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25/11/20

La decadencia puede llevar a Barcelona a ser “la Birmingham” de España. Barcelona fue el centro económico de España bajo el franquismo con una descentralización del poder inexistente. En el momento en el que se constituyó el Estado de las autonomías, ha sido la Comunidad de Madrid la más beneficiada

 "España ha logrado algo que otros países de su entorno han sido incapaces de sostener: dos grandes áreas económicas que mueven el país, Madrid y Barcelona y su área metropolitana, que es casi como decir Cataluña. No ocurre en Francia, ni en el Reino Unido, con grandes capitales como Londres y París que lo copan todo. Pero esa realidad puede ser diferente en los próximos años. 

Si Barcelona arrancaba en la Transición como el gran motor económico de España, ahora una suave decadencia, pero continua, la podría llevar a ser la “Birmingham” de España, en alusión a la tercera ciudad del Reino Unido. Es la visión del economista Andrés Rodríguez-Pose, profesor de la London School of Economics que, junto con Daniel Hardy, ha elaborado un amplio trabajo sobre la evolución de los dos grandes centros económicos de España.

La explicación de por qué Barcelona ha sido superada por Madrid sigue creando un gran malestar en la élite política y económica de Cataluña. En gran medida, el inicio del proceso soberanista, en 2012, se quiso justificar, por una parte de esa élite, como una reacción para recuperar el pulso económico. Pero ha habido otros muchos factores. Rodríguez Pose lo ha señalado en un acto organizado por la Societat d'Amics del País, conducido por el economista Martí Parellada.

Efecto capitalidad, pero no sólo eso

La idea central de Rodríguez Pose es que la falta de una clase política y económica más homogénea, a diferencia de la catalana, en los años 70 y 80 provocó un clima propicio en Madrid para el dinamismo económico posterior. El hecho de que “grupos distintos tuvieran que conectar con otros, sin que ninguno tuviera la hegemonía” permitió ese salto adelante, que llegaría a partir de los años 90.

 El profesor de la London School of Economics no esconde que Madrid “se ha beneficiado del efecto capitalidad”, y que eso nadie lo puede poner en duda, pero Barcelona partía con una clara ventaja, justo después de los Juegos Olímpicos de 1992, para ser la gran referencia económica de España. “Hubo diversas cuestiones, y es que esas clases económicas, más coordinadas, que eran una ventaja a principios de los 80, lo dejaron de ser, porque se cerró el paso a muchos otros”. El problema se estableció entre “los de dentro y los de fuera”, con una clase política --nacionalista-- que “cooptó” a la clase económica y cultural, algo que ocurrió también en Quebec, en Canadá, un caso que sirve para entender la situación en Cataluña.

“Hubo costes de entrada, y costes de transición, y el aumento de rentas se buscó con un acercamiento al poder”, señala el economista, que indica que, pese a todo, “a Barcelona no le ha ido nada mal, el problema es el potencial que tenía y cómo podría haber avanzado”. Eso le lleva a Rodríguez Pose a afirmar que Barcelona “pudo ser la Milán de España y puede derivar en la Birmingham del país, aunque no tenga nada contra esa ciudad porque, de hecho, allí estudia mi hijo”.

¿Dónde está el capital humano?

Pero el sentido fue claro. La dinámica de la economía mundial, al margen de la situación actual provocada por la pandemia, lleva a la concentración del poder económico en unas pocas capitales. En el Reino Unido es Londres, que ha arrasado con el resto de ciudades británicas, que quedan a mucha distancia. Sólo Londres concentra el 30% del PIB británico, mientras que en España la Comunidad de Madrid ha alcanzado el 19,2%, un poco superior al 19% de Cataluña.

Lo que falta es “capital humano, inversión en innovación y no tantas infraestructuras”, ha señalado Rodríguez Pose, que lo ha asegurado con convicción, a modo casi de provocación: “el corredor mediterráneo no es necesario, en España se concentran las mejores infraestructuras del mundo, pero se ha descuidado la innovación, la formación a jóvenes que dejaban de estudiar tras la secundaria, y con una muy poca capacidad de innovación empresarial”. Ese es el talón de Aquiles del conjunto de España, que afecta también a los dos grandes núcleos económicos, Madrid y Barcelona.

