directa hacia la Unión Europea. 

Y es que, después de todo, Eslovenia supo vender una imagen de democracia occidental que respetaba totalmente los derechos humanos de sus ciudadanos, aunque claro está que las 18.350 personas afectadas por la limpieza étnica administrativa no estarán de acuerdo con la afirmación anterior."                   ( · El orden mundial del siglo XXI, 28 ene, 2016)

8/5/15

Checos y eslovacos lanzan una campaña para celebrar un referéndum de reunificación de Checoslovaquia

"En su manifiesto explican que "el 70 por ciento de los encuestados encontró que la división del país fue un paso en falso y les molestó no poder ser escuchados. De acuerdo con la revista PYME eslovaca, el 40 por ciento de los eslovacos le gustaría vivir con los checos de nuevo".

Una parte de la sociedad checa y eslava cree que la división de Checoslovaquia en dos estados "fue un error" y que "no se habría consentido" si se les hubiera "permitido votar". Al menos, así lo considera el movimiento Checoslovaquia 2018 en su página web.

Este movimiento ha impulsado una campaña para que los ciudadanos de ambos territorios puedan pronunciarse a través de un referéndum sobre la reunificación. En el comunicado publicado en su web afirman que fue por razones políticas que en 1992 se decidió dividir el conjunto estatal y que a los ciudadanos no se les permitió dar su opinión al respecto de dicha división.

"De acuerdo con las encuestas, una gran parte de la población cree que la división de Checoslovaquia fue un error y no se habría consentido si se les hubiera permitido votar sobre el asunto. 

Por ejemplo, en una encuesta realizada por la televisión checa, el 70 por ciento de los encuestados encontró que la división del país fue un paso en falso y les molestó no poder ser escuchados. De acuerdo con la revista PYME eslovaca, el 40 por ciento de los eslovacos le gustaría vivir con los checos de nuevo", aseguran en su web.

La antigua Checoslovaquia se dividió cuando ocupaban el cargo el primer ministro checo, Vaclav Klaus, y el primer ministro eslovaco, Vladimir Meciar. Ambos se negaron a dar la oportunidad a los ciudadanos de expresar su opinión.

"El Estado común tendría una mayor importancia en el mundo"

Este movimiento, además de querer el referéndum, apuesta por la reunificación del territorio. El instigador de la campaña, el publicista Ladislav Zelinka considera que "el estado común tendría una mayor importancia en el mundo, sería más fuerte, sería mejor para responder a las amenazas externas y más eficientemente al implementar la política extranjera y nacional independiente".

Uno de los argumentos principales es que tanto checos como eslovacos, especialmente desde la entrada conjunta en la Unión Europea en 2004, en las encuestas siempre se valoran entre sí como las personas más cercanas y más amigables, y con independencia de quien esté en el poder tanto en Praga y Bratislava. La cooperación entre los dos países es impecable.

La fecha señalada para el referéndum, el año 2018, ha sido elegida por una razón simbólica ya que coincidiría con la celebración del centenario de la creación de Checoslovaquia."            (Crónica Global, 05/05/2015)

16/2/14

Londres confirma que no compartirá la libra con una Escocia independiente

"Lo que hace unos meses era “improbable” es ahora imposible: que Reino Unido siga compartiendo la libra con una Escocia independiente. 

El canciller del Exchequer y ministro británico del Tesoro, George Osborne, así lo ha confirmado esta mañana en Edimburgo tras desvelar que esa es la recomendación oficial que le han hecho llegar los expertos del Tesoro. “Si Escocia se va de Reino Unido, se va de la libra”, concluyó Osborne.

Los independentistas escoceses sostienen que una Escocia independiente negociaría con Londres seguir compartiendo la libra y el Banco de Inglaterra. Y Alex Salmond, ministro principal escocés y líder del independentista SNP (siglas en inglés del Partido Nacional Escocés) ha llegado incluso a amenazar con no aceptar la parte de deuda pública británica que le correspondería devolver a Escocia, salvo que haya un acuerdo sobre la libra. (...)

