24/10/17

¿Cómo las familias pueden llevar a sus hijos pequeños a dormir a escuelas donde se sabe que va a haber un conflicto? Por el clima de adoctrinamiento nacionalista que hay en Cataluña

"(...) Lluís Llach, diputado de Junts Pel Sí, publicaba en Twitter: “Mañana dejemos las calles de Barcelona vacías. Que los buitres no encuentren comida”. A la vista de estas expresiones, ¿cree que Cataluña ha dado un paso más allá y está embarcada ya en una dinámica de odio?
 
J.V.: Embarcada no lo sé, pero que hay manifestaciones de odio es evidente. Pero es que incluso la fiscalía especial dedicada a la investigación de delitos de discriminación y de odio ha abierto diligencias por tuits y mensajes en Facebook que expresan una actitud muy peligrosa, porque inducir al odio es inducir a la violencia, indirectamente. Me parece muy grave. 

El hecho más paradigmático se produjo en aquella escuela de Sant Andreu de la Barca, donde un profesor le espetó a un alumno, hijo de guardia civil, delante de toda la clase: “Estarás contento con lo que hizo tu padre ayer”. Hecho que yo mismo denuncié a la fiscalía por medio de un correo electrónico, para que lo investigara. 

Me parece una expresión gráfica de hasta dónde se puede llegar por esta vía: Que un profesor, que se supone que tiene un nivel de cultura, de preparación; que ejerce un oficio basado en el respeto a sus alumnos, oficio que además exige neutralidad, imparcialidad, serenidad; que un profesor, repito, utilice en público expresiones así, es una muestra clarísima de que existe un discurso del odio que corre por ahí. 

Y ya veremos cómo se corta esto y cómo se le pone fin. Porque esos discursos del odio se propagan con mucha facilidad, como usted sabe muy bien. Vamos a ver cómo se acaban, por muchas investigaciones policiales o judiciales que se practiquen. (...)

Monegal afirmaba que no entendía por qué el Gobierno Central no actuó de manera más “quirúrgica” el día del referéndum. En concreto dijo que se podía haber acudido a las tres de la madrugada a los colegios y haberlos precintado. ¿Por qué cree que, de entre todos los operativos posibles, se escogió el más aparatoso y agresivo, el que regaló a los independentistas la foto victimista que buscaban, contribuyendo decisivamente a internacionalizar el conflicto?
 
J.V.: Yo no sé si a las tres de la madrugada se podría haber hecho algo distinto. Muchos de los colegios donde hubo estos conflictos estaban ya ocupados por familias con sus hijos. Que es ese es otro tema: ¿Cómo las familias, en ese clima de adoctrinamiento nacionalista que hay en Cataluña, pueden llevar a sus hijos menores de edad a dormir a escuelas donde se sabe que va a haber un conflicto, porque se ha prohibido que se conviertan en colegios electorales?

 Las familias que fueron desalojadas a las seis o a las siete de la mañana ya estaban igualmente allí, a las tres. O sea, que no había diferencia, en ese sentido. Por tanto, no creo que hubiera ahí un exceso de maldad. Hicieron lo que tenían que hacer, y ya está.

 El problema es que, claro, cuando te encuentras con una sociedad adoctrinada, donde las familias pasan la noche durmiendo en colegios que están llamados a ser centros electorales, realmente es difícil encontrar una salida que salve todos los problemas que eso puede acarrear. Es difícil. (...)

¿no le parece que hay una vertiente oscura o sórdida en algo que se presenta cuidadosamente bajo el envoltorio de “civismo”?
 
J.V.: No, yo lo que pienso es que hay es una gran ingenuidad en estos sectores sociales adoctrinados en el nacionalismo. Bastante ingenuidad. Pero, vamos, a mí francamente me parecen incompatibles las “sonrisas” con los tuits agresivos que usted me acaba de leer.

 ¿Son compatibles con las palabras de Lluís Llach o de Gabriel Rufián? ¿Son compatibles con las declaraciones de Joan Tardà, cuando compara el “Procés” independentista con la lucha antifranquista, una especie de esperpento que no sé cómo se le ha podido ocurrir -evidentemente no debe de saber lo que fue la lucha antifranquista, era muy jovencito-. 

Hay demasiadas afirmaciones muy ofensivas, que no tienen nada que ver con las sonrisas. Nada. Todo lo contrario. Expresan agresividad.  (...)"                   (Entrevista a Jiménez Villarejo, El Mundo, 17/10/17)

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