"Osificación" también en Madrid

Hay una cuestión política, sí, y también puramente económica, de concentración de capital y de inversiones. Madrid es el centro de las inversiones directas del extranjero en España, con un porcentaje humillante para el resto, hasta el 62%, por el 16% de Cataluña. Pero será necesario algo más. Para este economista, Madrid ha concentrado sectores económicos, como el financiero o el mundo de los seguros, “con poca capacidad de innovación”, incidiendo, por ejemplo, en que las fintech no están en Madrid. El problema es también la "osificación" de las elites madrileñas.

La cuestión es que es el futuro de España el que está en juego. “Si en los 80 y 90 España fue un modelo, ahora y en función de cómo reaccione, puede aparecer como un enfermo de Europa, porque es incapaz de transformar todo su potencial en un gran dinamismo”.

Los problemas internos catalanes

El reto es que tanto Madrid como Barcelona sepan tirar del carro y conseguir otros polos económicos en España, siguiendo el modelo de Alemania. Pero Rodríguez Pose no es partidario de hacerlo casi por decreto, o con una redistribución del poder que ahora se concentra en la capital española, como defiende el IVIE, el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. “Si se hace, si se llevan organismos o agencias estatales a otros puntos de España que se diga que es por criterios políticos, pero no económicos, porque éstos tendrían un efecto muy menor”.

La lección de todos estos años, desde la Transición, resulta una gran paradoja. Barcelona fue el centro económico de España bajo el franquismo con una descentralización del poder inexistente. En el momento en el que se constituyó el Estado de las autonomías, ha sido la Comunidad de Madrid la más beneficiada, al reunir una serie de características propias, y sin olvidar el llamado efecto capitalidad. 

En Barcelona, y por ende en Cataluña, las relaciones de poder, con el nacionalismo y las pugnas de poder internas y administrativas --problemas de Fira de Barcelona, dando pie a Ifema en Madrid, diferencias para diseñar el recorrido del AVE, entre muchas otras-- han conducido a una cierta parálisis. Se mantiene el 19% del PIB, mientras Madrid ha pasado en todos esos años, del 14% al 19%, pero la cuestión es el potencial que se ha perdido. Para Rodríguez Pose, mayúsculo.  "        (Manel Manchón, Crónica Global, 29/10/20)

3/7/19

Quebec: “Si la amenaza de la separación marcó la huida del capital, las nuevas ordenanzas lingüísticas invitaron a muchas familias anglófonas, 'quebeckers', de varias generaciones, al exilio. Puede que más de medio millón de 'montrealers' hayan salido de Montreal en los últimos cuarenta años”

"Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC, debe ser una gran patriota catalana. De esa clase de patriotas que estarían dispuestas a lograr la independencia de Cataluña aunque fuera para “plantar berzas”, en histórica y feliz expresión del fallecido Xabier Arzalluz pronunciada en 1987 como metáfora de lo que una secesión de Euskadi conllevaría para los vascos en términos de prosperidad y bienestar. 

Pues bien, la responsable de la entidad soberanista ha lanzado la consigna del “consumo estratégico”, que no es otra cosa que un boicot a las marcas comerciales que no parecen comulgar con la culminación del proceso secesionista. La iniciativa, siempre en esos estándares de eufemismo que utilizan los secesionistas, se formula en positivo: invita a consumir bienes y servicios de las empresas afectas a la causa de la 'non nata' república catalana.

Las lecturas en prensa de semejante iniciativa —un tiro en el pie de la economía de Cataluña— me han coincidido con la de ‘Canadiana’, un libro de viajes y vivencias de Juan Claudio de Ramón, diplomático español, reflejo de su estancia de cuatro años como consejero de la embajada de España en Ottawa (Canadá). La obra se subtitula ‘Viaje al país de las segundas oportunidades’ y, por pedagogía y amenidad, es muy recomendable.

 Lo es en su conjunto, pero, desde la perspectiva de los problemas políticos de España, resultan especialmente ilustrativas las páginas 120 y siguientes, en las que autor narra un desplazamiento a Montreal, capital de la provincia de Quebec, que hay que conectar con el “epílogo para españoles” que incluye unas anotaciones sobre la similitud y diferencia entre el fenómeno separatista en Cataluña y en Quebec.

