30/11/17

¿Por qué muchos trabajadores votan a los independentistas?

"(...) Intento ahora una respuesta que no pretende ser una argumentación hilvanada con espíritu de completud. Retales, apuntes, pecios, ideas o ideillas. No doy para más. 

1. No es un sector muy amplio de las clases trabajadoras de Cataluña el que vota a las fuerzas secesionistas- nacionalistas. Sobre todo si pensamos en la clase trabajadora más currante. No me estoy refiriendo, por ejemplo, a los profesores de instituto o al personal administrativo de la Generalitat (o a los bomberos, un sector muy tocado por el secesionismo-nacionalismo). 

2. Las características del gobierno central, el que sea un gobierno PP, hace que el discurso secesionista penetre en colectivos obreros y populares en los que, en otras condiciones, apenas hubiera penetrado. El “hay que hacer todo lo posible” para echar al PP ha calado profundamente en esos sectores de izquierda . 
Lo mismo que ocurre en otros colectivos trabajadores de otros territorios españoles. Sus más que injustificadas simpatías por el procesismo se pueden explicar en esa clave. La izquierda institucional ha jugado aquí un papel muy negativo. No han entendido, no quieren entender, que contra el PP no todo vale. 

3. Los principios, mal pensados en mi opinión , de las tradiciones de izquierda también han jugado su papel. En concreto, el del principio de autodeterminación que se airea, con buenas intenciones políticas, como un derecho indiscutible (se mira muy mal en la izquierda a la gente que lo discute) de todos los pueblos. No de los pueblos oprimidos sino de todos los pueblos. 

4. Para un sector de la izquierda, misterios de la lógica civil (el principio de no contradicción no siempre rige), es perfectamente consistente criticar la opresión del pueblo catalán, el salvajismo del “Estado español”, defender el derecho de autodeterminación de Cataluña y de paso su secesión, incluso negar el término y el concepto “España”, y hablar, en cambio, de Argentina, no del estado argentino para hablar del país por supuesto, y no decir nada del derecho de autodeterminación del pueblo mapuche, sin apelar por supuesto a la independencia de la Patagonia o “al carácter plurinacional del estado argentino”. 

5. Tampoco es menor el papel de la CUP en esta reconversión de algunos colectivos de izquierda. Ha arraigado su ideario entre sectores jóvenes y no tan jóvenes (¡ay el nefasto papel de algunos viejos luchadores antifranquistas!) aunque, en general, sus apoyos sociales no son ciudadanos obreros. 
Eso sí, activistas de tradiciones de izquierda revolucionaria, viendo el papel de la CUP en luchas sociales como el derecho a la vivienda, se olvidan del resto y se dejan atrapar en sus redes conceptuales-secesionistas. 

Su argumentación: son los que más curran, los que más que luchan; luego por tanto hay que estar con ellos. Su ideario central de destrucción, en tres o cuatro momentos históricos, de la actual realidad española (por no hablar de la francesa y andorrana) es de menor importancia. 

La CUP ha hecho su intenso trabajo de captación entre sectores politizados de las juventudes trabajadoras. Su conquista y construcción de espacios de socialización para estos colectivos no puede ser discutida. La izquierda abertzale les ha enseñado. 

6. La ideología dominante en Cataluña, durante décadas, ha sido el catalanismo transversal, como se duele decir ahora. Un máximo común denominador extendido por casi todas las clases sociales que casi nadie se atrevía a poner en duda. Un ejemplo entre muchos otros: la inmersión lingüística, el sacrifico de los Pujol “por el país”, Cataluña como oasis político, la ausencia aquí de la “zafiedad española”, nosotros somos distintos, etc etc.

 Con ese catalanismo, ha ido calando, poco a poco, la idea de los catalanes como ciudadanos diferentes. Más preparados, más cultos, más políglotas, más europeos, más viajados. Incluso “grandes intelectuales de izquierda” han afirmado, disimuladamente, cosas de ese tenor. 

