"Xavier Deulonder es licenciado en historia y un
nacionalista iluminado que no duda en empobrecer a Cataluña con tal de
convertirla en su pobre y aldeana ensoñación. (...)
El artículo, titulado Jo em planto pel català, es una buena muestra de cómo partiendo de presupuestos erróneos se llega a resultados disparatados.
Deulonder parece no haber viajado mucho, pues está convencido de que en un territorio no pueden convivir dos lenguas con normalidad. De hecho, esto es lo que ocurre en Cataluña, una realidad que no quiere ver, y en muchos otros lugares del mundo. Deulonder
pone como ejemplo Nueva York, donde -dice- todo el mundo tiene
necesidad de dominar a la perfección el inglés.
El problema es que no es
cierto: en Nueva York, como en Miami, se hablan muchas lenguas, entre
ellas el español, que convive tranquilamente con el inglés, sin leyes
que prohíban que los comercios rotulen en cualquier idioma. Hay mucha
gente que habla un inglés de supervivencia, y sobreviven muy bien. No
pasa nada, la convivencia es magnífica y, afortunadamente, no abundan los locos esencialistas que dedican su vida a desterrar una lengua de un territorio.
A partir de este error, que se cura viajando y observando sin prejuicios, Deulonder
pretende que el catalán se convierta en la lengua sin la cual, o mejor
dicho, sin un dominio perfecto de la misma, uno no pueda vivir en
Cataluña.
Ahora agárrense, que vienen curvas. Escribe el Torquemada lingüístico:
"Este giro de ciento ochenta grados en la situación lingüística de Cataluña no se puede conseguir paso a corto plazo, ni siquiera admitiendo que, tras la independencia, la única lengua oficial del estado sea el catalán, ya que mientras todos los catalanes sepamos el castellano, es imposible eliminar la presencia social sin recurrir a métodos represivos y totalitarios, impropios de un sistema democrático e inaceptables en cualquier país civilizado". (traducción Google)
El problema es enorme: mientras los catalanes sepamos castellano no hay solución posible, pues al final somos capaces de responderle en castellano a quien se dirige a nosotros en ese idioma y, como somos educados, lo hacemos así. Incluso -habría que añadir- hay algunos catalanes que responden en inglés o en francés cuando se dirigen a ellos en esos idiomas. ¡Qué horror! Realmente los catalanes no tenemos solución… o sí. Deulonder nos ofrece su bálsamo milagroso:
"Por eso, el primer paso para restituir al catalán el papel de lengua común que tuvo en Cataluña hasta principios del siglo XX, es empezar por dejar de considerar obligatorio saber el castellano, es decir, en la escuela, el estudio y aprendizaje del castellano debe ser una materia optativa; quien quiera que a sus hijos les enseñen castellano, ningún problema, y quien quiera que los enseñen otra lengua o materia, también ". (...)
"De esta manera, dentro de veinte o treinta años, llegará al mercado laboral una generación joven donde podrá haber gente que el castellano o bien no lo sepa o lo sepa mal; entonces, será a partir de este momento, pero nunca antes, que, en Cataluña, incluso en Barcelona, editar libros o revistas, representar obras teatrales o exhibir películas en castellano dejará de hacerse, no porque esté prohibido -algo del todo inconcebible y inadmissible- sino que, en el aspecto comercial, ya no resultará rentable ". (trad. Google) (...)
O sea que el objetivo del nacionalismo no
es que los catalanes sepamos hablar 3, 4, cuantas más lenguas mejor,
para enriquecernos culturalmente, ser competitivos y poder ir por el
mundo; sino conseguir que los catalanes seamos monolingües en catalán. ¡Qué gran avance! En 20 o 30 años habremos conseguido “una generación joven que no sabrá castellano o lo sabrá mal”.
Menudo panorama ¿Y éstos son los tipos que nos van a llevar a la
República de Catadisney, donde el dinero nos saldrá por las orejas y
ganaremos los Oscars, los Grammy y probablemente el Mundial de fútbol?
Deulonder, por si alguien pensaba que había leído mal (algo probable después de soltar tamaño disparate), insiste:
"Y, con ello, espero haber dejado bien clara una idea, que a mí me parece fundamental: mientras todos los catalanes sepamos el castellano, el catalán estará siempre condenado a ser una lengua de segunda o tercera división". (trad. Google)
Hay que erradicar pues el castellano, aunque también Deulonder se da cuenta de quizás habrá que transigir un poco, durante algún tiempo, mientras Justo Molinero y Reyes se olvidan de su español, y escribe:
"Así pues, si por cuestiones políticas nos viéramos obligados a admitir el castellano como lengua cooficial de la República Catalana, lo mínimo que podríamos aceptar, siempre y cuando, sin embargo, quede claro que el carácter optativo y voluntario del estudio del castellano en la escuela es algo innegociable; de este modo, en Cataluña, el castellano tendría una oficialidad de segunda ". (trad. Google)
O sea, que si no hay más remedio (que mejor que no, insiste) podemos aceptar el castellano como una lengua de segunda y a quienes lo hablen como a ciudadanos de segunda. ¿No les recuerda a ciertos regímenes totalitarios?
Después de tanta tontería se agradece uno de los comentarios al artículo, escrito desde Vic, que no nos resistimos a reproducir:
“La solución es que los estelados se sometan a sesiones de hipnosis en un hospital psiquiátrico para olvidar lo que sepan de castellano. (...)" (Dolça Catalunya, 28/04/2015)
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