Debería leerlo Elisenda Paluzie si es que los argumentos materiales y no solo los emocionales —que derivan a seguramente ilegales, como ese boicot que propugna a través de la iniciativa del “consumo estratégico”— hicieran alguna mella en su determinación autodestructiva de la economía catalana. Porque Juan Claudio de Ramón constata que “la marea soberanista se retira en Quebec” pero no sin antes haber causado daños extraordinarios. 

 Dice: “Como Barcelona para el nacionalismo catalán, la capital económica y cultural de Quebec es demasiado grande, demasiado híbrida, demasiado compleja y cosmopolita para no ser refractaria al empequeñecimiento cultural que las empresas nacionalistas comportan”, lo que explicaría muy bien los resultados de las últimas elecciones municipales en la Ciudad Condal y el previsible fracaso del boicot que la ANC ha puesto en marcha, al menos en la capital de Cataluña.

El mensaje económico-empresarial que ha dejado el independentismo en Quebec se describe en ‘Canadiana’ (editorial Debate) con contundencia: “Tras la victoria del PQ en 1976, bancos, aseguradoras y otras compañías que no estaban para independencias, trasladaron su sede financiera a Toronto, en mitad de una tormenta de acritud que en cuatro décadas no ha amainado por completo”. Nuestro diplomático apunta a un fenómeno más grave —o tanto— como el económico: el social. 

Lo formula así: “Si la amenaza de la separación marcó la huida del capital, las nuevas ordenanzas lingüísticas invitaron a muchas familias anglófonas, ‘quebeckers’, de varias generaciones, al exilio. Puede que más de medio millón de ‘montrealers’ hayan salido de Montreal en los últimos cuarenta años”. De tal manera que “cada vez que el soberanismo gana o repunta en las encuestas, los precios de la vivienda en Toronto suben”.

Pero parece que los separatistas de Quebec han aprendido: “Las brasas de la revolución tranquila y su legado de cosas buenas no tienen aspecto de volver a llamear. La sociedad quebequesa no quiere más cataclismos emocionales, que es lo que son los referéndums de independencia en sociedades democráticas. 

Ninguna sociedad se merece pasar por el trauma de escoger qué personas, de entre sus amigos y familiares, pasarán a ser extranjeros y cuáles quieren conservar como ciudadanos. Es dudoso que Quebec vuelva a ponerse en tan penoso trance una tercera vez”.

La sociedad quebequesa no quiere más cataclismos emocionales, que es lo que son los referéndums de independencia
 
Los afanes independentistas catalanes, tan autodestructivos, no son muy diferentes a otros precedentes en latitudes distintas y con condiciones relativamente homogéneas. También de Cataluña se han trasladado las sedes de más de 4.000 empresas; también Barcelona está perdiendo terreno respecto de Madrid; también en la capital de Cataluña hay advertencias sobre el disparate que comete el independentismo, formuladas desde la patronal y desde instancias empresariales (Sánchez Llibre o Juan José Brugera), igualmente desde tierras catalanas se dan fisuras y quiebras sociales nunca antes vistas ni oídas.

 Para saber adónde conduce todo este esfuerzo emotivo, visceral, ajeno a la realidad, no hay nada que imaginar. Basta con comprobar lo que ha ocurrido en Quebec tal y como lo cuenta, con un grado de serenidad y rigor excepcionales, Juan Claudio de Ramón. Que sería un buen guía para pasear por Montreal a la insensata Elisenda Paluzie.

Si ella y nosotros cerrásemos los ojos y leyéramos este párrafo sobre Montreal, quizá pensásemos que se refiere a Barcelona: “Hoy es una ciudad de rango medio, bella, divertida, pero no la gran urbe global que podría haber sido. Una gran ciudad, insisto, de amplios bulevares, buen comercio y una gama sugestiva de restaurantes. Aunque no exactamente lo que uno se imagina”. (...)"                (José Antonio Zarzalejos, El Confidencial, 27/06/19)

7/12/15

¿El futuro de Cataluña tras el prusés? Se puede mirar a lo que pasó en Quebec

"En 1980 y en 1995 se celebraron sendos referenda de secesión en Quebec. Y saben: el neveréndum se repite hasta que salga lo que quiere el nacionalismo. 

