17/10/17

La parte políticamente más interesante de la tormentosa sesión fue la subordinación de la CUP a los postulados del nacionalismo burgués

"(...) Quizás la parte políticamente más interesante de la tormentosa sesión fue el comportamiento de las izquierdas. Por un lado, se evidenció, contrariamente a lo que se afirma en medios conservadores a ambos lados del Ebro, la subordinación de la CUP a los postulados del nacionalismo burgués del PDeCat y pequeñoburgués de ERC, ahora reunidos en Junts pel Sí. 

Hasta el punto que su portavoz, Anna Gabriel, defendió la desafortunada labor de Carme Forcadell en la presidencia de la Cámara y mostró su complicidad con las formas autoritarias de la coalición gubernamental de la que en realidad son su apéndice izquierdista. Toda una lección sobre cómo, en los denominados nacionalismos de izquierdas, la cuestión nacional siempre prevalece sobre el eje social o, por decirlo plásticamente, donde la bandera se siempre se impone a la clase.

Por otro lado, la sesión escenificó en carne viva la profunda división de la coalición izquierdista Catalunya Sí Que Es Pot, formada por ICV, la sección catalana de Podemos y EUiA, que bordeó la implosión. 

 Mientras el sector proveniente de ICV, representado por Joan Coscubiela y Lluís Rabell, vinculados al sindicalismo y al movimiento vecinal se mostraron extremadamente críticos con los métodos y objetivos del movimiento secesionista; el otro sector, encarnado por Albano-Dante Fachín de Podemos y Joan Josep Nuet de EUiA no ocultaron su malestar con las tesis Coscubiela y Rabell y su proximidad ideológica con la CUP que no sólo les cedió la palabra, sino que aplaudieron la intervención cupera del dirigente podemita.

 Ello sin mencionar el comportamiento de la diputada de Podemos, Àngels Martínez que retiró las banderas españolas, depositadas junto a las señeras en los escaños vacíos del PP, entre los aplausos de la CUP. Por cierto que particularmente Coscubiela, exsecretario general de CC.OO de Catalunya, se ha convertido en la auténtica bestia negra del independentismo de izquierdas, pues su trayectoria desmonta la identificación, utilizada hasta la saciedad por el movimiento secesionista, entre contrarios a la separación y el españolismo ultradrechista. En otro orden de cosas, contrasta la pasión soberanista de los dirigentes de Podemos cuyo electorado en Catalunya se muestra muy mayoritariamente contrario la secesión.

La división escenificada en la Cámara resulta la enésima demostración de que, cuando en la agenda política se impone el eje nacional, el debate y la acción política se dirime en el terreno de juego ideológico de la burguesía y la pequeña-burguesía donde la izquierda no tiene nada que ganar y siempre acaba perdiendo. La historia contemporánea de Catalunya es una clara muestra de esta lógica inexorable.

 Así, se evidenció en el largo periodo pujolista y aun con mayor claridad en el arranque del proceso soberanista que desató una profunda escisión en el seno del PSC entre sus dos almas, catalanista y españolista, que le condujo a un severo desplome electoral. Unas fuertes tensiones finalmente dirimidas con la salida del partido del sector nacionalista, ahora en las filas del movimiento secesionista.

Un proceso semejante se está produciendo en el ámbito de los Comunes. Hasta la fecha se habían movido en una ambigüedad estructural, resultado de la convivencia en la misma organización política de federalistas e independentistas. 

Una coexistencia imposible de sostener en un panorama dominado absolutamente por la cuestión de la secesión y donde la fuerza de las circunstancias obliga a posicionarse en un sentido u otro. Es como si en plena revolución socialista, una organización proclamara que en ella conviven capitalistas y comunistas.

Esto es particularmente visible en el entorno de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, quien tras muchas vacilaciones y contradicciones ha manifestado su decisión de facilitar los locales municipales para la celebración del referéndum, aunque está por comprobar si finalmente lo hará respondiendo al requerimiento en este sentido de la Generalitat, pues esto podría provocar la ruptura con sus socios de gobierno del PSC.

 Ello es aún más evidente en las posiciones de sus manos derecha e izquierda ideológicas, Jaume Asens, partidario de la independencia y Gerardo Pisarello quien se posicionó por sí crítico en la citada consulta con el argumento de castigar el centralismo y las políticas reaccionarias del PP. 

Una tesis errática pues el combate contra la derecha española no se resuelve con la separación de Catalunya de España, que debilitaría aún más a la ya de por sí atomizada y desestructurada clase trabajadora catalana, segregándola del resto de España, sino buscando una alianza con las fuerzas progresistas y transformadoras del conjunto del Estado.  (...)"                 (Antonio Santamaría

No hay comentarios: