"(...) Intento ahora una respuesta que no pretende ser una
argumentación hilvanada con espíritu de completud. Retales, apuntes,
pecios, ideas o ideillas. No doy para más.
1. No es un
sector muy amplio de las clases trabajadoras de Cataluña el que vota a
las fuerzas secesionistas- nacionalistas. Sobre todo si pensamos en
la clase trabajadora más currante. No me estoy refiriendo, por
ejemplo, a los profesores de instituto o al personal
administrativo de la Generalitat (o a los bomberos, un sector muy
tocado por el secesionismo-nacionalismo).
2. Las
características del gobierno central, el que sea un gobierno PP, hace
que el discurso secesionista penetre en colectivos obreros y populares
en los que, en otras condiciones, apenas hubiera penetrado. El “hay
que hacer todo lo posible” para echar al PP ha calado profundamente en
esos sectores de izquierda .
Lo mismo que ocurre en otros colectivos
trabajadores de otros territorios españoles. Sus más que injustificadas
simpatías por el procesismo se pueden explicar en esa clave. La
izquierda institucional ha jugado aquí un papel muy negativo. No han
entendido, no quieren entender, que contra el PP no todo vale.
3. Los principios, mal pensados en mi opinión , de las
tradiciones de izquierda también han jugado su papel. En concreto, el
del principio de autodeterminación que se airea, con buenas intenciones
políticas, como un derecho indiscutible (se mira muy mal en la
izquierda a la gente que lo discute) de todos los pueblos. No de los
pueblos oprimidos sino de todos los pueblos.
4. Para un
sector de la izquierda, misterios de la lógica civil (el principio de
no contradicción no siempre rige), es perfectamente consistente
criticar la opresión del pueblo catalán, el salvajismo del “Estado
español”, defender el derecho de autodeterminación de Cataluña y de
paso su secesión, incluso negar el término y el concepto “España”, y
hablar, en cambio, de Argentina, no del estado argentino para hablar
del país por supuesto, y no decir nada del derecho de
autodeterminación del pueblo mapuche, sin apelar por supuesto a la
independencia de la Patagonia o “al carácter plurinacional del estado
argentino”.
5. Tampoco es menor el papel de la CUP en esta
reconversión de algunos colectivos de izquierda. Ha arraigado su
ideario entre sectores jóvenes y no tan jóvenes (¡ay el nefasto papel de
algunos viejos luchadores antifranquistas!) aunque, en general, sus
apoyos sociales no son ciudadanos obreros.
Eso sí, activistas de
tradiciones de izquierda revolucionaria, viendo el papel de la CUP en
luchas sociales como el derecho a la vivienda, se olvidan del resto y se
dejan atrapar en sus redes conceptuales-secesionistas.
Su
argumentación: son los que más curran, los que más que luchan; luego por
tanto hay que estar con ellos. Su ideario central de destrucción, en
tres o cuatro momentos históricos, de la actual realidad española (por
no hablar de la francesa y andorrana) es de menor importancia.
La CUP ha
hecho su intenso trabajo de captación entre sectores politizados de las
juventudes trabajadoras. Su conquista y construcción de espacios de
socialización para estos colectivos no puede ser discutida. La
izquierda abertzale les ha enseñado.
6. La ideología
dominante en Cataluña, durante décadas, ha sido el catalanismo
transversal, como se duele decir ahora. Un máximo común denominador
extendido por casi todas las clases sociales que casi nadie se atrevía a
poner en duda. Un ejemplo entre muchos otros: la inmersión lingüística,
el sacrifico de los Pujol “por el país”, Cataluña como oasis político,
la ausencia aquí de la “zafiedad española”, nosotros somos distintos,
etc etc.
Con ese catalanismo, ha ido calando, poco a poco, la idea de
los catalanes como ciudadanos diferentes. Más preparados, más cultos,
más políglotas, más europeos, más viajados. Incluso “grandes
intelectuales de izquierda” han afirmado, disimuladamente, cosas de ese
tenor.