Entre 1978 y 1981 (con el anuncio del primero de los referendos), 30 de las mayores empresas canadienses huyeron de Quebec y unos 100.000 de sus ciudadanos jóvenes se fueron a vivir a otras provincias.

En 2007 ya se podían extraer conclusiones del prusés de secesión de Quebec con respecto a Canadá: “Quebec se desempeña peor en crecimiento demográfico, desarrollo económico y creación de empleo. Esta situación se produce desde los últimos 25 años”, decía el MEI.
  • Crecimiento: Quebec crece menos que el resto de Canadá. En consecuencia, el peso de Quebec sobre el PIB de Canadá era del 20,5% en 1981. En 2014 es ya sólo el 18,8%. Cada 9 años el Quebec pierde 1 punto de peso en la economía canadiense.
  • Demografía: en 25 años la población menor de 15 años descendió un 12% en Quebec, pero aumentó un 7% en el resto de Canadá. Quebec pierde población, y su envejecimiento sucede mucho más rápidamente que en el resto del país. Como muchos de los costes de los servicios públicos son fijos, Quebec sufrirá para mantener la misma calidad de prestaciones que el resto de Canadá.
  •  Empleo: entre 1981 y 2006 Quebec representaba el 24% de la población de Quebec, pero sólo creó el 19% de los empleos de Canadá. El desempleo en Quebec es del 8%, cuando en el total de Canadá es el 6,8%. Además los empleados quebequeses pierden salario: entre 1991 y 1995 sus ingresos medios eran el 98% del global canadiense; entre 1996 y 2006 bajó a sólo el 94%.
¿Conclusión? “A pesar de la presencia de sectores de alto crecimiento y una mejora real de la calidad de vida, el desempeño económico de Quebec se ha ido quedando peligrosamente atrás del del resto de Canadá en los últimos 25 años. (…) 

El decepcionante desempeño económico de Quebec señala la posibilidad de dificultades cada vez más serias en cada sector y en cada región”. De hecho la capitalidad económica del país, que tradicionalmente ostentaba Montreal, pasó a Toronto. 

En 1976, ambas ciudades tenían más o menos el mismo número de habitantes en sus áreas metropolitanas (unos 2,8 millones). Desde entonces, la población de Toronto se ha doblado hasta los 5,6 millones de habitantes mientras que la de su rival apenas crecía un 30%, hasta los 3,7 millones. Y ya nadie duda de cuál es el centro financiero y de negocios principal de Canadá.

En Cataluña ya está pasando. Por ejemplo, salen -385 empresas de Cataluña y entran +556 en Madrid. Desde hace 2 años les venimos contando el proceso de abrasión económica que ha desencadenado el nacionalismo; ahora también lo reconoce hasta la portada del 20N de La Vanguardia:


Pues eso: como dice SCC, el nacionalismo es una máquina de expulsar empresas de nuestra tierra. Es lo que suele pasar con los idólatras, que se acaban cargando a su ídolillo. Gràcies, president Mas.

Dolça i estimbada Catalunya…"                        (Dolça Catalunya, 23/11/15)

21/9/15

La banca abandonó Quebec solo por la amenaza de la secesión

"La banca española ha advertido de que podría abandonar Cataluña en caso de secesión. Y hay precedentes en otros países en que no ya la secesión, sino solo la mera amenaza de que se produjera llevaron a los bancos a abandonar un territorio. Es el caso de uno de los espejos del soberanismo catalán, el Quebec.

Según recordaba Financial Times hace un año , en vísperas del referéndum independentista en Escocia, los principales bancos canadienses trasladaron sus sedes de Montreal , la capital de Quebec, a Toronto tras la victoria del independentista Partido Quebequés en las elecciones regionales de 1976.

Cuatro años después de esa victoria nacionalista se celebró el primer referéndum sobre la independencia del Quebec, en el que ganó claramente el 'no'. No obstante, los bancos que se trasladaron a Toronto ya no volvieron, y en 1980 "solo una de las ocho mayores entidades financieras de Canadá tenia aun su sede central y era dirigida desde Montreal", según explicaba Financial Times.

