"Un partido que antes de Mas había ganado siempre las elecciones y
nunca había estado en la oposición no podría morir ni de un solo golpe
ni por unos malos resultados. Mas ha tardado 15 años en arruinar el
legado que Pujol le dejó.
Ha sido un asesinato lento y doloroso, y ha
hecho falta una una insólita mezcla de mediocridad y fatalidad para
arrinconar a un partido que fue perfectamente confeccionado por Jordi
Pujol según el patrón del catalán medio. Han hecho falta 15 años y seis
puñaladas mortales, con esa arrogancia que convierte en letales a los
incapaces.
- El espacio equivocado
El primer y último asesino de Convergència es Mas, que empezó a
destruir el partido queriendo ocupar el espacio político de Esquerra. No
solo fracasó sino que dio alas a los republicanos, que pasaron en
apenas dos años (2010-2012) de 10 a 21 diputados, mientras CDC perdía
12. Mas abandonó el centro fértil para desangrarse en el extremo
radicalizado (...)
- La gran mentira
El segundo crimen llegó el 9 de noviembre, cuando Artur Mas quiso
hacer ver que convocaba un referendo sobre la independencia y en su
lugar organizó una solemne patochada llamada «participativa» para de un
lado enseñar la patita y del otro no entrar en conflicto abierto con el
Estado.
Mas pretendía de este modo congraciarse con Esquerra Republicana
y con la CUP, pero sin entrar en guerra abierta con el Estado. Lejos de
lograr su objetivo, consiguió que Junqueras se indignara con el engaño y
desconfiara de él para siempre. Antonio Baños, exlíder de la CUP, acabó
diciendo de él, con brillante precisión, que «es como el amigo borracho
que primero molesta y que después defiendes cuando le pegan». (...)
- «Hemos ganado»
La tercera puñalada que Mas le propinó a Convergència fue la noche
del 27 de septiembre del año pasado, cuando tras el penoso resultado de
62 diputados que obtuvieron ERC y CDC presentándose conjuntamente –11
menos de los que habían obtenido por separado tres años antes– salió a
proclamar que había ganado, cuando todo el mundo de daba cuenta de la
derrota.
En el primer acto de su venganza, la CUP se cobró la cabeza de
Mas, que temeroso de afrontar unas elecciones en solitario que sabía que
perdería –¡él, que tanta democracia reclama!– prefirió rendirse de
antemano a cambio de que la CUP se comprometiera por escrito a una serie
de contrapartidas que hace falta estar tan desesperado como Mas para
pensar que en algún momento las cumpliría.
- El mal gusto
Su cuarta puñalada, que no ocupa un lugar concreto en la cronología, tiene que ver con el pésimo gusto del
expresident a la hora de elegir a la gente de la que se ha rodeado. (...) y sus colaboradores y segundones, con Quico Homs como estandarte de
lo más bajo que se puede caer, han multiplicado exponencialmente sus
limitaciones.
- El papel mojado
El quinto atentado ha sido la segunda parte de la puñalada cupera, la
segunda enmienda a la totalidad de aquel absurdo «Hemos ganado» que Mas
pronunció la noche de las últimas autonómicas.
Si en la primera
enmienda la CUP liquidó a Mas, en la asamblea del pasado fin de semana,
los antisistema decidieron dar despacho a Convergència, saltándose a la
torera el compromiso que suscribieron con Mas, por la vía de anunciar
que no votarán los presupuestos del actual Govern para forzar otro
anticipo electoral –probablemente durante la primavera de 2017– que va a
dar pie a la victoria de ERC y a que Oriol Junqueras acceda a la
presidencia.
- Los pecados capitales
Todavía está caliente la sexta y definitiva puñalada que Mas le ha
dado al partido que Pujol le legó. Como no podía de ser de otra manera,
para el gran final que un gran partido merece, asesinado por un gran
incapaz, contiene este golpe postrero la mayoría de los siete pecados
capitales: el orgullo, la ira, la vanagloria, la soberbia e incluso la
tristeza; y con su resentimiento, su falta de generosidad, su ridícula
creencia de que el mundo le debe algo, quiere Mas fundar un nuevo
partido porque asume que la anterior marca está quemada, y en lugar de
dejar paso para que otros construyan a partir de lo que él ha
estropeado, insiste en aferrarse al poder, condenando al nuevo engendro
–que grotescamente volverá a llamarse Convergència y contará con los mismos dirigentes, incluido él– a repetir
los errores que le han llevado a tan asombrosa demolición." (Salvador Sostres, ABC, 24/05/16)
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