"¿Quién quería en 2006 que Catalunya fuera un Estado independiente? Pues muy pocos, la verdad, si tenemos en cuenta los datos del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) comparados con los episodios más relevantes de los últimos años.
Por aquel entonces, con el Tripartit en la Generalitat y Zapatero
en la Moncloa, la mayoría de los catalanes apostaban por seguir siendo
una comunidad autónoma dentro de España (38,2%) y, los más atrevidos,
querían ser un Estado dentro de una España federal (33,4%). El
Estado independiente era una quimera que perseguían el 13,9 por ciento
de la población. Y para el 8,1% era suficiente con que Catalunya fuera
una región dentro de España.(...)
Las cosas se mantuvieron más o menos imperturbables durante los
siguientes meses. Las cosas se movían, aunque eran temblores más o menos
controlados. El PP ya hacía tiempo que había empezado su campaña contra
la reforma del Estatut y fue en julio de 2006 cuando los populares
presentaron su recurso de inconstitucionalidad ante el TC. (...)
Aún así, Catalunya siguió viviendo en su particular oasis hasta bien
entrado 2009, cuando la crisis económica era un huracán que amenazaba
con hacer saltar todo el sistema por los aires. (...)
El CEO registró en aquel momento el primer repunte de los partidarios
del Estado Independiente, que alcanzaron ya el 21,6 por ciento. Caían
los defensores del Estado dentro de una España federal (29,9%) y
aguantaban el tirón los que apostaban por seguir como comunidad autónoma
(37%). La tendencia empezaba a cambiar, aunque aún faltaban tres años
para el punto de inflexión.
Mientras empezaban a calentar los motores de la campaña electoral en
Catalunya, el Tribunal Constitucional resolvió el recurso del PP. El 28
de junio de 2010, los magistrados declararon inconstitucionales 14
artículos, impusieron una interpretación determinada a otros 27 y
afirmaron que el término “nación” del preámbulo no tenía “ninguna
validez jurídica”. (...)
En octubre de ese año, un mes antes de que Artur Mas alcanzara la
presidencia del Govern, las encuestas del Centre d’Estudis d’Opinió
reflejaban un aumento significativo entre los catalanes en pro del
Estado Independiente (25,2%). Esa no fue una legislatura fácil, con una
crisis económica que comportó grandes recortes sociales. (...)
La situación se estaba precipitando hacia un punto de no retorno. El
año 2012 amaneció con más recortes y acabó con centenares de miles de
personas manifestándose durante la Diada para reclamar que Catalunya
fuera “un nuevo Estado de Europa”. Esa concentración finalizó su marcha
ante el Parlament reclamando la independencia de Catalunya.
Y, entre medias, llegó el punto de inflexión, cuando los defensores
del Estado independiente eran ya el 29% y los partidarios del Estado
Federal y de seguir siendo una comunidad autónoma habían caído hasta el
30,8 y el 27,8 por ciento, respectivamente (...)
De ahí la desesperada e infructuosa reunión de Artur Mas con Mariano
Rajoy en La Moncloa a finales de septiembre. El presidente catalán
reclamó un pacto fiscal y otras 22 medidas para dar aire a Catalunya y
el mandatario español le respondió que no podía tomar decisiones de ese
calado porque era “un simple diputado más”.
Mas regresó a Barcelona en una situación difícil y trató de capitalizar
el creciente fervor independentista. Convocó unas elecciones de
urgencia, que se celebraron el 25 de noviembre, y apostó por una mayoría
absoluta que nunca llegó. CiU pasó de 62 a 50 diputados mientras la ERC
de Oriol Junqueras escalaba hasta los 21 parlamentarios. (...)
Según las encuestas del CEO, el 34% de los catalanes se decantaba por
esta opción en junio de 2012, ya eran el 44,3% en octubre de ese mismo
año, crecieron hasta el 46,4% en febrero de 2013, subieron un poco más
(47%) en junio y alcanzaron su máximo histórico (48,5%) en noviembre de
2013.
En ese momento de euforia independentista se comenzó a fraguar la
consulta del 9N de 2014 en la que participaron más de 2.300.000 votantes
(de los cuales casi el 81% votó a favor de la independencia) y que ha
llevado a Artur Mas, Joana ortega, Irene Rigau y Francesc Homs al
juzgado.
Las desavenencias entre partidos políticos (CiU y ERC,
principalmente) a la hora de resolver el conflicto con el Estado y la
irrupción de los “comunes” provocaron pérdidas en las filas de los
partidarios del Estado Independiente, que sufrieron un duro golpe al
pasar del 45,3 hasta el 36,2% de octubre a diciembre de 2014. En ese
preciso momento, según el CEO, los partidarios del Estado federal
-opción defendida por Ada Colau y los suyos- crecieron seis puntos (del
22,2 al 28,2%).
Desde entonces, las distintas opciones de organización planteadas por
el Centre d’Estudis d’Opinió para Catalunya se han mantenido estables,
aunque ha habido un ligero trasvase entre los que quieren mantenerse
como comunidad autónoma y los que prefieren una España federal.
El Estado independiente sigue siendo la opción mayoritaria con
repuntes que han alcanzado el 41,1% en octubre de 2015 tras las
elecciones del 27S o el 41,6 por ciento en junio de 2016 -poco después
de que el Parlament aprobara una moción reivindicando la vigencia de la
declaración independentista del 9N anulada por el TC.
La tensiones entre Junts pel Sí y la CUP que acabaron mandando a Artur Mas “a la papelera de la historia”, según los cuperos,
hicieron mella en marzo de 2016 (38,8% de partidarios del Estado
independiente) y el choque cada vez más evidente con el Estado español
han hecho bajar ligeramente el número de catalanes que optan por la
independencia de Catalunya.
Pasaron a ser el 38,9% en noviembre y del 36,1 este diciembre,
coincidiendo con la declaración de Carme Forcadell en el TSJC. Coincide
este bajón con cierta recuperación de los que optan por un Estado dentro
de una España federal. Aunque nunca hay que olvidar que el CEO asume
que sus encuestas tienen un margen de error del 3%.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que ante la pregunta más
concreta y con respuesta binaria (sí/no) de “¿Quiere que Catalunya se
convierta en un Estado independiente?” las diferencias son mínimas entre
los partidarios de romper con España y los proclives a mantener la
vinculación con el Estado. Los últimos datos de diciembre de 2016
señalan que el no se impone por 46,8% a 45,3%.
Además, el director del CEO, Jordi Argelaguet, calcula que una gran
parte de los que aseguran “no saber” (4,6%) o “no contestar”(3,2%) irían
al no y solo una pequeña proporción al sí. ”La gente que quiere la
independencia lo manifiesta sin matices, en cambio, los que no la
quieren muestran más oscilaciones, no se atreve a decirlo, y menos en
una encuesta telefónica”, afirma. (...)" (La Vanguardia, 30/12/16)
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