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13/1/21

García Cárcel: algunos héroes del nacionalismo catalán fueron, en realidad, héroes de la españolidad. El claro ejemplo es el de Rafael de Casanova, que muestra un rechazo total al feroz “fanatismo” de los defensores de la Barcelona de 1714

 "(...) --¿Hay un denominador común de todos esos catalanes que participan en la historia de España? ¿Lo que pretenden es reformarla?

--García Carcel: Hay una conciencia latente del problema de España y de Cataluña. Las dos cuestiones se funden y se buscan alternativas, para encabezar una política económica diferente, como fue el caso de Francesc Cambó. Pero también reflejamos en el libro, aunque podríamos abundar en ello en el futuro, la labor extraordinaria de los catalanes en la historia de América, en las colonias españolas. 

Y me llama mucho la atención que algunos héroes del nacionalismo catalán fueron, en realidad, héroes de la españolidad. El claro ejemplo es el de Rafael de Casanova. Es una falsedad todo el relato que el nacionalismo catalán ha hecho de él, porque fue un austracista español, que está al servicio de España. Los textos posteriores de Casanova, tras 1714, cuando se retira en Sant Boi, muestran un rechazo total al feroz “fanatismo” de los defensores de la Barcelona de 1714. La figura se ha convertido en un símbolo del nacionalismo, con las ofrendas florales de cada 11 de septiembre. Pero fue tan español como los partidarios de los Borbones.

--¿Es un mito que también se ha instalado, y no se puede explicar que Cataluña creció de forma notable a partir de ese momento?  

--Pérez Samper: Lo ha sostenido Martínez Shaw, que, Cataluña pudo haber corrido una suerte muy distinta y ser una especie de Portugal con la misma dependencia de Inglaterra.

--García Carcel: A Cataluña le fue bien. La hipótesis contrafactual, de que hubiera pasado si los austracistas hubieran ganado la batalla de Almansa, siempre se puede hacer, pero la clave es que a partir de 1716, con la supresión de los fueros, y de 1725, con el retorno del exilio de las primeras figuras austracistas, se produce un despegue económico indiscutible.

--Pérez Samper: Un crecimiento rapidísimo. Las campañas para recuperar territorios en Italia se hicieron con barcos, que, en su mayoría, se construyen en Barcelona y eso dio mucho negocio. Los exiliados llegaron pronto. Y hasta los más forofos no pueden negar ese crecimiento. La burguesía comercial prospera y se dispara el libre comercio con América.

--García Carcel: Impera un pragmatismo que se manifiesta en los textos posteriores que se divulgan, y es que no se quiere apostar otra vez por un monarca concreto. El escepticismo es el denominador común a partir de ese momento. (...)"        

(Entrevista a García Cárcel y Pérez Samper, coautores de 'Catalanes en la Historia de España', Manel Mancgón, Crónica Global, 20/12/20)

27/5/20

"El victimismo catalán existe"



"El historiador y profesor Magí Aloguín i Pallach considera que “a los catalanes se nos ha ido la olla” varias veces en la historia en alusión a 1640, 1714, 1934 y el 2017 y que “el victimismo catalán existe” pero que “es propio de los niños: yo no he sido”. “El victimismo ha sido explotado de maravillas por el catalanismo”, añade.


En esta entrevista con e-notícies recuerda que en la Guerra de Sucesión “traicionamos el juramento de fidelidad a Felipe V” hecho por las Cortes Catalanas en 1701-1702 y que, después, a pesar del decreto de Nueva Planta, el monarca “fue bastante benevolente con nosotros”. “El Decreto de Nueva Planta no perjudicó el crecimiento de Cataluña, al contrario, las instituciones catalanas eran una rémora”

Licenciado en Geografía e Historia, exprofesor de la Rovira i Virgili, exdirector de un instituto de educación secundaria en el barrio de Camp Clar -con un elevado porcentaje de inmigración- considera también que “el siglo XVIII es un siglo brillante en la historia de Cataluña” a pesar de la derrota en la guerra.


“El Decreto de Nueva Planta no perjudicó el crecimiento de Cataluña”, prosigue. También explica que el general Moragues, cuya cabeza estuvo doce años en una jaula, fue ajusticiado pero que “había sido perdonado tres veces”.


Respecto a la crisis actual considera que “el gobierno español lo ha hecho mal pero el gobierno catalán también: tampoco compraron mascarillas” y recuerda que “no quieren las provincias pero gobiernan las diputaciones”.


“La burguesía catalana ya no existe”, añade porque “las empresas importantes se han ido vendiendo a multinacionales”. “Cataluña ha ido degenerando”, continua y considera que “Barcelona puede acabar como una ciudad museo como Florencia o Venecia”.


En su opinión, “las clases medias, en caso de independencia, las pasarían putísimas” pero explica el proceso porque tenemos “un plus de complejo de superioridad” y “pensamos que seríamos la sexta o séptima potencia del mundo”. Además “dice que ‘ho tornarem a fer’ pero luego quieren salir a la calle”.


Respecto a la escuela catalana, opina que “transmite una idea nacional de Cataluña” y que ha sido una de “las tres patas del proceso junto a los medios de comunicación y los funcionarios”. “Se ha llegado a decir que Cataluña fue la primera democracia de la historia”, continua. “No podemos permitirnos una TV3 que cueste 240 millones”, añade.


A su juicio, el proceso es una “cápsula impermeable” por la falta de espíritu crítico pero que “Cataluña sin España no sería competitiva”.                 (Entrevista al historiador y profesor Magí Aloguín i Pallach, e-notícies, 25/05/20)

16/10/17

Vicens Vives: los Decretos de Nueva Planta beneficiaron insospechadamente a Cataluña

"(...) Pierre Vilar dice que, con los Decretos de Nueva Planta, “lo que se suprimió fue lo que quedaba de un Estado medieval (y en este caso, el término Estado es discutible)” (Breve historia de Cataluña, página 91). 

Y Vicens Vives, sobre el mismo tema, y en una obrita seria, escrita para todos los españoles, dice que “el desescombro de privilegios y fueros benefició insospechadamente a Cataluña, no sólo porque obligó a los catalanes a mirar hacia el porvenir, sino porque les brindó las mismas posibilidades que a Castilla en el seno de la común monarquía” (Aproximación a la historia de España, páginas 131-132). 

Menos lobos, pues. La realidad fáctica histórica es que la Cataluña moderna y contemporánea se ha construido y crecido en el marco de la unidad de España y se ha beneficiado de esa unidad y de sus mercados, el colonial, y el peninsular.

 Todo español mínimamente informado, incluidos los catalanes, sabe que Cataluña se desarrolló industrialmente gracias, en muy fundamental medida, a los capitales repatriados de las colonias; a las políticas proteccionistas arrancadas al poder central español; a la alianza objetiva, en torno a los dominantes en Madrid, “del textil catalán, la ferretería vasca y los cerealistas castellanos” (Vicens Vives, Los catalanes del siglo XIX, página 67), y a la explotación —posiblemente la más desnuda y cruda de España en su historia moderna— de las capas trabajadoras que allí buscaban la supervivencia. 

En aquellos momentos, las élites dirigentes catalanas no tuvieron el menor empacho en recurrir a las fuerzas del orden público central o en impulsar la llegada de una dictadura con tal de defender sus propiedades y el sistema establecido. Menos agravios permanentes y menos victimismos eternos, pues, a estas alturas de la Historia. Aunque en lo cultural la realidad fuera otra muy distinta. (...)"                    ( , El País, 14/09/17) 

6/9/16

1714 puso las bases del crecimiento económico catalán en el siglo XVIII

"(...) Tres ejemplos se pueden seleccionar para ilustrar el contenido del libro y que revelan que la economía catalana se ha beneficiado de la relación con el resto de España en los últimos tres siglos, sin eludir que en momentos determinados haya habido tensiones que se han dramatizado en exceso:

 la reforma fiscal después de 1714 que puso las bases del crecimiento económico catalán en el siglo XVIII y que tanta envidia suscitó en Castilla, en donde se intentó aplicar sin éxito; 

la política comercial proteccionista del siglo XIX que favoreció a un grupo reducido de empresarios catalanes de la industria textil a costa de otros productores y de los consumidores españoles en su conjunto y que, como apuntó el economista decimonónico catalán Joaquín María Sanromá, hicieron su fortuna a base de “pucheritos”; 

y la política industrial de los años sesenta del siglo pasado que favoreció a Cataluña con el establecimiento en su territorio de empresas tan importantes como Seat. 