El diario británico recordaba que incluso el emblemático Banco de Montreal (BMO) tiene hoy en día, de facto, su cuartel general en el centro financiero de Toronto, y no en la ciudad que le da nombre y donde está registrado nominalmente."             (Crónica Global, 19/09/2015)

24/9/14

Efectos económicos del referéndum de independencia quebequés

"(...) en el referéndum de independencia quebequés de octubre de 1995, a menos de tres semanas del día de la votación, las encuestas no daban como claro vencedor ni al sí ni al no —aunque finalmente se impuso el no por un margen algo superior al 1%.

 Las empresas con sede en Quebec continuaron siendo canadienses al vencer el no, pero el “aquí no ha pasado nada” queda muy lejos de lo que efectivamente sucedió en los mercados, como muy bien nos cuentan Beaulieu, Cosset y Essaddam en su artículo publicado en The Canadian Journal of Economics.

Los autores investigan el efecto que el referéndum tuvo en el corto plazo sobre los rendimientos de las acciones de las empresas con sede en Quebec. El estudio es particularmente interesante porque dispone de datos microeconómicos, lo que permite extraer conclusiones sobre los efectos de la exposición al riesgo político¹ dependiendo de las características de las empresas.

El período para el cual se recolectan los datos va desde enero de 1990 hasta diciembre de 1996. Primero, los autores preparan una muestra de empresas con sede en Quebec de las que tienen todos los datos que necesitan: 71 en total, registradas en la Bolsa de Toronto y/o en la de Montreal. Después las dividen utilizando dos criterios que miden su grado de exposición al riesgo político.

 El primer criterio es las “opciones de crecimiento”, esto es, los activos de una empresa que no son excesivamente costosos de trasladar geográficamente. Por ejemplo, una empresa dedicada a la fundición de aluminio tiene menores opciones de crecimiento y está más expuesta al riesgo político que una farmacéutica, cuyas principales actividades están relacionadas con el I+D. El segundo criterio es la internacionalización, medida como el número de países (sin incluir Canadá) en el que las empresas tienen filiales.(...)

 Los resultados cualitativos no varían dependiendo del método econométrico utilizado, y son claros:
  1. En lo referente a las empresas con sede principal en Quebec, el resultado afectó a los rendimientos de sus acciones de forma positiva y estadísticamente significativa. Así, la no secesión puede ser interpretada como buenas noticias para los mercados financieros, que ya castigaron a las empresas con anterioridad haciendo que sus rendimientos bajaran. Como era de esperar, el impacto es menos importante para empresas más internacionalizadas, pero no se encuentran diferencias dependiendo de las opciones de crecimiento.

  2. Respecto a las empresas canadienses fuera de Quebec, el resultado afectó a los rendimientos de sus acciones de forma positiva y estadísticamente significativa. Al igual que en el caso anterior, las empresas habían sido castigadas anteriormente y la no secesión significó buenas noticias también para ellas. En este caso, se cumple que las empresas más internacionalizadas se vieron menos afectadas, pero también encontramos diferencias dependiendo de las opciones de crecimiento. Estos resultados parecen apoyar la idea de que los inversores parecían considerar que la independencia de Quebec podría haber afectado al resto de empresas canadienses mediante movimientos de capitales, reducciones de la inversión, menores niveles de empleo o mayores tipos de interés.

    (...)  En pocas palabras, los mercados castigaron a las empresas canadienses que cotizaban en Bolsa, tanto a las quebequesas como al resto, debido al clima de incertidumbre política. Cuando esta incertidumbre se resolvió, el castigo terminó y los rendimientos de las acciones volvieron a subir. 

    Esto es un ejemplo de que los mercados son implacables y reaccionan protegiendo sus intereses, no los intereses de determinados grupos políticos. Si por algún motivo un territorio desea alcanzar la independencia, que a mí personalmente no me parece ni bien ni mal, los implicados deben tener en mente los posibles costes que esto genera y decidir si quieren asumirlos o no."            (Politikon, 17 sep, 2014 -