"(...) Cataluña es lo que es. Un lugar donde la razón política se ha
perdido.
Más de dos millones de catalanes han dado su asentimiento al paisaje arrasado que queda después de cinco años de proceso.
Más de dos millones de catalanes han dado su asentimiento al paisaje arrasado que queda después de cinco años de proceso.
Y han dicho
a sus líderes políticos que hay que profundizar en el paisaje.
A estas alturas cabe esperar que nadie invoque la teoría del
desconocimiento, del engaño o de la hipnosis, proyectados sobre unos
inermes ciudadanos secuestrados por sus élites. Cualquiera de los
votantes del frente de la revolución sabía el sentido de su voto y
conocía sus posibles consecuencias.
Porque estas consecuencias estaban
expuestas en el inmediato pasado: descalabro económico y descalabro
político. Ni la fuga de empresas, ni las cifras desoladoras en casi
todos los ámbitos de la actividad económica, ni la suspensión de la
autonomía eran especulaciones más o menos inscribibles en la retórica
del miedo, como podían haberlo sido en las elecciones de 2015.
Ni
tampoco, como en 2015, los votantes separatistas podrían argumentar
ahora que el sentido de su voto era estratégico, que lo único que
pretendían era una negociación, cargada de fuerza, pero aún autonómica.
Mucho menos podría argumentarse ambigüedad.
Los partidos separatistas han ido a estas elecciones proponiendo
república, unilateralidad e independencia, sin apartarse un ápice de la
política de hechos consumados de la legislatura interrumpida.
Ni
siquiera les han frenado los consejos de sus abogados: tras unos días de
relativa vacilación, incluso personas que fueron sometidas a una
libertad condicionada a su aceptación de la legalidad, como Carme
Forcadell, dejaron a un lado sus recelos y actuaron como antes de
declarar ante el juez.
El voto ha sido, pues, consciente y responsable.
Son, justamente, esas dos características las que permiten calificarlo
como un voto infame, que merece el desprecio de cualquier demócrata,
porque es un voto que llama al asalto y a la destrucción de la
democracia española. No todas las opiniones son respetables.
Una opinión
no se convierte en respetable porque la comparta un gran número de
personas. Tenga el eco que tenga, la opinión nacionalista catalana, hoy
traducida en este voto dramático, seguirá siendo xenófoba y, por tanto,
atentatoria contra la convivencia entre catalanes y entre españoles.
Pero aunque el mal siempre provoca deslumbramiento, la decisión
electoral tiene su explicación. La democracia es un juego entre
convicciones y las convicciones no fraguan con rapidez. El 40% de
franceses que apoyan al Frente Nacional no fraguaron ayer, sino a lo
largo de un áspero proceso de consenso.
No será fácil que tales
convicciones desaparezcan de la noche a la mañana ni siquiera contando
con el carácter plástico de la posmodernidad. El sociólogo argentino
Silvio Waisbord explicaba en un artículo de mayo de este año en el New
York Times las dificultades de penetración que en determinadas
circunstancias tiene la verdad: «Hay creencias resistentes a la
información, especialmente si están sólidamente engarzadas con
identidades individuales y colectivas: si son parte de un ‘cerebro
ideológico’ que filtra la realidad según convicciones férreas sobre el
mundo. De hecho, la información puede incluso inducir una ‘resistencia
motivada’ cuando pone en jaque convicciones y valores personales. Las
falsedades son ‘pegajosas’ si están arraigadas en sentimientos de
identidad».
Sin duda alguna: y pocas falsedades tan pegajosas como la
nacionalista. (...)" (Arcadi Espada, El Mundo,22/12/17)
"(...) En primer lugar --y esto no se lo dirá casi nadie por la cuenta que le trae al doble lenguaje-- está la victoria arrolladora de la derecha.
Mírese donde se mire, en Cataluña no hay más que conservadores o reaccionarios, a escoger, y no se dejen engañar por la disolución práctica del PP de Rajoy, las pintadas de la CUP y la inanidad de los equidistantes.
Ha desaparecido la izquierda y eso lo saben muy bien los intelectuales de la lengua. Ahora les queda por hacer los reajustes y recolocarse. Desde Mascarell a Rafael Ribó (...) . Pero no quedará ahí porque hay exceso de oferta; sobran. (...)
Porque todo ha cambiado si se sabe administrar la victoria sobre el fanatismo, menos una cosa. Sin dogma de superioridad no son otra cosa que partidos conservadores temerosos de dios y despreciadores de la ciudadanía.
Hay que caer muy bajo para primar a un señor que se traga mejillones en Bruselas sobre su competidor que vive en una celda bajo prisión provisional. En el fondo y en la forma son una marca de conservadurismo, o del vivo al bollo. Una constatación de que el pujolismo tenía razón y merece más confianza el chalaneo de un astuto payés que la fe del creyente.
