"Se habla recurrentemente de una vertiente étnica del conflicto político
catalán, normalmente evaluando etnicidad mediante la fonética de los
apellidos. Dada la envenenada situación política parece útil mirar
atentamente a los datos y discernir cuánto de verdad hay en ello.
A tal
fin creemos conveniente referirnos a un reciente artículo de
investigación[1]
en el que desarrollamos una metodología de uso de apellidos para medir
la evolución de la movilidad social intergeneracional (la probabilidad
que un hijo de pobres acabe rico y viceversa), teniendo en cuenta
aspectos étnicos y socioeconómicos. Todo ello con datos catalanes. (...)
Si supiéramos los grados de parentesco entre los
miembros de una población sería fácil determinar el nivel de movilidad.
Desconocemos esos parentescos, pero conocemos sus apellidos.
No es que tener un apellido en concreto te haga rico o
pobre, pero el apellido se hereda junto con otras características
familiares que sí son realmente importantes para el futuro bienestar de
los hijos, como puedan ser los genes, la riqueza, el nivel educativo, la
etnicidad o el patrimonio cultural de los padres.
En el artículo
demostramos que la distribución de apellidos de una población establece
una partición que es informativa sobre el grado de parentesco,
estableciendo una relación directa entre el contenido informativo de los
apellidos (cuánto más parecida es la educación y/o renta de las
personas que comparten apellido versus el de gente escogida al azar) con
el nivel de movilidad intergeneracional: a menos movilidad, más informa
un apellido de las características de quien lo posee. (...)
Saber el apellido de una persona informa más (mucho más) de la educación
de un joven que de la educación de un viejo (relativamente a sus
respectivas cohortes). Esto es porque las cosas heredables son más
importantes para la determinación de la renta de los jóvenes que de los
viejos. La movilidad social ha caído de forma secular en Cataluña. (...)
Hasta ahora no hemos dicho porqué la movilidad ha bajado, sólo hemos
dicho que lo ha hecho, y en general es algo muy difícil de dilucidar.
Sin embargo, la convención española de apellidos (esa idea maravillosa
de mantener el de papá y el de mamá para toda la vida) nos permite
observar un evento capaz de explicar todo lo anterior. (...)
Primero tenemos que notar que una de las cosas que pueden hacer
disminuir la movilidad intergeneracional es un aumento del
emparejamiento selectivo. (...)
Encontramos que a lo largo del siglo XX en Cataluña los
individuos se casan cada vez más selectivamente tanto en términos
educativos (las universitarias se casan más con los universitarios),
como en términos de origen regional (las de origen catalán se casan más
con los de origen catalán).
Por lo tanto, el descenso de la
movilidad intergeneracional que encontramos se debe muy posiblemente al
susodicho aumento en el emparejamiento selectivo: hay más que heredar. (...)
A la luz de lo visto parece concluyente que en
Cataluña hay una sustancial heterogeneidad etnolingüística que se
traduce en diferencias estadísticas en educación (y probablemente renta)
que han aumentado a través del tiempo.
Muy probablemente al menos en
parte esto sea consecuencia de un aumento secular en el emparejamiento
selectivo tanto en la dimensión socioeconómica (los ricos con los
ricos), como en la dimensión étnica (los más catalanes con las más
catalanas). Al menos hasta donde nos llegan los datos.
De hecho si hay algo que caracteriza la morfología social catalana es precisamente esta heterogeneidad.
Dado cómo está el patio, y aunque nuestra
investigación publicada no lo estudie directamente, parece interesante
preguntarse si esta asimetría cultural y económica tiene una
manifestación política en Cataluña.
Obviamente, es un tema desagradable del que nadie
quiere hablar... y sin embargo un repaso superficial tanto a la
distribución de apellidos de los miembros destacados de las distintas
corrientes políticas como a la /geografía de la distribución del voto
parecen enormemente sugerente de que tal puede ser el caso.
Nosotros no
podemos entrar en detalle en el tema (para eso deberíamos ver cómo la
componente étnica afecta diferencialmente de la de educación al
comportamiento electoral), pero podemos mirar a un aspecto sorprendente
de la estructura política catalana que probablemente no es independiente
del devenir político.
En un extraordinario libro[6],
imprescindible para entender siquiera un poquito la aparentemente
surreal política catalana, el politólogo de Cambridge Thomas Jeffrey
Miley comparaba hace unos diez años los parámetros socio-económicos y
culturales de las élites catalanas con los de la población en general,
encontrando un aterrador abismo.
Las élites son muy parecidas a lo que
él llama la “comunidad etnolingüística” catalano-parlante y en absoluto
se parecen a la castellano-parlante.
Usando nuestra metodología atestiguamos que esto no
ha cambiado. El índice de catalanidad medio de los apellidos de todos
los catalanes es 0.37.
Si lo comparamos con el de los miembros del
Govern (0.59), los altos cargos de la Generalitat (0.59), los miembros
del CATN[7]
o todos los miembros del parlamento (0.55), resulta evidente que en un
sentido estadístico las élites son mucho más “catalanas” que la
población de Cataluña. Ni de lejos la representan. Es el mismo resultado
que Miley: en términos políticos sólo existe un grupo cultural en
Cataluña. (...)
Así, la evidencia indica que en Cataluña coexisten (i) profundas y
crecientes divisiones socioeconómicas asociadas a la diversidad
etnolingüística, y (ii) estructuras políticas que, por el motivo que
fuere, resultan en una masiva sobre-representación del grupo social
dominante." (Maia Güell y Sevi Rodríguez-Mora , Nada es gratis, 22/09/15)

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