7. A muchos trabajadores que han llegado de otras regiones españolas (básicamente: Andalucía, Extremadura, Murcia y Aragón) se les han intentado convencer que convenía asimilarse, y que tal asimilación pasaba por cortar hilos familiares con sus lugares de origen. “Un sólo pueblo”, la consigna que ha abonado y sigue abonando la izquierda, llevaba anexo el olvido de otras tierras, de otras comunidades. 

8. No me olvido, no conviene olvidarse de las promociones sociales. Si quieres ascender, ya sabes lo que toca. La izquierda no ha estado alejada de esos planteamientos. No debería haber sido pero ha sido. 

9. La crisis económica que sufrieron especialmente las clases trabajadoras, no las clases medias como a veces se ha señalado olvidándose de datos básicos de la situación, hizo que el discurso insolidario, falso, mezquino y manipulador del “España nos roba”, promovido por notarios, intelectuales y economistas de prestigio (recordemos ”congresos científicos” como los celebrados e 2014), calase entre los sectores menos politizados de la clase obrera. No había en ellos un discurso de clase ni de solidaridad. Nada de eso. Se aspiraba a vivir mejor, sea como fuere, y el nacionalismo-secesionismo les apuntaba un camino. 

10. Las situaciones familiares explican también algunas conversiones, algunos pactos con cesiones para tirar adelante. Si vivo contigo, si yo no tengo una posición fuerte en temas políticos, si quiero convivir y eso está por encima de cualquier cosa y tú eres un secesionista convencido, pues cedo y ya está.
 Si hay que votar SECES, voto SECES o aparento votar SECES. Si hay que encerrarse el día 1-O, incluso con niños de tres o cinco años, pues me encierro. La “vida familiar” impone sus condiciones. 

11. El egoísmo, la ausencia de fraternidad, es parte de la ideología dominadora y hegemónica. También el secesionismo ha jugado con eso. Si la consciencia de clase está bajo mínimos, el no pensar, el dejar de pensar, en gentes de otros territorios españoles, que son además mi gente, puede estar rondándome la cabeza.
 En esa lectura, ser un solo pueblo significa eso. Hacer piña y olvidarnos de historias de raíces y orígenes. La canción de Raimon, quien pierde los orígenes pierde la identidad, se ha interpretado a la inversa. 

12. Por supuesto, si la derrota histórica sufrida por el movimiento comunista hace apenas 30 años no se hubiera producido, la capacidad de resistencia ante la ofensiva nacionalista hubiera sido mayor sin olvidar, eso sí, los coqueteos de una parte de esa izquierda tradicional (el PSUC por ejemplo, también el PSC ) con la ideología catalanista-nacionalista. Basta leer documentos de los años setenta, ochenta y noventa. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Yo, por ejemplo, no la lanzaría. 

13. No es menor tampoco el papel que ha tenido y tiene la narrativa victimista del nacionalismo. Somos víctimas, hemos sido víctimas, seguiremos siendo víctimas, se dice y se dan ejemplos. En las gentes de izquierdas, entre sectores jóvenes sobre todo, ese discurso tiene gancho. Hay que luchas contra la injusticia, luego, por tanto, hay que apoyar a... 

Lo dejo aquí. Un añadido: una parte sustantiva de otro voto nacionalista, el que va a Ciudadanos en las elecciones autonómicas por ejemplo , es básicamente un voto de defensa, un voto contra. Una parte importante de ese voto no tiene nada que ver con la defensa de ningún nacionalismo español. Nada. Es voto para protegerse, para no beber de las turbulentas y egoístas aguas (solidaridad es palabra que nunca usan o tan sólo lo hacen para referirse a ellos, a los catalanes, al “pueblo elegido”) de la cosmovisión soberanista- secesionista. (...)"      (Salvador López Arnal , Rebelión, 25/11/17)

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