¡Si será cierto el aserto que incluso el huido ha nombrado ya una suplente, Elsa Artadi, que coincide plenamente con lo que él fue: un desconocido con habilidad para los corrimientos del escalafón! La militancia de los partidos cada vez se parece más a la masonería; grandes principios y miserias domésticas.
No hace falta ser profeta para prever que en la vida política y social catalana dominante va a persistir la hegemonía de la mentira. Desde el momento que el fugado de Bruselas se autodesigne único líder, la mezcla de tradicionalismo carlista y peronismo institucional, nos hará a todos permanecer en el agobio, la estupidez y el victimismo. La primera y más efímera república de la historia de España, implantada, subvencionada y defendida por la derecha, seguirá con sus embelecos hasta el vómito.
Hay algo que ha aparecido, que estaba ahí pero que el pensamiento único oficial se negaban a reconocer: que existe otra derecha en Cataluña con más base popular que la subvencionada y que además constituyen la mayoría. Da lo mismo. No aprenderán nada, porque la fe consiste en eso, en sustituir a la razón." (Gregorio Morán, Crónica Global, 23/12/17)
"Carles Puigdemont, exiliado en estos momentos en Bruselas, será probablemente, de nuevo, Presidente de la Generalitat, sin ningún programa político concreto y solo con el objetivo de desarrollar esa Declaración de Independencia por la que está imputado por delitos de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos.
Es más, ese Presidente que, con toda probabilidad, será apoyado por la CUP, en tanto defiende la implementación del desarrollo de la República, que se declaró el 27 de Octubre, puede incluso dirigir el Gobierno (ha prometido que será el mismo que tenía antes de la aplicación del artículo 155) desde Bruselas, con un conseller en cap. que tenga plenos poderes para llevar el día a día.
Lo otro, su promesa de volver a Cataluña si era reelegido, puede complicar, aún más, la situación, ya que tendría que ser detenido, porque existe una orden de detención contra él.
"(...) En primer lugar --y esto no se lo dirá casi nadie por la cuenta que le trae al doble lenguaje-- está la victoria arrolladora de la derecha.
Mírese donde se mire, en Cataluña no hay más que conservadores o reaccionarios, a escoger, y no se dejen engañar por la disolución práctica del PP de Rajoy, las pintadas de la CUP y la inanidad de los equidistantes.
Ha desaparecido la izquierda y eso lo saben muy bien los intelectuales de la lengua. Ahora les queda por hacer los reajustes y recolocarse. Desde Mascarell a Rafael Ribó (...) . Pero no quedará ahí porque hay exceso de oferta; sobran. (...)
Porque todo ha cambiado si se sabe administrar la victoria sobre el fanatismo, menos una cosa. Sin dogma de superioridad no son otra cosa que partidos conservadores temerosos de dios y despreciadores de la ciudadanía.
Hay que caer muy bajo para primar a un señor que se traga mejillones en Bruselas sobre su competidor que vive en una celda bajo prisión provisional. En el fondo y en la forma son una marca de conservadurismo, o del vivo al bollo. Una constatación de que el pujolismo tenía razón y merece más confianza el chalaneo de un astuto payés que la fe del creyente.
¡Si será cierto el aserto que incluso el huido ha nombrado ya una suplente, Elsa Artadi, que coincide plenamente con lo que él fue: un desconocido con habilidad para los corrimientos del escalafón! La militancia de los partidos cada vez se parece más a la masonería; grandes principios y miserias domésticas.
No hace falta ser profeta para prever que en la vida política y social catalana dominante va a persistir la hegemonía de la mentira. Desde el momento que el fugado de Bruselas se autodesigne único líder, la mezcla de tradicionalismo carlista y peronismo institucional, nos hará a todos permanecer en el agobio, la estupidez y el victimismo. La primera y más efímera república de la historia de España, implantada, subvencionada y defendida por la derecha, seguirá con sus embelecos hasta el vómito.
Hay algo que ha aparecido, que estaba ahí pero que el pensamiento único oficial se negaban a reconocer: que existe otra derecha en Cataluña con más base popular que la subvencionada y que además constituyen la mayoría. Da lo mismo. No aprenderán nada, porque la fe consiste en eso, en sustituir a la razón." (Gregorio Morán, Crónica Global, 23/12/17)
"Carles Puigdemont, exiliado en estos momentos en Bruselas, será probablemente, de nuevo, Presidente de la Generalitat, sin ningún programa político concreto y solo con el objetivo de desarrollar esa Declaración de Independencia por la que está imputado por delitos de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos.
Es más, ese Presidente que, con toda probabilidad, será apoyado por la CUP, en tanto defiende la implementación del desarrollo de la República, que se declaró el 27 de Octubre, puede incluso dirigir el Gobierno (ha prometido que será el mismo que tenía antes de la aplicación del artículo 155) desde Bruselas, con un conseller en cap. que tenga plenos poderes para llevar el día a día.