7. A muchos trabajadores que han llegado de otras
regiones españolas (básicamente: Andalucía, Extremadura, Murcia y
Aragón) se les han intentado convencer que convenía asimilarse, y que
tal asimilación pasaba por cortar hilos familiares con sus lugares de
origen. “Un sólo pueblo”, la consigna que ha abonado y sigue abonando la
izquierda, llevaba anexo el olvido de otras tierras, de otras
comunidades.
8. No me olvido, no conviene olvidarse de las
promociones sociales. Si quieres ascender, ya sabes lo que toca. La
izquierda no ha estado alejada de esos planteamientos. No debería haber
sido pero ha sido.
9. La crisis económica que sufrieron
especialmente las clases trabajadoras, no las clases medias como a veces
se ha señalado olvidándose de datos básicos de la situación, hizo que
el discurso insolidario, falso, mezquino y manipulador del “España nos
roba”, promovido por notarios, intelectuales y economistas de prestigio
(recordemos ”congresos científicos” como los celebrados e 2014),
calase entre los sectores menos politizados de la clase obrera. No
había en ellos un discurso de clase ni de solidaridad. Nada de eso. Se
aspiraba a vivir mejor, sea como fuere, y el nacionalismo-secesionismo
les apuntaba un camino.
10. Las situaciones familiares
explican también algunas conversiones, algunos pactos con cesiones
para tirar adelante. Si vivo contigo, si yo no tengo una posición fuerte
en temas políticos, si quiero convivir y eso está por encima de
cualquier cosa y tú eres un secesionista convencido, pues cedo y ya
está.
Si hay que votar SECES, voto SECES o aparento votar SECES. Si
hay que encerrarse el día 1-O, incluso con niños de tres o cinco años,
pues me encierro. La “vida familiar” impone sus condiciones.
11. El egoísmo, la ausencia de fraternidad, es parte de la
ideología dominadora y hegemónica. También el secesionismo ha jugado con
eso. Si la consciencia de clase está bajo mínimos, el no pensar, el
dejar de pensar, en gentes de otros territorios españoles, que son
además mi gente, puede estar rondándome la cabeza.
En esa lectura, ser
un solo pueblo significa eso. Hacer piña y olvidarnos de historias de
raíces y orígenes. La canción de Raimon, quien pierde los orígenes
pierde la identidad, se ha interpretado a la inversa.
12.
Por supuesto, si la derrota histórica sufrida por el movimiento
comunista hace apenas 30 años no se hubiera producido, la capacidad de
resistencia ante la ofensiva nacionalista hubiera sido mayor sin
olvidar, eso sí, los coqueteos de una parte de esa izquierda tradicional
(el PSUC por ejemplo, también el PSC ) con la ideología
catalanista-nacionalista. Basta leer documentos de los años setenta,
ochenta y noventa. Quien esté libre de pecado, que tire la primera
piedra. Yo, por ejemplo, no la lanzaría.
13. No es menor
tampoco el papel que ha tenido y tiene la narrativa victimista del
nacionalismo. Somos víctimas, hemos sido víctimas, seguiremos siendo
víctimas, se dice y se dan ejemplos. En las gentes de izquierdas, entre
sectores jóvenes sobre todo, ese discurso tiene gancho. Hay que luchas
contra la injusticia, luego, por tanto, hay que apoyar a...
Lo dejo aquí. Un añadido: una parte sustantiva de otro voto
nacionalista, el que va a Ciudadanos en las elecciones autonómicas
por ejemplo , es básicamente un voto de defensa, un voto contra.
Una parte importante de ese voto no tiene nada que ver con la defensa
de ningún nacionalismo español. Nada. Es voto para protegerse, para no
beber de las turbulentas y egoístas aguas (solidaridad es palabra que
nunca usan o tan sólo lo hacen para referirse a ellos, a los catalanes,
al “pueblo elegido”) de la cosmovisión soberanista- secesionista. (...)" (Salvador López Arnal , Rebelión, 25/11/17)
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