A la vista de estos tres ejemplos resulta difícil admitir la tesis del eslogan nacionalista repetido machaconamente en los últimos meses y que funde el mito y el marketing con gran pericia: Espanya ens roba. 

Por desgracia, el robo en su modalidad de corrupción política ha impregnado tanto a la Administración central como a la local, al igual que la represión franquista se repartió con cierta ecuanimidad en todo el territorio peninsular e insular. 

Un problema político como el de la corrupción afecta al ámbito económico porque algunos gobernantes se han empeñado en perfilar “instituciones extractivas” —empleando el lenguaje de Acemoglu y Robinson en su éxito de ventas Por qué fracasan los países— que obstaculizan el crecimiento económico.

(...)  en la actualidad el nacionalismo es una doctrina también muy rentable para los gobernantes, que manejan los mitos con gran destreza para sustentar sus reivindicaciones. Más de la mitad de los catalanes perciben que esta propaganda es engañosa o, por lo menos, tienen otros problemas más importantes en los que ocuparse, como llegar a final de mes.(...)"             (Luis Perdices de Blas, El País, 14/06/16)

5/4/16

La burguesía catalana se enriqueció gracias a la protección que le dispensó el Estado español; pero a medida que la brecha entre los ricos catalanes y el resto de España aumentaba, más desprecio sentían aquellos hacia ésta

"(...) Después del fin de la Guerra de los Segadores en 1652, el separatismo catalán desapareció y no resurgió hasta el siglo XX. Se me objetará que la Guerra de Sucesión de principios del XVIII fue también separatista: nada más falso.

 En ella Cataluña y los reinos de la Corona de Aragón lucharon contra Felipe V en defensa de los fueros, no para separarse de España, sino para imponer el fuerismo al resto del país. Lucharon, perdieron, y se produjo lo que los fueristas temían: los Decretos de Nueva Planta acabaron con los fueros aragoneses de un plumazo. 

Los aragoneses, y en especial los catalanes, fueron heroicos en su lucha, pero no muy inteligentes: vascos y navarros, que colaboraron con Felipe V, conservaron sus amados fueros.

Otra paradoja es que los fueros mantuvieron estancados a vascos y navarros, mientras que su abolición «benefició insospechadamente» a los catalanes, como escribió Vicens Vives. Cataluña creció económicamente durante el XVIII y se despegó del resto de España gracias a la libertad que le dieron la abolición de los fueros y el acceso irrestricto al mercado español y al americano. Además, la prohibición de importar tejidos de algodón dio alas a la industria textil.

Tras la interrupción de las guerras napoleónicas, Cataluña, protegida tras el arancel español, creó una poderosa industria textil para la que los mercados español y antillano constituyeron el destino casi exclusivo. Los tejidos ingleses, franceses y belgas eran mejores y más baratos, pero el Estado español los mantenía a raya con altísimos aranceles y la represión cada vez más eficaz del contrabando. 

Políticos e industriales catalanes constituyeron el lobby más poderoso en la política española y actuaron con notable unanimidad, anunciando el desorden y la revolución si los liberales rebajaban los aranceles. Políticos y empresarios textiles rogaron, amenazaron y organizaron nutridas manifestaciones durante todo el siglo XIX, y al cabo lograron su propósito: el mantenimiento de la protección a la industria textil.

El economista progresista catalán Laureano Figuerola, primer ministro de Hacienda de la Revolución de 1868, no sólo estableció la peseta como unidad monetaria, sino que introdujo un arancel un poco menos proteccionista que los anteriores; para sus paisanos se convirtió así en un traidor y un renegado. Nunca se lo perdonaron y el odio contra Figuerola se conserva aún entre los historiadores nacionalistas. 