Lo otro, su promesa de volver a Cataluña si era reelegido, puede complicar, aún más, la situación, ya que tendría que ser detenido, porque existe una orden de detención contra él.
Ha ganado en votos y en escaños Inés Arrimadas, la cara amable de un
centro derecha, que probablemente es lo que hubiera necesitado Cataluña
en estos momentos. Pero no ha servido de nada, porque tendrá que
ejercer su labor en un Parlamento con mayoría soberanista, que
intentará, a pesar de todas las promesas, volver a la unilateralidad y
el desarrollo del “Procés”.
Y eso, con un Gobierno que con el fracaso
del Partido Popular que ha sacado los mismos escaños y menos votos que
la CUP, supone un fracaso sin paliativos que le pasará factura al
Presidente del Gobierno, y a su Vicepresidenta que es la que ha llevado
de la mano el dossier catalán. (...)
De forma inesperada, y a pesar de las encuestas, el presidente
destituido Carles Puigdemont que huyó para no hacer frente a sus
responsabilidades judiciales de lo que, según la Fiscalía General del
Estado, ha sido un caso de rebelión, sedición y malversación de fondos
públicos, mientras el vicepresidente Oriol Junqueras entraba en prisión,
sigue en ella y le ha llegado a echar en cara al Fugitivo que al final,
él esté encarcelado y el huido en la calle, en Bruselas.
Allí, en la capital de la UE, ha intentando convencer inútilmente a Europa, que sigue siendo Presidente en el exilio de una República catalana, que no ha sido reconocida por nadie, ni existe la posibilidad de que ese reconocimiento se produzca. Sin embargo a pesar del mensaje inútil, su lista en la que no ha intervenido su partido, el PDeCat, ha sido, sin duda, el gran vencedor, aunque la candidata de Ciudadanos Inés Arrimadas haya ganado en votos, y en escaños.
Esta división del independentismo ha sido, según los expertos electorales, uno de los principales factores (aparte de la enorme participación que ha beneficiado a Ciudadanos pero también al independentismo) de que el sabelianismo, incluyendo a la complicada y antisistema CUP, haya vuelto a colocarse en una mayoría absoluta que supone una ruina para Cataluña.
Lo que significa que los resultados indican que no ha influido en nada el efecto devastador que la Declaración Unilateral de Independencia y el Referéndum ilegal del 1 de Octubre ha hecho a la economía catalana, a su turismo, a sus empresas, y a las inversiones extranjeras.
Ahora, el principal desafío para el nuevo Presidente de la Generalitat y el nuevo Gobierno, que debería ser, después de todo lo que ha pasado en estos dos últimos años y, especialmente desde el 1 de Octubre, reconciliar a todos los catalanes, cerrar heridas que se han producido entre familiares, vecinos y amigos, por una política que ha fomentado el enfrentamiento e, incluso el odio, y no el entendimiento, será todo lo contrario porque Puigdemont no tiene programa. Su único programa es implementar la República catalana, según ha venido repitiendo desde el exilio. (...)" (José Oneto, República.com, 22/12/17)
Allí, en la capital de la UE, ha intentando convencer inútilmente a Europa, que sigue siendo Presidente en el exilio de una República catalana, que no ha sido reconocida por nadie, ni existe la posibilidad de que ese reconocimiento se produzca. Sin embargo a pesar del mensaje inútil, su lista en la que no ha intervenido su partido, el PDeCat, ha sido, sin duda, el gran vencedor, aunque la candidata de Ciudadanos Inés Arrimadas haya ganado en votos, y en escaños.
Esta división del independentismo ha sido, según los expertos electorales, uno de los principales factores (aparte de la enorme participación que ha beneficiado a Ciudadanos pero también al independentismo) de que el sabelianismo, incluyendo a la complicada y antisistema CUP, haya vuelto a colocarse en una mayoría absoluta que supone una ruina para Cataluña.
Lo que significa que los resultados indican que no ha influido en nada el efecto devastador que la Declaración Unilateral de Independencia y el Referéndum ilegal del 1 de Octubre ha hecho a la economía catalana, a su turismo, a sus empresas, y a las inversiones extranjeras.
Ahora, el principal desafío para el nuevo Presidente de la Generalitat y el nuevo Gobierno, que debería ser, después de todo lo que ha pasado en estos dos últimos años y, especialmente desde el 1 de Octubre, reconciliar a todos los catalanes, cerrar heridas que se han producido entre familiares, vecinos y amigos, por una política que ha fomentado el enfrentamiento e, incluso el odio, y no el entendimiento, será todo lo contrario porque Puigdemont no tiene programa. Su único programa es implementar la República catalana, según ha venido repitiendo desde el exilio. (...)" (José Oneto, República.com, 22/12/17)
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