" (...) Los cambios económicos y personales que una secesión originaría,
serían perjudiciales para todos. El resto de España contaría con menos
territorio y población, mermando su PIB.
La redistribución territorial
que Cataluña facilita (aunque no en primer lugar, detrás, de Madrid o
Baleares) también sería menor: los familiares de muchos catalanes, que
no emigraron en el pasado, vivirían peor.
Respecto a Cataluña, no
sé cómo podría financiar sus déficits y a qué coste. La credibilidad
dentro de los mercados es más española que catalana. Una administración
eficaz de la Seguridad Social o de los Tributos no se edifica en poco
tiempo. Si la caja está medio vacía, ¿cómo se pone en funcionamiento un
Estado?
Nadie explica cómo se pagarían las pensiones que en la
actualidad arrastran un desfase de más del 30% en Cataluña. Los
catalanes de origen y corazón que, por razones personales (digamos, su
jubilación), o por trabajo residen en otras partes de España, ¿a qué
Estado habrían de acogerse?
¿Qué deuda del Estado español sería
imputable a Cataluña y qué debería el primer Estado al segundo? ¿Cómo se
valorarían y pagarían los activos del Estado español (infraestructuras)
existentes en Cataluña? Todo esto no se resuelve simplemente con una
negociación ni presentando unas cuentas mejor hechas.
No hay que
confundir deseos con realidad. Sin olvidar que la entrada en la UE no es
automática y que, en el proceso, pueden surgir vetos, quizá no
españoles. La economía de una Cataluña independiente se enfrentaría a
una gravísima dificultad en este asunto.
Retornando a la
afirmación de Renan del principio, el apoyo al nacionalismo catalán, y
al español, sería menor si los ciudadanos no olvidáramos muchas cosas.
Todas las mencionadas anteriormente y algunas más. Conocerlas mejor
aminoraría mucho la tensión actual, eliminando maximalismos." (Perjuicios para Cataluña y el resto de España, de Emilio Albi en El País, en Caffe Reggio, 20/01/2014)
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