"Pobre Kosovo. Sorprende que alguien en Cataluña piense en Kosovo como un precedente.
(...) Porque cualquiera que haya estado allí y conozca el indecible sufrimiento de sus gentes sabe que la Cataluña dibujada por la Constitución de 1978 representa todo aquello a lo que los kosovares aspiraban en 1986 antes de que el nacionalismo serbio se cruzara en su camino.
Y más hoy en día, cuando ante la falta de futuro los kosovares se marchan de su país (según una reciente encuesta, un 37% querría emigrar) es indudable que la Cataluña constitucional es el modelo para Kosovo, no al revés.
Kosovo representa un inmenso y triple fracaso. El de la comunidad internacional, que antes que ponerse de acuerdo en lo esencial, que era dar un futuro a los kosovares, ha preferido enredarse en juegos geopolíticos y de soberanía.
El de los serbios, que olvidando un pasado marcado por las guerras civiles y los conflictos étnicos se arrojaron en brazos de unos genocidas que tras prometerles una Gran Serbia les dejaron una Serbia amputada y marginada en Europa. Y el de las élites kosovares, que aprovecharon la independencia para instaurar una estructura de gobierno basada en los clanes, la corrupción y las mafias, dilapidando así miles de millones de ayuda de la comunidad internacional.
Si algo nos muestra Kosovo es que las secesiones unilaterales acaban mal. Porque en ausencia de una base legal clara en el derecho constitucional del Estado matriz y sin un apoyo claro y rotundo de la comunidad internacional, serán muchos los que se empeñen en que la secesión fracase.
(...) Porque cualquiera que haya estado allí y conozca el indecible sufrimiento de sus gentes sabe que la Cataluña dibujada por la Constitución de 1978 representa todo aquello a lo que los kosovares aspiraban en 1986 antes de que el nacionalismo serbio se cruzara en su camino.
Y más hoy en día, cuando ante la falta de futuro los kosovares se marchan de su país (según una reciente encuesta, un 37% querría emigrar) es indudable que la Cataluña constitucional es el modelo para Kosovo, no al revés.
Kosovo representa un inmenso y triple fracaso. El de la comunidad internacional, que antes que ponerse de acuerdo en lo esencial, que era dar un futuro a los kosovares, ha preferido enredarse en juegos geopolíticos y de soberanía.
El de los serbios, que olvidando un pasado marcado por las guerras civiles y los conflictos étnicos se arrojaron en brazos de unos genocidas que tras prometerles una Gran Serbia les dejaron una Serbia amputada y marginada en Europa. Y el de las élites kosovares, que aprovecharon la independencia para instaurar una estructura de gobierno basada en los clanes, la corrupción y las mafias, dilapidando así miles de millones de ayuda de la comunidad internacional.
Si algo nos muestra Kosovo es que las secesiones unilaterales acaban mal. Porque en ausencia de una base legal clara en el derecho constitucional del Estado matriz y sin un apoyo claro y rotundo de la comunidad internacional, serán muchos los que se empeñen en que la secesión fracase.
Ese ha sido el caso de Kosovo, no reconocido por una
heterogénea coalición de países que incluye a España, China, Rusia,
Grecia o Eslovaquia, todos ellos empeñados en convertir Kosovo en una
cuestión de principio en sus países. En 2008, una década después de
comenzar la guerra, Kosovo declaró la independencia.
Hoy no es miembro
de la ONU a pesar del reconocimiento de 111 países y ni siquiera ha
logrado ser miembro de la UNESCO, que como todo el mundo sabe es un
vibrante centro de poder mundial. Todo un modelo. Que se lo expliquen a
los pobres kosovares." (José Ignacio Torreblanca
, El País, 11 NOV 2015)
"El Gobierno de Artur Mas mira a Kosovo como modelo para obtener el reconocimiento internacional del nuevo Estado catalán.
Ante la dificultad de conseguir su admisión en la ONU, la alternativa consiste en pedir el ingreso en la UNESCO y colarse por la puerta trasera en el sistema de Naciones Unidas.
"El Gobierno de Artur Mas mira a Kosovo como modelo para obtener el reconocimiento internacional del nuevo Estado catalán.
Ante la dificultad de conseguir su admisión en la ONU, la alternativa consiste en pedir el ingreso en la UNESCO y colarse por la puerta trasera en el sistema de Naciones Unidas.
Así
consta en un exhaustivo estudio encargado por la Generalitat a un equipo
de expertos en Derecho internacional. La UNESCO tiene previsto votar
este lunes el ingreso de Kosovo, que declaró la independencia unilateral
de Serbia en 2008.
El ingreso de un nuevo país en la ONU requiere el informe favorable del Consejo de Seguridad;
lo que exige, además de tener mayoría de votos —ocho de 15—, que
ninguno de los cinco miembros permanentes se oponga.
En cambio, en la
UNESCO —la organización de Naciones Unidas para la educación, la ciencia
y la cultura— no existe derecho de veto y es por eso que la exprovincia
serbia de Kosovo, como ya hizo Palestina en 2011, ha recurrido a esta
puerta trasera para colarse en el sistema de Naciones Unidas.
Pese a la oposición de países como Rusia y España, el Comité
Ejecutivo de la UNESCO aprobó el pasado día 22 proponer el ingreso de
Kosovo y, si Serbia no logra evitarlo, —está maniobrando hasta última
hora para aplazar la votación—, su Asamblea General, que reúne a 195
países, ratificará hoy la decisión, lo que requiere mayoría de dos
tercios.
No sorprende, por tanto, que el Informe sobre procedimientos e
instrumentos para manifestar la voluntad o no de continuidad del Estado
sucesor en relación con los tratados de los que es parte el Estado
predecesor —un nombre tan farragoso y extenso como lo es el propio documento—, proponga seguir el modelo de Kosovo para obtener, si no el reconocimiento diplomático, sí al menos un cierto reconocimiento implícito del nuevo Estado como sujeto de derecho internacional.
El informe, pormenorizado y exhaustivo, tras el que se adivina la
mano de un despacho jurídico especializado y una ingente cantidad de
horas de trabajo, analiza uno por uno el millar de tratados
internacionales suscritos por España, incluso los que aún no han entrado
en vigor, así como las reservas presentadas por España, y valora cuáles
deben ser aceptados o no.(...)" (
M. González /
P. Ríos
, El País, Madrid
9 NOV 2015)
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