El famoso (segundo) Memorial de Agravios (Greuges) que los círculos político-económicos catalanes presentaron a Alfonso XII en 1885 era principalmente una queja porque los aranceles no eran lo bastante altos.

La burguesía catalana se enriqueció gracias a la protección que le dispensó el Estado español; pero otra paradoja es que, a medida que la brecha entre los ricos catalanes y el resto de España aumentaba, más desprecio sentían aquellos hacia ésta, y más se esforzaban por subrayar sus diferencias culturales y lingüísticas. 

Vino así la llamada Renaixença, el renacer de la lengua y la cultura catalanas. Lo que al principio parecía un movimiento puramente cultural y literario, adquirió caracteres abiertamente políticos cuando llegó el desastre del 98 y se separaron Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

 Al perderse el mercado antillano, que tan pingües beneficios había rendido a los industriales del Principado, florecieron los partidos «regionalistas», que pronto se hicieron «nacionalistas». (...)"                  (Gabriel tortella, El Mundo, 21/03/16)

2/1/15

La Guerra de Sucesión consistió en la lucha entre las antiguas estructuras osificadas austracistas y un Estado moderno, el borbónico

"Es hegemónica en nuestros días la corriente historicista catalana sobre el siglo XVIII --guerra de Sucesión y absolutismo borbónico-- que representan aquellos historiadores que parten del axioma de que en 1714 perdieron los buenos catalanes, demócratas y modernizadores, frente a una España castellana retrógrada, uniformista y autoritaria. Simplificando: el bando austracista era el bueno y el borbónico era el malo; los catalanes que apoyaron a Felipe V fueron unos traidores (botiflers).

El rey borbón suprimió las Constituciones catalanas, no como represalia por la ruptura por parte de los catalanes del juramento de fidelidad al nuevo monarca en las Cortes de Cataluña de 1701, dicen, sino que el nieto de Luis XIV de Francia ya contaba desde el principio con acabar con el régimen federal y paccionado de la Corona de Aragón, por lo que tenía decidido incumplir sus compromisos de respetar las libertades catalanas, las costumbres y la lengua, y la guerra fue sólo una excusa para ejercer la represión.

 Las Constituciones de raíz medieval, aunque deterioradas, seguían siendo plenamente útiles y apropiadas para que Cataluña alcanzara la modernidad y el progreso económico, y la Casa de Austria las iba a seguir respetando, argumentan.

En cuanto a la recuperación económica que experimentó el Principat durante el siglo XVIII, en opinión de esta corriente de historiadores, no debe nada al reformismo de los ministros borbónicos, sino que se debía, única o principalmente, al esfuerzo y la iniciativa de los emprendedores catalanes.

 Si acaso, las reformas borbónicas fueron a remolque de la prosperidad catalana, cuyo despegue había empezado bajo el último rey de la Casa de Austria (Carlos II). 

Los hay quienes dudan incluso de que la decisión del borbón Carlos III de abrir los mercados americanos a los ciudadanos de la Corona de Aragón fuera tan significativa como se había creído para esa recuperación de la economía catalana que la situó a la vanguardia de España.

Esta visión filoaustracista de la historia de Cataluña es la que alimenta al nacionalismo catalán y, en particular, al soberanismo independentista de nuestros días. Ahí están los fastos del tricentenario y el enfoque del museo del Born. 

Aunque los autores son en muchos casos de izquierdas, coinciden en sus conclusiones e interpretaciones con políticos conservadores como Jordi Pujol y Enric Prat de la Riba, que las han utilizado como guías para su actuación política.

Pero no todos los historiadores de Cataluña lo ven exactamente así. Es el caso, entre otros, de Pierre Vilar, Carlos Martínez Shaw, Ricardo García Cárcel, Roberto Fernández y Manuel Peña Díaz. Martínez Shaw, historiador sevillano radicado durante muchos años en Catalunya (fue profesor en la Facultad de Historia de la UB, a cuyas clases asistí) parte de una metodología marxista heredada del gran historiador francés Pierre Vilar (Catalunya dins l'Espanya moderna).

