19/7/17

Una carta de Pau Llonch a Alberto Garzón,,, o las ensoñaciones de la izquierda secesionista catalana: no debemos permitir que el pueblo español (el más pobre) oprima al pueblo catalán (el más rico)

"(...) Pau Llonch -se presenta como miembro del seminario de Economía Crítica Taifa y militante de las PAH y la CUP- ha escrito, dice, una carta abierta al “apreciado Alberto Garzón” que inicia con una cita de Marx: “El pueblo que oprime a otro no puede ser libre”.

 ¿Qué debemos inferir de la cita? Probablemente una advertencia: si somos marxistas, no debemos permitir que el pueblo español oprima al pueblo catalán. La sugerencia, si no está errada, es casi un insulto: el pueblo español o los otros pueblos españoles jamás han oprimido al pueblo catalán (la dicotomía pueblo catalán-pueblo español es profundamente secesionista, es su lenguaje usual). 

Para eso, para oprimir y explotar al pueblo catalán, se han bastado el fascismo y la propia burguesía catalana que anda desde hace siglos montada en el dólar, en el euro y en lo que haga falta y en la explotación de gentes como nuestros padres en el pasado y como nuestros hijos o sobrinas en el presente. Nosotras somos dos viejitas jubiladas que vivimos muy tensas -o tensionadas como se dice ahora- y contamos muy poco. 

Escribe Llonch, al final de su nota, cosas como las siguientes: “este Estado de podredumbre que es España”. ¿No es para ponerse un poco de los nervios nerviosos? ¿España es para los secesionistas catalanes un Estado de podredumbre? ¿Esa España a la que alude incluye Cataluña? 

 Y su dolça Cataluña, pàtria del seu cor, ¿qué es entonces? ¿No ha tenido un presidente y una madre Superiora responsables de mil desmanes, diez mil ronos y quince mil manipulaciones? ¿De qué podredumbre habla Pau Llonch? ¿De la de casa? 

Hay luego afirmaciones que causan sonrojo. Esta por ejemplo: el liderazgo en el ámbito institucional en esta fase del proceso de autodeterminación siga en manos del PDeCAT, “es responsabilidad de todos, pero sobre todo de una izquierda extraviada en su naufragio tacticista, electoralista e idealista, que podría estar liderándolo sin muchos problemas”. 

A no ser que sean ellos, los de la CUP, esa izquierda extraviada, la afirmación no tiene nombre: ¿qué fuerza política lleva dos años sosteniendo el gobierno neolibral de Junts pel sí liderado por el PDeCat? Efectivamente, el partido de Llonch, la CUP (¿Por qué escribirán PDeCAT, con tantas mayúsculas por cierto?) . 

Para las personas no muy informadas recordamos, para la comprensión de las “justas críticas” de Llonch, que Alberto Garzón es coordinador de IU, miembro del PCE y uno de los responsables de Unidos Podemos, y que las tres fuerzas, IU, PCE y Unidos Podemos, incomprensiblemente en nuestra opinión, un error de errores que dirían algunas , defienden el inexistente derecho a decidir de Cataluña.

 Un extravío político, en nuestra opinión, a la que son adictos. Por muchos razonamientos que se apunten, no hay posibilidad de enmienda. Lo dicho en la tradición está dicho en la tradición. 

 Veamos la carta del miembro de la CUP. Llonch inicia su escrito con varios elogios, incluido el de ¡fulgor teórico!, y una crítica. Con sus palabras:    (...)
1. Empecemos por las clases, claro. La burguesía catalana en su práctica totalidad es contraria al ejercicio del derecho de autodeterminación, al referéndum de octubre y (eso es menos importante) a la independencia (...) Pues bien, ¿dónde queda esa complejidad cuando calificas el referéndum con “ir con los pujoles”? Realidad concreta: en Catalunya, el Círculo de Economía, Fomento de Trabajo, La Caixa, el Banco de Sabadell, La Vanguardia… nadie relevante de las tres primeras fracciones de la burguesía que describes en tu artículo (capitalistas parasitarios, de capital ficticio y proveedores de fondos) apoya el proceso democrático catalán, y solamente una parte de los capitalistas activos —parte la pequeña y mediana burguesía— lo apoya.
Lo de que la burguesía catalana es contraria en su “práctica totalidad” al ejercicio del derecho de autodeterminación es una ensoñación de Llonch y de sus compañeros. Le interesa decir lo que afirma para dar un sentido de clase no burgués al movimiento del que forman parte de forma entusiasta y bastante acrítica. Si pensamos en algunos de los representantes del “proceso”: Artur Mas, Andreu Mas-Colell, Felip Puig, Jordi Pujol, Marta Ferrusola, Boi Ruiz,… el carácter marcadamente burgués del movimiento es más que evidente. 

