"¿Es políticamente defendible el nacionalismo? ¿No es
una ideología que defiende la ciudadanía como algo mediado por la
pertenencia a un ente cultural una visión intrínsecamente en
contradicción con la igualdad republicana? ¿Debemos aceptar el
reconocimiento étnico y cultural como parte de la legalidad?
Un argumento estándar que defiende que sí, que es
posible compatibilizar la idea liberal de igualdad y el nacionalismo es
el de Will Kymlicka. Según el filósofo multiculturalista
canadiense, todas las comunidades políticas funcionan basadas en
comunidades culturales.
Sin embargo, hay muchos grupos que no encajan en
este proyecto, que por pertenecer a una minoría sufren discriminación.
Esto justificaría tener políticas de tipo multicultural- protección de
las minorías para las etnias minoritarias, estructuras de autogobierno-
algo que no sería una limitación del igualitarismo, sino su complemento
natural. (...)
Un dato que a menudo se ignora en el debate es que Cataluña es una sociedad internamente dividida.
A menudo se habla del conflicto entre España y Cataluña como si se
tratara de entes homogéneos, pero tanto España como Cataluña son sociedades internamente diversas en su actitud respecto al nacionalismo y la descentralización, y en muchas otras cosas.
Como indica a menudo Roger
Cataluña ha tenido dos bloques políticos relativamente estables que
forma alrededor de un 40% de la población, con un 20% que cae en uno u
otro grupo según lo que midamos. Esto se ve en el reparto de escaños
entre partidos nacionalistas y no nacionalistas, y en la lengua.
Como ha
explicado recientemente Kiko Llaneras,
el bloque catalanista es en media más educado, más rico, y de clase más
alta. A pesar de que ambos bloques son de un tamaño similar, el bloque
nacionalista ha dominado la política y la sociedad catalana
prácticamente durante todo el periodo democrático.
Incluso durante el
corto periodo de gobiernos de izquierda, el PSC tuvo que gobernar con el
apoyo de ERC. Esto no es accidental: como explicaba un notable intelectual secesionista en este blog, la hegemonía catalanista es una consecuencia directa del sistema electoral y de sus sesgo rural.
Uno puede pensar que este reparto del poder consagra
el monopolio de la influencia política de una oligarquía nacionalista,
la cuál ha controlado el establishment económico y político de Cataluña
dejando infrarrepresentados los intereses de las clases populares. Pero
desde una visión liberal que deje en una posición secundaria los antagonismos de clase,
como la de Kymlicka, esto podría racionalizarse.
El autogobierno
garantizaría la defensa política de una minoría (los catalano parlantes
educados), y sería una forma de proteger sus intereses y recursos frente
a la opresión de un conjunto más amplio, España, en el que son
minoritarios y susceptibles de ser explotados por los votantes de
regiones más pobres.
Aunque uno puede no compartirla (yo no lo hago), la
lógica de Kymlicka es interesante porque acomoda en un marco liberal una
legitimación de la cuota de autogobierno de Cataluña. Lo interesante es
éste argumento se puede extender en una dirección que no suele ser
explorada.
Si los catalano parlantes son una minoría (política) dentro
de España, parece razonable pensar que, a la luz de los últimos 40 años
de historia, los hispano-hablantes son una minoría política en la política Catalana, como explica hoy Jorge Galindo, que ha tenido comparativamente poco poder de influencia sobre la misma. (...)
Uno podría entender, en efecto, que la pertenencia de
Cataluña a España ya garantiza de por sí una suficiente representación
de los hispano hablantes. Mediante la ciudadanía dual, es posible
acomodar el reconocimiento de ambas minorías.
Sin embargo, este
argumento tiene como corolario que un aumento del
autogobierno aumentará el poder de influencia de la élite catalano
parlante en la organización de Cataluña, y al aumentar ésta repercutirá
en la representación de la minoría hispano parlante.
Todo apunta a que tanto si Cataluña permanece en en
Estado español como si no, la salida de la crisis conllevará mayor
autogobierno. E históricamente, el autogobierno se ha traducido en una
consolidación de la agenda política de la mitad catalano parlante de
Cataluña.
Siguiendo el argumento de Kymlicka, esto sugeriría que el
mismo tipo de política de representación de las minorías que están
justificadas en el conjunto del Estado podrían aplicarse dentro de
Cataluña. (...)
En mi opinión, la representación de los hispanohablantes en Cataluña debería estar en el centro de las negociaciones
de la salida de crisis. Cualquier aumento del autogobierno debe ir
acoplado con un reequilibrio de poder en la política catalana.
Existen
muchas fórmulas en la experiencia internacional para resolver esto:
desde una reforma electoral que reequilibre el sesgo rural en favor de los distritos con mayor porción de voto no nacionalista; sistemas de cuotas
en la representación parlamentaria, o una reforma del sistema de
autogobierno para asegurar a los partidos no nacionalistas mecanismos de
veto sobre temas clave.
La idea es simple: para ciertos temas, los dos
bloques políticos en Cataluña deben ponerse de acuerdo.
La forma específica de esto es algo de lo que gente como mi amigo Pablo Simón,
que se dedican al diseño de sistemas de representación, puede decir más
y mejores cosas que yo. Lo que me interesa subrayar aquí es que la
corrección de esta desigualdad política debería estar en la agenda tanto si Cataluña sigue en España, como si pasa a ser independiente.
Esto es una consecuencia directa de la idea del autogobierno como mecanismo de protección de las minorías etnolingüisticas que defienden los liberales de ambos lados ." (Luis Abenza, Politikon, 06/10/17)
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