Para el autor hispalense el absolutismo reformista de los borbones representaba una corriente racionalista y modernizadora dentro de la historia universal, que ayudó a progresar a una monarquía que los Austria habían dejado malparada. 

Y aunque sitúa en la propia sociedad catalana al principal protagonista de los avances y prosperidad del siglo, opina que el reformismo racionalizador desde Felipe V hasta Carlos III fue favorable en bastantes aspectos a los intereses de la sociedad catalana a pesar de la Nueva Planta.

El crecimiento de las fuerzas productivas y la creatividad cultural --pese a los intentos, constantes aunque finalmente fallidos, de castellanizar el país marginando la lengua catalana-- se logró pese a haber perdido la organización política tradicional de la Corona de Aragón, foral y democrática aunque estamental. Un sistema que, escribe Martínez Shaw, era menos idílico de lo que se ha dicho.

Tampoco cree que el pretendiente austríaco hubiera sido un monarca menos absoluto que Felipe V. No cree que Felipe V tuviera desde el principio la intención de acabar con el sistema político de la monarquía compuesta o federal de los Austria, sino que fue una venganza (en todo caso excesiva e irracional, porque había sido una guerra civil y no una guerra entre reinos) por la ruptura del juramento de fidelidad de las Cortes de Cataluña.

 Una ruptura que Martínez Shaw atribuye a los intereses de una parte de la burguesía comercial barcelonesa que deseaba eliminar la competencia francesa y aliarse políticamente con ingleses y holandeses, más proclives a sus intereses de libre comercio y a su visión geopolítica de España. 

Por el contrario, la opción borbónica era levantar una monarquía fuerte que garantizara mejor los mercados propios, asegurara en exclusiva los mercados coloniales y reforzara a la incipiente industria textil catalana. 

Años atrás Pierre Vilar había escrito que los organismos tradicionales de autogobierno destruidos por la Nueva Planta eran "a menudo decadentes, osificados, que no representan sino unas oligarquías atrasadas y tradicionales, no creadoras, y vinculadas a veces a puros privilegios de precedencia". Y en otro momento escribió:
 "Considerada desde una perspectiva amplia y lejana, la Guerra de Sucesión consistió de hecho en la lucha entre aquellas antiguas estructuras y un Estado moderno que pugnaba por implantarse". 

Para Vilar, el crecimiento económico catalán en el XVIII se debió a diversos factores: la expansión económica internacional, la recuperación económica autóctona iniciada a finales del XVI, la acción emprendedora de la sociedad catalana y también el reformismo absolutista, que no hay que confundir con el centralismo político."               (Carlos Pastor, Economía Digital, 17/12/2014)

28/2/14

Los españoles pagaron precios más elevados a los catalanes, por productos que podían haber traído de Inglaterra o de Francia

"(...) En su blog hacía referencia a cómo Cataluña se convirtió en "fábrica de España" gracias al proteccionismo económico y al mercado interior. ¿Se está sobrevalorando el peso de las exportaciones fuera de España?

Cataluña se empieza a hacer fuerte y a modernizar su economía gracias a las reformas que inicia Felipe V. Nacionaliza el sistema fiscal, permite a la Corona de Aragón el acceso al comercio con Las Indias, y además consigue que un mercado que tenía aproximadamente un millón y medio de personas se amplíe a siete millones al eliminar las fronteras entre territorios y los llamados puertos secos.

 Esto lo afirman los historiadores catalanes Jordi Nadal y Albert Carreras en Pautas regionales de la industrialización española (siglos XIX y XX). En el capítulo dedicado a la España mediterránea, en particular a la Corona de Aragón, leemos cosas como: "Una de las consecuencias del fin de la Guerra de Secesión fue la supresión de las aduanas entre Aragón y Castilla". Fue muy importante en ese tiempo.

 Y gracias a ese mercado interior, que se forja en el XVIII y que fue mejorándose en el XIX con el transporte, se consolida "La fábrica de España". Cataluña es el lugar de donde salen la gran mayoría de productos industriales que luego se utilizaban en el resto de España.