Entre los argumentos económicos ha citado una batería de conclusiones de los expertos del Tesoro, que subrayan que Reino Unido no tendría ninguna obligación legal de compartir la libra y recuerdan que el 70% de las exportaciones escocesas van al resto de Reino Unido pero que en el otro sentido esa tasa cae al 10%, lo que significa que son los escoceses los verdaderos interesados en mantener la unión monetaria.

Osborne rechaza la amenaza de Salmond de no compartir el pago de la deuda si Londres no comparte la libra con el argumento de que eso hundiría la credibilidad de una Escocia independiente en los mercados financieros internacionales y dispararía el tipo de interés de las emisiones de deuda escocesa. Un diferencial que, dijo, los expertos sitúan de entrada entre los 72 y 165 puntos, lo que a su juicio significaría que los escoceses “deberían pagar 1.700 libras más al año por sus hipotecas”, equivalentes a casi 2.100 euros.

El canciller del Exchequer recordó las dudas expresadas hace unos días por el Gobernador del Banco de Inglaterra, el canadiense Mark Carney, sobre la viabilidad de esa unión monetaria. Y argumentó también que esa unión sería “asimétrica” porque la economía escocesa es 10 veces más pequeña. 

Al perder la capacidad de manejar los tipos de interés, una Escocia independiente debería recurrir a ajustes fiscales para compensar eventuales choques externos como una caída pronunciada de los precios del petróleo, aseguró.

Insistió también en que los expertos enfatizan el hecho de que una unión monetaria ha de ser duradera para que tenga éxito y recordó que los independentistas quieren dejar la puerta abierta a una eventual marcha atrás en esa unión monetaria. 

“Eso la hace insostenible”, concluyó. Y puso como ejemplo el caos que habría desatado la sola posibilidad de que Grecia hubiera tenido la opción de volver al dracma. O la fuga de capitales que acabó en apenas un mes con la unión monetaria entre la República Checa y Eslovaquia tras la división de Checoslovaquia.

Por esas y otras razones, Osborne concluyó que, si Escocia opta por la independencia no podrá seguir en la libra. “La gente ha de saber que eso no va a ocurrir”, dijo. “Los ciudadanos del resto de Reino Unido no lo aceptarían y el parlamento no lo aprobaría”. Y recibió de inmediato el apoyo de los dos otros dos grandes partidos. 

Tanto el número dos del Tesoro, el liberal-demócrata Danny Alexander, como el portavoz de Finanzas laborista y eventual canciller del Exchequer si los laboristas ganaran las elecciones, Ed Balls, rechazaron la posibilidad de compartir la libra con una Escocia independiente."           ( , El País Londres 13 FEB 2014)

27/11/13

Los eslovacos creían que entregaban al fondo común más dinero del que recibían, que su cultura y lengua no eran apreciadas... los checos creían justo lo contrario.

"Nací en una ciudad del norte de Eslovaquia llamada Zilina y, evidentemente, fue esa circunstancia lo que, en una cena entre compañeros de trabajo celebrada hace tiempo, hizo que termináramos hablando de la disolución de Checoslovaquia ocurrida en 1993, hace ya veinte años. 

En el momento de la desintegración del país yo era una niña, pero recuerdo que me sentía 'federalista'. Esto es, creía (y sigo creyendo) que a Eslovaquia y la República Checa nos iría mucho mejor de mantenerse la República Federal. 

 Siendo tan joven, no había llegado a esa convicción sobre la base de una reflexión profunda, sino seguramente intuyendo una obviedad: que tiene más influencia y poder de decisión, dispone de más recursos y atrae más capital y potencial bienestar a largo plazo un estado grande que un estado pequeño.

Las relaciones entre los eslovacos y los checos a principios de los años noventa pasaban por un momento de extrema tensión. Muchos eslovacos tenían la sensación de estar oprimidos e infravalorados por el 'hermano mayor' checo. 