Si pensamos en sus prácticas: Eurovegas, PIRMI, destrucción de la sanidad y educación públicas,... la duda se desvanece en el aire. Si pensamos en sus valores centrales (Cataluña, Cataluña, Cataluña, nosotros, nosotros, nosotros), la conclusión se impone. Que otras sectores de la burguesía catalana pongan huevos en otras cestas es usual. 

Lo normal y elemental querido Watson-Llonch. No apuestan sólo a una única opción; nunca pierden de este modo. En todo caso, insistimos, los valores del movimiento son profundamente burgueses: construir una Dinamarca en el Mediterráneo, máxima modernidad (neoliberalismo), más dinero para nosotros y sólo para nosotros. 

En síntesis: la filosofía económica de Xavier Sala i Martin. Los pobres, el Sur, su propio Sur, les molestan, les molestamos. Se han reído en sede parlamentario de los niños andaluces y gallegos, de nuestros sobrinos pequeños por ejemplo, por no hablar bien el castellano, sin que la CUP les haya montado un cirio de tres pares de narices. Lo que se merecían.

Se trata indudablemente (¿indudablemente?), afirma Llonch, de “un movimiento nacional-popular, que es interclasista como ocurre siempre en todas las revoluciones democráticas realmente existentes”. Que sea interclasista, sin apenas presencia de la clase obrera, es una cosa; que sea nacional-popular es otra muy distinta. 

De eso nada; Gramsci se pondría de los nervios. Tatiana y Julia también y se subirían a las paredes. Y las revoluciones democráticas, las que podemos tener todos en la cabeza (la rusa, la china, la cubana, la mexicana, la sandinista, la chilena, la portuguesa si se quiere, la venezolana, la boliviana...) tienen muy poco que ver con lo que está sucediendo en Cataluña. Nada. Por valores y por protagonistas. 

¿Alguien se imagina en algunas de esas revoluciones al partido dirigente o a uno de sus máximos representantes estableciendo relaciones de amistad y colaboración con el propietario de EuroVegas, con la derecha anticastrista progolpista o con dirigentes de la Liga del Norte? 

Y, sin embargo, añade Llonch, “desde organizaciones libertarias como Embat, pasando por Revolta Global y la izquierda socialista de liberación nacional hasta la socialdemocracia (cada vez más socioliberal en Catalunya, eso sí) de ERC, apoyan el referéndum sin matices”. 

Llamarle socialdemocracia ERC (una formación supremacista con tintes xenófobos en ocasiones) es de una generosidad que apabulla. Pero, más allá de eso, Llonch tiene razón en este punto, ¡ay! que diría Lorca, la conclusión real es la inversa de la que él concluye: ¡qué desgracia, qué horror, qué barbaridad que una parte de la izquierda de Cataluña, tan catalana ella (¿no éramos internacionalista por cierto?), apoyen, como dice Llonch, “el referéndum sin matices”. ¿Qué referéndum? ¿La nueva jornada nacionalista excluyente del 1-O? Nacionalismo en estado puro. Como el 9N. ¿En eso debe participar una izquierda digna de su nombre?  (...)

Viene ahora el punto 3. El carril central del movimiento soberanista, que no define, pero que tal vez sea el mayoritario más la CUP, aspira
[…] a la conquista de derechos sociales y políticos, y los elementos chovinistas e identitarios son completamente residuales. Supongo que cuesta entenderlo, pero la hegemonía en este país ha ido virando lentamente a la izquierda desde el inicio del proceso, si uno atiende a la realidad de los hechos y los discursos en la calle y el Parlament y no a los prejuicios de la izquierda jacobina española. Sobran los ejemplos: hasta el mismo Puigdemont afirmó ayer en el Parlament no haber utilizado jamás la funesta expresión “España nos roba”, desterrada del imaginario y argumentario mayoritario colectivo; la entidad soberanista de referencia en esta fase (Òmnium) ha presentado recientemente una campaña llamada Libres (de exclusión, de pobreza y de desigualdad) ideada por nuestra estimado David Fernández (anticapitalista y diputado mejor valorado de la pasada legislatura, hecho curioso en un país supuestamente engañado por las élites burguesas convergentes) de la mano de todo el tejido cooperativista vinculado a la principal banca ética y cooperativa del país.
Todo lo anterior es un cuento, otro cuento, ensoñación más bien, que nos suelen contar desde las filas nacionalistas. Nada que ver con la realidad. Lo real, que diría nuestra escritora favorita Belén Gopegui, transita por este sendero: la aspiración a derechos sociales y políticos es una creencia de algunos pero en absoluto representa las fuerzas que dirigen el proceso (profundamente nacionalistas como seña de identidad central, es decir, con partitura etnicista y en ocasiones supremacista); el país no ha virado a la izquierda: basta pensar en los resultados del 27S (un 65% o más votó por opciones neoliberales); lo de la izquierda jacobina española es, además de un insulto (¿qué problema hay con el jacobinismo?), una enorme falsedad.