 Todo ello gracias a una protección arancelaria muy fuerte. Eso quiere decir que los españoles estaban pagando precios más elevados por productos que podían haber traído de Inglaterra o de Francia sin perjuicio de la calidad. (...)"          (Entrevista a Clemente Polo, Jordi Bernal, Crónica Global, Miércoles, 19 de febrero de 2014)

10/1/14

Y sí, la dictadura de Primo de Rivera se implantó con el apoyo de la burguesía catalana. De hecho, no sólo la dictadura sino el conjunto del régimen de la Restauración contó con ese apoyo

"(...) Te pido ahora, abusando de tu generosidad, un breve resumen por siglos: ¿el siglo XVIII fue un desastre para Catalunya tras las nuevas condiciones políticas?

Esta es una cuestión polémica. Sin ser un especialista en este período, como te decía, creo que la evolución de la economía catalana durante el XVIII no permite hablar de desastre alguno; más bien de todo lo contrario. 

A veces se ha atribuido el crecimiento económico de Cataluña en el XVIII (con el corolario de los inicios de la industrialización en el XIX) a los beneficios del catastro, introducido por los Borbones. No pocos historiadores han impugnado esta idea con la afirmación de que los cambios económicos y el “despegue” de la economía catalana del setecientos tienen sus raíces en las décadas finales del siglo XVII. No estoy en condiciones de decir quién tiene razón. 

Pero una cosa parece evidente: si la segunda interpretación fuese la correcta, lo que no se podría decir es que el nuevo modelo impuesto por los borbones propició que esos procesos que estaban en marcha se viesen interrumpidos.

 Quizás no podamos adjudicar al nuevo modelo político la responsabilidad del crecimiento económico, pero tampoco parece que se le puedan adjudicar efectos negativos en esta cuestión, salvo que aceptásemos el indemostrable contrafactual de que sin los cambios introducidos por la Nueva Planta el crecimiento económico hubiese sido aún mayor.  

¿Y el XIX? ¿Mejoraron las cosas? ¿Hubo intentos de separación, de independencia de Catalunya del resto del Estado?

Durante el XIX, Cataluña tiene una presencia constante en los asuntos españoles. Es imposible explicar la historia española de ese siglo (como la del XX) sin atender continuamente a los procesos económicos, políticos, sociales y culturales catalanes.

 A veces en forma de conflicto con el Estado, es cierto, pero otras muchas veces por la intensa y voluntaria participación catalana en los asuntos españoles y por la implicación del Estado en las dinámicas internas catalanas, y no precisamente para fomentar siempre la reacción sino más bien todo lo contrario.

 Pienso, en relación con esto último y a título de ejemplo, en las guerras carlistas o en algunas de las breves pero intensas experiencias de carácter democrático que se desarrollaron en España durante el ochocientos. 

Por supuesto, durante el XIX no hubo intentos de independizar Cataluña de España. Esa cuestión no estaba sobre la mesa, no fue nunca un tema central ni de la política española ni de la catalana.

 Eso no quiere decir que no hubiese posiciones contrarias al modelo de estado unitario y centralizado que impuso el liberalismo, pero en sus formulaciones más radicales, durante el siglo XIX, esa crítica se plasmó en la defensa de un estado federal (casi siempre vinculado con una República española). 

Y aunque los republicanos federales tuvieron sin duda su mayor fuerza en Cataluña y sus líderes más destacados –con Pi y Margall a la cabeza- eran catalanes, el republicanismo federal tuvo una importante presencia en otros muchos lugares de España.

Me sitúo en el XX. Unas preguntas básicas: ¿la dictadura de Primo de Rivera fue apoyada por la burguesía catalana o fue contraria a los intereses de Catalunya en su conjunto? 
 
Yo creo que hablar de los intereses de Cataluña (España, Alemania o Ruanda) en su conjunto no tiene mucho sentido. ¿Cuáles son los intereses de Cataluña? ¿los de sus clases dominantes o los de sus clases subalternas? Tengo para mí que los intereses de unas y otras son más bien incompatibles y, en casi todo, contradictorios.