Creían que entregaban al fondo común más dinero del que recibían, que su cultura y lengua no eran apreciadas como sus homólogas checas. Los checos creían justo lo contrario.

¿Les suena? En esa cena de compañeros de trabajo encontramos más similitudes que las que puede parecer a primera vista entre la situación que condujo a la disolución de la antigua Checoslovaquia y las reivindicaciones independentistas de algunos partidos políticos de la Cataluña de hoy.

Al margen de si las quejas sobre las injusticias cometidas con respecto a los eslovacos por los checos estaban fundamentadas o no (y al contrario), estoy convencida que la tensión inaguantable a la que fueron sometidas ambas naciones fue creada y fomentada en gran parte por muchos de los líderes políticos de ambos lados de aquél momento. 

Había premios importantes en el juego, en particular la posibilidad de organizar desde los respectivos negociados la transición de la economía planificada a la economía de mercado, con las jugosas privatizaciones de la industria y los servicios clave incluidas.

Checos y eslaovacos habrían votado en contra en un referéndum

De hecho, los respectivos pueblos fueron sometidos a tanta presión en torno a la cuestión, que la sensación generalizada era que no existía otra salida que la ruptura. Por ilustrar lo agobiada que se tuvo que ver la sociedad por esta idea, incluso los compañeros de la escuela primaria de Zilina estábamos convencidos de que nuestro país estaba abocado al colapso. Recuerdo que discutíamos vivamente al respecto.

Irónicamente, resulta que de haberse sometido la cuestión de la disolución de Checoslovaquia y la consecuente creación de dos estados independientes a referéndum, tanto los eslovacos como los checos habrían votado en contra. 

Y ello con una importante mayoría: según encuestas realizadas por organismos de investigación de la opinión pública en 2012, el 59% de los checos y el 66% de los eslovacos habrían votado en contra de la creación de dos estados independientes y a favor lo habría hecho sólo el 33% de los checos y el 29% de los eslovacos.

 Pero ya forma parte de la historia que la disolución del estado común checoslovaco fue aprobada solo por el Parlamento Federal, en lo que supone –a mi modo de ver– una clara violación de principios elementales de la democracia. Está claro que a los políticos, en el caso checoslovaco, no les interesó lo que podían sentir u opinar realmente los ciudadanos.

Transcurridos ya veinte años desde aquel momento, ¿fue positiva o fue negativa para los eslovacos y los checos la separación? Supongo que algunos de mis compatriotas consideraban necesario que Eslovaquia se “emancipase” para tener la sensación de que fuera el pueblo eslovaco en exclusiva el que determinara su suerte y considerando que ello reportaría una mejor gestión de los asuntos públicos.

 Pero la autonomía para legislar y gobernar de la que ambas repúblicas ya gozaban era bastante amplia –había mucho margen para mejorar la gestión en aspectos puramente eslovacos- y creo que estaban equivocados en el cálculo de las ventajas que la disolución aportaría.  

No supimos encontrar una solución integradora

En definitiva, creo que por tener un estado propio y la sensación de independencia –en una Europa integrada dotada de derecho propio– pagamos como pueblos un precio demasiado alto. 

Antes éramos más grandes y más importantes; ahora, desgraciadamente, lo somos menos. No supimos encontrar una solución integradora que habría asegurado la continuidad de un estado de tamaño medio con envidiables credenciales democráticas adquiridas durante el período de entreguerras, de un mercado con algo de masa crítica, quince millones de habitantes, y de un país que abarcaría tanto las bellezas de Praga como las de la montaña eslovaca.

Afortunadamente, las tensiones creadas en torno a la escisión de Cataluña están todavía lejos del vigor que tenían las de la Checoslovaquia en 1992. Pero, por el ejemplo vivido, me parece que si Cataluña se separara tendrían mucho que perder ambas partes, Cataluña y España."                 (Veronika Miskovichova, Vox Pópuli, 27/11/2013)