 ¿Una izquierda que erróneamente apoya el derecho a decidir es jacobina, es decir, centralista como sostiene Llonch? Lo de la “España nos roba”, lo dijera o no Puigdemont, es una lema que han machacado durante años y años hasta penetrar en lo más hondo de la cosmovisión nacionalista. Y en fin, la referencia a Òmnium cultural y a David Fernández, el de los abrazos con Mas, produce vergüenza ajena. 

¿De verdad que David Fernández, que debe ser muy amigo de Llonch, se dedica a esas cosas? ¡Pues qué cosa! ¿Alguien duda del carácter profundamente conservador de Òmnium cultural, ahora dirigido por un empresario, y antes, después de la muerte de Muriel Casals, por un hooligang antiespañol cegado ante todo tipo de razones y matices? ¿En cuántas manifestaciones obreras ha hecho acto de presencia OC en sus casi 60 años? ¿Cuántas causas sociales de avance ha defendido?

 ¿Por qué un dirigente de la llamada izquierda transformadora apoya su intento de lavarse la cara y reconstruir su pasado? Lo de “mejor valorado de la pasada legislatura” parece lo del mejor de la clase y sí, efectivamente, es un hecho no curioso sino muy significativo que en un país netamente engañado por las élites burguesas convergentes -Pujol, Ferrusola, etc, Fernández con acento abierto obtenga esa calificación.

Definitivamente viven en un mundo de sueños no einsteinanos. Confunden sus deseos, muchos de ellos distópicos además, con la realidad. (...)
Tres pilares fundamentaron la Constitución del 78: el capitalismo como modo de producción, el sistema monárquico y la negación del derecho de autodeterminación de los pueblos del Estado. Después de 18 peticiones formales para celebrar este referéndum, después de siete años de movilizaciones masivas sostenidas, después de haber reconducido —desde el sentido común de la CUP— la absurda hoja de ruta del bloque de Junts pel Sí hasta consolidar el referéndum de octubre como punto de encuentro y solución, no existe alternativa alguna al ejercicio de nuestro inalienable derecho de autodeterminación en base a nuestra capacidad de resistencia y lucha.
Insistimos: no existe ese no-inalienable derecho de autodeterminación en el caso de .Cat y el capitalismo es también el sistema de producción y civilizatorio de Cataluña (en plena forma por lo demás) Mas y Millet se lo pueden explicar con detalle.

 Navarro ha escrito un artículo sobre la situación social catalana hace pocos días. Y el que llama referñendum del 1-O no es un punto de encuentro y solución sino todo lo contrario: una jornada, si se celebra, de más división y separación.(...)

 ¿Defiende Llonch el derecho de autodeterminación de todos los pueblos por cierto? ¿De todos sea cual sea su situación? ¿Tenemos derecho a la autodeterminación los ciudadanos del pueblo barcelonés, de la ciudadanía de la corporación barcelonesa, y quien se quiera apuntar? Si fuera así, el 8 de octubre un referéndum con una pregunta: ¿quieres usted vincularse con el resto de España? Los de la corporación y aliados es posible que digamos que sí. ¿Algún problema? Supongo que no siguiendo la lógica llonchista.  (...)

 En síntesis: Llonch, y muchos activistas de la CUP, es casi atributo general, tienden a ver pajitas en el ojo ajeno y no ven, porque no quieren ver, el inmenso pajar que tienen en el propio. Mientras tanto, eso sí, y como prueba de clarividencia, cogidos de la mano, se les ve por el jardín donde mandan a sus anchas los de Junts pel sí, lo más revolucionario-democrático de lo democráticamente revolucionario. (...)"                (Rosa Guevara Landa , Rebelión, 18/07/17)

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