 La dictadura de Primo de Rivera tuvo efectos claramente negativos para las clases trabajadoras y benefició sin duda a las clases propietarias. Luego tuvo efectos negativos para la cultura catalana, y para la lengua en primer lugar, por supuesto. Y sí, esa dictadura se implantó con el apoyo de la burguesía catalana. 

De hecho, no sólo la dictadura sino el conjunto del régimen de la Restauración contó con ese apoyo, lo que no quiere decir que en determinados momentos y en determinadas cuestiones los representantes de esa burguesía (significativamente, la Lliga Regionalista) no tuviese propuestas políticas y económicas que podían llevar al choque con las instituciones del Estado.

 Pero cuando las cosas se ponían duras en el plano del conflicto social (la crisis de 1917 o los años de la guerra de clases que tuvo lugar en Barcelona y que conocemos como los años del pistolerismo), el cierre de filas de la burguesía con el régimen era absoluto. 

Hasta el punto de que la deriva militarista de las políticas de orden público (que se remontan, como mínimo, a 1905, con los hechos del Cu Cut! y la Ley de Jurisdicciones aprobada el año siguiente) se alimentó claramente desde Barcelona, donde las autoridades militares y la patronal fueron forzando soluciones cada vez más duras contra la creciente movilización de la clase obrera.

 La huelga de La Canadiense, en 1919, es un buen ejemplo de cómo los sectores más duros del ejército y la policía en Cataluña pudieron contar con el apoyo de los prohombres de la patronal, incluyendo a significativos lligaires, para llevar a cabo una ofensiva contra las clases trabajadoras que incluyó tanto la violencia policial como la de bandas de pistoleros a sueldo como un durísimo lock out patronal que buscaba quebrar la resistencia obrera.

 El apoyo de la burguesía catalana al golpe de Primo de Rivera no fue sino la culminación “lógica” de lo que venía ocurriendo desde unos años antes. Dicho lo cual, hay que recordar que las causas de la Dictadura fueron complejas, iban más allá de las cuestiones de orden público y no se entenderían sin incorporar al análisis a otros actores sociales, políticos y militares de fuera de Cataluña. (...)"            (Entrevista a Francisco Morente, Salvador López Arnal, El Viejo Topo, Rebelión, 26/12/2013)

27/12/13

El decreto de Nueva Planta "echó por la borda del pasado el anquilosado régimen de privilegios y fueros de la Corona de Aragón"

"(...). Los borbones llegan a España. Y, según afirma Feliu de la Peña refiriéndose a Cataluña, "consiguió la Provincia cuanto había pedido" y las constituciones de la época "fueron las más favorables que había conseguido la Provincia". 

Se recopilan las Constitucions i altres drets, Barcelona alcanza el estatuto de puerto franco autorizado a comerciar con América y se implementan exenciones fiscales. 

Una época de recuperación que topa con la Guerra de Sucesión al trono de España: la coalición antiborbónica bloquea el Mediterráneo y ahoga el tráfico comercial con lo que ello supone para Cataluña.

 Es entonces cuando los diputados catalanes, después de negociar con la coalición antiborbónica, cambian Cataluña de bando. ¿Una guerra nacional? ¿Una guerra de Cataluña contra la imposición castellana de un Rey extranjero? Dejando a un lado que los dos reyes eran extranjeros, resulta plausible que estamos ante un conflicto -de consecuencias personalmente dramáticas- originado por la infidelidad de la oligarquía local. 

El bando de Rafael Casanova llamando a defender la ciudad de Barcelona habla de "derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España".

10. El decreto de Nueva Planta, en palabras de Jaume Vicens Vives, "echó por la borda del pasado el anquilosado régimen de privilegios y fueros de la Corona de Aragón.

 Este desescombro benefició insospechadamente a Cataluña, no solo porque obligó a los catalanes a mirar hacia el porvenir y los libró de las paralizadoras trabas de un mecanismo legislativo inactual, sino porque les brindó las mismas posibilidades que a Castilla en el seno de la común monarquía". (...)"         (Miquel Porta Perales, Crónica Global, Jueves, 12 de diciembre de 2013)